"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 15 de mayo de 2015

El blues pierde a su rey

Los noticiarios de hoy amanecían con la triste noticia, para los amantes del blues y de la música en general, del fallecimiento de B. B. King, uno de los últimos grandes mitos del estilo –si no el más grande– que aún seguía con nosotros. Este oriundo de Mississippi nació un 16 de septiembre de 1925, contando en la actualidad, pues, con 89 años largos. Como sabe todo aficionado al blues, su verdadero nombre era Riley Ben, y su apodo le venía de sus días como disc-jockey, cuando era conocido como “Blues Boy” o, simplemente “B. B.”

Tuve la suerte de verlo en un par de ocasiones. La primera fue en Valencia en 1990. Posteriormente volvió a la ciudad dos veces más, pero me frenó la presencia, acompañándole en cartel, de Raimundo Amador, artista contra el que no tengo nada personal, pero cuyo estilo no me interesa ni me parece muy afín al de B.B. Finalmente, en el pasado 2011 hube de transigir y aceptar ver al sevillano como telonero del estadounidense en el que se anunciaba como último tour mundial del bluesman. En aquella ocasión ya se veía que B. B., octogenario y sentado durante la mayor parte del concierto, no estaba precisamente en su mejor forma, pero fue bonito volver a ver a una leyenda por última vez.

D.E.P., B.B.

jueves, 14 de mayo de 2015

Suite francesa

Seis años después de La duquesa, el londinense Saul Dibb dirige su tercer largometraje, Suite francesa, inspirado en una novela de la escritora rusa Irène Némirovsky. Se da la circunstancia de que esta autora murió en el campo de concentración de Auschwitz y su obra póstuma permaneció olvidada durante décadas hasta que recientemente fue encontrada y publicada por su hija.

La historia nos traslada a la Francia de la II Guerra Mundial al poco de ser ocupada por los nazis. A un pequeño pueblecito llega precisamente un destacamento de las tropas de Hitler, y sus integrantes han de ser alojados forzosamente en los hogares de los lugareños. En la lujosa mansión de las acomodadas protagonistas, una estricta viuda y su joven nuera, va a alojarse un teniente del III Reich. Es un hombre culto, educado y sensible, y la muchacha pronto se encontrará viviendo un peligroso romance con aquel que casi todos en el pueblo ven como un enemigo. Al final, por supuesto, ambos tendrán que escoger entre su amor y el deber para con sus respectivos países…

Sin resultarme especialmente original en su propuesta, incluiría Suite francesa entre lo mejor que he visto este año en cines. Bien dirigida y fotografiada, con una ambientación que me atrae mucho, y actores que me parecen casi todos estupendos. No sólo Kristin Scott-Thomas, que es una mujer a la que admiro desde hace mucho y que siempre me parece impresionante, sino también Michelle Williams, a la que no había prestado demasiada atención hasta el momento y que me ha sorprendido gratamente por la variedad de sentimientos que logra transmitir con su personaje. Eso sin olvidar a Matthias Schoenaerts, Sam Riley, Ruth Wilson o el veterano Lambert Wilson. Se nota cuando un director sabe moverse con un reparto y sacar lo mejor de sus integrantes, y este me parece el caso del señor Dibb, un artista de breve pero interesante filmografía.

Además, no sé si es casualidad o me parece ver ciertos guiños al final de la película a uno de mis clásicos favoritos, Casablanca.

domingo, 10 de mayo de 2015

¡Vuelven los marcianos!

Hubo una época de mi vida en la que andaba como loco detrás de películas de ciencia ficción clásicas –entiéndase años 50: la Edad de Oro del género–. Hablo de la década de los 80, en la que por supuesto no existía la inmediatez de internet y los únicos recursos eran el VHS y la televisión. En el primer formato sólo aparecían los títulos más conocidos, y a través de la segunda sólo en determinadas ocasiones se podía ver algo de este material –inolvidable aquel espacio de TVE llamado Alucine, presentado por el gran Narciso Ibáñez Menta en las primeras horas de los sábados, casi viernes–. Mi hambre tampoco quedaba satisfecha: ¡quería ver tantos y tantos títulos sobre los que leía en libros y revistas! Curiosamente, en este nuevo siglo XXI, en el que muchas de estas películas –la gran mayoría enclavadas en el marco de la Serie B, algunas directamente Z– han aparecido en ediciones digitales e incluso pueden encontrarse colgadas en la web, aquel apetito juvenil por ellas prácticamente ha desaparecido en mí, y no han sido muchas las incursiones en este subgénero que he realizado en los últimos tiempos… Hasta hace poco…

