"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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jueves, 25 de mayo de 2017

40 aniversario de La guerra de las galaxias

40 años nada más y nada menos. Cuatro décadas han pasado desde que George Lucas sorprendiera al mundo con lo que, en realidad, era poco más que un refrito de cánones y clichés de decenas de películas y cuentos anteriores. Aquella idea prestada y actualizada convirtió al director en multimillonario –sobre todo gracias a su acertada estrategia de mercadotecnia basada en productos relacionados con el film– e hizo su saga galáctica aparentemente imperecedera, pues desde entonces ha generado pingües beneficios en la forma de libros, cómics, videojuegos, juguetes y, por supuesto, secuelas, precuelas y spin-offs (un total de siete películas más hasta ahora, y otras cuatro anunciadas). Los personajes, motivos, naves y música de Star Wars forman ya parte de la cultura universal y constituyen prácticamente un culto que, en ocasiones, hay que admitir que raya la exageración.

No fue en 1977, pero sí dos años más tarde (lo que tenía vivir en un pueblo con cines reestreno), cuando La guerra de las galaxias llegó a mi vida para quedarse para siempre, aunque quizá fue El retorno del jedi el que consolidó mi pasión por la franquicia por pillarme en una edad más adulta en la que pude disfrutarla más. Desde entonces no me he perdido ninguna película y puedo decir que, en mayor o menor medida, las he disfrutado todas. El único reproche que tengo que hacerle a su creador son todas esas versiones posteriores de la trilogía clásica con escenas y efectos añadidos, ardid comercial y desvergonzado que no persiguió ningún propósito artístico y sí pecuniario.

Precisamente esta semana se hacían públicas nuevas imágenes de la próxima entrega de Star Wars, Los últimos jedi, una sesión de fotos con la habitual Annie Leibovitz, presentando por fin a los nuevos personajes interpretados por Laura Dern y Benicio del Toro. Esperemos que Rian Johnson –un director de filmografía más que interesante hasta ahora– y Kathleen Kennedy no insistan en presentarnos una trilogía-remake de los primeros episodios, como hacen temer algunas imágenes del primer tráiler del Episodio VIII y el visionado de El despertar de la fuerza.








domingo, 20 de diciembre de 2015

El despertar de la fuerza

Ya en los muy primeros 80 recuerdo haber leído la intención de George Lucas de que su saga galáctica tuviera un total de 9 capítulos, de los cuales, curiosamente, veríamos primero los tres centrales. Pero llegó El retorno del jedi y empezaron a pasar los años y no le siguió ninguna nueva entrega, por lo que los fans comenzamos a desesperar de que nuestra epopeya espacial favorita fuera a tener una continuación. Sin embargo, dieciséis años después, fue su mismo creador el que decidió reanudarla, ofreciéndonos lo que serían sus tres primeros episodios. Esto ocurrió entre 1999 y 2005, y por entonces Lucas parecía haber renunciado a esa triple trilogía original que inicialmente había concebido. A muchos nos costó de creer, pero de nuevo comenzó a pasar el tiempo y no llegaron noticias de que no fuera a ser así.

En cierta manera, George Lucas cumplió esa palabra: no sería él el que continuaría ni dirigiendo ni produciendo nuevas películas de Star Wars. En los últimos tres años, las noticias se precipitaron: él vendía la franquicia, Disney la compraba y comenzaba a gestar la que, teóricamente, debía de ser la trilogía final de la saga, los episodios VII a IX, previstos para 2015, 2017 y 2019 respectivamente.

Por fin esta semana, treinta y dos años después de El retorno del jedi, llegaba la secuela que muchos nos quedamos esperando en los 80. Se ha titulado El despertar de la fuerza, y cronológicamente continúa la saga tanto tiempo después como en la realidad ha pasado de su capítulo inmediatamente precedente: más de tres décadas, con una nueva generación de personajes, pero también con aquellos más queridos y clásicos con los que crecimos los fans originales.

Daisy Ridley, estrella indiscutible del film.
Sobra decir que este episodio VII hubiera sido muy diferente en casi todo de haberse rodado más o menos inmediatamente después de El retorno… Y eso es lo primero que creo que hay que asumir antes de abordarlo. Como ya me propuse con la anterior trilogía, las precuelas, no voy a intentar compararlo ni ponerlo al mismo nivel que la primera trilogía, simplemente porque aquellos episodios IV a VI hechizaron mi infancia y adolescencia, porque en esas edades de la vida, uno es más propenso a dejarse “embaucar” por la fantasía y el ensueño, mucho más impresionable y abierto a emociones que son nuevas para él. Con los años y la madurez, por suerte o por desgracia, uno va perdiendo la capacidad para dejarse llevar, se va desencantando de las cosas e incluso corre el riesgo de convertirse en una persona sin inquietudes ni entusiasmo, algo que me alegra decir que no me ha pasado a mí. Llego a El despertar de la fuerza con ilusión y ganas de verla, pero teniendo claro que va a ser muy difícil que me impresione tanto como las primeras películas de Star Wars. Tampoco se trata de obcecarse en ello.

Tras su visionado –que aún estoy intentando asimilar– se confirma mucho de lo que había previsto sobre el film, sobre todo a raíz de sus tráileres y spots: estamos ante una nueva generación de películas de la saga, con un tono y un resultado forzosamente diferente al que una secuela del retorno hubiese tenido en otro momento siendo dirigida por Lucas o por cualquier otro director de la época. El ritmo, el pulso, la estética de El despertar… no me remiten de una manera clara y directa a los episodios originales, y de lo contrario no hay quien me convenza. La omnipresente infografía –aunque se haya abusado de ella bastante menos que en los episodios I a III– ya de primeras marca una importante diferencia: el modo en que se mueven las naves y las batallas de éstas difícilmente pueden hacer pasar al film por ochentero y, de hecho, es más realista de lo que hubiera sido de rodarse únicamente con maquetas. Los personajes computerizados no pueden disimular que lo son, y por muy perfeccionados que estén, para mí nunca serán lo mismo que otros como el Yoda marioneta de Frank Oz o Jabba el Hutt, por poner un par de ejemplos.

