"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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lunes, 25 de septiembre de 2017

The Sinner

Una mujer joven, casada, con un hijo, y que lleva una vida aparentemente normal, mata un día en la playa, delante de todo el mundo, a un hombre al que dice no conocer. El caso no tiene dudas para la ley, que se propone castigarla severamente. Pero un detective se interesa por la chica e intuye que hay algún oscuro y esquivo secreto tras aquel acto homicida, y se obstina en sacarlo a la luz…

Es la sencilla propuesta de The Sinner, una serie de ocho capítulos de 45 minutos de duración cada uno que acaba de emitir la cadena USA Networks en la que brillan en sus papeles protagonistas Jessica Biel (también coproductora) y Bill Pullman. Hace años que soy seguidor de la actriz, que últimamente está demostrando que es algo más que una cara bonita y parece estar alejándose del circuito cinematográfico comercial para participar en propuestas más arriesgadas e interesantes como La verdad sobre Emanuel, Unidas por la sangre o El cuchillo, por citar algunos de los últimos largometrajes suyos que he visto.

Sin ser –pese a lo que pueda parecer por mis últimas entradas– ni mucho menos un serie-adicto, sí que me gusta seguir algunas de vez en cuando, especialmente si son cortas y cerradas como esta, porque aquellas que se extienden varias temporadas invariablemente acaban decayendo incluso hasta el ridículo o la contradicción.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La escoba espacial (Quark)

Guardaba un cariñoso recuerdo del visionado de La escoba espacial en mis años infantiles y siempre había sentido la tentación de revisitarla. Era poco lo que recordaba de ella, básicamente que la protagonizaba Richard Benjamin, que había un personaje llamado Palindrón, al que no le ponía cara y, muy remotamente, la nave principal.

En estas últimas semanas del verano he aprovechado por fin para ver la serie, que encontré por internet con calidad regular. Por desgracia, parece que en nuestro país no se ha editado en DVD, como sí ha ocurrido en el extranjero.

Creada por Buck Henry, el artífice de la legendaria Superagente 86, su título original era Quark, y el episodio piloto se estrenó en mayo de 1977, aunque hubo que esperar casi un año para que llegaran los demás capítulos, un total de ocho con el inicial que conformaron la única temporada de este espacio televisivo. En España la pudimos disfrutar en 1980.

La escoba espacial se inspiraba claramente en seriales clásicos de ciencia ficción como Buck Rogers, Flash Gordon y, por supuestísimo, Star Trek, aunque también añadía elementos y guiños a películas como 2001 o La guerra de las galaxias, pero todo ello en clave de humor, pues la disparatada tripulación protagonista tenía como principal cometido recoger la basura del espacio. Por suerte, La Cabeza, el líder de las Galaxias Unidas, a través de su funcionario Palindrome, adjudicaba a esta singular pandilla otros cometidos más audaces.

Además de al capitán Quark, encontrábamos a los controles de esta escoba espacial a las dos Bettys, ambas enamoradas de su superior y una clonada de la otra –aunque nunca se ponían de acuerdo en quién era la original–, a Gene/Jean, un transgénero que pasaba por momentos de ser un aguerrido astronauta a una delicada damisela, a Ficus, un flemático y cerebral vegetal (claro sosias del Dr. Spock), y a Andy, un robot cobardica. En el primer episodio, antes de ser sustituido por el antepenúltimo personaje nombrado, aparecía el Dr. Mudd como miembro de la tripulación, pero fue su única intervención.

Es imposible no ver esta serie sin una sonrisa por lo entrañable que se hace todo lo añejo y por lo sencillos y graciosos que hoy día resultan sus desfasados efectos especiales y decorados. Qué curioso comprobar a veces lo que se distorsionan los recuerdos que se tienen de algo tan lejano al volver a reencontrarse con él precisamente por eso, por lo que cambian las cosas con el paso del tiempo.

Imagino que la serie no debió de tener un gran éxito al no gozar de continuación. Esa única y breve temporada era otro dato que no recordaba, y tenía la sensación de que había durado más. Aún con todo, en mí al menos consiguió dejar su huella como espectador… 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El regreso de Twin Peaks

Hay una tenue línea, tan difícil de definir como caprichosa, que separa la excentricidad, a veces incluso la simple majadería, de la genialidad. Y esa línea a menudo la deciden el público, la industria y/o el marketing. Una persona puede ser un chalado o un freak para los que le rodean hasta que, de alguna forma, su originalidad o su supuesto y particular talento es reconocido y aceptado universalmente. En ese mismo momento, un “rarito” pasa a ser adorado por medio mundo y se convierte en una figura de culto dentro de su campo, sea artístico o de cualquier otro tipo. La historia está plagada de muchos de estos casos.

No sé exactamente en qué lado de esa línea se encuentra David Lynch, y no niego que sea un hombre de cierto ingenio y habilidad, pero para mí es claramente un director sobrevalorado que ha impuesto una visión personalísima y, por ello, cómo no, auténtica, atípica y rompedora, sobre la forma de hacer cine y televisión. Lynch ha conseguido que su universo sea aceptado por una legión de seguidores que le han encumbrado como una de las grandes personalidades tras la cámara de nuestra época. Sin querer despojarle de todo su mérito, para mí esta visión del artista es exagerada. Es algo que ya había constatado hace tiempo, pero que final y definitivamente confirmo tras el visionado de esta nueva, tercera temporada de Twin Peaks, que llega a la pequeña pantalla veintiséis años después de la serie original.

Nunca fui un fan empedernido de este espacio creado por Lynch y Mark Frost. La vi en su momento, le encontré aspectos interesantes, pero no me acabó de cuadrar aquella mezcla de thriller sombrío, parcialmente fantástico, con esos toques de humor surrealista y absurdo que la serie comenzó a exhibir sobre todo en su segunda temporada. Aun con todo, la nostalgia y la curiosidad me arrastran a ver esta nueva tanda de 18 capítulos que nos llega en 2017.

