"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
Mostrando entradas con la etiqueta Eddie Cochran. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eddie Cochran. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2015

Heinz: Tras la estela de Eddie Cochran

La estrella de Eddie Cochran brilló con tal intensidad durante la breve carrera profesional de cinco años del cantante y guitarrista que su fulgor sigue llegándonos aún con fuerza después de más de medio siglo de su desaparición. No sólo eso, sino que ese potente resplandor ha iluminado las vidas y carreras de otros artistas que probablemente habrían permanecido en una perpetua penumbra de no haber sido por su relación directa o indirecta con el músico de Minnessota. Uno de los casos más evidentes es sin duda el de Heinz Burt o, simplemente, Heinz, como fue conocido durante los años 60. Gran admirador de Cochran, Heinz es hoy en día recordado más que nada por las canciones que le dedicó a su ídolo, que también resulta ser el mío. Es gracias a muchas biografías de Eddie Cochran que uno acaba conociendo a su “pupilo” indirecto, cuya impronta musical fue bastante menor y mucho menos recordada que la de su maestro.

Heinz Henry George Schwarz –parece ser que su verdadero apellido– nace en 1942 en Detmold, Alemania, donde la II Guerra Mundial le deja huérfano de padre siendo niño. Su madre se casa con un inglés tras el conflicto bélico y la nueva familia fija su residencia en Eastleigh, Inglaterra. Es allí donde el adolescente Heinz comienza a interesarse por la música y donde esa inquietud le lleva a formar parte de varios grupos noveles como los Stormers o los Falcons a principios de los 60. Estando en esta última formación, llama la atención del tan legendario como estrafalario productor discográfico Joe Meek, que se encapricha del joven y lo ficha para su escudería no sin antes hacerle teñirse de rubio platino. Un primer intento de integrarlo en los Outlaws fracasa debido a las limitaciones musicales de Heinz, pero en los Tornados, el novel artista encuentra un hueco como bajista, y con ellos participa en el mítico instrumental Telstar, número 1 en varios países incluyendo EE.UU.

Heinz con los Tornados y Joe Meek (de pie en el centro)
El siguiente paso que Meek tiene reservado para Heinz es una carrera independiente para él, cantando al frente de The Saints –en donde figura un joven Ritchie Blackmore–, presentado ya únicamente con su nombre de pila. Es entonces cuando el recién estrenado cantante conoce un corto momento de éxito entre 1963 y 1966, participa en un par de películas y publica varios singles y EPs y un único LP, precisamente Tribute to Eddie. De hecho, esa breve trayectoria está marcada por los homenajes a Eddie Cochran que, como ya se ha adelantado, le ganarán a la larga más fama y perduración que el resto de su carrera. Además de varias versiones del cantante americano, Heinz también graba la canción que da título a su LP y, sobre todo, Just Like Eddie, que llega a nº5 en las listas inglesas y constituye el mayor éxito de su carrera. Hay que matizar, no obstante, que el sonido del cantante está muy lejos del potente rock and roll de su mentor, y que el grueso de su discografía se presenta en forma de rock blando –cuando no directamente pop–, edulcorado con violines, arcaicos sonidos sintetizados y coros.

Pero han llegado los tiempos de los Beatles y de los Rolling Stones, y el merseybeat y otros sonidos más modernos arrasan con todo en medio mundo. La trayectoria de Heinz no está llamada a durar y su fama va a ser efímera. Rompe relaciones con Joe Meek –que se suicida poco después–, fracasa a la hora de remontar su carrera, y acaba sentando cabeza y dedicándose a labores más cotidianas, aunque también ocasionalmente a tareas artísticas –incluso actor teatral–, y sin renunciar nunca a su pasión por la música, pues hasta el final de sus días seguirá apareciendo en conciertos de mayor o menor entidad, a menudo en circuitos nostálgicos. En marzo de 2000 se le puede ver en público por última vez en un show en Hampshire, aquejado de una enfermedad neuromotora que le había relegado a una silla de ruedas. Tan sólo un mes después, un derrame acaba con él a la edad de 57 años.

La película de Nick Moran de 2008 Telstar: The Joe Meek Story (reseñada aquí) relata los años de éxito de Heinz y Joe Meek, y propone una relación homosexual entre ambos que la familia del cantante ha negado.

La estrella de Heinz nunca llegó a aproximarse en tamaño a la de su adorado Eddie y generalmente se le considera un capítulo muy pequeño del pop-rock británico de los 60, pero algunos de sus temas son recordados por los aficionados a la música de aquella época y, cómo no, por los muchos fans de Cochran, que de una u otra forma, siempre acaban llegando al que fuera su emulador anglo-germano.


domingo, 17 de abril de 2011

A la manera de Eddie

El 17 de abril es siempre un día que tengo bien presente, puesto que fue el del fallecimiento de uno de mis grandes, grandísimos ídolos musicales, un cantante y guitarrista que ha sido trascendental en mi vida. Por supuesto, hablo de mi admirado Eddie Cochran, al que el año pasado por estas fechas dediqué tres extensos artículos con motivo del 50 aniversario de su muerte (véanse).

Hoy me gustaría recordarlo con esta canción suya que se titula My Way y que no tiene nada que ver con la que hiciera famosa Frank Sinatra (una adaptación de Paul Anka de la francesa Comme d´habitude de Claude François). El de Eddie fue probablemente el primer My Way de la historia, y lo escribió junto a su mánager Jerry Capehart y posteriormente grabó en enero de 1959, en una sesión de la que también salieron clásicos como Teenage Heaven y I Remember. Como tantos otros temas del rockero, no vería la luz hasta después del fatídico accidente en Inglaterra que nos lo quitó, ya fuera porque reservaba su comercialización para otro momento o quizás porque, siempre tan perfeccionista, no la consideraba lista para su aparición en las tiendas de discos....

domingo, 3 de octubre de 2010

El bolero de un rockero

Aunque recordado como uno de los padres fundadores del rock and roll, Eddie Cochran grabó en su breve carrera como músico profesional de poco más de cinco años infinidad de material de todo tipo. Joven inquieto, inteligente y deseoso de explorar las fronteras musicales y las posibilidades que ofrecían las entonces rudimentarias técnicas de grabación, se sumergió a menudo en el estudio tanto para registrar composiciones propias como para colaborar como productor, arreglista y guitarrista con otros amigos y colegas. La mayoría de este material no se rescataría, sin embargo, hasta después de su muerte, fuera porque él, siempre un perfeccionista, no lo consideraba adecuado para comercializar, fuera porque esperaba el momento ideal para sacarlo a la luz.
 