Las referencias al cine de Kurosawa no pueden faltar en Star Wars
Y eso que su director, J.J. Abrams, y su productora Kathleen Kennedy, se han asegurado de que esta nueva entrega de Star Wars tenga más que sobradamente presente muchísimas referencias a la primera trilogía: no sólo a los personajes clásicos que siempre nos entusiasmaron, sino también prácticamente las mismas naves, lugares y situaciones, hasta el punto de que este despertar parece más que otra cosa un remake de La guerra de las galaxias: de nuevo encontramos a una persona joven con poderosos y latentes poderes jedi que espera en un planeta desértico, de nuevo hay un robot con unos planos escondidos, otro planeta (semi-)artificial que extermina mundos y que es destruido por unas pocas naves rebeldes que encuentran su punto débil, un personaje oscuro pseudo-sith y un alto oficial imperial, y una siniestra personalidad que lidera a ambos en las sombras y que yo sospecho que va a acabar resultándonos odiosamente familiar, entre otras muchas coincidencias nada casuales. En esta falta de originalidad, en esta apuesta nada arriesgada de asegurarse a los fans clásicos con todos estos elementos repetidos –ya sólo la presencia de Harrison Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher era una baza importantísima– encuentro lo más criticable del nuevo episodio VII; de hecho, creo que lo único criticable. En este sentido, creo que George Lucas –aunque fracasara en el intento– fue más valiente con sus precuelas al presentar personajes y situaciones total o prácticamente nuevos.

Fuera de esto, salgo algo desconcertado de ver la película, con una especie de “resaca” visual, pero contento de haber cumplido un sueño de toda la vida y con ganas de al menos un segundo visionado más calmado para asimilar cosas que no he podido asimilar la primera vez. Me gustan los nuevos personajes que propone esta tercera trilogía y me parece acertada la elección de los que claramente van a ser sus protagonistas: Daisy Ridley como Rey, John Boyega como Finn, Oscar Isaac como Poe Dameron y Adam Driver como Kylo Ren, los dos primeros, actores prácticamente desconocidos que tienen ahora ante sí un futuro profesional tan vertiginoso como prometedor, el último ya con una carrera bastante sólida –a Driver lo considero algo intermedio–. Encuentro un poco más desaprovechados, por lo limitado de su papel en el film, a otros como el General Hux de Domhall Gleeson, la Capitana Phasma de Gwendoline Christie, el grandísimo Max Von Sydow –cuya presencia en el film es básicamente testimonial, y un claro guiño a los papeles que en su día tuvieron Peter Cushing, Alec Guinnes o Christopher Lee–, así como a la mayoría de actores de la trilogía clásica, que con la notable excepción de Harrison Ford tienen también una aparición limitada en la película, y que es obvio que están sobre todo para hacer de trampolín para la nueva hornada de personajes de la saga (¡y como reclamo para los fans más mayores!).

Destaco también la agradable presencia de muchísimos escenarios naturales, algo que, por cierto, en realidad es bastante atípico de la trilogía original –más aún de las precuelas– que principalmente está rodada en estudio y en interiores, lo que también contribuye a esa sensación, a ese tono bastante diferente del que tuvieron los tres primeros capítulos (cronológicamente hablando). La dirección de J.J. Abrams me parece correcta –para mí lo acertado de su elección ya estaba confirmado tras ver sus dos películas de Star Trek– aunque me queda claro que es un director “a sueldo”, al servicio y a las órdenes de sus productores, un buen técnico cuya personalidad artística está supeditada a la de sus mandamases de la Disney. Aun así, consigue conferir a la película un buen ritmo, con los agradecibles momentos más sosegados –solamente la primera media hora de la película parece que se me pasa demasiado rápido– y aquellos más tensos o dramáticos bien resueltos (incluida esa escena que es el gran spoiler del film, algo que me ha entristecido pero que me ha parecido dignamente incluido en la historia, a pesar de todo). Agradecer a Abrams también que se haya comedido con el odioso recurso del comic relief y que no nos ofrezca otra última cruzada que eche por tierra la seriedad, la solemnidad y el dramatismo que yo prefiero en una película como esta –solamente en algún momento, como la aparición de Han Solo, el director está cerca de arruinar momentáneamente la película–.

Concluyo con una valoración general positiva de El despertar de la fuerza, pero para nada acepto ponerla al nivel de la trilogía original como parece que algunos están haciendo, aunque sí estoy de acuerdo en que está mejor dirigida que las precuelas, cosa nada complicada, porque George Lucas demostró con ellas que era un hombre endiosado que parecía haber perdido el contacto con la realidad y que desperdició un reparto mayoritariamente excelente para desbordarnos con CGIs hasta la saciedad.

