"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 29 de enero de 2016

Estreno estadounidense de Jane Got A Gun

Hoy se estrena en EE.UU. Jane Got A Gun de Gavin O´Connor y tan sólo dos días antes lo hizo en Francia. Los actores principales, Natalie Portman y Joel Edgerton, asistieron a las premieres en ambos países. Parece que por fin queda roto el maleficio de esta película de difícil gestación que se rodó hace ya casi tres años y ha estado desde entonces en un insidioso limbo tras pasar por más avatares de los que es posible rastrear y que incluyen el abandono de su primera directora antes de comenzar el rodaje, varios cambios en el reparto, el cierre de su distribuidora e innumerables posposiciones de su fecha de estreno, la última de las cuales iba a ser en París poco después de los trágicos atentados del pasado noviembre.

Esperemos que este estreno en países culturalmente punteros y la promoción que al fin está recibiendo el largometraje anime a los hipotéticos responsables de su posible distribución en España a ofrecernos la oportuna edición nacional, a pesar de que, por el momento, no parece haber noticia de tal cosa. La cinta se estrenó en Alemania a finales de diciembre y países como Rusia, Grecia, Reino Unido y hasta Filipinas tienen ya fecha de estreno durante los próximos meses, aunque en esta nuestra vieja y culturalmente tercermundista piel de toro no hay indicios de que este western vaya a aparecer por las salas cinematográficas.

Como ya he reiterado hasta la saciedad, Jane Got A Gun es una de las películas que más he ansiado poder ver en los últimos tiempos, en parte por lo mucho que me gusta su género, más aún porque me supone la ocasión de reencontrarme en la pantalla grande con mi actriz favorita del cine actual, a la que llevo más de dos años sin ver en nuevos trabajos. Vamos a ser un poco ingenuos y pensar que el film llegará a nuestros cines antes de que las odiosas descargas internáuticas imposibiliten su comercialización en dichos locales….

La odisea de Jane Got A Gun
-Mayo de 2012: Se anuncia el rodaje del film bajo la batuta de la directora Lynne Ramsay y protagonizado por Natalie Portman, Michael Fassbender y Joel Edgerton.
-11 de marzo de 2013: Michael Fassbender choca con Lynne Ramsay (o le coinciden rodajes, según otras versiones) y abandona el Proyecto. Joel Edgerton, que en principio iba a ser el villano, asume su papel y Jude Law hereda el del villano que en principio iba a interpretar Edgerton.
-19 de marzo de 2013: Por diferencias con el productor, Lynne Ramsay abandona el proyecto y no aparece el primer día de rodaje. El director de fotografía Darius Khondji deja la película en solidaridad con Ramsay. Jude Law abandona también el film al dejarlo la directora. Es sustituido por Bradley Cooper.
-1 de mayo de 2013: Debido a los retrasos, Cooper debe dejar la película por conflictos con otro rodaje.
-6 de mayo: Ewan MacGregor es contratado para ocupar el puesto de Cooper.
-29 de agosto de 2014: El estreno previsto para esta fecha se pospone al próximo 20 de febrero.
-20  de febrero de 2015: Se vuelve a posponer el estreno hasta septiembre.
-Julio de 2015: Relavity Media quiebra y pierde los derechos de distribución de la película.
-4 de septiembre de 2015: Tercera posposición del estreno al 25 de noviembre.
-16 de noviembre de 2015: Debido a los atentados de París, la premier del film y su estreno general nueve días más tarde se retrasan hasta enero
-31 de diciembre: Alemania es el primer país que estrena Jane Got A Gun
-24 de enero 2016: premiere del film en Francia, con estreno general tres días más tarde.
-27 de enero 2016: premiere del film en EE.UU., con estreno general dos días más tarde.

(Post scríptum: hoy 2 de febrero ha sido anunciado el estreno español del film: 15 de julio de 2016. Crucemos los dedos...)
(Post scríptum 2: continuando con la tradición del film de variar sus fechas de estreno, a 1 de marzo se anuncia ahora el español para el 6 de mayo de 2016)

martes, 26 de enero de 2016

Adiós a Videoclub Casablanca

Un pequeño local que, sin embargo, escondía
 la mayor oferta de películas en vídeo de la ciudad
En estos días toca decir adiós a un local emblemático de Puerto de Sagunto, prácticamente una institución: el Videoclub Casablanca anunció recientemente su cierre definitivo a finales de este mismo mes de enero de 2016. Su propietario, Ximo Ginés, se jubila tras 27 años al frente del negocio. “El Casablanca” era algo más que un simple videoclub; al menos era diferente a todos los demás videoclubes del pueblo, primero porque estaba regentado por una persona a la que le gustaba el cine y que entendía de él. Puede parecer irónico, pero yo mismo comprobé de primera mano y en numerosas ocasiones que muchos propietarios o empleados de videoclubes no sabían absolutamente nada de lo que vendían (o alquilaban). En una ocasión, incluso se me llegó a ofrecer como alternativa a una película que yo buscaba otra cuyo título rimaba con ella….