Entre todo este vasto repertorio se encuentra una joya la mar de curiosa por lo bonita que es como canción y por lo atípica que resulta dentro de la discografía de Cochran, ya que, aunque relacionamos con el cantante y guitarrista arquetipos del rock como Summertime Blues, C´mon Everybody, o Somethin´ Else, el tema que quiero reseñar hoy es un bolero totalmente insólito y original dentro del cancionero de Eddie:
I´ve Waited So Long. Además de lo excepcional que es la pieza dentro de la música de Cochran, tiene también otro par de curiosidades destacables: es quizá la única grabación del músico en la que no interviene su guitarra (ni ninguna otra) y también la única en la que aparecen un acordeón y un arcaico órgano eléctrico, a los que acompañan un bajo y una percusión que remarca el claro aire latino de la canción.

Compuesta por un misterioso “M. Travis” –suponemos que no es Merle–, se conservan al menos veintidós tomas de ella, constituyendo la 11 y la última de todas el master original que aparecería en el LP de la Liberty de 1962 Cherished Memories. Una toma en stereo vería la luz años más tarde en el disco Portrait of a Legend de Rockstar Records (1985). Para los amantes de los detalles, añadiré que se grabó el 1 de octubre de 1958 en los estudios Liberty Custom Recorders, Hollywood, California, EE.UU.

Hoy Eddie hubiera cumplido 72 años si aquel trágico accidente de 1960 no hubiese acabado con su vida prematuramente, y me gustaría homenajearlo recordándole con esta canción tan particular que, ni está entre las más conocidas de él, ni es representativa de su estilo, pero que nos demuestran la versatilidad y el talento de los que el artista hacía gala incluso antes de llegar a la veintena. Para todo aquel que desee saber más sobre este mito del rock, os invito a leer mi homenaje del pasado mes de abril: http://castilloruthwen.blogspot.com/2010/04/eddie-cochran-50-anos-de-leyenda-i.html.

viernes, 16 de julio de 2010

Adiós a Hank Cochran

Toda una sorpresa ha sido la noticia del fallecimiento de Hank Cochran ayer a los 74 años de edad. El cantante combatía desde hace tiempo un cáncer, y todo parecía indicar que lo estaba venciendo, pero por lo visto no ha sido así.

A Hank (el de la derecha en la fotografía) ya le presentamos en el homenaje a Eddie Cochran el pasado mes de abril: este artista oriundo de Isola, Mississippi, nacido un 2 de agosto de 1935 y de nombre verdadero Garland Perry, formó pareja musical con Eddie entre finales de 1954 y principios de 1956 con el nombre de The Cochran Brothers, aunque, como sabe todo el que conozca su historia, no tenían parentesco pese a compartir apellido. Editaron juntos tres singles en el pequeño sello californiano Ekko, dos en estilo hillbilly, y el último ya orientado hacia el rockabilly, amén de dejar muchas más grabaciones que serían rescatadas con los años.

Sería precisamente la predilección de Eddie por la naciente música rock la que causaría que el dúo se separara de manera amistosa. A partir de ahí, las carreras de ambos seguirían derroteros muy diferentes: Eddie conocería una breve pero intensa trayectoria que le convertiría en uno de los padres del rock and roll antes de fallecer en un accidente en 1960 a los 21 años. Hank nunca conseguiría la fama y la leyenda de su amigo a pesar de vivir muchísimos más años, pero sí una respetable reputación dentro de la escena del country, género para el que seguiría grabando y escribiendo durante toda su vida. R.I.P.

* Los singles de The Cochran Brothers:
* Y uno de mis temas favoritos de Hank de aquella época (con Eddie a la guitarra), inédito hasta 1971:
-I´m Ready
* Página oficial: http://www.hankcochran.com/ y su MySpace. Precisamente en este se lamentaba recientemente sobre la muerte el pasado mayo de su amigo Eddy Arnold, otro clásico del country. 

lunes, 24 de mayo de 2010

La guitarra de mis sueños

Como ya adelanté en el homenaje que le dediqué en abril, Eddie Cochran –seguido muy de cerca por Scotty Moore, véase también– fue la figura definitiva que me lanzó al mundo de la guitarra rock. Parece totalmente lógico, pues, que las guitarras eléctricas de caja hayan sido desde aquellos comienzos la variante de este instrumento que más me atrae, y que el modelo concreto que el músico utilizó, la Gretsch 6120 Chet Atkins, sea desde hace más de dos décadas la guitarra de mis sueños. De momento todavía no he podido cumplir mi deseo de adquirirla, pero no por ello voy a dejar de contaros su crónica y la de su marca. Espero que os guste…

Siempre me han fascinado todas esas historias sobre emigrantes europeos que viajaron a Norteamérica a finales del siglo XIX en busca de un futuro mejor y, a base de esfuerzo y tesón, consiguieron levantar todo un imperio comercial. A uno le gustaría pensar que son todas ciertas; que es verdad que una persona humilde y honesta puede triunfar y progresar en la vida sin aprovecharse de nadie ni tener que renunciar a sus principios o prostituirse laboral o políticamente. La leyenda de Friedrich Gretsch, fundador de la marca de instrumentos musicales que lleva su nombre, empieza como todas estas entrañables odiseas que tan a menudo proliferan como ejemplo de que el American dream está al alcance de cualquiera.
De origen alemán, este pionero artesano comenzó fundando un pequeño taller en Brooklyn, Nueva York, en 1883. En sus primeros tiempos se construían en él principalmente instrumentos de percusión (y aún hoy en día, la marca sigue destacando en la fabricación de baterías). Sin embargo, sería su hijo, Fred Gretsch, Sr., quien transformaría el pequeño negocio en una gran compañía manufacturera e importadora que ya tenía relevancia internacional a finales de la I Guerra Mundial. De Fred sería también la visionaria idea de centrarse en la fabricación del instrumento que, ya entrado el siglo XX, empezaba a despuntar como el más solicitado en la música popular: la guitarra. Naturalmente, sería en el campo del jazz donde primero se empezaría a experimentar con el nuevo producto de la compañía –que ya en 1939 presentó su primer modelo con pastilla–, pero no sería hasta la década de los 50, con el nacimiento del rock and roll y un mayor auge de la industria musical y discográfica, cuando las guitarras Gretsch comenzaran a forjar su leyenda. Por entonces, la empresa ya había pasado a manos de los nietos del fundador original: William y Fred, Jr., siendo este último el verdadero impulsor de la época de mayor esplendor de la marca. En esos momentos, la guitarra ya se había comenzado a electrificar casi sistemáticamente, y pioneros como Leo Fender o Les Paul (consejero de la casa Gibson) estaban asombrando al mundo con sus modernos avances técnicos en dicho instrumento musical. La compañía Gretsch no iba a ser menos, y en la mencionada década llegó a ser una de las primeras empresas fabricantes de guitarras eléctricas de EE.UU., especializándose sobre todo en las guitarras “de caja” o “tipo jazz”, como se las conoce más vulgarmente, al haber sido este el primer estilo musical que empezó a explorarlas, aunque la casa también fabricaría numerosos modelos de guitarras sólidas, como la famosa serie “Jet”.

