"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

martes, 28 de diciembre de 2010

Los superhéroes van de cumpleaños

Nada menos que Mr. Stanley Martin Lieber, Stan The Man” Lee, padre y creador de algunos de los cómics de súperheroes Marvel más famosos como Spiderman, La Masa , Daredevil, Los 4 Fantásticos o La Patrulla X nos cumple hoy 88 añazos. Fui un gran forofo de sus cómics -y de los de muchos otros- durante mi adolescencia y, aunque, por desgracia, me acabé cansando de ellos y los encuentro hoy en día un tanto pueriles en su mayoría, guardo un excelente recuerdo de aquella afición y de aquella época. Es por ello por lo que Stan siempre tendrá un hueco en mi corazón y por lo que suelo acudir a ver casi todas las adaptaciones al cine que hacen de sus personajes, y me encantan los cameos que el editor y guionista hace en casi todas ellas, siempre muy divertidos. ¡Felicidades, Stan, y gracias por tan buenos ratos!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidades “azules”

[Por desgracia, la doble acepción de la palabra blue en inglés –significa tanto “azul” como “triste”– no se puede mantener, evidentemente, en la traducción. Téngase en cuenta, pues, esta ambigüedad al leer el título y el contenido de esta entrada.]

Por mucho que se empeñen El Corte Inglés, Turrones El Almendro o su majestad el rey (las minúsculas son intencionadas) en su “entrañable” mensaje anual, no todos vamos a disfrutar las fiestas navideñas con esa extremada felicidad o inusual alegría que éstos se obcecan en querer contagiarnos, cuando no casi imponernos:

Descorazonados sin solución, parias sociales, solitarios, ateos irredentos, inadaptados recalcitrantes, insociables, indisciplinados y rebeldes, pobres del mundo –y se puede ser pobre de muchas maneras, como bien decía el Comisario Danilov en Enemigo a las puertas–, marginados, soñadores y utopistas, románticos de los de verdad, hermanos todos…

... para vosotros, este “villancico” con cariño y deseando que vuestras Navidades sean al menos de un azul clarito… 

Blue Christmas
La canción Blue Christmas fue escrita por Bill Hayes y Jay W. Johnson en los años 40, y en sus siete décadas de existencia ha sido grabada por docenas de artistas. Como me debatía entre diferentes versiones, he decidido proponeros cuatro de ellas para que cada uno elija la que prefiera:
-Versión de Ernest Tubb. Este cantante country registró el tema en 1948. No estoy seguro, pero creo que la suya es la versión original.
-Versión de Elvis Presley. Incluida en el LP de 1957 Elvis´ Christmas Album. Se trata de una variante en una línea blues-rock, frente al sonido más country-pop de Tubb.
-Versión de los Beach Boys. La propuesta del grupo californiano aparecida en 1964 lo hizo en formato balada y arropada por una melancólica orquesta con un sonido bastante alejado del que normalmente esperamos de la banda surfista. Es la versión más lenta y tristona de esta mini-recopilación, así que cuidado…
-Versión de Sheryl Crow. Ya he admitido anteriormente que siento debilidad por esta mujer, aunque en los últimos años no me ha apasionado precisamente su carrera. Su interpretación del clásico navideño apareció en 1997, creo que en algún tipo de recopilatorio, aunque ella misma sacó un CD de christmas en edición limitada hace dos años que también incluía la canción. No es su mejor tema, pero su voz siempre me resulta agradable e incluye dos desgarrados solos de armónica ejecutados por la propia Sheryl, maestra en muchos instrumentos musicales.

Y, si queréis oír en directo una versión de la canción interpretada por el mejor guitarrista que hay en mi casa, os invito el próximo domingo 26 a las 19:30 al concierto de Rockinflama en el Café El Burlón, C/. Campoamor, 35 de Valencia. ¡Os espero!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡Otro más!

