"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 16 de octubre de 2015

Nueva edición de El Juego de Cine: El Experimento

Tras los meses de preparación de rigor (y de descanso, para los no organizadores) vuelve el ya legendario Juego de Cine, sobre el que se ha informado sobradamente en las páginas de este blog durante los últimos años. No en vano, un servidor ya lleva enganchado desde 2011 a este concurso online hecho por y para cinéfilos y sin más pretensión que pasar un buen rato… largo, porque hablamos de una duración de varias semanas.

La próxima edición del juego –titulada El Experimento– promete ser muy especial, no sólo por su novedoso formato y reglamento, sino porque también se da la original circunstancia de que el equipo ganador, el dúo Los Ex, resultó triunfador tanto de la última versión española del concurso como de la francesa, un logro tan meritorio como sin precedentes. Por esa razón, los organizadores han decidido integrar en esta ocasión las dos ediciones en una bilingüe que tiene como plazo de inscripción hasta el 30 de este mes de octubre, y que comienza el día 2 de noviembre y se extiende a lo largo de seis semanas.

¿Qué puedo decir que no haya dicho ya sobre este certamen? Crea adicción más allá de lo razonable y no puedo sino recomendarlo a todos los amantes del cine de todos los tiempos y clases… Si queréis más información, la web oficial es: http://www.elexperimento.es/


martes, 6 de octubre de 2015

Póster francés de Jane Got A Gun

Si no fuera porque no soy supersticioso, se diría de esta película que está más que maldita. A todos los avatares sucedidos incluso antes del rodaje –cambio de director y de actores–, hay que sumar los posteriores problemas de su productora –que ha abandonado el negocio– y nada menos que tres fechas de estreno anunciadas y pospuestas: septiembre de 2014, febrero de 2015 y septiembre del mismo año. Pero parece que por fin se estrena Jane Got A Gun casi tres años después de su filmación, y lo hace, curiosamente, en Europa antes que en su país de origen, EE.UU. De momento están anunciados los estrenos francés, griego y británico para el próximo mes, mientras que el estadounidense tendrá lugar en febrero del año que viene. Hasta ahora, ni una palabra sobre su deseable llegada a los cines de nuestro país. Quiero pecar de ingenuo y creer que ese momento llegará en una fecha cercana, antes de que las descargas internáuticas acaben con toda posibilidad de comercializar la película de Gavin O´Connor en salas de proyección. Lo que sí ha aparecido esta semana es el póster francés del film, una pequeña alegría en este desértico panorama que es la fimografía de Natalie Portman en los últimos años. Porque sí, sabemos que la actriz  está rodando Planetarium y que Knight of Cups y A Tale of Love and Darkness se han estrenado ya en varios festivales y están empezando a llegar a algunos países, pero a esta España culturalmente pobre y retrasada no parece haber trazas de que vayan a llegar todos estos trabajos de la israelita. Y uno se desespera por razones más que sobradas, no sólo por la añoranza de Natalie, sino por la tristísima situación del cine en esta nación en que me ha tocado residir. Aún tengo, no obstante, ganas e ilusión por ver este western y esperanza de que no me defraude pese a lo que parecen predecir todos los infortunios de su producción.

domingo, 4 de octubre de 2015

Killdozer

Después de las reseñas de Holocausto radiactivo y de Llegan sin avisar, va a dar la impresión de que expresamente me he programado un pequeño ciclo nostálgico-fantástico, pero no ha sido del todo así. Simplemente, ha dado la casualidad de que he visto en un breve espacio de tiempo (dos meses) tres títulos con dos características comunes: el género al que pertenecen (terror/ciencia ficción) y que la motivación para revisionarlos se ha debido a entrañables recuerdos vinculados con mi infancia/adolescencia y mi primer encuentro con todas estas películas, que por lo demás no me parecen de una especial calidad a nivel artístico o cultural.

