"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

sábado, 12 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: La reina Victoria

La magia del cine tiene el inmenso poder de sublimar, de convertir en interesante y hasta en fascinante la historia más anodina y cotidiana, de lograr embelesar con personajes mediocres, zafios, vulgares o hasta normalmente despreciables. Véanse si no los numerosos filmes que ensalzan la vida de mafiosos y delincuentes varios y nos los venden, muy al contrario, como héroes o tipos dignos de admiración o, cuanto menos, de simpatía. Aceptada esta premisa, se le puede dar el visto bueno a La reina Victoria de Jean-Marc Vallée, película que, como se puede deducir si se conoce su título original,  The Young Victoria, se centra en los primeros años de reinado de la legendaria monarca británica, y especialmente en su relación inicial con el Príncipe Alberto, elegido por razones políticas para lo que parece ser un matrimonio de conveniencia en toda regla pero que, según el embellecido argumento, acabará viviendo una historia de amor sincera con su prometida.

Si nos atenemos simplemente al contenido, la trama del film es sencilla y hasta nimia, y ensalza un personaje histórico que para mí, que no niego para nada mi clara aversión hacia reyes, emperadores y toda suerte de tiranos y/o aprovechados que subyugan y parasitan al pueblo, es ignominioso –por mucho que el largometraje nos quiera hacer creer que Victoria fue una reina interesada en el bienestar de  todos sus súbditos–. Si nos ceñimos, por otro lado, a la forma, La reina Victoria es una película bellísima con maravillosos palacios, espléndidos vestuarios y preciosos jardines, de lujosa confección y con un selecto reparto en el que figuran, entre otros, Paul Bettany, Miranda Richardson, Jim Broadbent, Rupert Friend, Thomas Kretschmann, Mark Strong y, por supuesto, una Emily Blunt que brilla con luz propia en uno de los mejores papeles de su carrera. Ahora, cada cual, que elija la perspectiva desde la que prefiere ver la cinta…

Emily Blunt: ¿anónima o popular?

La londinense Emily Blunt es oficialmente la “chica de la semana” del blog. Las biografías internáuticas la ponen por las nubes: a su encantador rostro de ojos adormilados y su atractiva presencia física le añaden talentos como el canto, el violonchelo, los deportes y la equitación. Consiguió vencer una tartamudez infantil y se inició siendo adolescente en la interpretación teatral y televisiva, estrenándose en la pantalla grande con tan sólo 20 años con La reina guerrera en 2003. En todo caso, lo que es innegable es que, con menos de una década de carrera cinematográfica y sin haber cumplido aún la treintenta (lo hará el próximo 23 de febrero), Emily se ha labrado una magnífica y envidiable trayectoria que tiene hoy por hoy más títulos que ella edad. Además, ha sabido elegir sus papeles con sabiduría y acierto, demostrando que vale tanto para la comedia, como para el drama histórico, como para el thriller, que como para el fantástico. La chica parece claramente llamada a convertirse en una importante estrella internacional en los próximos años, a pesar de que su nombre puede todavía no ser enormemente popular.

Como casi siempre, descubrí a la actriz algo tarde; fue con El hombre lobo en 2010. Posteriormente sólo la he visto en cine en Destino oculto (2011), pero estoy intentando ponerme las pilas con su filmografía vía formato doméstico. De momento ya he revisado Escalofríos (2007), Sunshine Cleaning (2008) y La reina Victoria (2009). Por cierto, leo que estuvo a punto de intervenir en varias producciones superheroicas y, por una razón u otra, no lo hizo: su nombre sonó para El Capitán América y El caballero oscuro y tenía todas las papeletas para ser la Viuda Negra en Iron Man 2. Estoy seguro de que habría estado estupenda en el personaje. En todo caso, es un valor en alza en mi bestiario personal cuyos  futuros estrenos no me pasarán desapercibidos…

jueves, 10 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: El guateque

Otro largometraje que revisito también después de muchos, muchísimos años: El guateque (The Party) todo un hito dentro de la comedia de su época (es de 1968) y dentro de las respectivas filmografías de su director (Blake Edwards) y de su actor principal (Peter Sellers). De hecho, la película está prácticamente concebida para el exclusivo lucimiento del gran cómico inglés, que es el único protagonista de muchas escenas. Interpreta al simpático y patoso Hrundi V. Bakshi, actor hindú que, después de arruinar una super-producción hollywoodiense, es invitado por error a la fiesta que organiza el jefe de los estudios que rodaban dicho film. Naturalmente, Hrundi hará algunas de las suyas, pero no estará solo a la hora de que se agolpen las situaciones hilarantes, contando con la ayuda de un camarero borrachín o la hija de los anfitriones, cuyos amigos traen hasta un elefante al evento....

