"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La venganza de Frank James

Llevaba ya un tiempo sin ver películas de un género que me gusta tanto como el western. Vuelvo, pues, a él, con The Return of Frank James, dirigida por el gran Fritz Lang en 1940, aunque he de admitir que ha sido la presencia de la exquisita Gene Tierney el principal aliciente para mí a la hora de decidirme por ver el film. De hecho, me he propuesto poco a poco acabar de completar toda la filmografía de la actriz. Este que revisamos fue, por cierto, su primer largometraje, cuando sólo contaba con 19 años.

Los hermanos Ford asesinan cobardemente a Jesse James. Su hermano Frank (Henry Fonda), que vive pacíficamente dedicado a las labores de la granja, no está dispuesto a dejar pasar por alto el crimen, que queda impune ante la ley, y vuelve a empuñar el revolver. Acompañado por el joven Clem (un simpático y adolescente Jackie Cooper) y ayudado por su ex-oficial en la guerra (Henry Hull) y una bella y decidida periodista (Tierney), deberá enfrentarse al corrupto entramado que ha urdido la muerte de Jesse, tras el cual se encuentra el dueño del ferrocarril local (Donald Meek, un secundario tan clásico como entrañable).

Estamos ante uno de esos filmes del Hollywood dorado que, más que por realismo o veracidad, destaca y deleita por esa cualidad encantadora y ese tono de candidez tan típicos en las cintas de la época y que hacen aflorar una sonrisa en el rostro del espectador durante buena parte de su metraje: Frank James es todo un caballero elegante, educado y con principios antes que un ladrón y un asesino, y hasta los malos se te hacen casi simpáticos o inofensivos (a destacar la presencia de John Carradine como Bob Ford). Esa agradable sensación es reforzada también por la bonita y pionera fotografía en Technicolor. Impagable la secuencia del juicio...

Triangle

Entretenido thriller fantástico coproducido entre el Reino Unido y Australia en 2009 y dirigido por Christopher Smith que cuenta con la siempre atractiva presencia de Melissa George como principal protagonista. Le acompaña todo un elenco proveniente, como ella, de Oceanía: Liam Hemsworth, Michael Dorman, Henry Nixon, Rachael Carpani y Emma Lung. Los seis amigos se embarcan en una travesía en yate que acaba en desastre al volcar éste debido a una tormenta. Los supervivientes abordan entonces un misterioso transatlántico que aparece de la nada. Parece un barco antiguo, pero todo está nuevo y aparentemente en uso, aunque no encuentran a bordo a nadie a excepción de una elusiva figura. Repentinamente, alguien empieza a asesinar a todos los náufragos hasta que sólo queda el personaje de Melissa George. Hasta aquí, la película no tendría nada de original, sino fuera porque a continuación presenciamos como ella es testigo de que absolutamente todos los hechos comienzan a suceder una y otra vez pese a los intentos de la chica por impedirlos: ve de nuevo el yate con ella y sus amigos a la deriva, vuelven a subir, mueren otra vez… Hay una explicación para la pesadilla aparentemente interminable, por supuesto, pero no la desvelaré porque precisamente eso es lo que mantiene el interés de esta película que os invito a que veáis. Inevitable por su estructura e idea compararla con la española Los cronocrímenes

sábado, 17 de noviembre de 2012

¡Más galaxias!

Hace ya muchos días que la noticia está en la red y en boca de todos los fans; la conozco desde que se anunció, y no puedo resistirme a incluir un pequeño comentario sobre ella en el blog: Lucasfilm ha sido adquirida por Disney y… ¡la saga de La guerra de las galaxias va a continuar! Su creador, George Lucas, siempre dijo que la había concebido como tres trilogías de otros tantos capítulos cada una, y que había comenzado con las entregas centrales en los años 70-80. Mucho tiempo después, entre 1999 y 2005, el director nos ofreció la trilogía inicial, afirmando después que, si había una nueva, no se ocuparía él personalmente de sus episodios. Yo siempre supe que la haría, aunque me temía que acabara gestándola entera por ordenador. Ahora, va a ser la poderosa multinacional estadounidense creada por Walt y Roy Disney la que se hará cargo de las nuevas entregas, la primera de las cuales ya ha anunciado para el 2015 (incluso se rumorea que el proyecto se extienda hasta a seis películas). Las demás partes se estrenarán con dos o tres años de diferencia cada una, aunque también se ha comentado por Internet si se llegarían a estrenar hasta dos en el mismo año.

