"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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martes, 29 de agosto de 2017

35 años sin Ingrid Bergman

Como es tradición en el blog, no puedo dejar pasar el aniversario de mi adorada Ingrid Bergman sin al menos un pequeño recordatorio. En esta ocasión, una fotografía actualizada de mi colección bibliográfica sobre la actriz. Es mucho más modesta que la que tengo sobre mi otra gran diva, Audrey Hepburn (18 libros), pero en general son volúmenes bastante interesantes y con un buen nivel.

Hoy hace 35 años que la estrella sueca nos dejó, como saben sus seguidores, casualmente el mismo día de su cumpleaños. Tengo por tradición ver varias películas suyas por estas fechas, normalmente mis grandes favoritas (Luz que agoniza, Casablanca y Anastasia), pero en esta ocasión he encontrado un pequeño tesoro con el que celebrar el señalado acontecimiento: dos de sus largometrajes suecos que aún no había visto, Noche de primavera y Un rostro de mujer, y su única película alemana, El pacto de las cuatro.


lunes, 29 de agosto de 2016

Anónimos populares: Rebecca Ferguson

La mismísima Ingrid Bergman parece haberse reencarnado en la persona de Rebecca Ferguson, y no sólo porque ambas actrices compartan profesión, lugar de nacimiento –Estocolmo– y un parecido más que razonable, sino porque la última, consciente de esa honrosa similitud, ha conseguido clavar los gestos y miradas de su antecesora en sus actuaciones hasta el punto de que uno cree estar viendo de nuevo en la pantalla a la mítica intérprete de Casablanca.

De nacionalidad sueco-británica, Rebecca Louisa Ferguson vino al mundo un 19 de octubre de 1983 y se inició bien joven en la interpretación (también es bailarina), empezando a despuntar en la televisión sueca con tan sólo 16 años y debutando en la pantalla grande en 2004 con El fantasma del lago. El paso a las pantallas internacionales y, como no, a Hollywood, estaba a la vuelta de la esquina: el mismísimo Tom Cruise –también admirador de Ingrid Bergman– ya había reparado en Rebecca y no paró hasta reclutarla para Misión: imposible – Nación secreta, donde el personaje de la actriz se llama, de manera nada casual, Ilsa, en honor al papel de Ingrid en su más célebre película.

A sus 32 años, Rebecca tiene una carrera más que prometedora por delante –personalmente tengo ganas de ver este otoño La chica del tren, en la que coincide con mi admirada Emily Blunt–. Belleza y talento no le faltan, y sin lugar a dudas está bendecida de una manera u otra por una de las estrellas más brillantes de la Historia del Cine, cuyo aniversario –muerte y nacimiento– se cumple precisamente hoy. No es nada casual que haya subido este post un 29 de agosto y ha sido mi manera de querer homenajear a Ingrid Bergman de una forma más original…

Rebecca en Cuando cae la nieve. ¿Ha vuelto Ingrid?

sábado, 29 de agosto de 2015

Ingrid Bergman: Centenario

Hace cien años, tal día como hoy, aparecieron dos soles sobre la capital sueca de Estocolmo. Uno fue ese astro grande y anaranjado que todos conocemos y seguimos viendo en el cielo a diario; el otro fue una pequeña niña de pelo claro y ojos azules que en aquel momento sólo iluminó a sus felices padres, pero que con el tiempo llegaría a emitir un fulgor que alcanzaría a millones de personas. Más allá de toda duda y posible discusión, Ingrid Bergman es a fecha de hoy, en el centenario de su nacimiento, uno de los grandes mitos del séptimo arte y una de las actrices más queridas y recordadas por los aficionados al cine. Buena parte de la comunidad cinéfila internacional está celebrando en este fin de semana tan señalada efeméride en la forma de toda una serie de exposiciones, retrospectivas y proyecciones de sus películas, aunque sin duda entre los más destacables eventos está el estreno del documental Ingrid Bergman, en sus propias palabras de Stig Björkman, del que los asistentes al festival de Cannes ya pudieron disfrutar, pero que llegó ayer a los circuitos comerciales precisamente proyectándose en la ciudad natal de Bergman. Hasta su país de origen y el adoptivo –EE.UU.– le han dedicado sendos sellos de correos.

A un servidor le hubiera encantado, de propiciarse mejores circunstancias, poder permitirse un viajecito a la lejana Suecia para disfrutar, no sólo de la cinta de Björkman, sino de la ciudad y del país en general. Como esa ilusión queda lejos de mis posibilidades, he querido homenajear a esta actriz por la quedé fascinado mucho tiempo atrás de una manera más modesta, pero igualmente sentida y apasionada. Una ha sido adquiriendo el libro Ingrid Bergman: A Life in Pictures, volumen esencialmente pictórico recopilado principalmente por su hija Isabella Rossellini con objeto precisamente de conmemorar los cien años del nacimiento de su madre. El enorme libro (528 págs. y un formato de 24 x 5,5 x 31 cm y 5 kilos de peso, y acompañado de un CD) apareció el pasado año al precio oficial de 98 euros, aunque yo he tenido la suerte de conseguirlo por once menos, pero su coste ya comienza a dispararse (hasta 200 euros piden por él en una librería española) y es obvio que pronto se convertirá en un cotizado objeto de coleccionista, razón por la cual decidí comprarlo antes de que fuera económicamente inalcanzable o prohibitivo. Hace ya unos meses que está en mis estanterías y me siento muy orgulloso y satisfecho del maravilloso volumen. Un verdadero lujazo.

¡Ya está en mi biblioteca!

La segunda forma en que quiero homenajear a Ingrid es, por supuesto, desde mi blog, con este modesto artículo y con una selección de diez de sus películas a modo de recomendación para quien quiera iniciarse en su filmografía. Se trata de una selección basándose en mis gustos y limitada a lo que he podido ver de su trabajo, que es una gran parte de este, pero que tiene alguna importante laguna como es su labor en su país natal antes de dar el salto a Hollywood (doce películas de las que sólo he visto dos).