Gran parte de la difusión de las guitarras Gretsch se debió sin duda a la acertada asociación de la marca con el legendario pionero Chet Atkins, quien a partir de 1954 comienza a diseñar nuevos modelos para la marca como la 6136 White Falcon, la 6120 Chet Atkins, la 6122 Country Gentleman o la 6119 Tennessee Rose, introduciendo variantes y colores nunca antes vistos y accesorios como el clásico vibrato Bigsby. Al ser este genio del jazz y del country uno de los músicos más influyentes de la época en su país, muchos de sus admiradores –entre ellos pioneros del rock and roll como Eddie Cochran o Duane Eddy– comienzan a adquirir y a hacer populares los modelos de Chet. Artistas como el peculiar Bo Didley también exhiben guitarras de la marca como la Jupiter Thunderbird o la guitarra cuadrada que lleva el nombre del cantante, ambas diseñadas por él.
Algunos de los modelos de guitarras Gretsch más populares. De izq. a der.: la Country Gentleman, la Duo Jet, la Bo Didley y la White Falcon

En los 60, las guitarras Gretsch reciben el espaldarazo definitivo al ser utilizadas con frecuencia por George Harrison en los discos y conciertos de los Beatles. Sin embargo, la era de la psicodelia y del rock ácido va a acabar con el reinado de la marca, que es vencida por su eterna rival: la Fender. Por entonces, Fred, Jr. se ha jubilado y ha vendido la empresa a la Baldwin Music Company. Debido a una mala gestión y a otras circunstancias desastrosas como dos incendios en sus instalaciones, Gretsch deja de producir en 1980. Es el momento que esperaba Fred Gretsch III –hijo de William y biznieto, pues, del fundador–, para devolver de nuevo la marca a la familia y relanzarla con gran éxito, ayudado en parte por el revival del rockabilly de la década y por figuras de la talla de Brian Setzer (Stray Cats), Billy Gibbons (ZZ Top) o los ya mencionados George Harrison y Bo Didley, que prestan su nombre para diversos modelos y asesoran otros nuevos. Irónicamente, la marca Gretsch pertenece desde 2002 a Fender.

La Gretsch 6120 Chet Atkins fue creada, como ya se ha adelantado, en el año 1955 por el legendario guitarrista cuyo nombre ostenta. Debido a la relación de Atkins con la música country (aunque en realidad era un virtuoso que destacó en muchos estilos), se adornó a los primeros modelos de 6120 con diversos motivos “del Oeste”, como la cabeza de toro del clavijero y de las incrustaciones del mástil o la “G” del cuerpo, que imita las marcas a fuego con las que se señalan a las reses. Eddie Cochran la compró probablemente a finales de ese año, cuando formó equipo con el cantante Hank Cochran para fundar el dúo country The Cochran Brothers (en una de las fotografías más famosas de la pareja todavía se puede ver a Eddie con una Gibson ES175) Parece ser que sus padres le ayudaron a pagarla, y que el instrumento fue adquirido en el Bell Gardens Music Center, la tienda de música sita en el barrio de Los Angeles en que Eddie vivía.

Aunque todavía hay unas pocas fotografías en las que se puede observar la guitarra tal y como se ofrecía al público (dos pastillas Seymour Duncan Dynasonic y golpeador dorado), Eddie la modificó muy pronto, dejándola con el aspecto que veríamos en casi todas sus fotografías y películas, es decir: cambió la pastilla superior por una Seymour Duncan P-90 “Dog Ear” y el golpeador original por uno transparente. La casa Gretsch, además de ofrecer a sus clientes el modelo original, decidió hace pocos años crear también una variante modificada más o menos idéntica a la de Cochran (si exceptuamos el vibrato Bigsby, que en la antigua era dorado y fijo, y en la nueva versión plateado y plegable). Esta variante, con la referencia G6120W-1957 Chet Atkins Hollow Body, puede adquirirse actualmente por unos 2500 euros (aunque ha llegado a estar a casi 3000).

Este mismo año, y coincidiendo con el 50 aniversario de la muerte de Eddie, Gretsch llegó a un acuerdo con su familia para tener acceso a la guitarra original del cantante, y tras un minucioso y delicado estudio, el luthier Stephen Stern realizó una réplica exacta de la original, que la marca ha lanzado en homenaje a la leyenda del rock and roll (ref: G6120EC Eddie Cochran Tribute). En la edición, limitada tan sólo a 50 copias, se incluye un estuche de guitarra y un cinturón que imitan los del mismísimo Eddie y toda una serie de parafernalia que incluye fotos, póster, tarjetas, un DVD y hasta la lista de la lavandería que el rockero llevaba en la caja. El PVP en EE.UU. es de 12.000 $. Una vez más, parece que se demuestra que la música sólo está al alcance de los ricos. Yo por mi parte, me conformo con el modelo barato. ¿Una colecta para ayudarme a cumplir mi sueño?

sábado, 17 de abril de 2010

Eddie Cochran: 50 años de leyenda (III)

(Pincha en los enlaces para Parte I y Parte II)

Gira inglesa y accidente
El éxito de sus discos en Inglaterra y las recomendaciones de su amigo Gene Vincent –quien ya había estado en la isla– anima a Eddie a embarcarse en una gira de varios meses por el mencionado país junto con el rockero cojo de Norfolk. Antes de cruzar el Atlántico, Cochran nos lega a sus fans su destacable testamento discográfico: su última sesión de grabación, en enero de 1960 –y con los Crickets de Buddy Holly como acompañamiento de lujo–, la forman tres de sus mejores canciones, en las que ya se puede intuir que Cochran empieza a explorar nuevos sonidos y se aleja del rock and roll más estándar. Se trata de los temas Cherished Memories, Three Steps to Heaven y Cut Across Shorty, siendo estos dos últimos las dos caras del postrero single que Cochran lanzaría en vida.

Tras intensos meses de exitosas giras por todo el país, en las que se codea con músicos ingleses de moda como Joe Brown, Billy Fury, John Barry o Marty Wilde, incesantes apariciones en televisión y una prórroga del contrato inicial, Eddie decide volver en abril a Estados Unidos para tomarse un pequeño descanso y, posteriormente, regresar de nuevo a Inglaterra. Después de un agotador concierto en el Bristol Hippodrome, y junto con Gene Vincent, Sharon Sheeley y el manager Patrick Thompkins cogen un taxi para ir a Londres y después al aeropuerto de Heathrow. Por desgracia, al tomar una curva a la altura de Chippenham, el coche sufre un accidente y se estrella. Cochran no sobrevive al traumatismo craneal que le causa el golpe y fallece poco después en el St. Martin´s Hospital de Bath en las primeras horas del domingo 17 de abril de 1960, con tan sólo 21 años. Sus acompañantes salvan todos la vida, resultando con heridas de mayor o menor gravedad.

Hay pocos promotores mejores que la Muerte, y el trágico accidente catapulta las ventas de los discos de Cochran en el Reino Unido. Irónicamente, tras su fallecimiento se publica allí Three Steps to Heaven –el título no podía ser más morboso e insidiosamente oportuno- y Eddie logra su primer nº1, desgraciadamente a título póstumo.

