"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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viernes, 24 de junio de 2011

20 aniversario de Los Commitments: Apéndice

Aquí tenéis el apéndice que complementa la anterior entrada 20 aniversario de Los Commitments, que opté finalmente por publicar aparte del artículo principal para no saturarlo demasiado. Se trata de un breve repaso a los actores que formaron, en la pantalla, el ya mítico grupo irlandés. 

Con ustedes… ¡Los Commitments!
La película de Alan Parker sacó del anonimato a un buen puñado de jóvenes con sueños y aspiraciones artísticas. Para algunos de ellos fue el perfecto trampolín para comenzar una fructífera carrera en la música y/o en la interpretación, aunque otros de los miembros del reparto del film no supieron –o no quisieron– aprovechar la ocasión y continuaron viviendo una vida más modesta y privada. Conozcamos un poco a los componentes de Los Commitments:

Robert Arkins (Jimmy Rabbitte): Robert era cantante y trompetista en su propio grupo cuando se presentó al casting del film. Sin embargo, acabó consiguiendo el papel del manager de los Commitments, quizá el único de entre todos los del reparto principal que tiene un poco más de protagonismo o, cuanto menos, sirve para guiar la historia y enlazar con los demás. Arkins grabó también algunas de las canciones que oímos en la cinta. Aparte de participar como actor o compositor en algún cortometraje de manera ocasional, poco se sabe de la carreta posterior de este hombre.

Michael Aherne (Steven Clifford): el culto e ilustrado teclista de los Commitments es ingeniero civil y trabaja en la actualidad en la Oficina de Transportes de Dublín. Fue elegido para la película, según él, porque tenía el aspecto que buscaba el director, y no por su talento para el piano, y suponemos que prefirió un trabajo seguro y con futuro a la inestabilidad de la labor musical.

Maria Doyle y Angeline Ball, juntas de nuevo en El General
Angeline Ball (Imelda Quirke): parece que las tres chicas de la película han sido las que han tenido mayor suerte en su carrera artística tras su descubrimiento por parte de Alan Parker. Nacida en Dublín en 1969, la bonita y coqueta rubia del trío de coristas del grupo, que ya era bailarina y cantante antes de Los Commitments,  puede presumir de una digna carrera tanto en el cine como en la televisión, aunque sea en producciones poco conocidas. Incluso se ha aventurado hasta Hollywood (Mi chica 2, entre otras) y recibió un  IFTA (Irish Film And Television Awards) hace pocos años.

Maria Doyle (Natalie Murphy): paisana de Angeline Ball (pero nacida en 1964) Maria ha tenido similar suerte a la de su compañera, habiendo participado en bastantes series (Los Tudor, entre las más conocidas) y películas desde 1991. En 1998 coincidió con Angeline en El general. Cantante profesional desde finales de los 80, ha publicado varios discos tanto con su grupo, The Black Velvet Band, como en solitario, compartiendo álbum hasta con la mismísima Aretha Franklin, y tiene su propio sello discográfico, Mermaid Records. Podéis saber más de ella en su web oficial: http://www.mariadk.com/ (por cierto, en septiembre la tenemos por España).

Dave Finnegan (Mickah Wallace): aunque la carrera cinematográfica del segundo batería de los Commitments ha sido breve (aparte de la película que le hizo popular, sólo ha participado con un pequeño papel en Escapada al sur en 1992, donde coincidió con Colm Meany y Johnny Murphy), la musical ha sido algo más afortunada: decididó, como sus compañeros McCluskey y Massey, aprovechar el filón de la película, formando con ellos The Stars from The Commitments. Sus problemas con el alcohol acabaron separándole del grupo, y entonces Dave creó su propia versión de la banda, bautizada como Dave Finnegan´s Commitments, de la que es cantante principal. Con esta formación sigue actuando principalmente por Europa, habiéndose codeado con gente como Wilson Pickett, James Brown o Sam Moore. Lo tenéis en: http://www.davefinneganscommitments.co.uk/. (Una curiosidad: esa escena del final en la que se mete el micro en la boca era algo que Dave hacía realmente en sus antiguos conciertos y que Alan Parker decidió incluir en la película.)