No tengo un recuerdo claro de cuándo conocí a Ingrid Bergman. Creo que fue algo después de su fallecimiento –contrariamente a otros mitos del cine a los que he seguido desde bien niño–. Por quién doblan las campanas Anastasia fueron algunas de las primeras películas que vi de ella. Después –o por la misma época– llegó Casablanca, en la que todos envidiamos a Humphrey Bogart siquiera por poder pasar un rato con aquella fascinante mujer casada con un líder de la resistencia y con el corazón dividido entre dos hombres que finalmente partía en un avión dejando a su antiguo amor con el entrañable policía Louis. Siguieron muchas más películas, e Ingrid Bergman se convirtió en una de esas presencias que para siempre formarán parte de mi vida; esos seres etéreos, casi irreales que vienen de ese reino maravilloso de los sueños que es el Cine y que te arrancan sonrisas, lágrimas y sentimientos con su variopinto surtido de personajes y películas. Gente que, de alguna manera, acaban convirtiéndose en una especie de amigos o familiares aunque jamás llegues a conocerlos. Así que, para siempre Ingrid…

El extraño caso del doctor Jekyll (Victor Fleming, 1941)
Ingrid Bergman llevaba ya dos años y tres películas en Hollywood, y los estudios parecía que se habían empeñado en presentarla al público como la cándida y adorable muchachita a la que todos querríamos conocer, cuando la sueca realizó un audaz movimiento en su carrera: cedió el papel de novia del doctor Jekyll a Lana Turner para interpretar a la prostituta Ivy en la nueva adaptación a la pantalla del clásico de Robet Louis Stevenson realizada por Victor Fleming. Por supuesto, salió perfectamente airosa del reto. Los años demostrarían que era una actriz absolutamente todoterreno que podía con lo que se le presentara.

Casablanca (Michael Curtiz, 1942)
La gloria eterna llamaba a las puertas de nuestra diva y de sus compañeros de reparto cuando Michael Curtiz les propuso rodar esta película ambientada en la ciudad marroquí que le daba título durante la II Guerra Mundial y que creo que no necesita más presentación. Parece que ninguno de los actores apostaba mucho por ella, y sin embargo, hoy en día es uno de los más grandes clásicos del cine, y sin duda la película por la que la gran mayoría de espectadores recuerdan a Ingrid Bergman.

Por quién doblan las campanas (Sam Wood, 1943)
Parece que el de una sueca alta, rubia y con ojos azules no era el físico más adecuado para interpretar a una joven española durante la Guerra Civil de nuestro país, pero Ingrid estaba empeñada en obtener este papel cuando la novela homónima de Ernest Hemingway se llevó al cine y no dudó siquiera en cortarse el pelo para ello. Consiguió así hacer pareja con Gary Cooper y refugiarse en las montañas con un grupo de guerrilleros republicanos que hostigaba al ejército franquista. Fue la primera de sus siete nominaciones al Óscar, y también una de las primeras películas de la homenajeada que recuerdo haber visto, creo que incluso antes de la anterior.

Luz que agoniza (George Cukor, 1944)
Remake de la película británica de 1940 Luz de gas, basada a su vez en la obra teatral de Patrick Hamilton. Ingrid deslumbró en un papel –el de desvalida dama atormentada– que bordaría en nuevas ocasiones en aquella misma década; tanto que le valió su primer premio Óscar. Pero tampoco hay que olvidar que contó con el magnífico apoyo de Charles Boyer y Joseph Cotten delante de la cámara y del de George Cukor tras ella. Una obra que nunca me canso de ver. Si sólo pudiera quedarme con una película de Ingrid Bergman (y con permiso de Casablanca), sin duda sería esta.

Encadenados (Alfred Hitchcock, 1946)
Mi director favorito con una de mis grandes actrices favoritas es para mí una mezcla tan explosiva como irresistible, y además se da la afortunada circunstancia de que trabajaron juntos en tres ocasiones, así que me es muy difícil quedarme con uno solo de sus trabajos. Elijo este por parecerme el más redondo, pero considero que simbólicamente engloba también a los otros dos, Recuerda y Atormentada. Ingrid es aquí la hija de un científico nazi al que repudia y que ha de trabajar con el servicio secreto estadounidense para capturar a un antiguo compañero de su progenitor. Grandes secuencias y lecciones visuales del maestro Hitchcock, y el beso más largo de la historia del cine durante mucho tiempo… aunque fuera “a trozos”.

Europa '51 (Roberto Rossellini, 1952)
Durante muchos años me resistí a abordar la filmografía de Roberto Rossellini (lo contaba en esta entrada). Sólo había visto Stromboli, y no fue hasta el pasado 2014 cuando por fin pude ver casi todos los trabajos que hizo con la que entonces era su mujer. Ingrid se había escapado a Italia, escandalizado a medio mundo y enamorado y casado con el director neorrealista. De aquella época saldrían tres de los cuatro hijos de la actriz y seis colaboraciones con su marido. Ninguna funcionó muy bien en taquilla y la pareja tuvo que pasar bastantes penalidades económicas, pero nuestra chica demostró lo que adelantaba antes: que podía con todo, que igual lucía en un lujoso set hollywoodiense en una gran producción, que en una película de bajo presupuesto rodada con grandes dificultades.

De la etapa italiana de Ingrid Bergman, escojo Europa ’51 también de manera representativa, pero con la intención de aglomerar genéricamente todos sus trabajos en la península, pues en casi todos encuentro algún aspecto interesante y también me gusta mucho Ya no creo en el amor.

Anastasia (Anatole Litvak, 1956)
Por la puerta grande. Así volvió Ingrid al país que la había repudiado tan sólo unos años atrás. Aunque raramente volvió a pisar suelo estadounidense, la sueca trabajó de nuevo para EE.UU. tras dejar Italia y divorciarse de Rossellini. Rodaría principalmente en Europa y se afincaría en Londres, donde residiría el resto de su vida.

En su segundo largometraje internacional tras esta reentré, dio vida a Anna Koreff, sosias de Anna Anderson, una de las muchas mujeres que, en el pasado siglo, reclamaron ser la mismísima Gran Duquesa rusa que da nombre a la película. Un grupo de inversores de aquel país buscará hacerla pasar por el desparecido personaje para obtener un gran capital, pero, al final, ¿será o no será la verdadera Anastasia? Da igual, porque Ingrid Bergman vuelve a refulgir con esta interpretación que le reportaría un nuevo premio de la Academia.

