"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
Mostrando entradas con la etiqueta Cine de 2017. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine de 2017. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de enero de 2018

El cine de 2017: Breve resumen

Hace ahora doce meses ya adelanté que no continuaría con los detallados informes sobre el cine que veía cada año, pero sí ofreceré un pequeño resumen que será, muy posiblemente, la última entrada de este blog, que planeo clausurar el próximo 17 de enero con ocasión de su octavo aniversario.

2017 concluye con un número algo menor de largometrajes vistos en total que el pasado año (dediqué algún tiempo más a series), aunque con más vistos en pantalla grande. Además ha sido un año muy especial, porque ha traído algunas películas que me han entusiasmado de manera excepcional, títulos que posiblemente atesore durante el resto de mi vida, y que han sido, en este orden, Blade Runner 2049, película con la que su director Denis Villeneuve se consagra definitivamente en mi panteón cinematográfico y que ha dignificado ese género tan necesitado de calidad hoy en día como es el fantástico, y La ciudad de las estrellas, una cinta que me dejó buen sabor de boca desde el primer visionado y que, tras dos más, puedo decir que me ha conquistado por su innegable regusto clásico y por parte (que no toda) de su banda sonora. Insisto en que no soy especialmente fan de Ryan Gosling, a pesar de la curiosa coincidencia de que es el actor principal de ambos títulos. No quiero dejar de mencionar otras películas que también me parecieron muy destacables como fueron Dunkerque o ese digno final de la trilogía simiesca con La guerra del planeta de los simios.

El año ha traído también fracasos y decepciones, más grandes o más pequeñas. Disney (por medio de Marvel y Lucasfilm) parece cada vez más empeñada en invadir las pantallas con obras insípidas, repetitivas, destinadas a un público infantil/juvenil/familiar con pocas exigencias, y esto se está reflejando cada vez más en un género que hasta hace poco seguía con cierto interés que es el de superhéroes, pero también hasta en la franquicia de Star Wars, en la que este año, la compañía del ratón y el director Rian Johnson se han empeñado en desbordarnos con escenas cómicas y en aligerar y trivializar una saga que nunca antes había tenido ese tono (quizá con la excepción del infame Episodio I), y por la que empiezo a temer sabiendo en manos de quién está. En cualquier caso, lo peor para mí visto en pantalla grande este año es claramente Rey Arturo: La leyenda de Excalibur, una auténtica patraña cinematográfica que deambula entre el vídeo-clip, el videojuego y la publicidad televisiva que invita a huir de los siguientes trabajos que pueda ofrecernos su director, Guy Ritchie. Sin llegar a tal nivel, Kong, la Isla de la Calavera también me parece una de las mayores decepciones del género fantástico de 2017.

En el cine que he tenido que rescatar en formato doméstico destaco este año dos cintas que me han calado bastante, el western Brimstone y el melodrama La luz entre los océanos, y también algunos clásicos como Entre dos mundos, El carnaval de las almas, así como la oportunidad de poder ver por fin varias de las primeras películas suecas y alemanas de mi adorada Ingrid Bergman (El pacto de las cuatro, Un rostro de mujer y Noche de junio).

Algunas de mis favoritas del año...

Comienzo el 2018 con cierto desánimo, pues muchas de las películas que normalmente espero con interés –principalmente, por supuesto, las relacionadas con mi género favorito, el fantástico– no prometen demasiado visto lo que he expuesto anteriormente: los lamentables derroteros de la megaempresa artífice de todas ellas –la Disney–. Aún con todo, estaré atento a los estrenos de Solo: Una historia de Star Wars, Los Vengadores: La guerra del infinito e incluso la segunda parte de Ant-Man, aunque sólo sea por la presencia de Michelle Pfeiffer y de Evangeline Lilly. Un año más termino lamentándome de la ausencia en las pantallas españolas de casi todos los últimos trabajos de mi actriz favorita del cine actual, Natalie Portman, cuyas películas parecen acarrear ya una maldición en este país: recientemente se nos informaba de que Aniquilación –en un principio prevista para febrero– no se estrenará finalmente en las salas de fuera de EE.UU. porque, para disgusto de su director y de los que la esperábamos en cine, su productora la considera “demasiado intelectual”. Así están las cosas ahora mismo: parece que todos estos señores que toman las decisiones sobre qué se debe o no rodar y estrenar han decidido que somos demasiado tontos para entender ciertas películas, y por ello prefieren obsequiarnos con bobadas infantilizadas llenas de luces y colorines. Lo que más miedo me da es que puedan tener razón.