A lo largo de los siguientes meses, la Liberty aprovecha para rescatar las docenas y docenas de canciones que Eddie había registrado en los últimos años y que nunca habían visto la luz ya fuera porque se trataba de simples “demos” o improvisaciones -sobre las que graban instrumentos-, porque el cantante no las consideraba adecuadas o preparadas, o porque estaban simplemente esperando el momento. Aunque una estrategia comercial totalmente oportunista y poco honesta, esto da a los fans la oportunidad de conocer tesoros como la ya citada Cherished Memories, Nervous Breakdown, el delicioso bolero I´ve Waited So Long –una joya absolutamente única en la discografía de Cochran-, Rock and Roll Blues, fabulosos instrumentales como Guybo o Eddie´s Blues, y el emblemático My Way, un rock and roll que Cochran había grabado en el 59, años antes de que Paul Anka convirtiera del francés la canción de idéntico título que popularizaría Frank Sinatra.

Durante los primeros 60 aparecen casi seguidos varios LPs de Eddie como el Memorial Album, Never to Be Forgotten, Cherished Memories o My Way, que durante mucho tiempo se han considerado el grueso de la discografía más o menos “oficial” del cantante en cuanto a discos de larga duración se refiere junto al ya mencionado Singin´ To My Baby. Las siguientes décadas verán aparecer más y más grabaciones de Eddie enterradas durante mucho tiempo en algún recóndito sótano, muestra de su extensísima labor como músico de sesión e incluso trabajos caseros cuya comercialización podría fácilmente cuestionarse. Hay que hacer notar, no obstante, que es en Inglaterra, y en menor medida Francia y Alemania, donde se rescata la mayoría de estos trabajos olvidados del rockero, mientras que en su país natal no parece haber el mismo interés por su obra y las reediciones de sus temas aparecen más espaciadas.

Influencia posterior
Es difícil no dejarse llevar por la especulación y preguntarse: ¿qué habría sido de Eddie Cochran si no hubiese tenido el trágico percance en el que perdió la vida? La respuesta creo que puede resumirse en una sencilla frase: “La punta del iceberg”. Cuando Eddie falleció tenía sólo 21 años, y llevaba alrededor de cinco como músico profesional. Es fácil imaginar que su carrera se habría extendido y habría traspasado los “límites” del rock and roll, que habría estado encantado de usar las grabadoras multi-pistas que aparecerían en los siguientes años y que habría experimentado con mil sonidos y estilos, quizá hasta el punto de disgustar a los fans de su música original. Eddie Cochran sería probablemente un gran y reputado músico a estas alturas, seguramente haciendo conciertos con “amigos” oportunistas y atrayendo sin duda a muchas personas a sus actuaciones. También en algunas entrevistas manifestaba estar interesado en sumergirse más en sus facetas de productor discográfico e incluso no desdeñaba desarrollarse en la interpretación.

En cualquier caso, de este artista ya legendario nos queda un indiscutible legado que ha repercutido en casi toda la música posterior a él. Ponerse a enumerar los estilos, modas, grupos y músicas que resultaron influenciados por Eddie Cochran es una larga labor, y la resumiremos haciendo notar que un entusiasta seguidor de sus conciertos en Inglaterra fue George Harrison, quien favoreció el uso de guitarras de caja Gretsch –el modelo que popularizó Eddie– durante casi toda su carrera. Y cuenta la leyenda que John Lennon admitió a McCartney en su grupo porque sabía tocar Twenty Flight Rock (un tema habitual en los conciertos del bajista de los Beatles, también versioneado por los Rolling Stones). El cantante alemán Heinz le dedicó su mayor éxito, Just Like Eddie, en 1963. Los Who también grabaron Summertime Blues en 1970, y uno de los primeros grupos de heavy metal, Blue Cheer, se dio a conocer precisamente con otra versión de este éxito de Cochran que llegaría al puesto nº 14 en las listas americanas de 1968. Y, por supuesto, el grupo veraniego y playero por excelencia, los Beach Boys, la incluyó en su primer álbum, Surfin´ Safari. Ya en los 70, en plena eclosión del punk, encontramos a Sid Vicious versioneando C´mon Everybody y Somethin´ Else; y lógicamente, Cochran fue una figura clave en el revival del rockabilly de los 70 y en el neo-rockabilly, y qué mejor muestra que los mismísimos Stray Cats y su líder, Brian Setzer, que siempre ha exhibido Gretschs como la de Cochran y es un fan incondicional (el grupo dedicó al cantante y a su amigo Vincent la canción Gene and Eddie). En España, aunque en su momento Cochran apenas fue conocido, ya en tiempos más recientes ha sido versioneado con mayor o menor acierto por Loquillo, Los Rebeldes y Más Birras, entre otros.

Durante más de dos décadas se ha hablado de una posible biopic sobre su vida, y al parecer se han barajado varios guiones, pero ninguno ha llegado a ser plasmado en celuloide. Eso sí: a Eddie lo podemos ver interpretado por Jerry Zaremba en La historia de Buddy Holly (Steve Rash, 1978) y por el mismísimo Brian Setzer en La Bamba (Luis Valdez. 1987), además de en el ya comentado anuncio de Levis del 88. Mención especial merece la película Radio On (Christopher Petit, 1980), donde el cantante Sting interpreta a un fan empedernido de Eddie Cochran.

Decía al comienzo de este sentido homenaje que Eddie es uno de mis “dioses”; en realidad sería más justo decir que toda esta gente del mundo de la música y del cine a la que he admirado desde siempre son en realidad como unos primos lejanos o unos grandes amigos en la distancia (física y temporal). Cuando empecé a escuchar al cantante, yo era más joven de lo que él era cuando murió. Ahora estoy cerca de doblarle en edad, y uno se para a pensar y a reflexionar sobre el paso del tiempo: hoy 17 de abril se cumple nada menos que medio siglo desde que nos dejó. Sin embargo, Eddie sigue vivo para mí; es alguien con el que he crecido, al que he escuchado durante años y al que puedo oír en cuanto me apetezca llegándome al tocadiscos y seleccionando cualquiera de sus muchas grabaciones. Y creo que ahí es donde se demuestra la trascendencia y la importancia de un artista: en la perduración de su legado, en la supervivencia de su trabajo, y está claro que Eddie siempre seguirá con nosotros, cincuenta años después, y también cien. De aquí otras cinco décadas, se almacene la música en el formato o medio en que se almacene, estoy seguro de que las grabaciones de Eddie Cochran seguirán interesando a los melómanos más inquietos. EDDIE COCHRAN FOREVER!

