"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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lunes, 8 de julio de 2013

Ladrón de bicicletas

Después de mucho tiempo parado, Antonio consigue un empleo como pegador de carteles, pero hay un requisito para ocuparlo: necesita inexcusablemente una bicicleta para desarrollarlo, y la suya está empeñada, por lo que su mujer decide sacrificar la ropa de cama del matrimonio para recuperarla. Pero, el primer día de trabajo, un ladrón le roba el vehículo al desgraciado protagonista. Con la ayuda de su hijo, el pequeño Bruno, recorrerá toda la ciudad y removerá cielo y tierra para intentar recuperar el que supone su medio de subsistencia….

Este es el sencillo y conocidísimo argumento del clásico de Vittorio de Sica de 1948 Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette), con el que me reencuentro más de veinte años después del primer visionado del film. Guardaba muy buen recuerdo de él, y creo que casi todas las sensaciones que me trasmitió aquella primera vez siguen intactas: esa historia entrañable que sabe equilibrar la sensibilidad y la sensiblería, ese viaje maravilloso a otra época que no lo era tanto, pero que igualmente produce un extraño sentimiento de falsa nostalgia, ese retrato de la pobreza en el que de Sica fue un maestro, y esos personajes que cautivan todavía más si se sabe que fueron interpretados por actores no profesionales. De hecho, el pequeño de 8 años que interpreta al encantador Bruno, Enzo Staiola, había sido sacado de las calles por el director. Impresionante también el papel de Lamberto Maggiorani como el padre desesperado al ver como se derrumban todas sus esperanzas por culpa de un sinvergüenza. No es de extrañar que esta película esté considerada entre las mejores de la Historia del Cine, porque creo que nunca pierde su vigencia y validez y su capacidad para cautivar al espectador.

Maravillosos Enzo Staiola y Lamberto Maggiorani