Peter Sellers, con Claudine Longet a su izquieda
Había dos escenas o detalles que recordaba todavía desde que vi El guateque por primera vez a mediados de los 80: la de la corneta en el rodaje inicial, y la de la espuma al final. No obstante, creía que el personaje de Sellers era mucho más caótico y torpe, cuando al final resulta educado y hasta encantador. El resto del reparto no tiene mucha participación, destacando quizá la simpática Claudine Longet, Denny Miller como la estrella vaquera, y Steve Franken –único actor de la cinta que ha tenido una trayectoria mencionable aparte de Sellers– como el camarero. Y, por supuesto, la siempre deliciosa partitura de Henry Mancini.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Anónimos populares: Dolores Hart

Dolores Hart (nacida como Hicks un 20-10-1938 en Chicago, Illinois, EE.UU.) volvía este año a Hollywood para presentar un premio Oscar. Era imposible que no llamara la atención en el acto, porque vestía un hábito monacal, y no estaba interpretando a ningún personaje: esta señora setentona aquejada actualmente de neuropatía es hoy en día la priora de la abadía de Regina Laudis en Bethlehem, Nueva York, pero hace décadas fue una joven y bellísima actriz de cabello rubio e intensos ojos azules que debutó en la pantalla flirteando con el mismísimo Elvis Presley. Tras aparecer en unos pocos largometrajes y series de televisión, sorprendió al mundo al renunciar a una incipiente y prometedora carrera para ingresar en una orden religiosa cuando tenía veinticinco años. Permanece en ella desde entonces, aunque nunca se ha apartado del todo del cine: desde 1990 es miembro de la Academia de Hollywood y revisa y vota las películas a nominar cada año. Parece una mujer para nada retirada del mundo que no tiene problemas en recordar sus años como actriz y su relación profesional con el Rey del Rock.

Personalmente, y debido a mi admiración por Elvis Presley, estoy familiarizado con Dolores y su curiosa historia desde hace muchos años, aunque reconozco que he visto muy pocos de sus largometrajes, entre ellos, los dos que hizo con el cantante, Loving You (1957) y King Creole (1958), y Lisa/El inspector (1962), una película que vi hace muchísimo tiempo una noche en Antena 3 co-protagonizada por mi también admirado Stephen Boyd y que me gustó mucho. No he podido volver a verla desde entonces ni la encuentro por ningún lado, salvo en una versión de muy mala calidad en youtube. Si alguien puede ayudar…

lunes, 7 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: Sunshine Cleaning

Tercer largometraje de la neozelandesa  Christine Jeffs (aunque rodado en EE.UU.), que repesco en DVD cuatro años después de su estreno en 2008. Se centra en la familia Lorkowski, compuesta por dos hermanas, la despreocupada Norah (Emily Blunt) y y la mayor y más responsable de ellas, Rose (Amy Adams), el pequeño hijo de ésta, Oscar (Jason Spevack) y el padre de ambas, Joe (Alan Arkin). Para ganarse la vida, las dos chicas deciden montarse una empresa de limpieza de escenas de crímenes y suicidios a la que ponen el nombre que da título al film. Pero en realidad, esto no es más que una excusa para contarnos las relaciones entre ellas, el resto de su familia y otros personajes curiosos como Mac (Steve Zahn), el policía amante de Rose, Winston (Clifton Collins, Jr), propietario de la tienda de productos donde compran las hermanas, o Lynn (Mary Lynn Rajskub), hija de una de las mujeres de cuya casa se han ocupado.