El panel de novedades siempre era el más visitado
Años 80: llega el vídeo doméstico
En la década de los 80 fue irrumpiendo paulatinamente en los hogares españoles el vídeo doméstico (véase mi entrada recordando aquellos tiempos) y con las cintas magnéticas en los formatos VHS, Beta y 2000 llegó también un nuevo tipo de establecimiento público: el videoclub, un lugar en el que los afortunados propietarios de un moderno magnetoscopio podían ir a comprar y alquilar películas para su flamante aparato. Los primeros de estos comercios coincidieron casi siempre con tiendas de electrodomésticos, la mayoría de las cuales hicieron un hueco en su superficie para ofrecer videocasetes a sus clientes, pero hubo también empresarios que directamente inauguraron sus propios negocios de alquiler de películas domésticas. Este fue el caso de nuestro homenajeado quien, cansado de trabajar por cuenta ajena, decidió emprender la aventura de la autonomía y montar uno de estos establecimientos en el año 1989: su emplazamiento sería una calle clásica de la localidad, la Segorbe, concretamente en su número 54. El local era en realidad una vieja planta baja remodelada pero, cuidado: sus modestas dimensiones podían llevar a engaño, porque acabaría teniendo la oferta más amplia y rica de películas para visionado doméstico de la localidad, como veremos. Ximo lo bautizó con el título de la legendaria película de Michael Curtiz que también dio nombre a muchos cines españoles de otras épocas (sin ir más lejos, el que había en Sagunto hasta los primeros 80).

Las películas "de punto rojo": de regalo con cualquier novedad
Una amplia oferta
El Videoclub Casablanca se concibió como un comercio familiar y amistoso en el que su gerente conocía bien a sus clientes, sabía de sus gustos y siempre estaba dispuesto a recomendar una u otra película en base a ello. Yo personalmente no tuve vídeo hasta el mismo año de su inauguración, y los videoclubes a los que primero acudí fueron aquellos inmediatamente más cercanos a mi casa: Centauro, Omar y el que estaba en la calle Naranjo, cuyo nombre siento haber olvidado. No sé si conocí el Casablanca porque pasé por su ubicación y me fijé en él, o porque alguien me habló del local, pero comencé a ir en los primeros 90 y siguió siendo mi videoclub preferido durante más dos décadas, aunque lo alterné ocasionalmente con otros si no encontraba una película que buscaba o si decidía ver alguna por la noche, horario en el cual sólo algunos de estos comercios abrían en el pueblo. A menudo durante muchos años bajé hasta el Casablanca por el simple placer de dar un paseo hasta allí y charrar un rato con Ximo, al margen de la calidad o el interés que pudiera tener la película que luego me llevara. Además, sus precios nunca tuvieron igual en la localidad –al menos, que yo sepa–: el videoclub te ofrecía dos tipos de película: los estrenos, o las de “punto rojo”, que ya llevaban un tiempo en alquiler. Las primeras valían 200 pesetas, las segundas, 100, pero… esto era lo mejor: con cualquiera de ellas te podías llevar otra película de punto rojo, lo que quiere decir que podías optar a dos títulos por tan sólo veinte de los antiguos duros. Estos precios subieron luego con la llegada de la moneda única a 1 y 2 euros, e igualmente el Casablanca actualizó sus cintas magnéticas a discos DVD y –más recientemente– Blu-Ray. Incluso llegó a tener videojuegos durante algún tiempo.

La pequeña habitación del fondo albergaba las películas clásicas y...
también algunas más picaronas...
Como ya avanzaba antes, las humildes dimensiones del Videoclub Casablanca podían fácilmente llevar a engaño, pues si bien en cantidad el negocio quizá no podía competir con otros locales del mismo ramo mucho más grandes (como las enormes franquicias Weekend que abrieron algunos años después), la oferta y la calidad que el Casablanca proporcionaba no tenía probablemente igual en el pueblo: cualquier persona que buscara un tipo de película algo menos conocida o comercial, o que deseara revisitar algún clásico de antaño, sabía que aquel era prácticamente el único sitio en el que iba a poder alquilarlo en muchos kilómetros a la redonda. Ximo no tenía a lo mejor 8 o 10 copias de las novedades más recientes, pero en diversidad no había quien compitiera con su comercio.

Peces grandes… y pirañas
En lo relativo al cine, las películas y el arte dramático en general, siempre me es inevitable recordar aquella metáfora del pez que es devorado por otro pez más grande: el 7º Arte, en sus primeros momentos de vida, destronó a la milenaria representación teatral como entretenimiento favorito del espectador. Décadas después, la pequeña pantalla hizo peligrar a la grande a medida que se implantaba en más y más hogares. Después llego el vídeo, cuyo auge coincidió de manera nada casual con la muerte de muchos locales de cine veteranos. Y en este nuestro siglo XXI ha llegado algo que difícilmente hubiéramos podido prever hace unas pocas décadas, más que un pez grande, todo un banco de pirañas: internet, una forma de comunicación inmediata, rápida y muy tentadora en la que algo indiscriminada y caóticamente se han mezclado toda una serie de ofertas que ponen al alcance del usuario con pocos prejuicios –y con el discutible pretexto de que “la cultura es gratis”–  un método barato o directamente gratuito de obtener una interminable serie de opciones: películas, música, videojuegos, libros… 

El Casablanca era prácticamente el único videoclub en el que se
podían encontrar películas clásicas y de autor
Ni qué decir tiene que es esta red de redes mundial la que, a su vez, ha imposibilitado prácticamente el alquiler y venta de películas –y de discos, y de libros, y de videojuegos, y de… – y ha dado el estocazo mortal tanto a los videoclubes como a muchos otros tipos de comercio y de formas de vida. Cuando hablas con muchas personas jóvenes al respecto de todas estas cosas, te das cuenta de que ni siquiera conciben pagar por alguno de estos divertimentos, de que en su vida han tenido que poner dinero para ver una película o ni siquiera han ido al cine, algo que a mí personalmente me sume en un tremenda tristeza por tratarse de una filosofía de vida tan diferente a la mía, que he crecido yendo y amando el cine en pantalla grande. Son decididamente malos tiempos para muchas cosas: el cine, los videoclubes, las librerías, y tantas más, y nuestros sucesivos gobiernos no están precisamente ayudando a aliviar todas estas heridas contra la cultura en sus muchas formas.