Ahora toca esperar –eso sí, con tranquilidad– a la siguiente entrega de la saga, que por suerte sólo tardará un año y cinco meses en llegarnos, ya que se estrena en mayo de 2017. Y, antes de eso, tendremos también el primero de los anthology films, Rogue One, el cual espero con gran interés y curiosidad por lo novedoso de su propuesta, pues será el primer largometraje ambientado en el universo Star Wars fuera de la saga oficial o estándar. Veremos…

lunes, 14 de mayo de 2012

Tres décadas, tres películas (3): 2002

Ok: todo el mundo tranquilo y que nadie me salte todavía al cuello, porque de ninguna de las maneras voy a poner a El ataque de los clones a la altura de los dos títulos anteriores de esta serie, Blade Runner y  Drácula de Bram Stoker, que son dos de mis grandísimas películas favoritas. Lo que sí que es cierto es que, posiblemente, esta segunda entrega de la nueva trilogía de Star Wars fue el largometraje que más disfruté en el año 2002, y esta serie de entradas que comencé hace dos meses se basaba en elegir tres películas que me gustaron bastante en cada una de las décadas anteriores: diez, veinte y treinta años atrás. Por otro lado, también admito sin ningún tipo de reparo (ya lo hice en los dos artículos que dediqué a la saga galáctica de George Lucas, que podéis leer aquí) que no estoy entre aquellos (supuestos) puristas que desprecian sin miramiento los más recientes episodios de La guerra de las galaxias, porque he crecido enamorado de toda la mitología de esta epopeya cinematográfica y, sí, el amor puede ser ciego, pero aún intentando ser objetivo, y aún admitiendo las muchas meteduras de pata de Lucas, creo que las películas de la nueva trilogía tienen todas, en menor o mayor medida, aspectos interesantes y resaltables que hacen que no merezcan la intransigencia y el menosprecio automático de toda una larga serie de fans que parece que sólo quieren probar su “autenticidad” poniéndose del lado y de la opinión de moda…. Y dicho esto, paso sin más a comentar las cosas que me hicieron entretenerme –y mucho: me quedé embobado en varias de las secuencias de la segunda mitad– de este Episodio II.

Años de trilogías
El teaser poster: ahora resulta que los jedi no pueden amar
Los recuerdos más agradables que conservo, a nivel cinematográfico, de la época en que se estrenó la película destacada en este artículo son, como ya comentaba en otro de hace unos meses, el que durante aquellos años (1999-2005) se estrenaron casi ininterrumpidamente las tres partes de la nueva trilogía de Star Wars y las de El Señor de los Anillos. Como me gustan mucho las dos sagas, casi todos los años esperaba con ansiedad el estreno de algún capítulo de una o de otra, y en 2002 precisamente se dio la feliz circunstancia de llegaban a los cines episodios de ambas: El ataque de los clones y Las dos torres. En concreto, la primera acudí a verla el mismo día del estreno a primera hora en el complejo Alucine de mi localidad; era un viernes 17 de mayo del año citado. Aún volvería a ver la película dos veces más en las próximas semanas, como haría con la anterior y la posterior de la trilogía.

¿La mejor de la segunda trilogía?
El trío protagonista
Hay una sencilla razón por la que prefiero, además, El ataque de los clones a su predecesora en la saga y a la que la cerró (o conectó con la trilogía antigua) y es que me parece la más honesta y divertida de todas. Honesta porque no promete nada que no dé, como ocurrió con la esperadísima La amenaza fantasma, que resultó ser, quizá, la peor película de toda la saga galáctica y no estuvo a la altura de la expectación que había creado, o con La venganza de los Sith, que prometía una densidad dramática que no pudo conseguir con los burdos hilvanados de su director para enlazarla con La guerra de las galaxias. El Episodio II es, sobre todo, una película de acción, de batallas y de duelos, y toda su segunda mitad me parece muy entretenida y emocionante al encadenarse las secuencias de la fábrica de droides, la arena de Geonosis, el combate con los clones y el enfrentamiento de los héroes con el Conde Dooku. Es un espectáculo visual con el que pasarlo bien sin plantearse cuestiones complejas ni buscarle contenidos demasiado profundos. Por en medio, una sencilla y algo mal llevada historia de amor entre Anakin y Padmé –aunque ya sabéis que a mí no me tienen que convencer demasiado para quedarme embobado con Natalie Portman– y una emocionante trama detectivesca en la que vemos a Obi-Wan rastrear el paradero de Jango Fett y llegar hasta el lluvioso planeta Kamino –me encantan las secuencias de ambos personajes allí–.

Guiños cinéfilos
El fascinante y evocador planeta lluvioso Kamino
¿Qué más? Pues algo que no mucha gente parece haber notado, y que considero de lo más destacable del film: los numerosos guiños a otras tantas películas clásicas de la Historia del Cine, algo que me resulta muy divertido reconocer o, a veces, deducir: la escena en la que Anakin se interna en el campamento tusken remita claramente a otra similar en la que John Wayne hace lo propio en un poblado indio en Centauros del desierto, y aquella en la que Padmé corre por el prado de Naboo al que va de picnic con su enamorado es un claro homenaje a una similar con Julie Andrews en Sonrisas y lágrimas. En los jedis acorralados en la arena de Geonosis podemos encontrar la influencia de otro western clásico: Murieron con las botas puestas, y en las posteriores escenas con los helicópteros de la República es fácil reconocer similitudes con Apocalypse Now y tantas otras películas sobre la Guerra de Vietnam. Y, por supuesto, en el circo del planeta citado podemos empeñarnos en ver peplums de toda la vida como la mismísima Quo Vadis (¿recordáis la escena del toro?)