Bronagh Gallagher:
secundaria habitual
Bronagh Gallagher (Bernie McGloughlin): esta actriz de peculiares facciones nacida en Derry City, Irlanda del Norte, en 1972, era inicialmente corista amateur cuando fue escogida por Parker, y había participado ya en un telefilm antes de conocer al director. Es posiblemente la que ha logrado una carrera más reconocible de entre las de todos sus compañeros debutantes de Los Commitments. La hemos podido ver en pequeños papeles en filmes tan populares como Pulp Fiction, El secreto de Mary Reilly, La amenaza fantasma, Tristán e Isolda o, más recientemente, Sherlock Holmes. En 2004 publicó su primer disco, que se titula, pues sí: Precious Soul. http://www.bronaghgallagher.com/

Félim Gormley (Dean Fay): este saxofonista irlandés nacido en 1969 no ha participado en ninguna película tras Los Commitments, pero se ha dedicado profesionalmente a la música desde entonces, habiendo tocado con importantes grupos y solistas como Prince, Rod Stewart, Elton John o el mismísimo James Brown. También formó parte de la banda del programa televisivo de David Letterman durante cuatro años.

Glen Hansard (Outspan Foster): también un músico con una esforzada carrera, Glen (Dublín, 1970) actúa habitualmente con su grupo indie The Frames, muy popular en Irlanda y del que es cantante y guitarrista. Ha sido también presentador del programa televisivo musical Other Voices: Songs from a Room. Tras Los Commitments, Glen no volvió al cine hasta la reciente Once (John Carney, 2006) una sencilla y bonita película irlandesa de bajo presupuesto en la que participó junto a su pareja, la checa Markéta Irglová, y que ganó el Oscar a la Mejor Canción (Falling Slowly). http://www.theframes.ie/

Dick Massey (Billy Mooney): Aunque Los Commitments también ha sido el único film del pelirrojo batería, le ha dado para seguir viviendo gracias a la formación The Star from The Commitments, que lidera junto a Kenneth McCluskey.

Johnny Murphy (Joey “El Labios” Fagan): El veterano del grupo era ya un curtido actor cuando rodó a las órdenes de Alan Parker (por cierto, su papel estaba inicialmente destinado a Van Morrison) y había comenzado su trayectoria interpretativa a finales de los 70. Con el director británico repetiría en Las cenizas de Ángela (2001). Sin embargo, desde hace diez años no ha vuelto a participar en ninguna película y poco se sabe de él durante ese lapso.

Kenneth McCluskey (Derek Scully): Si exceptuamos una breve aparición en Un horizonte muy lejano, el bajista de los Commitments tampoco ha continuado su carrera cinematográfica. Como ya se ha adelantado, forma parte junto a Dick Massey del grupo surgido a raíz de la película The Stars from The Commitments, sólo que en calidad de guitarrista. Tanto él como su compañero baterista han estado implicados en algunas conversaciones sobre una continuación de la película que no parecen haber llegado a ningún lugar (¿casi mejor?).

Andrew Strong (Declan Cuffe): Un caso parecido al de muchos de sus camaradas en el film: jamás ha vuelto a la pantalla, pero ha conseguido cierto reconocimiento como cantante en circuitos localizados europeos y estadounidenses. Hijo del cantante irlandés Rob Strong, y nacido en Dublín en 1973, el orondo front man de los Commitments acompañó a su padre al casting con la idea de hacer coros y acabó consiguiendo uno de los papeles principales del film. Web oficial: http://www.andrewstrong.com/

Niamh Kavanagh: la
commitment "fantasma"
Niamh Kavanagh: es la “commitment fantasma”. Esta vocalista de impresionante voz (Dublín, 1968) no aparece en la película, pero sí canta varios temas tanto en ella como en los dos discos de la banda sonora (entre ellos Destination Anywhere, que oímos a menudo en el largometraje, y una estupenda versión de Do Right Woman, Do Right Man). Ha representado a su país en Eurovisión en dos ocasiones, en 1993 y 2007, la primera de ellas ganando el primer puesto. http://www.webwrite.net/niamh.htm

