"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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sábado, 14 de febrero de 2015

Caballeros extraordinarios (II)

(Primera parte aquí)

Trilogía Century (2009-2012)
Dos años después del destacable Dossier Negro, los inquietos Moore y O´Neill vuelven a la carga con más aventuras de los Caballeros, aunque esta vez lo hacen de una forma diferente: una trilogía de cómics, de 80 páginas cada uno, con una trama común pero que tiene lugar en varios momentos de ese siglo que da título a la nueva serie. Así, a lo largo de tres años aparecen “1910”, “1969” y “2009”, fechas en las que acaecen respectivamente las historias de cada entrega. De nuevo serán Mina y Allan, además del también inmortal Orlando de Virginia Woolf, los personajes recurrentes en la trilogía, a los que ayudarán ocasionalmente otros aliados. Su misión durante todos estos años será la de acabar con un anticristo que el ocultista Oliver Haddo (el personaje de W. Somerset Maugham), quien traslada su mente de un cuerpo a otro para así extender su vida más allá de lo razonable, se empeña en traer al mundo.

Es curiosa la forma en la que Moore y O´Neill presentan estos nuevos episodios de la Liga –que en un principio querían centrar sólo en la época victoriana–, con enormes saltos en el tiempo que cubren décadas, porque da la impresión de que así tienen muy poco margen para ofrecer nuevas aventuras del grupo en un futuro, pero también dejan caer que, en el ínterin entre una entrega y otra, ha habido nuevas formaciones.

Nemo: el spin-off
Mientras esperamos a que reaparezcan –o no– nuestros Caballeros Extraordinarios, sus autores han concebido otra nueva trilogía que no tiene que ver con ellos directamente, pero que sí se origina en ésta, eso que los modernos llaman un spin-off: en la primera entrega de Century los lectores conocemos a Janni Dakkar, la joven hija del Capitán Nemo, quien en un principio no quiere aceptar el nefasto legado de su moribundo padre e intenta huir de ambos, pero que finamente acabará decidiendo capitanear el mítico Nautilus. Ella será la protagonista de este nuevo triple trabajo de Moore y O´Neill que llevará el título de Nemo, y que está compuesto por los volúmenes Corazón de hielo, Las rosas de Berlín y el todavía inédito River of Ghosts, previsto para la próxima primavera. Las tres entregas nos llevan, respectivamente, a 1925, 1941 y 1975, con Janni viajando en distintos momentos de su vida a una lovecraftiana Antártida, a la “Tomania” nazi y al Amazonas, respectivamente. La serie Nemo ha sido presentada en su edición española como un elegante cómic-book de 64 páginas en tapa dura.

La película
La olvidable adaptación al cine
Suele quejarse Alan Moore casi invariablemente de todas las versiones fílmicas de su obra, y esta protesta me parece exagerada, ya que considero que Desde el infierno, V de Vendetta y Watchmen son las tres buenas adaptaciones a la pantalla grande si las entendemos precisamente como eso: adaptaciones de un medio a otro que se expresa de una manera diferente. Pero, en el caso de The League of Extraordinary Gentlemen (que aquí, para más inri fue titulada La Liga de los Hombres Extraordinarios), le he de dar toda la razón…

El proyecto co-producido por 20th Century Fox, dirigido por Stephen Norrington y estrenado en salas en 2003 no tiene prácticamente nada o casi nada que ver con los cómics en los que se inspira (principalmente el volumen I). La violencia y la sexualidad explícitas en éstos, la sordidez y el patetismo de los a veces, hasta siniestros personajes principales, su condición de marginados sociales, raramente se percibe en el film donde, por ejemplo, Allan Quatermain es interpretado por un Sean Connery que transfiere al personaje su impecable imagen pública y su infalibilidad como héroe de la pantalla; nada que ver con un viejo decrépito y drogadicto.

El resto del reparto lo integran Peta Wilson como Mina Harker, Naseeruddin Shah como Nemo, Jason Flemyng como el doctor Jekyll y Tony Curran como el Hombre Invisible, además de dos actores que encarnan a sendos personajes ausentes en el cómic e incorporados a la versión en celuloide: Shane West como Tom Sawyer, y Stuart Townsend como Dorian Gray.