Acabada la temporada, hay que decir que poco tiene que ver con la serie que le dio pie; a decir verdad, ni siquiera aparece mucho la población que le da título. Reaparecen muchos de los actores originales, algunos muy brevemente, e intervienen muchos otros nuevos (grandísimo reparto plagado de conocidas estrellas de la pantalla), pero Lynch, que dirige todos los capítulos y parece tener total libertad para su trabajo, se desboca, da rienda suelta a todas sus obsesiones e intereses personales, quizá demasiado desmedidamente. El resultado son dieciocho horas de serial plagado de situaciones disparatadas, personajes demenciales y largas e innecesarias escenas para contar una historia poco explícita que se podía probablemente haber contado en la mitad de ese tiempo. Y, como colofón, un número musical bastante gratuito y normalmente aburrido al final de cada episodio para que el director pueda exhibir a los grupos que promociona.

Visto lo visto, prefiero quedarme con el recuerdo del Twin Peaks original y más bien olvidarme de esta innecesaria secuela, que tiene sus momentos, pero que en conjunto no logra convencerme, y que casi me da igual que tenga a su vez continuación, porque no estoy muy seguro de que vaya a abordarla, llegado el caso.

lunes, 15 de mayo de 2017

Temporada final de Bates Motel

La serie Bates Motel concluía recientemente tras su quinta y última temporada. Basada, obviamente, en la famosa novela de Robert Bloch Psicosis y en su aún más celebérrima versión cinematográfica, nos introducía en la vida de Norman Bates y de su madre Norma cuando el primero es aún un adolescente y la segunda, tras enviudar bastante joven, decide invertir el dinero del seguro en adquirir un motel y un viejo caserón cerca de White Pine Bay, Oregón, a donde la pareja se desplaza para empezar una nueva vida. Sobra decir que no se atiene a la historia canónica de la familia tal y como la conocimos en el libro original y en la adaptación de Hitchcock, en donde Norman ha vivido siempre en la misma casa y es bastante mayor de lo que se le representa en la serie. Es más, Bates Motel transcurre en la actualidad, y los protagonistas usan en todo momento modernos artefactos como móviles y portátiles, lo que contrasta enormemente con la decoración tétrica y anticuada de su hogar. Precisamente esta decisión de los productores (la cadena A&E Television Networks) de ambientar la serie en nuestra época fue una de las cosas que más chocó a los incondicionales del personaje, que muy posiblemente hubieran preferido ver a los Bates en la década de los 50 del pasado siglo.

En cualquier caso, debido a mi pasión por la obra de Alfred Hitchcock, comencé a ver Bates Motel desde su primer año. La protagonizan el joven Freddie Highmore como heredero de Anthony Perkins y Vera Farmiga como su protectora madre, por cierto, mucho más joven y atractiva de lo que siempre hemos considerado a la señora Bates. En papeles secundarios, Max Thieriot como Dylan, el hasta ahora desconocido hermanastro de Norman, Olivia Cooke como Emma, una joven de la localidad que será objeto de atención de ambos hermanos, y Nestor Carbonell como el sheriff Alex Romero, un policía con una singular brújula moral. Años antes, cuando conocí a este actor en Perdidos, me sorprendió su enorme parecido con Anthony Perkins, así que me resulta muy gracioso que haya acabado precisamente en una serie sobre Norman Bates, aunque no interpretando a este personaje.

Primera aparición de la casa y el motel en la serie... los pelos de punta

Las cuatro primeras temporadas de Bates Motel transcurren más bien dentro de una línea anodina, en la que algunos arcos argumentales parecen extenderse interminablemente y sin ningún interés, mientras que otras veces no parece siquiera existir una trama específica durante algunos episodios. Contemplamos el celo de Norma Bates por proteger a su hijo menor, que sufre extraños “vacíos” durante los que no recuerda lo que ha hecho, la enfermiza relación entre ambos, el esfuerzo de Norman –en realidad, un joven bueno y educado cuando es “normal”– por integrarse en su nuevo ambiente, y como madre e hijo acaban siempre implicándose en peligrosos enredos criminales, pero esto de por sí tan sólo consigue mantener mi interés por los pelos. Entre lo que más me atrae de la serie, la casa Bates y el motel que da nombre al espacio televisivo, fielmente reproducidos de la película del maestro Hitchcock, y el pueblecito de White Pine Bay y su entorno, que los creadores nos presentan casi siempre lluvioso o nublado, lo que contribuye a proporcionarle un tono decididamente melancólico que es parte de lo que más llevadero me hace el visionado del serial.

Rihanna hereda el papel de Janet Leigh. La escena de la ducha será muy diferente...

El pasado mes de abril, con su quinta temporada, la A&E decide finalizar Bates Motel y, sorprendentemente, lo hace de una manera emocionante y acertada que supera con creces todos sus años de andadura y compensa la mediocridad de la mayor parte de lo emitido anteriormente. Y creo que ese acierto es sencillamente que estos últimos diez capítulos son los que enraízan más clara y directamente con Psicosis, el libro y la película que dieron lugar a la serie. Aquí encontramos al Norman Bates que hemos conocido siempre, aparecen Marion Crane y Sam Loomis, incluso revivimos la famosa escena de la ducha, aunque de una manera muy, muy original y diferente, y conocemos el destino final del desdichado psicópata creado por Bloch.

En este último año, Bates Motel ha conseguido entusiasmarme y dejarme pegado al asiento, y ha hecho que haya valido la pena haberla seguido incluso aunque sus anteriores temporadas no prometieran demasiado. Ha sido el caso contrario a otros seriales televisivos, que normalmente acaban languideciendo y aburriendo conforme pasan los años y sus productores deciden estirarlos interminablemente y más allá de todo sentido posible. De lo mejor que he visto este año en la pequeña pantalla.

jueves, 4 de mayo de 2017

Sun Records

Siendo un apasionado del rock de los años 50, no se me podía pasar por alto esta serie de televisión que terminó el pasado mes, y que en su primera temporada ha constado de ocho capítulos de 45 minutos de duración cada uno. Toma como base el musical Million Dollar Quartet, muy de moda en EE.UU. en los últimos años y a su vez basado en la mítica jam session que tuvo lugar el 4 de diciembre de 1956 en el aún más legendario estudio de Sam Phillips: aquel que de título a la serie. Ese día se juntaron en la modesta sala de grabación de Memphis cuatro de los grandes iconos del rockabilly y del country: Elvis Presley, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Johnny Cash. El cuarteto de músicos comenzó a cantar y tocar de manera informal y Phillips puso a grabar sus máquinas en cuanto se dio cuenta del acontecimiento improvisado que estaba teniendo lugar en su estudio. Muchos años después, aquella sesión aparecería en doble disco con el nombre con el que se ha bautizado al musical: The Million Dollar Quartet (aunque se da la circunstancia de que la intervención de la voz de Cash no llegaría a registrarse en formato magnético, pues por lo visto el cantante se marchó antes de que Sam Phillips empezara a grabar).