Batallas, duelos, blasters y sables láser: entretenimiento asegurado para los fans galácticos

Reparto, nuevo y viejo
Christopher Lee: gran fichaje
Una de las noticias más esperadas respecto al reparto de esta película era quién iba a encarnar al joven Anakin Skywalker, y el honor acabó recayendo sobre el entonces desconocido actor australiano Hayden Christensen, que en aquella su primera intervención en la saga de Star Wars me pareció correcto, pero que acabó decepcionándome al demostrar no estar preparado para conferir a su personaje toda la tremenda carga dramática y trágica que debía conllevar en el siguiente episodio. Mucho más acertada me pareció la inclusión de ese icono viviente del cine fantástico que es Christopher Lee que, como he dicho tantas veces, se ha sabido reivindicar a tiempo en los últimos años por gente como el propio Lucas, Peter Jackson o Tim Burton. Curiosamente, y de una manera indirecta, fue su amigo Peter Cushing el que provocó su entrada en la saga, ya que su director y guionista y la directora de casting Robin Gurland buscaban a alguien que pudiera estar a la altura de este último actor cuando apareció en La guerra de las galaxias, y por supuesto, no había nadie mejor para reemplazarle que Lee.

De los actores que repiten, me gusta el nuevo look de Ewan McGregor, y, como ya he dicho, su parte en la película como “detective” espacial. Natalie Portman, cómo no, está más guapa y sexy que nunca (¡irresistible luciendo abdominales en la arena de Geonosis”). De los demás personajes secundarios, me gusta también Jango Fett (Temuera Morrison), digno “heredero” (aunque en la película sea al revés) de aquel cazarrecompensas que nos enamoró a todos en la trilogía original, Boba Fett, que aquí resulta ser su hijo (Daniel Logan). No tengo, sin embargo, tan claro, si se debería haber revelado tan explícitamente el origen de este último personaje

Vuelven los Fett
Del resto del reparto fue también un descubrimiento la australiana Rose Byrne (Dormé, doncella de Amidala), que parece que se está haciendo bastante popular en los últimos años labrándose una interesante carrera. Me alegro por ella. Me llaman también mucho la atención todos esos jedi con divertidos nombres como Plo Koon, Kit Fisto, Depa Billaba o la sexy Aayla Secura. Por último, no quiero dejar de recordar a personajes de breve pero simpática o llamativa aparición como el/la cazarrecompensas Zam Wessell (Leeanna Walsman) o los jóvenes Owen y Beru Lars (Joel Edgerton y Bonnie Piesse), futuros tíos adoptivos de Luke que aparecen en una nostálgica secuencia en la que Anakin y Padme visitan la granja de la primera película de la saga.

¿Digitalización excesiva?
Yoda digital: el gran error de la película
Pero también le voy a poner pegas a esta película, en realidad, prácticamente una sola: el exceso de decorados, personajes y, en general, recreaciones digitales. Quizá precisamente la falta de más escenarios naturales (aunque hay algunos, como el Lago Como en Italia y la mismísima Plaza de la Reina en Sevilla) confiere cierta frialdad y artificialidad al film. Más de lamentar es que ni siquiera los soldados clon hayan sido interpretados por personas de carne y hueso, sino que están recreados totalmente por ordenador, al igual que casi todos los personajes y criaturas alienígenas del film. El peor error de Lucas a este respecto es para mí sin duda el utilizar también las computadoras para dar forma a alguien tan entrañable como es Yoda. Entiendo y acepto que esto sea necesario para, por ejemplo, aquellas secuencias en que el viejo jedi lucha, pero para las que habla estando sentado creo que debía haberse usado nuevamente la marioneta animada por el gran Frank Oz.

Hablando de digitalización: El ataque de los clones fue la primera película de la saga rodada íntegramente en vídeo digital de alta calidad, herramienta que permitió a los trabajadores informáticos de George Lucas desarrollar su trabajo de postproducción con mayor facilidad.

Aprendiendo de los errores y conclusión
Regreso a Tatooine
En general, creo que, aunque se merezca muchas reprobaciones, Lucas tomó buena nota de sus errores en La amenaza fantasma y supo corregirlos para hacer una película más dinámica y compacta. Prefiero las secuencias lineales que encadenan las batallas y duelos del final a aquellas de otros episodios que alternan tres o cuatro escenarios diferentes, normalmente uno más tenso y dramático (Luke luchando contra Vader en El retorno del Jedi o Qui-Gon y Obi-Wan contra Darth Maul en el Episodio I) con otro más ligero y cómico (los ewoks en el primer ejemplo citado, los gungan en el segundo). Hablando de gungan: muy de agradecer que, pese a su inicial postura prepotente y arrogante sobre la participación del personaje en la saga, el barbado director decidiera relegar al infame Jar-Jar Binks a un papel mínimo en El ataque de los clones. Si alguien tiene que decir tonterías y hacer el idiota en Star Wars, prefiero que sea C-3PO –como, efectivamente, lo hace y no poco en las escenas de la fábrica y la arena de Geonosis–. Supongo que a él le perdonamos las payasadas.

Y, la conclusión, para finalizar, es simplemente que esta película formará siempre parte de mi vida y supongo que la seguiré revisitando en DVD de vez en cuando. Llegó en una época muy diferente a aquella en la que descubrí la trilogía original de La guerra de las galaxias, por lo que creo innecesaria y equivocada cualquier comparación, como ya dije en un artículo sobre la saga, pero la encuentro una película divertida y que, pese a que no ha transcurrido mucho desde su estreno original en cines, ya me trae algunos buenos recuerdos de un  tiempo  todavía cercano pero que fue mejor que el actual.

sábado, 28 de enero de 2012

Amor y odio en las estrellas: George Lucas y la saga de "La guerra de las galaxias" (2)

(Con esta segunda y última parte concluyo mi dossier sobre las seis películas de Star Wars. La primera parte la podéis leer aquí.)