Ximo Ginés se jubila tras 27 años al frente de su negocio. Por sus manos
han pasado miles y miles de películas
Si he de ser sincero, también tengo que admitir con pesar que en los últimos años yo mismo fui dejando paulatinamente de ir al Casablanca: hacia el 2013-2014 toqué uno de los baches personales más grande de mi vida. Tras varios años desempleado, mi economía llegó a límites tan precarios que hasta los míseros 2 euros que costaba alquilar una película me suponían a menudo un inmenso sacrificio. Y, además, para mí la prioridad siempre ha sido y será el cine, así que, sintiéndolo mucho, tuve que elegir dónde destinar mis escasos ahorros.

¡Feliz jubilación!
Con el inminente cierre del Casablanca, creo que sólo quedarán un par de videoclubes en Puerto de Sagunto (puedo dejarme alguno). Visto y lo visto, y dicho lo dicho, no parece haber un futuro muy esperanzador para este tipo de comercio. Nuestro amigo Ximo Ginés seguirá al frente de su local hasta el 31 de enero, y hasta entonces estará liquidando su amplio stock de películas en DVD y en Blu-Ray, por lo que, si cualquier lector está interesado en esta oferta, puede pasarse por la ya citada calle Segorbe, 54 de Puerto de Sagunto o llamar al teléfono 96 2676145. Ni qué decir tiene que yo ya estuve seleccionando algunas películas que me he llevado como recuerdo del videoclub (¡y a riesgo de saturar mis pobladísimas estanterías!).

El letrero del videoclub pronto se apagará de manera definitiva...
Por mi parte, nada más queda que desearle a Ximo una feliz jubilación con muchísimas más películas de las que disfrutar, agradecerle su gestión y amistad todos estos años y desearle suerte con su proyecto del resucitado Cine Club Nautilus, en donde todos los lunes varios aficionados al cine se reúnen para ver algún clásico y comentarlo (más información en su página en este enlace de su página Facebook).

miércoles, 20 de enero de 2016

Desmontando el mito de Audrey Hepburn

Es algo que tengo claro desde hace muchísimos años y que he denunciado incontables veces. Tampoco creo que haga falta ser muy observador para darse cuenta de ello: hemos convertido a Audrey Hepburn en un mero objeto de merchandising, ignorando por completo a la persona y a la actriz que hubo detrás de las imágenes. No sólo pasa con ella y tampoco es nada nuevo: algo parecido se puede decir de Charles Chaplin, Marilyn Monroe, John Lennon o Ernesto Che Guevara –entre otros–, cuyos pósters adornan por igual habitaciones y establecimientos de gente que apenas conoce nada de ellos ni de su legado. Se han convertido en meros ornamentos que resultan cool, in, chic o como quiera que se diga ahora. Y lo peor en el caso de la primera artista citada es que, detrás de toda esta maniobra comercial, están posiblemente sus propios hijos, que han concedido licencias para todos esos cuadros, tazas, bolsos, camisetas y libros (cada vez más) insulsos que circulan sobre ella. Siempre me resulta inevitable pensar que la propia Audrey Hepburn, de seguir hoy en día con vida, seguramente no hubiera permitido toda esta frivolización de su persona e imagen.

La verdad es que hoy no pensaba conmemorar el 23 aniversario de la muerte de Audrey, pero este artículo aparecido en Vanity Fair ha hecho que me picara el gusanillo y me han entrado ganas de comentarlo y, con esa excusa, confeccionar una nueva entrada en el blog. Parece que, siempre que se construye un mito y éste alcanza la cumbre, toca desmontarlo de una o de otra manera –o de varias a la vez–. No obstante, tengo que mostrarme parcialmente de acuerdo con las reflexiones de la redactora, aunque no coincido en que Desayuno con diamantes –que, de todas maneras, nunca ha estado entre mis películas favoritas de la actriz– haya envejecido mal. Muy al contrario, creo que el tiempo la ha convertido en más que un clásico del Cine.

* Artículo sobre Audrey Hepburn en Vanity Fair.

Ya son 23 años sin Audrey...


domingo, 17 de enero de 2016

Y van seis...

