"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: Otra Tierra

Paralelamente al cine más comercial y conocido de ciencia ficción, a todas esas películas plagadas de espectaculares naves espaciales, rayos y combates que triunfan (o no) en taquilla, existe una variante del género mucho más modesta y menos popular que utiliza el pretexto del fantástico para contarnos historias más íntimas o profundas; producciones normalmente de presupuesto modesto obra de anónimos artesanos fílmicos que constituyen, sin embargo, todo un terreno a explorar. Entre mis últimos descubrimientos dentro de esta modalidad está Otra Tierra (Another Earth, 2011), con la que encuentro ciertas similitudes con la también reciente Monsters.

El proyecto de Otra Tierra es bastante curioso: los artífices son el director estadounidense Mike Cahill, quien debuta en el campo del largometraje después de varios documentales, y su antigua compañera de universidad, la actriz Brit Marling, ambos autores del guión de la película. Cuenta la chica que, cansada de que le ofrecieran papeles de rubia tonta, decidió ponerse a escribir ella misma los guiones que quería interpretar. Marling es también coproductora del film junto con Cahill, quien además ocupa las tareas de cámara y montador. Como veis, se trata de un proyecto muy personal de esta pareja artística.

Otra Tierra: otra forma de hacer ciencia ficción
La historia es sencilla… tan sencilla como puedan serlo las emociones y sentimientos humanos, en este caso, el de la culpa: la joven protagonista de la cinta, en estado de embriaguez, estrella su coche contra el de una familia, matando a una mujer embarazada y a un niño de cinco años, y dejando temporalmente en coma al padre (William Mapother). Tras pasar cuatro años en prisión, la chica está consumida por el dolor y los remordimientos, y quiere disculparse con el hombre al que dejó viudo. Cuando va a hacerlo, le fallan las fuerzas, así que no le dice la verdad y decide hacerse pasar por limpiadora y encargarse de la descuidada casa de éste. Por supuesto, el vínculo entre estas dos almas perdidas se irá estrechando peligrosamente...

Y, ¿qué hay de ciencia ficción en toda esta trama? En realidad, podría decirse que poca cosa, casi una excusa que tenemos en la pantalla en un segundo plano pero que, al final, va a ser decisiva en la resolución del trauma de ambos protagonistas: poco antes del fatídico accidente con el que se inicia el largometraje, aparece en el firmamento otro planeta Tierra idéntico al nuestro, y en el que cada uno tenemos a nuestro doble exacto. Por supuesto, como en toda historia fantástica, las interpretaciones de este fenómeno pueden ser docenas: es lo bonito que tiene este género tan imaginativo.

Viaje pixelado: Silent Hill

No sé si en un intento (supongo que fútil) por interesar a hipotéticos y escasos lectores por mis desvaríos o, simplemente, y en última instancia, por entretenerme a mí mismo, este año estoy probando nuevos formatos e ideas en el blog, principalmente el incluir entradas mucho más cortas pero más frecuentes en lugar de textos más largos y más separados en el tiempo. Hoy inauguro una nueva “sección” en la que quiero hablar de videojuegos y, es curioso, porque en realidad no soy especialmente aficionado a ellos, pero sí que hay algunos pocos que me gustan y divierten mucho. Además, es tan grande la relación que, cada vez más, tienen estos divertimentos informáticos con el cine que, en un blog dedicado principalmente al 7º Arte, creo que tampoco desentonan demasiado. Al fin y al cabo, hay ya muchos videojuegos que parecen casi películas, y hay también muchas películas que son adaptaciones de éstos.

Regreso
Un pueblo normal... si no fuese por la niebla y las criaturas
Y para empezar esta nueva serie, me parece que lo justo es que lo haga con un título –y su posterior saga– que fue decisivo en mi regreso a los juegos computerizados después de bastantes años ignorándolos. Efectivamente: allá por 1999 llevaba mucho tiempo sin recurrir a ellos: mi querido Spectrum se había quedado obsoleto y ya no se comercializaban productos para él; los recreativos eran casi un recuerdo del pasado, y los juegos tipo Sonic o Mario Bros que aparecían en las consolas del momento no me motivaban ni lo más mínimo. Hasta que un día probé un título de origen japonés publicado en el año citado por la empresa Konami que me descubrió que el mundo de los videojuegos estaba cambiando y que podía haber cosas totalmente diferentes a las que conocía y sorprendentemente fascinantes: se llamaba Silent Hill.