George Lucas… Trapaza
Hace muchos años, allá por los 70, el gran Fernando Fernán Gómez realizó una serie para la pequeña pantalla que narraba las desventuras de un vividor llamado Lucas Trapaza, personaje claramente basado en las obras clásicas de la literatura picaresca española. Nuestro Lucas no es un mendigo ni un desgraciado como Trapaza pero, a su manera, sí que es todo un pícaro de cuestionables principios. A día de hoy, la trilogía original de Star Wars ha sufrido tres modificaciones: la de 1997, la de la edición en DVD de 2006, en la que, entre otras absurdeces, se reemplazó al actor Sebastian Shaw por Hayden Christensen, y la del pasado 2011 a raíz de la aparición de la saga completa en Blu-Ray. Habitualmente, se dice que un autor siempre tiene el derecho a revisar y modificar su obra, y muy a menudo podría estar de acuerdo, pero considero que, cuando alguien ha publicado sus creaciones, las ha compartido con medio mundo, se ha hecho rico con ellas y, además, estos trabajos han pasado ya a ser patrimonio cultural de la Humanidad y un elemento ya casi histórico, estas obras han pasado a ser un poco de todos, y su creador debe dejarlas estar como si fueran un hijo que ha renegado de su padre; en cierta forma, ya no son suyas, o, al menos, tiene una responsabilidad moral con ellas y con sus admiradores, al fin y al cabo, las personas que le han dado de comer y finalmente encumbrado.

En el caso de las obsesivas y continuas revisiones de George Lucas a su saga, hay pocas excusas que aducir, pues con ellas no creo que persiga más que intereses descaradamente comerciales, formas de llegar a nuevos públicos y de remozar y modernizar películas que, al fin y al cabo, son clásicos. ¿Quién se imagina estrategias tan viles con filmes como Casablanca o Ciudadano Kane? Bastante mal ha hecho ya la el coloreado…


Sobre este productor y director que, paradójicamente, ha sido el creador de mis dos sagas de cine favoritas, Star Wars e Indiana Jones, cabría preguntarse si no necesitaría tener más los pies en la tierra, deshacerse de esa cohorte de aduladores que le rodean en su imperio empresarial y que no se atreven a sacarle de sus errores, e incluso visitar, quizás, a un psicólogo que le ayude a tener más seguridad en la vigencia intemporal de sus obras. Por mi parte, Lucas no cuenta con mi apoyo para todo lo que sean revisitaciones alteradas y modificaciones infinitas de las películas con las que crecí, y que quiero ver tal y como eran entonces y lo han sido durante buena parte de mi vida. Sintiéndolo mucho, no iré a ver la reposición de la trilogía ex-original en 3D.

Y, por fin, las precuelas
Llegamos, por fin, al momento del estreno de la controvertida segunda trilogía, aquella que se corresponde a los episodios I, II y III, que irían, pues, situados, antes de los de la trilogía original de los años 70 y 80. ¿Cuál es mi opinión sobre ella? Sería muy fácil sumarme a la legión de detractores que han despreciado estas tres películas sin miramiento alguno y que incluso han renegado de ellas y quedar así bien con todo el mundo, pero veréis, amigos, he crecido enamorado de la mitología de Star Wars, y es posible que el amor sea ciego, pero no sería justo por mi parte renunciar totalmente a las nuevas partes de la saga cinematográfica. Encuentro errores importantes, cosas alarmantes, pero aún con todo, he disfrutado en mayor o menor medida las tres películas (¡sigo haciéndolo a través de los DVDs!). No voy a compararlas con sus precursoras ni a ponerlas a su altura, como ya advertí en la primera parte de este artículo, porque no tendría sentido alguno por las razones que ya he explicado.

La amenaza fantasma (Star Wars: Episodio I) llegaba a España un 20 de agosto de 1999 y allí estaba yo ese día, en el complejo Alucine de mi localidad, listo para verla en la primera sesión. En EE.UU. se había estrenado tres meses antes, y sería la última película de la saga para la que sufriría retraso: las dos siguientes se estrenarían simultáneamente a nivel mundial. Naturalmente, en ese breve intervalo de un trimestre había llegado mucha información y material sobre el film. Incluso copias piratas se habían colado en internet, pero sobra decir que me negué a verla en formato doméstico. Después de veinte años, bien podía esperar noventa días más y disfrutarla debidamente en pantalla grande. Sí que no pude resistirme, sin embargo, a leer el cómic (que me regaló un amigo norteamericano), algunos artículos en revistas y a comprarme la BSO, en donde, de manera poco acertada, uno de los títulos ya nos adelantaba la muerte de Qui-Gon Jinn. La poca información que Lucas había ido distribuyendo antes del estreno del film ya nos había hecho la boca agua: para empezar, un magnífico plantel que encabeza un actor al que admiro mucho como es Liam Neeson, al que seguían Ewan McGregor, y nada más y nada menos que Natalie Portman, entonces una jovencita de la que ya me había prendado desde sus primeras películas y que con el tiempo se convertiría en mi reina del cine moderno. Si al menos no otra cosa, esta nueva trilogía iba a tener algo que (siempre con la excepción de los veteranos Peter Cushing y Alec Guinness) no tuvo la primera: buenos actores. Muy dosificadamente se nos iban dejando ver algunas imágenes, entre ellas la de un extraño personaje de malévolo aspecto que luego conoceríamos como Darth Maul…