Indiscreta (Stanley Donen, 1958)
Más habitual en thrillers y melodramas, nuestra actriz no se prodigó demasiado en la comedia pero, cuando lo hizo, siguió demostrando que ningún género ni historia se le resistía. Con Stanley Donen rodó esta película –adaptación también de una obra teatral de Norman Krasna– en la que interpreta a una actriz que inicia una relación sentimental con un financiero. Admito que la primera vez que la vi se me atragantó un poco. Años después quedé inmediata y contrariamente hechizado por ella. Y es que Ingrid Bergman y Cary Grant juntos son nombres mayores. Imposible resistirse al encanto de la pareja.

Asesinato en el Orient Express (Sidney Lumet, 1974)
Resulta curioso que, en sus últimos años de vida, nuestra actriz buscara voluntariamente afearse con muchos de sus personajes, caso de esta película, Nina o Una mujer llamada Golda. Ni siquiera intentándolo y a pesar de estar enferma, Ingrid consiguió perder su encanto y atractivo, porque naturalmente ambos eran innatos y no fruto de artificios ni cirugías. En esta adaptación de la novela de Agatha Christie con un espléndido reparto coral, interpreta a una criada sueca sospechosa del crimen del título. Parece ser que el director, Sidney Lumet, tenía pensado para ella el papel de dama de la aristocracia que finalmente encarnó Wendy Hiller, y que fue Ingrid quien insistió en hacer el otro. Le acabó valiendo su tercer y último Óscar, esta vez como actriz de reparto.

1979 Sonata de otoño (Ingmar Bergman, 1979)
Voy a hacer una excepción y acabar esta selección con una película que admito que no me entusiasma. El estilo de Ingmar Bergman –por muy venerado que este esté– se me hace a veces algo indigesto cinematográficamente. Aún con todo, es tanta la importancia artística y simbólica de este film en la carrera de Ingrid que creo esencial destacarlo en su filmografía básica: fue su último trabajo para la gran pantalla, su última nominación a los Óscar, volvió a rodar en su Suecia natal –cerrando, de alguna manera, el ciclo de su obra– y además lo hizo con el que posiblemente es el director más importante de aquel país. Bergman y Bergman. ¿Puede quedar más redondo?

Después de este largometraje, Ingrid, con un cáncer muy avanzado, aún filmaría para la televisión Una mujer llamada Golda. Nos diría adiós precisamente el mismo día que había nacido, un 29 de agosto de 1982. Hoy hace treinta tres años. Cabe preguntarse inútil pero inevitablemente cuántas más maravillosas interpretaciones nos habría ofrecido de vivir unos años más.

Enlaces de interés:

viernes, 29 de agosto de 2014

Ingrid Bergman: preparando el centenario

Tal día como hoy a un año vista se cumplirá una fecha tan señaladísima como el centenario del nacimiento de Ingrid Bergman. Es de esperar que muy pronto las editoriales y fabricantes tienten a los admiradores de la actriz con mil y un productos aprovechando la efeméride. De hecho, ya ha aparecido a la venta una de estas suculentas trampas comerciales a la vez que sentimentales: Ingrid Berman: A Life in Pictures es un impresionante volumen de 528 páginas que ha puesto a la venta la editorial alemana Schirmer-Mosel tanto en edición en la lengua de su país como en inglés. A dar forma a este impresionante libro conmemorativo han contribuido también el coleccionista John Kobal, la actriz Liv Ullman (autora de la introducción) y la mismísima Isabella Rossellini. Lo cierto es que los cuatro hijos de la actriz homenajeada han dado autorización a los editores para que publiquen infinidad de material de sus colecciones personales, incluyendo fotos nunca vistas y hasta textos escritos por la propia Ingrid. El libro se complementa con un CD en el que la violonchelista Anja Lechner y el pianista François Couturier han grabado una nueva versión de As Time Goes By. El precio de venta al público en Europa es de 98 euros... ¡que tendré que ponerme a ahorrar!

Para más información sobre la obra: http://www.ingridbergman-thebook.com/en/the-book.html

viernes, 18 de julio de 2014

Completando filmografías: Ingrid Bergman (Tres días con Ingrid, día 3)

Si Audrey Hepburn es la niña de uno de mis ojos, Ingrid Bergman es sin duda la propietaria del otro, y con ella la tarea de completar el visionado de su filmografía resulta algo más trabajoso que con la primera actriz porque está compuesta por nada menos que 47 largometrajes y 5 telefilms. El currículum de Ingrid se extendió desde el año 1932 hasta exactamente medio siglo después y, carece de esos “parones” que tiene el de Audrey, quien estuvo alejada del cine durante largos períodos. Los estudiosos del “corpus bergmaniano” lo suelen dividir en cuatro etapas bien identificables, que yo he respetado (el asterisco indica que tengo esos trabajos en copia digital, en gris señalo las películas que aún no he visto):

Etapa sueca (1932-1939)
-12 largometrajes para cine (Vistos 5)

1932 Landskamp
1935 El conde del puente del monje
1935 Noche de tormenta
1935 Los Swedenhielms
1935 Noche de primavera
1936 Hacia el destino
1936 Intermezzo *
1938 El dólar
1938 El pacto de las cuatro
1938 Un rostro de mujer
1939 Destino
1940 Noche de junio *

Ingrid Bergman participó por primera vez en una película como simple figurante cuando tenía 15 años. Su carrera no despegaría verdaderamente hasta tres años después, cuando en menos de un lustro se convirtió en una de las actrices más conocidas de su Suecia natal y de parte de Europa y rodó once películas. Esta es sin duda la etapa más complicada de seguir de la actriz debido a la antigüedad de estos trabajos y a su origen europeo. Sólo he conseguido ver dos de ellos, pero he de persistir con los demás. Pienso que al tener una protagonista tan popular, la mayoría deben haber sido reeditados en formatos domésticos, aunque parece que no en España

Etapa hollywoodiense (1939-1949)
-14 largometrajes para cine (Vistos 14)

1939 Intermezzo *
1941 Los cuatro hijos de Adán *
1941 Alma en la sombra
1941 El extraño caso del doctor Jekyll *
1942 Casablanca *
1943 Por quién doblan las campanas *
1944 Luz que agoniza *
1945 Recuerda... *
1945 La exotica *
1945 Las campanas de Santa María *
1946 Encadenados *
1948 Arco de triunfo *
1948 Juana de Arco *
1949 Atormentada *

Posiblemente la época más conocida de la actriz, cuando intervino en algunos de sus grandes clásicos como Casablanca, Recuerda, Encadenados o Luz que agoniza. Es también la que tiene los títulos más fáciles de localizar.