Una verdadera lástima el dato con que concluyo este apartado: Sean Connery se retiró de la actuación precisamente tras rodar este film, triste testamento de un actor que nos ha dejado tantísimos buenos trabajos. De Stephen Norrington tampoco se ha vuelto a saber mucho, ya que no ha vuelto a dirigir nada desde entonces.

Penny Dreadful
El pasado 2014 se estrena en televisión la serie Penny Dreadful, que toma su curioso nombre de las antiguas publicaciones juveniles decimonónicas que se recreaban en historias morbosas y truculentas, un obvio precedente de los cómics de terror del siglo XX y, en cierta medida, de las revistas pulp. Desde las primeras imágenes promocionales que aparecen en internet se hace más que evidente que estamos ante una suerte de remedo catódico de La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Los personajes no son exactamente los mismos, por supuesto, pero no hay que esforzarse mucho para encontrar en el veterano explorador africano que interpreta Timothy Dalton, Sir Malcolm Murray (quien, por cierto, es el padre de Mina), a un claro sosias de Allan Quatermain,entre otras similitudes. El resto de componentes de esta “liga” televisiva resultan ser el mismísimo doctor Frankenstein (Harry Treadaway), siempre acosado por su criatura (Rory Kinnear), de nuevo Dorian Gray (Reeve Carney), y dos personajes creados para la serie: Ethan Chandler (Josh Hartnett), un pistolero americano que esconde un oscuro secreto, y Vanessa Ives (Eva Green), una joven con extraordinarios a la vez que temibles poderes paranormales, eso sin olvidar la aparición esporádica de otros mitos de la literatura fantástica clásica como Abraham Van Helsing, interpretado por el sin par David Warner en un impagable guiño al género del que es habitual el actor.

Penny Dreadful: la Liga bastarda

Esperé y seguí con interés la primera temporada de Penny Dreadful: ocho episodios de una hora de duración cada una, y debo decir que se confirmó mi impresión inicial de que la serie era un intento de llevar a la pequeña pantalla una idea similar a La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Hasta hay que admitir que, con su galería de personajes torturados, pervertidos y siniestros, es incluso más próxima al espíritu del cómic de Moore/O´Neill que la película de Norrington. Para ser sinceros, creo que en general me resultó interesante pero que podía haber sido más redonda, ya que en algunos episodios ritmo y tono cambian de una manera quizá demasiado drástica o desconcertante. Los personajes que me parece que salieron más mal parados son los vampiros a los que se enfrenta el grupo protagonista, teóricamente liderados por Drácula, y más cerca de la “bestezuela tarantiniana” que tanto detesto que del vampiro clásico romántico que cabría esperar en una serie con la ambientación de Penny Dreadful. Ni qué decir tiene que ya estoy atento a la llegada de la segunda temporada –esta vez con 10 episodios– el próximo mes de mayo.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Caballeros extraordinarios (I)

Fui un voraz consumidor de cómics hasta poco antes de llegar a la mayoría de edad. Para entonces había encontrado nuevos intereses o reafirmado otros ya antiguos que me apasionaban más que la degustación de viñetas. Nunca he abandonado enteramente el llamado 9º Arte, pero mis incursiones en ese terreno durante las pasadas dos décadas y media han sido más bien escasas. Precisamente una de las pocas series de cómics que he seguido con interés ya entrado este siglo XXI ha sido La Liga de los Caballeros Extraordinarios, concebida por el infame guionista Alan Moore, ilustrada por Kevin O´Neill, y publicada inicialmente por la editorial británica America´s Best Comics, y, en España, por Planeta-DeAgostini.

No recuerdo exactamente cómo descubrí el tebeo; creo que muy probablemente por recomendación de un amigo. Me llamó la atención. Era imposible que no lo hiciera siendo un gran aficionado a la literatura romántica, gótica y victoriana porque, ¿qué era lo que aparecía en su portada? Toda una serie de personajes de algunas de las novelas más famosas de dichos períodos, obras y autores todos a los que había leído desde bien joven.