Fue un amigo que sí era aficionado a las consolas quien me enseñó por primera vez el juego en su Playstation 1. Es más, fue tan amable como para dejarme el aparato para que lo jugara yo en casa, y acabé tan subyugado por el videojuego y por las posibilidades que parecían ofrecer las modernas creaciones recreativas que no tardé mucho en adquirir mi propia PS1, y desde aquella fecha he tenido también las dos sucesoras de la máquina de Sony.

¿Un pueblo normal?
Cabeza pirámide, uno de los personajes clásicos de la saga
Silent Hill comienza con su protagonista (o sea, nuestro alter ego virtual) viajando en coche con su pequeña hija y teniendo un accidente cerca del lugar que da nombre al juego, aparentemente un tranquilo y típico pueblo medio de los Estados Unidos que parece sacado incluso de otra época. Cuando el protagonista despierta, su hija ha desaparecido y debe internarse en Silent Hill para buscarla, lo cuál sería fácil si no fuera porque el lugar parece prácticamente deshabitado, está constantemente envuelto en niebla, y lo transitan una serie de extrañas criaturas que tienden invariablemente a atacar. Por si esto fuera poco, cada cierto tiempo todo parece cambiar y el protagonista se ve trasladado a otra dimensión que se asemeja a una versión todavía más pesadillesca del propio Silent Hill. Efectivamente: al contrario que otros videojuegos de miedo (o survival horror, como se le llama en el mundillo a esta variante) más centrados en la acción y en los combates, Silent Hill es un juego de terror psicológico, en el que priman más una atmósfera desasosegante y enervante que necesariamente la violencia o la sangre. En este sentido, la saga de Konami prácticamente inauguró esta modalidad en la que creo que apenas tenía precedentes (Alone in the Dark podría ser lo más parecido).

Las siete continuaciones más o menos "oficiales"

Continuaciones y premisa general
El éxito de Silent Hill propició varias continuaciones, cinco “oficiales” (Silent Hill 2 y 3, The Room, Homecoming y Downpour) y dos especiales (la precuela Origins y Shattered Memories, una modernización del primer juego de la serie) tanto para PC como para las consolas de los últimos trece años (hay, además, otros títulos para otros soportes como la Vita o teléfonos móviles y variantes que en muchos casos sólo han aparecido en Japón). La premisa de todos ellos es similar: los personajes protagonistas (un camionero, una adolescente, un soldado…) llegan al pueblo casi siempre por azar e involuntariamente para, de repente, descubrir que no pueden salir de él. Se encuentran allí con otras personas, algunas en una situación similar, otras que parecen ser habitantes del lugar. Para regresar a sus vidas normales, deberán resolver algún intrincado misterio, a la vez que luchan o esquivan a seres grotescos y agresivos (como las clásicas enfermeras del hospital) e intentan mantener su cordura cuando se ven trasladados a la dantesca dimensión alternativa que parece inevitable en Silent Hill, en la que abundan hierros oxidados y retorcidos, objetos cubiertos con telas o plásticos, habitaciones sucias y decrépitas y los decorados más insólitos e irreales. Para afrontar esta colosal tarea, los héroes de cada episodio sólo disponen de unas pocas armas, botiquines para curarse, una linterna, y una radio cuya estática les avisa de la cercanía de criaturas.

Las enfermeras de Silent Hill, voluptuosas y grotescas a la vez
Aunque la mayoría de videojuegos de la saga no tienen relación directa entre ellos –aparte, claro está, de la propia aparición del pueblo– me gusta la idea que parece imperar en la saga de que Silent Hill es una especie de purgatorio: casi todos sus forzados visitantes cargan con algún drama personal y casi siempre se han visto implicados en alguna tragedia y relacionados de una forma u otra con alguna muerte. Así, en Silent Hill 2 manejamos a un hombre que parece haber perdido a su joven esposa tras una enfermedad, o en Silent Hill: Downpour somos un presidiario que ha matado al pedófilo que a su vez asesinó a su hijo. La ciudad de Silent Hill parece adaptarse a las mentes y a los traumas de los personajes que acaban en ella, e incluso puede interpretarse que son éstos los que la remodelan y dan forma en base a sus propias desgracias personales.

