"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

domingo, 30 de septiembre de 2012

También adiós a Herbert Lom

Y nos va a tocar terminar el mes con otra noticia triste, ya que me acabo de enterar de la muerte del actor Herbert Lom. Su larga carrera comenzó en su Checoslovaquia natal en 1937, aunque muy pronto se trasladó a Inglaterra, donde pasaría el resto de su vida. En el aún cercano 2004 trabajó por última vez para la (pequeña) pantalla en un telefilm de la serie sobre Miss Marple interpretada por Geraldine McEwan.

Fue eminentemente un actor secundario, y actuó a menudo en filmes de misterio y fantasía. Es por eso que yo le recuerdo sobre todo en películas como la versión de la Hammer de El fantasma de la Ópera (¡de niño me aterró!), La isla misteriosa de Ray Harryhausen (era el mismísimo Capitán Nemo), Refugio Macabro, una de aquellas cintas multi-historias tan habituales en la Amicus, y otros títulos como Ahora empiezan los gritos o hasta la más moderna La zona muerta. Pero Lom no se amedrentaba ante ningún tipo de personaje y así, los amantes del cine histórico-épico (entre los que también me encuentro) nunca le olvidaremos como Napoleón Bonaparte en Guerra y Paz de King Vidor, como el malvado Ben Yussuf en El Cid, ni en su intervención en la mítica Espartaco. En el apartado de la comedia será siempre recordado como el Inspector Dreyfus en la saga de la Pantera Rosa. También coincidió con Peter Sellers en la clásica El quintento de la muerte.

Herbert Lom fallecía el pasado jueves 27 a la avanzada edad de 95 años: los había cumplido el día 11 de este mismo mes. Por cierto, el nombre que le pusieron cuando nació en Praga (en aquel entonces, parte del Imperio Austro-Húngaro) fue Herbert Charles Angelo Kuchacevich ze Schluderpacheru. ¡Menos mal que se le ocurrió abreviarlo!

jueves, 27 de septiembre de 2012

Andy Williams

El pasado martes nos dejaba a los 84 años uno de los grandes crooners del siglo XX, Andy Williams. No he sido nunca un gran seguidor de él, pero sí admirador de algunas de sus versiones, como las que hizo de los respectivos temas principales de las películas Desayuno con diamantes y En una isla tranquila al sur (Theme From A Summer Place, que ya seleccioné en un artículo anterior). Quiero rendirle homenaje, por lo tanto, con este maravilloso Moon River que siempre consigue ponerme la carne de gallina y que evidentemente me remite de manera indeslindable a mi actriz favorita, la exquisita Audrey Hepburn.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Jane Eyre

Michael Fassbender y Mia Wasikowska protagonizan esta nueva versión
A pesar de mi predilección por la literatura inglesa del siglo XIX, nunca he leído a Charlotte Brontë (sí a su hermana Emily). Sí que he visto, sin embargo, varias adaptaciones de su novela más conocida, Jane Eyre, entre ellas el clásico de Robert Stevenson de 1941 interpretado por Joan Fontaine (y que aquí conocimos como Alma rebelde), o la protagonizada por Charlotte Gainsbourg y dirigida por Franco Zeffirelli en 1996. Esta nueva versión del año pasado se me escapó en su estreno cinematográfico, y ahora me hago con ella y la veo, al fin, aunque sea en el más pobre formato televisivo.