* Selección musical:

* Sus tres películas:
-The Girl Can´t Help It (Twenty Flight Rock)
-Untamed Youth (Cotton Picker)
-Go, Johnny, Go (Teenage Heaven)

* En televisión:

* Discos:
-Somethin´ Else (el recopilatorio más completo publicado sobre el artista: 8 CDs y libreto de 192 páginas. Editado por Bear Family Records en 2009)

* Más información sobre Eddie Cochran:
-http://www.eddiecochran.info/

* La guitarra de Eddie: protagonista esencial en la historia del rockero fue su modelo de guitarra Gretsch 6120, que él mismo modificó para darle ese sonido único. Si queréis saber más sobre ella, aquí tenéis algunos enlaces:
-http://www.gretschguitars.com/cochran/
-http://jose.gs/la-gretsch-6120-de-eddie-cochran/
-http://www.cutawayguitarmagazine.com/ar-gretsch-eddie-cochran-tribute
* Bobby Cochran: el hijo del hermano mayor de Eddie ha sido el encargado de continuar la tradición musical en la familia Cochran y, aunque no ha llegado a igualar a su famoso tío, ha conseguido una moderada reputación como guitarrista de rock y blues tanto en grupos como Steppenwolf y The Flying Burritos Brothers como en solitario. Dado su parecido, nos puede ayudar a tener una idea de cómo hubiese sido Eddie de mayor. También lo podéis ver actuando y hablando en el enlace que hay encima de la foto de la guitarra. Trágicamente, Bobby perdió a su hija Bree en un accidente de coche el mismo día que murió Eddie, 17 de abril (aunque de 1999), también a la edad de 21 años.
-http://www.bobbycochran.com/

viernes, 16 de abril de 2010

Los mejores albergues y refugios para corazones rotos

Es el gran topicazo de la música moderna. Se han escrito miles de canciones sobre él y se escribirán otras tantas en el futuro. Y es que el amor es el sentimiento más común en los seres humanos (e incluso en muchos animales), algo con quien casi todos se pueden identificar. Otra cosa ya bien distinta es cómo se han aproximado diferentes artistas a él. Con todos ustedes, una nueva entrega de Las cosas que se cantan por amor

No sé si fue un fenómeno exclusivo de la música de los 50 (supongo que no), pero en aquella época parecieron abundar las canciones que hablaban de lugares oscuros y recónditos donde los descorazonados acudían a llorar sus penas y a esconderse del mundo que tan cruelmente les había tratado…

La veda la abrió quizás Elvis Presley con el que fue su primer sencillo para la RCA y su primer nº1: Heartbreak Hotel, que apareció en enero de 1956. Escrita por Mae Boren Axton y Thomas Durden (aunque se acreditó también a Elvis porque cambió parte de la canción), en el tema intervienen los músicos habituales del cantante: el guitarrista Scotty Moore, el contrabajista Bill Black, el batería D.J. Fontana y el recién añadido Floyd Cramer al piano, además del propio Presley a la guitarra rítmica. El mismísimo Chet Atkins, por entonces productor en la RCA, también añadió su guitarra a la grabación.

Estructurada como un sencillo blues en Mi, la canción se compone de seis frases, con un breve solo de guitarra que imita más o menos los versos cantados (una vez más, un desaprovechado Scotty Moore), y nos habla del trágico Hotel de la Congoja, situado al final de la calle Solitaria, en donde el botones no para de llorar, el recepcionista viste de negro y, a pesar de estar lleno, siempre tiene sitio para los descorazonados, que estarán allí tan solos, baby, tan solos, que querrían morirse…

Como curiosidad, decir que Whitney Houston y C.C. Catch comercializaron en los 80 sendas canciones con idéntico nombre, y la última tituló su segundo album Welcome to the Heartbreak Hotel. También Chris Columbus dirigió una película del mismo título en 1988 basada en un ficticio momento de la vida del Rey del Rock, a quien dio vida David Keith.

Influido quizá por la grabación de Elvis Presley, otro titán del rock and roll, Eddie Cochran, compuso junto a su manager Jerry Capehart en 1956 Dark Lonely Street, presentándonos este lóbrego y oscuro callejón por el cual el protagonista pasea en busca de un amor imposible, encontrando en cada sombra con la que tropieza su propio reflejo. La segunda versión de esta balada apareció como cara B del primer single del cantante para Liberty Records, Sittin´ in the Balcony, en 1957 y en la grabación participaron, además del propio Cochran acompañándose a la guitarra, su inseparable Connie Smith al contrabajo y el mencionado Capehart en la percusión.

La canción Home of the Blues, un mid-tempo grabado por Johnny Cash en 1957, no nos habla tanto de desamores en concreto como de perdedores en general, y parece hasta cierto punto también inspirada en el omnipresente Heartbreak Hotel. En ella, para llegar al Hogar de la Tristeza, en cuyas habitaciones nunca entra el sol, y enclaustrarte allí a llorar y recordar tiempos mejores, primero has de vadear las lágrimas de los que la habitan, que parecen formar un río. Además del propio Cash, colaboraron en la composición Douglas L. McAlphin y Glenn Douglas Tubb, y la sesión de grabación, que contó naturalmente con The Tennessee Two (Marshall Grant al contrabajo y Luther Perkins a la guitarra en uno de sus más “sofisticados” solos, más batería y coros) fue producida por el mítico Jack Clement para Sun Records. Constituyó el quinto single del artista para el legendario sello, acompañado en su cara B por Give My Love To Rose, y llegó al puesto nº3 en las listas de country y al 88 en las de pop.

Ni con un edificio, ni con una calle se conformó Ricky Nelson en su séptimo single, aparecido en 1958: toda una ciudad necesitó el joven cantante de Nueva Jersey para sufrir sus penas y desamores; y así, en la Ciudad Solitaria, donde se quedan los corazones rotos y las calles están llenas de pesar, puedes comprar un par de sueños a cambio de unas pocas lágrimas y quizás en ella consigas olvidar…

Lonesome Town fue compuesta por Baker Knight, se presenta en forma de una sencilla balada con aire country e instrumentación acústica en la que destacan los míticos Jordanaires como acompañamiento vocal, y llegó al nº7 de las listas americanas cuando apareció a la venta.


¿Conocéis vosotros alguna otra casa sombría en la que puedan refugiarse los desgraciados? No dejéis de hacérmelo saber y ampliaremos esta guía (#)...


