"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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lunes, 1 de enero de 2018

El cine de 2017: Breve resumen

Hace ahora doce meses ya adelanté que no continuaría con los detallados informes sobre el cine que veía cada año, pero sí ofreceré un pequeño resumen que será, muy posiblemente, la última entrada de este blog, que planeo clausurar el próximo 17 de enero con ocasión de su octavo aniversario.

2017 concluye con un número algo menor de largometrajes vistos en total que el pasado año (dediqué algún tiempo más a series), aunque con más vistos en pantalla grande. Además ha sido un año muy especial, porque ha traído algunas películas que me han entusiasmado de manera excepcional, títulos que posiblemente atesore durante el resto de mi vida, y que han sido, en este orden, Blade Runner 2049, película con la que su director Denis Villeneuve se consagra definitivamente en mi panteón cinematográfico y que ha dignificado ese género tan necesitado de calidad hoy en día como es el fantástico, y La ciudad de las estrellas, una cinta que me dejó buen sabor de boca desde el primer visionado y que, tras dos más, puedo decir que me ha conquistado por su innegable regusto clásico y por parte (que no toda) de su banda sonora. Insisto en que no soy especialmente fan de Ryan Gosling, a pesar de la curiosa coincidencia de que es el actor principal de ambos títulos. No quiero dejar de mencionar otras películas que también me parecieron muy destacables como fueron Dunkerque o ese digno final de la trilogía simiesca con La guerra del planeta de los simios.

El año ha traído también fracasos y decepciones, más grandes o más pequeñas. Disney (por medio de Marvel y Lucasfilm) parece cada vez más empeñada en invadir las pantallas con obras insípidas, repetitivas, destinadas a un público infantil/juvenil/familiar con pocas exigencias, y esto se está reflejando cada vez más en un género que hasta hace poco seguía con cierto interés que es el de superhéroes, pero también hasta en la franquicia de Star Wars, en la que este año, la compañía del ratón y el director Rian Johnson se han empeñado en desbordarnos con escenas cómicas y en aligerar y trivializar una saga que nunca antes había tenido ese tono (quizá con la excepción del infame Episodio I), y por la que empiezo a temer sabiendo en manos de quién está. En cualquier caso, lo peor para mí visto en pantalla grande este año es claramente Rey Arturo: La leyenda de Excalibur, una auténtica patraña cinematográfica que deambula entre el vídeo-clip, el videojuego y la publicidad televisiva que invita a huir de los siguientes trabajos que pueda ofrecernos su director, Guy Ritchie. Sin llegar a tal nivel, Kong, la Isla de la Calavera también me parece una de las mayores decepciones del género fantástico de 2017.

En el cine que he tenido que rescatar en formato doméstico destaco este año dos cintas que me han calado bastante, el western Brimstone y el melodrama La luz entre los océanos, y también algunos clásicos como Entre dos mundos, El carnaval de las almas, así como la oportunidad de poder ver por fin varias de las primeras películas suecas y alemanas de mi adorada Ingrid Bergman (El pacto de las cuatro, Un rostro de mujer y Noche de junio).

Algunas de mis favoritas del año...

Comienzo el 2018 con cierto desánimo, pues muchas de las películas que normalmente espero con interés –principalmente, por supuesto, las relacionadas con mi género favorito, el fantástico– no prometen demasiado visto lo que he expuesto anteriormente: los lamentables derroteros de la megaempresa artífice de todas ellas –la Disney–. Aún con todo, estaré atento a los estrenos de Solo: Una historia de Star Wars, Los Vengadores: La guerra del infinito e incluso la segunda parte de Ant-Man, aunque sólo sea por la presencia de Michelle Pfeiffer y de Evangeline Lilly. Un año más termino lamentándome de la ausencia en las pantallas españolas de casi todos los últimos trabajos de mi actriz favorita del cine actual, Natalie Portman, cuyas películas parecen acarrear ya una maldición en este país: recientemente se nos informaba de que Aniquilación –en un principio prevista para febrero– no se estrenará finalmente en las salas de fuera de EE.UU. porque, para disgusto de su director y de los que la esperábamos en cine, su productora la considera “demasiado intelectual”. Así están las cosas ahora mismo: parece que todos estos señores que toman las decisiones sobre qué se debe o no rodar y estrenar han decidido que somos demasiado tontos para entender ciertas películas, y por ello prefieren obsequiarnos con bobadas infantilizadas llenas de luces y colorines. Lo que más miedo me da es que puedan tener razón.

Películas vistas en 2017
-En pantalla grande: 54
-En televisión: 151
-TOTAL: 205

Salas y terrazas visitadas
Alucine Sagunto: 43
Aragó Cinema: 1
Casal Jove: 1
Jardines del Casino: 2
Kinépolis: 5
Lys: 1
Terraza Serra: 1

Entradas gratuitas: 7

Películas en las que he sido el único espectador: 2 (Churchill en Kinépolis y Musa en Alucine)

jueves, 30 de noviembre de 2017

(De nuevo) Adiós a los Cines Aragón

Hace dos años, los amantes del cine de Valencia capital y alrededores recibían con alegría la noticia de la reapertura de los Cines Aragón, que habían cerrado sus puertas en 2006. La cooperativa La Cinemista emprendió la aventura de gestionar de nuevo el local apostando por un cine diferente, más difícil o imposible de ver en las salas de proyección del resto de la ciudad, tanto doblado como en V.O. y a precios populares; incluso se repusieron algunas películas “antiguas” a través de la plataforma youfeelm y también se ofrecieron interesantes actividades como presentaciones especiales de largometrajes, documentales y cortos con asistencia de sus creadores y participantes o el festival de cine de terror Paura. Nada de esto ha bastado para que la valiente iniciativa cultural despegue, y hoy 30 de noviembre, por desgracia, la dirección de los Aragó Cinema dirá adiós a su aventura empresarial, y los cines volverán de nuevo a quedar a oscuras, en silencio y vacíos.

