"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Día de doble luto... Irvin Kershner

Aunque seguramente Irvin Kershner fuera mejor director que Leslie Nielsen actor, encuentro cierta similitud entre ambos en el sentido de que los dos pasarán a la historia del cine principalmente por una película, y casualmente de nuevo dentro del género de ciencia ficción: si el segundo citado será sobre todo recordado por su aparición  en Planeta prohibido, el primero lo será por dirigir El imperio contraataca, la que muchos consideran la mejor película de la saga de La guerra de las galaxias. Cuentan las crónicas que George Lucas, extenuado tras la primera entrega de la franquicia, y deseando centrarse más en las labores de producción, contrató a su antiguo maestro de la escuela de cine para que se hiciera cargo de la esperadísima secuela, y el veterano director demostró que aquel dicho de “segundas partes nunca fueron buenas” podía ser a veces totalmente erróneo. Es una lástima que Lucas no aprendiera la lección y dejara las futuras continuaciones de la epopeya espacial en manos de personas más capacitadas que él para trabajar con actores...

Por lo demás, como decía al principio, la trayectoria fílmica de Kershner -iniciada en 1958 con Stakeout on Dope Street- no fue especialmente destacable, habiéndose especializado, aparentemente, en continuaciones de sagas cinematográficas como La venganza de un hombre llamado caballo (1976), Nunca digas nunca jamás (1983) o Robocop 2 (1990), última de las películas que rodaría para la gran pantalla y penúltimo de sus trabajos tras las cámaras (éste sería el episodio piloto de la serie televisiva Sea Quest: Los vigilantes del fondo del mar, en 1993). Desde entonces había seguido vinculado al 7º Arte en otras facetas como productor, consejero e incluso actor.

Irvin Kershner había nacido un 29 de noviembre de 1923 en Philadelphia, Pennsylvania, EE.UU., y nos ha dejado hoy, pues,a la respetable edad de 87 años. Seguramente ahora estará con Yoda y compañía, siendo uno con la Fuerza... 

Leslie Nielsen: continúan las bajas

Parece que vamos a acabar el mes de noviembre con la pérdida de otro actor con cierta trascendencia en el cine fantástico: aunque quizá un intérprete mediocre y principalmente televisivo, Leslie Nielsen figurará para siempre en la historia del cine como co-protagonista de uno los más grandes filmes de ciencia ficción de todos los tiempos y de una de mis películas favoritas: la magnífica Planeta prohibido (1956).

Había nacido en Regina, Saskatchewan, Canadá, un 11 de febrero de 1926, como Leslie William Nielsen, y su carrera comenzó en 1950 en el espacio televisivo Actor´s Studio y ha concluido más de doscientas intervenciones después con The Waterman Movie, actualmente en rodaje y donde sólo ponía la voz. Intervino en infinidad de series en la pequeña pantalla como Suspense, Tales of Tomorrow, Danger, Alfred Hitchcock presenta, El virginiano, Kung-Fu, La isla de la fantasía, etc, etc. En el cine no pasó casi nunca de papeles secundarios y, lamentablemente, en sus últimos treinta años su apariciones en la gran pantalla se vieron prácticamente relegadas a películas de humor burdo y vulgar como Aterriza como puedas (1980), Agárralo como puedas (1988) y sus continuaciones, Espía como puedas  (1996) y similares (hasta apareció recientemente en Spanish Movie el pasado año). Curiosamente, el “rebajarse” a este tipo de papeles nimios y ridículos relanzó su popularidad, hasta el punto de que muchos aficionados al cine más reciente, ignorantes de sus papeles anteriores en registros más dramáticos, lo conocen como “el hombre del pelo blanco”, y algunos obituarios aparecidos hoy en noticiarios virtuales lo recordaban con titulares como “Muere el cómico Leslie Nielsen”, “Leslie Nielsen, el rey de las películas de humor absurdo, ha fallecido” o “Fallece Leslie Nielsen, protagonista de "Aterriza como puedas"”.