Etapa italiana (1950-1954)
-6 largometrajes para cine (Vistos 6)

1950 Stromboli, tierra de Dios *
1952 Europa '51 *
1953 Nosotras las mujeres *
1954 Te querré siempre *
1954 Ya no creo en el amor *
1954 Juana de Arco

Entre 1949 y 1954 Ingrid reside en Italia, donde se casa con el director Roberto Rossellini y trabaja en exclusiva para él en 4 largometrajes, 1 cortometraje y una obra de teatro grabada en cine.

Etapa internacional (1956-1982)
-15 largometrajes para cine (Vistos 12)
-5 telefilms (Vistos 3)

1956 Elena y los hombres *
1956 Anastasia *
1958 Indiscreta *
1958 El albergue de la sexta felicidad *
1959 The Turn of the Screw (TV)
1961 Twenty-Four Hours in a Woman's Life (TV)
1961 No me digas adiós *
1961 Auguste
1963 Hedda Gabler (TV) *
1964 La visita del rencor *
1964 El Rolls-Royce amarillo *
1966 La voz humana (TV) *
1967 Stimulantia
1969 Flor de cactus *
1970 Secretos de una esposa *
1973 De los archivos revueltos de la señora Basil E. Frankweiler
1974 Asesinato en el Orient Express *
1976 Nina *
1978 Sonata de otoño *
1982 Una mujer llamada Golda (TV) *

Acabada su relación personal y artística con Roberto Rossellini, Ingrid Bergman fija su residencia en Londres y vuelve al cine a lo grande, trabajando principalmente en Europa, pero también ocasionalmente en Hollywood. Lejos de lo que hubiera podido predecirse, dado el ostracismo en el que parecía haber caído desde su “escapada” a Italia, y de que ya había cumplido una edad en la que muchas mujeres dejan de conseguir buenos papeles, Ingrid, siendo la enorme actriz que era, trabajó incansablemente hasta su muerte y aún nos ofreció grandes películas y personajes.

Filmografía total de Ingrid Bergman
-47 largometrajes para cine (Vistos 37) †
-5 telefilms (Vistos 3)

(†: Isabella Rossellini cita un total de 44 películas en la filmografía de su madre. Es lógico que ignore Landskamp, porque en ella Ingrid sólo trabajó como extra, y posiblemente Auguste, donde tiene un cameo no acreditado. Me pregunto cuál será el tercer descarte. ¿Quizá Juana de Arco de su propio padre por tratarse de una obra de teatro?)

(Actualizado en agosto de 2018)

jueves, 17 de julio de 2014

Una mujer llamada Golda (Tres días con Ingrid, día 2)

En 1981, con un cáncer terminal, un brazo medio inútil y sumida en grandes y continuos dolores, Ingrid Bergman se embarca en la que sería su última interpretación demostrando su gran profesionalidad y su inmenso amor por la actuación al ocultar su lamentable estado de salud a casi todos los que la rodeaban y trabajar hasta el final en el rodaje de esta mini-serie de 200 minutos de duración sobre la que fuera primera ministra israelita Golda Meir.

Una mujer llamada Golda fue rodada en la propia Israel y estrenada por primera vez el 26 de abril de 1982 en EE.UU., y ofrece una de las más atípicas caracterizaciones de la actriz sueca: acostumbrados a verla en papeles de mujeres bellas y glamurosas incluso al final de su carrera, Ingrid necesitó transformar y afear su aspecto para asemejarse a la política Meir. Aunque se le propuso que llevara una nariz postiza que le ayudara a lograrlo, ella prefirió hacerlo de una forma más sencilla: una peluca morena (canosa cuando representa a Golda más mayor), gruesas cejas y escaso maquillaje fue la decisión de Bergman sobre el aspecto que debía mostrar en la miniserie. El resto lo dejó a los gestos, la voz y el vestuario y, salvando las distancias con respecto al parecido –incluso enferma y con 66 años Ingrid Bergman era mucho más alta, esbelta y guapa que la auténtica Golda Meir–, la estrella consiguió otra gran interpretación que acabó siendo premiada con un Emmy, por desgracia, póstumo: Ingrid nos dejaría 4 meses después del estreno de la serie, el 29 de agosto del mismo año.

Ingrid caracterizada como Golda Meir, y la auténtica Golda Meir
En el reparto de esta producción le acompañan nombres de la talla de Leonard Nimoy, Ned Beatty, Jack Thompson, Robert Loggia, Nigel Hawthorne o la entonces debutante Judy Davis, quien encarna a Golda de joven. Un dato curioso que no conocía hasta hace poco es que se propuso para este papel a Nastassja Kinski por su parecido con Ingrid. Nunca lo había pensado, pero es cierto que existe este. No obstante, la veterana actriz creyó que era mejor que una colega desconocida asumiera esta labor.