Debra Paget, una de las eternas musas del blog,
protagonizó mi primera entrada
Un año más, constatar lo rápido que pasa el tiempo y se van cumpliendo aniversarios, concretamente el sexto desde que inicié este blog tal día como hoy de 2010, también domingo. La ilusión que tenía en un principio por publicar en él se perdió hace ya mucho y hay veces que sigo llenándolo con algún artículo de manera semiforzosa. El interés que alguno de mis escritos pudiera ofrecer a lectores amigos o extraños también parece ya disipado en algún limbo y, gradualmente, he dejado de tener comentarios o nuevos interesados que se “apunten” a la sección de “Miembros” del blog. No culpo a nadie de manera directa ni me quejo más de la cuenta. Como he reiterado más de una vez, este es sobre todo un blog de opiniones personales con las que entiendo que mucha gente pueda no coincidir o que puedan interesar otras personas. También repetiré igualmente que siempre es agradable que alguien se pare a dedicar unos minutos a tu labor o a considerar tus disertaciones, así que concluyo esta breve noticia de aniversario con una inevitable sensación de contradicción y de dejà vu

Supongo que en este 2016 continuaré usando el blog tal y como lo vengo haciendo en los últimos años: escribiré cuando me apetezca, sin obligarme a hacerlo porque sí o para coincidir con alguna fecha señalada. Quiero sobre todo concentrarme en un proyecto personal que requiere buena parte de mis pocas energías literarias, y que es la autopublicación de un libro con los pocos cuentos que he escrito en el último cuarto de siglo (no soy lo que se puede llamar un escritor prolífico). Este era el misterio que anuncié hace un par de meses y que gustosamente voy a anteponer a mis entradas en el blog, así que no os extrañe si pasa mucho tiempo sin que aparezcan nuevos artículos.

jueves, 31 de diciembre de 2015

El cine de 2015

Primera y última películas vistas en 2015, y lo mejor del año para un servidor
Por tercer año consecutivo repito esta especie de “ejercicio de repaso” de todo el cine que he visto en pantalla grande durante 2015, y lo hago con una sensación generalmente positiva por las razones que iré exponiendo a lo largo del artículo.

Para empezar, un impresionante número: 48 han sido las veces que he ido al cine durante el presente año, aunque en realidad han sido 47 las películas que he visto en salas, y este misterio lo explico unos párrafos más adelante. Eso significa una media de casi una visita por semana, aunque en realidad no ha sido así, claro, y hubo semanas en las que repetí, y otras en las que no fui.

Por meses
4 películas por mes fue la norma durante casi todo el año, con la excepción de los abundantes meses de verano: 5 películas en junio y 6 en julio, todo un récord que raramente alcanzo. Incluso en el último mes citado llegué a ir 3 veces en una misma semana, hito que solamente se da en mi historial cada muchos años. Febrero y septiembre estuvieron entre los meses con menor asistencia, 3 películas, y noviembre resultó ser el mes de menos cine: sólo 2.

La II Guerra Mundial siempre me apasiona
Por géneros
De nuevo mis dos géneros favoritos vuelven a destacar en este apartado 14 títulos que más o menos se pueden enclavar en el marco del thriller/cine policíaco, y 12 dentro de la ciencia ficción (téngase en cuenta que separo el fantástico en sus tres vertientes estándar; de lo contrario, ocuparía el primer lugar). El drama/melodrama ocupa el tercer puesto con 8 películas y, ya más distanciados, llegan los géneros del terror (4), la comedia (3), el musical (2), y las cintas bélicas, de aventuras, de animación y de acción (1 película de cada). Esto, como siempre, teniendo en cuenta lo difícil que resulta a veces enmarcar un largometraje en un solo género y el habitual mestizaje de muchas películas.

Por países
Como ya constaté el pasado año, cada vez es más difícil encontrar películas producidas por un solo país, y ya es la norma en los últimos tiempos que diversas nacionalidades se impliquen en la creación de un film. De todas las películas vistas por mí en 2015, sólo EE.UU. y España han producido en exclusiva algunas de ellas, 14 en el caso del primer país, 1 sola en el caso del segundo. Las otras 33 películas han sido, pues, coproducciones internacionales, entre las que destacan los proyectos financiados por el Reino Unido, Canadá y de nuevo EE.UU., ya sea entre dos o tres de ellos, o entre alguno/s de ellos y otros países principalmente europeos, pero ocasionalmente también asiáticos u oceánicos. En concreto, EE.UU. estuvo implicado en 19 coproducciones, el Reino Unido en 8, y Canadá, Francia y España en 6, siendo los países que más se han repetido en los títulos que he visto este año.

Gasto y ahorro
7 euros es lo que cuesta el cine de mi localidad en domingo, y estos son el local y el día que más suelo repetir, aunque también he ido en días del espectador (4,50) y a algún cine de Valencia capital, normalmente a partir de 8 euros. Calculando una media de 7 euros para las 48 películas que he visto, tendríamos un total de 336 euros gastados (o invertidos, según se quiera ver, en cine). No obstante, he de decir que, de todas esas visitas, 7 fueron gratuitas debido a los clásicos cupones que te regalan un pase cuando rellenas una cantidad (6 en el caso de mis cines locales). Dejemos, pues, este gasto anual aproximado en 287 euros.

¿Tiene futuro el género de terror?
La saga de la oscuridad: ¿el fin?
Uno de los hechos que más me alegra comentar de este 2015 es que en ninguna de mis visitas al cine me encontré “solo en la oscuridad”, siendo el único asistente a la proyección (algo que ocurrió varias veces en 2013 y en 2014). Una de las razones por las que me quedo con una impresión general positiva respecto al cine en este año es que tengo la sensación de que en general ha habido más afluencia de gente, e incluso yo mismo –que muchas veces voy solo– he estado acompañado también más de lo habitual, entre otras cosas porque me alegra poder decir que he convencido a amigos menos habituados a ir al cine a que cambien esa “desaconsejable” tendencia. Sólo en dos ocasiones me encontré casi solo en las salas: en Chappie había un único espectador aparte de mí, y en Irrational Man sólo estuvimos mi acompañante y yo.