Que sí, que sí: que admito que no tengo remedio… A unos les da por el Madrid o el Barça, a otros por el PP o el PSOE, y otros se decantan por tal o cual concursante de Gran Hermano… Mi debilidad es Audrey Hepburn (quizá debiera decir “mi perdición”). Hoy me he dado un pequeño paseo “pre-christmas” y he estado viendo escaparates comerciales. El rostro de la actriz me ha sonreído desde varios de ellos impreso en relojes, biombos, bolsos y las más variadas formas de merchandising, pero he permanecido impasible ante todas ellas. Mi chifladura por Audrey es grande, pero no le veo objeto a coleccionar todos estos artículos a los que no les sacaría mucho partido. Sin embargo, al final de mi recorrido he acabado en la librería de mi barrio y he descubierto un (¡otro!) nuevo libro sobre la actriz. Se trata de Audrey Hepburn – Icono de la gran pantalla, escrito por un tal Juan Luis Sánchez y publicado por Ediciones Jaguar. Ya comentaba hace cosa de un mes (véase) que los libros sobre Audrey sí que es algo que me gusta coleccionar, a pesar de lo redundantes que son algunos y que la mayoría ya difícilmente logran sorprenderme o descubrirme algo nuevo sobre la musa de Givenchy. (Ahora mismo creo que ya sobrepaso la docena.)

En un primer momento, y sin todavía haber abordado su lectura, me ha dado la impresión de que este nuevo volumen sobre Audrey es un trabajo bastante sencillo y breve (174 páginas en un formato de 17 x 22,5 cm) que poco tiene que ofrecer a aquellos que ya estén familiarizados con la biografía y la filmografía de la artista. Para más inri la portada exhibe una de las famosas fotografías de Desayuno con diamantes, instantáneas que ya se me hacen hasta odiosas por repetirse tantísimo en todas partes. El comienzo, relacionando a Audrey con Penélope Cruz y Angelina Jolie tampoco me ha dado muy buena espina, pero esperemos a acabarlo antes de poner el grito en el cielo.

El precio de 19 euros, por último, me ha parecido un poco excesivo para una edición de estas características, con las dimensiones ya mencionadas y con tapa blanda. Puedo entender, no obstante, que los precios de unos y otros libros obedecen a la envergadura de las diferentes editoriales y al de la tirada de un título concreto.

Recomendado pues, o bien para aquellos que deseen iniciarse de una manera sencilla en la historia de Audrey Hepburn, o para los devotos incondicionales que, como yo, aspiren a acabar en algún psiquiátrico a causa de sus obsesiones extremas…

martes, 21 de diciembre de 2010

Comienza la contraofensiva (La hipocresía dice... SÍ)

Estaba claro que los fumadores no tardarían mucho en hacerse oír, y aún tengo que ver que la nueva ley antitabaco realmente se lleva a cabo y se cumple el próximo 2011, y no ocurre como la farsa que hemos tenido estos últimos años, la cual se han bailado y toreado casi todos los propietarios de comercios, bares y empresas y cuya aplicación ha brillado por su casi total ausencia. Ya ha comenzado la primera campaña protestando contra la ley, y el póster de la imagen cuelga del exterior de muchos bares, cafeterías y pubs.

Por desgracia, me temo que en el asunto del tabaquismo no puede haber término medio ni conciliación (salvo para unos pocos no fumadores que permanecen alarmantemente indiferentes ante el problema): mientras que los que lo consumen lo ven como algo totalmente habitual y cotidiano y difícilmente van a prescindir de él por mucho que se les advierta sobre sus terribles efectos, para los que no fumamos el tabaco es un veneno que se nos está haciendo inhalar constantemente en casi todos los establecimientos y lugares. Por desgracia, esta hipócrita sociedad que nos asedia con anuncios del tipo “Di no a las drogas”, luego tolera sin prejuicio alguno que una droga tan mala como es la nicotina (con alquitrán y demás componentes mezclados) se pasee por todo el país contaminándolo sin miramiento.