Poco se puede decir que no se haya dicho ya respecto a la penosa situación del cine y de la cultura general en este país, y realmente se pregunta uno si tiene algún sentido lamentarse más y seguir haciendo mala sangre, así que me despido de este cine que volvemos a perder con un pequeño homenaje en imágenes (fotografías propiedad de Aragó Cinema).





martes, 10 de enero de 2017

19 años con Alucine


El desaparecido Oma fue el último cine clásico de Puerto de Sagunto, y durante mucho tiempo lo consideré “el cine de mi vida”, pues lo frecuenté desde 1980 hasta su cierre en 1997 (aunque, ni qué decir tiene, siendo más niño ya había ido, sólo que con menos asiduidad). Hubo, por supuesto, otros cines en aquellos mis tiempos mozos, pero ninguno duró tanto como el Oma, del que fui pues incondicional durante 17 años seguidos.

Sin embargo, no hace mucho tiempo me di cuenta de una dato que se me había pasado por alto: las multisalas locales Alucine habían superado ese hito, pues el 10 de enero de 2016 se cumplían 18 años de su inauguración, y exactamente hoy se cumple, lógicamente, otro año más.  Son pues 19 los años que llevo acudiendo a mi cita semanal con ese establecimiento local: así a ojo me atrevería a estimar que al menos unas setecientas películas. Con los Alucine he vivido buenos y malos tiempos y me alegra decir que los he visto resistirse al embate de los temibles y poderosos negocios competidores de la capital, la gratuidad y la desconsideración de las descargas internáuticas, los vídeos de alquiler y la desidia y la ceguera de algunas personas (cuando no directamente estupidez). Lejos quedan aquellos años de grandes colas y de tener programación los siete días de la semana, que hace tiempo se redujeron a cinco. Muy al contrario, más de una vez me he encontrado solo durante una proyección, o acompañado como mucho por un puñado de espectadores. Suerte que hay días y películas que sí que llenan las salas del complejo.

Habiendo tenido cines en mi pueblo desde siempre, no concibo otra forma de vida; poco me importan las excelencias y prestaciones que pueda ofertar la competencia foránea: difícilmente me saldrá más rentable ni me resultará más cómodo tener que desplazarme bastantes kilómetros y pagar mayores tarifas cuando puedo ver una película a un paseo de mi casa. Para mí un cine local –modesto como pueda ser Alucine– es un privilegio que todo Ayuntamiento debería fomentar y apoyar; algo tan habitual como era una sala de proyección hace cosa de unas décadas, cuando cualquier pueblecito tenía una, es hoy en día un lujo que mucha gente –llevada por el espejismo del turbocapitalismo y de los ardides políticos para convencernos sobre cierto supuesto y falso estado de bienestar– no sabe apreciar. Como con todas las cosas, de Alucine hay que valorar y sopesar sus pros y sus contras y concluir con una apreciación justa: en mi caso, los segundos me parecen pocos y mayoritariamente ignorables, pequeños detallitos que podrían solventarse con un poco de atención y cuidado; los primeros priman para mí y prácticamente han quedado expuestos en este artículo.

Me gustaría acabar este pequeño y breve homenaje con algún tópico del tipo “ojalá que Alucine dure otros diecinueve años”; sin embargo, una amenazante sombra se cierne –una vez más– sobre los cines de mi localidad, y tiene la forma de uno de esos monstruosos macro-complejos comerciales que están asolando las ciudades y terminando con una forma de vida como era el pequeño comercio. En el cartel que daba a conocer la construcción de su próxima fase se anunciaba un próximo establecimiento cinematográfico. No sé si esto es una certeza, o simplemente una sugerencia de negocio por parte de los promotores del nuevo recinto, pero habida cuenta de la necedad, codicia y ceguera de la casta política que destroza España desde hace décadas, que no sigue más dictado que el de su propio bolsillo y que no obedece a más razones que las que les aportan sus señores, los magnates de las empresas, soy muy poco optimista al respecto. Puerto de Sagunto es muy pequeño para dos negocios cinematográficos, y dar licencia para uno nuevo llevará inevitablemente a condenar al más antiguo, porque la gente, como polillas, siempre acudirá a donde las luces brillen más. Cruzo los dedos, pero con desánimo y escasa convicción... y sí: me gustaría creer que tendremos Alucine para rato…

domingo, 17 de julio de 2016

80 años del comienzo de la Guerra Civil Española

Hoy hace exactamente ocho décadas, los generales Mola, Sanjurjo y Franco tuvieron a bien liarla parda y sumir a su país en guerra durante 3 años y en la miseria social, económica y cultural durante muchísimos más con tal de poder imponer en él sus ideas y su modus vivendi. Las consecuencias de tan loable propósito aún siguen dando fuertes coletazos en España después de todo este tiempo. Triste y verdaderamente duradero ha sido el legado de este trío infame…

Las generaciones que vivieron el conflicto bélico, lógica y desgraciadamente, están desapareciendo. Sólo un 8% de la población española actual (3,7 millones de personas) vivía en aquellos penosos años, como bien informa El Diario en este gráfico. Las que quedan son ya personas muy mayores que han alcanzado una edad prodigiosa, como es el caso de la miliciana Maricuela o del brigadista José Almúdever, al que tuve el placer de conocer hace un par de años. Este mismo año fallecía mi estimado profesor de EGB José Luis Briz, que en la escuela, y más recientemente a través de internet, nos ilustró a menudo con muchas de sus vivencias personales en aquel período. Pronto no quedará ya nadie que nos pueda hablar de primera mano de la Guerra Civil...

Sanjurjo, Franco, Mola: trío infame

domingo, 29 de mayo de 2016

Hollywood con las heroínas famélicas

Alicia Vikander: una difícil Lara Croft
Todavía no he asimilado que Zack Snyder se decidiera por una actriz para mí tan inapropiada como Gal Gadot para encarnar a Wonder Woman en Batman v Superman cuando se acaba de anunciar a otra intérprete todavía más impensable para dar vida a otra heroína de acción: nada menos que la sueca Alicia Vikander será la nueva Lara Croft en el reboot cinematográfico de la saga Tomb Raider.