Otros cines
Aunque me sigue resultando más cómodo y económico asistir a los cines de mi localidad, los Alucine, ocasionalmente acudo a otras salas de otras ciudades, normalmente Valencia capital. Esto lo suelo hacer normalmente cuando preveo que alguna película que me interesa no va a llegar a mi pueblo, como fue el caso de It Follows, que vi en el complejo multisalas Yelmo en junio y de Love & Mercy, que proyectaron los Cines Babel un mes después. En septiembre, tras varias semanas esperando que Mr. Holmes llegara a los Alucine, decidí volver –tras cosa de una década– a los clásicos ABC Park de Valencia porque no quería que se me escapara esa película. Resultó que la semana siguiente llegó a Alucine. Qué se le va a hacer.

Finalmente, el 18 de diciembre a las 00.01 acudí a los Kinépolis a ver El despertar de la fuerza. Sobra decir que tenía muchísimas ganas de ver la secuela de Star Wars, y de nuevo los cines de mi localidad no se habían pronunciado sobre si proyectarían esa temprana sesión especial. Lo hicieron con diez días de antelación, cuando otras salas se les habían adelantado en casi dos meses. Sintiéndolo mucho, ya tenía la entrada para los otros cines y esa fue mi cuarta y última visita a cines “de fuera” de 2015.

Viejas “novedades”
Varias “novedades” relacionadas con el cine caracterizan este 2016. En realidad no se trata de novedades como tal, sino de hábitos recuperados después de algún tiempo: por ejemplo, vi mi primera película de animación –Del revés– después de tres años sin ver ninguna de este género en pantalla grande. Algo parecido me ocurrió con el cine de terror, aunque el lapso transcurrido sin ver películas en este registro no fue tanto: desde 2013.

Desde el estreno de El retorno del jedi, he visto todas las películas de las sagas de Star Wars e Indiana Jones 2 o 3 veces cada una en pantalla grande. Ni qué decir tienen que recuperé esta tradición con el nuevo Episodio VII, El despertar de la fuerza, que volví a ver una semana después del estreno, aprovechando que tenía una entrada gratuita. Este segundo visionado fue en 3D, modalidad que los cines de mi localidad parecían haber abandonado más de dos años y medio atrás –El hombre de acero, en 2013, es la última película que recuerdo haber visto con las consabidas gafas–. Y esta es la explicación –adelantada al principio del post– de por qué este año he ido 48 veces al cine y he visto sólo 47 largometrajes: repetí uno de ellos.


Películas variopintas, buenos ratos

Lo mejor….
Supongo que por tradición, por inercia, por defecto, cuanto menos por toda la expectación con la que la he esperado, debería de nombrar El despertar de la fuerza como la mejor película del año para un servidor. Es bien cierto que no conseguí recuperar con ellas el sabor de las viejas entregas de la saga –algo que imagino muy difícil, pero que sí que logré con la última de Indiana Jones–, y que no me acabó de parecer enteramente redonda por la poca originalidad que sus creadores mostraron con ella (algo que discuto más detalladamente en mi reseña del film), pero… ¿qué demonios? ¡Esta secuela era mi sueño de juventud!

Y, si el 2015 acabó con muy buen regusto, también comenzó con buen pie, ya que la primera película que vi este año fue Corazones de acero, que posiblemente sea para mí la mejor del año después del Episodio VII de Star Wars. Sin abandonar la II Guerra Mundial, aunque con un tono más dramático que la anterior, me gustaría destacar Suite francesa, en la que me deslumbraron sus dos actrices principales.

Spectre y Sicario salvaron la temporada otoñal de la monotonía
El año que acaba trajo un montón de remakes, secuelas, reboots, y mezclas de todo ello. Mad Max: Furia en la carretera me pareció una película divertida y espectacular, pero las nuevas entregas de Terminator y Jurassic Park no consiguieron impresionarme demasiado (de hecho, nunca he sido fan de la saga de los dinosaurios de Spielberg).

El otoño y el fin de año trajeron una programación general bastante mediocre en mi opinión, que salvaron algunas lagunas ocasionales como la intensa El desconocido, Irrational Man (parece mentira que diga esto yo, que normalmente considero a Woody Allen un director repetitivo y anticuado), la brutal pero interesante Sicario en la que parece que por fin pudimos ver artísticamente recuperada a una actriz que me ha gustado bastante en el pasado como es Emily Blunt, últimamente parece que un poco dada a la buena vida y al éxito seguro con películas algo decepcionantes y, por supuesto, Spectre: siempre sigo las andanzas del nuevo 007 con interés.

El cine de superhéroes también me atrae mucho, pero el de este año no me ha parecido especialmente sobresaliente. Los vengadores: La era de Ultrón fue quizá la más divertida, Ant-Man no estuvo mal, pero justita, y Cuatro Fantásticos estaba llamada a ser un fiasco desde que se anunció su producción y reparto.

No quiero dejar de mencionar en este apartado la cinta It Follows, que sin deslumbrarme me demostró que el género del terror tiene esperanzas.

Eastwood, decepcionante
…Y lo peor
El “premio” a la peor película del año no se lo doy a aquella que me ha parecido más pésima en un sentido técnico o artístico sino –como suelo hacer– a la que me ha resultado más decepcionante: el mito de Clint Eastwood, un hombre cuya labor he admirado durante décadas, se me cayó totalmente con la lamentable El francotirador. Ya despotriqué contra ella en su momento y no gastaré más “tinta” a este respecto.