Con guion y supervisión de Colin Escott y Floyd Mutrux, el primero un experto de la música de los 50 que ha firmado varios libros sobre country y rockabilly, incluyendo varios sobre Sun Records, y el segundo un polifacético director y guionista de cine, comenzaba esta año la versión dramatizada para televisión del musical, dirigida por el fiable Roland Joffé y con Sam Phillips como personaje central, pero también pululada por muchos otros nombres relacionados con él y con sus estudios, por supuesto los cuatro ya nombrados, pero también B.B. King, Ike Turner, el desmadrado disc-jockey Dewey Phillips, la secretaria de Sam Marion Keisker (la primera persona que grabó a Elvis Presley) o el infame Coronel Parker.

Sam Phillips, Elvis Presley y Marion Keisker: realidad y recreación
Sun Records ha tenido una acogida tibia entre los incondicionales de la música rock de los 50 y entre la audiencia general profana en el estilo. Por supuesto, hay errores cronológicos e históricos, que debemos suponer voluntarios dado que la serie está asesorada por expertos como el mencionado Escott (Sam Phillips está presente cuando Elvis graba el disco para su madre, no se ve grabar la seminal That´s All Right, seguramente por problemas de derechos; incluso aparecen un par de películas antes de que realmente se estrenaran…); pero lo que más críticas ha levantado ha sido el “tratamiento de belleza” al que han sometido a los principales personajes y actores del espacio televisivo, donde la fealdad parece estar vetada. Así, nos encontramos con un elenco de intérpretes de impecable perfil y esculpida nariz, cuerpos atléticos o físicos envidiables, lo que ni es realista ni cuadra con la realidad que intenta reflejar. Esto no es, por supuesto, nada nuevo en el cine y en la televisión, y es obviamente una estrategia para que la serie cale entre el público general, y sobre todo entre el más joven y ajeno a estos acontecimientos ya históricos que Sun Records retrata. El caso más escandaloso de este “lavado visual” es posiblemente el de la mencionada Marion Keisker, una señora poco agraciada, con gafas de culo de vaso y pelo rubio oxigenado que en la serie está interpretada por la guapísima actriz Margaret Anne Florence, de nulo parecido con el personaje al que encarna y a la que no se han molestado siquiera en tintar el pelo (Florence es morena).

Si se pueden aguantar todos estos arreglos visuales y el look demasiado “guapista” de Sun Records, es posible pasar un rato entretenido con ella, incluso disfrutar del buen hacer de algunos de los actores y músicos que aparecen en ella (Drake Milligan tiene una voz extraordinaria muy próxima a la de Elvis Presley); incluso reír con las apariciones del sinvergüenza del Coronel Parker. Los últimos tres capítulos son especialmente emocionantes, pues es cuando Elvis comienza a grabar con Scotty y Bill y cuando despegan las carreras musical de Carl Perkins y Johnny Cash (a Jerry Lee Lewis, de momento, sólo le hemos visto pendoneando en su pueblo natal).

No se ha dicho nada sobre una continuación de la serie de momento, y mi impresión es que no va a tener segunda temporada. Quizá el tratar difundir una música que es prácticamente desconocida entre la actual juventud televidente y el querer, además, captar a los acérrimos del rock and roll de los 50 era demasiado pretencioso.

domingo, 4 de septiembre de 2016

¡Prueba conseguida!

Un  propósito que tenía desde hacía muchísimo tiempo era ver la serie The Twilight Zone (Dimensión desconocida) al completo, más aún desde que tuve noticia de la excelente edición comercializada en estos últimos años por L´Atelier 13, empresa especializada en cine y tv fantásticos que por desgracia cerró sus puertas en otoño de 2015.

Precisamente este pasado miércoles lograba mi deseo y alcanzaba el último capítulo de la famosa serie creada por Rod Serling emitida originalmente entre 1959 y 1964. Han sido 5 temporadas, 156 episodios, 72 horas y media de duración total (sin contar extras) y más de año y medio para reunir la colección. Me planteo ahora si seguir en un futuro con Galería nocturna, también fruto de la inquieta mente de Serling, o con Rumbo a lo desconocido, serie coetánea de Twilight Zone y con parecidos y coincidencias nada casuales con esta…


domingo, 14 de agosto de 2016

El misterio de Salem´s Lot (Phantasma II)

El póster de la versión para cine española: ni "Phantasma", ni "II"
A finales de los años 70, Stephen King ya estaba labrándose un sólido nombre como escritor de terror, y su novela Carrie acababa de ser llevada al cine por Brian de Palma. Warner Brothers y el productor Richard Kobritz se interesan entonces por adaptar a la gran pantalla su segundo libro publicado, Salem´s Lot (en España, La hora del vampiro) una historia inspirada en Drácula. El estreno de varios films de la misma temática en aquella época como el remake de Nosferatu de Werner Herzog y la nueva adaptación del clásico de Bram Stoker por John Badham hacen que la major se replantee su producción y la enfoque hacia la pequeña pantalla, como una miniserie de tres horas repartidas en dos capítulos. Tras barajarse nombres como George A. Romero y Peter Weir, se acaba escogiendo a Tobe Hooper –que recientemente había triunfado con La matanza de Texas– como director del proyecto. El largo reparto combina nombres entonces actuales y populares, como los de David Soul (de moda gracias a Starsky y Hutch) o Bonnie Bedelia con veteranos del cine como Lew Ayres, Marie Windsor y el gran James Mason, este último sin duda uno de los grandes atractivos de la serie.

Salem´s Lot se estrena finalmente en noviembre de 1979 con un aceptable nivel de audiencia y, posteriormente, tres nominaciones a los Grammy (títulos, maquillaje y música) que no ganará. A partir de aquí se inicia la curiosa andadura cinematográfica de la miniserie, pues desde el primer momento se ha concebido su estreno en salas de cine para el resto del mundo (algo muy de moda en la época: recordemos casos como Spider-Man, Hulk o Galactica), en una versión abreviada de menos de dos horas y con escenas alternativas y en general más explícitas. A nuestro país llega en 1982 con el curioso título de… Phantasma II, y eso a pesar de que no tiene nada que ver con la película de Don Coscarelli estrenada el mismo año que la serie original (en Argentina todavía fueron más originales, y la llamaron Las brujas de Salem: La película)… En septiembre de 1985 llega a TVE la versión íntegra de Salem´s Lot, ahora con el título de El misterio de Salem´s Lot, con el que también se conocerá la novela a partir de entonces. Fue en aquel momento cuando la visionó por primera vez un servidor, quien todavía recuerda verla con algún que otro agradecible escalofrío (según leo en internet, se emitió en tres episodios, aunque yo siempre la he recordado en dos, y en los 90, Antena 3 todavía la desmenuzaría más: en cuatro partes).