Por mi parte, aunque nunca he sido ni seré admirador suyo, para mí Leslie Nielsen siempre será, por supuesto, “el protagonista de Planeta prohibido”. Poco más he visto de él (sólo recuerdo La aventura del PoseidónEl día de los animales y Creepshow). Quizá la casualidad y la suerte le concedieron la ocasión de un único papel importante en su larga carrera, pero por él será recordado para siempre por aquellos que amamos el cine. Nos dejó ayer a los 84 años debido a una neumonía.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Déjame estar (o, Remakes innecesarios)

A uno le es difícil que no le vengan a la cabeza palabras como “prepotencia”,  “arrogancia”, “engreimiento” y similares (pero también “ignorancia”) cuando se devana los sesos para encontrar una explicación a por qué los norteamericanos realizan estos tan frecuentes e insidiosos “remakes instantáneos” de películas, normalmente europeas o asiáticas, que hace apenas un par de años que se han estrenado.

Ya admití recientemente que no estoy radicalmente en contra de los remakes, aunque quizá la mayoría sean innecesarios. La historia del Cine está plagada de ellos y algunos han sido tan exitosos como el Ben-Hur de William Wyler o My Fair Lady de George Cukor. Recuperar, por medio de una nueva versión, una película “antigua”, quizá olvidada o totalmente desconocida por el público actual, puede ser una forma de reivindicar y rescatar también la original (de hecho, suele aparecer reeditada en DVD en esos momentos); incluso se puede hacer un remake interesante y digno, siempre teniendo en cuenta las diferencias que van a haber entre original y copia, entre clásico y moderno, entre la simple distancia temporal. Pero, ¿para qué voy yo a querer visionar un remake de una película que vi hace cuatro días? ¿Por qué hace falta? Supongo que los EE.UU. tienen la suficiente coyuntura económica para doblar, o al menos subtitular un largometraje que no esté en lengua inglesa pero, sin embargo, prefieren rodarlo de nuevo enteramente bajo su perspectiva y en su suelo. Esta tendencia parece haberse hecho especialmente patente y molesta sobre todo en los últimos diez años, cuando hemos podido ver remakes “inmediatos” de muchas cintas orientales de terror como La señal, Dark Water, El grito y similares, e incluso españolas como Abre los ojos (Vanilla Sky en su versión estadounidense) o [REC], entre otras…

Personalmente, insisto en que creo que estos remakes no aportan nada, al menos a la comunidad cinéfila fuera de EE.UU., que ya ha visto sus primeras versiones, y que difícilmente se pueden interpretar sino como una muestra de presunción económica, étnica e ¿intelectual? de un país que quizá debería emular otras cosas de aquellos a los que copia su cultura, y por mi parte no cuentan con mi beneplácito ni mucho menos con mi bolsillo, porque no me molestaré en verlas ni pagando, ni posiblemente gratis. Espero que vosotros hagáis lo mismo y de esta forma se respete y se dignifique un poco más el cine que hacemos los países “menores”…

jueves, 25 de noviembre de 2010

Adiós a la Condesa Ingrid

Totalmente anonadado me ha dejado la noticia que me ha dado un amigo sobre la muerte de Ingrid Pitt, sin lugar a dudas una de las pocas mujeres que lograron labrarse un nombre en la historia del cine de terror con personajes fuertes y destacables: lejos de la típica damisela–comparsa que se desmayaba en cuanto aparecía el monstruo de turno y tenía que ser salvada por el héroe de la película, Ingrid sorprendió siendo ella misma el monstruo del film propiamente en sus trabajos más conocidos.

La verdad es que era un fallecimiento que no me esperaba, a pesar de que la actriz contaba ya la edad de 73 años, precisamente cumplidos dos días antes de su marcha, acaecida el pasado martes 23 de noviembre.

Aunque nacida en Polonia como Ingoushka Petrov, su juventud transcurrió en Alemania, y contaba que pasó tres años en un campo de concentración durante la II Guerra Mundial. Fue también modelo y comenzó en pequeñas intervenciones en películas españolas o rodadas en suelo español como Campanadas a medianoche (1965), la mítica Doctor Zhivago (1965) o Golfus de Roma (1966) –¡hasta actuó con manolo Escobar!–, consiguiendo por fin un papel algo más relevante en El desafío de las águilas (1968), secundando nada menos que a Richard Burton y a Clint Eastwood. Pero sería con la mítica productora Hammer con la que Ingrid conseguiría la inmortalidad –en la ficción y en la realidad– merced a su papel de Carmilla von Karnstein en la película The Vampire Lovers un par de años después. Gracias a la mayor flexibilidad de la censura británica de la época, el director Roy Ward Baker pudo exhibir sin tapujos el lesbianismo de la famosa novela de Sheridan LeFanu, así como los encantos de Ingrid y de sus muchas bellas compañeras de reparto. (La película, claro está, no se estrenaría en España hasta bastantes años después, apareciendo en TV y vídeo con diversos títulos como Vampiros enamorados o Las amantes del vampiro, cuando su traducción correcta sería “Las amantes vampiro”).