Los Commitments, veinte años después

martes, 21 de junio de 2011

20 aniversario de Los Commitments

Tengo que empezar este artículo homenajeando a una de mis películas favoritas de todos los tiempos confesando una gran vergüenza: jamás la he visto en cine. El porqué se me escapó en pantalla grande no puedo recordarlo con exactitud: quizás no la proyectaran en el cine de mi pueblo, o no tuve noticia de ella cuando se estrenó, o puede que simplemente la desestimé pensando que no me interesaría (me parece más probable cualquiera de las dos primeras opciones). El caso es que no tengo un recuerdo claro de este trabajo de Alan Parker hasta 1993, cuando comencé a ensayar con el que acabaría siendo mi primer grupo y oí a mis compañeros hablar de ella tras haberla visto en Canal +. Sin embargo, seguía sin saber muy bien de qué iba aquella película y no me sentí motivado a verla todavía. No sería hasta mediados de 1996 cuando acabaría descubriendo una de las joyas de mi filmoteca, y fue también un poco de rebote: un domingo la hicieron en La noche temática y, aunque no la vi en ese momento, porque no estaba en casa, sí que la puse a grabar en el vídeo. Sabía sólo que iba de un grupo de música, pero me llamó la atención. Posteriormente, no recuerdo si fue al volver o algún que otro día después, vi el film de un tirón y quedé prendado de él para siempre.

Tres razones principales me convirtieron en fan de Los Commitments: me encanta la música soul (aunque no sabía que la película trataba sobre ella), estoy enamorado de Irlanda (pese a que quizás sea un amor idealizado), y muchas de las anécdotas y vivencias del grupo en la historia me habían ocurrido a mí como músico amateur o me ocurrirían después (también debuté con un concierto benéfico, y recientemente nos han querido acomodar en un pequeño escenario en el que no cabíamos cuatro y al que supuestamente habían subido diez personas, como ocurre en una escena de la cinta). Las referencias musicales del film –aparte del propio soul– me son también, y en general, muy queridas o, cuanto menos, conocidas: Elvis, Roy Orbison, Buddy Holly, Henry Mancini, Procol Harum… Conforme lo iba viendo la primera vez, me iba adelantando a muchas de las respuestas y diálogos de los protagonistas: la conversación de los famosos del rock muertos “por vómito”, cuando las coristas pronuncian mal el estribillo de Mustang Sally, cuando el sacerdote corrige a uno de los protagonistas el cantante de When a Man Loves a Woman, etc, etc.

Por otro lado, y aunque soy un gran aficionado al cine fantástico y me encanta visitar en la pantalla planetas y universos ricamente imaginativos y diferentes al nuestro, también me gustan mucho las películas “urbanas”, aquellas que tratan sobre barrios de gente normal o incluso de clase baja, de marginados y hasta de delincuentes, y no hay duda de que el cine de las Islas Británicas de las últimas décadas presta bastante atención a esta temática o ambientación (¿qué mejor ejemplo que Full Monty?)

Roddy Doyle
Roddy Doyle y la novela
Roddy Doyle (Dublín, 1958), era un modesto profesor de secundaria en los años 80 cuya primera novela, Your Granny Is A Hunger Striker, había sido totalmente ignorada por las editoriales. Decidió, pues, autofinanciarse su siguiente trabajo por medio de un préstamo, lanzando una modesta tirada de 3000 ejemplares en 1987. Se titulaba The Commmitments, y en un principio bien a punto estuvo de ir sobre un equipo de fútbol –una de las pasiones de Doyle–, pero finalmente acabo tratando sobre un grupo de jóvenes músicos amateurs, principalmente porque eso le daba la posibilidad de juntar a chicos y chicas e incorporar la inevitable tensión sexual, y en concreto sobre un grupo de soul porque propiciaba el incluir muchos más miembros en él. Para muchos de los personajes y diálogos se inspiró en sus propios alumnos, sólo que decidió hacer a los protagonistas de su breve novela (apenas 165 páginas) un poco más mayores.