Los nombres de Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford comienzan a sonar. Ninguno de ellos se ha negado en principio a participar y, en el caso de los dos primeros, podría ser el resurgir de sus olvidadas carreras actorales (y el tercero podría ver al fin cumplido su sueño de matar a Han Solo, aunque fuera de viejo). No hay todavía director; muchos se han negado a asumir el compromiso. Sí hay ya un guionista seguro: Michael Arndt. ¿Cuál será su argumento? ¿A qué habrán de enfrentarse esta vez los héroes galácticos? Todo es pura especulación y expectación de momento (y es divertido). Si el trío original participa y los creadores se atienen a la verdadera edad de sus componentes, la acción debería situarse unos treinta años después de El retorno del Jedi.

¿Qué puedo decir? Como enamorado que soy de la saga de Lucas desde que, de pequeño, vi su primera entrega en los cines, estoy ilusionado y emocionado porque continúe. Me han gustado todas sus entregas, hasta sigo la serie de animación The Clone Wars y me encanta ese universo fantástico poblado por cientos de variopintos seres, planetas, vehículos y artilugios varios. Eso sí, como dije con la segunda trilogía, tengo claro que no caeré en el error de comparar esta tercera con la original, que apareció y descubrí en la edad en que es más fácil encandilar e influenciar a una persona: mi infancia y adolescencia. Sólo espero que no se retrasen demasiado con los estrenos de estas nuevas entregas, o me tocará escaparme del asilo para acabar de verlas…

lunes, 5 de noviembre de 2012

V de vendetta

Remember, remember, the fifth of November… Tal día como hoy de 1605 era apresado el conspirador Guy Fawkes cuando intentaba volar el Parlamento inglés detonando una gran cantidad de barriles de pólvora. Este personaje real sirvió al guionista de cómics Alan Moore como inspiración para su novela gráfica V for Vendetta, dibujada por David Lloyd, y que sería adaptada al cine más de 20 años después de su aparición, exactamente en 2005. Se trataba de la ópera prima del australiano James McTeigue, al cual avalaba su experiencia previa como ayudante de dirección en algunas de las entregas de las sagas de Matrix y Star Wars. De hecho, los hermanos Wachowski produjeron la película y se encargaron del guión. Fue algo que en principio me asustó, temiéndome que el film fuera poco más que una serie de peleas y disparos a cámara lenta y con un sinfín de acrobacias, pero, por fortuna, mis prejuicios fueron infundados y el producto final me gustó mucho.

Como era de esperar, al tratarse de una adaptación que por fuerza debe condensarse al pasar a formato cinematográfico, no satisfizo a todo el mundo. El propio Alan Moore renegó de ella (como de tantas otras versiones en celuloide de sus historias), objetando sobre todo que el mensaje anarquista original se perdía en la película, lo cual para mí no es cierto, y es además uno de los aspectos que más me gustan del film. El otro ingrediente que me acaba de conquistar es, por supuesto, la presencia de Natalie Portman como actriz principal…

V de vendetta nos transporta a un futuro inmediato en el que un régimen totalitario se ha apoderado de Inglaterra tras una cruenta guerra. En ese momento y situación, y en concreto en la ciudad de Londres, se nos presenta a los dos personajes principales del drama: la frágil y asustada Evey, una chica que trabaja en una cadena televisiva y que vio desaparecer a sus padres por sus ideas contestatarias, y V, un misterioso enmascarado que provoca varios atentados contra el gobierno y amenaza con destruir el Parlamento el próximo 5 de noviembre, alentando al pueblo a rebelarse y a unírsele ese día contra la tiranía. Entre los dos, por supuesto, se establecerá una apasionante relación en la que estarán mezclados el odio, el miedo y el amor…