The Vampire Lovers fue el gran hito de Ingrid Pitt; no obstante, a esta le siguieron otras dos películas (ambas del 71) que reincidían en el exitoso género vampírico y que serían La condesa Drácula, en donde la polaca interpretaba nada menos que a la infame Erzsébet Báthory, y La mansión de los crímenes, esta última rodada para la Amicus, la productora rival de la Hammer. Aunque Ingrid también intervendría en la clásica El hombre de mimbre (1973), se prodigaría poco en la interpretación y la citada “trilogía vampírica” es en realidad lo más recordado de ella. Con apariciones esporádicas en la pequeña y gran pantalla hasta recientemente (Sea of Dust, de 2008, una vez más como reclamo debido a su estatus de leyenda del fantástico), se ha dedicado durante muchos años sobre todo al oficio de escritora y periodista desde su hogar en Londres. Su autobiografía, aparecida en 1999, se titula Life's A Scream: The Autobiography of Ingrid Pitt.

Curiosamente este verano comencé a confeccionar un artículo para el blog sobre actrices del cine de terror en el que, naturalmente, Ingrid tenía un papel destacado. Si acabo publicándolo, tendrá que ser ya, por desgracia, a título póstumo. Hace apenas dos años perdimos también a otro de los grandes iconos femeninos del fantástico, Hazel Court.

* Un homenaje... gracioso:
-Ingrid Pitt con Manolo Escobar... ¡Esta da más miedo que las de la Hammer!

lunes, 22 de noviembre de 2010

Libros y cine, cine y libros (III)

Descubrí La casa encantada (The Haunting, Robert Wise, 1963) en 1990 o poco después, una madrugada de viernes a sábado, cuando fue emitida por TVE –posiblemente en el espacio presentado por el sin par Ibañez Menta “Alucine”, ¿alguien lo recuerda?–, e inmediatamente caí bajo el “encantamiento” de la lóbrega mansión. Hasta entonces no había oído hablar jamás de Shirley Jackson, la escritora norteamericana cuya novela de 1959 The Haunting of Hill House había dado lugar al largometraje de Wise. Enseguida me interesé por dicho libro, pero igualmente pronto descubrí que no existía su versión traducida al castellano. Hube de esperar hasta 1999 para que Jan de Bont decidiera hacer un lamentable remake del film original y este diera lugar a que al fin alguien se decidiera a editar el libro en nuestro país (al menos algo bueno salió de él). Pero, vayamos por partes y sigamos el orden cronológico de los acontecimientos….

Aunque las historias de fantasmas han estado presentes en la literatura desde que esta es reconocida como tal (algunos cuentos sobre aparecidos de Daniel Defoe datan ya de alrededor de 1700), el tema de la casa encantada era relativamente novedoso cuando la escritora Shirley Jackson (1919-1965) publicó The Haunting of Hill House en 1959. Es cierto que la literatura gótica recurrió a menudo a castillos y caserones siniestros, e incluso se pueden encontrar algunos precedentes del tema en las obras de Charlotte Ridell, Henry James, M.R. James o H.P. Lovecraft, entre otros, pero creo que la idea de una casa casi con vida propia y la de un grupo de investigadores que se aventuran en ella para desentrañar sus misterios era bastante original cuando Mrs. Jackson publicó su libro hace más de cincuenta años. Admitiré, no obstante, que aunque gran aficionado a la literatura y el cine de terror, mis conocimientos sobre ambos no son exhaustivos, y es posible que se me escape algún antecesor más claro de esta temática.