La obra de Doyle consiguió cierto reconocimiento en su ciudad natal. Entonces, la editorial inglesa Heinemann compró los derechos y la lanzó a mayor nivel, consiguiendo un gran éxito de crítica y público. Pronto comenzaron las negociaciones para adaptarla a la gran pantalla. Iba a ser también la primera de las tres novelas conocidas como “la trilogía de Barrytown”: The Commitments, The Snapper y The Van, todas ellas con la familia Rabitte como protagonista y también con su respectiva versión en celuloide.

He leído el libro en un par de ocasiones ya hace años. Hasta donde yo sé, no se ha publicado en España (aunque recientemente he encontrado una edición argentina en internet), así que a mí me tocó abordarlo en versión original, lo cual me resultó bastante difícil por mis limitaciones con la lengua de Shakespeare, porque está lleno de slang, y además porque se trata, obviamente, de inglés irlandés. Algunas de las cosas que recuerdo de él es que el grupo es bastante más malo que en la película, que cantan otras canciones diferentes, que Imelda es morena y no rubia, y que muchos de los diálogos de Jimmy (como cuando le cuenta al periodista todo aquello de “la guerrilla del soul”) pertenecen en realidad a Joey, quien se erige en el texto en líder del grupo.

–De ahora en adelante no quiero que escuchéis otro tipo de música. Quiero que sigáis una dieta estricta de soul: James Brown para los gruñidos, Otis Redding para los gemidos, Smokey Robinson para los lamentos y Aretha Franklin para todo a la vez. (Jimmy Rabbitte)

Alan Parker y la película
El británico Alan Parker iba a ser finalmente el elegido para plasmar en imágenes la novelita de Doyle. Después de haber cimentado una destacable carrera en los Estados Unidos con películas como Birdy, El corazón del ángel o Arde Mississippi durante la década de los 80, Parker (cuya filmografía había despegado con la ya clásica El expreso de medianoche en 1978) decidió volver a Europa –y en concreto a Irlanda, claro– a rodar, y a un género cinematográfico que le era familiar: el musical, donde ya había destacado con Fama y The Wall (y al que regresaría después con Evita). Roddy Doyle se aseguró de que se respetaría el estilo y los diálogos de su libro (eliminando algunos de ellos más soeces) y de que participaría en el guión. Lo hizo amparado ni más ni menos que por los geniales Dick Clement e Ian La Frenais, guionistas que también tienen en su haber otras dos películas que me encantan, Siempre locos (Brian Gibson, 1999) y Across the Universe (Julie Taymor, 2007) y sobre los que espero hablar con más detenimiento en otra ocasión.

El argumento tanto del libro como del film es bien fácil de resumir: nos narra la formación, breve carrera y pronta disolución de un grupo amateur de música integrado por varios jóvenes de clase trabajadora de Dublín. El estilo que eligen para tocar es bastante atípico y original para la época y el lugar: como ya se ha adelantado, los chavales intentarán emular a los artistas clásicos del período dorado del soul: los años 60. Es en la variedad de personajes, las anécdotas, la simpatía y la ambientación de la película y texto original donde radica el interés de la historia: nuevamente volvemos a aquel dicho tan cierto de que “lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta.”

Aburridos de tocar en un conjunto que ameniza bodas, el guitarrista Outspan Foster y el bajista Derek Scully hablan con su amigo Jimmy Rabbitte para formar un nuevo grupo. Jimmy no es propiamente músico, pero es un muchacho avispado que sabe moverse y que tiene ciertos conocimientos musicales. Les propone montar un grupo de soul, se constituye en manager, y rápidamente comienza a reclutar personal para la nueva banda, ya sea a través de conocidos, ya sea a por medio de anuncios en el periódico. Toda una serie de artistas y pro-artistas de lo más dispar pasean por su casa, hasta que la formación final queda consolidada: a Foster y Scully se les une el saxofonista Dean Fay, el batería Billy Mooney, el teclista Steven Clifford, las coristas Imelda, Natalie y Bernie, el peculiar trompetista Joey “El labios” Fagan –un cincuentón que dice haber tocado con muchos famosos– y, finalmente, el grosero y engreído Declan “Deco” Cuffe como voz principal. Otro personaje, el agresivo skin Mickah Wallace, se unirá a la banda en calidad de “seguridad”.