En ocasiones he discutido el tema con fumadores y es desconcertante la violencia y la vehemencia con la que se ponen a la defensiva. Te hacen notar excusas como que los coches y las fábricas también contaminan (¡pues luchemos también para arreglar esto, pero empecemos dando ejemplo nosotros mismos y no nos escudemos en lo que hacen “el gobierno” o “las empresas”!) o incluso te dicen que te quedes en tu casa y no salgas si te molesta el humo; así, sin más. ¿No deberían ser ellos los que tendrían que quedarse en su casa para disfrutar de su adicción? Porque, es obvísimo: lo malo que tiene el tabaco frente a otras drogas es que obliga tanto a consumidores como a no consumidores a compartirlo debido a que, claro está, genera humo, éste se expande y llega a todas partes. Otras drogas se inhalan, se inyectan o se tragan, de manera que el usuario las disfruta y consume para sí sin tener que hacer partícipes forzosos a otros ciudadanos, por eso a veces bromeo diciendo que quizá los fumadores deberían llevar una escafandra, para limitar la extensión del humo de sus cigarrillos, y para poder aprovecharlo bien sin que este se les escape…

Pero en realidad, este asunto no me parece para nada cosa de broma, muy al contrario, lo veo muy serio. Me parece terrible que algo tan destructivo y maligno se haya aceptado sin más en la sociedad, que ni siquiera esté mal visto; que a la gente no le indigne y alarme que en lugares con comida se fume y se impregne a esta con el hedor del humo, que tengamos que salir de un establecimiento con la ropa y el pelo oliendo de una manera que para los no fumadores es asquerosa, aunque supongo que para los fumadores será habitual o incluso inapreciable. Me indigna, en fin –y perdonad mi sinceridad– el tremendo egoísmo y el poco miramiento de la gente que fuma con sus conciudadanos, que prime su necesidad de mantener el odioso vicio por encima de todo y molesten a quienes molesten, su desconsideración y su poco juicio a la hora de comenzar este hábito que, demostrado está de sobra, se inicia a la fuerza normalmente en la adolescencia con la única intención de aparentar una madurez claramente falsa –es todo lo contrario–.

Amigos, hoy me tocaba desfogarme con algo que ha acabado resultándome verdaderamente detestable. A lo mejor yo también me he vuelto intolerante respecto al tema con el paso del tiempo, pero, claro está, me creo en poder de la razón para ello. Sé que, si algún fumador lee esta entrada, posiblemente se enoje, pero, vaya, es mi blog y lógicamente escribo sobre mis ideas (¡y nadie me censura, je, je!).

Ya que parece que los fumadores de la actualidad están poco dispuestos a dejar su triste hábito y a ceder, a luchar por una vida más sana para ellos y para los que los rodean (incluidos sus hijos pequeños, otra cosa que me saca de quicio), esperemos que de verdad esta ley antitabaco del próximo año entre verdaderamente en vigor y se aplique y que, con el paso del tiempo y la concienciación de las nuevas generaciones, este terrible –y literal– cáncer de la sociedad acabe siendo un mal recuerdo de una época menos civilizada…

domingo, 19 de diciembre de 2010

Perdidos en el espacio

Viendo ayer el estreno de Tron: Legacy me volvió a la memoria la bella actriz Cindy Morgan, protagonista femenina de la película original de la saga en 1982. En realidad, ya me había planteado esta misma reflexión cuando volví a ver la última cinta citada algún tiempo atrás: lo caprichoso que supongo que puede ser el destino a veces. ¿Por qué algunos actores y actrices obtienen reconocimiento internacional y consolidan una larga trayectoria, mientras que otros rozan el éxito para luego desaparecer en el éter cinematográfico? ¿Falta de suerte? ¿Escasez de talento? ¿Poca perseverancia?  O quizá desinterés en mantener una carrera y el preferir una vida alternativa, quizá más hogareña o centrada en los negocios. Me ha pasado a menudo, volviendo a ver películas de mi juventud o de hace ya algunos años, que redescubro a un/una artista que ya había quedado sepultado en mi banco de datos cerebral y constato que no he sabido nada de él o de ella en mucho tiempo. Por suerte, ahora que tenemos internet y webs maravillosas como IMDB, es fácil rastrear a la mayoría de estos intérpretes y constatar si realmente han languidecido como estrellas del celuloide, o simplemente es uno el que no está al tanto de sus trabajos. Antes era más difícil investigar sobre estos astros perdidos: recuerdo los muchos años que estuve buscando información sobre la irlandesa Alison Doody (que me había fascinado en  Requiem por los que van a morir y, más tarde, en Indiana Jones y la última cruzada) hasta que por fin pude descubrir que había estado retirada del cine muchos años para ser madre, aunque ahora ha retomado su trabajo.