No hace mucho tiempo que descubrí el catálogo de la empresa L´Atelier 13, precisamente especializada en ciencia ficción –a ellos les debemos también la reedición de la magnífica serie The Twilight Zone al completo, de la que sí había comprado alguna temporada– y, fue comenzar a ver todos aquellos llamativos posters añejos y coloridos –que tan a menudo proponían mucho más de lo que luego daba el largometraje al que correspondían– con sus arcaicos platillos volantes, estrambóticos robots y aún más estrafalarios monstruos y alienígenas, cuando aquel antiguo interés por estos títulos volvió a despertar en mí: tenía ganas de ver más de aquellas películas que tanto me llamaron en otra época. La única traba con la que me encontré fue un precio que me pareció excesivo para un DVD, más aún si tenemos en cuenta que algunos de los títulos de la colección no son trabajos de destacable calidad artística ni enormemente populares. Hablamos de 15 euros por disco, y sí, entiendo perfectamente que se trata de ediciones limitadas publicadas por una empresa pequeña con mucho esfuerzo e ilusión, pero eso no solventa de todas maneras mi situación económica, que no me permite demasiados gastos. Por suerte, a poco que uno busque por internet, puede dar con interesantes ofertas y precios alternativos para todos estos films: yo los he encontrado a mitad de su precio, lo que me parece mucho más accesible y aceptable (por supuesto, sé que hay opción de sacarlos todavía más baratos, digamos que “gratis”, pero yo soy de esos antiguos que todavía pagan por las películas).


La colección de películas de ci-fi clásica de L´Atelier 13 consta por ahora de una treintena de referencias entre las que se incluyen verdaderas joyas del género como Los invasores de Marte, La invasión de los ladrones de cuerpos o Tarántula, entrañables títulos menores como Regreso a la Tierra, The Deadly Mantis o Devil Girl from Mars y productos que rozan o pasan lo infumable como la infame Plan 9 from Outer Space, The Astounding She Monster o la española El hombre perseguido por un O.V.N.I. Como reza el eslogan de la colección, “lo mejor y lo peor del cine de ciencia ficción.” Además, con cada película se incluye como bonus un episodio de la serie de TV Tales of Tomorrow.

De momento, mientras pueda permitírmelo y me dure el interés, quiero ir haciéndome con algunos de estos títulos. Ya he empezado con los dos primeros.

Para más información: http://latelier13.es/peliculas/

sábado, 2 de mayo de 2015

Vengadores: La era de Ultrón

La temporada de “cine superheroico” 2015 se iniciaba esta semana con la esperada Vengadores: La era de Ultrón, y a su estreno acudía fielmente un servidor a pesar de tener ya una edad que muchos podrían considerar un tanto… inadecuada para ver este tipo de películas, seguramente destinadas a un público más joven. Pero es que, ¿qué puedo decir? ¡Quizá me siento joven de espíritu! O quizá también desea uno recuperar algo de la ya lejana juventud o revivirla aunque sólo sea por un par de horas. Además de que creo haber repetido en varias ocasiones que en mi adolescencia fui un fan de los cómics de todos estos personajes de Marvel y DC, que entonces eran muy difíciles de llevar dignamente a la gran pantalla a pesar de lo mucho que yo lo deseaba. La tecnología digital del siglo XXI ha hecho que esto puede cumplirse ahora con efectos especiales de un realismo pasmoso, así que considero la realización tardía de todos estos films como una vieja deuda que me tenían que pagar o una espinita que me tenía que sacar en esta vida.

De la secuela de la película de Joss Whedon de hace tres años –y nuevamente dirigida por él– salgo entretenidísimo después de más de dos horas de acción, peleas, explosiones, robots, personajes con toda suerte de habilidades y poderes a cada cual más peculiar y estrambótico y hasta un malo simpaticón. Seguramente no es el tipo de cine del que disfrutarán los cinéfilos más sesudos e intelectualmente más exigentes, pero a un soñador como yo le resulta más que de sobra. Para mí es como un viaje lisérgico o una sana borrachera de fotogramas, además de un reencuentro con muchos de los compinches de papel que enriquecieron mi imaginación juvenil (aunque algunos, algo cambiados). Y, esta vez, son aún más, ya que al grupo del film original se unen nuevos reclutas como la Visión, la Bruja Escarlata o su hermano Mercurio. El reparto es demasiado largo como para nombrarlo, y la verdad es que quizá ninguno de sus componentes me resulta especialmente interesante por separado, pero juntos acaban siendo casi irresistibles.