Apuntar en la lista de las películas más aburridas del año las penosas Blackhat y Caza al asesino, que ni un actor más que soberbio como Sean Penn logra salvar– o la soporífera Regresión –irreconocible Amenábar–. Extinction, otra producción española, tampoco fue para “echar cohetes”, como se suele decir, y Marte, que también me adormeció a pesar de toda su lujosa producción artística y su espectacularidad. He de admitir además que accedí a ver, por un compromiso familiar, una película de un tipo que generalmente detesto, el género de la payasada –que no comedia–, que fue Pixels. Sabía a lo que me arriesgaba, así que no me quejaré.

Cine en pantalla pequeña
Las películas que veo en televisión escapan a mi control memorístico y no tomo nota de ellas, como sí hago con las que veo en cine. Para el próximo 2016 me voy a proponer apuntarlas para llevar un recuento total de cuántas veo. Un par de películas que me vienen a la cabeza que me gustaron bastante fueron Las dos caras de enero y Alma salvaje, y también me alegró completar un poco más la filmografía de mi adorada Ingrid Bergman al conseguir Alma en la sombra, así como las de Vittorio de Sica y de Sophia Loren. Revisité además varios clásicos de Chaplin, pero en realidad acabo viendo al menos dos centenares de películas en pantalla pequeña (y varias series) y no recuerdo con fidelidad todas y cada una… El año que viene, espero poder ser más preciso en este apartado.

En resumen…
Como decía al principio, cierro 2015 con una sensación positiva por el mucho cine que he visto (aunque la mitad de él sea olvidable), por esa mayor asistencia de público que he notado en las salas, por empezar y acabar con dos buenas películas, y por muchas otras cosas como la reapertura en Valencia de los Cines Aragón. Quisiera una pensar que aquella época negra para el cine que parecía llegar con la crisis y la subida del IVA cultural es ya cosa del pasado (¡que se lo digan a J.J. Abrams).

Y en 2016
También por tradición, por inercia y por defecto imagino que debería de decir que la película que más espero del próximo e inminente año es la nueva entrega de Star Wars, Rogue One, esta vez apartada de la trilogía estándar y por ello un curioso experimento. Viene todo un tropel de películas de la saga, y sólo espero no acabar empachado de tanta nave y sable láser y poder disfrutarlas todas.

¿Conseguiremos ver a Natalie?
Siempre me llama mucho la atención el cine de superhéroes -¡a pesar de que no leo cómics!–, y el año que viene llega plagado de películas de este subgénero, algunas que me apetece mucho ver –las nuevas entregas del Capitán América y de X-Men–, otras que me resultan curiosas –Doctor Extraño–, algunas que supongo que veré, pero que no me llaman especialmente por tratar personajes que me son desconocidos –Deadpool y El escuadrón suicida– y una última sobre la que tengo sentimientos encontrados, ya que no me resulta precisamente atractivo el reparto principal de Batman vs. Superman. Supongo que, igualmente, acabaré por verlas todas.

Por tercer año consecutivo acabo echando mucho de menos a la niña de mis ojos del cine actual, una Natalie Portman cuyos últimos trabajos parecen posponerse indefinidamente e incluso no se ven muchas posibilidades de que lleguen aquí, pues, aunque Knight of Cups, A Tale of Love and Darkness y la infinitamente pospuesta Jane Got a Gun ya han sido estrenadas, preestrenadas o, al menos, tienen fecha de estreno en diversos países, no se ven ni por asomo en las páginas webs de estrenos nacionales. Especialmente este último western es una de las películas que más ganas tengo de ver desde que se anunció su rodaje hace ya al menos tres años, y también tengo mucha curiosidad por ver el trabajo de la actriz como directora… A ver si hay suerte y, de aquí un año, puedo hablar sobre ellas y decir que las he visto estrenadas en pantalla grande. La pequeña no me vale…

miércoles, 30 de diciembre de 2015

¡A por la tercera!

¡A por la tercera! Y eso que no he dado noticia ni de la primera, ni de la segunda, pero uno de mis regalos navideños ha sido el pack con la tercera temporada de The Twilight Zone o, como se conoció aquí, La dimensión desconocida. Ya desde que tuve noticia en 2012 de que L´Atelier 13 comenzaba a reeditar la histórica serie de los 60 en DVD, me propuse hacerme con toda la colección en cuanto me resultara posible. No fue, sin embargo, hasta hace un año, cuando por fin me pude hacer con la primera temporada, siguiendo la segunda el pasado septiembre y la tercera en estos días. Me quedan todavía dos para completar la serie, y voy a tener que espabilarme, ya que la empresa especializada en fantástico clásico que los ha publicado, por desgracia, cerró el pasado otoño y se están descatalogando sus referencias.

Mi primer contacto con el famoso espacio creado por el no menos mítico Rod Serling fue a través de su remake cinematográfico de 1984, que aquí se tituló En los límites de la realidad. Ya en aquel momento quedé fascinado por algunas de las historias que la película contaba, especialmente por la de avión, Pesadilla a 20.000 pies. No tuve ocasión de ver la serie original hasta muchos años después, si exceptuamos algún capítulo suelto en TVE 3 cuando conseguía sintonizar bien la emisora catalana. Entrado el siglo XXI, conseguí hacerme con cuatro de los –creo que– diez volúmenes que JRB Ediciones editó hacia el 2000, pero estos sólo incluían 4 episodios cada uno, sin seguir ningún orden cronológico ni criterio aparente. Me gustaron mucho, y conseguí algunos capítulos sueltos más en internet.