Películas vistas en 2017
-En pantalla grande: 54
-En televisión: 151
-TOTAL: 205

Salas y terrazas visitadas
Alucine Sagunto: 43
Aragó Cinema: 1
Casal Jove: 1
Jardines del Casino: 2
Kinépolis: 5
Lys: 1
Terraza Serra: 1

Entradas gratuitas: 7

Películas en las que he sido el único espectador: 2 (Churchill en Kinépolis y Musa en Alucine)

viernes, 29 de diciembre de 2017

El cine de diciembre

Con diciembre llega una vez más, y como ya viene siendo tradicional desde hace tres años, un nuevo estreno de la franquicia Star Wars, Los últimos jedi, dirigida en esta ocasión por Rian Johnson. Había comenzado a redactar una larga reseña de la película, como hago siempre con las entregas de la saga galáctica, pero finalmente he desistido. La resumiré diciendo que ha sido una decepción parcial por el tono marcadamente humorístico que ha decidido meter su director, que me parece inapropiado y atípico en esta serie cinematográfica. El primer tercio de la película, con su exceso de comic reliefs, es un continuo desaliento al espectador que ingenuamente –como fue mi caso– espera mayor seriedad y dramatismo en esta secuela de El despertar de la fuerza. Claramente la Disney se ha empeñado en simplificar y aligerar cada vez más sus productos (véase el último Thor) y en conformar al espectador más común y menos exigente, que supongo que es el que, en última instancia, es el objetivo de la major cinematográfica y el que hace ricos a sus directivos. Johnson era un director al que tenía en gran aprecio por sus dos anteriores películas (Looper y Los hermanos Bloom, no he visto Brick), pero que ahora acaba de bajar un montón de puestos en mi lista personal. Miedo me da que en sus manos quede el futuro de la próxima trilogía de La guerra de las galaxias. Aún con todo, no negaré que este último Episodio VIII tiene buenos momentos, pero los desaciertos de sus artífices –siempre según mi discutible criterio– hacen que de ninguna manera logre ser una película redonda y sólida, y la sitúan por debajo de su predecesora (que tampoco me pareció una maravilla, pero sí al menos interesante; menos mal que Gareth Edwards hizo un buen trabajo con Rogue One). A ver si J.J. Abrams logra levantar la saga con el futuro episodio IX, pero vista la línea que pretende llevar la nueva Lucasfilm, ya tengo pocas esperanzas de que estos nuevos capítulos sean salvables y logren alcanzar cierto nivel de calidad (aparte de la puramente visual, en la que sobresalen indiscutiblemente).

Las otras dos películas del mes son Suburbicon de George Clooney, en donde destaca una vez más el ingenio de los hermanos Coen (guionistas de la película) para la comedia elegante, en este caso mezclada con el thriller de claras reminiscencias hitchcockianas (escúchese la banda sonora, o véase la escena entre Oscar Isaac y Julianne Moore) y el último trabajo de Woody Allen (Wonder Wheel), un director que considero vive prácticamente de su renombre y de la buena factura formal de sus trabajos desde hace años más que de la originalidad o el ingenio que, en su caso, parecen haber quedado ya caducos. A destacar en el film el trabajo de Kate Winslet y la cautivadora ambientación en los EE.UU. de los años 50, algo que comparte con el anterior largometraje.

Después de dos meses con una importante asistencia al cine, 2017 termina con un pequeño bajón en ese sentido: 4 visitas, 3 películas, 2 gratuitas (me invitaron a un segundo visionado de los jedi y entré con cupón a la de Allen). La programación excesivamente navideña/familiar/infantil de este diciembre hace que no me interese mucho por la mayoría de propuestas que me ofrece la cartelera local.