Emily Blunt, Alan Arkin, Amy Adams y Jason Spevack

Es una sencilla y simpática comedia dramática que te deja con buen sabor de boca a pesar de una propuesta tan simple y de una historia totalmente cotidiana. Sin lugar a dudas ayudan a ello las dos bellas actrices protagonistas (especialmente Emily Blunt, de la que cada vez estoy más encaprichado) y el gran Alan Arkin. 

sábado, 5 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: La maldición de Rookford

Otra vuelta a una tuerca ya demasiado apretada sobre una temática –la de los fantasmas infantiles– harto recurrida en los últimos años (véase mi entrada sobre La sombra de nadie). La maldición de Rookford (The Awakening) era una película que tenía muchas ganas de ver después del buen sabor de boca que me dejó La mujer de negro (véase también la reseña), pero que para mí no logra igualar su sombrío tono (ni creo que lo pretenda: ésta es mucho más benigna y esperanzadora). A su favor, la ambientación en una época tan evocadora y romántica como son los primeros años 20 del siglo pasado, una fotografía que logra transmitir perfectamente ese aire melancólico que parece casi inherente al género fantasmal –fílmico o literario– y el acertado trío principal de actores: Dominic West, Imelda Staunton y, sobre todo, la sensual Rebecca Hall, secundados por el pequeño Isaac Hempstead Wright. En contra, el recurso ya algo tedioso que viene siendo esa “sorpresa final” que da un giro casi total a la historia que nos han estado contando y con la que, vaya, nos han estado engañando, ya que las cosas no son lo que parecen ni tal y como se han descrito. Me resulta un remedio demasiado manido a estas alturas y poco “ético” hablando en un sentido narrativo. Decía el maestro Hitchcock con respecto a su película Pánico en la escena que no volvería a repetir el error que tuvo en ella de presentar a los espectadores un flashback falso, y lo que ocurre en La maldición... es algo de ese estilo, y no cuento más por si alguien quiere verla (cosa que, después de todo, recomiendo).

Cielos nublados, páramos desiertos y  edificios  vetustos : los
ingredientes perfectos para una ghost story.
Primer largometraje para cine del inglés Nick Murphy, nos cuenta la historia de Florence Cathcart, una joven que, en la triste época posterior a la I Guerra Mundial, y tras haber perdido a su prometido en la contienda, se dedica a desenmascarar falsos fantasmas y espiritistas timadores. Un día, sus servicios son solicitados en el aislado internado de Rookford, lóbrega y fría mansión con el historial trágico de rigor donde se le presenta un caso que choca con sus férreas convicciones. 

viernes, 4 de mayo de 2012

¡Cumpleaños de Audrey!

Pese a tratarse de mi actriz favorita de todos los tiempos (seguida muy de cerca, como siempre he admitido, por mi también adoradísima Ingrid Bergman), nunca he dedicado un post especialmente largo a Audrey Hepburn. Tan sólo algún recordatorio de sus aniversarios, la reseña de algún libro y cosas similares. La razón principal es porque, se ha escrito tantísimo sobre ella, que no creo que yo pueda aportar nada original aparte de mis propias experiencias. En este 4 de mayo en que hubiera cumplido 83 años de seguir con nosotros, voy a aprovechar para contaros y recordar un poco como conocí a la niña de mis ojos del Cine…

Dos road movies
La primera película que creo haber visto de Audrey Hepburn es precisamente una de las que están consideradas menos interesantes de ella, y se trata de Mansiones verdes, de la que tengo el lejano y vago recuerdo de su pase por televisión un sábado por la tarde en los primeros 80. Más claro tengo el visionado de My Fair Lady algún tiempo después, una Nochebuena o Nochevieja a las tantas de la mañana, y repetida a la tarde siguiente, si no me equivoco. Finalmente, me suena bastante haber visto también por aquellas fechas (primera mitad de la década citada) Charada porque, cuando la vi de nuevo años después, recordaba claramente el clímax en el teatro.