Mi primera impresión fue que el cómic trataba sobre una especie de grupo de superhéroes decimonónicos. No iban por ahí los tiros, todo lo contrario. Aquellos “caballeros extraordinarios” eran más bien antihéroes, por no decir obvios parias sociales, individuos con serios traumas personales algunos, y de dudosa moralidad los otros, eso cuando no se daban cita ambas características en un mismo personaje: el Doctor Griffin, el Hombre Invisible de H.G. Wells, era un depravado que aprovechaba sus poderes para, entre otras cosas, violar a colegialas ingenuas; el Capitán Nemo de Jules Verne era un pirata hindú que se había convertido en el azote de la flota británica, a la que atacaba sin piedad con su moderno submarino Nautilus; Allan Quatermain, el otrora famoso cazador y explorador de las novelas de H. Rider Haggard, se había convertido en una vieja leyenda olvidada que languidecía en un perdido poblado africano atiborrándose de opio; el Doctor Jekyll de Robert Louis Stevenson era poco menos que un paranoico que vivía en continuo estado de ansiedad aterrado porque apareciera su alter ego, un brutal y monstruoso Mr. Hyde más cercano en aspecto al Hulk de Marvel que al personaje malvado pero más humanizado que siempre asociamos a ese nombre; por último, la Mina Murray de Bram Stoker había sido despreciada por la sociedad y por su propio exmarido debido a un supuesto adulterio con “un extranjero” (obviamente, Drácula) que le había dejado, por cierto, terribles cicatrices (nada de “dos puntitos”) en un cuello que ella siempre lleva tapado. Curiosamente, el único personaje femenino de la liga demuestra ser el más cabal, equilibrado e inteligente; no es de extrañar que rápidamente se erija en líder de este peculiarísimo grupo.

Portadas de los seis números del volumen I (1999-2000). Hoy día pueden encontrarse todos juntos en un estupendo tomo de tapa dura.

Volúmenes I y II (1999-2003)
The League of Extraordinary Gentlemen irrumpe por primera vez en los kioskos y librerías en 1999, en la forma de una serie de 6 cómic-books estándar de 28 páginas cada uno (cuatro de ellas con un relato). En una desasosegante Inglaterra de estética steampunk, exactamente en 1898, los cinco personajes son reclutados por el gobierno de Su Majestad debido a sus características excepcionales para hacer frente a un temible enemigo que acabará revelándose nada más y nada menos que como el mismísimo Fu Manchú. A lo largo de esa media docena de números nuestro grupo tendrá, no sólo que sacar a la luz y poner fin a todas las intrigas del criminal asiático, sino también que hacer frente a sus propias fobias, inseguridades y desavenencias. Sin ir más lejos, Mr. Hyde es poco menos que una bomba de relojería que, cuando estalla, se dedica a desmembrar al primero que pilla, sin importar si es amigo o enemigo –solamente la gentil Mina parece capaz de contenerle y de llegar al escondido corazoncito del hombre bestia–, Griffin es un delincuente sin escrúpulos en el que no se puede confiar, a Quatermain le cuesta mantenerse “limpio” y no volver a su adicción, y Nemo no parece demasiado interesado en ayudar a una nación a la que detesta…

El volumen II de la Liga llega dos años después de que finalizara el primero, en 2002, aunque en la ficción transcurre inmediatamente después que el volumen I. De nuevo el “grupo de Murray”, como pasa a ser conocido, es requerido para librar a su país, y al mundo entero, de otra terrible amenaza: nada menos que la invasión marciana de la novela de H.G. Wells La guerra de los mundos. Tras las seis entregas de rigor, concluyen, aparentemente, las aventuras de estos caballeros y damas extraordinarios. El final de esta nueva aventura parece dejar claro que el grupo difícilmente va a volver a reunirse, pero no va a ser exactamente así, aunque pasará algún tiempo antes de que volvamos a saber de nuestros (anti)héroes…

La seis entregas del volumen II (2002-2003): ¡llegan los marcianos!