Con esta entrada cumplo mi cometido de dar fe en este blog de todas las películas vistas en pantalla grande durante 2017 (que podéis repasar aquí), un total de 54.

viernes, 8 de diciembre de 2017

El cine de noviembre

Hace ya muchos años que una parte del cine español se ha empeñado en copiar las fórmulas y formatos del cine comercial americano, reiterando en los clichés, temáticas y estructuras de éste (aunque, normalmente, con mayor gusto). Incluso muchas de estas películas “americanizadas” se valen de un reparto internacional para parecer foráneas y tener mayor proyección en el extranjero. Dos ejemplos perfectos de esto son El secreto de Marrowbone, de Sergio G. Sánchez, y la coproducción entre varios países Musa, de Jaume Balagueró, los dos primeros largometrajes que vi en cine en el pasado noviembre. Mientras la primera, siempre según mi gusto, no se sale de la mediocridad y de la reiteración de nociones y argumentos que hemos visto en otros títulos recientes del género de terror/fantasmagórico, tiene algunos momentos entretenidos e ideas interesantes, pero la segunda es totalmente predecible y aburrida, calcada de otras decenas de películas similares, bien hecha técnicamente, pero sin la menor imaginación (supongo que de eso se trata; de ir a lo seguro) y con un atractivo reparto femenino por desgracia desperdiciado en la anodina cinta.

Curiosamente –no sé si es que me gusta llevar la contraria– paso un buen rato con Liga de la Justicia, de Zack Snyder, película de la que esperaba poco ante su insulso reparto, mi escasa relación con el cómic que la origina, y todas las noticias previas sobre sus desaciertos, ante las cuales, por suerte, he permanecido más o menos al margen. El tono del film está mucho más cercano a lo que yo busco en una película de superhéroes –es decir, drama– que las comedias cada vez más insoportables con que nos viene obsequiando Marvel en los últimos tiempos, y conste que yo siempre he sido más de esta última editorial que de DC. En definitiva, encuentro esta última entrega superheroica del año bastante salvable y superior a muchas de las cintas del género que le han precedido en este 2017.

La sencilla propuesta de Oro, de Agustín Díaz Yanes –una expedición española en busca de El Dorado en el siglo XVI–, adaptada de una novela de Pérez Reverte, es la que más logra convencerme de todas las películas visas en noviembre, quizá precisamente por eso, por no ser tan pretenciosa como algunas de las anteriores, y ofrecernos una historia llena de tensiones entre una serie de personajes violentos y ambiciosos sobreviviendo en unas condiciones extremas.

A pesar de su cuidada ambientación y dirección artística, de un atractivo aunque poco aprovechado reparto, y de una meritoria labor como actor del que también es su director, Pánico en el Transiberiano, de Kenneth Branagh se me queda en un “quiero y no puedo”, y la película me resulta más bien sosa y con poca miga, quizá también por conocer bien el argumento y la resolución del misterio debido a adaptaciones previas de la famosa obra de Agatha Christie, entre las que me quedo con la versión de Sidney Lumet de 1974.

El mes termina con otra película que cuenta al menos parcialmente con producción español, La librería, de Isabel Coixet, una vez más adaptación de un original literario, en este caso de la autora Penelope Fitzgerald. A pesar de lo mucho que me atrae la ambientación en un pequeño pueblo costero inglés de los años 50 y su pareja protagonista –ya me he declarado en otras ocasiones admirador de Bill Nighy–, no puedo decir que esta última cinta vista en noviembre logre fascinarme o cautivarme de manera especial; más bien me deja con cierta indiferencia y redondea un mes relativamente mediocre en cuanto a cine visto en pantalla grande.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El cine de octubre

Aunque con altibajos, uno de los meses más destacables de 2017 a nivel de visionados cinematográficos, sencillamente porque ha contado con la que es de momento mi película favorita del año junto a –y posiblemente por encima de– La ciudad de las estrellas: me estoy refiriendo a Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve, que volví a repetir seis días después de acudir al estreno. Que una película me cautive o me interese tanto como para repetirla tan seguida (aunque la segunda vez fue gratis) creo que ya lo dice todo, aunque detallé un poco más mi opinión sobre ella en la reseña que hice el mes pasado. Pese a lo que pueda parecer, conste que no siento especial simpatía por Ryan Gosling, a pesar de que haya protagonizado mis dos cintas preferidas de año.