 La razón de mi estupor es bien sencilla de explicar: considero a ambas mujeres con un físico totalmente inapropiado para hacer creíbles esos papeles. Son extremadamente delgadas y probablemente ni con el mejor entrenamiento del mundo van a poder cambiar eso. Y lo siento, pero no me venden que una chica con brazos como palillos y piernas de similar grosor puede ir dando saltos kilométricos, hacer las mil acrobacias y enfrentarse cuerpo a cuerpo con los villanos de turno.

Hay, además, otro motivo por el que detesto este tipo de fichajes, y responde a los cánones bastante retrógrados y casi me atrevería a decir que machistas de Hollywood, según los cuales parece que una actriz que no muestre una delgadez “ideal” (o sea, excesiva), o que exhiba cierta musculatura no es femenina. Por el contrario, un hombre que interprete a un superhéroe o a un personaje de acción debe de mostrar un físico hipertrofiado a veces hasta el ridículo. Se me ocurren artistas como, por poner dos ejemplos, Jessica Biel o Evangeline Lilly que son mujeres atléticas, bellas y perfectamente femeninas, pero la Meca del Cine parece funcionar así: dirigida por ejecutivos que estudian y dictaminan una serie de estándares en lo tocante, no sólo a guiones o a productos viables y comerciales, sino también en lo referente al físico de los actores, a sus dietas y a sus entrenamientos; todo gira en torno a esos clichés que no siempre son acertados y que básicamente sólo buscan recaudar lo más posible en taquilla según los criterios de estos mandamases y productores

Conste que no tengo nada contra las mujeres delgadas (¿cómo podría tenerlo alguien que adora a Audrey Hepburn o a Natalie Portman?), pero considero que el fichaje de actrices de esa constitución para determinados papeles es un despropósito desmesurado, que además impone por extensión un canon estético a nivel social que muchas veces lleva a problemas serios como la anorexia o la bulimia. Incluso dentro de Hollywood los está viviendo.

De momento Miss Vikander, con sus huesudos brazos, piernas más bien magras, escasa estatura y nariz de boxeador –todo ello al margen de su valía artística– no me convence como nueva Lara Croft, como en su momento tampoco me convenció Angelina Jolie, cuya complexión tampoco es muy diferente a la de su sustituta…

viernes, 29 de enero de 2016

Estreno estadounidense de Jane Got A Gun

Hoy se estrena en EE.UU. Jane Got A Gun de Gavin O´Connor y tan sólo dos días antes lo hizo en Francia. Los actores principales, Natalie Portman y Joel Edgerton, asistieron a las premieres en ambos países. Parece que por fin queda roto el maleficio de esta película de difícil gestación que se rodó hace ya casi tres años y ha estado desde entonces en un insidioso limbo tras pasar por más avatares de los que es posible rastrear y que incluyen el abandono de su primera directora antes de comenzar el rodaje, varios cambios en el reparto, el cierre de su distribuidora e innumerables posposiciones de su fecha de estreno, la última de las cuales iba a ser en París poco después de los trágicos atentados del pasado noviembre.

Esperemos que este estreno en países culturalmente punteros y la promoción que al fin está recibiendo el largometraje anime a los hipotéticos responsables de su posible distribución en España a ofrecernos la oportuna edición nacional, a pesar de que, por el momento, no parece haber noticia de tal cosa. La cinta se estrenó en Alemania a finales de diciembre y países como Rusia, Grecia, Reino Unido y hasta Filipinas tienen ya fecha de estreno durante los próximos meses, aunque en esta nuestra vieja y culturalmente tercermundista piel de toro no hay indicios de que este western vaya a aparecer por las salas cinematográficas.

Como ya he reiterado hasta la saciedad, Jane Got A Gun es una de las películas que más he ansiado poder ver en los últimos tiempos, en parte por lo mucho que me gusta su género, más aún porque me supone la ocasión de reencontrarme en la pantalla grande con mi actriz favorita del cine actual, a la que llevo más de dos años sin ver en nuevos trabajos. Vamos a ser un poco ingenuos y pensar que el film llegará a nuestros cines antes de que las odiosas descargas internáuticas imposibiliten su comercialización en dichos locales….

La odisea de Jane Got A Gun
-Mayo de 2012: Se anuncia el rodaje del film bajo la batuta de la directora Lynne Ramsay y protagonizado por Natalie Portman, Michael Fassbender y Joel Edgerton.
-11 de marzo de 2013: Michael Fassbender choca con Lynne Ramsay (o le coinciden rodajes, según otras versiones) y abandona el Proyecto. Joel Edgerton, que en principio iba a ser el villano, asume su papel y Jude Law hereda el del villano que en principio iba a interpretar Edgerton.
-19 de marzo de 2013: Por diferencias con el productor, Lynne Ramsay abandona el proyecto y no aparece el primer día de rodaje. El director de fotografía Darius Khondji deja la película en solidaridad con Ramsay. Jude Law abandona también el film al dejarlo la directora. Es sustituido por Bradley Cooper.
-1 de mayo de 2013: Debido a los retrasos, Cooper debe dejar la película por conflictos con otro rodaje.
-6 de mayo: Ewan MacGregor es contratado para ocupar el puesto de Cooper.
-29 de agosto de 2014: El estreno previsto para esta fecha se pospone al próximo 20 de febrero.
-20  de febrero de 2015: Se vuelve a posponer el estreno hasta septiembre.
-Julio de 2015: Relavity Media quiebra y pierde los derechos de distribución de la película.
-4 de septiembre de 2015: Tercera posposición del estreno al 25 de noviembre.
-16 de noviembre de 2015: Debido a los atentados de París, la premier del film y su estreno general nueve días más tarde se retrasan hasta enero
-31 de diciembre: Alemania es el primer país que estrena Jane Got A Gun
-24 de enero 2016: premiere del film en Francia, con estreno general tres días más tarde.
-27 de enero 2016: premiere del film en EE.UU., con estreno general dos días más tarde.