Tras casi dos meses atiborrándome de películas de Ingrid Bergman, y cumpliendo con ello parcialmente mi propósito de intentar ver toda la filmografía de ella que me quedaba pendiente (cosa que aún no he logrado), he querido acabar este ciclo privado con esta teleserie por dos razones: una, la más obvia, porque fue la despedida profesional de la estrella; dos, porque es uno de los primeros recuerdos que tengo de la actriz, ya que vi Una mujer llamada Golda en TVE cuando se emitió en 1986, más o menos la época en la que también vi por primera vez Casablanca y la divina sueca me robó una parte bastante grande de ese corazoncito cinéfilo que tengo repartido entre tantos amores. También resulta curioso que este visionado coincida con nuevos conflictos en el país que presidió Golda Meir. Me preguntó que opinaría sobre ellos...

miércoles, 16 de julio de 2014

Ingrid y Rossellini (Tres días con Ingrid, día 1)

Durante mucho tiempo he pospuesto de manera totalmente deliberada el visionado de los trabajos de Ingrid Bergman con su marido Roberto Rossellini (sólo había visto Stromboli hacía muchos años). Admito que siempre le tuve un poco de manía a este director (¡y aún más envidia!). Me parecía un personaje algo sinvergüenza, vividor y poco organizado profesionalmente que había arruinado la espléndida carrera americana de su esposa porque, algo que es ya historia y es indiscutible es que todos los trabajos de la pareja fueron un fracaso en la taquilla. La misma Ingrid acabó por admitir, con demasiada humildad, que “no era la actriz adecuada” para las películas de Rossellini. Y yo añadiría que el italiano, acostumbrado a rodar prácticamente sin preparación y con actores no profesionales, no estaba listo para trabajar con una actriz de las dimensiones de Ingrid ni podía sacar enteramente todo el partido a la espléndida baza que tenía con ella. Además, durante esos cinco o seis años que ambos pasaron juntos, él no quiso ceder a su esposa a ningún otro director. Alfred Hitchcock se lamentaba de no haber podido trabajar nuevamente con Bergman, y yo, que adoro a los dos, no puedo sino hacer lo mismo.

Ahora que he visto casi toda la filmografía conjunta del matrimonio (a falta de ver Juana de Arco, en realidad una obra de teatro filmada con cámaras), tengo que admitir que ninguna de sus colaboraciones me ha parecido para nada mala. A algunas se les puede achacar algún “defectillo” puntual pero que en mi opinión no estropea las películas: en Stromboli la intervención de personas del pueblo sin preparación para actuar llega a ser a veces exagerada y hasta reprochable, y las escenas documentales de la pesca quizá se alargan demasiado. También coincido en lo que se ha dicho muchas veces de que la imagen espléndida e impecable de la bellísima Ingrid no parece casar del todo con la estética del neorrealismo italiano, más proclive a mostrarnos el feísmo, las desolación y la pobreza (aunque creo que ese contraste es acertado), y que quizás al final de la película la actriz no logre estar todo lo convincente que debiera –es la primera y, hasta el momento, única vez en toda su filmografía que me lo ha parecido–. Y en Te querré siempre llaman la atención todos esos “paseos turísticos” de los protagonistas para mostrarnos las maravillas culturales, naturales e históricas de Nápoles, escenas que parecen claramente forzadas posiblemente por debido a un acuerdo de colaboración con el gobierno de la región. Al final, todos estos recorridos acaban de resultarme simpáticos e interesantes aunque puedan no acabar de venir a cuento en la trama del film.

La moraleja o conclusión que saco del demorado visionado de la etapa italiana de Ingrid Bergman es más que positiva, porque al final lo que demuestra es algo que ya adelanté: que la sueca era un –hermosísimo– monstruo de la pantalla que se atrevía y podía con todo: fuera rodeada del glamour y del lujo del poderoso y adinerado Hollywood, en las más discretas producciones suecas o en las incómodas y modestísimas películas de Roberto Rossellini, Ingrid demostraba siempre que era natural, profesional y seria con su trabajo, por eso es uno de los más grandes y deslumbrantes astros de la Historia del Cine. Y no admito discusión :P


viernes, 13 de junio de 2014

Mis libros sobre Ingrid Bergman

La semana pasada conseguí la biografía sobre Ingrid Bergman escrita por Charlotte Chandler publicada por primera vez en 2007 y un año más tarde en edición española por la editorial Ariel. Era un libro que desconocía y que no pude resistirme a adquirir estando como estaba ofertado a tan sólo 5,95 euros (¡y en tapa dura!). Aunque pensaba posponer su lectura para cuando acabara otras tareas pendientes, finalmente he cedido a la tentación y he acabado devorándolo en diez días. Es el segundo libro biográfico que tengo sobre la actriz, siendo el otro el de Donald Spotto publicado por T&B Editores (Notorious) y que compré hace doce años. Aunque no recuerdo demasiados detalles de este último, creo que me cautivó más que el de Chandler porque me descubrió muchos aspectos sobre la vida de la actriz que no conocía (hasta entonces nunca había indagado mucho en su faceta personal). También me pareció más completo y objetivo, pero después de más de una década no conservo claramente en mi memoria más que algunos conceptos del trabajo del otro escritor. Este otro libro más reciente se lee con facilidad y agrado y cuenta con opiniones y entrevistas que la autora realizó tanto a Ingrid Bergman como a muchos de sus allegados, desde actores y directores con los que trabajó hasta sus propios hijos. Parece también una aproximación más “aséptica” a la figura de la sublime sueca, no sé si precisamente quizá por estar la escritora de alguna forma condicionada por la posible opinión que los familiares de Ingrid pudieran acabar teniendo de su trabajo.

Aparte de estas dos biografías tengo otro par de libros más sobre la actriz: el de la editorial Taschen, incluido dentro de su serie Movie Icons, es básicamente un álbum de fotografías, breve, sencillito, barato y aderezado con algunos textos de Scott Eyman resumiendo la vida y carrera de la intérprete en la que se centra el volumen.

The Complete Films of Ingrid Bergman fue escrito por Lawrence J. Quirk y fue publicado por Citadel Press Book, y se centra obviamente en la filmografía de la actriz, tanto para cine como para televisión e incluyendo también sus obras de teatro. De todos estos trabajos el autor nos ofrece un resumen de sus argumentos, el reparto técnico y artístico y curiosidades y notas interesantes como críticas aparecidas en el momento de cada uno de sus estrenos.