El resto de películas de octubre son variopintas tanto en calidad como en género o temática: Darren Aronofsky me sigue pareciendo, sin duda, un director diferente e interesante, y su última y controvertida obra, Madre!, me resulta lo suficientemente interesante durante buena parte de su metraje. Creo que, de haberse comedido su autor y no haber ofrecido el truculento y desbocado final, la película hubiese sido mucho más redonda y destacable.

Lo más flojo del mes llega con El muñeco de nieve de Tomas Alfredson, thriller cliché repetitivo y anodino que no logra salvar ni su atractivo reparto. Thor: Ragnarok, dirigida por Taika Waititi entretiene, pero resulta una fruslería millonaria tan espectacular a nivel visual como vacía de contenido o de carga dramática. La trilogía del superhéroe nunca me ha parecido muy buena, pero en sus inicios prometía algo más. Por desgracia, parece que Marvel está cada vez más decidida a embadurnar de humor pueril sus adaptaciones de cómics, y al tomar esa decisión corren el riesgo de perderme como futuro espectador, pues precisamente lo que busco son películas más serias sobre este subgénero, algo que la productora sólo ha logrado con la saga del Capitán América. También acepto que, seguramente, este tipo de productos están destinados a un público más joven.

Octubre termina con La cordillera. Desde hace algún tiempo sigo la trayectoria de Ricardo Darín, un actor que me parece admirable y que tiene algunas joyas en su filmografía, pero los dos largometrajes suyos que he visto este año (el otro fue Nieve negra) no me han parecido precisamente destacabales. En concreto, esta última película de Santiago Mitre me resulta aburrida, algo pretenciosa y mal estructurada (o estructurada de una manera muy rara), y en general decepcionante.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El cine de septiembre


Mejora un poco la calidad de lo visionado este mes en pantalla grande, cosa nada difícil habida cuenta del pésimo nivel de la mayoría de películas que vi en agosto. Para variar de tanto blockbuster hollywoodiense, empezamos con una española, La niebla y la doncella, de Andrés M. Koppel, que me resulta lo suficientemente entretenida y un respiro tras los penosos títulos vistos en las semanas previas.

A It de Andrés Muschietti acudo con cierta reticencia, que descubro era en vano, pues salgo sorprendido de su visionado, rememoro los tiempos ya muy lejanos en los que leía a Stephen King y veía las adaptaciones de sus novelas, y constato que es aún posible hacer cine de terror comercial medio decente. Además, creo que me han atrapado con eso del remember 80s (¡no a nivel musical!).

El resto de películas del mes me exigen desplazarme a otras localidades: estaba empeñado en ver Los misteriosos asesinatos de Limehouse, de Juan Carlos Medina por lo mucho que admiro a su actor principal, Bill Nighy, y por su ambientación en el Londres de finales del siglo XIX que tanto me fascina, pero salgo decepcionado de una cinta que encuentra un tanto insípida y con un ritmo y una estructura algo desatinados, quizá por pretender recrear demasiado fielmente la novela en que se basa. Esta película, al parecer de estreno limitado a nivel nacional, acudo a verla a los Aragó Cinemas, mi segunda visita al establecimiento tras su reapertura. Curiosamente tengo una nueva cita con los mismos cines a la semana siguiente para ver El resplandor de Stanley Kubrick, cuya proyección se ha conseguido mediante un evento youfeelm, pero al final no asisto a ella pese a haber comprado la entrada. No me importa esta pequeña pérdida económica y me alegra haber contribuido a que se reponga en un cine este clásico de los 80.