La novela
La trama de la novela comienza presentándonos al doctor John Montague, filósofo y antropólogo interesado por las manifestaciones sobrenaturales y los fenómenos psíquicos, a cuyos oídos llega la leyenda de Hill House, la Casa de la Colina. Lóbrega mansión construida por el excéntrico y severo empresario Hugh Crain, durante sus ochenta años de historia cuenta con un tétrico historial de accidentes, suicidios y demás sucesos funestos que comenzaron con la muerte de la primera mujer de Crain. En los últimos tiempos, nadie ha podido habitar el lugar durante más de unos días. La escritora y sus personajes califican a Hill House como una casa “enferma” y “loca”, un lugar que “nació malo”. A este respecto es interesante hacer notar que la propia mansión es en sí el “fantasma” de la novela: una especie de entidad malévola con inteligencia propia, y por derecho el verdadero protagonista de la obra de Jackson.

Para su investigación, el doctor Montague convoca, tras una estudiada selección, a una serie de personas para que pasen con él unos días en Hill House y presencien, atestigüen y den cuenta de los fenómenos que puedan presentárseles en ese lapso. Sólo dos de los candidatos acuden: Eleanor Vance, una chica de 32 años solitaria, insegura y emocionalmente inestable que ha pasado una década cuidando de su madre enferma, recién fallecida, y que en su infancia fue testigo de un fenómeno poltergeist, y Theodora, mujer algo fría y mordaz de la que sólo sabemos que regenta una tienda y que tiene ciertas habilidades psíquicas (también se ha querido ver en ella un velado lesbianismo). Al grupo se les une el cínico y vividor Luke Sanderson, familiar de la propietaria habitual de la mansión y su futuro heredero, impuesto por la dueña del lugar. La autora no describe físicamente a ninguno de los personajes y, de hecho, se centra principalmente en Eleanor, quien está presente en todo momento de la trama y cuyas ansiedades, miedos e ilusiones conocemos constantemente a través de sus pensamientos.

Los fenómenos paranormales tardan bastante en hacer su aparición en la novela, y no es hasta pasada la mitad de esta cuando empiezan a sucederse. Hasta entonces, la escritora nos ha preparado para que vayamos conociendo a los personajes y, como en tantas otras obras de terror, los “fantasmas” internos de cada uno de ellos, especialmente los de la ya mencionada Eleanor, cobran más relevancia que los posibles espíritus del más allá que puedan manifestarse en la historia. En las obsesiones de la a veces paranoica protagonista hay quien ha querido ver docenas de posibles lecturas de la obra, incluso la posibilidad de que sea la propia Eleanor la que cause o al menos canalice las alteraciones psíquicas de Hill House o de que todo esté en su imaginación, ya que parece ser testigo de más manifestaciones sobrenaturales que los demás investigadores. En un momento dado, incluso ella misma plantea a sus compañeros si quizá no está imaginándoselo todo y ni siquiera ellos existen.

Hacia el final de la novela hacen su aparición dos nuevos personajes: la esposa del doctor, cuya visita él ya había adelantado, y un profesor amigo del matrimonio, Arthur. Señora impertinente y un tanto ridícula que llega a aportar un ligero elemento cómico a la historia, es una especie de médium con una perspectiva benévola y compasiva del mundo de los espíritus.

No desvelaré el final de la historia por si alguien desea leer el libro, tan sólo comentar que está centrado en la desarraigada Eleanor, quien a pesar de las insólitas circunstancias parece encariñarse con la casa y desea quedarse a vivir allí…

La película
La Metro-Goldwyn-Mayer pronto se interesó por adaptar la novela, bastante popular tras su publicación, aunque todavía sin alcanzar el estatus mítico que tiene hoy en día en la literatura de fantasmas. Cuatro años después de la aparición del libro, es decir, en 1963, se estrenó The Haunting, dirigida por Robert Wise. Uno de los grandes directores del cine hollywoodiense, Wise aportaría también al fantástico títulos como La venganza de la mujer pantera (1944), El ladrón de cadáveres (1944), Ultimátum a la Tierra (1951), La amenaza de Andrómeda (1971), Las dos vidas de Audrey Rose (1977) o Star Trek, la película (1979), además de rodar otros clásicos como Sonrisas y lágrimas (1965) o West Side Story (1961); ahí es nada… (Por cierto, en 1951 rodaría House on Telegraph Hill, un film de suspense que aquí se titularía curiosamente… La casa de la colina).