Sobre Hugo Weaving recayó la complicada tarea de encarnar a este personaje vengador que oculta un doloroso pasado, y digo complicada porque en todo momento V se esconde tras una máscara de Guy Fawkes, ya que su rostro está quemado. La labor del actor (que sustituyó a James Purefoy tras unos pocos días de rodaje) se centra por fuerza, y destaca sobre todo, por los diálogos y por su cuidadísima dicción: esta sí que es una de esas películas que vale la pena ver en versión original… si se entiende lo suficiente el idioma inglés. En papeles secundarios encontramos a actores de la talla de Stephen Fry, Stephen Rea o John Hurt, un buen elenco para respaldar a una estupenda pareja de actores principales. Porque Natalie Portman tampoco se queda manca a la hora de igualar el nivel del resto del reparto y, de hecho, el de Evey es para mí uno de los mejores papeles de su carrera: la actriz se entregó tanto para encarnarla que no sólo aprendió a imitar el acento inglés, sino que, en un momento dado, no dudó en raparse el pelo al cero para una escena que así lo requería.

V de vendetta es para mí el perfecto ejemplo de que se puede hacer cine comercial de calidad, con miga, con personajes “con fondo” y hasta con mensaje ideológico. Un mensaje que muchos espectadores deberían sopesar y considerar tras el visionado de la cinta, más aún en los tiempos tan deplorables que estamos viviendo, y que no están tan lejos de ese futuro distópico que presenta el film y que puede parecer extremo y exagerado, pero que es en realidad inquietantemente cercano y familiar. No he visto la segunda película de McTeigue –Ninja Assassin–, pero sí su siguiente y última de momento, El enigma del cuervo, y siento decir que para mí el director no ha continuado con el destacable nivel del que fuera su bautizo cinematográfico.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La reina de la guerra

Una película que tenía ganas de ver por dos razones principales: la presencia de Emily Blunt (fue su primer papel en el cine) y el propio tema que trata, ya que me gustan casi todas las películas históricas: la rebelión de la reina icena Boudica contra el yugo del invasor romano en el siglo I. Los icenos fueron un pueblo que vivió en el este de Britania, en lo que hoy en día es Norfolk. Tras una serie de abusos e injusticias por parte del Emperador Nerón, Boudica y sus aliados se enfrentaron contra las legiones del tirano, inicialmente con éxito, pero finalmente sucumbiendo ante la superioridad del enemigo. Aún con todo, hoy en día la figura de esta mujer guerrera es reivindicada en Inglaterra como una de las primeras heroínas épicas británicas, aunque su historia no ha sido llevada en demasiadas ocasiones a la pantalla.

La reina de la guerra (Boudica) fue dirigida por el televisivo Bill Anderson en 2003 y, de hecho, tiene todo el aspecto de un telefilm, aunque me consta que se rodó para pantalla grande: una producción sencilla, pocos extras y nada de batallas espectaculares ni vistosas tomas de ejércitos y muchedumbres. Lo más resaltable del largometraje es la pequeña lección de historia que ofrece a los que, aún interesados por ella, no somos muy duchos en la materia.

Los intérpretes principales son Alex Kingston como la propia reina, la veterana Francis Barber como Agripina, Jack Shepherd como Claudio, Hugo Speer y Gary Lewis como los hombres de confianza de Boudica, el guerrero Dervalloc y el druida Magior, Andrew Lee Potts como Nerón, y Leanne Rowe y Emily Blunt como las hijas de la líder de los icenos, Siora e Isolda. Lo de Emily puede parecer una obsesión después de reseñar Looper hace pocos días, pero no lo es tanto; las películas han coincidido más bien fruto de la casualidad. Pero, de todas maneras, sí: me gusta Emily Blunt ;)

lunes, 22 de octubre de 2012

Viaje pixelado: Medal of Honor

Es que los juegos tipo Doom no me gustan”. Fue mi primera reacción cuando un amigo me quiso enseñar, hacia finales de 1999 o principios de 2000, el videojuego para Playstation Medal of Honor. Lo publicaba Electronic Arts y había sido diseñado por la Dreamworks de Spielberg. El mismísimo “Rey Midas” de Hollywood había concebido el argumento, sin lugar a dudas inspirado por el éxito de su más reciente largometraje en aquel momento: Salvar al soldado Ryan. Curiosamente, la serie a la que dio origen este título infográfico iba a convertirse en una de mis favoritas y esenciales en esta mi “segunda juventud” con los juegos electrónicos, que precisamente había comenzado por aquellas fechas con la adquisición de la consola citada unas líneas atrás.