Por medio de sus contactos –algunos un tanto peligrosos– Jimmy pronto empezará a conseguir instrumentos y equipo para el grupo y un local de ensayo, coordinando los esfuerzos de todos los integrantes y, ayudado por la experiencia de Joey, consolidando un repertorio y, en fin, dando forma definitiva a la banda, que es bautizada como Los Commitments (palabra que podría traducirse de muchas formas: compromiso, obligación, entrega… personalmente siempre he preferido la primera). Pronto llegan los primeros bolos para nuestros amigos. Poco a poco, concierto a concierto, logran labrarse una modesta reputación dentro del circuito musical de la ciudad, hasta el punto de recibir varias reseñas positivas en los periódicos dublineses. Sin embargo, dentro del grupo han empezado las disputas, las diferencias y las rencillas, y las cosas se van poniendo feas. Billy acaba dejando su puesto a la batería, que es ocupado por el inexperto Mickah. Cuando todo parece ir sobre ruedas, cuando Los Commitments dan su más exitoso y popular concierto y hasta reciben una propuesta de una discográfica, el proyecto de Jimmy Rabbitte y sus amigos se hace trizas, y diferencias irreconciliables destrozan el grupo, que se separa. Hay una moraleja agridulce al final, explicada por Joey a Jimmy: y es que lo importante de la experiencia ha sido en realidad la ilusión y las pequeñas alegrías que la creación de la banda ha dado a sus integrantes durante un tiempo. Como la vida misma; os lo puedo asegurar yo, que he integrado bandas amateur durante veinte años con igual o peor suerte (y con anécdotas más ridículas e irrisorias, sólo que reales).

–El Señor me dijo que los hermanos irlandeses necesitaban soul. Bueno, Ed Wimchell, un reverendo bautista de la avenida Lennox en Harlem me lo dijo, pero el Señor le dijo a él que me dijera que los hermanos irlandeses dejarían de darse mutuamente por el culo si tuviesen soul. (Joey "El Labios")

Dublín se revoluciona
Tras rodearse de actores consagrados como Gene Hackman, Willem Dafoe o Dennis Quaid, para este su décimo largometraje Alan Parker decidió trabajar principalmente con desconocidos: durante meses, él y sus colaboradores realizaron docenas de audiciones en Dublín, escuchando a muchísimos grupos, músicos y actores amateurs. De todo aquel exhaustivo casting salieron tanto los principales protagonistas como casi todos los demás participantes: si uno presta un poco de atención, puede descubrir a una jovencísima Andrea Corr interpretando a Sharon, la hermana de Jimmy, así como al hermano y hermanas reales de la hoy popular cantante de The Corrs en diversas escenas de la película. El chico del monopatín que no quiere cantar en la calle es Peter Rowen, el niño de las portadas de los discos Boy y War de U2, y el gerente del billar en donde ensaya el grupo protagonista es el músico y pintor Blaise Smith, quien estuvo a punto de conseguir el papel de Jimmy Rabbitte. Del reparto principal solamente el entrañable Colm Meaney (un actor habitual en el cine irlandés que interpreta al padre de Jimmy) y Johnny Murphy (Joey) tenían una experiencia cinematográfica destacable antes de rodar Los Commitments.

"Elige un pezón y empieza a tocar"
Ni qué decir tiene que Dublín anduvo revolucionada en aquellos días del casting y luego ya de la filmación de la película, que tuvo lugar en diversos exteriores de la ciudad durante cerca de dos meses. Los Commitments, cuyo presupuesto rondó los 12 millones de dólares, se estrenó primero en EE.UU. en agosto del 91, de manera limitada, con éxito moderado y escasa promoción (el astuto James Brown intentó sacar partido del film aduciendo que “se aprovechaba del trabajo de un hombre humilde”). Le siguió Francia en el mismo mes, y luego en la mayoría de países europeos a lo largo del otoño. Recibió el BAFTA a la mejor película, mejor director, mejor montaje y mejor guión adaptado, así como una nominación a la mejor película musical en los Globos de Oro y al mejor montaje en los Oscars. La coproducción británico-irlandesa-estadounidense ha acabado convirtiéndose con el tiempo en un film característico y representativo del cine de Irlanda, y de motivo de orgullo para muchos de sus habitantes. Por supuesto, catapultó las carreras de algunos de sus intérpretes (aunque otros volvieron al anonimato tras el estreno) y del novelista Roddy Doyle.