Tengo pendiente y demorada más allá de lo razonable la adquisición de la propia autobiografía de la actriz, Ingrid Bergman: My Story, que no sé si está actualmente publicada pero que sí se puede encontrar de segunda mano a precios bastante asequibles. De todas maneras, teniendo en cuenta que el año que viene se cumple el centenario del nacimiento de Ingrid, estoy seguro de que volverá a ser reeditada.

martes, 10 de junio de 2014

Dos de Ingrid

En estas últimas semanas he abordado por fin una tarea que llevo demorando más tiempo del deseado: intentar completar el visionado de la filmografía de Ingrid Bergman. No es moco de pavo, ya que aún me quedaba más de la mitad hasta hace poco, pero he avanzando bastante. Estas son dos de entre todas esas películas suyas que tenía pendientes que más me han llamado la atención en estos días. Quedan más por ver…

Un pequeño pueblo que ha conocido días mejores espera la llegada de una oriunda del lugar (Ingrid Bergman) que se marchó hace tiempo. Ahora es una viuda millonaria y sus paisanos esperan que se interese por levantar la maltrecha economía de la localidad. ¿Parece un remake de Bienvenido, Mr. Marshall? Para nada: lo cierto es que con La visita del rencor (1964), su director, Bernhard Wicki, nos ofrece un melodrama de duros matices bastante más oscuro que el clásico español, ya que, al poco de comenzar la película, descubrimos que la acaudalada mujer fue prácticamente expulsada del pueblo tras quedarse embarazada de su antiguo amante (Anthony Quinn), que la despechó para poder labrarse así un futuro. La propuesta que la millonaria hace a los demás a cambio de una generosa donación es que muera este hombre. A partir de ese momento, la paranoia está asegurada y la tensión va en aumento mientras el sentenciado empieza a dudar sobre las intenciones de sus conciudadanos…

No me digas adiós, que vi seguida de la anterior, nos propone un tono bien diferente: estamos ante una comedia dramática ambientada en el siempre eficaz y atractivo París en el que una madura decoradora (Ingrid) es cortejada por un joven quince años menor que ella (Anthony Perkins). La mujer tiene una pareja más o menos estable y de su edad, el apuesto Roger (Yves Montand), pero este la engaña constantemente y no acaba de formalizar su relación. ¿Cuál es el hombre que más le conviene? La dirigió Anatole Litvak en 1961.

Dulce y encantadora o fría y maquinadora: son sólo dos muestras de la variedad de registros y de las inmensas dotes interpretativas, de entre su cerca de medio centenar de largometrajes, de aquella mujer extraordinaria que fue Ingrid Bergman, el regalo más grande que Suecia ha hecho al mundo.

jueves, 29 de agosto de 2013

Siempre Ingrid

Imposible no recordar a mi adorada Ingrid Bergman en un aniversario tan peculiar como es el suyo... Y es que la sublime sueca no sólo nació un 29 de agosto, sino que también nos dejó exactamente el mismo día. Las dos efemérides ocurrieron en 1915 y 1982 respectivamente, y entre ambas, la actriz deslumbró a medio mundo con más interpretaciones fílmicas de las que caben en este post. No he preparado artículo conmemorativo esta vez, pero sí al menos esta pequeña nota de homenaje para la inmortal estrella...

miércoles, 29 de agosto de 2012

Luz que agoniza (Homenaje a Ingrid Bergman)

Como todos los años por estas fechas, no se me pasa por alto un aniversario tan peculiar (nació y murió el mismo día: 29 de agosto) como es el de mi adoradísima Ingrid Bergman, sólo que, esta vez, no voy a celebrarlo recordando su biografía ni de cualquier otra manera habitual, sino que lo voy a hacer con un homenaje al que considero uno de sus mejores largometrajes, para mí casi a la misma altura (y a veces pienso que incluso por encima) de la legendaria Casablanca: amigos, si tuviera que irme a una isla desierta y sólo pudiese llevarme a ella un manojo de películas, sin ninguna duda Luz que agoniza estaría incluida. Es una película que descubrí en televisión hace ya muchísimos años, más de veinte, y que he vuelto a ver en muchas nuevas y posteriores ocasiones; una obra maestra de la que estoy absolutamente enamorado y en la que se dan nombres tan míticos, además del de la propia Ingrid, como los de sus compañeros de reparto, Charles Boyer y Joseph Cotten, el del director artístico Cedric Gibbons o el del gran George Cukor. Con todas estas estrellas, ¿cómo no iba a salir un film deslumbrante?

Precedentes
Sin embargo, voy a empezar con una contradicción por la que debo tragarme un poco mi orgullo (¡lo hago bien a gusto!): me he manifestado a menudo en contra de esos “remakes inmediatos” que tanto gusta hacer el Hollywood actual de películas europeas que apenas se han estrenado unos pocos años antes, y la verdad es que este recurso no es nada nuevo: la misma Ingrid Bergman llegó a la Meca del Cine para participar en un remake de un film que ya había protagonizado en su Suecia natal: Intermezzo, y esta película a la que rindo tributo, Gaslight en el título original, fue también un remake de una cinta homónima inglesa de tan sólo cuatro años antes, 1940, dirigida por Thorold Dickinson e interpretada por Anton Walbrook, Diana Wynyard y Frank Pettingell. Ambas partían de la obra teatral de idéntico título de Patrick Hamilton, que se estaba representando con éxito en los escenarios. Cuando, en 1942, se estrenó en España la versión británica, su título fue traducido literalmente como Luz de gas; la variante estadounidense de 1944 llegaría a nuestro país tres años después de su aparición y, para diferenciarla de la anterior, se bautizó con el imaginativo título con el que la conocemos, Luz que agoniza.

La versión inglesa de 1940
Así pues, una de mis grandes películas favoritas es uno de esos “remakes inmediatos” que normalmente suelo detestar, sólo que yo conocí antes esta segunda versión que la primera, que vería algún tiempo después en televisión y de la que casi no tengo recuerdos (espero poder verla otra vez algún día). Para más inri, hay que decir que la Metro inició una especie de sabotaje contra la película original una vez compró los derechos de la obra, y que destruyó muchas de las copias que habían llegado a Estados Unidos. Esto ha contribuido a que sea una película mucho menos conocida e incluso difícil de localizar (se reestrenaría en el mencionado país en 1952). En cualquier caso, lo que es indudable es que la obra teatral de Hamilton estaba teniendo mucho éxito en Norteamérica antes del estreno del film de Cukor, y que, ya en los primeros 40, se representaba en Broadway con nada menos que Vincent Price en el papel masculino principal. Dicha obra se dio a conocer como Angel Street, y parece ser que ese mismo nombre se conservó luego para la película inglesa original, así como para un telefilm de 1946 protagonizado por Judith Evelyn, Henry Daniell y Cecil Humphreys. Han habido muchas más versiones de la pieza de Hamilton, sobre todo teatrales, pero con estas primeras basta para situarnos en el momento en que se estrena Luz que agoniza que, por la popularidad de su fuente original, y la de sus intérpretes y director, parecía tener el éxito asegurado...

