No esperaba tener que acabar el mes con otra entrada más, y menos aún para dar una mala noticia, pero así va a ser: confeccionaba en el homenaje a Kirk Douglas hace unas semanas una lista de actores clásicos de Hollywood que aún seguían vivos, y en el breve lapso transcurrido desde entonces hemos perdido a dos de los incluidos: Kevin McCarthy y, ahora, Tony Curtis, que nos dejó ayer mismo.
Nunca fue uno de mis actores preferidos, pero como aficionado al cine clásico he visto muchas de sus películas y es uno de esos rostros totalmente familiares con los que he crecido. Entre aquellos de sus trabajos que más recuerdo citaría Winchester 73 (1950), El gran Houdini (1953), Coraza negra (1954), Los vikingos (1958), Fugitivos (1958), Con faldas y a lo loco (1959) -cómo no-, Operación Pacífico (1959), Espartaco (1960), Taras Bulba (1962), Encuentro en París (1964), La carrera del siglo (1968), El estrangulador de Boston (1968) o El espejo roto (1980), pero estos son sólo algunos de los más de cien largometrajes en los que trabajó desde 1949 hasta la actualidad que demuestran su enorme versatilidad.
Nacido en el neoyorkino barrio del Bronx un 3 de junio de 1925, se llamaba en realidad Bernard Schwartz, y del primero de sus seis matrimonios -con la actriz Janet Leigh- nacería su hija Jamie Lee Curtis, digna continuadora de la labor actoral de sus dos famosos progenitores. Siempre se ha dicho que su peinado inspiró a Elvis Presley, quien al comienzo de su carrera decidió tintarse el cabello de negro.