El mes acaba con Churchill, de  Jonathan Teplitzky, que ya comenté brevemente en un post de hace unos días. Brian Cox es otro actor al que admiro desde hace años y que nuevamente vuelve a brillar en este papel del Primer Ministro inglés. No sólo la mejor película del mes para mí, sino también una de las mejores de lo que llevamos de año, aunque curiosamente me tocó verla totalmente solo en una de las espaciosas salas de los Kinépolis.

jueves, 31 de agosto de 2017

El cine de agosto


Como es habitual en muchos otros cines, en el de mi localidad entregan un cupón de fidelidad a los espectadores que, tras ser sellado un cierto número de veces (seis en concreto), da derecho a una sesión gratuita. Normalmente completo una media docena de estos al año, a un ritmo de uno cada par de meses, pero en estos pasados junio y julio, mis visitas al cine se espaciaron de manera inusual. Como resultado de ello, el cupón estaba a punto de caducarme (tiene una validez de tres meses) y decidí arriesgarme a ver Arturo: La leyenda de Excalibur, de Guy Ritchie, confirmándose mis sospechas sobre la pésima calidad del film, de momento, lo peor que he visto en pantalla grande en lo que va de año. Entre el video-clip, el videojuego y el anuncio televisivo, acabé esta película bostezando y con dolor de cabeza por la vehemente y abrumadora banda sonora y, a partir de este momento, Ritchie pasa a estar en mi lista negra de directores. Me pensaré muy mucho ver nuevas películas suyas, habida cuenta de lo que ya hizo con uno de mis personajes favoritos, Sherlock Holmes, y a pesar de que su anterior trabajo, Operación UNCLE, me resultó entretenido.

El nivel de calidad del resto del cine visto en agosto no es demasiado superior, aunque por fortuna se me hace más pasable que esta revisitación en clave de rock de la leyenda artúrica. Atómica de David Leitch es posiblemente lo mejor de un mes dominado por la mediocridad, aunque sólo sea por la acertada ambientación en el Berlín de 1989 y por la belleza de sus protagonistas (incluyo a Sofia Boutella). Lástima que el exceso de música pop-rock de la época sature demasiado la narración y la eche a perder a menudo. Por eso, precisamente por la ausencia de música, la escena de la pelea en las escaleras me parece impresionante y lo mejor del film.

De Luc Besson nunca espero mucho. Es un director 100% comercial que para mí ha realizado quizá un par de largometrajes decentes (aunque tengo que agradecerle que descubriera a Natalie Portman), así que Valerian y la ciudad de los 1000 planetas resulta, por supuesto, otra película en la línea de este realizador francés. Visualmente apabullante, pero con poca chicha, proporciona un rato divertido y poco más.

El mes finaliza con La torre oscura de Nikolaj Arcel. No sigo a Stephen King desde hace décadas, ni he leído nada de la saga, ni tenía idea de qué iba. Me encuentro con una historia peor que manida en la que reaparece el mozalbete con poderes extraordinarios que está destinado a liberar el universo o casi, un cliché nada original viniendo de alguien como el escritor de Maine. Le encuentro un regustillo a las películas que veía de joven en los 80, y efectivamente me parece que esté destinada al sector adolescente del público, y es lo único que para mí salva esta película.

Al margen de las visitas al cine propiamente, comentar que, de nuevo, acudí a las sesiones de cine clásico al aire libre que la Asociación Cultural Nautilus organiza en mi pueblo a principios de agosto. En esta ocasión no pude ir a las cuatro películas (me perdí Cuenta conmigo y Psicosis), pero disfruté al menos volviendo a ver El hombre que pudo reinar y Primera plana.

martes, 1 de agosto de 2017

El cine de julio

Tras un mes de junio y una primera mitad de julio con poco cine, la cosa se empieza a animar a finales del último mes citado, y se rompe por fin una larga racha de películas mediocres con dos títulos más que interesantes que para mí demuestran una vez más que lo comercial no está necesariamente reñido con la calidad. Estos dos títulos son La guerra del planeta de los simios, de Matt Reeves, que reseñé el mes pasado, y Dunkerque, un drama bélico distinto que reafirma a Christopher Nolan como un director interesante y con personalidad dentro del panorama hollywoodiense, por contradictorio que esto pueda parecer. Es una cinta sin los desmesurados héroes con los que nos desbordan Spielberg o Eastwood, mucho más realista por ello, y que no se centran en los conflictos militares, sino en los avatares sufridos por toda una serie de personajes atrapados de una manera u otra en situaciones tensas y angustiosas, y a la que ayuda sobremanera la banda sonora del siempre eficaz Hans Zimmer y un amplio elenco de competentes actores que se reparten muy homogéneamente el protagonismo.