Quedé sorprendido –acostumbrado a cómics muy diferentes y después de mucho tiempo sin demasiado contacto con ninguno de ellos– por la lectura de estos dos primeros volúmenes de La Liga. El dibujo en un principio feista y algo caricaturesco de O´Neill acabó finalmente convenciéndome y lo acepté como adecuado para el tipo de historias y personajes que trataba. Me gustó especialmente algo que valoro sobre todas las cosas en un tebeo: el “equilibrio” entre texto y dibujo. Ni puedo disfrutar una historieta que sea básicamente visual, sin apenas diálogos o notas ni, por el contrario, me gustan aquellos cómics que prácticamente son una serie de enormes bocadillos con algún pequeño dibujo ilustrándolos (caso de From Hell del propio Moore, que considero hubiese sido más acertado en forma de novela literaria). Para mí un cómic con ilustraciones detalladas, en las que te puedas recrear buscando detalles, pero que también “cuente” una historia con palabras es el trabajo ideal, y no muy a menudo consigo encontrar esta mezcla perfecta.

Además, uno de los aspectos más ricos y destacables de toda la serie de La Liga de los Caballeros Extraordinarios es la continua aparición, a lo largo de sus páginas, de personajes, situaciones, alusiones e indirectas a infinidad de referencias del cine, la televisión, la literatura y la cultura popular, tanto visuales como textuales. Hay que andarse extremadamente atento y prestar muchísima atención para captarlas todas (cosa que no sé si es posible). Tanto es así, que en internet hay hasta completísimas guías con anotaciones de todas estas menciones y apariciones. Desde el mismo Moriarty hasta Roman Polanski, pasando por el Auguste Dupin de Poe, el Astolfo Hynkel de Chaplin, el Ismael de Moby Dick, el doctor Moreau de Wells, el Próspero de Shakespeare, el James Bond de Flemyng, la Emma Peel de Los vengadores, etc, etc, etc, el desfile del enorme imaginario cultural de Alan Moore es tan sorprendente como admirable, y sin duda uno de los mayores retos y atractivos de leer esta serie de cómics.

Otras de las cosas que me atrajo de esta publicación y que me mantiene interesado en ella son precisamente sus series limitadas a unos pocos números autoconclusivos, nada de interminables colecciones que se extienden mes tras mes y año tras año, cosa que me hubiera hecho perder interés en seguir esta publicación. Creo que el concebir obras de esta manera ayuda a que sean más sólidas y creíbles.

Dossier Negro: el regreso
En 2007, cuando ya daba la impresión de que la obra conjunta de Moore y O´Neill no iba a tener continuación, los autores nos sorprenden con el Dossier Negro: un curiosísimo y original experimento de 200 páginas en el que se mezcla la propia historieta estándar de la liga con otros diversos formatos literarios y visuales, encartes y relatos y hasta una sección en 3D, gafas incluidas.

Transcurre en el año 1953. Inglaterra ha sobrevivido al temible Gran Hermano de Orwell y Mina Murray y Allan Quatermain reaparecen para robar –en un curioso ejercicio de metalenguaje– ese misterioso documento que da título a la novela gráfica y que iremos leyendo conjuntamente con ellos. ¿Qué cómo pueden seguir vivos después de más de medio siglo desde su última aventura? Muy sencillo, al menos cuando tienes un vasto patrimonio literario al que recurrir: ambos se bañaron en la fuente de la Ayesha de Rider Haggard y obtuvieron la inmortalidad (y, además, Quatermain rejuveneció). De hecho, los componentes de esta pareja (también sentimental) serán los únicos personajes fijos en todas las entregas de la saga.

El Dossier Negro es una extraordinaria propuesta en el mundo del cómic-boook que merece la pena ser leída, especialmente, claro está, si se es seguidor de La Liga o se está familiarizado con ella –aunque en realidad es un volumen independiente–. Por cierto, con él aprendemos también que este grupo de caballeros extraordinarios no comenzó con la formación con la que lo conocimos en el primer volumen, sino que se remonta a siglos atrás y ha estado al servicio del gobierno británico desde entonces, albergando en sus filas a personajes tan dispares como Gulliver, Caliban, Fanny Hill, Don Quijote o Phileas Fogg, e incluso teniendo versiones similares en otros países como Francia o Alemania.