* Las canciones:
-Heartbreak Hotel
-Heartbreak Hotel en directo en TV, 1956
-Dark Lonely Street (¡a 78 rpm!)
-Home of the Blues
-Lonesome Town


# Adenda: a continuación listo algunos temas que me habéis enviado o que me han venido a la cabeza escritos a lo largo de toda la historia del rock y que tratan temática similar. Seguiremos ampliando:
-Lonely Avenue (Ray Charles, 1956)
-Blue Avenue (Roy Orbison, 1961)
-22 Acacia Avenue (Iron Maiden, 1982)
-Blue Hotel (Chris Isaak, 1986)
-Boulevard of Broken Dreams (Green Day, 2004)

domingo, 11 de abril de 2010

Eddie Cochran: 50 años de leyenda (II)

(Parte I aquí)

Camino del estrellato
Eddie Cochran, siempre con sus inseparables Capehart y Guybo, ya ha encaminado su carrera hacia el rock and roll, y comienza a grabar éxitos del momento como Blue Suede Shoes o Long Tall Sally a modo de “demos” para que su mánager las pasee por las discográficas. En julio aparece el primer single en solitario de nuestro artista en Crest Records, con el ya clásico Skinny Jim (un claro guiño al tema de Little Richard citado en este mismo párrafo) y la balada Half Loved. A estas alturas, Eddie todavía se ve más como un guitarrista que como un cantante, y sigue participando en grabaciones de otros muchos músicos. El estudio habitual a lo largo de su carrera sería el mítico Goldstar.

Los últimos meses de 1956 van a ser clave para nuestro joven amigo: el éxito de Presley ha hecho que casi todos los mayores sellos discográficos se lancen a buscar sus “Elvises” particulares para así explotar el filón que ha resultado ser el naciente género del rock and roll. En una hábil maniobra comercial, Jerry Capehart consigue que la poderosa y recién nacida Liberty se interese por su pupilo y decida firmarle un contrato, no sólo discográfico, sino también cinematográfico: a finales de año se estrena The Girl Can´t Help It (titulada en España Una rubia en la cumbre y, posteriormente, La chica no puede evitarlo en TV). Se trata de una de las muchas películas rodadas por la época que se concebían sobre todo como un muestrario visual de las actuaciones de los músicos de moda del momento, normalmente hilvanadas por una historia nimia o sencilla.

La cinta la dirige el prestigioso Frank Tashlin –autor de muchas de las comedias de Jerry Lewis y Dean Martin- y la encabezan actores de renombre como Tom Ewell y Edmond O´Brien, acompañados por la curvácea Jayne Masnfield y, aunque paradójicamente parece estar pensada como una parodia que se burla del rock and roll, ha acabado convirtiéndose quizá en la película más importante de su época sobre el estilo musical. Entre las apariciones de otros clásicos del género como Little Richard, Gene Vincent, Fats Domino y artistas de otros estilos como Julie London, Ray Anthony o The Platters encontramos a Eddie caricaturizando –quizá inconscientemente- al mismísimo Elvis Presley, e interpretando uno de sus primeros clásicos: Twenty Flight Rock, mientras aparece en una televisión y Edmond O´Brien lo pone como ejemplo de que se puede triunfar sin tener una voz "educada" con tal de que se tenga gancho. Lamentablemente, el solo de guitarra está eliminado del montaje final del largometraje.

Lo curioso es que Liberty Records no aprovecha el éxito de la película para editar la mencionada canción en single, sino que hace grabar a Cochran la balada Sittin´ in the Balcony, primer tema de nuestro hombre que escala las listas (logra un puesto 18 a principios de 1957) y que constituye uno de los doce temas (quince en su versión inglesa) que compondrán el primer y único LP que Eddie publicó en vida.

Singin´ To My Baby, que contó con la inclusión de coros, una lujosa portada en color, y un importante apoyo promocional por parte de sus editores, es en realidad un disco que no hace justicia al artista, y que nos lo presenta básicamente como un cantante de baladas y temas blandos, del que sólo se pueden destacar las nuevas versiones de Completely Sweet y Twenty Flight Rock (este último únicamente en la edición del Reino Unido). Parece ser que tanto Eddie como Jerry estuvieron de acuerdo en este “cambio de dirección musical” como astuta estrategia para lograr una posición firme en la discográfica y en el mercado desde la cual poder lanzarse después más en la línea que ambos buscaban y disfrutaban.

El éxito
Afortunadamente el año 58 comenzará con un single mucho más interesante y significativo en cuanto al “estilo Cochran”, con la poderosa Jeannie, Jeannie, Jeannie que, aunque apenas logra triunfar en las listas, contiene uno de los mejores solos de guitarra que Eddie nos legó a sus fans. El tercer disco del cantante ese año va a ser trascendental en su vida y en la historia del rock and roll, ya que, en julio de 1958, Summertime Blues le catapulta al nº 8 del Top Ten americano y lo descubre finalmente a toda la nación y a buena parte del mundo. Hoy en día, la pieza es sin duda uno de los pilares del estilo y una especie de precursora de la “canción-protesta” tan de moda en la siguiente década, que nos habla de las tribulaciones de un adolescente para poder quedar con su novia, que sus padres le dejen el coche y que los políticos le hagan caso (efectivamente: los 50 habían traído consigo a la juventud como “clase” social a tener en cuenta, y el rock and roll no hizo sino confirmar y reforzar este hecho).

Cuenta la leyenda que el famoso y sencillo riff de guitarra que suena a lo largo de toda la canción nació de una forma casi casual, ya que Eddie lo tocaba nerviosamente una y otra vez mientras que él y su mánager intentaban dar forma a un nuevo tema.

La pareja de compositores no se durmió en los laureles de la fama: al poco tiempo ya estaban pensando en una especie de “secuela” para Summertime Blues, y ésta tomó forma en una composición parecida –aunque algo más rápida-, en el mismo tono (Mi) y con casi idéntica secuencia de acordes: en octubre aparecía en single C´mon Everybody, canción que, tratando una temática similar y buscando pues la implicación de los adolescentes rockeros, no logró emular el éxito de su predecesora y hubo de conformarse con un puesto 35 en las listas de éxito estadounidenses. Curiosamente, la fama de Eddie había empezado a extenderse a otros países de habla inglesa (ya había realizado una gira por Australia) y a otras partes del mundo, y en Inglaterra C´mon Everybody sí que superaría en las listas a Summertime Blues, quedando ambas canciones en los puestos 6 y 18 respectivamente en las islas británicas.

Puede pensarse quizá que la discografía de Eddie durante su vida fue corta, pero el hecho de lanzar “solamente” singles durante un año no era nada insignificante en la época y eran muchos los artistas que constituían su discografía a base de “discos pequeños”. El LP no se pondría verdaderamente de moda hasta los 60.

Además, la labor de Eddie no se limitó a estos cuatro singles durante el año 1958: el éxito de un disco debía reforzarse entonces por interminables y agotadoras giras a lo largo del país, muchas veces en hastiantes trayectos a lo largo de varios estados y en penosas condiciones de viaje. Por suerte para Eddie, todas estas interminables tournées le darían también la oportunidad de codearse con otros grandes del rock de la época, entre los que cabría destacar a Buddy Holly o a Gene Vincent (1935-1971), al que conocería en la mencionada gira por las Antípodas en 1957 y cuya amistad se haría legendaria (aunque ambos aparecían en la película Una rubia en la cumbre, nunca coincidieron durante su filmación). Es precisamente en una fiesta dada por otros de sus compinches, los Everly Brothers, cuando entra en escena un personaje tan controvertido como inevitable: la joven letrista Sharon Sheeley (1940-2002), que ha pasado a la historia como “novia oficial” de Eddie Cochran, a pesar de muchas contradicciones y de la aparente negación de este hecho por parte de la familia y amigos más cercanos del cantante. El caso es que, a partir de este momento, Sharon aparecerá en infinidad de fotos con Eddie, le seguirá a casi todas partes, compondrá varias canciones para él y, en el futuro, Mrs. Sheeley deleitará a los fans con historias bastante inverosímiles y difíciles de creer sobre su supuesto –o verdadero– prometido. El encuentro de la pareja llegaría a dar lugar a un anuncio de pantalones Levis 501 en 1988 que, naturalmente, catapultó de nuevo a las listas inglesas al tema que le acompañaba: C´mom Everybody (nº 18).