Alison Doody
En el caso de la mencionada Cindy Morgan, constato en la citada web cinéfila que nunca ha abandonado la interpretación, pero su carrera ha sido espaciada y eminentemente televisiva. Hay por supuesto muchos otros nombres intrigantes de actores y actrices “desaparecidos” –al menos de mi vida– durante muchos años: ¿recordáis a la sensual Sandahl Bergman de Conan (1982)? Su caso fue similar al de Cindy y, tras intervenir en una cinta de éxito que es ya hoy en día un film de culto, su carrera perdió fuerza y se limitó prácticamente a la serie B y a la televisión. Parece ser que, desde 2003, no ha vuelto a trabajar como actriz. Y, ¿alguien se acuerda de Sarah Patterson en En compañía de lobos (1984)? Hizo una película más en los 80, y no había vuelto al cine hasta hace pocos años (sólo ha intervenido en cuatro filmes). Claro que no hay más que recurrir a buena parte del personal de la trilogía original de La guerra de las galaxias para encontrar sobrados ejemplos de lo que fueron estrellas efímeras: qué mejor muestra que Mark Hamill o Carrie Fisher, aunque con éstos no hemos perdido el contacto al tenerlos continuamente haciendo cameos, doblando dibujos, acudiendo a actos y en diversas actividades que los mantienen al menos en el candelero.

Hmm…. Eran los primeros nombres que me han venido a la cabeza. Seguiré pensando en más actores y actrices “desaparecidos” y los iré añadiendo aquí. Era simplemente una breve reflexión que me apetecía publicar. Enviadme vosotros también los vuestros…


Mathilda May
-Virginia Hey, la mujer guerrera de Mad Max II (1981). La redescubrí en la serie Farscape.
-Pamela Gidley. Me gustó en Blue Iguana (1988), vi alguna otra cosa más de ella por aquella época, y poco más supe.
-Mary Elizabeth Manstrantonio: después de ser una actriz de moda en los últimos 80 y primeros 90, parece relegada a la televisión durante el nuevo siglo. Algo parecido se podría decir de Geena Davis.
-Tom Berenger: caso similar al anterior: un actor en boga y habitual en los 80 y 90 del que apenas he visto nada en años. Afortunadamente en Origen constaté que seguía en activo.
-Patrick Bergin: más de lo mismo. Hace años que no le veo en la gran pantalla. Lo último que vi de él fue Jugando sucio, y fue ya vía vídeo.
-Mathilda May y Béatrice Dalle: imposible olvidar a estas dos bellezas morenas del país vecino que me hechizaron en un momento de despertar sexual: la primera en Betty Blue (1986), su debut, y la segunda en Fuerza Vital (1985). Constato una vez más en IMDB que, al igual que Berenger y Bergin, siguen en activo, pero ya hace mucho que yo personalmente no he visto sus trabajos. Quizá debería interesarme más por el cine galo... Hmmm...
-Madeleine Stowe: guapísima actriz también habitual en las películas de hace 15-20 años que últimamente se prodiga poco. La vi por última vez en el cine en La hija del general (1999) y luego en vídeo en Octane (2003).
Michael Paré
-Linda Hamilton: ejemplo similar al de Cindy Morgan o Sandahl Bergman: participó en un clásico del cine fantástico de los 80 y en su secuela, pero su posterior carrera ha sido muy discreta. Quizá tenga que ver en ello su delicada salud mental. Impresionante como la dura Sarah Connor en Terminator 2 para los que admiramos a las mujeres atléticas.
-Suzy Amis: desde que le quitó el marido a la anterior (el director James Cameron), esta rubia actriz a la que pudimos ver en Mano de oro, Sospechosos habituales o Titanic se ha dedicado a criar a los tres hijos del matrimonio y a vivir la buena vida. Inactiva desde 1999.
-Michael Paré: guaperas y musculitos de muchas cintas de aventuras de los 80 (personalmente me quedo con Calles de fuego y El experimento Filadelfia), una vida disoluta y su afición a las drogas le han hecho acabar en cosas tan lamentables como las películas de Uwe Boll. Una lástima.
-Cybill Shepherd: ¡cuanto tiempo! Parece que sigue en televisión, medio en el que siempre le ha ido mejor que en el cine. No la veo en la gran pantalla desde El cielo se equivocó. Irresistible nariz.