El mes termina con Spider-Man: Homecoming, que por desgracia no logra mantener el nivel de las otras dos películas vistas en pantalla grande en las semanas precedentes. Anda uno tan saturado de películas de superhéroes –y justamente más del hombre araña, cuyas aventuras se reinician por tercera vez– que ya es difícil que alguna de este subgénero le sorprenda mínimamente, con lo que este trabajo de John Watts se queda en entretenido y poco más.

Mencionar por último, como caso pseudo-cinematográfico, que acudí a ver La ciudad de las estrellas al Casal Jove de mi localidad, un recinto del Área de Juventud del Ayuntamiento que en verano ofrece algunas películas al aire libre y de manera gratuita. La proyección fue tan penosa en cuanto a calidad (un formato de pantalla cuadrado totalmente deforme, muy lejos del original) y circunstancias (luces, ladridos, niños, los encargados recorriendo los pasillos tras la pantalla), que no me atrevo a llamar a este mi tercer visionado de la cinta de Damien Chazelle “cine”…

viernes, 30 de junio de 2017

El cine de junio

Llega el verano y, con él, los blockbusters típicos de esta calurosa época del año, casi invariablemente orientados hacia un público juvenil y muchos de ellos enclavados dentro del género fantástico, lo que ya de por sí es una importante tentación para un servidor, que siempre se ha declarado fan de esta variante del 7ª Arte. La Momia de Alex Kurtzman presenta el nuevo “universo oscuro” con el que la Universal planea resucitar a todos sus monstruos clásicos de siempre con una nueva saga de largometrajes y, aunque tiene elementos atractivos e interesantes (principalmente aquellos más típicos del terror gótico), al fin y al cabo es un producto pensado para lucimiento de Tom Cruise, un actor que para mí no tiene ni seriedad ni prestigio y que repite un mismo personaje aburrido y predecible de una película a otra. Es por eso que, de antemano, sé que la cinta no me va a calar demasiado, como efectivamente ocurre.

Con Wonder Woman de Patty Jenkins paso un rato bastante entretenido a pesar de que nunca me ha convencido la elección de Gal Gadot como encarnación fílmica de la legendaria heroína. A favor de la película, su ambientación en la I Guerra Mundial y el estupendo reparto secundario femenino con actrices de la talla de Robin Wright, Connie Nielsen o Elena Anaya, paradójicamente acompañando a una protagonista con bastantes menos tablas que ellas y muy posiblemente con mucho menos talento. En contra, una batalla final que tiene poco de climática y emocionante. Extraño también el doblaje de Gadot y Nielsen, y eso que yo no suelo ser muy pejiguero con este tema.

Junio termina siendo, de momento, el mes del año en que menos veces he ido al cine: tan sólo un par de películas, cuando lo normal son 4 y hasta 5. La cartelera me ha resultado poco llamativa o, simplemente, aquellas otras películas que me llamaban no han estado a mi alcance.

miércoles, 31 de mayo de 2017

El cine de 2017: mayo

Cierta diversidad genérica pero también una mediocridad más o menos homogénea sería lo que resume mis cinco visitas al cine durante este quinto mes de 2017. Uno de los grandes tropezones del año es Z, la ciudad perdida de James Gray que, lejos de entretenerme, como inicialmente esperaba, sólo consigue aburrirme durante casi todo su metraje. No sé si el hecho de que me torciera el tobillo poco antes de llegar al cine o el de que irrumpiera un grillo en la sala a mitad de la proyección influyeron, pero esta es una de esas pocas películas de las que uno se arrepiente de haber pagado el dinero de la entrada.

La cosa mejora un poco con Un golpe con estilo (Zach Braff), como comenté en la breve reseña que hice, una nimiedad fílmica pero aun así entrañable por el maravilloso y veteranísimo elenco que la puebla. Llega después Alien: Covenant, y Ridley Scott vuelve a demostrar que es un director caduco que lleva años viviendo de un par de éxitos y que debería haberse retirado hace ya mucho (¡y dejar de sacar nuevas ediciones de sus clásicos!). Aunque con impecables efectos especiales y una actuación más que respetable de Michael Fassbender, la historia y los demás personajes son peor que endebles y dejan bastante que desear. Más de lo mismo.