Solamente había una cosa que me daba miedo de esta secuela y que, por suerte, no se ha hecho realidad, y era que a su director se le volviera a ir la mano con el recurso fácil y hastiante del comic relief: los chistecitos y el humor condescendientemente insertados entre escenas dramáticas de un film para “relajar” la tensión del espectador. Por suerte, los que aparecen en esta La era de Ultrón me resultan bastante más acertados y mejor repartidos que los del primer largometraje de Los vengadores, en donde el abuso de estos ardides narrativos consiguió estropearme el film. Vamos, que hasta diría que esta continuación me parece incluso un poquito superior, sin considerar ninguna de las dos películas excepcionales.

Quedan dos títulos más de superhéroes este año, y ambos se estrenarán en verano: el innecesario reboot de Los 4 Fantásticos, y la adaptación al cine de las aventuras de El Hombre Hormiga. Cuento con poder acudir a verlos, aunque de ninguno de ellos espero la espectacularidad y la diversión que me ha proporcionado esta nueva aventura de Los Vengadores.

sábado, 18 de abril de 2015

Chewie... ¡hemos vuelto!

No me da ninguna vergüenza admitir que se me saltaron las lágrimas al ver a Harrison Ford retomando su personaje de Han Solo en el segundo tráiler de la nueva película de la saga de La guerra de las galaxias, El despertar de la fuerza. Fue algo impagable y emocionante, porque, para mí, la continuación de la historia de George Lucas es el sueño de toda una vida. Desde los primeros años 80, siempre había oído decir al director que ésta se compondría de un total de nueve episodios (aunque en algún momento, parece que ha llegado a decir doce). Este sueño no se hará realidad hasta dentro de ocho meses, cuando la película se estrene en nuestro país exactamente el 18 de diciembre. Hasta entonces la espero con ansiedad e ilusión; sé que no me va a decepcionar, aunque algunas cosas de ella puedan no gustarme o haberlas preferido de otra forma (sigo sin aceptar el forzado e improvisado parentesco entre Luke y Leia, que ahora tendremos que tragarnos por narices, y hubiese preferido un nuevo enemigo en lugar de un Imperio remozado). Creo que J.J. Abrams es un director competente que llevará a buen puerto el nuevo capítulo de la epopeya estelar, como ya ha hecho con Star Trek. Cuenta, además, con dos importantes bazas: el haber recuperado al reparto original –el siempre carismático Harrison, y los semiolvidados Mark Hamill y Carrie Fisher, que salen así del ostracismo artístico en el que han permanecido prácticamente desde que acabaron El retorno del jedi–, y, quizás, las bajas expectativas que puedan tener algunos fans después de las tres precuelas. Pienso yo que esto hará que de primeras sean menos exigentes con las nuevas secuelas, y seguramente que queden más sorprendidos por su predecible calidad.

No conozco mucho al que parece que será el nuevo trío protagonista. Sólo a Oscar Isaac le he visto en algunas películas y me ha parecido un buen actor. Daisy Riley y John Boyega son aún muy jóvenes y tienen una corta filmografía, pero confío en el criterio de selección de J.J. Abrams y en su habilidad parar la dirección. Entre los secundarios, reconozco algunos nombres de intérpretes a los que sí que he visto ya actuar como Domhall Gleason, Gwendoline Christie, Andy Serkis, Lupita Nyong´o y, por supuesto, clásicos de la saga como Peter Mayhew, Anthony Daniels, Kenny Baker o Warwick Davis. Y estoy encantado de ver al gran Max von Sydow ocupando sin duda el lugar que en su momento ocuparon Alec Guinness, Peter Cushing o Christopher Lee en otros episodios de la franquicia.

Tan sólo desearía que la nueva gerencia de Lucasfilm –o sea, la Disney– hubiese mantenido la tradición de estrenar las películas de la productora sobre el 25 de mayo, fecha en la que llegó a los cines la primera entrega de Star Wars.


martes, 14 de abril de 2015

El último lobo

Para mí, el francés Jean-Jacques Annaud es sin duda uno de los grandes directores del cine moderno. Es, de hecho, uno de los pocos que consiguen atraerme a una película con nada más que su nombre. No me importa saber de qué trata: si es de Annaud, intento no perdérmela. No es tarea fácil, ya que a pesar del renombre y la solidísima carrera de este cineasta francés, parece que sus últimos trabajos pasan en un suspiro y básicamente inadvertidos por las salas de cine, y sólo por las más afortunadas de entre estas. Tanto es así que he de confesar que, de las cinco películas que ha rodado en lo que llevamos de siglo, de dos de ellas –Dos hermanos y Oro negro– apenas tuve noticia prácticamente hasta que aparecieron para alquilar, y una tercera –Su majestad Minor– voló del único cine de la capital valenciana que la exhibió y al que me había propuesto ir a verla tras sólo dos semanas.