Aquel 20 de agosto salí de La amenaza fantasma algo desorientado, con la sensación de que la película tenía un ritmo demasiado rápido que no me había dejado disfrutarla enteramente. Acabé viéndola dos veces más en el cine, como haría con sus continuaciones e, igual que con la trilogía original, también coleccioné su novela, su cómic y su CD con la música original. Aunque me es imposible juzgarla fríamente y tiene personajes y escenas memorables, tengo que admitir, no obstante, que me parece la más floja de toda la saga. Lucas decidió apostar por una nueva hornada de jóvenes fans, dando la espalda a los más veteranos, y el resultado fue una película con un matiz cómico demasiado enfatizado, y que cobra forma especialmente en la denostada figura del personaje de Jar Jar Binks, aunque personalmente también me parecen irritantes el Jefe Nass y el propio Anakin Skywalker, interpretado por un joven Jake Lloyd en el tópico y cargante papel de niño sabihondo y arreglalotodo. El exceso de digitalización también me parece un error, llegándose a hacer demasiado exagerado en la batalla final entre gungans y droides. Por el contrario, especialmente emocionantes me parecen algunos aspectos de la mitología Jedi, las luchas de sables láser (¡siempre se me cae la baba viéndolas!) y, por supuesto, mi adoradísima Natalie. A lamentar también la incompetencia que George Lucas mostró dirigiendo personas (parece que se le dan mejor los CGI) y que desaprovechara el talento de un reparto tan respetable como tuvo este film (tristísimo ver a un actor como Terence Stamp en un papel tan nimio).

Tres años después nos llegaba Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones, primera de las películas de la saga rodada en formato digital y en los estudios de la Fox en Australia, un país que se iba a poner muy de moda en aquella época con el rodaje parcial en ella de la trilogía de El Señor de los Anillos. El título, un tanto decepcionante, se inspiraba en las películas de serie B de los años 50, y la entrega iba a acabar convirtiéndose para mí en la mejor de la nueva trilogía: es un film de acción y de aventuras mucho más equilibrado que La amenaza fantasma, y que creo que no engaña a nadie ni ofrece más que eso: pasar un buen rato viendo batallas galácticas y duelos de espadas láser (¡y Natalie Portman está más guapa y sexy que nunca!). Me encanta toda la parte final en la que se suceden el combate en la arena de Geonosis, la batalla en el mismo planeta y el enfrentamiento con el Conde Dooku. Lucas nos libra por una vez de esos montajes tan insidiosos en que alterna tres lugares o acciones a la vez, como hizo en El Retorno del Jedi, en el Episodio I o, más moderadamente, en La vengaza de los Sith. Me pareció estupendo que se fichara a esa inmensa leyenda del fantástico que es Christopher Lee, así como las numerosas alusiones a filmes clásicos de la Historia del Cine. Sólo me pareció un tremendo error que Lucas digitalizara a Yoda y, para mi gusto, flojea quizás un poco la forzada historia de amor entre Padme y Anakin pero, bueno, me resulta fácil embobarme con Natalie Portman (¿lo había dicho ya?). En resumen, fue una película que disfruté casi como un niño y, como ya he dicho, mi preferida de entre las nuevas. Este mismo año quiero dedicarle una entrada específica para conmemorar el décimo aniversario del estreno.

Llega por fin el momento del desenlace de la saga, de la película que entrelazaba las dos trilogías: en 2005 se estrena Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith, la que parece ser la película favorita de la segunda trilogía para muchos fans. Lamentablemente, voy a discrepar y, aunque admito que tiene algunos momentos muy buenos y dramáticos (el exterminio de los jedi o el esperado duelo entre Anakin y Obi-Wan), creo que George Lucas no supo manejar debidamente todo el aprovechable elemento melodramático que ofrecía el film. El paso de Anakin al Lado Oscuro me parece demasiado rápido y forzado –aunque queda muy bonito que lo haga por amor, en lo que parece ser una revisitación del mito de Fausto–, y las limitaciones interpretativas de Hayden Christensen no ayudan a dar credibilidad a esta transformación. El nuevo villano, el General Grievous, resulta un tanto patético y sin la entidad de sus precursores. Las prometidas explicaciones de George Lucas para aclarar ciertas cosas de la trilogía original (como por qué algunos jedi pueden aparecer como espíritus o por qué los droides no recuerdan nada) y, en general, para entrelazarla con las precuelas, sobrepasan a veces el ridículo más pueril: Leia pierde a su madre nada más nacer, cuando en El retorno del Jedi dice recordarla, Padme muere “porque sí”, sin razón aparente, Obi-Wan deja vivo y sufriendo a su antiguo amigo (aunque no se olvida de recoger su sable), Yoda abandona estúpida y cobardemente su lucha contra el Emperador… Casi ninguna de estas decisiones y explicaciones se mantiene en pie ni resulta mínimamente creíble a no ser que sea para el fan sin exigencias y absolutamente entregado a los trapicheos de Lucas.


Conclusiones y valoración
Me planteo a menudo la siguiente pregunta: ¿cómo habríamos juzgado la nueva trilogía muchos de nosotros de tener la edad que teníamos cuando vimos la antigua? Y es que tengo la sensación de que, en el fondo, no hay diferencias tan importantes entre una y otra, sólo una perspectiva diferente condicionada por las dos décadas que se llevan. Curiosamente, muchos chavales que han visto los últimos (¿o primeros?) tres episodios de 1999-2005 parecen haberla disfrutado de manera similar a como los de mi generación lo hicimos con los de 1977-1983, e incluso parece que toda esta nueva hornada de fans “galácticos” prefieren las nuevas andanzas de Anakin Skywalker que las de su hijo Luke.