La española Plan de fuga de Iñaki Dorronsoro es quizá lo mejor del mes, y eso sin llegar a parecerme, ni mucho menos, nade excepcional. Pero, ya se sabe: en el país de los tuertos…

Mayo finaliza con Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, demostrando con ella el tándem de directores Joachim Rønning y Espen Sandberg que esta larga saga de aventuras quizá debió haber terminado hace años. A pesar de su interesante reparto, esta quinta entrega antepone, cómo no, las escenas de acción y la sobredosis de F/X a las interpretaciones, y precisamente en los momentos que se suponen más “espectaculares” llega a veces a hacérseme tediosa. De nuevo deberé asumir que está dirigida a un público más joven que yo que seguramente pueda disfrutar más todas esas cosas.

domingo, 30 de abril de 2017

El cine de 2017: abril

Innegablemente, un mes dominado en la gran pantalla por la ciencia ficción. No es una obsesión: es sabido que me encanta el cine fantástico, pero en general me gusta variar, y la coincidencia de tres títulos de dicho género este mes en las salas cinematográficas es simplemente eso: una coincidencia. Me he quedado con las ganas de ver otras películas como Negación o Plan de fuga, que no he tenido a mi alcance de momento.

Los tres largometrajes en concreto han sido Ghost in the Shell (Rupert Sanders), Life (Daniel Espinosa) y Guardianes de la galaxia Vol. 2 (James Gunn), todas más o menos cintas de entretenimiento para el gran público dentro del circuito comercial de entre la que para mí destaca la segunda nombrada (que reseñé brevemente aquí), no por la originalidad de su propuesta (que es nula) si no por la acertada puesta en escena de una historia que en realidad se ha visto docenas de veces en la pantallas. La más flojita, por el contrario, la última citada, la continuación de las peripecias de los aventureros galácticos de Marvel; un título con un impecable aparato visual pero un contenido entre nimio e intrascendente. Con la adaptación del famoso cómic japonés protagonizado por Scarlett Johansson paso un buen rato y disfruto también de la fascinante envoltura infográfica del film y de sus obvias referencias a Blade Runner y a otras películas de ciencia ficción.

La excepción del mes ha sido la película hispano-argentina Nieve negra de Martín Hodara, a la que me lleva mi admiración por uno de sus actores, el excelente Ricardo Darín. Esta vez la cinta no consigue estar para mí al nivel de otros trabajos de este intérprete y el misterio que va desentrañando este thriller me resulta algo previsible y resuelto de manera un poco forzosa.

martes, 4 de abril de 2017

El cine de 2017

El cine de 2017 es una nueva serie de entradas que he concebido como ejercicio para dar breve cuenta de las películas que veo en pantalla grande durante el año, a razón de una entrega por mes. Si os interesan, las podéis ver todas en este enlace.

viernes, 31 de marzo de 2017

El cine de 2017: marzo

Mes disputado por el cine fantástico y el de origen español: Logan me sorprende y me gusta y resulta ser la mejor parte de una trilogía que hasta su final no había logrado ganarme (todo lo contrario). Ayuda sin duda esa apuesta por el drama con elementos incluso de western y de road movie en el que el componente fantástico, por supuesto, no deja de estar presente, pero parece más bien un complemento. Es de agradecer que James Mangold no nos sature con robots, superhéroes y tecnología en todo momento y apuesta por escenas más intimistas en las que desarrolla la relación entre los principales protagonistas. Por el contrario, Kong: La isla calavera de Jordan Vogt-Roberts resulta ser el primer batacazo del año para mí: aburrida, previsible, completamente confeccionada con clichés y situaciones tópicas y con un extenso reparto en el que no logra destacar nadie y hasta actores como Samuel L. Jackson se llegan a hacer insoportables, me pregunto si quizá simplemente está destinada a un público mucho más joven que yo y es, con diferencia, lo peor que he visto hasta el momento en este  2017.