La intención de los creadores de Salem´s Lot era dar pie a una serie regular –de ahí sin duda ese final abierto–, pero la idea no fructificó. En 1987, Larry Cohen dirigió Regreso a Salem's Lot, una continuación indirecta de la obra de Hooper, y en 2004 hubo un remake de la serie para la pequeña pantalla, Salem´s Lot, con Rob Lowe, Donald Sutherland y Rutger Hauer como principales protagonistas (también en 1988 se estrenó en cines la verdadera secuela de Phantasm, ¡que aquí conocimos como Phantasm: El regreso!).

Siempre he guardado un gran recuerdo y una placenteramente terrorífica impresión de aquel primer visionado de la serie. Algún tiempo después leí la novela, y posteriormente volvía a verla en vídeo, pero creo que en su versión recortada. No ha sido hasta esta misma semana cuando me he podido hacer con el doble DVD de Impulso Records con la edición íntegra de 3 horas (¡de nuevo titulado Phantasma II, que lío!), y he de decir que lo he disfrutado mucho. Para mí, el trabajo de Tobe Hooper no ha perdido interés ni emoción, y me siguen impresionando y gustando la ambientación, sus alusiones a Drácula, Psicosis o The Haunting, las escenas en la Casa Marsten y, cómo no, la aparición del terrorífico e impagable vampiro…

Reggie Nalder
Sin duda entre lo más recordado de El misterio de Salem´s Lot estará para siempre el espeluznante vampiro Kurt Barlow, una sobrenatural criatura de piel azul y ojos amarillos que en realidad estaba estéticamente más inspirada en Nosferatu que en el verdadero personaje de la novela, mucho más humano y parecido al viejo Drácula del libro de Stoker (en este sentido, Rutger Hauer fue visualmente más fiel en el remake de la serie a la creación de Stephen King). Aquel terrorífico ser fue interpretado por el actor Reggie Nalder, no demasiado conocido para el gran público, pero para entonces ya todo un veterano con un gran currículo a sus espaldas (entre otros films, El hombre que sabía demasiado, Casanova de Fellini o El mensajero del miedo). De origen austriaco, la peculiar fisionomía de Nalder (parece ser que se quemó parte de la cara) lo hizo ideal para papeles terroríficos y de villano, y hay que decir que, sin maquillaje, casi daba más miedo que en su mítico papel en la serie reseñada.

jueves, 28 de julio de 2016

Stranger Things

Dicen algunos que la nostalgia es mala y traicionera, pero lo que está claro es que este agridulce sentimiento es también un poderoso instrumento de marketing. No es nada nuevo, y empresas como las discográficas –por poner un ejemplo– lo aprovechan continuamente para volver a poner a la venta referencias y productos de otras épocas. En estos nuestros tiempos actuales, lo que parece que está llegando es una tendencia a la “nostalgia ochentera” centrada sobre todo en el cine, la televisión y la literatura de aquella penúltima década del siglo pasado –la vertiente musical ya fue revivida mucho tiempo atrás con el famoso remember–. Prueba de esta afirmación son películas como Súper 8 de 2011, la novela Ready Player One del mismo año, o la más reciente serie para la pequeña pantalla Stranger Things, objeto de esta reseña.

Creada y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer y distribuida por Netflix, consta de ocho episodios de 50 minutos y tiene entre sus más renombrados protagonistas a Winona Ryder y a Mathew Modine, secundados por un buen elenco de jóvenes actores. ¿La trama? Un pequeño pueblo de Indiana en 1983 en el cual comienzan a sucederse desapariciones y hechos insólitos en los que se verán inmersos una pandilla de muchachos y sus amigos y parientes cercanos. ¿El gancho? Como he dicho, el irresistible reclamo que tiene la época para los que fuimos mozalbetes en ella merced a sus interminables referencias –directas o indirectas– a muchas de las películas y novelas fantásticas, de terror y de aventuras de las que disfrutamos entonces: Los Goonies, Cuenta conmigo, La guerra de las galaxias, Poltergeists, E.T., Encuentros en la tercera fase, La cosa, Posesión infernal, los libros de Stephen King, las partiditas a juegos de mesa con los amigos (en Stranger Things tiene gran protagonismo el clásico de rol Dungeons & Dragons), etc, etc, etc.

Sin querer adelantar ni contar mucho más sobre la serie, decir que sencillamente la recomiendo a todos aquellos que, como yo, fueron –¡y seguimos siendo! – jóvenes soñadores en la década en la que se ambienta. A mí me ha enganchado, me ha resultado emocionante y me ha satisfecho. Es también autoconclusiva –más o menos: parece que va a haber una segunda temporada– y en ese sentido la historia está bien hilvanada, es compacta y no deja cabos sueltos. Os propongo, sugiero y animo a este viaje nostálgico catódico que seguramente os hará soltar alguna lagrimita o, quizás mejor, hará asomar algún amago de sonrisa en vuestro rostro al recordar aquellos tiempos más inocentes y ya lejanos…

martes, 21 de junio de 2016

3ª temporada de Penny Dreadful

Con el noveno y último episodio de su tercera temporada finalizaba este pasado domingo la serie coproducida por el Reino Unido, Irlanda y EE.UU. Penny Dreadful. Sus creadores esperaron a que concluyera para hacer oficial su cancelación, pero era algo que se veía venir, pues a esas alturas no se había comentado absolutamente nada sobre una posible renovación para el 2017.

Me entristece sobremanera que concluya así precisamente el espacio televisivo que más me ha gustado en estos últimos años, pero quizá haya que recurrir a aquello de que “lo bueno, si breve…” y agradecer que la serie no se extienda más allá de lo razonable y sostenible y acabe languideciendo y perdiendo interés y calidad como parece que es inevitable con este tipo de creaciones audiovisuales cuando su producción y su emisión se alargan durante años.