Es el segundo largometraje del director estadounidense de origen sueco-japonés Cary Fukunaga, y sin duda la ascendencia asiática de éste se adivina en la delicadeza y el lirismo -elementos muy habituales en el cine chino y nipón-, con que está fotografiado y narrado el film y en muchos otros aspectos. Transmite con acierto ese aire melancólico y algo trágico, a veces hasta fantástico, que parece inherente a la obra de las hermanas Brönte, a juzgar por lo que conozco de ellas (encuentro ciertas similitudes con Cumbres Borrascosas). El cada vez más de moda Michael Fassbender es el encargado de poner rostro esta vez al señor Rochester, y en papeles secundarios destacan Jamie Bell y la veterana e infalible Judi Dench (también aparece brevemente una debilidad mía como es Sophie Ward), pero la película está sin duda al servicio del lucimiento de la joven australiana Mia Wasikowska, una actriz en la que no había reparado hasta Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton (después la he visto también en Albert Nobbs) y a la que predigo un gran futuro en el cine porque apunta claramente maneras de convertirse en una gran profesional. Me ha fascinado su fotogenia y la fuerza que transmite en pantalla simplemente con esa mirada tan absorbente que tiene. Entre ella, y esa ambientación decimonónica y victoriana que tanto me gustan, he pasado dos horas de casi total embeleso viendo una historia que en realidad ya conocía y que, a priori, podría resultar aburrida y predecible cual comedia sentimental hollywoodiense (aunque, en este caso, se trate de un melodrama) ya que, como éstas, gira en torno a la dificultosa relación de dos personas (una modesta institutriz y su rico señor) que sabemos en todo momento que van a acabar juntas (una línea argumental, por cierto, muy típica también de la colega y precursora de Charlotte Brönte Jane Austen). 

martes, 25 de septiembre de 2012

Viaje pixelado: Aventuras gráficas de Microids

Mis primeras aventuras gráficas fueron a través de adaptaciones a PS1
Un debate habitual que tenemos mis amigos y yo es sobre en qué plataforma se disfruta más un videojuego: si en consola, o en ordenador. Yo soy partidario de la primera opción, principalmente por una razón tan sencilla como la comodidad: cuando juego con la Playstation 3, lo hago placenteramente sentado en un sillón del comedor, con el mando en mi regazo, y con un gran televisor de alta definición; el PC, por el contrario, me resulta mucho más incómodo tanto por la situación física en la que lo tengo, como por el engorro que para mí supone estar manejando ratón y teclado. Por esta razón, prefiero claramente la consola para los juegos de acción. No obstante, hay ciertos tipos de juegos que sí que disfruto bastante en el ordenador, principalmente las aventuras gráficas, y sobre estas, concretamente aquellas en primera persona producidas por la casa francesa Microids (incluyo en ella también las de Wannadoo, Cryo y Kheops Studios, marcas absorbidas por o asociadas con la primera de una forma u otra) se centra esta nueva entrega de Viaje pixelado.

Curiosamente, los primeros títulos de este tipo a los que jugué (si exceptuamos algunos arcaicos precursores en Spectrum) fueron en Playstation 1. Se trataba, evidentemente, de adaptaciones de las versiones originales de ordenador a la consola, en general aceptables, aunque quizá con el inconveniente de que el movimiento del cursor pudiera ser algo más lento con el mando. Posteriormente he seguido jugando a algunos ya en PC. Entre todos ellos están la trilogía de Drácula, Necronomicón, Amerzone, Louvre o El secreto del Nautilus, siendo aquellos de ambientación terrorífica los que más he disfrutado. También he jugado a otros en tercera persona, como los maravillosos Syberia I y II, Druuna: Morbus Gravis o Still Life, pero será en el primer grupo en el que me centraré en esta ocasión.

Para aquellos que puedan no conocer la mecánica básica y el funcionamiento de este tipo de juegos, intentaré resumirlos brevemente: se presentan, como he dicho, desde la perspectiva de primera persona; esto quiere decir que el jugador ve el entorno de la aventura desde el punto de vista de los propios ojos del personaje; no vemos una figura que nos represente, que sería tercera persona. La partida, el avance a través del mundo que nos plantea el juego, se muestra por pantallas. Por ejemplo, estamos delante de una casa, queremos pasar a través de su puerta, pinchamos con el ratón, y vemos una nueva pantalla en la que ya estamos en el vestíbulo de esa casa. Y precisamente un elemento esencial en estos juegos es pues ese puntero o ratón, que podemos mover por toda la escena (como si fuera nuestra mirada) en busca de objetos que coger, pistas que investigar o lugares a los que acceder. En función de esto, y cuando se pasa por el lugar adecuado, este puntero cambia su forma según la acción que podamos hacer, normalmente una flecha señalando una dirección en la que podamos seguir, una lupa para estudiar algún detalle, una rueda de mecanismo para poner en marcha algún artilugio o interactuar con el entorno (abrir la puerta que antes hemos mencionado, por ejemplo) son los iconos más comunes y prácticamente estándares en las aventuras gráficas.