Un juego a contracorriente
Desde entonces, he tenido prácticamente todas las continuaciones de este en su tiempo original videojuego, y fue tal porque, en un momento en que los shooters en primera persona nos trasladaban casi invariablemente a ambientes futuristas y de ciencia ficción –como el ya citado Doom–, Medal of Honor nos transportaba, por el contrario, al pasado, a la siempre evocadora y fascinante época de la II Guerra Mundial. Nos metía en la piel de un oficial estadounidense que trabajaba para la OSS (futura CIA) que debía cumplir varias misiones de infiltración y sabotaje tras las líneas enemigas y enfrentarse a los soldados del III Reich. En algunos momentos, debíamos simplemente liarnos a tiros con el ejército alemán, en otros, teníamos que disfrazarnos e intentar pasar entre los nazis como uno de ellos. La perspectiva, como ya he adelantado, era en primera persona: sólo veíamos las manos del personaje, ya fuese empuñando un arma u otra o enseñando pases. En pantalla se nos mostraban cosas como la munición disponible, una brújula para orientarnos o la salud, representada por un círculo que se iba vaciando y que debíamos rellenar mediante cantimploras y botiquines que íbamos encontrando.

Imágenes de Medal of Honor (izq.) y su primera secuela, Underground (centro y der.), de 1999 y 2000 respectivamente.

En el juego recorríamos bosques, cuarteles, instalaciones industriales, etc, etc, en general estructuradas en “pasillos” que limitaban y encauzaban nuestro movimiento. De hecho, el personaje no podía siquiera saltar pequeños obstáculos. Existía también un modo con pantalla dividida para que pudieran enfrentarse entre sí dos jugadores. A la originalidad de su ambientación –en aquellos años, toda una rareza–, a Medal of Honor hay que reconocerle otros aciertos como una banda sonora creada enteramente con orquesta, como si de una película se tratara; algo que fue también verdaderamente novedoso en unos tiempos en que casi todos los videojuegos estaban musicados electrónicamente. Por reprocharle algo, de este título me quejaré de cierto regustillo “patriótico” (¡estamos hablando de un producto de Steven Spieberg!), ilustrado a menudo con una serie de mensajes y citas ensalzando el valor del soldado e ideas similares. Medal of Honor tuvo un gran éxito y abrió el camino para los muchos juegos ambientados en la II Guerra Mundial que luego le seguirían, como las series Call of Duty, Brothers in Arms, Battlefield y tantos más…

Las –muchísimas– secuelas
Tan sólo un año después, en 2000, aparecía la continuación del título que destacamos: Medal of Honor: Underground, en mi opinión, incluso todavía mejor que el primero. Seguía una línea parecida, pero tenía dos importantes diferencias con su antecesor y con todo el resto de la serie: era la única entrega de esta en la que llevábamos a un personaje que no era estadounidense y que, además, era femenino: una luchadora de la resistencia francesa (ningún protagonista se repetirá en las sucesivas secuelas de la franquicia y todos menos el de la segunda serán militares de EE.UU.) En realidad, es obvio que es algo que apenas se puede apreciar en un shooter en primera persona, si exceptuamos alguna misión como aquella en la que la chica se hacía pasar por fotógrafa y los soldados alemanes estaban lanzándole piropos continuamente.

Las continuaciones de la franquicia para Playstation 1, 2 y 3.

A destacar en esta segunda parte de la serie dos escenarios impresionantes: aquel en el que te infiltrabas en el mismísimo Castillo de Wewelsburg, y una misión extra compuesta por tres episodios a la que podías acceder tras acabarte el juego, y en los que te enfrentabas a un científico loco que liberaba contra ti perros bípedos, armaduras animadas, zombies explosivos y muñecos gigantes de hojalata…. ¡Divertidísima!