Comenta el creador de Penny Dreadful, John Logan, que no se cancela por razones de audiencia, sino que ha sido una decisión voluntaria de sus artífices, y que básicamente había sido concebida con idea de concluir en su tercera temporada. Me resulta un tanto increíble que sea así, pero entiendo que una creación como esta –ambientada en el siglo XIX y con un impresionante despliegue de medios visuales e infográficos– sea muy costosa y también –por suerte o por desgracia– que por su temática, su particular estética y ambientación pueda no ser del gusto del gran público. Sea como fuere, las aventuras y desventuras de esta particular “Liga de los Caballeros Extraordinarios” bastarda y alternativa –que, sin embargo, como comentaba en este artículo del pasado año, es mucho más fiel a la obra de Alan Moore y Kevin O´Neill que la lamentable adaptación oficial al cine de 2003– llega a su fin tras estas tres temporadas, compuestas, respectivamente, de 8, 10 y 9 episodios. Nos quedamos con las ganas de ver más desarrollados personajes como ese Doctor Jekyll que nos presentaban este año o la peculiar tanatóloga Catriona Hartdegen, también nuevo fichaje; incluso de asistir a lo que creíamos una próxima aparición de la mítica momia Imhotep, a la que se menciona en un capítulo… También tengo la impresión, a nivel personal, de que el final se ha forzado un poco, aunque tampoco es impensable que la serie –o algún tipo de spin-off, tan de moda ahora– pudiera continuarse si hay el suficiente interés.


De esta última temporada, destacar también la incorporación de un villano de lujo como el mismísimo Drácula, seguido de cerca por su fiel Renfield y por una versión femenina del Doctor Seward, así como la de los personajes encarnados por actores de la talla de Wes Studi –que da vida a un chamán apache– o Brian Cox –padre del de Ethan Chandler–, entre otros. Durante algunos episodios, la acción se trasladó del oscuro y neblinoso Londres al mismísimo Oeste americano, una nota pintoresca y colorida que estuvo lejos de ser desagradable. Se repartió el protagonismo entre el enorme plantel de personajes, lo que quizá nos privó de la posibilidad de ver a alguno enteramente desarrollado y aprovechado, pero así pudimos saber más también sobre Dorian Gray y su amante Lilly o sobre la infortunada criatura de Frankenstein, con la que quizá se rizó demasiado el rizo al forzar tanto su vínculo con Vanessa Ives.

El final de Penny Dreadful deja un pequeño huequecito vacío en mi corazón televidente. Soy más partidario de los largometrajes que de las series, veo muy pocas de estas y escasas son las que logran apasionarme tanto como esta que ahora nos deja; de hecho, con la reciente conclusión de Banshee, creo que ahora mismo no queda ninguna en el horizonte que me llame verdaderamente la atención…

miércoles, 1 de junio de 2016

Caída y auge de Reginald Perrin

Siempre he guardado un buen recuerdo de la serie Caída y auge de Reginald Perrin, que en España se emitió en el año 1984. Eso sí: era bien poco lo que recordaba de ella después de tanto tiempo; tan sólo anécdotas como la tienda de cosas absurdas y la curiosa y triste coincidencia de la muerte del actor principal, Leonard Rossiter, precisamente cuando el espacio televisivo triunfaba en nuestras pantallas. Originalmente, The Fall and Rise of Reginald Perrin se estrenó en Inglaterra en 1976, contando con tres temporadas de siete capítulos cada una que la extendieron durante los tres siguientes años. Se trataba de una sitcom inconfundiblemente británica en la que el ejecutivo que le daba nombre, cansado de un trabajo monótono y rutinario, fingía su muerte y resurgía como otra persona, y estaba basada en el libro del mismo título de David Nobbs.

La serie fue un gran éxito en su momento, consagró a su actor principal y se  ha convertido hoy día en un clásico de la pequeña pantalla inglesa. En 1982, el reparto original se reunió de nuevo para un breve sketch navideño, y catorce años más tarde se rodó The Legacy of Reginald Perrin, que sólo tuvo una única temporada de siete episodios y no consiguió ni remotamente la popularidad de su predecesora. Parecida suerte corrieron la versión americana de la serie (Reggie, 1983) y el remake británico de 2009, Reggie Perrin. Y es que, sin duda, Leonard Rossiter había dejado una indeleble e inolvidable huella con su interpretación del excéntrico personaje y el público no pareció dispuesto, en ninguna de estas ocasiones, a aceptar a otro actor en la piel de Reginald Perrin o a asumir una secuela sin su presencia. Por su parte, David Nobbs escribió tres continuaciones literarias de su novela más célebre.

Hace poco se me ocurrió buscar la serie y encontré una estupenda edición de Cameo Media en oferta y me concedí un pequeño viaje nostálgico adquiriéndola y revisionándola después de treinta y dos años. Ha sido curioso y entrañable redescubrir aquellas viejas series británicas de los 70 que en otro tiempo poblaron la televisión de nuestro país, con ese formato de vídeo que parece ya tan encantadoramente desfasado y esa estética que hoy se antoja tan sencilla, cuando no austera.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

¡A por la tercera!

¡A por la tercera! Y eso que no he dado noticia ni de la primera, ni de la segunda, pero uno de mis regalos navideños ha sido el pack con la tercera temporada de The Twilight Zone o, como se conoció aquí, La dimensión desconocida. Ya desde que tuve noticia en 2012 de que L´Atelier 13 comenzaba a reeditar la histórica serie de los 60 en DVD, me propuse hacerme con toda la colección en cuanto me resultara posible. No fue, sin embargo, hasta hace un año, cuando por fin me pude hacer con la primera temporada, siguiendo la segunda el pasado septiembre y la tercera en estos días. Me quedan todavía dos para completar la serie, y voy a tener que espabilarme, ya que la empresa especializada en fantástico clásico que los ha publicado, por desgracia, cerró el pasado otoño y se están descatalogando sus referencias.

Mi primer contacto con el famoso espacio creado por el no menos mítico Rod Serling fue a través de su remake cinematográfico de 1984, que aquí se tituló En los límites de la realidad. Ya en aquel momento quedé fascinado por algunas de las historias que la película contaba, especialmente por la de avión, Pesadilla a 20.000 pies. No tuve ocasión de ver la serie original hasta muchos años después, si exceptuamos algún capítulo suelto en TVE 3 cuando conseguía sintonizar bien la emisora catalana. Entrado el siglo XXI, conseguí hacerme con cuatro de los –creo que– diez volúmenes que JRB Ediciones editó hacia el 2000, pero estos sólo incluían 4 episodios cada uno, sin seguir ningún orden cronológico ni criterio aparente. Me gustaron mucho, y conseguí algunos capítulos sueltos más en internet.