viernes, 17 de diciembre de 2010

¡Maldición!...

Pues nada, me toca retractarme de lo que decía en la entrada anterior. Parece ser que el final de año aún nos va a deparar algún que otro disgusto más, ya que se nos acaba de ir uno de los pocos directores míticos de Hollywood que aún nos quedaba: Blake Edwards falleció el miércoles día 15 a los 88 años. Había nacido un 26 de julio de 1926 en Tulsa, Oklahoma, EE.UU. y poca presentación necesita para los cinéfilos, ya que entre sus primeras películas se encuentra nada menos que la ya icónica Desayuno con diamantes, cuyo cincuenta aniversario el próximo 2011 por desgracia ya no podrá celebrar. Especializado sobre todo en comedias, Edwards nos legó también la divertida Operación Pacífico, La carrera del siglo, El guateque¿Qué hiciste en la guerra, Papi?, 10, la mujer perfecta o Cita a ciegas, además de la larga saga de la Pantera Rosa, ejemplos de sobra y casi todas ellos un capítulo propio en la historia del género cómico. Pero, cuando el director quiso cambiar de registro, demostró que podía también hacerlo con gran maestría: no olvidemos la desgarradora Días de vino y rosas, otro clásico del melodrama, o el thriller Diagnostico: asesinato, que posteriormente daría lugar a una serie de TV.

Tony Curtis, Jack Lemmon y, por supuesto, Peter Sellers, fueron algunos de sus actores fetiche, si bien la relación con este último acabó resultando un tanto tirante (véase si no la película de 2004 Llámame Peter, en donde John Lithgow interpreta a Blake). Curiosamente, nunca recibió ningún Óscar y sólo estuvo nominado una vez (en el 83 por ¿Victor o Victoria?). La Academia le concedió un premio honorífico hace seis años por su larga trayectoria como director, productor y guionista.

En fin, me voy a tener que replantear para el 2011 si sigo incluyendo obituarios en el blog, porque a la marcha que llevamos parece que no hay otra cosa. Claro que perder a alguien de la talla de este hombre y ni siquiera mencionarlo no parece justo, ¿verdad?

lunes, 13 de diciembre de 2010

¡Encended más velas!

Durante el mes pasado, muy a nuestro presar, proliferaron las bajas cinematográficas. Este diciembre parece que va a ser profuso en lo referente a felicitaciones de aniversario: posiblemente no tenga el estatus de Kirk Douglas –al fin y al cabo, un titán del cine– aunque sí, desde luego, bastante mucha más veteranía que Jennifer Connelly: faltaban todavía diecisiete años para que naciera la bella actriz cuando el canadiense Christopher Plummer interpretó su primer papel en el episodio The Gathering Night de la serie norteamericana de TV Studio One. El actor había nacido en Toronto, Ontario, un día como hoy de 1929, y sus primeros años como profesional estuvieron vinculados al medio televisivo. No debutaría en el cine hasta la película Stage Struck de Sidney Lumet en 1958, secundando a Henry Fonda, y desde entonces hasta hoy día ha alternado la pequeña y la gran pantalla y la escena teatral, bordando a lo largo de casi sesenta años una soberbia carrera que supera sobradamente el centenar de intervenciones.