Creo que las nuevas entregas sólo adolecen de un defecto importante, que se puede resumir en dos palabras: George Lucas, y las razones para esgrimir esta acusación creo que ya las he dejado claras en el primer párrafo de esta entrada. Henchido de soberbia, regodeado en su propio ego, el otrora imaginativo creador de la saga ha acabado cegado y desorientado por sus propios errores e inseguridades y ha querido enfatizar demasiado el aspecto tecnológico de las nueva saga, descuidando parte del artístico en cuanto atañe a guión y, sobre todo, dirección. Lástima que Irvin Kershner ya estuviese jubilado cuando se rodaron los Episodios I, II y III.

Hay, sin embargo, un enorme derroche de talento en las precuelas de La guerra de las galaxias, algo innegable que es ya suficiente para que sean respetadas con una mínima dignidad: el de todos los artistas y creadores que han contribuido a que estas tres películas sean un maravilloso espectáculo estético y visual con sus cientos de personajes, vehículos, mundos y artefactos, lo que ya de por sí hace esta nueva trilogía lo suficientemente disfrutable y palia en cierta medida los desaciertos creativos de su director. Por mi parte, los tres filmes tienen un sitio distinguido en mi filmoteca, y para nada han mermado mi amor por la saga de Star Wars. Al contrario, inncluso sigo viendo todas las temporadas de The Clone Wars. Hummm…. Además, ¿he dicho ya cuánto me gusta Natalie Portman?

sábado, 21 de enero de 2012

Amor y odio en las estrellas: George Lucas y la saga de "La guerra de las galaxias" (1)

La idea original de este artículo surgió escribiendo Remakes, secuelas y precuelas: ¿sí o no? e iba a acompañarla como perfecto ejemplo de la, a veces, poco razonable intransigencia popular a continuaciones, nuevas versiones y segundas (y terceras, y cuartas, y…) partes de películas consagradas que denunciaba en dicho texto. Finalmente, decidí que la que ha sido quizá la saga cinematográfica más importante de mi vida bien merecía una entrada aparte y en exclusiva, pero no obstante remito al atento lector al citado enlace, que bien puede leerse como un preámbulo a lo que viene a continuación…

Veinte años después
Cuando, en 1999, se iba a estrenar La amenaza fantasma, no tenía muy claro con qué impresión iba a salir del cine. Hacía entonces veinte años que había visto la primera de las películas de la serie de George Lucas. La trilogía original había marcado decisivamente mi vida, a pesar de que una gradual animadversión hacia su creador había ido creciendo en mí con el tiempo al ver la desvergonzada actitud comercial de éste. Sí que sabía, antes de abordar la primera película de la segunda trilogía, que de ninguna manera iba a intentar comparar sus nuevos capítulos con los de la antigua: al fin y al cabo era un niño cuando vi esta última, y como tal, mucho más receptivo, tolerante, ingenuo y fácil de sorprender ante cualquier cosa. Un amigo me dijo que para él “había un muro” entre las dos trilogías de Star Wars, y muchas veces me lo planteo así y, efectivamente, prefiero separar ambas y evitar contrastarlas. Es imposible con tanta diferencia de tiempo y con la perspectiva de más de dos décadas. Cuando veo la trilogía original, no pienso en Darth Vader con la cara de Hayden Christensen: veo simplemente a Darth Vader, el entrañable villano con el casco y la máscara negros. Por otro lado, tampoco intento relacionar las imágenes y personajes de la nueva trilogía con aquellos de la anterior. En algunos casos me resultaría ridículo y me rechinarían un montón de detalles (también me los rechinan entre los tres primeros episodios de 1977-1983).


Veinte años antes
Vi La guerra de las galaxias (después rebautizada Una nueva esperanza; perdonad que yo la llame con el título con la que la conocí) en 1979: el retraso de más de un año con respecto al estreno nacional (dos con el norteamericano) tiene su explicación en que en mi pueblo sólo habían cines de reestreno y, pese a la corta distancia de 25 km con la capital de la provincia, una película podía tardar muchísimos meses en llegar a las veteranas pantallas de mis queridas salas locales. Esta primera entrega de la saga la vi en el Cine Oma, y no tengo demasiados recuerdos de ella debido a mi corta edad y los muchos años que han pasado. Recuerdo que me gustó, y recuerdo la expectación que su estreno despertó durante mucho tiempo, así como parte del merchandising en torno a la película que ya entonces llegó a mis manos: cromos coleccionables, figuras troqueladas que salían en los pastelitos Panrico, los cómics de Marvel, etc, etc. De su continuación, El imperio contraataca, sí que tengo un primer recuerdo más claro: ver un anuncio en una valla publicitaria mientras me desplazaba en tren a Barcelona en septiembre de 1980. Se estrenaba en España al mes siguiente, aunque a mi localidad no llegó hasta marzo del 81. Por supuesto, no falté a la cita, y recuerdo que me costó atar algunos cabos y comprender ciertas cosas, quizá porque no tenía muy nítida a su antecesora, quizá, simplemente, porque el mismo George Lucas había improvisado más de una cosas al escribir el argumento (¿fue siempre Darth Vader el padre de Luke?).