(Post scríptum: hoy 2 de febrero ha sido anunciado el estreno español del film: 15 de julio de 2016. Crucemos los dedos...)
(Post scríptum 2: continuando con la tradición del film de variar sus fechas de estreno, a 1 de marzo se anuncia ahora el español para el 6 de mayo de 2016)

martes, 6 de octubre de 2015

Póster francés de Jane Got A Gun

Si no fuera porque no soy supersticioso, se diría de esta película que está más que maldita. A todos los avatares sucedidos incluso antes del rodaje –cambio de director y de actores–, hay que sumar los posteriores problemas de su productora –que ha abandonado el negocio– y nada menos que tres fechas de estreno anunciadas y pospuestas: septiembre de 2014, febrero de 2015 y septiembre del mismo año. Pero parece que por fin se estrena Jane Got A Gun casi tres años después de su filmación, y lo hace, curiosamente, en Europa antes que en su país de origen, EE.UU. De momento están anunciados los estrenos francés, griego y británico para el próximo mes, mientras que el estadounidense tendrá lugar en febrero del año que viene. Hasta ahora, ni una palabra sobre su deseable llegada a los cines de nuestro país. Quiero pecar de ingenuo y creer que ese momento llegará en una fecha cercana, antes de que las descargas internáuticas acaben con toda posibilidad de comercializar la película de Gavin O´Connor en salas de proyección. Lo que sí ha aparecido esta semana es el póster francés del film, una pequeña alegría en este desértico panorama que es la fimografía de Natalie Portman en los últimos años. Porque sí, sabemos que la actriz  está rodando Planetarium y que Knight of Cups y A Tale of Love and Darkness se han estrenado ya en varios festivales y están empezando a llegar a algunos países, pero a esta España culturalmente pobre y retrasada no parece haber trazas de que vayan a llegar todos estos trabajos de la israelita. Y uno se desespera por razones más que sobradas, no sólo por la añoranza de Natalie, sino por la tristísima situación del cine en esta nación en que me ha tocado residir. Aún tengo, no obstante, ganas e ilusión por ver este western y esperanza de que no me defraude pese a lo que parecen predecir todos los infortunios de su producción.

domingo, 9 de agosto de 2015

70 años de Hiroshima y Nagasaki

Esta semana se cumplían 70 años de una de las más grandes barbaridades de la Historia Moderna, concretamente dentro de ese marco ya de por sí incivilizado y brutal que fue la II Guerra Mundial: los días 6 y 9 de agosto de 1945, EE.UU. lanzaba sendas bombas atómicas contras las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, respectivamente, con el pretexto de acabar de una vez con una contienda que parecía interminable. En total, de 90 a 140.000  muertos –la mayoría civiles de todas las edades– exterminados en cuestión de segundos.

El retrato del hombre que autorizó la inhumana masacre, Harry S. Truman, se exhibe con orgullo en las paredes de la Casa Blanca, en Washington DC, la capital del país empeñado en denunciar y censurar las banderas nazis y las imágenes de Hitler donde quiera que se hallen, y uno de los que orquestó los juicios contra los principales líderes del III Reich por “crímenes contra la humanidad”. Qué gran verdad aquella frase de que la historia la escriben los vencedores, y qué grande que puede ser la hipocresía humana o mala la memoria.

* Enlaces de interés:


lunes, 23 de febrero de 2015

El francotirador

He sido admirador de Clint Eastwood desde hace muchos, muchísimos años. Hablo de los tiempos antes de que el estreno de Bird le pusiera en boca de todos los gafapastas y cinéfilos de pro, de cuando te miraban mal si decías que te gustaban las películas de Harry el Sucio. Desde aquella época en la que no era todavía un director reconocido, he seguido prácticamente todos sus trabajos delante y detrás de las cámaras, y he visionado también gran parte de lo que había hecho anteriormente. Pero, ¿qué queréis que os diga? El Eastwood de los últimos años me rechina. Me cuestiono si en su senectud su lucidez mental se podría poner en tela de juicio. Si no chochea. Y es que en muchos de sus últimos filmes parecen empeñado en aleccionarnos moral e ideológicamente con pequeños capítulos de la historia de su país –Banderas de nuestros padres, J. Edgar, Jersey Boys–, en ensalzar las excelencias de éste, eso cuando no se deja llevar por la vena sensiblera más fácil –Million Dollar Baby–, alguna que otra truculencia o la siempre infalible y vendible corrección política –Invictus–.

El francotirador se suma para mí al primer grupo de películas citadas: nuevas lecciones sobre personajes, episodios y hechos que parecen cimentar esa ingenua concepción de lo que hace grande y noble a un pueblo, esa falsa y pueril idea de la superioridad a todos los niveles que EE.UU. pretende difundir a nivel mundial creyendo que el resto del planeta va a coincidir con ellos y a aplaudirles. En este caso las andanzas de un militar estadounidense, Chris Kyle, cuyo dudoso mérito parece ser el de ostentar más muertes en combate que ningún otro homólogo de su país: 160 bajas confirmadas mientras servía en la Guerra de Irak.

El largometraje presenta a priori pocos atractivos para mí, más bien lo contrario. Acudo a verlo por mi respeto por Eastwood, pero salgo de su visionado confirmando todo lo que preveía en él incluso sin apenas haber visto imágenes ni saber casi nada sobre su historia –raramente me equivoco en estos juicios–. De primeras difícilmente me va a llamar una película que parece ensalzar la vida militar y los valores tradicionales y conservadores (“familia, patria y rey”, como dice un personaje en la cinta), plagada de banderas y que ya lleva en su título el incorrecto adjetivo de “american”. Me resulta absolutamente imposible que me conmueva en modo alguno el protagonista o sentir simpatía por él (en todo caso, compasión), y a esto no ayuda un actor, Bradley Cooper, que me resulta apático e inexpresivo y que tampoco me transmite nada. De ninguna manera logro entender que una persona abandone a su mujer y a sus hijos para irse a luchar a la otra punta del mundo porque nunca he asimilado esos ideales que parece ostentar el soldado de la película.