El rodaje de The Haunting transcurrió en Inglaterra, siendo de esta nacionalidad la gran mayoría del reparto del film, a cuya cabeza figuraban Julie Harris como Eleanor (aquí apellidada Lance en lugar de Vance), Richard Johnson como el doctor Markway (de nuevo se cambió el apellido de este personaje), Russ Tamblyn como Luke (el único protagonista norteamericano además de Harris) y la siempre encantadora Claire Bloom como Theodora. En papeles secundarios aparecían Rosalie Crutchley como la Sra. Dudley, la estricta y algo siniestra ama de llaves de Hill House, y la canadiense Lois Maxwell -la inolvidable Moneypenny de las películas de James Bond-, que interpretaba a la Sra. Markway.

La versión cinematográfica de The Haunting of Hill House es una buena adaptación (con guión de Nelson Gidding), siempre que entendamos que se trata de eso: una transferencia de un medio artístico a otro, la condensación de una historia de doscientas páginas en una película de menos de dos horas. La mayoría de pasajes del libro se respetan, aunque no siempre en el mismo orden, así como el ambiente algo opresivo y tenso de la obra de Shirley Jackson. Los pensamientos de Eleanor que constantemente leemos en la novela los encontramos en la película a través de la voz en off del personaje, recurso muy arriesgado en el cine pero que en la cinta de Wise contribuye aún más a crear la atmósfera de miedo y paranoia de la historia.
Richard Johnson, Julie Harris, Claire Bloom y Russ Tamblyn
Algunos cambios con respecto a la novela los podemos encontrar en los ya citados nombres de los personajes, en que Hugh Crain sólo tiene una hija y no dos, que la mansión tiene diez años más, que el doctor Markway es más joven y Eleanor llega a enamorarse de él, que la mujer de este no es mencionada hasta que hace su aparición y que su personajes es totalmente diferente (no cree en espíritus y llega con la idea de llevarse a su marido de lo que ella ve como una empresa ridícula) y que el personaje de Arthur no aparece. Hay principalmente dos pasajes importantes del libro ausentes en la película: cuando Theodora encuentra su habitación manchada de sangre, y cuando ella y Eleanor se aventuran fuera de la casa una noche y presencian una fantasmagórica escena que gira alrededor de un picnic y de un siniestro bosque.

Por lo demás, la película de Robert Wise me parece una verdadera obra maestra del cine de terror. Una lección de la que deberían de aprender muchos de los directores de hoy en día que no hacen sino ridiculizar el género con sus lamentables trabajos. No hay apenas efectos especiales en The Haunting, ni complicados maquillajes, monstruos o demás: por medio de sombras, planos con perspectivas diagonales o atípicas, contrapicados y sobre todo gracias a una trabajada dirección artística y unos cuidadísimos decorados que pueblan toda secuencia de inmensidad de objetos peculiares, la película provoca una tremenda inquietud y un asfixiante desasosiego en el espectador que desea meterse en la historia y vivirla debidamente. Y es que el terror que se sabe insinuar más que mostrar, aquel que sabe llegar sutilmente al inconsciente del espectador incluso antes que a sus sentidos visuales o auditivos, es el que más logra cautivar y conseguir su verdadero propósito: dar miedo. Particularmente hay un par de momentos del largometraje que me parecen geniales: uno es un plano de un pasillo en el que descubrimos que la puerta que hay al final de este se ha abierto misteriosamente. No hay más que negrura más allá de ella, pero esa oscuridad me parece mucho más impactante y sugerente que si se mostrara cualquier tipo de aparición o monstruo. Otra de mis escenas favoritas es cuando las dos chicas están en la habitación de una de ellas y oyen unos tremendos golpes por el pasillo y cómo algo acecha tras la puerta del cuarto y parece estar intentando entrar en él. De nuevo, creo que una lección magistral de cómo se puede inducir el miedo en el espectador valiéndose de recursos sencillos.

Un consejo para aquellos que quieran ver el largometraje: hacedlo de noche, solos y con las luces apagadas. Sólo así se puede vivir el film debidamente...