Sobre todo en los 60 y los 70 se prodigó a menudo en papeles históricos y bélicos, curiosamente interpretando muchas veces a personajes británicos: La batalla de Inglaterra (1969), Waterloo (1970, dando vida al mismísimo Duque de Wellington), El hombre que pudo reinar (1975), Ases del cielo (1976)… aunque también hizo de alemán (era Rommel en La noche de los generales, 1967), de griego (Oedipus the King, 1968) o de romano (la espectacular La caída del Imperio Romano, de 1964, donde fue Cómodo mucho antes que Joaquín Phoenix en el remake bastardo de la película, Gladiator). Intervino además en todo un clásico del musical, Sonrisa y lágrimas (1965), pero reconozco abiertamente que es una película que nunca he podido soportar.

Actor incansable y prolífico, durante su madurez ha seguido apareciendo en infinidad de películas y series: El pájaro espino, Star Trek VI: Aquel país desconocido, Malcolm X, Lobo, Doce monos, El dilema, Plan oculto, etc, etc. Por supuesto, también ha prestado su cuidada dicción al doblaje: suya es la voz del malo de Up y hasta la del narrador de David el gnomo. Todo un galán a sus 81 años cumplidos hoy, Christopher sigue conservando su eterna apostura y elegancia, y esperamos que nos siga deleitando con su arte durante mucho tiempo más.

Por cierto, me dejo para el final la que es posiblemente mi película favorita del señor Plummer (¡es difícil elegir!): Asesinato por decreto, de 1979, segunda ocasión en la que encarnó a Sherlock Homes (la primera fue en el cortometraje televisivo Silver Blaze dos años antes) y un título que me fascinó desde la primera vez que lo vi en mis años mozos en el que el mítico detective se enfrenta al no menos legendario Jack el Destripador. La cinta de Bob Clark está claramente basada en la película de 1965 Estudio de terror, de la que se puede considerar un remake, y a su vez ha influido indiscutiblemente en la más reciente Desde el infierno.

Artista también icónico a su manera, aunque quizá con menos caché que Christopher Plummer, y nacido el mismo día pero cuatro años antes en Missouri, EE.UU., Dick Van Dyke celebra hoy también, pues, su aniversario, 85 magníficos años tras los cuales sigue conservando esa eterna sonrisa que es su marca de fábrica. Eminentemente televisivo a partir de 1970 (¡187 episodios de Diagnóstico: Asesinato entre 1993 y 2001), la carrera interpretativa de Van Dyke difícilmente puede compararse con la de Plummer, pero cuenta en su lista con algunas de las comedias y musicales más clásicos de los 60, sobre todo Mary Poppins (1964) y Chitty Chitty Bang Bang (1968), sin lugar a dudas, los dos títulos por los que pasará a la Historia del Cine. ¡Un gran estirón de orejas a los dos! 

domingo, 12 de diciembre de 2010

Jennifer Connelly, los 40 y las rinoplastias


Bueno, ¡basta ya de viejos, ja, ja, ja….! Hoy celebraremos el cumpleaños de una actriz bastante más joven que la media de los artistas cinematográficos que han pasado por aquí en las últimas semanas. Y es que, aunque Jennifer Connelly nos cumple hoy nada menos que cuarenta añitos, aún me sigue pareciendo aquella adorable muchachita que nos deslumbró en Dentro del laberinto hace ya casi un cuarto de siglo. Ciertamente, la guapa morena ha madurado con destacable dignidad, tanto física como, sobre todo, artísticamente (ya que en el primer caso parece que ha echado mano de algo de cirugía estética para retocarse un rostro que no necesitaba retoque alguno, porque nació con una belleza natural que le durará toda la vida, hasta cuando sea una abuelita).