La historia...
Boyer, Bergman, Cotten: un trío de lujo
En el Hollywood de los primeros 40 parecían haberse puesto de moda los thrillers con la combinación caserón siniestro- dama en apuros -marido intrigante o misterioso: sirvan como ejemplos la misma Rebeca de Hitchcock, la estupenda El castillo de Dragonwyck de Mankiewicz o incluso Alma rebelde, la versión de Jane Eyre de Robert Stevenson.

Luz que agoniza contiene también todos estos elementos. Su argumento nos traslada al Londres del siglo XIX, una época que para mí hace más fascinante aún la película por lo mucho que me gusta… La famosa cantante de ópera Alice Alquist es asesinada. Su joven sobrina Paula (Terry Moore) descubre el cadáver. El caso no se logra esclarecer. Pasa una década. Paula (Ingrid Bergman) es ahora toda una mujer que vive en Italia e intenta seguir los pasos artísticos de su tía, enseñada por un viejo maestro de canto y acompañada por un galante y maduro pianista con el que tiene un romance, Gregory Anton (Charles Boyer). Paula opta finalmente por abandonar su carrera artística y sentar cabeza con su amado y, a sugerencia de éste, se trasladan a la antigua casa de Alice Alquist, que la muchacha ha heredado.

Un villano odiosamente encantandor
A partir de ese momento, lo que prometía ser una feliz vida en pareja se va a convertir en un infierno para Paula, quien, según su marido, está sufriendo despistes e imaginando cosas continuamente: pierde objetos, cree ver la luz de gas de las lámparas bajar y subir, oye pasos… Dudando de su propia cordura, aislada del mundo por recomendación de Anton y con su salud supuestamente delicada como excusa, sin más compañía que una vieja cocinera sorda y una joven criada impertinente que la saca de quicio, nuestra heroína estará a punto de sucumbir. Por suerte, el apuesto y despierto detective Brian Cameron (Jospeh Cotten), admirador en su momento de la tía de Paula, empezará a sospechar de la extraña relación del matrimonio y de la actitud del marido, y comenzará a indagar… La realidad es que –está claro casi desde el principio de la película, así que creo que no chafo la sorpresa a nadie– Anton es el asesino de Alice Alquist, y ha compuesto un ingenioso plan para poder buscar a sus anchas por la casa unas valiosísimas joyas que pertenecían a la difunta cantante…

Reparto secundario y Oscars
Ingrid no está sola
El magnífico, maravilloso e impagable trío que encabeza el reparto se completa con secundarios principalmente británicos entre los que encontramos a Barbara Everest como la cocinera Elizabeth, a May Whitty como la cotilla vecina señora Thwaites, Tom Stevenson como el policía Williams, y una debutante (celebró la mayoría de edad durante el rodaje del film) Angela Lansbury como la descarada criada Nancy. Resulta curioso que esta hoy en día veterana actriz –única superviviente de la plantilla de actores del film junto con Terry Moore–, relegada prácticamente al medio televisivo y recordada sobre todo por la serie Se ha escrito un crimen, comenzara su carrera con tan buen pie (fue nominada al Óscar por su papel) y de tan buena mano (siempre recordó con cariño lo bien que le trataron Cukor y los actores principales a pesar de que era una recién llegada).

Lansbury y Boyer: ¿conspirando contra la señora?
Y hablando de las doradas estatuillas de Hollywood: Luz que agoniza fue nominada a siete de ellas en la ceremonia de 1945, aunque sólo se llevaría finalmente dos: a la dirección artística (innegable el acierto del equipo de Gibbons al construir los decorados sobrecargados y claustrofóbicos de la casa donde transcurre la mayoría del film) y, cómo no, a la actriz principal, y es que Ingrid está absolutamente sublime como esa Paula Alquist primero dichosa y enamorada, después atormentada y sufridora (un tipo de personaje que bordaría a menudo), y finalmente indignada e iracunda cuando conoce las intenciones reales de su marido… Esta sería la segunda nominación al Óscar de Ingrid (quien también ganó el Globo de Oro), y el primero de los tres que cosecharía durante su espléndida carrera. El resto de nominaciones de la cinta fueron a la mejor película, mejor actor (Boyer), mejor guión y mejor fotografía, además de la ya mencionada para Angela Lansbury. Curiosamente, el director, George Cukor, no fue nominado.

En resumen y en retrospectiva
Sublime en todos los registros de su personaje
Treinta años sin Ingrid ya. Y muy cerca del centenario de su nacimiento el próximo 2015. Casi siete décadas del estreno de Luz que agoniza, convertida en una joya del cine clásico. Tal y como la acabé de ver el otro día a raíz de este artículo, hubiera vuelto a empezarla. No quiero dejarme llevar por la pasión ni caer en afirmaciones superficiales y desacertadas, pero casi le dan a uno ganas de decir aquello de que “ya no se hacen películas como esta”. Y, sí, en cierta manera es cierto. Sigue habiendo buenos filmes, buenos actores y buenos directores –sería ridículo empeñarse en lo contrario–, pero, simplemente, las cosas, las maneras, las técnicas, los criterios estéticos, cambian con los tiempos, así que, es verdad: ya no se hacen películas así, porque así era como se hacía en otra época de la historia, que no tiene que ser ni mejor ni peor que la nuestra pero que, sin duda, con el paso de los años, la perspectiva de tantas décadas, y esa traidora que tanto se aprovecha de nosotros que es la nostalgia, nos la hacen ver con mayor benevolencia y cariño.