Rod Serling: sus presentaciones, impagables
La edición de L´Atelier, sin embargo, es impagable; un absoluto tesoro: temporadas completas (más extras) repartidas en 5 DVDs presentados en un estuche con un fabuloso libreto que detalla todos los episodios: reparto, plantilla técnica, anécdotas, comentarios, todo ello gracias a la loable labor del equipo redactor del recomendable libro sobre la serie publicado por la revista Scifiworld.

The Twilight Zone se emitió originalmente en EE.UU. entre 1959 y 1964, constando de un total de 156 capítulos, casi todos de 25 min. de duración si exceptuamos la 4ª temporada, cuyos 18 episodios fueron de una hora completa. Su creador y principal guionista, el ya mencionado Rod Serling –sin olvidar la inestimable colaboración de los escritores Richard Matheson y Charles Beaumont–, consiguió fama imperecedera con esta idea por la que tuvo que luchar bastante y que marcaría a toda una generación posterior de directores y escritores de cine y de televisión.

Es de lamentar saber del cierre de L´Atelier, una empresa que había rescatado verdaderas joyas del pasado y que ponía en la presentación de sus productos un cariño y una atención sin igual, presentando sus DVDs en cuidadas ediciones acompañadas de libretos con excelentes artículos informativos.


jueves, 9 de julio de 2015

Penny Dreadful (2ª temporada)

Penny Dreadful fue sin duda una de las series que más me gustó en 2014, y de su segunda temporada recién concluida he acabado igual o más satisfecho. Ya comenté algo sobre ella en mi segundo artículo de La Liga de los Caballeros Extraordinarios (porque, ¿qué es esta creación del escritor John Logan sino una hija bastarda del cómic de Alan Moore y Kevin O´Neill?) y no pretendo extenderme mucho más en esta nueva entrada. Tan sólo recomendarla a todos los que, como yo, hayan crecido empapándose de literatura romántica, gótica y victoriana porque aquí encontramos a algunos de sus personajes más famosos o a reconocibles variantes, desde el doctor Frankenstein a Dorian Gray, pasando por Van Helsing o un claro sosias de Allan Quatermain, además de una mujer que lucha –literalmente– por expulsar a su demonio interior o por un licántropo fugitivo…. Una galería de seres atormentados y con oscuros secretos y pasados que a menudo pugnan por reaparecer en sus vidas.

Los evidentes elementos macabros, inevitables en la serie dado su género, me parecen tratados con elegancia y gusto, algo que cuesta encontrar hoy en día en el cine de terror. Los directores y guionistas del espacio televisivo evitan la truculencia barata y nos muestran imágenes de una increíble belleza pese a lo difícil que pueda parecer con estos ingredientes, como prueba la poética secuencia en la que llueve sangre dentro de un salón de baile. El erotismo es también importante en la serie, aunque de nuevo está comedido y mostrado con sutileza. En general, para mí un gran acierto el tratamiento de temas tan complicados como estos que fácilmente podrían hacer caer a una historia en lo chabacano y banal (así les ocurre a más de un literato y cineasta, aunque creo que no es por accidente).

A destacar en esta segunda temporada que se haya alargado a diez capítulos (de casi una hora de duración: ¡como a mí me gustan!), una excelente antagonista (estupenda la bruja diabólica de Helen McCrory, muy por encima de los penosos vampiros del pasado año), impagables guiños al cine de terror clásico (¡el hombre lobo se llama Larry Talbot!) y algunos secundarios que prácticamente se merecen estar ya en esta liga extraordinaria (el egiptólogo que ayuda al grupo, interpretado por Simon Rusell Beale) o en su contra (el policía al que da vida Douglas Hodge), sin olvidar el breve papel de Patti Lupone como mentora de Vanessa Ives en las artes oscuras. No me preguntéis por el transexual Angelique (Jonny Beauchamp), porque no he acabado de entender muy bien su papel en la serie, si no es el de mostrarnos la infinita perversidad de Dorian Gray.

Esperaba que se hubiera unido algún nuevo recluta a la pandilla, pero no ha sido así salvo que consideremos como tal a la resucitada Bronna Croft (Billie Piper), ni más ni menos que la mismísima Novia de Frankenstein.

La tercera temporada de Penny Dreadful parece que ya está confirmada para el próximo año, y esperándola con paciencia -¡que hay mucho más que ver!– queda un servidor...

domingo, 5 de julio de 2015

Elvis, la serie

En 1990, la cadena estadounidense ABC produce y estrena una serie sobre los comienzos artísticos de Elvis Presley sin más título que el nombre del cantante. Consta de 13 episodios de veinticinco minutos de duración aunque, según leo en algunas fuentes, sólo los diez primeros se emitieron inicialmente en su país de origen. No fue este el caso en España, donde Antena 3 ofrecería la serie íntegra y doblada un año después. Se emitía los domingos después de comer, y un servidor estaba todas las semanas con el vídeo preparado para grabar a esas horas.

La trama comienza poco antes de que Elvis grabe su primer single en Sun Records –exactamente un 5 de julio de 1954: hoy hace sesenta y un años de eso– y cubre unos pocos meses de la vida del Rey del Rock y de sus allegados. A menudo aparecen en ella flashbacks mostrándonos parte de la niñez del protagonista y, muchas veces, sirviendo como tema o motivo principal en torno al cual girará el episodio. Normalmente, es siempre la introducción de cada capítulo la que marca esta temática, como el episodio “Cuatro mulas”, en el que se establece una analogía entre dichos animales –que se han escapado de un cercado y no quieren volver– y los personajes principales, que se muestran igualmente tercos y obstinados cada uno en algún aspecto de su vida.