Rod Serling: sus presentaciones, impagables
La edición de L´Atelier, sin embargo, es impagable; un absoluto tesoro: temporadas completas (más extras) repartidas en 5 DVDs presentados en un estuche con un fabuloso libreto que detalla todos los episodios: reparto, plantilla técnica, anécdotas, comentarios, todo ello gracias a la loable labor del equipo redactor del recomendable libro sobre la serie publicado por la revista Scifiworld.

The Twilight Zone se emitió originalmente en EE.UU. entre 1959 y 1964, constando de un total de 156 capítulos, casi todos de 25 min. de duración si exceptuamos la 4ª temporada, cuyos 18 episodios fueron de una hora completa. Su creador y principal guionista, el ya mencionado Rod Serling –sin olvidar la inestimable colaboración de los escritores Richard Matheson y Charles Beaumont–, consiguió fama imperecedera con esta idea por la que tuvo que luchar bastante y que marcaría a toda una generación posterior de directores y escritores de cine y de televisión.

Es de lamentar saber del cierre de L´Atelier, una empresa que había rescatado verdaderas joyas del pasado y que ponía en la presentación de sus productos un cariño y una atención sin igual, presentando sus DVDs en cuidadas ediciones acompañadas de libretos con excelentes artículos informativos.


domingo, 20 de diciembre de 2015

El despertar de la fuerza

Ya en los muy primeros 80 recuerdo haber leído la intención de George Lucas de que su saga galáctica tuviera un total de 9 capítulos, de los cuales, curiosamente, veríamos primero los tres centrales. Pero llegó El retorno del jedi y empezaron a pasar los años y no le siguió ninguna nueva entrega, por lo que los fans comenzamos a desesperar de que nuestra epopeya espacial favorita fuera a tener una continuación. Sin embargo, dieciséis años después, fue su mismo creador el que decidió reanudarla, ofreciéndonos lo que serían sus tres primeros episodios. Esto ocurrió entre 1999 y 2005, y por entonces Lucas parecía haber renunciado a esa triple trilogía original que inicialmente había concebido. A muchos nos costó de creer, pero de nuevo comenzó a pasar el tiempo y no llegaron noticias de que no fuera a ser así.

En cierta manera, George Lucas cumplió esa palabra: no sería él el que continuaría ni dirigiendo ni produciendo nuevas películas de Star Wars. En los últimos tres años, las noticias se precipitaron: él vendía la franquicia, Disney la compraba y comenzaba a gestar la que, teóricamente, debía de ser la trilogía final de la saga, los episodios VII a IX, previstos para 2015, 2017 y 2019 respectivamente.

Por fin esta semana, treinta y dos años después de El retorno del jedi, llegaba la secuela que muchos nos quedamos esperando en los 80. Se ha titulado El despertar de la fuerza, y cronológicamente continúa la saga tanto tiempo después como en la realidad ha pasado de su capítulo inmediatamente precedente: más de tres décadas, con una nueva generación de personajes, pero también con aquellos más queridos y clásicos con los que crecimos los fans originales.

Daisy Ridley, estrella indiscutible del film.
Sobra decir que este episodio VII hubiera sido muy diferente en casi todo de haberse rodado más o menos inmediatamente después de El retorno… Y eso es lo primero que creo que hay que asumir antes de abordarlo. Como ya me propuse con la anterior trilogía, las precuelas, no voy a intentar compararlo ni ponerlo al mismo nivel que la primera trilogía, simplemente porque aquellos episodios IV a VI hechizaron mi infancia y adolescencia, porque en esas edades de la vida, uno es más propenso a dejarse “embaucar” por la fantasía y el ensueño, mucho más impresionable y abierto a emociones que son nuevas para él. Con los años y la madurez, por suerte o por desgracia, uno va perdiendo la capacidad para dejarse llevar, se va desencantando de las cosas e incluso corre el riesgo de convertirse en una persona sin inquietudes ni entusiasmo, algo que me alegra decir que no me ha pasado a mí. Llego a El despertar de la fuerza con ilusión y ganas de verla, pero teniendo claro que va a ser muy difícil que me impresione tanto como las primeras películas de Star Wars. Tampoco se trata de obcecarse en ello.

Tras su visionado –que aún estoy intentando asimilar– se confirma mucho de lo que había previsto sobre el film, sobre todo a raíz de sus tráileres y spots: estamos ante una nueva generación de películas de la saga, con un tono y un resultado forzosamente diferente al que una secuela del retorno hubiese tenido en otro momento siendo dirigida por Lucas o por cualquier otro director de la época. El ritmo, el pulso, la estética de El despertar… no me remiten de una manera clara y directa a los episodios originales, y de lo contrario no hay quien me convenza. La omnipresente infografía –aunque se haya abusado de ella bastante menos que en los episodios I a III– ya de primeras marca una importante diferencia: el modo en que se mueven las naves y las batallas de éstas difícilmente pueden hacer pasar al film por ochentero y, de hecho, es más realista de lo que hubiera sido de rodarse únicamente con maquetas. Los personajes computerizados no pueden disimular que lo son, y por muy perfeccionados que estén, para mí nunca serán lo mismo que otros como el Yoda marioneta de Frank Oz o Jabba el Hutt, por poner un par de ejemplos.