El siguiente capítulo de la serie que yo tuve (luego hablaremos de los de PC) aparece ya para la siguiente generación de consolas: Xbox, GameCube y, en mi caso, Playstation 2. De hecho, fue uno de los primeros juegos que tuve para esta consola, allá por junio de 2002. Su título era esta vez Frontline, y se centraba en la Operación Market-Garden (aunque nos transportaba desde Francia a Alemania). Aunque impresionado por las nuevas posibilidades gráficas de la máquina de Sony, y en general agradado por el videojuego, he de decir que me frustró un poco el difícil manejo del punto de mira que se usaba para disparar a los objetivos enemigos, bastante complicado de cuadrar con precisión. Por fortuna, esta deficiencia técnica se solventó en posteriores entregas de la saga.

Las ediciones para PC a partir de 2002 empiezan a incorporar a la saga opciones como manejar vehículos o formar parte de un pelotón.

Hasta principios de 2003 no había podido tener aún mi propio ordenador personal. Cuando lo hago para esas fechas adquiero, por supuesto, la entrega para PC –Allied Assault,  que ya había aparecido el año anterior– en un pack que lleva también su primera expansión, Spearhead, y la banda sonora. Poco después me hago con otro módulo para la versión de PC: Breakthrough, y todos ellos confirman mi admiración por la saga llevándome a nuevos escenarios del conflicto bélico que asoló al mundo entre 1939 y 1945: el Paso de Kasserine, las Ardenas, Monte Cassino y Monte Battaglia y muchos otras batallas clásicas de la II Guerra Mundial. Por desgracia, y seguramente debido a mi ineptitud informática, no consigo jugar a una expansión descargable realizada en nuestro país que utiliza el motor y el juego base de PC para ambientarnos en la propia Guerra Civil Española. Es una asignatura que aún tengo pendiente. También a partir de estas versiones para ordenadores domésticos se empiezan a introducir en la serie otras modalidades de juego que nos permiten viajar en vehículos de combate, ya sea en calidad de conductor, de artillero, o de ambos, y hasta formar parte de un pelotón.

Arena y cal
La saga creada por Spielberg continúa en Playstation 2 con tres juegos más: Rising Sun (2003) nos traslada por primera vez al teatro de operaciones asiático y nos enfrenta a las temibles topas japonesas. Es indiscutiblemente el peor título de la franquicia, con terribles deficiencias técnicas y tan decepcionante que es el único de todos los Medal of Honor que sólo he jugado una vez. Ni misiones tan sugerentes como Pearl Harbor, Manila o Guadalcanal consiguen cautivarme. El batacazo de esta entrega es tan grande que una secuela que se había concebido acaba siendo anulada. Por fortuna, Electronic Arts se redime de su desatino con el estupendo Allied Assault, el segundo título para PS2 de los tres que habíamos adelantado, y que llega a las tiendas en 2005. Dos años más tarde aparece Vanguard, algo inferior en calidad al anterior pero que, a pesar de un comienzo un tanto flojo, ofrece algunas misiones interesantes hacia su segunda mitad.
Títulos para PC y otras consolas

Por supuesto, como hemos visto, la gama no se limita sólo a la consola de Sony: en 2004 aparece para PC Pacific Assault, que también adquiero, aunque me encuentro con que mi ordenador no puede reproducirlo en condiciones debido a sus prestaciones. El juego queda aparcado durante años y lo cierto es que aún lo tengo pendiente por ahí. Otros títulos para otros soportes que aparecen en la primera década del siglo XXI son Medal of Honor: Infiltrator (Game Boy Advance, 2003), Medal of Honor: Heroes (PlayStation Portable, 2006) y Medal of Honor: Heroes 2 (Wii y PlayStation Portable, 2007). Por supuesto, muchos de los productos previamente citados para Playtastion aparecen también para otros aparatos de la competencia.

Entre los primeros juegos que se publican para la recién comercializada Playstation 3 en 2007 está Medal of Honor: Airborne, con el que la saga salta a la que, de momento, es la última generación de consolas. Yo lo adquiero al año siguiente de segunda mano. Es exactamente mi segundo juego para la nueva máquina, y para mí mantiene el nivel en general de esta serie de la que soy gran entusiasta. Una novedad específica de esta entrega es que llegas a los escenarios saltando en paracaídas desde un avión, y que puedes elegir el punto en el que caes. Hace tiempo que se acabaron en Medal of Honor los encorsetados mapas “pasilleros” en los que prácticamente tenías que seguir un camino lineal y exacto impuesto por las limitaciones técnicas de las anteriores consolas: en las últimas entregas de la serie, hay mucha mayor flexibilidad y libertad a la hora de mover a nuestro personaje y no debes necesariamente seguir los objetivos de cada misión en un orden estricto. El título incorpora algunas novedades como la posibilidad de mejorar las armas y, como manda la moda, la opción de jugar online. Además, las nuevas posibilidades gráficas de la PS3 mejoran obviamente el apartado visual. ¡Qué diferencia con aquellos primeros Medal de 1999 y 2000!