La banda sonora se vendió muy bien en todo el mundo, lo que dio pie a un segundo volumen que incluía hasta canciones que no aparecían en la película. Es habitual encontrar el film entre los primeros en guías y enciclopedias que nos hablan de la isla, y en varias encuestas ha sido votado como “la mejor película irlandesa de todos los tiempos”. Quizá pueda ser exagerado, pero sí que es, probablemente, una de las más conocidas del país y de las más vistas fuera de él.

De izq. a der., Bronagh Gallagher, Angeline Ball, Maria Doyle
Personalmente, en mi vida la película ha sido muy influyente. Como ya comentaba, yo ya había oído mucho soul cuando di con Los Commitments, pero el film quizá me reconfirmó este estilo y me hizo interesarme todavía más por él. Me descubrió, eso sí, una de mis grandes canciones favoritas, The Dark End of the Street, cantada originalmente por James Carr y a la que ya dediqué una entrada (véase) y que rápidamente incluimos en el repertorio del grupo en el que tocaba por entonces. Todo hay que decirlo: aunque la mayoría de las versiones de la película me gustan mucho, algunas no tienen, en mi opinión, ni comparación con las originales, sobre todas las del brutal Wilson Pickett (lo siento, Deco). A estas alturas de mi vida he visto la película por lo menos unas quince veces. Me la pongo siempre que necesito una inyección de moral y de motivación para seguir con la música. Hay gran parte de razón en su mensaje final: formar parte de un grupo, la ilusión de sacarlo adelante y ver cómo las cosas van tomando forma, es impagable. Lo que no tengo tan claro es si luego ver todo esa ilusión desvanecerse queda compensada por los buenos ratos. He tocado durante veinte años en formaciones amateur de rock y, ciertamente, he visto varias romperse tristemente, otras ni siquiera lograr despegar, y he “desperdiciado” muchos años ensayando, pero de momento la música sigue siendo una de las grandes motivaciones de mi vida. Habrá que darle la razón a Joey “El labios”.

Ah, por cierto: en 2004 pude cumplir mi sueño de visitar Dublín brevemente y conseguí acercarme a una de las localizaciones en donde se rodó Los Commitments: el barrio en el que vive Bernie, aquel de altas fincas en donde vemos a un muchacho intentar meter un caballo en el ascensor. Según me dijo la chófer que me llevaba al aeropuerto, aquellos edificios creados para gente con pocos recursos iban a ser demolidos en breve.

Secuelas y derivados
Pese a lo que pudiera esperarse, la película de Alan Parker no dio lugar a la formación de un grupo fijo entre sus protagonistas. Aunque sí que tocan en directo en el largometraje, ni siquiera todos los integrantes originales de la banda participaron en la grabación de los dos álbumes recopilatorios.

Andrew Strong (Deco) publicó al poco tiempo un disco bien promocionado (Strong, 1993) en un estilo bastante alejado del soul, y ha proseguido una relativamente exitosa carrera en solitario. Tres de sus compañeros, los baterías  Dick Massey (Billy Mooney), Dave Finnegan (Mickah Wallace, en calidad de cantante) y el bajista (ahora reconvertido en guitarrista) Kenneth McCluskey (Derek Scully) crearon la banda The Stars from The Commitments, con suerte desigual, a la que se han unido ocasionalmente otros actores de la película, y con la que han actuado por toda Europa, incluida España. Finnegan acabaría abandonando este grupo para formar su propia banda, Dave Finnegan´s Commitments.

Los rumores sobre una segunda parte de la película han ido y venido constantemente. Incluso surgió una inverosímil propuesta de hacerla con el grupo The Corrs como protagonista, lo que hubiera sido un absurdo, pues ni el estilo de la banda irlandesa se acerca al soul, ni el espíritu de la película original –realizada con absolutos desconocidos– se hubiese mantenido. El novelista Roddy Doyle propiamente no es partidario de una secuela y cree que el grupo debe acabar como queda en la película. Hay también un proyecto sobre un musical.

