Constatar lo rápido que
se te escapa el tiempo conforme te haces mayor es algo que seguro que no le
descubro a nadie que haya alcanzado ya unas pocas décadas de vida. Aun así, muchas
veces me sigue sorprendiendo este hecho al cerciorarme de determinados detalles
o fechas, como ocurre en el día de hoy, cuando se cumple ya todo un lustro
desde que comencé la aventura de dar forma a este blog, un espacio virtual
inicialmente centrado en el cine y en la música, pero con cabida para todo tipo
de temas de los que me apeteciera hablar. Un blog centrado, pues, en mis gustos,
inquietudes y opiniones.
La aventura de El castillo de Lord Ruthwen nació
principalmente debido la insistencia de un amigo al que le gustaban mis
escritos y las historias y anécdotas que a veces contaba a mis conocidos por
medio de mails. Yo no las tenía todas conmigo. No acaba de entender para qué
quería publicar cosas personales en internet, ni mucho menos a quién iban a
interesar. Pero, como me gusta mucho escribir, y el periodismo es una de mis
vocaciones frustradas, al final me planteé el blog como una especie de
“revista” internáutica en la que dar cabida a todos esos “artículos” que nadie
seguramente me iba a publicar. Y, además, sin censuras ni limitaciones ni
ningún tipo de condición ni imposición a la hora de elegir y redactar esos
textos.
Con el tiempo, el blog
fue desarrollándose y variando, dando cabida a nuevas ideas y secciones, casi
cobrando vida propia, como se suele decir. Fui desechando algunas temáticas o
relegándolas a un lugar secundario, e incorporando otras, a veces sin que
acabaran de convencerme, a modo de prueba. Hubo momentos en que me cansé, en
que pensé en abandonar, pero luego me volvía a entrar el gusanillo de escribir;
encontraba algún tema que me inspiraba. Sin ir más lejos, en este quinto
aniversario me había propuesto poner fin, al menos temporalmente, a la
trayectoria del blog. Ya en otoño me había planteado llegar a este 17
de enero para hacer oficial el cierre de El
castillo de Lord Ruthwen, y en la práctica había dejado de escribir en él –mes y medio entre octubre y noviembre, el plazo
más largo en estos cinco años sin incluir ningún nuevo post–, quedándose un
montón de entradas en el tintero o acabadas pero sin publicarse. Al final he
decidido no ser tan drástico: el blog seguirá abierto, y escribiré cuando me
apetezca, sin obligarme a tener que subir nada nuevo cada cierto tiempo porque
sí, ya que ello sólo me lleva a incluir artículos cuya intención y redacción a
veces ni siquiera me convencen a mí mismo.
Hace ya mucho tiempo, al
cumplirse el primer aniversario del blog, sopesaba las razones por las que lo mantenía, que encontraba diversas y variadas: algún tipo de catarsis
artística podría ser la más obvia; matar el rato, desarrollar inquietudes,
relacionarse de alguna manera con otras personas; a veces incluso me parece un
pequeño ejercicio de egoísmo, porque, ¿a quién le importan mis chifladuras y
desvaríos o lo que pueda opinar o dejar de opinar de una película, actor o
cantante? La respuesta a esto último es que a nadie o a casi nadie, algo que ha probado el tiempo, de lo que
se infiere que al final escribo y confecciono el blog principalmente para mi
propia satisfacción, para matar el gusanillo de explayarme mediante las
palabras, de contar cosas que me apetece contar y no sé a quién porque no
conozco a nadie que crea que pueda estar interesado en ellas. Para mí, el blog
tiene finalmente dos recompensas principales: la primera es rendir homenaje a personas a las que
admiro y que han significado mucho en mi vida, ya se trate de artistas
consagrados internacionalmente como de gente de mi familia totalmente anónima. La segunda es
coincidir en estas admiraciones y en mis gustos con otros internautas perdidos,
porque todo el mundo necesitamos hacernos oír, ser reconocidos de alguna
manera, que nos den una palmada en la espalda o un terroncito de azúcar. En ese
sentido, si alguno de mis artículos logra entretener a algún lector despistado
que lo encuentra por casualidad o, aún más, hacer que se interese por el tema,
persona, disco, película o libro de los que hablo, me doy por satisfecho y me
considero más que pagado.
Así pues, y en resumen,
tras ese lustro fugaz que casi ni he visto ni recuerdo, la odisea desesperada
de El castillo de Lord Ruthwen
continúa, no sé por cuánto tiempo ni muy bien con qué sentido, pero sigue
adelante, sin prisas ni presiones, para contar las andanzas y vidas de todos
esos actores, músicos y escritores a los que admiro, para seguir hablando de
libros, juegos, videojuegos, historia o lo que se me antoje, al margen de que
interese o no al resto del mundo. Las puertas del castillo permanecen abiertas,
aunque no es fácil atreverse a traspasarlas debido a lo imponente y amenazador
de los muros de la centenaria fortificación, al vetusto portón de madera, a las
oxidadas cadenas del puente levadizo, a las pétreas y amenazadoras gárgolas…
Tan sólo espero que el
próximo lustro pase un poco más despacio, que de lo contrario no da tiempo a
aprovecharlo y a uno ya le pesan los años y prefiere saborearlos pausadamente…
Querido amigo: decirte que aplaudo tu decisión de seguir adelante. Esto de llevar un blog es bastante "duro", y sé que me entenderán todos los escritores de blogs más o menos modestos, que al fin y al cabo son -como mínimo- el 90% del total. El público suele ser poco agradecido, y demasiado a menudo no comprende (ni se molesta siquiera en intentar comprender) cuanto trabajo puede haber tras un artículo determinado. Pero al menos el tiempo a mi me ha enseñado algo: escribir siempre como si escribiera sólo para mi. Sin intentar agradar a terceros. Yo ahora lo uso como un mero ejercicio de catarsis, y como sabes, hace tiempo que dejé de auto imponerme "fechas de entrega" ni nada que se le parezca.
ResponderEliminar¿Que me apetece contar algo y tengo tiempo para hacerlo?. Pues lo hago. A mi ritmo y sin sentirme en absoluto presionado. ¿Qué quiero contar algo pero no tengo tiempo?. Pues queda el proyecto en stand by y si se presenta la ocasión más adelante se retoma la idea. Y si no tampoco es muerte de hombre. Pues ese es mi humilde consejo. Así funciono yo en la actualidad, y lo cierto es que vivo menos agobiado. Aunque publique tres entradas al año.
¡Ánimo, compañero, y a seguir en la brecha!
¡Muchas gracias, Jonathan! Así lo estoy haciendo, a mi marcha y cuando me apetezca... ;)
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