Mencionar también que, durante el poco tiempo que las giras dejaban al rockero de Minnesota, éste se enclaustraba a menudo en los estudios, donde grabaría muchísimos temas que no se comercializarían hasta después de su muerte, y donde experimentaría con pioneras técnicas de grabación sacando un increíble partido a las arcaicas grabadoras de dos pistas de entonces por medio de la sobregrabación y reducción. Cochran fue sin duda el músico de su época y de su estilo más interesado en este aspecto técnico de la música, y prueba de ello son algunos de sus instrumentales donde se grabó a sí mismo varias veces, o sus éxitos Summertime Blues y C´mon Everybody, en los cuales dobló el riff principal con una guitarra acústica.

Músico completo como pocos, además de cantar y tocar varios instrumentos y de componer la mayoría de sus propios temas, Eddie también se convirtió en cazatalentos musical e impulsó la carrera de otros colegas, como su amigo Bob Denton, Jerry Stone o the Four Dots, y colaboró en discos de artistas más conocidos como Johnny Burnette o el mismísimo Gene Vincent (le hizo coros en el LP A Gene Vincent Record Date). Efectivamente: el éxito de sus últimas grabaciones propició que la Liberty concediera a Eddie y a Jerry Capehart la creación de un sello filial, Freedom, para el que ambos se encargarían de encontrar y de producir a nuevos artistas.

A comienzos de 1959 Eddie Cochran interviene en su tercera película (la segunda había sido Untamed Youth en 1956, junto a la explosiva Mamie Van Doren, y en la que el músico tenía un pequeño papel): para su aparición en Go, Johnny, Go, Cochran y Capehart preparan lo que esperaban sería una continuación de sus éxitos anteriores. Teenage Heaven reincide, obviamente, en la temática adolescente, pero logra miserablemente quedar en el penúltimo puesto del Top 100 norteamericano. Mención especial merece su cara B, I Remember, quizá la mejor balada escrita por Eddie Cochran.

Mucha más suerte va a tener su siguiente single, con la poderosa Somethin´ Else, que, aunque sólo alcanza un 58º lugar en las listas USA (22º en Inglaterra), constituirá para muchos fans de Cochran la “Sagrada Trilogía” de éxitos esenciales del cantante junto a Summertime Blues y C´mon Everybody. Esta canción, totalmente adelantada a su tiempo, sería compuesta por Sharon Sheeley y Bob Cochran, el hermano mayor de Eddie.

Resulta curioso constatar que las canciones más conocidas de Eddie aparecidas en vida de este esconden al público su prematura habilidad como guitarrista, ya que solamente nos lo muestran haciendo acordes o acompañamientos sencillos, y Teenage Heaven, la única que tiene un solo, cede el puesto en esta parte del tema a un saxofón, instrumento que Cochran había empezado a utilizar en sus sesiones de grabación y en sus conciertos en vivo, para los que había formado una banda de acompañamiento a la que bautizaría como The Kelly Four.

El año 59 concluye para Eddie con un tercer sencillo que constituye uno de sus proyectos más ambiciosos: una versión del tema de Ray Charles Hallelujah! I Love Her So en la que él mismo toca el piano y que incluye también saxos y sección de cuerdas (sobregrabada por la Liberty), así como –por fin- un estupendo solo de guitarra.

Continúa en Parte III.

Fotografías (de arriba a abajo):
1. Eddie en The Girl Can´t Help It
2. Fotografía promocional para la Liberty
3. Con Little Richard y Allis Lesley durante la gira australiana.
4. Comprando discos con Sharon Sheeley
5. Eddie, pistolero
6. En directo en Chadron, Nebraska, el 3 de octubre de 1959 (su último cumpleaños)
7. En la película Go, Johnny, Go
8. Con The Kelly Four (¿o son "five"?)

miércoles, 7 de abril de 2010

Eddie Cochran: 50 años de leyenda (I)


(Del Diccionario de la Lengua Española de la RAE)

mitomanía.
(De mito y manía).
1. f. Tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice.
2. f. Tendencia a mitificar o a admirar exageradamente a personas o cosas.


He creído necesario iniciar esta entrada haciendo constar las dos diferentes definiciones con las que se puede entender este concepto porque, seguramente es innecesario aclararlo a estas alturas, pero me tengo por un consumado mitómano, aunque no en el sentido de alguien que padece un grave trastorno psicológico que le hace mentir constantemente o exagerar la realidad (definición 1), sino en el sentido de la segunda acepción: siempre he profesado gran admiración por una larga serie de personalidades de cuya obra y labor soy fiel seguidor, principalmente en los campos cinematográfico y musical (lo que probablemente quizá sea también un trastorno, pero quiero pensar que algo más leve).

Mi teoría sobre el origen de esta postura enraíza quizás con mi ateismo: pienso que las personas que no tenemos la suerte de profesar una religión y contar con el consuelo de ésta tendemos a buscar pequeños “dioses”, gente a la que idolatrar y mitificar, ejemplos a seguir; admito que la línea que separa la admiración y el respeto del irracional fanatismo puede a veces ser difusa y peligrosa, aunque creo que yo todavía no la he cruzado: por mucho que me guste un artista, tengo claro que sigue siendo un ser humano y no una divinidad, pero como no tengo la suerte de poder creer en entidades mayores, esto es para mí lo más parecido a un credo.

Todo este devaneo introductorio, a mitad entre la filosofía y la psicología, sirve para presentar al que es sin duda uno de los grandes mitos de mi vida y una de mis mayores influencias: repito que tengo muchos ídolos y no me gusta subirlos a podios ni establecer jerarquías entre ellos para decidir a quién admiro más o me parece mejor. ¿Para qué, si puedo disfrutarlos a todos? Sin embargo, no sería justo negar la trascendencia que el legado de Eddie Cochran ha tenido en mí.