Por fortuna, el nuevo trabajo de Annaud, El último lobo, he podido disfrutarlo en pantalla grande apenas un par de días después de su estreno nacional. En esta adaptación del libro autobiográfico de Jiang Rong conocemos las experiencias de un joven estudiante chino (Shaofeng Feng) a finales de los 60, cuando es enviado a vivir con una comunidad de nómadas mongoles a la fría y dura estepa. Allí se familiarizará con las costumbres y tradiciones de éstos y quedará fascinado por el entorno que le rodea, y decidirá adoptar un lobezno y criarlo pese a la oposición de la mayoría de los vecinos.

Una vez más se confirman en el film varios de los grandes temas y tópicos de Annaud: su gusto por rodar en tierras extranjeras y por dar a conocer al gran público otras culturas, su afición a la naturaleza, y su interés por los animales, una y otros constantes protagonistas o co-protagonistas de muchos títulos de la filmografía del galo.

Sin ser El último lobo la película del director que más me ha gustado, no por ello deja de confirmármelo como el gran artista que es ni hace que mi admiración por él disminuya; todo lo contrario.

jueves, 9 de abril de 2015

Audrey en Roma

Sean Ferrer y Luca Dotti –los hijos de Audrey Hepburn– han encontrado sin duda un chollo con el que vivir hasta su jubilación en la explotación de la figura y el mito de su célebre progenitora. Año sí, año no, uno u otro hermano –o ambos a la vez– publican algún libro que se vale del atractivo e irresistible reclamo de la actriz para llegar a miles de lectores y hacer caja, eso por no hablar de calendarios, muñecas Barbie, bolsos y otros tantos tipos de parafernalia relacionados con la diva del cine. Espero no ser demasiado ingenuo al asumir que buena parte de las ventas y rentas de todo este material va a parar a la fundación benéfica que lleva el nombre de la estrella, la Audrey Hepburn Children Fund.

Audrey en Roma es el decimoséptimo libro de miss Hepburn que añado a mi colección –fetichismo puro y descerebrado, ya lo admití una vez– y de él sólo puedo decir que es un poco “más de lo mismo” en cuanto a otros tantos volúmenes impresos aparecidos en torno al mito de Audrey Hepburn: docenas de estupendas fotos de ella y sus familiares y amigos, y unas pocas líneas describiéndolas. Aparte del prólogo –del propio Luca, que ha coordinado el libro y seleccionado las imágenes– y alguna introducción a los diferentes apartados que componen el volumen, los textos se podrían reunir en poco más de dos o tres páginas. En resumen: como tantos otros libros sobre la intérprete, muchas estampas bonitas que admirar, y poco que leer propiamente o que aprender sobre ella, que es lo que quizá yo echo de menos: un libro que nos cuente más cosas sobre Audrey Hepburn –y que no sean las habituales–.

Además de todo esto, algún desliz en la traducción, algún error filmográfico –como atribuirle a William Wyler Dos en la carretera– y, eso sí, muchas fotografías inéditas o poco vistas, la mayoría mostrándonos a una Audrey más íntima o cotidiana, de compras o paseando por la ciudad que aparece en el título. Particularmente me han encantado algunas instantáneas en las que se la ve con otros famosos del celuloide como Charton Heston o Vittorio De Sica que no conocía previamente. En este sentido, el libro destaca un poco más sobre otros productos similares al ofrecernos material más original.

Audrey en Roma fue publicado en España por Mondadori en 2012 y, curiosamente, ya está agotado en la mayoría de librerías de España.

Si el trabajo aquí reseñado se centra en la relación a lo largo de toda su vida de Audrey con la capital de Italia –desde que rodó su primera película hollywoodiense en 1953 hasta que residió en ella varios años dos décadas después–, Luca Dotti nos quiere sorprender en breve con otro tomo centrado en la faceta como cocinera de su madre… Verdaderamente, una gallina con una interminable reserva de huevos de oro… No puedo evitar preguntarme siempre qué opinaría ella sobre todo esto.