Cuento un último y divertido recuerdo de Audrey de por aquellos tiempos, que ya he comentado en alguna otra ocasión, y es que en mi añorado Cine Oma, donde ofrecían aquellos programas dobles tan entrañables como inverosímiles, combinaron una vez Dos en la carretera con una de las dos primeras partes de Mad Max (me inclino a creer que la segunda). Al fin y al cabo, algo tenían en común las dos películas, ¿no? Por cierto, no acudí a ver esa sesión, pero sí di por hecho que el primero de los títulos era también un film reciente, y asumí que Audrey debía ser la hija de Katherine Hepburn

Una princesa de verdad, y no de las que tenemos por aquí...
Prendado de la Princesa Ana
Supongo que no es hasta que mi adolescencia avanza un poco más y comienzo a descubrir más y más cine clásico cuando veo una película que se convierte en esencial e imprescindible en mi vida: Vacaciones en Roma, en la que me enamoré perdidamente y para siempre de su irresistible protagonista. A día de hoy, sigue siendo mi película favorita de Audrey Hepburn, y una de las más firmes candidatas a llevarme a una isla desierta si sólo pudiera hacerme acompañar por un largometraje.

A finales de los 80, por supuesto, ya tengo una clara conciencia de quién es la actriz. Conozco algo de su historia y voy viendo más películas suyas, incluida, claro está, Desayuno con diamantes. En el cine veo de estreno el que sería su último trabajo, Always (Para siempre), e incluso asisto al reestreno en pantalla grande de Charada y Robin y Marian, la primera sobre 1988-89 en los Cines Albatros, durante mi breve etapa universitaria en Valencia, la segunda en los Aragón en 1991, aprovechando que estaba en la capital del Turia haciendo un cursillo. Creo que estas son las tres únicas películas de Audrey que he tenido el placer de ver en salas de cine.

Adiós…
Un 20 de enero de 1993 me sorprende y entristece la noticia de su temprana muerte a los 63 años. Tengo el recuerdo perenne de haber ido ese mismo día a Valencia a comprarme un amplificador para mi guitarra (además, conservo la factura) y, como ya conté en otra entrada sobre mi trayectoria musical, siempre le tuve mucho cariño a aquel artefacto porque en cierta manera lo relacionaba con mi actriz favorita. Por desgracia, me fue robado en 1999. Tengo también el recuerdo de la noticia en el telediario, en donde la describían como “un ángel bueno”, un calificativo muy usado con ella que me parece exagerado y hasta cursi, pero ya no estoy tan seguro de si eso lo vi el mismo día 20 o fue al siguiente, ya que creo que Audrey falleció por la noche….

Mi colección de VHSs y DVDs de Audrey

¿Quién dijo “fetichismo”?
En la segunda mitad de los 90, a la vez que voy consiguiendo las pocas películas suyas que me faltan, comienzo a interesarme por conocer más su historia. Hasta entonces no había querido saber mucho de ella porque a veces prefiero el misterio y el encanto de la idealización de un personaje que el conocer detalles de su vida que pueden hacer que se rompa ese hechizo y esa admiración que siento por él. Precisamente en una de las primeras incursiones que hice en internet descubrí un libro cuyo título no me molestaré en citar que firmaba alguien que decía ser un hijo secreto de Audrey que ella habría dado en adopción cuando era adolescente. El oportunista escritor destrozaba por completo el mito de Audrey Hepburn y sacaba los trapos más sucios que se pueden sacar de una persona, incluyendo algunas afirmaciones inverosímiles y descabelladas. He de reconocer que, en un primer momento, me afectó mucho la lectura de aquella reseña pero finalmente llegué a la conclusión de que aquello no podía ser más que una farsa, por lo demás, fácilmente probable. Por supuesto, nunca adquirí ni leí ese libro, pero sí que tengo otros muchos de Audrey, siendo los que recuerdo con más cariño los dos primeros que encontré de ella, y que me descubrieron muchas cosas nuevas: Cara de ángel de José I. Cuenta y Juan Tejero y Audrey Style de Pamela Clark Keogh. Desde entonces he reunido alrededor de una quincena de volúmenes sobre la actriz, tanto biografías más o menos detalladas como colecciones de fotografías, portadas y pósters. Admito que muchos de ellos –sobre todo los más recientes– son poco menos que un moderno “timo de la estampita” que ofrecen escasa lectura y muchas –y maravillosas– imágenes. También tengo, por supuesto, toda su filmografía “canónica” en VHS y en DVD (bueno, en este último formato me falta Todos rieron, que no ha salido en español). Y de sus películas pre-Vacaciones en Roma, en las que tiene breves apariciones, me faltan sólo unas pocas. Audrey es la única actriz con la que me permito ese tipo de fetichismos (de Ingrid Bergman, por ejemplo, sólo tengo tres libros, y de su filmografía, más extensa, aún me quedan unas cuantas películas por ver).