La serie fue creada por Rick Husky y coproducida, entre otros, por Priscilla Presley, y para el papel principal se eligió al actor Michael St. Gerard, cuyo parecido con Elvis se puede aceptar con el recurrido término de “razonable”, excepto quizá por sus grandes ojos algo bovinos que, además, no quiso camuflar con lentillas azules, puesto que los tenía marrones. En el reparto habitual encontramos también a Jesse Dabson como Scotty Moore, Blake Gibbons como Bill Black, Jordan Williams como Sam Phillips, Millie Perkins como Gladys Presley, Billy Green Bush como su marido Vernon, y Kelli Williams como Mattie Walker, la novia de Elvis del momento y el único personaje que no es enteramente real.Las canciones fueron grabadas de nuevo para la serie, siendo el cantante Ronnie McDowell el encargado de imitar –y con bastante fidelidad– la voz del Flash de Memphis.

En cuanto a rigurosidad histórica, Elvis contó con un importante y fiable asesoramiento, aunque evidentemente algunos hechos se dramatizaron y cambiaron. Sin duda uno de los más chocantes y aparentemente fáciles de resolver es la guitarra que lleva el actor que interpreta a Scotty Moore, que no es ni el modelo, ni siquiera el color de la original, un lapsus difícil de explicar.

Increíblemente, a pesar del arraigo que el cantante tiene en su país de origen, la serie no cuajó y no se renovó. Nunca ha sido editada en formato digital, aunque todos los episodios pueden encontrarse en youtube en versión original, y en otros lugares de internet doblados al castellano, aunque con mala calidad.

Un dato tan curioso como repetido, para terminar este pequeño recuerdo de esta serie, es que su actor principal, Michael St. Gerard –que interpretaría a Elvis en otras tres producciones diferentes– cambiaría la actuación por la religión al sentir la llamada divina en 1994…

lunes, 16 de marzo de 2015

Banshee

La pasada semana terminaba la tercera temporada de Banshee, una de las pocas series de televisión que sigo –siempre preferiré el largometraje– y, de entre ellas, claramente de las que más ha captado mi interés en los últimos años. El espacio televisivo fue creado por los guionistas estadounidenses Jonathan Tropper y David Schickler y se estrenó en la cadena Cinemax en enero del 2011. El éxito de la serie ha propiciado ya dos temporadas más que, como la original, han constado de 10 episodios cada una. Las dos primeras han sido emitidas en cadenas españolas, y es de esperar que la última lo haga en unos meses.


¿De qué va Banshee? Pues, a pesar de su nombre, no tiene nada que ver con el famoso espíritu irlandés ni con el género de terror. Es un thriller de acción acertadamente entremezclado con elementos dramáticos. El título hacer referencia al pequeño pueblo ficticio en donde transcurren la mayoría de capítulos de la serie, situado en algún lugar de Filadelfia. Allí acaba el protagonista, un antiguo ladrón traicionado por su antiguo jefe –un capo de la mafia ucraniana– después de pasar 15 años en prisión. Este personaje –del que nunca conocemos su verdadero nombre– llega a la localidad en busca de Anastasia, su antigua novia e hija del mafioso. Allí descubre que ella está ya casada y con dos hijos pero, cuando de manera casual logra asumir la identidad del nuevo sheriff de Banshee, decide quedarse en el pueblo, lo que dará lugar a mil y una situaciones peligrosas, algo a lo que contribuirán muchos de los pintorescos personajes de la, aparentemente, pacífica población, y otros tantos que la visitarán.

Porque, si hay dos reclamos tan básicos como infalibles en la serie, estos son el sexo y la violencia, y no necesariamente en este orden. El primero en ocasiones bastante explícito para lo que cabe esperar en un programa para la televisión estadounidense. El segundo, todavía más gráfico y abundante, con continuas peleas a puñetazos y tiroteos episodio sí, episodio también. Pero la serie no es tan basta y primordial como puede parecer por mi descripción, y encontraremos emocionantes tramas a lo largo de sus temporadas y personajes verdaderamente atractivos, como Kai Proctor, antiguo amish convertido en el mafioso local, Job, un divertidísimo travesti asiático americano que ocupa el característico papel de genio informático, los policías compañeros del protagonista, que continuamente dudan de su identidad, un grupo de nativos americanos que está dispuesto a reclamar su legado de una forma u otra (entre ellos Alex Longshadow, su letal hermana Nola o el aún más brutal Clayton Littlestone), neonazis sin escrúpulos y psicópatas de todas las formas y tamaños… Al final una de las cosas que más me gusta de Banshee es lo bien dibujados que están algunos de sus protagonistas, y que no hay claramente “buenos” y “malos”, pues los métodos poco ortodoxos del sheriff, la salud mental o la falta de ética de algunos de sus aliados o, por el contrario, la presencia de ciertos principios en varios de sus antagonistas perfilan claroscuros en todos los personajes que evitan que caigan en un tópico y aburrido maniqueísmo.

Ivana Milicevic y Anthony Starr: una pareja de armas tomar

Si se le puede hacer alguna crítica a Banshee es quizá el riesgo de rozar a menudo la exageración y la autoparodia, pues son tantos y tan continuos los enfrentamientos físicos de sus personajes que a veces se le antojan a uno superhombres indestructibles, ya que de las peleas seguidas y habituales que presenciamos en sus capítulos salen casi como si no les hubiera pasado nada cuando en la realidad deberían tener varios huesos del cuerpo rotos como mínimo.

Entre el reparto principal de la serie encontramos un elenco internacional que componen, entre otros, al neozelandés Anthony Starr como el sheriff Lucas Hood, a la actriz de origen yugoslavo Ivana Miličević como Anastasia, al danés Ulrich Tomsen como Kai Proctor, al estadounidense Hoon Lee como el mencionado Job, y a veteranos como el británico Ben Cross o Frankie Faison.

La cuarta temporada de Banshee ya está anunciada para 2016, esta vez con sólo ocho episodios. Aunque desconfío de las series que se prolongan demasiado, de momento seguiré viendo esta, pues me parece que se va desarrollando de una manera creíble y atractiva.

sábado, 14 de febrero de 2015

Caballeros extraordinarios (II)

(Primera parte aquí)

Trilogía Century (2009-2012)
Dos años después del destacable Dossier Negro, los inquietos Moore y O´Neill vuelven a la carga con más aventuras de los Caballeros, aunque esta vez lo hacen de una forma diferente: una trilogía de cómics, de 80 páginas cada uno, con una trama común pero que tiene lugar en varios momentos de ese siglo que da título a la nueva serie. Así, a lo largo de tres años aparecen “1910”, “1969” y “2009”, fechas en las que acaecen respectivamente las historias de cada entrega. De nuevo serán Mina y Allan, además del también inmortal Orlando de Virginia Woolf, los personajes recurrentes en la trilogía, a los que ayudarán ocasionalmente otros aliados. Su misión durante todos estos años será la de acabar con un anticristo que el ocultista Oliver Haddo (el personaje de W. Somerset Maugham), quien traslada su mente de un cuerpo a otro para así extender su vida más allá de lo razonable, se empeña en traer al mundo.