Cambio de tercio y resumen
Hace ahora dos años aparecía la primera entrega de la serie que no me iba a comprar; la razón es sencilla: debido al éxito de otros títulos de compañías rivales como Call of Duty: Modern Warfare, la franquicia de Electronic Arts decide por primera vez en la trayectoria de Medal of Honor cambiar su ambientación histórica, trasladándola a la más reciente y todavía activa Guerra de Afganistán. Para mí supone toda una decepción, ya que no me interesan demasiado los videojuegos que se ambientan en conflictos modernos. Me parece, además, una renuncia un tanto deshonesta por parte de los creadores de MoH al espíritu e ideas originales de la saga, aunque entiendo que se adapten a lo que vende y está de moda. En cualquier caso, por estos motivos, decido no adquirir esta nueva entrega de la serie, que por cierto no lleva más título que el genérico de toda ella: Medal of Honor. La secuela está prevista para estas mismas fechas (finales de octubre de 2012) y se llama Warfighter, pero, en principio, no llevo idea de jugar a estos juegos, a no ser que los llegue a alquilar o los encuentre a precios irrisorios. Ha sido todo un golpe para un seguidor de la franquicia desde sus comienzos y lamento que no nos devuelvan a su entorno original en los primeros años 40 del siglo XX. Batallas y escenarios hay muchos si no se limitan a aquellos protagonizados por tropas estadounidenses. ¡Y tampoco estaría mal alguno en la Guerra Civil Española o incluso en la I Guerra Mundial!

Pantallas de algunos de los últimos Medal of Honor (Vanguard, Airborne y MoH 2010), en los que se pueden apreciar  claramente los
 obvios avances infográficos con respecto a sus antecesores

Los Medal of Honor, próximos a cumplir, si habéis llevado la cuenta, trece años de historia y catorce entregas, han sido de gran relevancia en mi faceta de videojugador desde que volví a este divertimento hacia 1999. Aunque han aparecido otros productos claramente inspirados en ellos y los he probado casi todos, no me han marcado tanto ni me han gustado como ellos. Por ejemplo, he jugado a casi todos los Call of Duty y, a pesar de que nos trasladan a ambientes mucho más variados que los Medal dentro de la II Guerra Mundial (por ejemplo, un escenario que me fascina tanto como Stalingrado), no me han acabado de cuajar del todo porque tienen mecánicas y elementos muy diferentes a los de sus competidores de EA, y quizá estoy demasiado acostumbrados a los de estos últimos: por ejemplo, me agobia visualmente el exceso de iconos mostrando las posibles acciones que el personaje puede realizar y que para mí le quitan realismo al juego, o el sistema de salud en el que, si te escondes cuando te están hiriendo, te recuperas completamente. Tampoco me gusta el hecho de tener que jugar dentro de una escuadra de soldados a los que tienes que seguir (¡incluso cuando tú estás al mando!) y que a menudo arruinan las misiones de sigilo o ataques ventajosos. Es cierto que algunos de estos elementos también fueron introducidos –temporal o definitivamente– en la saga Medal of Honor. La verdad es que echa uno de menos los tiempos en que iba él solo a lo largo de toda la aventura enfrentándose a todos los enemigos y sin compañeros a los que acompañar o liderar, aunque esto se hiciera por restricciones técnicas y sea, en este caso, más verídico que un soldado no combata sin ayuda. Otra impresión negativa que tengo de los Call of Duty es la de que muchas veces estás limitándote a ver un largo vídeo en el que apenas tienes iniciativa ni independencia. Es lo que pasó con el último de ellos al que jugué, el ya citado Modern Warfare, en el que prácticamente me limitaba a seguir a mi grupo, a obedecer sus órdenes, y a acabar con los pocos enemigos que me dejaban.