Revisitaciones
El tipo de argumento propuesto por Shirley Jackson en su ya clásica obra sería revistado bastante a menudo en los siguientes años: el normalmente más imaginativo Richard Matheson publicó en 1971 Hell House (La casa infernal en nuestro país), prácticamente un plagio de la novela de Jackson, sólo que más explícito y violento. Dos años después fue llevada al cine por John Hough con el título de La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House). Y el popular Stephen King pagó su particular tributo a The Haunting of Hill House con la mini-serie Rose Red (Craig R. Baxley , 2002), que él mismo guionizó (incluso el mismo El resplandor se puede considerar una variante de la historia de Shirley Jackson).

The Haunting de Robert Wise se estrenó en la televisión de nuestro país como La casa encantada. No llegó a los cines de nuestra nación en su momento, 1963, ni llegaría a proyectarse en pantalla grande hasta más de cuarenta años después de su aparición. Actualmente se encuentra editada en DVD como La mansión encantada, quién sabe si por diferenciarla de La casa encantada (Ghosts on the Loose, comediada dirigida por William Beaudine en 1943 en la que aparecen un ya decadente Bela Lugosi y una jovencísima Ava Gardner).
En 1999, como he adelantado, Dreamworks realizó un remake de The Haunting de igual título, y que en España se subtituló con gran desacierto La guarida, como si de una cueva de ladrones o una madriguera de animales se tratara. El normalmente admirable Liam Neeson dio vida al doctor Montague, sólo que aquí volvió a cambiar el nombre original por el de Marrow, mientras que Lilli Taylor interpretó a Eleanor, Catherine Zeta-Jones a Theodora y Owen Wilson a Luke. El director Jan de Bont demostró no haber aprendido nada de Robert Wise cuando todo lo excepcional de la primera versión, toda aquella conseguidísima atmósfera de inquietud y desasosiego lograda por Wise con simples movimientos de cámara o encuadres, fue sustituida por risibles fantasmas infográficos que llegan al colmo de la ridiculez en una especie de “clímax” final en el que la casa parece desatar todas sus fuerzas contra los protagonistas y todo empieza a dar vueltas y a girar en torno al personaje de Eleanor. No soy un purista ni estoy necesariamente en contra de los remakes, pero quizá hay obras que son simplemente insuperables y que es mejor dejar estar.

Algo bueno trajo la tremenda metedura de pata de de Bont, y es que por fin la novela de Shirley Jackson apareció traducida al español (si lo había hecho antes, es algo de lo que no tengo conocimiento): la publicó Plaza y Janés en el mismo año del estreno del remake y con el título y portada de este, The Haunting (La guarida). Posteriormente (2008) ha sido reeditada por toda una editorial especializada en literatura de terror como es Valdemar, concretamente en su serie Gótica, con el nuevo título de La maldición de Hill House. Aunque yo personalmente tengo la primera versión citada de la novela, recomiendo esta segunda por la tremenda calidad de material y presentación de la colección de Valdemar, de la que poseo no pocos volúmenes.

Por cierto, aprovechando la feliz circunstancia de que los cuatro protagonistas del film de Robert Wise están vivos y de que pronto se cumple el 50 aniversario de su estreno, vuelvo a reivindicar un DVD conmemorativo para esa fecha con todos ellos recordando su rodaje y las anécdotas que lo rodearon.

* Enlaces de interés:
-Aunque, según los estudiosos, Shirley Jackson se inspiró en la peculiar historia de la Winchester House (léase aquí) para su libro, la “auténtica” Casa Encantada no está en Massachussets, EE.UU., como nos dice la novela, sino en Warwickshire, Inglaterra: Ettington Manor, una impresionante mansión con varios siglos de antigüedad, fue el lugar elegido por Robert Wise para rodar los exteriores de su film. Hoy en día es un reputado hotel conocido como Ettington Park que, a la luz del día, y complementado con todas las comodidades modernas, dista mucho de parecerse a la siniestra Casa de la Colina que una vez representó. Pero, no creáis: hay quién dice que el lugar, como cualquier veterano edificio típico inglés que se precie, tiene sus propios fantasmas. Ved si no este vídeo de youtube: http://www.youtube.com/watch?v=-FpczWUHUng