En el caso de Killdozer, telefilm dirigido por Jerry London en 1974, esta es la vivencia sentimental con la que lo relaciono: llegar un día a casa por la tarde con mi madre y mi hermana (creo que, concretamente, de la playa) y estar mi padre acabando de ver esta película en la televisión. Me impresionó el final y se me quedó grabado durante muchos años, décadas realmente, pero nunca supe el título de este largometraje hasta que recientemente me puse a buscar por internet valiéndome de descripciones de esas últimas escenas que recordaba haber visto. Acabé dando con él (creo que aquí se llamó algo así como La excavadora asesina o El tractor asesino) y, por fin, después de cerca de treinta años, he logrado cumplir el deseo de volver a verlo (de hecho, de verlo por primera vez íntegramente, pues ya digo que en su momento sólo la vi terminar).

El argumento, muy sencillo, la película, menos que modesta, pero ese recuerdo que tengo con ella y la benévola perspectiva que da el tiempo a la hora de recalibrar nuestras apreciaciones sobre algunas cosas, junto con ese mencionado vínculo nostálgico que yo personalmente tengo con Killdozer, hacen que su breve metraje de 74 minutos se me pase de manera rápida y entretenida, remitiéndome a aquellos años 70 en los que descubrí tantas y tantas películas –fantásticas o no– que irían definiendo mi pasión por el 7º Arte y, en general, por las historias narradas con imágenes (aunque fuera en formato televisivo, como es este caso).

Mencionar, para finalizar, que mi recuerdo de aquellas secuencias finales del film era bastante exacto, habida cuenta de los años pasados y de lo saturada que está mi cabeza con los miles de largometrajes que he visto desde entonces. Es curioso cómo algunas cosas se te quedan grabadas en el cerebro. Y es que, en Killdozer, tras cobrar vida una enorme excavadora que utiliza un equipo de obreros que construyen un aeródromo en una isla del Pacífico y exterminar a casi todo estos , los supervivientes deciden tender una trampa a la máquina (poseída por una presencia extraterrestre) valiéndose de un tendido eléctrico que ocultan y por el que le hacen pasar. Esa escena precisamente –la de la destrucción del asesino mecanizado– era la que vi de niño y que siempre recordé. Bien es cierto que la recordaba de noche –cuando en realidad ocurre de día– y que creía que eran soldados los que acababan con la excavadora y no trabajadores, y hasta me suena que, en su momento, vi el final de la película en blanco y negro, pero bueno, ¡no está mal después de tantísimo tiempo!…

lunes, 28 de septiembre de 2015

El desconocido

A pesar de que veo muchas más películas de producción estadounidense que española, hay que reconocerle al cine de nuestro país que, incluso cuando trata con propuestas argumentales manidas y con guiones-cliché, logra casi siempre hacerlo con muchísima más solvencia y distinción de lo que suele conseguir Hollywood. El ejemplo perfecto es esta recién estrenada ópera prima de Dani de la Torre, El desconocido, en la que se repite la frecuente situación de un hombre llevado al límite por una amenaza mortal –en este caso, una bomba en el coche que conduce y en el que lleva a sus hijos– que prefiero no imaginar cómo saldría resuelta de haberse rodado al otro lado del charco –quién sabe si no nos ofrecerán pronto un “remake inmediato” de esos que tanto les gusta hacer allí–. Una buena puesta en escena con momentos emocionantes y de gran tensión y un estupendo reparto en el que no sólo destaca para mí el protagonista Luis Tosar, sino también las actrices Elvira Mínguez y Goya Toledo, hacen de este un largometraje más que entretenido que mantiene al espectador en vilo y sin quitar ojo de la pantalla durante sus 100 minutos de duración. Y, para los que quieran ver denuncias en la cinta, esta la tiene más que clara: la de la infinita avaricia y la total falta de escrúpulos de esos delincuentes legales que tenemos hoy en día, los bancos y los banqueros, que da lugar a la angustiosa vivencia de la película y a todo el plan orquestado por el supuesto “malo” de la función, interpretado por el actor Javier Gutiérrez. ¿Es, al final, realmente el villano? Me parece claro que no, o que, al menos, comparte esa dudosa distinción con otro personaje importante de la historia –que no desvelaré para quien quiera verla– y con las entidades financieras que manipulan y destrozan las vidas de sus clientes-víctimas y que, masoquistamente, la sociedad ha aceptado en su día a día.