En cualquier caso, lo que sí ha sido una realidad este mismo año, y para celebrar el 20 aniversario del estreno del film, ha sido la reunión de casi todo la formación original –se echó de menos a Johnny Murphy y a Maria Doyle– para una serie de conciertos conmemorativos y de carácter benéfico que se han limitado a cuatro ciudades de Irlanda durante el pasado mes de marzo.

Como siempre, me he dejado llevar por mi pasión por el film y me he pasado escribiendo, así que, más sobre los miembros de los Commitments en el Apéndice, en unos días…
De izq. a der.,  Félim Gormley, Kennet McCluskey, Glen Hansard, Robert Arkins, Dave Finnegan (en cuclillas), Johnny Murphy,  Bronagh Gallagher, Angeline Ball, Maria Doyle, Dick Massey, Robert Aherne y Andrew Strong
–No crees que…
–¿Qué?
–Pues que… quizá haya que ser negro para hacer esas cosas
–¿No lo entendéis, chicos? Los irlandeses son los negros de Europa, y los dublineses son los negros de Irlanda, y los dublineses del sector norte son los negros de Dublín. Así que decidlo una vez y decirlo gustosos: “Soy negro y estoy orgulloso.” (Dean Fay a Jimmy Rabbitte)

lunes, 21 de junio de 2010

Tres canciones de amor de las que me enamoré

A lo largo de mi vida, supongo que como cualquier otro aficionado a la música, he escuchado miles de canciones. Unas me han gustado, otras no, muchas me han dejado indiferente; algunas han sido de “usar y tirar”, mientras que otras permanecerán para siempre como grandes favoritas en mi discoteca; otras han sido importantes durante un tiempo para pasar luego al limbo musical, pero ha habido muy pocas de las que me haya quedado prendado nada más empezar a oírlas. Hoy os presento tres de ese reducido grupo en Las cosas que se cantan por amor (o por desamor), y siguiendo el orden en que las descubrí (que, como veréis, no es cronológico con respecto a la fecha en que se grabaron). A ver si os gustan…

En el extremo oscuro de la calle…
James Carr (1942-2001) fue uno de los muchos cantantes negros de soul que proliferaron en los EE.UU. cuando este estilo alcanzó su apogeo a mediados de los 60, y aunque nunca consiguió la popularidad ni el estatus de leyendas como Sam Cooke, Otis Redding o Wilson Pickett, entre su modesta discografía figura, sin embargo, una de las grandes baladas del género: The Dark End of the Street. La canción, compuesta por los míticos Dan Penn y Chips Moman y grabada por Carr en 1967 para Goldwax, llegó al nº 10 de las listas de r´n´b ese año y ha sido versioneada por docenas de artistas desde entonces. Sin embargo, el cantante que nos ocupa no tuvo mucha suerte: adicciones y problemas psicológicos lo apartaron de los escenarios durante la mayor parte de los 70 y 80, y un cáncer de pulmón acabaría finalmente llevándoselo a los 58 años.

La composición se presenta como una típica balada soul, con la instrumentación habitual del estilo, aunque los vientos mantienen un papel más discreto hasta casi el final, momento climático en el que hay una subida de tono y los metales se hacen más presentes. Hasta entonces la canción se sostiene apoyada sobre todo por un elegante piano, un marcado bajo eléctrico, una guitarra con un evocador efecto de trémolo y un sugerente acompañamiento vocal.

Tradicionalmente se ha asumido la temática de esta grabación como relativa al adulterio: dos amantes que se encuentran a escondidas en el extremo oscuro de la calle, con el temor de ser descubiertos (en la última estrofa, el uno le pide al otro que, si se cruzan durante el día, le pase de largo), pero la homosexualidad de Carr puede dar sin lugar a dudas una nueva lectura a este clásico…

Por cierto, aunque he escuchado bastante soul desde mi adolescencia, he de confesar que no descubrí esta canción hasta que vi la película Los Commitments y, de hecho, era de las poquísimas que no conocía del repertorio del film. Algún día os hablaré de este largometraje del que soy un gran fan.

