Aunque no me toca tan de cerca ni tan personalmente como en lo referente a Ray Harryhausen, hay que reconocer que con la muerte de Alfredo Landa hoy a los 80 años se cierra también un capítulo del cine; al menos, del cine español. Él era prácticamente el único superviviente -la única excepción que se me ocurre es Saza- de aquella época tan entrañable como infame que fue la de la "españolada". Se quejaba Landa de que, con su físico vulgar y bajito, sólo le daban papeles de graciosillo, pero a partir de la Transición demostró que podía ser un actor sólido y competente también en papeles dramáticos. Como prueba de ello nos quedan películas como las dos partes de El crack, Los santos inocentes o Los paraisos perdidos, sin olvidar clásicos de la comedia española más reciente como La vaquilla o El bosque animado.