Decorados suntuosos y elegantes, sugerentes paisajes, y personajes con los que actuar ambientan los juegos de Microids

Por lo expuesto, se puede deducir que los gráficos de este tipo de juegos no presentan mucha “acción” ni muchas animaciones en pantalla: todo lo más, algún pequeño detalle como un gesto repetitivo de un personaje, la luz oscilante de una antorcha o de un farol, la niebla que oculta intermitentemente la luna o cosas similares. Pese a ello, pese a esta “monotonía gráfica” que puede parecer poco sugerente, a mí estos juegos consiguen resultarme muy envolventes, sobre todo por su apartado sonoro, al que contribuyen no sólo la música que los adorna sino determinados efectos como el crepitar de una llama, el sonido de algún pájaro, el agua fluyendo en un río, etc, etc. Ha habido momentos en que me he sentido fascinado jugando a ellos, totalmente absorto y creyéndome “dentro” de esos paisajes con que los ilustran sus diseñadores.

El indispensable inventario de toda aventura gráfica
Otros dos elementos habituales en las aventuras gráficas de Microids son las conversaciones con los personajes y los puzzles. Las primeras, por lo general, nos dan alguna pista sobre qué camino seguir, aunque a veces son completamente banales. No son normalmente decisivas como ocurre en algunos juegos de rol, en los que las respuestas o preguntas que hagamos a los secundarios pueden decidir el transcurso de la partida y el devenir de los acontecimientos, así como despertar la simpatía o la antipatía de esos personajes por nosotros. Los puzzles se presentan de muchas formas, tanto visuales como con palabras: montar una máquina o un objeto roto, deducir de unas frases una combinación, etc, etc. En algunos casos, pueden ser todo un desafío a la capacidad deductiva y los conocimientos de los jugadores. También es habitual encontrarnos con un menú en el que guardaremos los documentos y pruebas que encontremos, y que suele incluir además un inventario para almacenar objetos que nos serán útiles posteriormente en nuestra aventura.

El último de estos juegos que he disfrutado este mismo año –lo encontré saldado en un centro comercial– ha sido Drácula 3: La senda del dragón y me lo he pasado verdaderamente bien con él. Tiene una historia fantásticamente ambientada en un pueblecito rumano unos años después de la I Guerra Mundial y me han encantado algunos de los personajes con los que el protagonista –un sacerdote– interactúa y muchos de los cuidadosos detalles históricos a los que recurre: no sólo los referentes al propio Vlad Tepes: hasta se llega a mencionar a la Sociedad Thule e incluso, indirectamente, al mismísimo Adolf Hitler. Eso sí: admito que algunos enigmas eran endiabladamente complicados y tuve que valerme del reprochable recurso de consultarlos en guías de internet… Reconozco mi ineficacia…

Espero poder jugar a nuevas aventuras gráficas de este tipo en el futuro, aunque no son mi prioridad ni mi preferencia en cuanto a videojuegos (insisto en que prefiero los de acción en consola). Se anuncia una cuarta entrega del conde vampiro, y no he jugado a ninguno de la serie sobre la Isla Misteriosa. Eso sí: como no consiga actualizar mi ordenador, no sé si el que tengo tendrá capacidad para reproducir juegos más actuales…