The Dark End of the Street (The Commitments, incluye letra)

Por favor, enciérrame…
Me avergüenza volver a confesar que, teniendo una extensa discoteca de música de los 60, conocí también esta canción a través de una versión más reciente. En concreto fue por medio de la tremenda voz de la cantante norteamericana Vonda Shepard, en la segunda recopilación de canciones de la serie de televisión que la dio a conocer al mundo, Heart and Soul, New Songs from Ally McBeal (1999). Lo primero que me sorprendió después de oírla fue que viniera firmada por Lennon y McCartney. Tengo todos los discos de los Beatles, rarezas, directos, pero nunca había escuchado esta canción por el cuarteto de Liverpool, aunque evidentemente tenía su sello sonoro. Me puse a investigar…

Tiempo más tarde acabé descubriendo que el tema había sido compuesto por Paul McCartney (recordad que él y John firmaban juntos las canciones de ambos aunque normalmente sólo uno de ellos las compusiera) y entregado al hermano de la que por entonces era su novia, la actriz Jane Asher. Peter Asher formó un duo musical con Gordon Waller en Inglaterra a mediados de los 60. Su nombre artístico era, por supuesto, Peter and Gordon, y su estilo era una mezcla de los Everly Brothers, Buddy Holly y la vertiente más melódica de los propios Beatles, de los que grabaron varias canciones. En 1964, McCartney les entregó la composición (A) World Without Love, probablemente porque ni él ni Lennon estaban muy interesados en ella. Contradictoriamente, acabó siendo nº 1 en las listas inglesas y americanas, y el mayor éxito del dúo, que se separó a principios de los 70, pasando sus integrantes a ocupar diversos puestos en la industria musical. Se volvieron a unir en 2005 para varias actuaciones hasta la muerte de Gordon Waller el pasado año.

El tema sigue la línea inicial de Paul McCartney en los Beatles, rico en acordes y con la siempre presente influencia de la música latina y el bolero que exhibía el bajista Beatle. La letra es muy sencilla y nada inusual, pero conforma una bellísima oda agridulce que habla sobre la soledad y la falta de amor, pero también sobre la esperanza de encontrarlo; todo un himno para los descorazonados.

World Without Love (Peter and Gordon en directo)
World Without Love (versión de Vonda Shepard)

París es una ciudad solitaria…
Lynn Miles es una cantante canadiense principalmente orientada hacia el country, pero que normalmente fusiona este estilo con pop y rock en sus discos; básicamente la podríamos enclavar en ese sonido tan rico y heterogéneo que se ha dado en llamar americana. El tema Sacre Coeur apareció en su segundo disco, Night in a Strange Town, en 1998. No esperéis la típica canción vaquera con instrumentación rústica y ambientada en el desierto...

Y es que, aunque el último de mis seleccionados es claramente un tema country, es una pieza bastante sofisticada, enriquecida con un montón de instrumentos entre los que sorprende un Hammond B3 que inicia la grabación y la arropa a lo largo de sus casi tres minutos, además de las más habituales guitarras, mandolina y steel. Pero lo más chocante y original de esta canción –compuesta por la propia Miles– es quizá que está ambientada ¡en Francia! Y así, la protagonista pasea y pasea a lo largo de sus estrofas bajo la luna parisina intentando olvidar un amor desgraciado del que no puede librarse a pesar de estar separada de él miles de kilómetros. En su pesaroso deambular, pasa por muchos de los lugares típicos de la ciudad gala, como Montmartre, Notre Dame, o la Basílica del Sagrado Corazón que da nombre a esta preciosa composición, sencilla en su presentación (los esperados tres acordes del country, con una breve intrusión de un cuarto casi al final) pero tan compleja –o tan simple– como ese sentimiento que llamamos amor, que todos hemos sentido alguna vez de una manera u otra, y que parece que nunca dejará de ser la principal inspiración para la mayoría de canciones del pop y del rock.

Sacre Coeur (Lynn Miles)