jueves, 10 de septiembre de 2015

God Help the Girl

Una de estas películas que uno descubre de casualidad –no es de extrañar, ya que sólo tuvo un estreno limitado en nuestro país– y que, ya desde sus primeras escenas, te hacen aflorar una sonrisa –aunque sólo sea interior– por su simpatía y encanto. Se trata un musical ligero, primer largometraje dirigido por el cantante escocés Stuart Murdoch, centrado en una chica con trastornos alimenticios (Emily  Browning) que quiere componer y grabar música, y su relación con otros dos jóvenes (Olly Alexander y Hannah Murray) con los que comparte pasión y con los que se propone montar un grupo.

Me resultaba inevitable comparar God Help the Girl con algunas películas del género que me gustan mucho como Los Commitments –a la que hay varios guiños claros– o Across the Universe, pero también me parece encontrar en la cinta referencias a clásicos como Banda aparte de Goddard –esa escena en la que los tres protagonistas se marcan un bailecito y Emily Browning, tocada con sombrero, parece la mismísima Anna Karina– o las películas de los Beatles.

En fin, pues eso: canciones en su mayoría bonitas –aunque inocuas–, preciosas y soleadas localizaciones en Glasgow, un cierto aire irreal y, por qué no, también la belleza de su protagonista, que además se descubre aquí como una competente cantante, hacen para un servidor sobradamente entretenida esta película.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Llegan sin avisar: tiempos de VHS

La razón de que vuelva a ver esta película del director Greydon Clark tras muchos años –décadas, realmente– de hacerlo por primera vez es similar a la que expuse el mes pasado cuando reseñaba Holocausto radiactivo: motivos sentimentales antes que un gran interés cultural por esta cinta que es menos que anodina; claramente muy inferior al largometraje inglés al que acabo de referirme. Y es que resulta que Llegan sin avisar (Without Warning) fue uno de los primeros títulos que vi en formato de vídeo casero, y el vínculo de ese recuerdo con el film es lo que me ha llevado a revisionarlo tras más de tres décadas, quizá en un fútil y emotivo intento de recuperar parte de aquella época juvenil.

El VHS tardó mucho en llegar a mi hogar. No lo hizo hasta diciembre de 1989. Mis padres nunca se sintieron muy interesados por estos y otros “aparatos electrónicos” que a ellos sin duda les parecían un capricho exótico, lujoso y caro. Por ello, hasta que en mi casa tuvimos magnetoscopio, fue a través de familiares y amigos como tuve que disfrutar de las entonces novedosas cintas magnéticas que nos permitían ver películas directamente en el televisor, si bien de una forma más modesta y con menos calidad que en el cine.

Ya a mediados de los ochenta comencé tener contacto con aquellos video-cassettes de plástico que poco antes habían irrumpido en el panorama comercial y social español. Llegaron en tres formatos: Beta, 2000 y VHS, y cada uno se reproducía en el artefacto correspondiente, voluminosas y caras máquinas que en un principio sólo los más afortunados se podían permitir. Después, precio y tamaño de estos electrodomésticos fueron bajando y se hicieron más asequibles para el ciudadano medio o más humilde. Curiosamente, sólo el último formato se abrió paso en el mercado, pese a ser el de menor calidad, y los compradores que apostaron por los otros dos pronto hubieron de aparcar sus magnetoscopios en algún estante de trastos inútiles.

Pase aquella década, como ya he dicho, alquilando ocasionalmente películas y “gorreando” a algún familiar o amigo su aparato –y su casa, donde a veces quedábamos varias personas para compartir la sesión– para poder disfrutar del visionado de algún film de moda o, por el contrario, difícil de ver en los cines. Durante algún tiempo de mi época de instituto acudía muchos viernes tarde a casa de mi tía-abuela con alguna cinta VHS bajo el brazo y veía con ella la película. Precisamente su hijo fue durante algún tiempo socio propietario de un videoclub local, así que hasta el alquiler de las películas me salía gratis.