Es curiosa la forma en la que Moore y O´Neill presentan estos nuevos episodios de la Liga –que en un principio querían centrar sólo en la época victoriana–, con enormes saltos en el tiempo que cubren décadas, porque da la impresión de que así tienen muy poco margen para ofrecer nuevas aventuras del grupo en un futuro, pero también dejan caer que, en el ínterin entre una entrega y otra, ha habido nuevas formaciones.

Nemo: el spin-off
Mientras esperamos a que reaparezcan –o no– nuestros Caballeros Extraordinarios, sus autores han concebido otra nueva trilogía que no tiene que ver con ellos directamente, pero que sí se origina en ésta, eso que los modernos llaman un spin-off: en la primera entrega de Century los lectores conocemos a Janni Dakkar, la joven hija del Capitán Nemo, quien en un principio no quiere aceptar el nefasto legado de su moribundo padre e intenta huir de ambos, pero que finamente acabará decidiendo capitanear el mítico Nautilus. Ella será la protagonista de este nuevo triple trabajo de Moore y O´Neill que llevará el título de Nemo, y que está compuesto por los volúmenes Corazón de hielo, Las rosas de Berlín y el todavía inédito River of Ghosts, previsto para la próxima primavera. Las tres entregas nos llevan, respectivamente, a 1925, 1941 y 1975, con Janni viajando en distintos momentos de su vida a una lovecraftiana Antártida, a la “Tomania” nazi y al Amazonas, respectivamente. La serie Nemo ha sido presentada en su edición española como un elegante cómic-book de 64 páginas en tapa dura.

La película
La olvidable adaptación al cine
Suele quejarse Alan Moore casi invariablemente de todas las versiones fílmicas de su obra, y esta protesta me parece exagerada, ya que considero que Desde el infierno, V de Vendetta y Watchmen son las tres buenas adaptaciones a la pantalla grande si las entendemos precisamente como eso: adaptaciones de un medio a otro que se expresa de una manera diferente. Pero, en el caso de The League of Extraordinary Gentlemen (que aquí, para más inri fue titulada La Liga de los Hombres Extraordinarios), le he de dar toda la razón…

El proyecto co-producido por 20th Century Fox, dirigido por Stephen Norrington y estrenado en salas en 2003 no tiene prácticamente nada o casi nada que ver con los cómics en los que se inspira (principalmente el volumen I). La violencia y la sexualidad explícitas en éstos, la sordidez y el patetismo de los a veces, hasta siniestros personajes principales, su condición de marginados sociales, raramente se percibe en el film donde, por ejemplo, Allan Quatermain es interpretado por un Sean Connery que transfiere al personaje su impecable imagen pública y su infalibilidad como héroe de la pantalla; nada que ver con un viejo decrépito y drogadicto.

El resto del reparto lo integran Peta Wilson como Mina Harker, Naseeruddin Shah como Nemo, Jason Flemyng como el doctor Jekyll y Tony Curran como el Hombre Invisible, además de dos actores que encarnan a sendos personajes ausentes en el cómic e incorporados a la versión en celuloide: Shane West como Tom Sawyer, y Stuart Townsend como Dorian Gray.

Una verdadera lástima el dato con que concluyo este apartado: Sean Connery se retiró de la actuación precisamente tras rodar este film, triste testamento de un actor que nos ha dejado tantísimos buenos trabajos. De Stephen Norrington tampoco se ha vuelto a saber mucho, ya que no ha vuelto a dirigir nada desde entonces.

Penny Dreadful
El pasado 2014 se estrena en televisión la serie Penny Dreadful, que toma su curioso nombre de las antiguas publicaciones juveniles decimonónicas que se recreaban en historias morbosas y truculentas, un obvio precedente de los cómics de terror del siglo XX y, en cierta medida, de las revistas pulp. Desde las primeras imágenes promocionales que aparecen en internet se hace más que evidente que estamos ante una suerte de remedo catódico de La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Los personajes no son exactamente los mismos, por supuesto, pero no hay que esforzarse mucho para encontrar en el veterano explorador africano que interpreta Timothy Dalton, Sir Malcolm Murray (quien, por cierto, es el padre de Mina), a un claro sosias de Allan Quatermain,entre otras similitudes. El resto de componentes de esta “liga” televisiva resultan ser el mismísimo doctor Frankenstein (Harry Treadaway), siempre acosado por su criatura (Rory Kinnear), de nuevo Dorian Gray (Reeve Carney), y dos personajes creados para la serie: Ethan Chandler (Josh Hartnett), un pistolero americano que esconde un oscuro secreto, y Vanessa Ives (Eva Green), una joven con extraordinarios a la vez que temibles poderes paranormales, eso sin olvidar la aparición esporádica de otros mitos de la literatura fantástica clásica como Abraham Van Helsing, interpretado por el sin par David Warner en un impagable guiño al género del que es habitual el actor.

Penny Dreadful: la Liga bastarda

Esperé y seguí con interés la primera temporada de Penny Dreadful: ocho episodios de una hora de duración cada una, y debo decir que se confirmó mi impresión inicial de que la serie era un intento de llevar a la pequeña pantalla una idea similar a La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Hasta hay que admitir que, con su galería de personajes torturados, pervertidos y siniestros, es incluso más próxima al espíritu del cómic de Moore/O´Neill que la película de Norrington. Para ser sinceros, creo que en general me resultó interesante pero que podía haber sido más redonda, ya que en algunos episodios ritmo y tono cambian de una manera quizá demasiado drástica o desconcertante. Los personajes que me parece que salieron más mal parados son los vampiros a los que se enfrenta el grupo protagonista, teóricamente liderados por Drácula, y más cerca de la “bestezuela tarantiniana” que tanto detesto que del vampiro clásico romántico que cabría esperar en una serie con la ambientación de Penny Dreadful. Ni qué decir tiene que ya estoy atento a la llegada de la segunda temporada –esta vez con 10 episodios– el próximo mes de mayo.