lunes, 24 de septiembre de 2012

A solas con Emily Blunt

No vayáis a creer, por el título de esta entrada, que he tenido un encuentro íntimo y personal con la encantadora Emily Blunt; ¡que más quisiera yo! Lo que pasa es que anoche se me ocurrió ir al cine a ver la última de sus películas que se ha estrenado en España, Eternamente comprometidos, y me encontré con que era el único espectador en toda la sala… Lo más chocante es que, hace unos cuantos domingos, el pasado 20 de mayo, me ocurrió una situación similar, en el mismo sitio, precisamente con otra película de la actriz inglesa: La pesca de salmón en Yemen, y a principios de este mes acudí a verla en El amigo de mi hermana a los Cines Babel de Valencia y sólo habíamos dos personas (aquello me pareció más comprensible, ya que son salas de VOS), así que, no sé si es que Emily acarrea una maldición con respecto al público –nadie lo diría, a juzgar por el ritmo al que estrena nuevos trabajos–, el embeleso que personalmente siento por esa deliciosa mirada somnolienta y esos grandes ojos azules que tiene no es algo muy generalizado o, simplemente, ayer fue un día especialmente malo para las salas de mi localidad (la verdad es que apenas vi gente en el vestíbulo ni en el pasillo: se nota que se ha acabado el verano).

Pero, más que hablar de mi admiración por Emily Blunt o de la taquilla que puedan recaudar sus películas, el motivo principal de redactar este artículo es una breve reflexión sobre una circunstancia tan triste e impensable hace dos o tres lustros como es que en una sala de cine haya únicamente un solo espectador. Y es desolador, la verdad. Yo estoy muy a gusto en el cine sin los habituales “espectadores-comentaristas” que se pasan toda la proyección hablando y consiguen amargártela, o sin el típico pesado que no para de encender el móvil y desconcentrarte de la acción de la pantalla, pero me duele en el alma la situación por las propias salas de cine, por lo poco bueno que todo esto presagia. En concreto, esta ha sido la quinta vez que he estado como único espectador en el local cinematográfico de mi ciudad, los Alucine, desde que se abrieron en 1998: la primera fue exactamente una tarde del jueves 23 de marzo de 2006; lo recuerdo perfectamente porque era mi cumpleaños y, a la pesadumbre normal que me suele traer ese día, se unió aquella circunstancia entonces novedosa de no tener compañía alguna en el cine. La película era del –para algunos– traumático Terrence Malick: El nuevo mundo. Curiosamente, tan sólo una semana antes había estado viendo Orgullo y prejuicio, de Joe Wright y, a modo de augurio, sólo éramos dos personas en la sala.

Cinco películas para mí solo.... 

La segunda ocasión en que tuve una sala de cine enteramente a mi disposición –mal que me pesara– fue sobre año y medio después, a finales de 2007, y el film esta vez fue Bee Movie. La ausencia casi total de personal la achaqué a que volvía a ser domingo por la noche –en los últimos años, me he acostumbrado a ir ese día y a esa hora– y se trataba de una película dirigida principalmente a un público infantil. Mucho más me sorprendió que me volviera a ocurrir similar episodio a principios de 2011 con Los próximos tres días, tercera de las cinco películas que he presenciado solo en los Alucine, si sumamos las dos que, desafortunadamente, se han sucedido este año en un período de tan sólo cuatro meses…

Y por cierto, por si alguien quiere saber lo que me pareció el film en el que tuve por segunda vez a Emily Blunt enteramente a mi disposición –ya adelanto que no suelo ir a ver películas de este estilo– diré que lo encontré un poquito menos pueril y deplorable que otras comedias sentimentales que he visto, a pesar de un lamentable comienzo y similar final. Hay momentos divertidos e ideas interesantes en la cinta –como la presión que familia y amigos ejercen sobre las parejas para que legalicen sus matrimonios, o el simple hecho de que deban pasar por este trámite que no demuestra para nada que se quieran más que si no lo hacen– que el director, Nicholas Stoller, esquiva más que resuelve, y la presencia de Emily Blunt compensa algunas escenas más nimias o aburridas pero, por desgracia, no todas ellas (no ayuda mucho su compañero, el inexpresivo Jason Segel). Tampoco me arrepiento de haberla visto, dada mi fascinación por la londinense, pero sí que me apena sobremanera las circunstancias en las que lo hice: en una sala de cine prácticamente desierta y con casi todos sus asientos vacíos.