Edificios decrépitos y abandonados son habituales en la saga
Otra característica de la saga es la angustia y el pesimismo que la envuelve. Los videojuegos pueden hacerse hasta agradablemente “desagradables”; se disfruta pasándolo mal en ellos. La mayoría de las veces, los finales de todas sus partes son tan desafortunados como desconcertantes, y el jugador descubre junto con su personaje que los recuerdos que tenía de un incidente, o la forma en que lo veía, son falsos o erróneos. De todas maneras, en función de las decisiones morales que se toman en la partida y de otros baremos,  se puede llegar a finales muy diferentes.

Mención especial merece la curiosa banda sonora del también japonés Akira Yamaoka, nada convencional para una historia de terror y estructurada sobre guitarras eléctricas con distorsión y canciones pseudo-pop que ha acabado constituyéndose en un elemento indeslindable de la saga a pesar de lo inapropiada que puede parecer.

Otros medios
Toda una mitología ha crecido en torno a esta serie de juegos virtuales, incluyendo cómics, novelas, figuras y hasta una película, Silent Hill, dirigida por Christophe Gans en 2006 y con Radha Mitchell, Sean Bean y Laurie Holden a la cabeza del reparto. Adapta principalmente el primer videojuego de la saga, aunque incorpora elementos de otras entregas, y he de decir que a mí personalmente, no sé si porque le tengo mucho cariño a sus originales infográficos, no sólo me gustó bastante, sino que me parece una de las pocas versiones fílmicas de un videojuego que vale la pena. Este año, por fin, parece que se estrena su muy retrasada continuación, Silent Hill: Revelation, dirigida por Michael J. Bassett y en la que a Mitchell y Bean se unen Carrie-Ann Moss, Malcolm McDowell y Adelaide Clemens en lo que parece ser una versión en celuloide de Silent Hill 3.

Imagen del film con Laurie Holden y Radha Mitchell
Personalmente he jugado a todos los videojuegos de la saga que se han comercializado para Playstation 1, 2 y 3 (con la excepción de Shattered Memories, que salió para PS2 y que sólo comencé brevemente durante un período en que tuve la PS3 en reparaciones) y en general los he disfrutado bastante. Claro está que ninguno me ha marcado como el primero, porque fue eso, el primero, y que posiblemente éste y los dos siguientes títulos fueron también los mejores, pero, en general, me encanta pasear por ese pueblo misterioso, algo vetusto y hasta melancólico en el que no parece haber nadie salvo personajes raros, casi todas las casas están vacías y cerradas y presentan un aspecto olvidado y avejentado. Me encanta también reconocer sus ya clásicas calles (muchas de ellas con nombres de escritores de terror) y edificios (la prisión, el ayuntamiento, el intranquilizante hospital…) cuando vuelvo a visitarlo, e ir aprendiendo más sobre su siniestra y misteriosa historia, que se origina en un antiguo asentamiento indio, pasa luego a ser una población blanca en el siglo XVII, después colonia penal y prisión militar, sede de una intrigante secta y, finalmente, el moderno pueblo de hoy en día…

A veces también me pregunto si no vivimos ya en nuestro particular Silent Hill…

domingo, 27 de mayo de 2012

¡90 añazos de Christopher Lee!

Christopher Lee, el Último Gran Icono del Cine de Terror, cumple hoy 90 añazos y, pese a su avanzada edad, parece seguir empeñado en batir su propio record guinness como el actor que ha intervenido en más películas a lo largo de su carrera: cerca ya de los tres centenares de filmes, telefilmes y apariciones varias en pantalla, este oriundo de Londres, Inglaterra, no parece llevar idea de retirarse del campo de la actuación en el que comenzó hace ya sesenta y seis años.

Poco puedo añadir a lo que ya dijera sobre él en un pasado artículo de 2010 (este). Admito que nunca le he tenido en tan gran estima como a sus buenos colegas Peter Cushing o Vincent Price, que me costó un poco ser consciente de su tremenda entidad artística, y que sus primeros papeles para la Hammer como Drácula o Frankenstein nunca me convencieron especialmente pero, en las dos últimas décadas, Lee se ha convertido para mí en toda una leyenda viviente, tristemente el último superviviente de una casta de actores especializados y especiales que ya nunca volverá. He disfrutado cada una de sus apariciones de los últimos años en las películas de George Lucas, Tim Burton, Peter Jackson y demás directores que han sabido reivindicar a este mito del Fantástico que es hoy en día casi más grande que la vida, como dicen los estadounidenses. Siempre lamentaré haber perdido la ocasión –por culpa de los nefastos medios de comunicación– de haberle conocido en persona cuando vino a Valencia en 1995.