Las referencias al cine de Kurosawa no pueden faltar en Star Wars
Y eso que su director, J.J. Abrams, y su productora Kathleen Kennedy, se han asegurado de que esta nueva entrega de Star Wars tenga más que sobradamente presente muchísimas referencias a la primera trilogía: no sólo a los personajes clásicos que siempre nos entusiasmaron, sino también prácticamente las mismas naves, lugares y situaciones, hasta el punto de que este despertar parece más que otra cosa un remake de La guerra de las galaxias: de nuevo encontramos a una persona joven con poderosos y latentes poderes jedi que espera en un planeta desértico, de nuevo hay un robot con unos planos escondidos, otro planeta (semi-)artificial que extermina mundos y que es destruido por unas pocas naves rebeldes que encuentran su punto débil, un personaje oscuro pseudo-sith y un alto oficial imperial, y una siniestra personalidad que lidera a ambos en las sombras y que yo sospecho que va a acabar resultándonos odiosamente familiar, entre otras muchas coincidencias nada casuales. En esta falta de originalidad, en esta apuesta nada arriesgada de asegurarse a los fans clásicos con todos estos elementos repetidos –ya sólo la presencia de Harrison Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher era una baza importantísima– encuentro lo más criticable del nuevo episodio VII; de hecho, creo que lo único criticable. En este sentido, creo que George Lucas –aunque fracasara en el intento– fue más valiente con sus precuelas al presentar personajes y situaciones total o prácticamente nuevos.

Fuera de esto, salgo algo desconcertado de ver la película, con una especie de “resaca” visual, pero contento de haber cumplido un sueño de toda la vida y con ganas de al menos un segundo visionado más calmado para asimilar cosas que no he podido asimilar la primera vez. Me gustan los nuevos personajes que propone esta tercera trilogía y me parece acertada la elección de los que claramente van a ser sus protagonistas: Daisy Ridley como Rey, John Boyega como Finn, Oscar Isaac como Poe Dameron y Adam Driver como Kylo Ren, los dos primeros, actores prácticamente desconocidos que tienen ahora ante sí un futuro profesional tan vertiginoso como prometedor, el último ya con una carrera bastante sólida –a Driver lo considero algo intermedio–. Encuentro un poco más desaprovechados, por lo limitado de su papel en el film, a otros como el General Hux de Domhall Gleeson, la Capitana Phasma de Gwendoline Christie, el grandísimo Max Von Sydow –cuya presencia en el film es básicamente testimonial, y un claro guiño a los papeles que en su día tuvieron Peter Cushing, Alec Guinnes o Christopher Lee–, así como a la mayoría de actores de la trilogía clásica, que con la notable excepción de Harrison Ford tienen también una aparición limitada en la película, y que es obvio que están sobre todo para hacer de trampolín para la nueva hornada de personajes de la saga (¡y como reclamo para los fans más mayores!).

Destaco también la agradable presencia de muchísimos escenarios naturales, algo que, por cierto, en realidad es bastante atípico de la trilogía original –más aún de las precuelas– que principalmente está rodada en estudio y en interiores, lo que también contribuye a esa sensación, a ese tono bastante diferente del que tuvieron los tres primeros capítulos (cronológicamente hablando). La dirección de J.J. Abrams me parece correcta –para mí lo acertado de su elección ya estaba confirmado tras ver sus dos películas de Star Trek– aunque me queda claro que es un director “a sueldo”, al servicio y a las órdenes de sus productores, un buen técnico cuya personalidad artística está supeditada a la de sus mandamases de la Disney. Aun así, consigue conferir a la película un buen ritmo, con los agradecibles momentos más sosegados –solamente la primera media hora de la película parece que se me pasa demasiado rápido– y aquellos más tensos o dramáticos bien resueltos (incluida esa escena que es el gran spoiler del film, algo que me ha entristecido pero que me ha parecido dignamente incluido en la historia, a pesar de todo). Agradecer a Abrams también que se haya comedido con el odioso recurso del comic relief y que no nos ofrezca otra última cruzada que eche por tierra la seriedad, la solemnidad y el dramatismo que yo prefiero en una película como esta –solamente en algún momento, como la aparición de Han Solo, el director está cerca de arruinar momentáneamente la película–.

Concluyo con una valoración general positiva de El despertar de la fuerza, pero para nada acepto ponerla al nivel de la trilogía original como parece que algunos están haciendo, aunque sí estoy de acuerdo en que está mejor dirigida que las precuelas, cosa nada complicada, porque George Lucas demostró con ellas que era un hombre endiosado que parecía haber perdido el contacto con la realidad y que desperdició un reparto mayoritariamente excelente para desbordarnos con CGIs hasta la saciedad.

Ahora toca esperar –eso sí, con tranquilidad– a la siguiente entrega de la saga, que por suerte sólo tardará un año y cinco meses en llegarnos, ya que se estrena en mayo de 2017. Y, antes de eso, tendremos también el primero de los anthology films, Rogue One, el cual espero con gran interés y curiosidad por lo novedoso de su propuesta, pues será el primer largometraje ambientado en el universo Star Wars fuera de la saga oficial o estándar. Veremos…