Para cuando llegó El retorno del Jedi (en aquellos tiempos se decía “yedi” y no “yedai”) en 1983, yo ya estaba un poco más crecidito, y pude aprovechar y exprimir mucho más esta tercera entrega, que iba a acabar consagrando la saga para mí. Un compañero del instituto había conseguido verla durante su estancia en el extranjero y ya nos adelantó algunas cosas. La esperé con gran interés, atesorando los pocos artículos o fotografías que llegaban a mis manos. Por fin se estrenó en España. Con una argucia un tanto cuestionable éticamente (argumento en mi defensa mi joven edad), conseguí verla durante las primeras semanas de estreno en el ABC Park de Valencia: el gobierno amenazaba con cerrar la siderúrgica de mi pueblo (cosa que conseguría), dejando sin empleo a miles de personas; los obreros se manifestaban en todas partes, y aproveché que mi padre acudía a uno de esos actos en la capital para meterme con él en el autobús contratado a tal efecto y que me acompañara a la taquilla antes de la manifestación. Recuerdo que me dio unas monedas para que se las diera de propina al acomodador (un señor mayor vestido con un uniforme pseudo-militar) y que, como me daba vergüenza, entró él mismo hasta la sala y le entregó el dinero. Por desgracia, al no depender de mí, no llegué a tiempo de ver comenzar la película: ya estábamos en la secuencia del Palacio de Jabba, pero de todas formas tendría ocasión de verla varias veces más en los cines de mi localidad, y luego ya en VHS. Fue una de las primeras cintas que vi en ese formato, hasta creo recordar que en edición pirata (y, posiblemente, mi segunda película en la capital).

Al estreno de esta tercera parte le siguió una vorágine de parafernalia relacionada con ella: la novela y la banda sonora (acabaría consiguiendo también las de las películas anteriores, al igual que los cómics), el álbum de cromos (el último que me hice en mi vida, ayudado por mi primo a conseguir la última estampa que me faltó, que él mismo arrancó de su propio álbum), las clásicas figuritas de Kenner (me conocía los nombres de todos los personajes), las películas de los Ewoks y los dibujos de los Droides, etc, etc… Durante los siguientes años continuó mi afición por la entonces trilogía galáctica: compraba maquetas, algún tebeo, pero nunca de una manera obsesiva. Siempre he bromeado diciendo que es mejor tener muchas obsesiones en lugar de una sola, y yo compaginé siempre mi amor por La guerra de las galaxias con el que tenía por muchas otras películas y aficiones. Con la adquisición de mi primer vídeo en 1989 pude por fin grabarme la trilogía de la televisión: la primera parte me la grabé de TV3 y la estuve viendo, por tanto, en catalán durante muchos años, ya que no conseguí una versión en castellano hasta mucho después. Mientras tanto, los fans seguíamos esperando las prometidas nuevas entregas que George Lucas había asegurado: tres películas que irían antes de las ya estrenadas, y tres películas que irían después. Muchos acabamos perdiendo la esperanza de que éstas llegaran alguna vez conforme transcurrían más y más años…


Reestreno
En 1997 acudí religiosamente a ver la nueva edición de las tres películas que se estrenaban en cine con motivo del 20 aniversario de la primera de ellas. Aunque me encantó volver a poder ver la trilogía en pantalla cinematográfica, me empecé también a plantear seriamente la honestidad de George Lucas al modificar de una manera para mí tan notable aquellas películas con las que había crecido. Cambios radicales como la escena entre Han Solo y Greedo y otros tan forzados como la superposición del Jabba del 83 sobre la imagen del actor original de 1977 me parecieron ridículos. En cualquier caso, por aquel entonces todavía me hizo gracia poder ver recuperadas escenas eliminadas de las películas originales, y fui tan ingenuo como para creer que esto era sólo un ejercicio puntual conmemorativo, y no que George Lucas establecería esta nueva edición como “la oficial”, prescindiendo en los siguientes años de las primeras versiones de la trilogía a la hora de reeditarla en formato doméstico. Desde ese momento, me negué a adquirir las ediciones retocadas, y me he mantenido fiel a este principio a través de todas las nuevas versiones que han aparecido con los años. No fue hasta 2006, cuando se comercializaron las ediciones originales de las tres películas en DVD (como “extra” junto a las nuevas ediciones retocadas tras la segunda trilogía) que acepté soltar mi dinero para comprar la saga. Hasta entonces, seguía con mis viejas grabaciones en VHS de las emisiones televisivas.

Vistas con la perspectiva de tantos años, las tres primeras películas de Star Wars siguen en el mismo lugar de mi corazón que se ganaron hace mucho tiempo, como parte esencial e importantísima de mi amor por el séptimo arte. Es lamentable que la codicia y la ceguera de su creador hayan acabando salpicando a estos filmes que quiero tanto (sobre Lucas tendré unas palabras en la continuación de este articulo). De La guerra de las galaxias, cuyos punteros efectos especiales en su momento parecen ya hoy encantadoramente obsoletos, destacaré que fue, posiblemente, la primera vez que vi a los que acabarían convirtiéndose en dos de mis actores favoritos -en este orden-: Peter Cushing y Harrison Ford. Por eso, y porque, al fin y al cabo, fue el origen de todo lo que vendría, es mi preferida de la trilogía original, aunque admito, no obstante, que la de mayor calidad es indudablemente El imperio contraataca, por la sencilla razón de que fue la única de toda la saga que tuvo un buen director, Irvin Kershner, y dos grandes guionistas, Leigh Brackett y Lawrence Kasdan, que aportaron momentos verdaderamente dramáticos y oscuros (a destacar, claro está, la revelación de Vader) que dotan al film de una sobriedad envidiable y ausente en el resto de películas de Star Wars. Y, además, Yoda y Frank Oz. ¿Qué más se puede pedir? El retorno del Jedi, por el contrario, pese a que fue la película que, como he dicho, más pude disfrutar en su momento, es la que más ha perdido para mí con el tiempo. Mark Hamill y Carrie Fisher están demacrados y envejecidos, y la nefasta idea de emparentar tan artificialmente a sus personajes estropeó para mí toda la saga ya desde que la vi en el estreno del film.

En breve, la segunda parte