“La propia Hill House, sin recobrar la cordura, siguió alzándose en medio de sus colinas, conservando la oscuridad dentro de ella; así había estado durante ochenta años y bien podría continuar otros ochenta. En su interior, las paredes permanecían derechas, los ladrillos encajaban limpiamente, los suelos continuaban firmes, las puertas seguían cerradas, el silencio se recostaba, imperturbable, en la madera y en la piedra del edificio y, cualquier cosa que anduviese por ella, caminaba sola.”

domingo, 21 de noviembre de 2010

Los malos viven más

Hace algún tiempo que, a propósito de una lectura sobre la II Guerra Mundial, llegué a la amarga conclusión de que una destacable cantidad de líderes políticos y/o militares del siglo XX responsables de una u otra manera de la muerte de miles de personas habían, por el contrario, disfrutado de una vida verdaderamente longeva y, en la mayoría de los casos, tranquila y afortunada. Iniciaron guerras, las continuaron, exterminaron etnias y naciones o, simplemente, mandaron a la muerte a muchos jóvenes soldados, pero no parece que tuvieran por ello muchos problemas de conciencia ni remordimientos. Veamos la lista que he confeccionado para vuestra ilustración:

-Philippe Petain (1856-1951): 95 años
-Rudolf Hess (1894-1987): 93 años (y se suicidó)
-Augusto Pinochet (1915-2006): 91 años
-Winston Churchill (1874-1965): 90 años
-Karl Dönitz (1891-1980): 89 años
-Bernard L. Montgomery (1887-1976): 88 años
-Harry Truman (1884-1972): 88 años
-Hirohito (1901-1989): 87 años
-Douglas MacArthur (1880-1964): 84 años
-Fidel Castro (1926-): 84 años y aún en pie
-Francisco Franco (1892-1975): 82 años
-Charles De Gaulle (1890-1970): 79 años
-Idi Amin Dada (1925-2003): 78 años
-Dwight D. Eisenhower (1890-1969): 78 años
-Georgi Zhukov (1896-1974): 77 años
-Josef Stalin (1879-1953): 74 años
  
Por supuesto hay algunas excepciones que confirman la regla, siendo desde luego las más notables las de los mismísimos Hitler (56 años) y Mussolini (61 años), así como Patton (60 años), Roosevelt (63 años) y los líderes nazis Göring (53 años), Goebbels (47 años) y Himmler (44 años), pero casi todos estos personajes vieron truncada su vida por diferentes circunstancias forzosas (suicidio, ejecución, accidente). ¿A qué edad hubieran llegado de otra manera? En cualquier caso, seguro que vivieron mucho más que la mayoría de los muchachos veinteañeros a los que comandaban y obligaron a luchar para ellos…

La moraleja de este estudio parece ser que, contra más tirano y malvado y contra menos escrúpulos, se vive más, así que ya sabéis…

sábado, 13 de noviembre de 2010

Berlanga

Y, vaya, no era mi intención agobiaros con tantas entradas en un mismo día pero, ¿cómo pasar por alto la pérdida, no sólo de uno de los más grandes directores del cine español, sino de un gran pedazo de la historia de este? Luis García Berlanga (Valencia, 12 de junio de 1921) ha fallecido hoy a los 89 años, poco más de un mes después de que lo hiciera otro clásico del celuloide nacional -esta vez de la interpretación- habitual en muchos de sus largometrajes: Manuel Alexandre.

Probablemente, si se confeccionara una lista con las diez películas más importantes del cine de nuestra nación, la mitad serían del director valenciano. ¿Es necesario repasar su filmografía?: Bienvenido Mr. Marshall, Calabuch, Plácido, El verdugo, la “trilogía nacional”...

Como anécdota personal, contar que lo tuve a muy pocos metros cuando, en 1997, realicé un curso en la Escuela de guionistas de la Universidad Menéndez y Pelayo que lleva su nombre y él mismo se ocupó de la presentación. Un gran honor haber estado tan cerca de alguien de su talla. Descanse en paz.

Por cierto, ya puestos a destacar decesos, no estaría de menos mencionar también el del legendario productor Dino de Laurentiis este pasado jueves 11 con la respetable edad de 91 años.