Así pues. ¡felicidades, señor Lee, y que nos siga deleitando muchos más años!

viernes, 25 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: Juegos de guerra

Todo un viaje nostálgico me ha resultado revisitar Juegos de guerra (Wargames) después de muchos, muchísimos años. No recuerdo cuántos. Vi la película de John Badham cuando se estrenó en cines, en 1983 o poco después. Posteriormente creo que la volví a ver en formato doméstico, pero de eso bien puede hacer cerca de un cuarto de siglo. Recordaba, por supuesto, el protagonismo de Mathew Broderick y de Ally Sheedy (uno de mis primeros amoríos cinematográficos en la que sería luego una larguísima lista), pero no la presencia en ella de John Wood (no me fijaría en este actor hasta que, dos años después, participara en Lady Halcón también con Broderick), mucho menos la del sin par Michael Madsen, que no me llamaría la atención hasta La muerte golpea dos veces, de 1989 y que tiene una pequeña intervención al principio de la cinta.

La película me traslada, pues, a una época muy querida para mí en la que estaba descubriendo mi amor por el 7º Arte de una forma más consciente. Me remite también a mi adolescencia, a mis frecuentes visitas a los viejos y ya desaparecidos cines de mi pueblo, a los tiempos en que me fascinaban los videojuegos y los ordenadores y a mis años de instituto, así que me es imposible negar que la he disfrutado desde una perspectiva especial, a pesar de que la historia –un ordenador militar inteligente que se empeña en desencadenar la III Guerra Mundial y un joven y pionero hacker que parece ser el único que puede detener a la máquina– nos pueda parecer hoy simple y, por supuesto, tecnológicamente desfasada.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: El molino de las mujeres de piedra

En 1960, en pleno auge de los filmes de terror gótico gracias a las producciones de la Hammer y los inmediatamente posteriores trabajos de directores como Roger Corman y Mario Bava, el también italiano Giorgio Ferroni se suma a esta moda cinematográfica con El molino de las mujeres de piedra, curioso y menos conocido título del género que reúne muchos de sus tópicos y clichés y remite a tantos otros precedentes como La maldición de Frankenstein, Los crímenes del museo de cera, La máscara del demonio o La caída de la Casa Usher. La particularidad más llamativa del largometraje es quizá que traslade su acción de los más clásicos castillos o mansiones a un molino de viento holandés, estructura más original que las anteriores en este registro que sólo tiene algún antecedente como El doctor Frankenstein. Il mulino delle donne di pietra nos sitúa en la Holanda de finales del siglo XIX para presentarnos al mad doctor de turno, el escultor Gregorius Wahl (Herbert A.E. Böhme), quien mantiene a su bella hija Elfie (Scilla Gabel) prácticamente cautiva bajo el pretexto de una terrible enfermedad. Cuando el estudiante Hans von Arnim (Pierre Brice) llega al molino en que viven los anteriores, quedará hechizado por la enigmática Elfie, pero también se verá envuelto en el terrible secreto que la joven esconde.

Una producción franco-italiana sobre la que debo admitir mi anterior desconocimiento y que descubrí bastante fortuitamente. Enseguida me llamó la atención su estética y colorido y he acabado viéndola incluso aunque he tenido que hacerlo en inglés y sin ningún tipo de subtítulos. Hacía tiempo que no veía películas de este estilo y época y me ha agradado mucho volver a hacerlo, a pesar de que prácticamente ninguno de los actores ni el director me eran conocidos (repasando sus filmografías me doy cuenta de que ya me había encontrado con alguno de ellos). Posiblemente no estará a la altura de otros clásicos del género, pero me parece lo suficientemente entretenida y agradable.

lunes, 21 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: La pesca de salmón en Yemen

Para descansar de tanto superhéroe, vampiro y fantasma, esta semana cambio de tercio en mi visita al cine y opto por La pesca de salmón en Yemen (Salmon Fishing in the Yemen). Cumplo también con ello -y antes de lo esperado- mi reciente promesa de mantenerme atento a la carrera de la actriz Emily Blunt, que no negaré que ha sido la principal motivación para decidirme a ver este film del sueco Lasse Hallström rodado y producido en el Reino Unido.