Mis libros de Audrey. ¿Debería visitar a un psiquiatra?

He visto todas las películas de Audrey varias veces. Después de Vacaciones en Roma, mi favorita es sin lugar a dudas Charada, que me parece una obra maestra totalmente redonda. También me gusta mucho Robin y Marian –a pesar de que aleja a la actriz de sus habituales entornos glamourosos– por ese bellísimo componente melancólico del que considero la mejor película sobre el mito de Robin Hood. En realidad, creo que el único film de ella que encuentro algo aburrido es Lazos de sangre. Hasta me gusta Historia de una monja a pesar de tratar una temática que me horroriza y que me pone los pelos de punta (y eso que no es de terror). Ah: también tengo el telefilm The Audrey Hepburn Story, en el que Jennifer Love-Hewitt la interpretó con más entusiasmo y cariño que buen tino.

El negocio “Audrey Hepburn”
A Desayuno con diamantes, sin embargo, he acabado cogiéndole un poquito de “manía” por lo que saturan con ella y con sus imágenes por todos los lados. Aún siendo un innegable clásicazo del cine, el papel de Audrey en ella no es mi favorito de la actriz (¡y no me gusta con mechas rubias!), y me cansa un poquito bastante todo ese merchandising que hay sobre el film –y sobre la actriz en general– en las tiendas. Por llegar, me llega hasta indignar que se vendan bolsos, camisetas, cuadros… de Audrey Hepburn a gente que no sabe ni quién es o que sólo ha visto una o dos películas, pero que decora su comedor con una imagen de ella porque queda chic o in o cool o como se diga. Los culpables de todo este “mafioseo” no son otros más que los propios hijos de la actriz, pero al menos me consuela que se lleven ellos las ganancias a que lo haga gente ajena a ella. Lo que siempre me he preguntado es qué pensaría la propia Audrey de este negocio en el que se ha convertido y al que estoy seguro se hubiera negado, conocida su humildad y modestia, a no ser que fuera con fines benéficos.

Tampoco puedo dejar de mencionar ese exagerado “lavado de cara” que le han hecho a la artista en las biografías que aparecen en los últimos tiempos, en las que hasta se esquiva un dato tan conocido como su idilio con William Holden. Parece que nos quieren vender a una mujer perfecta, inmaculada y casi virginal, más cercana a los personajes que interpretaba en sus primeras películas que a la verdadera Audrey de carne y hueso, con sus fallos, manías e imperfecciones, como tenemos todos y como creo que debe recordársele.

I ♥ Audrey! (¿os habíais dado cuenta?)
Audrey es para mí a la vez un ideal, un sueño, una musa, un fantasma y una quimera, una alegría, un imposible y una de las cosas más cercanas a la divinidad que hay en mi vida. Defiendo mi apasionada afirmación: téngase en cuenta que soy ateo y no tengo la suerte de creer en dioses o ángeles, y pienso que en esta vida tan vacía y con tan poco sentido uno tiene que dejarse engañar por algo para seguir adelante. Algunos prefieren la religión, el deporte o la política; mis mentiras favoritas son la Princesa Ana, Sabrina Fairchild, Jo Stockton, Ariane Chavasse, Regina Lampert, Eliza Dolittle y casi todos los personajes interpretados y sublimados por Audrey Kathleen Ruston, Hepburn para los cinéfilos.

(Quiero dedicar este artículo a  mis amigos Ramón y Mari Ángeles, que contraen nupcias precisamente hoy. Que lo hagan en el mismo día en que nació la que para mí es la actriz más maravillosa del mundo sólo puedo interpretarlo como señal de un futuro próspero y dichoso. ¡Enhorabuena y que comáis muchas perdices!)