Al final, no consigo poder asumir El francotirador de ninguna otra forma que no sea un planfleto fascistoide poco disimulado, de tremenda irrespetuosidad política, producto de una nación egocéntrica y claro pasto de los comerciales Óscars. Y es que, por muy excelente que pueda ser un director, por muy impecable que una película pueda ser desde un punto de vista técnico o artístico, si me presenta un mensaje político, social o ideológico que es totalmente opuesto al mío, no va a conseguir conectar conmigo, ni entretenerme ni resultarme atractiva o interesante en modo alguno. El mito de Clint Eastwood se me desmorona…

domingo, 8 de febrero de 2015

El Gran Dictador

Indiscutiblemente una de las comedias más importantes de la Historia del Cine y quizás el largometraje más conocido de su director, el genial Charles Chaplin, El Gran Dictador es una despiadada sátira contras las figuras de Adolf Hitler y Benito Mussolini y, por extensión, contra el fascismo, las dictaduras, la intolerancia y el abuso de poder. Aun así, ni el mismo Chaplin imaginaba hasta dónde llegarían la megalomanía y la crueldad de los dos citados dirigentes: la película reseñada se estrena en 1940, cuando la II Guerra Mundial iba por su primer año y, cuando el conflicto término un lustro después, el director británico quedaría pasmado junto con el resto del mundo civilizado al conocer los detalles y datos sobre el exterminio judío y las enormes bajas causadas por la letal contienda, hasta el punto de afirmar que, de haber conocido todo esto, se hubiera planteado la película de otra forma.

Pero, tampoco nos engañemos: entre las amables escenas del barbero judío (Chaplin) y su amada (Paulette Goddard, esposa real por aquel entonces del actor), disimulado tras los disparates del ridículo Astolfo Hynkel (también interpretado por Chaplin en un doble papel) y disfrazado con gags cómicos y un desmedido humor, hay una advertencia terrible sobre un peligro que ya en aquella época se había hecho real. Las risas esconden dolor y sufrimiento, la comedia se confunde con la tragedia; Chaplin presenta al mundo libre (EE.UU., México e Inglaterra) lo que parece un mero entretenimiento pero es en realidad una lección de humanidad y un mensaje de alerta. Mi impresión es que pasó más bien desapercibido, ya que su propio país de adopción no tomó cartas en el asunto (es decir, la guerra en Europa) hasta que él mismo fue atacado por Japón.

En España la película no llegó hasta que nuestro particular “gran dictador” falleció y se derribaron las barreras culturales y políticas y terminaron cuatro décadas de represión social: se estrenaba en cines más de treinta años después que en el resto del mundo.

Tiene una la impresión de que ese largo mensaje final con el que termina El Gran Dictador, abogando por la paz y el hermanamiento entre los hombres, todavía sigue muy vigente y desatendido tanto tiempo después; de que las cosas –salvando las distancias– continúan de manera muy parecida en algunos aspectos. Claro que igual peco de alarmista y de pesimista. Espero que sí…

sábado, 6 de diciembre de 2014

Comprando libros... con mayor o menor fortuna

Compro libros bastante a menudo, quizá a un ritmo más rápido del que los puedo leer. Soy de esos antiguos a los que todavía les gusta el papel y el cartón: disfruto también de los sentidos del tacto y del olfato, además del de la vista, con ellos. Los adquiero tanto en librerías –principalmente en la de mi barrio– como por internet, sobre todo cuando encuentro ofertas interesantes. Y precisamente sobre dos adquisiciones muy diferentes realizadas en la web quiero hablar en este post: la cal y la arena de comprar por el ciberespacio, la eficiencia y la atención frente a la dejadez y la irrespetuosidad con las que te puedes encontrar en algunos comercios electrónicos. 

La arena… 
A principios de octubre encontré un título que buscaba en la tienda virtual de Casa del Libro. Me di de alta, hice el pedido y lo pagué de inmediato. Según la web, la entrega se efectuaría en 3 a 5 días, lo cual no fue cierto, pero no es lo más importante de esta anécdota. El paquete me llegó como tres semanas después de haberlo solicitado. Tras este retraso, para mi sorpresa, el libro recibido no era el que yo suponía que había comprado con la web. Esto tampoco es lo más criticable de mi historia. Un descuido por parte del vendedor podría haber sido perdonable si no fuera por lo que viene a continuación: desde el día 1 de noviembre, fecha en que recibí el libro equivocado, he estado contactando con Casa del Libro para que subsanen el error, me envíen el libro correcto o me devuelvan el dinero (siempre, naturalmente, remitiéndoles yo el libro recibido por error). Treinta y cinco días después, numerosos e-mails e incluso una llamada telefónica (según la cual ni siquiera tenían constancia del pedido ni mis datos como cliente) no han servido más que para que, una vez por semana, me llegue un correo automatizado con la misma frase robótica: Por favor, indíquenos el ISBN del libro que recibió por error.” Como un tonto, todas las veces les he respondido aun sabiendo la inutilidad de la acción, informándoles más ampliamente de lo sucedido, pues al final he descubierto por mí mismo que el ISBN que Casa del Libro exhibe en la página del libro que yo creí pedir es incorrecto y corresponde, efectivamente, al libro que ellos me han enviado, no así al anunciado en la web, cuyo título y portada son diferentes y no dejan lugar a dudas (y asumo yo que un comprador no se guía por los ISBNs de los libros que pide ni está en la obligación de conocerlos). 