Acudo a ver la película un poco a ciegas, sin tener prácticamente referencias de ella e incluso con el temor de que sea demasiado “seria” para mí. Sin embargo, me encuentro con una comedia sencilla, amable, algo bucólica y casi nimia con la que se pasa un ratito agradable y que nos embarca en el proyecto de un filantrópico y multimillonario jeque árabe (Amr Waked) que se empeña en llevar el deporte de la pesca con mosca del salmón al desértico Yemen. Para ello contará con la ayuda de su asesora (Blunt), de un experto del gobierno británico (Ewan McGregor), y de la secretaria de prensa del Primer Ministro (la siempre estupenda Kristin Scott-Thomas), que ve en el apoyo de este empresa descabellada una magnífica oportunidad de restaurar la confianza de los países árabes en Inglaterra tras una serie de desafortunados incidentes. En segundo plano, una historia de amor entre la pareja protagonista, por suerte discreta, algo tácita y mejor llevada que en la mayoría de pueriles comedias sentimentales hollywoodienses, y que se resuelve algo forzadamente (ambos estaban previamente casados o comprometidos: ¿quién se para a pensar en los perdedores?) para satisfacer a la audiencia poco exigente con el obligado happy ending.

domingo, 20 de mayo de 2012

Cartelera Ruthwen: Thor

Aunque vi Thor en cine en el momento de su estreno, aprovecho su adquisición en disco blu-ray (es una de las poquísimas películas que tengo en este formato) para reseñarla. La esperaba con interés, tanto porque soy asiduo al cine de superhéroes (de adolescente leí muchos cómics de Marvel y DC) como porque intervenía mi adoradísima Natalie Portman –a quien, por cierto, vi por primera vez en 3D con este largometraje–. Mi primera impresión fue la de que el director Kenneth Branagh había conseguido un trabajo que, no por ser comercial, dejaba de tener muy buena calidad. Era entretenido, había drama y acción correctamente alternados y mezclados –algo que creo indispensable en este tipo de filmes–, y era estéticamente agradable. Lo único que me pareció entonces fue que la historia de Thor en la Tierra quizá necesitaba un poquito más de desarrollo, unos quince o veinte minutos más que nos lo hubieran mostrado pasando más tiempo entre los habitantes de nuestro planeta y aprendiendo bien esa lección de humildad que su padre le impone.

Curiosamente, esta sensación de necesidad de un mayor metraje desaparece ahora al visionarla de nuevo en formato doméstico; no me preguntéis por qué. Quizá el poder ver la película con mayor tranquilidad y detalle, quizá el ya conocer la historia, pero el caso es que el revisitarla ha conseguido reafirmármerla. Me parece una estupenda película dentro del género superheróico, quizá no entre los grandes hitos, pero sí, como ya he dicho, divertida, espectacular y con la suficiente “miga” en lo tocante a las relaciones y desarrollo de los personajes para no limitarse a un mero desfile de peleas, rayos y efectos especiales varios.


Me gusta mucho cómo Branagh alterna y lleva los dos mundos del film, el esplendoroso Asgard y el entrañable y pequeño pueblo del desierto estadounidense, y también la mayoría de personajes, incluso aunque muchos no se escapen de los habituales arquetipos. Un acertado Anthony Hopkins por una vez alejado de esos roles histriónicos suyos que tanto me suelen agobiar, el siempre correcto Stellan Skarsgård (un actor que me cae muy bien), un reparto femenino que no tiene desperdicio (guapísimas Kat Dennings y Jaimie Alexander, y hasta la ya madura Rene Russo), adecuados secundarios como Colm Feore o el impagable Ray Stevenson, y los cuanto menos apropiados Tom Hiddleston como el intrigante Loki y la imponente presencia física del protagonista principal Chris Hemsworth, como Thor.

La segunda parte comienza a rodarse este verano en Inglaterra dirigida por Alan Taylor y, ¿qué voy a decir? Tengo bastantes ganas de verla. Lástima que aún hay que esperar hasta finales de 2013 para que se estrene.