Una curiosidad para terminar: la obra teatral de Patrick Hamilton y sus adaptaciones a la pantalla popularizaron la expresión “hacer (a alguien) luz de gas”. Como en la película que hemos repasado, se trata, claro está, de convencer a una persona que ve o imagina cosas con el fin de hacerle dudar de su memoria y de su salud mental. Hoy en día ya no se utiliza el gas para iluminar las casas, pero seguro que siguen habiendo personajes como el de Charles Boyer en Luz que agoniza… ¡Cuidado!

Un descanso en el rodaje...

lunes, 29 de agosto de 2011

Recordando a Ingrid Bergman (de nuevo)

Tal día como hoy de 1915 nacía en Estocolmo, Suecia, Ingrid Bergman. Y también tal día como hoy, pero de 1982, la actriz nos decía adiós en su domicilio de Londres, Inglaterra. Efectivamente: se da la curiosa casualidad de que Ingrid vino al mundo y lo dejó en el mismo día de finales de agosto, aunque con sesenta y siete años de diferencia. Ya el año pasado dediqué a la que es una de mis grandes divas un pequeño artículo recordando brevemente su carrera y su vida (véase), pero en esta fecha tan señalada me ha parecido oportuno volver a mencionarla. No en vano Ingrid se ha repartido siempre mi corazón cinéfilo con mi otro gran amor de la pantalla, Audrey Hepburn. En el último año y pico he tenido ocasión de recuperar tres películas suyas que no había visto previamente –que yo recuerde– y la verdad es las tres (El albergue de la sexta felicidad, El Rolls-Royce amarillo y Flor de Cactus) me han ratificado mi admiración por el maravilloso talento, la chispa y la radiante presencia de Ingrid. Fue sin duda una actriz excepcional y una de las grandes Damas del Cine Clásico (¡o del Cine, simplemente!).

Había pensado hacer una pequeña selección de joyas de entre su filmografía, pero me es imposible elegir sólo unas pocas. Aún me quedan, además, unas cuantas películas suyas por ver, a pesar de que sólo participó en medio centenar de ellas; especialmente sus etapas sueca e italiana. Es una asignatura pendiente que quiero aprobar en esta vida… Siempre en nuestro recuerdo, Ingrid… ♥  

domingo, 29 de agosto de 2010

Ingrid Bergman, 29-8-1915 / 29-8-1982

Todavía no he tenido ocasión de hablar en este blog de una de mis grandísimas actrices favoritas, la única para mí casi a la misma altura, en mi panteón particular, de mi adorada Audrey Hepburn. Y, puesto que a menudo utilizo fechas de aniversarios de nacimientos o fallecimientos como pretexto para recordar a algunos actores, la de hoy, 29 de agosto, me viene más que perfecta para traer a colación a la mítica sueca: y es que Ingrid nació y murió el mismo día, aunque con sesenta y siete años de diferencia.

Nacida en Estocolmo en 1915, y huérfana desde joven, se inició en el teatro y en el cine siendo adolescente. Su primer papel fue en la película de 1932 Landskamp, aunque su gran momento llegó con Intermezzo de Gustaf Molander cuatro años más tarde. Su trabajo en ella llamó la atención de los cazatalentos de Hollywood hasta el punto de que decidieron “importarla” para hacer el oportuno remake en 1939, y a raíz de ello, Ingrid se instaló en los Estados Unidos y comenzó una fulgurante carrera que la llevó a convertirse en una de las actrices más admiradas del país y de medio mundo.

Si bien su vida profesional estuvo plagada de éxitos y alegrías durante esa época (últimos treinta y toda la década de los cuarenta), la personal y sentimental fue algo más azarosa y agridulce: casada desde bien joven con un médico sueco y madre de una niña, descuidó bastante a su familia en favor de su carrera artística, y en 1949 escandalizó a la mojigata sociedad estadounidense de la época –que, seguramente, había caído en el error de confundir a la actriz con sus impecables personajes– al iniciar una relación con el director italiano Roberto Rossellini estando todavía casada con su primer marido. A raíz de esto, Ingrid se instaló en el país del realizador, con quien tendría un niño y dos niñas gemelas y rodaría cinco largometrajes muy bien considerados entre la cinefilia más “selectiva”, aunque no están personalmente entre mis favoritos. Las infidelidades de Rossellini pusieron pronto fin al matrimonio e Ingrid volvería a su primer país adoptivo, Estados Unidos, por la puerta grande, transcurriendo entre éste y Europa el resto de su carrera.

Enferma de cáncer desde los años 70 (le habían sido extirpados ambos pechos), y con un brazo medio inútil, su último gran papel fue el de la primera ministra israelita Golda Meir para el telefilm británico de 1982 Una mujer llamada Golda, por el que recibió un Emmy a título póstumo, ya que moriría ese mismo año en Inglaterra. Cuatro años antes había trabajado para el cine en su postrera película,  Sonata de otoño, con su paisano Ingmar Bergman. Suerte que nos dejó a su hija Isabella quien, aunque no ha tenido una carrera tan exitosa, ha heredado gran parte de la belleza y del encanto de su madre.

Por cierto, me he dejado conscientemente mi selección filmográfica de Ingrid para el final porque me gustan muchísimas películas suyas y me resulta difícil priorizar alguna, pero empezaremos, por supuesto, por la legendaria Casablanca (1942) seguida de Luz que agoniza (1944), El extraño caso del doctor Jekyll (1941), ¿Por quién doblan las campanas? (1943), sus tres trabajos con mi director preferido, Alfred Hitchcock: Recuerda (1945), Encadenados (1946) y Atormentada (1949) o Anastasia (1956). Claro que también me gustan Arco de triunfo (1948), Indiscreta (1958), El albergue de la sexta felicidad (1958) Asesinato en el Orient Express (1974)… por favor, ¡no me hagáis elegir! (A los fans de Rossellini: os prometo que volveré a dar una oportunidad a los trabajos de Ingrid con él; quizá cuando los vi era demasiado joven para valorarlos debidamente).

Un par de curiosidades para acabar: es una de las actrices con más Oscars (tres), y el cantante y guitarrista Chuck Berry le puso su nombre a una de sus hijas en homenaje a la intérprete sueca. Aprovecho también para recomendaros el excelente libro de Donal Spotto Notorius. La vida de Ingrid Bergman, publicado por T&B Editores.