No sé cómo calificar al servicio de atención al cliente de Casa del Libro después de esta odisea que aún no ha finalizado (ya he estado en la Oficina del Consumidor de mi localidad para formalizar la reclamación oportuna). Vergonzoso, lamentable, poco o nada profesional. Me parece increíble. Y además, de no estar insistiendo yo en que reparen su error, no me cabe duda de que no moverían ni un dedo (creo que igualmente no lo están haciendo). Resulta escandaloso en una web y en una empresa popular, conocida y extendida por toda la península, y he comprobado que errores similares al mío ha habido más de uno y más de dos, a juzgar por lo que he leído en diversos foros en internet (aunque, en justicia, he de decir que también conozco a personas que han quedado satisfechos con sus compras a esta empresa, no sé si las más o las menos). Por mi parte, está claro que está es la primera y última compra que les hago a su web y, además, no compraré ni siquiera en la librería que tienen en la capital de mi provincia, de la que hasta ahora era cliente ocasional, ni en ninguna otra. No perdono agravios como este, lo tengo muy claro

Algunos de los libros que he comprado este otoño: sobre todo cine e
historia militar, aunque suelo ser más variado

 …y la cal 
Afortunadamente, no todos son unos sinvergüenzas en la red, y por las mismas fechas en que comenzaba mi ordalía comercial con Casa del Libro efectuaba también mi primera compra en una tienda online que me ha tratado de modo completamente distinto, y que por ello no dejo de recomendar, dadas además las suculentas ofertas que tiene: se trata de Bibliostock, que conocí a través de un anuncio que vi en internet. Les pedí dos libros que tenían rebajadísimos, pero al cabo de unos días nos dijeron que no habían podido conseguir uno de ellos y me ofrecieron toda una serie de opciones como compensación: devolverme parte del dinero, anular el pedido completo o darme un vale por una cantidad ligeramente mayor a la del libro que no me habían podido suministrar. Acabé pidiendo otro título y les dije que era innecesario que me devolvieran la pequeña diferencia de euro y medio que quedaba a mi favor. Aun así, lo hicieron. 

Durante todo el proceso de tramitación del envío, Bibliostock me tuvo informado de éste, y me escribió para confirmarme la entrega al mensajero y la recepción en mi casa del paquete al día siguiente. Para mi sorpresa, los dos libros llegaron con un regalo: una simpática muñeca rusa de fabricación artesanal en cuyo interior aparecía un vale de 10% de descuento para mi próxima compra. Y todo esto por unos 13 euros, menos de la mitad de lo que pague por el libro comprado a Casa del Libro. Alegra y anima ver que hay personas eficientes y serias tras algunas tiendas de internet, y Bibliostock es por supuesto un comercio que tendré en cuenta en mis próximas compras. www.bibliostock.com

lunes, 8 de septiembre de 2014

Testigos silenciosos (Tras el rastro de la Guerra Civil, I)

Mi fascinación e interés por la Guerra Civil Española comenzó cuando terminaba la EGB y por aquellas lejanas fechas ya visité por primera vez casi todas las antiguas instalaciones defensivas que rodeaban mi ciudad, incluida la famosa batería del Grao Viejo. Treinta años después, la mayoría de estas construcciones han sido derribadas sin consideración, principalmente durante la descerebrada explosión inmobiliaria de los primeros años 90. Aunque a lo largo de esas décadas he realizado algunas fotografías de la mayoría de ellas, siempre quise hacer un reportaje en condiciones y me temo que he demorado demasiado tiempo la tarea, ahora imposible de completar. Este será el primero de una serie de artículos dedicados a recordar todos esos vestigios que para mí tienen un valor histórico incuestionable, además de sentimental. Espero con estos textos ayudar a concienciar, en la medida de mis humildes posibilidades, a posibles lectores sobre la importancia de respetar e intentar conservar estos pequeños monumentos, e incluso a darlos a conocer a otros, pues me consta que hay mucha gente en la ciudad que ni siquiera sabe de su existencia, tan olvidados y denigrados están.

Aprovecho para informar de la reciente creación de un grupo Facebook para recordar lo que fue la Guerra Civil en la comarca del Camp de Morvedre (Valencia), así como para intentar que se conserve el patrimonio local relativo a ésta: https://www.facebook.com/groups/652427084853764/

Dos testigos olvidados
Permanecen desde hace décadas como mudos e inmóviles testigos de una época turbulenta del país, ignorados u olvidados por la mayoría de los habitantes de la localidad. Posiblemente, ni siquiera las muchas personas que pasean o hacen jogging a diario por sus cercanías reparan en ellos: junto al Río Palancia, por el camino que le bordea a su derecha según se baja de Sagunto a Puerto de Sagunto, se pueden encontrar dos curiosas formaciones de hormigón separadas sobre uno o dos kilómetros una de otra. Se trata de dos nidos de ametralladoras que fueron construidos durante la Guerra Civil Española como parte de las defensas de la zona contra posibles incursiones aéreas o terrestres. Como con los demás restos arqueológicos del conflicto en la comarca, las autoridades no han hecho nada por conservarlos, preservarlos o destacarlos de alguna forma, y sólo han llegado hasta nuestros días porque ninguno de los depredadores urbanísticos que han asolado nuestro pueblo ha llegado todavía hasta esas zonas relativamente alejadas de él. De hecho, están sucios y llenos de basura.

El nido junto al hospital de Sagunto, que se puede ver atrás
El Río Palancia a la izq., y Puerto de Sagunto a la derecha




(Pinchar en las fotografías 
para ampliarlas)




Interior del nido junto al hospital
































El nido que está más cercano al mar está exactamente a la altura del Hospital de Sagunto o “Mini Fe”, como se le conoce popularmente, y junto al camino que he mencionado. Debió sobrevivir milagrosamente  las obras del complejo. Su compañero, más hacia el oeste, se encuentra a la altura del centro comercial Carrefour, algo más alejado del camino y más cercano al río, en un pequeño saliente desde el que se dominan perfectamente varios kilómetros. Ambos tienen casi idéntica estructura, con una entrada lateral que luego gira a la izquierda dos veces, dibujando una especie de pasillo en forma de “G” invertida. Su altura desde el interior viene a ser sobre un metro setenta, aunque seguramente el paso de los años haya acumulado sedimentos y tierra dentro de ellos y originalmente fueran más profundos. Tienen dos aberturas en ángulo en las que, presumiblemente, se ubicaban las armas de fuego que dan nombre a estas construcciones.

En años recientes, el Ayuntamiento ha habilitado un paseo junto al río que incluso tiene mesas y asientos de madera dispuestos de manera intermitente para propiciar las excursiones y visitas a la zona. Dicho camino pasa muy cerca –y a veces coincide– del camino viejo, en el que están nuestros dos inertes protagonistas. Ahora que hay mucha más actividad humana junto al Palancia, no estaría de más que el consistorio se propusiera también adecentar un poco esos dos nidos e identificarlos con un par de pequeños carteles, como ha hecho con otros puntos del río. No creo que fuera una labor ni ardua ni económicamente costosa.