Los dos largometrajes españoles que ya he adelantado son El guardián invisible (Fernando González Molina) y Zona hostil (Adolfo Martínez). La primera me atrae por su ambientación y temática, un thriller sobre un asesino en serie con reminiscencias de El silencio de los corderos o Twin Peaks, entre otros títulos. Me embelesa la fotografía en la que predomina la oscuridad y los días nublados o lluviosos, la ubicación de la historia del film en el pequeño pueblo navarro y en sus misteriosos bosques (en los que la historia incluye hasta un elemento fantástico), pero el resultado final me parece por limar: el desarrollo se antoja a veces un poco fortuito o forzado, quizá por la siempre difícil tarea de tener que condensar el contenido de una novela (que no he leído) en un largometraje. Más redonda en ese sentido me parece la película de Adolfo Martínez citada en segundo lugar, si bien su propuesta me llama algo menos: la historia de un grupo de soldados españoles que queda asediado en el reciente conflicto de Afganistán. Por momentos tiene hasta cierto aire de western y de la cinta destaco la presencia de Ariadna Gil, a la que llevaba bastante tiempo sin ver.

martes, 28 de febrero de 2017

El cine de 2017: febrero

Como enero, febrero resulta ser un mes multigénero, con un thriller, un melodrama, un musical y una comedia. El primero es Vivir de noche de Ben Affleck, del que me llama su ambientación en los EE.UU. de la época de la Ley Seca y que logra entretenerme, al contrario de lo que parece haber hecho con el público en general que ha ido a ver el largometraje. El hecho de que repita La ciudad de las estrellas de Damien Chazelle (que ya había visto el mes anterior) creo que ya lo dice todo: he acabado sucumbiendo a la belleza del film y a su preciosa banda sonora, y claramente es para mí una de las mejores películas del año; de hecho, la mejor al menos hasta que el Episodio VIII de Star Wars entre en escena. De Jackie no saco ninguna conclusión que no hubiera previsto ya y, aparte de la presencia de mi actriz favorita, Natalie Portman, el film de Pablo Larraín me deja más bien frío e indiferente por tratar un tema y un personaje con los que no simpatizo. Me encanta reencontrarme con los protagonistas y director de Trainsportting 2 más de dos décadas después del film original, y también tener la oportunidad de ver una comedia diferente (un género que no cultivo demasiado debido a la pésima calidad que la mayoría de películas de este género exhiben, al menos por la parte americana) y, además, una obra europea, pues no cuento ninguna sorpresa si digo que es el omnipresente Hollywood el que domina las carteleras de la mayoría de las salas cinematográficas, incluida la de mi ciudad. Por todo esto, lo último de Danny Boyle es para mí como un pequeño oasis en la temporada 2017.

martes, 31 de enero de 2017

El cine de 2017: enero

La temporada cinematográfica 2017 comienza ya el mismo 1 de enero con una película de ciencia ficción, Passengers (Morten Tyldum), entretenida pero demasiado facilona y comercial. Se plantea uno qué se podría haber hecho con esa misma idea y un tratamiento más serio u oscuro. Le sigue Silencio de Martin Scorsese, por el contrario, una película dura de corte y presentación mucho más austeros con una propuesta interesante, pero que no logra fascinarme. Tercer visionado de Rogue One, aunque resulta un poco fortuito. Tengo la tradición de ver hasta tres veces las películas de Star Wars e Indiana Jones en el cine, pero con este título me daba por satisfecho con un par. La insistencia e invitación por parte de un amigo me lleva de nuevo a las galaxias de Gareth Edwards, aunque en esta ocasión hubiese preferido distanciar un poco más la repetición de su visionado. Nos trasladamos después al moderno Oeste americano: Comanchería, de David Mackenzie, un thriller con aire clásico en el que destaca el casi siempre excelente Jeff Bridges y del que me atrae también que venga firmado por el guionista de Sicario, Taylor Sheridan. La quinta y última película del mes resulta ser una de las grandes sorpresas del año, La ciudad de las estrellas, de Damien Chazelle, de la que cuento más en mi reseña (pinchar sobre el título). En resumen, enero resulta un mes muy variado en géneros (ciencia ficción, melodrama, thriller y musical) en el que todas las películas mantienen para mí un nivel que va de interesante a destacable y hasta sobresaliente, en el caso de la última citada y, por supuesto, de la precuela de Star Wars.