Jennifer
Supongo que reparé por primera vez en ella, como casi todo el mundo, en el mencionado clásico de Jim Henson. Aunque, como ya comenté en mi homenaje al marionetista (véase), no vería ese trabajo suyo hasta algunos años después, no me pasó inadvertida aquella chica de catorce años de atractiva melena negra y sensuales ojos verdes (es que soy fan de Bécquer: me pierden los irises de ese color…) Muy posiblemente Érase una vez en América fuera mi primer largometraje de Jennifer, pese a que también vi el film de Sergio Leone en la tele y con retraso, pero tengo más constancia de ella en películas algo posteriores como Rocketeer (1991) o Labios ardientes (1990), en donde pudimos descubrir que la precoz actriz infantil ya no era precisamente una niña. A lo largo de los siguientes años coincidí con ella varias veces ya fuera en la pantalla grande o en la pequeña, aunque no seguí con especial fijación su carrera: Mulholland Falls (1996), Dark City (1998), Réquiem por un sueño (2000)… Para cuando se estrenaron Una mente maravillosa (2001), Hulk (2003) y Casa de arena y niebla (2003) ya no me era una actriz indiferente y había comenzado a interesarme más por sus trabajos. Desde entonces, creo que he visto casi todos sus papeles. Hasta, por un compromiso, accedí a ver uno de eso “remakes instantáneos” norteamericanos que tanto me disgustan (véase mi artículo del mes pasado) porque al menos salía ella, Dark Water (2005), por no hablar del pésimo remake de Ultimátum a la Tierra de hace un par de años e incluso una de esa películas incorrectamente llamadas “románticas” –que no lo son– como es Qué les pasa a los hombres (2009, aunque esta ya la visioné directamente en DVD). Curiosamente decidí no acudir a ver Diamante de sangre (2006) al cine porque no me acababa de convencer y luego me llevé toda una sorpresa cuando por fin la vi en formato doméstico, ya que me gustó bastante.

En definitiva, y contemplando la ya larga carrera de casi treinta años de la actriz, creo que Jennifer ha sabido demostrar una gran variedad de registros en la pantalla y, aunque no suela salirse del circuito comercial hollywoodiense, me parece que está bastante por encima de otras “primeras damas” de la Meca del Cine actual en cuanto a buen gusto a la hora de seleccionar papeles y películas.

Los 40
Es curioso… me choca un poco ver a todas estas actrices que he conocido cuando eran muy jóvenes y constatar que ya tienen una cierta edad, que hasta son ya madres de varios hijos y todo. Se me hace rara la quinta década de la vida humana, no sé; personalmente creo que se me atraganta un poco y no la llevo muy bien. La tengo asumida como una edad de decadencia –por lo menos física– y me causa extrañeza ver llegar a ella a jovencitas eternas como Jennifer, aunque también me alegra constatar que lo hacen más o menos dignamente. (Por favor, no os molestéis los que estáis en ella, es sólo una apreciación personal de alguien bastante proclive al pesimismo). Hablo de gente como Heather Graham, Rachel Weisz, Julia Robets, Winona Ryder, Carla Gugino… todas ellas cuarentonas recientes o a punto de serlo; por no hablar de otras ya bien adentradas en la mencionada década como puedan ser Elisabeth Shue, Teri Hatcher, Gina Gershon, Ally Sheedy, Daryl Hannah –que ya cumplió los cincuenta a comienzos de mes– o una de las actrices fetiche de mi adolescencia, Diane Lane –otra soberbia cuarentona–, entre las primeras que me vienen a la cabeza.

Las rinoplastias
A Jennifer sólo le voy a reprochar va a ser el único punto negativo de este homenaje, y tal y como he avanzado al principio, el haberse sometido recientemente a la manida y lamentable cirugía facial –no sé si a otras– para retocarse la nariz, recurso que tiene en común, por desgracia, con muchas otras compañeras de profesión algunas mencionadas en el anterior párrafo, así como la peligrosa delgadez que alcanzó por la época en la que recibió su único Oscar (por Una mente maravillosa), aunque de esto parece haberse cerciorado y recuperado desde entonces algunos kilos. Lo siento, pero es que no puedo entender lo de la cirugía estética, más aún en personas que son guapas de nacimiento y que muchas veces lo único que consiguen al pasar por quirófanos es un rostro extraño y anti-natural (véase a la actual Nicole Kidman). Comprendo que alguien se opere porque ha quedado deformado quizá por algún terrible accidente, o si su fealdad es tan extrema que no puede ni salir a la calle, pero en el caso de todas estas actrices y actores cinematográficos, lo veo innecesario y creo que en muchas ocasiones lo que hacen es acabar convertidos en monstruos (¿mencionamos a Mickey Rourke o a Stallone?). Supongo que toda esta gente, al vivir de su imagen, necesita tenerla siempre impecable y que, si ya es duro envejecer para un ciudadano de a pie normalito, lo debe de ser más para una reina de la belleza o un guaperas del celuloide internacionales. También es cierto que hay actores y actrices que se operan ya cuando están empezando su carrera y son apenas veinteañeros cortos, algo todavía más desdeñable… En fin, está claro que el Cine es mentira e ilusión, pero algunas cosas querría uno que fueran ciertas. En el caso de Jenny, me quedo con sus encandiladores ojos verdes, que no creo que hayan sido alterados por ningún bisturí...