A Eddie lo descubrí cuando iba al instituto. Hacía poco que acababa de constatar mi amor por el rock & roll de los 50; un compañero de clase me pasó una cinta TDK grabada con un disco del cantante del que ni siquiera aparecía el listado de canciones. Poco a poco iría descubriendo el nombre de cada uno de los 16 temas que componían el LP original (pertenecía a la colección “Pioneros del Rock”, de EMI/Liberty, 1984). Paralelamente, descubrí a un tipo original, con una voz no extraordinaria pero sí muy especial y característica y con un sonido de guitarra del que me quedé prendado desde el primer momento. No pasó mucho tiempo antes de que me decidiera a emular a Cochran e iniciarme en el mismo instrumento que él tocaba. Más de veinte años después, la guitarra y la música rock siguen siendo dos de los grandes amores de mi vida, y por eso siempre estaré agradecido a esta gran estrella que, desde luego, me marcó para siempre. Dicho esto, procedo a contaros un breve resumen de su biografía, que con toda seguridad encontraréis más interesante que la mía...


Primeros años
El quinto hijo de Frank y Alice Cochran, Edward Ray, llegó al mundo un 3 de octubre de 1938 en la pequeña localidad de Albert Lea, Minnesota, EE.UU. La familia –de obvia ascendencia irlandesa- provenía de Oklahoma, y Eddie siempre citó esta última como su ciudad natal durante sus entrevistas, lo que sumió durante mucho tiempo a sus biógrafos en la confusión.

A diferencia de otros tempranos ídolos del rock que parece que tuvieron una infancia difícil, ya fuera por sus paupérrimas condiciones económicas -Elvis Presley, Carl Perkins...-, por problemas delictivos –Chuck Berry-, o domésticos –Little Richard- los primeros años de vida de Eddie parece que transcurrieron con total normalidad, en el seno de una familia de clase humilde pero bien avenida y en la que no faltó el amor entre sus miembros. De aquella época le quedarían para siempre dos pasiones al muchacho: las armas, herencia de los componentes masculinos de la familia que a punto estuvo de costarle una pierna durante un accidente de caza fortuito, y la música. Aunque la señora Alice siempre afirmó orgullosa que el talento para la guitarra de Eddie era “un don de Dios”, los Cochran escuchaban a menudo la radio y el tocadiscos –recordemos que en aquellos tiempos la televisión aún no se había implantado en todos los hogares– e incluso sus dos hermanos tenían una guitarra a la que no le hacían mucho caso, y que el más joven de la familia acabaría rescatando.

De sus primeros años y pre-adolescencia se recuerda también a Eddie como un buen estudiante y un muchacho dado a las bromas y algo traviesillo, como bien recordaba su hermana Pat cuando contaba cómo el gamberrete utilizó un vestido de ella para hacerse un paracaídas.

Inicios musicales
En 1952, en busca de mejores perspectivas laborales, los Cochran en pleno se trasladan a Los Angeles, concretamente al barrio de Bell Gardens. Eddie, al que sus hermanos han enseñados los acordes básicos, ya se ha iniciado en el instrumento que le haría famoso, y se empeña en llevar la vieja guitarra familiar todo el trayecto desde Albert Lea a pesar de la oposición de su madre. No obstante, todavía flirteará con otros instrumentos antes de decidirse definitivamente por el que ya tenía en casa: intenta comenzar a tocar el trombón en la banda del instituto, y después iniciarse en la batería, pero ninguna de estas tentativas prospera. Con el tiempo, acaba formando una banda con otros dos estudiantes y los tres debutan en una fiesta del centro educativo. Uno de estos muchachos es Connie “Guybo” Smith, que se convertirá en contrabajista y bajista de la mayoría de las canciones grabadas por Cochran durante su carrera.

A mediados de los 50, Los Angeles está poblado por pequeños sellos musicales independientes en los que se graba todo tipo de música y a los que acuden cientos de artistas en busca de una oportunidad. A finales del año 54 Eddie, que ya ha empezado a moverse tímidamente por el mundillo musical de la ciudad, conoce a un joven cantante country llamado Hank Cochran (n. 1935). Aprovechando la coincidencia de apellidos, un cierto parecido, y la moda de los dúos de hermanos en la música vaquera, la pareja se bautiza como The Cochran Brothers. No pasa mucho tiempo antes de que se asocien con el letrista Jerry Capehart (1929-1998), también vocalista frustrado y empedernido melómano. Secundados musicalmente por Connie Smith y el propio Capehart (quien suple la falta de batería en las grabaciones con rudimentarios apaños como cajas de cartón con un micro dentro) empiezan la difícil aventura de abrirse paso en el mundillo de la música profesional.

De aquellos meses previos a la gran eclosión del rock and roll que traería en breve Elvis Presley a Eddie y sus amigos les queda una tremenda experiencia tanto en shows en vivo como en grabaciones de estudio, en las cuales Eddie se sumerge como músico de sesión para ganarse la vida o, a veces, simplemente para ayudar a sus muchos colegas. El legado que Cochran dejó en esa temporada aún se está desenterrando hoy en día y constituye docenas y docenas de grabaciones.

Finalmente, los muchachos consiguen que les editen un single en el pequeño sello Ekko compuesto por dos temas hillbilly, Two Blue Singin´ Stars / Mr. Fiddle, al que seguiría en breve otro más el mismo año, 1955, con las canciones Guilty Conscience / Your Tomorrows Never Come, ambos con Hank como voz principal y guitarra rítmica, y con Eddie como guitarra solista y segunda voz. También participan en algunas grabaciones de Jerry Capehart, ingenioso como letrista, pero olvidable como cantante, y que ya se ha convertido en manager de los Cochran. A estas alturas, Eddie ya ha abandonado los estudios para convertirse en profesional a la temprana edad de 16 años.

La pareja logra labrarse una modesta reputación en el circuito country regional y llega incluso a participar en una gira por Hawaii. Pero, en 1956, cierto cantante de Memphis va a marcar un antes y un después en la música. Como tantos otros jóvenes de la época, Eddie queda hechizado por el sonido de Elvis Presley. Tanto es así que las siguientes grabaciones de The Cochran Brothers sufren un claro giro hacia el estilo que Presley ha puesto de moda: el rockabilly. El tercer y último single de la pareja está ya claramente enmarcado en este sonido, y lo componen los temas Tired & Sleepy / Fool´s Paradise. Poco después, y de manera amistosa, los dos Cochran dejan de ser “hermanos”. A día de hoy, Hank es un reconocido letrista country que ha escrito éxitos para artistas como Patsy Cline, Ray Price, Eddy Arnold, Merle Haggard, etc, etc. Su carrera como cantante ha sido algo más modesta, logrando llegar a las listas en algunas ocasiones durante las décadas de los 60, 70 y 80.

Continúa en Parte II.

Fotografías (de arriba a abajo):
1: Autógrafo de Eddie Cochran. Siempre firmaba "Don´t forget me"
2: Pioneros del Rock: Eddie Cochran, un disco decisivo en mi vida
3: Eddie a los 14 años
4: Eddie con Connie Smith (con gafas), Bob Denton (derecha) y otros amigos
5: The Cochran Brothers
6: En directo en  El Monte Legion Stadium, 1956. El de la derecha es Jerry Capehart