El nido que está más al oeste del río. Al fondo a la derecha se
puede ver el hospital, junto al que se encuentra el otro nido.
Vista posterior

Vista desde el camino inferior
Desde el interior del nido se puede ver el río y el nuevo camino

Interior del nido, en lamentable estado
(Fotografías de Luis E. Hernández)













Situación de los nidos con ayuda de Google Maps

miércoles, 11 de junio de 2014

Adiós, compañero

Algunos de mis amigos han aplaudido mi decisión de dar de baja mi viejo coche. Yo veo esta drástica determinación de otra forma: aunque pueda parecer exagerado, para mí no es sino un paso más hacia la pobreza, el ostracismo y el aislamiento social. Y eso que no soy nada aficionado a los coches ni me entusiasma conducir. No sé si alguna vez pagaría un dineral por un coche nuevo y dudo que fuera capaz de cuidar uno con esmero y dedicación como hace toda esa gente que atesora su vehículo como si fuera lo más preciado que tiene en el mundo. Para mí un coche es un accesorio que te permite acceder a ciertos lugares de manera más rápida y cómoda, jamás un artículo de lujo del que hacer ostentación.



Compré este Citröen ZX Avantage en octubre de 2003 de segunda mano. Me costó unos 2000 euros en aquella época en la que por suerte tenía trabajo seguido y necesitaba un transporte propio. Entonces contaba ya con ocho años largos, y me hizo mucha gracia que precisamente hubiese sido matriculado en el día de mi cumpleaños de 1995. Casi lo interpreté como una señal. Más de década y media después, puedo decir que el coche me salió bastante bueno a un nivel mecánico: sólo he tenido que hacerle una reparación relativamente cara en todo este tiempo. Eso sí: al poco de tenerlo se estropeó la calefacción, y varios años después el aire acondicionado, pero decidí no reparar ninguna de las dos cosas, sobre todo porque la última avería me pilló ya en época de “vacas flacas”. Además de esto, algún pequeño problemilla con la puerta derecha y con la del maletero fácilmente solventable o ignorable.

En otros aspectos, se podría decir que el coche me salió un poco “rana”: a la tercera vez de llevarlo a la ITV el inspector de turno me sorprendió diciéndome que se trataba de un vehículo comercial y que como tal sólo podía llevar los dos asientos de delante y debía pasar la revisión cada semestre. Tras indagar un poco, el mismo técnico me descubrió que el primer problema –los asientos– se había resuelto anteriormente, pero no el segundo. Más recientemente, a finales del pasado año, la DGT me comunicó que el coche tenía un embargo de mucho antes de que fuera de mi propiedad. Se puede decir que me la metieron bien y en este sentido creo que no me volverán a pillar si alguna vez vuelvo a comprar otro coche.



Aparte de estos disgustillos, he de decir que el Citröen me ha servido muy bien durante todos estos años. En mejores épocas, me llevó a todos mis trabajos –normalmente a bastante distancia de mi ciudad– mientras los tuve. En estos largos años desempleo, he de admitir que no le di mucha utilidad, en parte porque como ya he admitido no me gusta mucho conducir más allá de lo imprescindible y porque raramente uso coche para circular dentro de mi ciudad. Me vino bien para ir a cines de otras localidades, para ensayar con grupos cuando lo hacía y para llevarme de compras ocasionalmente, opciones que ahora ya desaparecen (y de ahí mi pesimismo de las primeras líneas).

Por encima de todo esto queda que soy un sentimental sin remedio y que le cojo cariño a las cosas que me acompañan en la vida, así que perder a este veterano amigo de cuatro ruedas me duele más en el corazón y en el orgullo que por cualquier otra cuestión material o monetaria. Es bien cierto que en estos últimos tiempos ya me era imposible mantenerlo al día y pagar sus seguros, impuestos y revisiones con mi inexistente sueldo. Lo movía cada dos o tres semanas para que no estuviera en el mismo sitio, y a veces ni eso, porque en algunos momentos no podía ponerle ni gasolina.

Hoy me despido de mi compañero, para que sea desmenuzado en un desguace. Seguramente aún hubiésemos podido estar juntos muchos años en otras circunstancias. Le echaré mucho de menos…

lunes, 28 de abril de 2014

Adiós a Librería Gil

Buena parte de lo que decía refiriéndome al difunto Cine Oma de mi ciudad en otros artículos (como este) se puede aplicar también a negocios locales, incluso a edificios y lugares curiosos, pintorescos o a los que, simplemente, les tienes cariño: cuando desaparecen después de estar allí toda tu vida, es como si te robaran una pequeña parte de ti, como si se marchara un amigo. Te quitan sobre todo muchos recuerdos y algo que a veces ni habías considerado que podrías perder; que creías que estaría allí siempre. Pero no: un buen día, se va; todo acaba por desaparecer en esta existencia tan efímera de la que nos ha tocado ser testigos impotentes.

Librería Gil: casi seis décadas al servicio del pueblo

Hace ya tres semanas que me enteré del cierre de un comercio emblemático de mi localidad, Puerto de Sagunto: se trata de Librería Gil, una tienda que en cuestión de unos veinte días dejará de existir como tal. Fue fundada por Luis Gil hacia el año 1956-1957 según me informó su hija y actual dueña del establecimiento. Curiosamente, el quiosco cercano de la Plaza de la Alameda también fue obra de su progenitor, que lo mandó construir en 1953, un detalle que no sabía. De este último negocio continúa en pie su estructura, aunque ya hace al menos de una década que no se venden en él los tradicionales tebeos, periódicos, pipas y chicles.