Post scríptum:
A título más personal que otra cosa, voy a ir añadiendo a este artículo nuevas ocasiones en las que me vuelva a suceder la situación de encontrarme solo en el cine. Espero que la lista no se haga muy larga....
-6-1-2013: El hombre de las sombras
-18-3-2013: Jack el caza gigantes
-29-9-2013: Thérèse Desqueyroux (Cines Babel, Valencia)
-2-3-2014: El poder del dinero
-23-3-2014: Non-Stop
-14-12-2014: Magia a la luz de la luna
-17-4-2016: El secreto de una obsesión
-15-5-2016: Triple 9
-5-6-2016: Un médico en la campiña
-23-11-2016: Un  traidor como los nuestros
-24-9-2017: Churchill (Kinépolis Valencia)
-1-5-2018: 7 días en Entebe
-11-11-2018: Millennium: Lo que no te mata te hace más fuerte

viernes, 21 de septiembre de 2012

Retorno a Hill House

Tranquilos que, de momento, no se va a estrenar una secuela del clásico de Robert Wise La casa encantada (bastante daño hizo ya Jan de Bont con su remake). Soy yo el que os propone volver a recorrer virtualmente la siniestra mansión, a todos aquellos que admiréis esta película tanto como yo, de un modo muy especial: se trata de un completísimo estudio online (eso sí, en inglés) que uno de los concursantes de El Juego (véase la entrada de la semana pasada al respecto) me dio a conocer (gracias, Zelig).

Este es el enlace:
¡Mis sinceras felicitaciones a su autor!

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Anónimos populares: Julianna Margulies

No han sido muchos mis encuentros cinéfilos o televisivos con Julianna Margulies, pero es una actriz que raramente me ha dejado indiferente cuando he podido ver alguno de sus trabajos. Su especial belleza de rasgos que se me antojan helénicos, su porte elegante, esa mirada que parece transmitir una gran fortaleza interior, cualidades todas que la hacen ideal para papeles de mujeres de clase alta, elegantes y de carácter, siempre me llaman la atención y consiguen fascinarme.

Si hubiera estado más atento a la caja boba –cosa que, por lo demás, no me interesa demasiado– probablemente la hubiera descubierto antes de lo que lo hice, con la serie Urgencias, como casi todo el mundo, que comenzó a emitirse en 1994 y se extendió a lo largo de quince temporadas. En su lugar, la descubrí algo más tarde a través de un pequeño ramillete de largometrajes y telefilmes, los primeros de los cuales, he de admitir, los repesqué ya en vídeo. Las mini-series Las brumas de Avalon (2001) y Hitler: El reinado del mal (2003) son los trabajos que más me han gustado de ella. En el apartado cinematográfico, la recuerdo principalmente de tres títulos de registro variado como son el melodrama de ambientación bélica Camino al paraíso (1997), la comedia Darwin Awards, muertes de risa (2006) y la irregular cinta de terror Ghost Ship (2002).

Julianna, que debutó en el cine en 1991 con una película que seguramente prefiera olvidar (Buscando justicia, con Steven Seagal) sigue trabajando principalmente en la pequeña pantalla, en series como Los soprano, Canterbury´s Law o la más reciente La buena esposa. Como todavía le tengo más aversión a la emisión televisiva ahora que hace veinte años, no me prodigo, por desgracia, en visionar los trabajos de la actriz. El tener que esclavizarme con una programación es superior a mí, y mira que lo siento, porque es una mujer que, incluso a su edad (nació un 8 de junio de 1966 en Spring Valley, Nueva York, EE.UU.), sigue transmitiendo mucho encanto y atractivo.