El boom del vídeo doméstico: en aquellos tiempos eras el dueño de la TV, hoy el de un mamotreto del pasado

Pero no fue allí donde vería la película que ha ocasionado este artículo, sino cierto tiempo antes en casa de otro primo. Me debía valer del carnet de su madre para poder acceder al alquiler de películas en uno de los primeros videoclubes que abrieron en mi pueblo, este dentro de una tienda de electrodomésticos –algo muy habitual en la época–. Si no recuerdo mal, en aquellos tiempos, para ser socio de uno de estos locales debías comprarles una película nueva, que creo que valía unas 10.000 pesetas. Después, ponías esa cinta a disposición de los demás socios en el comercio y, a la vez, tú tenías acceso a las todos los demás. Es decir, que básicamente las películas que la gente alquilaba las había comprado ella misma. Esta costumbre desapareció, por suerte, con el tiempo, y para cuando yo me hice socio de un videoclub, ya era algo totalmente gratuito. Pagabas 100 o 200 pesetas por la cinta que te llevabas durante 24 horas, y ya estaba.

Por supuesto, con los años el VHS fue devorado por un pez más grande: aparecieron los discos láser –que no cuajaron demasiado– y, ya más tarde, el DVD y el Blu-Ray. Mi primer magnetoscopio, un Hitachi, nos sirvió bien durante una década y, finalmente, hubo de ser jubilado tras varias reparaciones. Después llegaron dos sustitutos-un Sony y un JVC– que recibieron poco uso, pues no muchos años después me compré un reproductor de DVD y las viejas cintas magnéticas y sus aparatos lectores fueron quedando relegados al olvido, estos últimos prácticamente sin usar.

Por lo demás, decir sobre Llegan sin avisar que, visto hoy en día, me parece un producto de bajo presupuesto muy mediocre que no salva ni la nostalgia, con una historia y una dirección pobre y un reparto malo –caso de la mayoría de actores jóvenes que intervienen en la cinta– o desaprovechado –caso del largo elenco de veteranos que lideran unos Jack Palance y Martin Landau claramente en horas bajas–.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Alma en la sombra

No llegó a tiempo para conmemorar el centenario de Ingrid Bergman el pasado sábado, pero por fin consigo ver Alma en la sombra (Rage in Heaven), el único de los catorce largometrajes de la etapa hollywoodiense de la actriz que no había visto. Se trata de un thriller con cierto aire hitchcockiano que dirigió W.S. Van Dyke en 1941 en el que nuestra sueca favorita se casa con un millonario (Robert Montgomery) que no es tan agradable como parece, y oculta una peligrosa paranoia y una obsesión por su mejor amigo (George Sanders) que pueden acabar poniendo en peligro a todos los que le rodean.

En estas dos semanas y media, por supuesto con motivo de la efeméride que motivó la anterior entrada, he aprovechado para homenajear a Mrs. Bergman con un pequeño ciclo personal compuesto principalmente por películas de ella que tenía menos vistas o llevaba más tiempo sin ver. Los títulos han sido, en orden de visionado:
-Recuerda
-Atormentada
-El albergue de la sexta felicidad
-Por quién doblan las campanas
-Alma en la sombra

Son ahora catorce las películas que me quedan por ver para completar la filmografía de Ingrid (aunque podemos obviar la más antigua de ellas por tener la actriz solamente una aparición como extra). Mi gran asignatura pendiente sigue siendo su etapa sueca, de la que sólo he visto dos films. Fuera de esta, me quedan por ver:
1954 Juana de Arco
1961 Auguste
1967 Stimulantia
1973 De los archivos revueltos de la señora Basil E. Frankweiler

¡Seguiremos insistiendo en la búsqueda! Cualquier información sobre cómo encontrarlas es bienvenida, ya que sólo tengo localizada la de Rossellini.