La librería y papelería Gil fue uno de los establecimientos señeros del pueblo en su modalidad durante muchos años, cuando la urbe era más pequeña y los comercios que permitían el acceso a la literatura eran aún incluso menos que ahora. Recuerdo que en mi etapa escolar había un pequeño “circuito” de librerías cercanas a mi colegio, Nª Sª de Begoña, que todos los estudiantes recorríamos en busca del material que nuestros maestros nos encargaban: lápices, rotuladores, libretas, blocs de dibujo… Librería Gil, Librería Nova y Librería Studio y, desde los primeros 80, Art Libris, estas tres últimas ya desaparecidas, eran los comercios de ese gremio más cercanos a nuestra escuela. En 1973 abrió la mítica Librería El Puerto, también a unos pasos del mencionado recinto académico, aunque a finales de la década se trasladó a su ubicación actual y ya quedó algo alejada de Begoña. No tan cercanas, pero también clásicas en aquellos tiempos fueron la Librería Ana Garzón (actualmente Vértice) y la también extinta Géminis (previamente abierta con otro nombre que siento haber olvidado).

Acabada la EGB, mis posteriores estudios me alejaron bastante de Librería Gil y de sus competidoras más cercanas, pero siempre volví a casi todas ellas en busca de material. No puedo decir si soy sincero que fuera un gran cliente la tienda que ahora nos deja, porque tenía más cerca de mi hogar a la ya citada Librería El Puerto, pero me pasaba de vez en cuando a comprar y muchísimas más a mirar sus escaparates; eran como un imán para mí. En años más recientes recuerdo haber comprado un libro sobre castillos medievales, y algunos fascículos de una colección sobre Elvis Presley cuando me interesaba el CD que les acompañaba. Este pasado 24 de abril visité la veterana tienda, conocedor de su destino y de que liquidaban su contenido. Me encontré con una entrañable oferta de libros y postales antiguas que por lo visto la dueña ha rescatado de la trastienda: Bruguera, Austral, Fontamara y otras editoriales mayoritariamente desaparecidas me hicieron revivir viejos tiempos cuando, en los últimos años 70 y los primeros 80 comencé a enamorarme de la lectura literaria. De entre las numerosas postales en oferta adquirí un lote de 10 de éstas por 1 euro que muestran imágenes de mi pueblo hacia finales de los 60. También me hicé con unos pocos libros que me han costado 2 y 2,5 euros y hasta con un viejo cómic de Astérix, Astérix en Helvecia, también por 2 euros, y curiosamente editado en Valencia en 1977 por Mas-Ivars. Todo este material estaba en general bastante bien conservado, en algunos casos con un poco de moho y con cierta olor a viejo que hasta le da encanto.

Mi última compra en Librería Gil, en el caso de los libros, más por nostalgia que por
interés real (algunos incluso ya los tenía). Todo por 14 euros

La razón exacta para el cierre de este comercio ya histórico de Puerto de Sagunto no la sé con certeza, pero la puedo adivinar con escaso riesgo de equivocarme: no creo que en esta época tan atroz para la cultura, con la banda de sinvergüenzas y delincuentes que nos gobiernan restringiéndola más y más con sus subidas de impuestos y dejando a gran parte de la población sin recursos, vender libros sea una empresa boyante. Y, por si fuera poco, están las nuevas versiones digitales de estos. Todo son palos para los mismos al final: el cine, la literatura, todas aquellas aficiones que puedan fomentar la inquietud, la creatividad y la imaginación de las personas. No es conveniente que la gente piense demasiado en estos tiempos, no vaya a darse cuenta de cómo se están burlando de nosotros la caterva esa que dirige el país (hacia su ruina) desde Madrid.

Desde aquí, mi pequeño homenaje de despedida a este comercio que ha acompañado al pueblo durante casi seis décadas y al que seguro echaremos de menos más de uno. Sólo espero que, si lo sustituye alguna nueva empresa, no sea una de esas tan lamentables y frías que venden móviles, por favor. 

sábado, 22 de marzo de 2014

De desacierto en desacierto (Estrenos desesperados II)

Otro ejemplo de la mala gestión, el desacierto y el desatino -¿o es simplemente confusión comercial?– de las distribuidoras cinematográficas de nuestro país –siempre con la ayuda del apoyo a la cultura del gobierno español, por supuesto– se produce esta semana con el efímero estreno de Byzantium, cinta del siempre interesante director irlandés Neil Jordan aparecida inicialmente en 2012 en diversos festivales extranjeros y ya de manera normal en cines de todo el mundo hace cerca de un año. En un principio, las empresas de distribución de nuestra península decidieron no estrenar la película en salas de proyección. Más recientemente, Canal Plus y A Contracorriente anunciaron que sí lo harían: tan esperado día fue ayer, 21 de marzo de 2014. Pero, ¿qué ha ocurrido? Pues que también se ha decidido lanzar Byzantium en edición doméstica en DVD/Blu-Ray nada menos que el 26 de marzo, cinco días después de que llegue a la pantalla grande. Como consecuencia de esto, y de una manera totalmente lógica (más aún si tenemos en cuenta que ya circula por internet la película para descargar incluso doblada al castellano) la mayoría de locales cinematográficos nacionales han decidido no traer este film. Ayer, sólo algunas salas de Madrid y Barcelona, las grandes capitales del país, mostraban Byzantium en su cartelera. En Valencia, el largometraje de Jordan ha brillado por su ausencia y parece poco probable que llegue la semana que viene, cuando ya estará en los videoclubes de toda España y presumiblemente al alcance de toda persona con acceso a internet. Solamente cabe pensar en que se abra paso hasta alguna sala como los Babel, especialmente con lo de la inminente Fiesta del Cine a finales de mes, pero parece poco probable…

En fin, no puede uno más que quedarse cuanto menos consternado y bastante desconsolado por estas decisiones de marketing que parecen tan ciegas como incomprensiblesy, cuanto menos, manifestar su desacuerdo aunque sea a través de esta humilde plataforma que es un blog personal. Casos parecidos a este ya ocurrieron el pasado 2012 con títulos como Stoker, Coriolanus o Cabin in the Woods. Me pregunto si a las distribuidoras cinematográficas realmente les renta facturar copias (en celuloide o digitales) de una película que va a estar en los cines poco más de una semana…