El tirón que tuvo la II Guerra Mundial en los videojuegos parece que ha cesado por el momento. La versión remozada de Sniper Elite que salió este año –y que espero poder adquirir pronto– es uno de los pocos títulos que nos devuelven a la guerra de Hitler y compañía. Pero, como todo es cíclico, no me extrañaría que pronto se volviera a poner de moda el conflicto en el mundo infográfico y comenzaran a aparecer nuevos títulos que nos permitan manejar otra vez la clásica MP-40 y demás viejas armas de aquella época que la seguridad de la distancia nos permite ver hasta con un cierto halo de romanticismo…

domingo, 21 de octubre de 2012

Looper

Voy a tener que plantearme esto de prendarme de actrices tan prolíficas como lo es Emliy Blunt porque terminaré arruinándome intentando seguir fielmente sus trabajos: nada menos que cinco largometrajes ha estrenado la londinense en nuestro país este año: La pesca del salmón en Yemen, que pudimos ver el pasado mayo, El amigo de mi hermana y Eternamente comprometidos (ambas en septiembre ) y Looper este mismo mes, además de su pequeña intervención en Los Muppets, único de estos títulos que no he visto en pantalla grande y que destiné finalmente para formato doméstico. La chica está viviendo desde luego un gran momento profesional y no parece faltarle trabajo, más aún teniendo en cuenta que se compromete por igual a participar en grandes superproducciones de Hollywood que en películas independientes, abarcando por ello una amplia gama de posibilidades artísticas.

Tras una serie de comedias más íntimas y sencillas, Emily se traslada con esta Looper de Rian Johnson al terreno de la ciencia ficción: en el año 2074, el hombre ha descubierto como viajar en el tiempo, pero este proceso está prohibido. Sin embargo, las bandas mafiosas lo utilizan para enviar a personas que quieren ejecutar hasta tres décadas atrás –el presente de la película– donde secuaces especializados –los loopers del título– las eliminan con impunidad. Joe (Joseph Gordon-Levitt) es uno de estos matones que un mal día descubre que le han enviado a su propio yo futuro (Bruce Willis) para que acabe con él, cosa que no hace, iniciándose por ello toda una serie de peripecias que pondrán en peligro las dos épocas en las que vive el protagonista, presente y futuro.

El personaje de Emily Blunt (Sara) tarda un poco en aparecer en la cinta, pero se impone más que relevante en el devenir de la historia al ser la madre de un niño muy especial con el que querrá acabar el Joe mayor y al que se empeñará en proteger el Joe joven. Con ello, una inevitable ristra de conflictos, dudas y cuestiones habituales en las películas que tratan el tema del viaje en el tiempo: ¿cómo afectará el comportamiento de uno u otro Joe a su versión de otra época? ¿Podemos cambiar el pasado o modificar un futuro que, en realidad, ya ha ocurrido? ¿Es el tiempo cíclico? ¿Se puede romper o alterar ese ciclo? La película se desarrolla con una trama que, sin ser especialmente original, tampoco es por ello aburrida, y que tiene un ritmo algo contrapuesto que combina escenas más sosegadas, digamos “de conversación”, con otras de tensión y tiroteos, por fortuna, no demasiadas y más o menos bien repartidas para equilibrar la narración y dotarla de cierta y agradecible carga dramática. El trío protagonista me parece lo suficientemente efectivo y correcto, siendo el personaje de Bruce Willis el menos atractivo de los tres sobre todo en algunos momentos en que parece estar recorriendo de nuevo sus habituales “junglas de cristal”. Aún con todo, su presencia es indispensable en la trama y sirve como contrapunto a la pareja protagonista, Gordon-Levitt y Blunt, ganando el personaje de esta última interés conforme avanza la historia.

Por cierto, la película es futurista y tiene algunos modernos gadgets y máquinas, pero no esperéis algo en la línea de Desafío total, con avanzados robots, artefactos prodigiosos y kilométricos rascacielos: buena parte de ella transcurre en un sencillo ambiente rural, en la granja en la que trabaja el personaje de Emily Blunt a la que, alejada de sus más habituales chicas elegantes y sofisticadas, encontramos aquí haciendo de redneck rubia, de manos callosas y tostada por el sol. Sigo prefiriéndola morena.