“[…] sí, porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, unos ojos…
-¡Verdes!- […]”
(Los ojos verdes, Gustavo Adolfo Bécquer)

jueves, 9 de diciembre de 2010

¡Felicidades, Kirk!



Demasiadas bajas y aniversarios de bajas últimamente.... A este paso me va a tocar cambiar el nombre del blog por El cementerio de Lord Ruthwen.... Pero, por suerte, algunas leyendas siguen conviviendo todavía con nosotros, así que hoy cambiamos de tercio y celebramos la longeva vida y la excelsa trayectoria artística de todo un mito como es Mr. Kirk Douglas, al que ya homenajee previamente en esta entrada del pasado septiembre y que es para mí, como dije en ella, el actor más grande vivo. Hoy nos cumple 94 años. ¡Felicidades, Kirk!

lunes, 6 de diciembre de 2010

Roy y John: recordando a dos amigos

Tal día como hoy de 1988 fallecía uno de mis grandes ídolos musicales, Roy Orbison, a causa de un infarto que nos lo arrebató inesperadamente cuando contaba tan sólo 52 años. Fue un golpe especialmente duro para mí porque era un artista al que había descubierto recientemente y que se estaba convirtiendo a pasos agigantados en uno mis cantantes favoritos, y para nada esperaba que fuera a desaparecer tan pronto. Yo era entonces un adolescente y en muchas de sus canciones me parecía encontrar un reflejo de mis propias vivencias.

Con su cautivadora voz y sus ya clásicas y elaboradas “mini-arias” (Only the Lonely¸ Crying, It´s Over, Running Scared y tantas otras), pero también con sus temas rock como Oh, Pretty Woman, su mayor éxito, Roy se erigió en santo patrón de solitarios, descorazonados, enamorados desesperados y soñadores. De él dijo una vez Bruce Sprinsgteen estas palabras que ahora hago mías para este pequeño homenaje: “Siempre recordaré lo que significa para mí  y lo que significó cuando era joven y tenía miedo del amor”.

Sus canciones siguen siendo para mí un placentero escalofrío que me remiten a aquella época en que las descubrí. Me resulta un tanto difícil elegir una sola para conmemorar este aniversario, pero creo que In Dreams sería la adecuada. http://www.youtube.com/watch?v=VPWYLwXtjGk


Y el próximo miércoles, se cumplirán tres décadas de la muerte de otro grande de la música: un 8 de diciembre de 1980 John Lennon era abatido a tiros por un mentecato descerebrado. Recuerdo llegar al día siguiente al colegio y oír a mis más espabilados compañeros comentar el asesinato del artista e incluso traer un periódico con aquello en portada. Yo por entonces no tenía del todo claro quién era el tal Lennon, pero deduje por el tono de los demás que era un buen tipo y que se trataba de un suceso verdaderamente malo y trágico.

Han habido muchos mártires en la historia de rock y muchas muertes tristes, pero sin lugar a dudas la del cantante inglés fue una de las más injustas. Admitiré que quizá los Beatles no fueron una influencia tan temprana en mi vida como Roy Orbison, y que tampoco me ha interesado mucho la carrera en solitario de ninguno de ellos, pero son sin duda otro de los grupos esenciales en mi discoteca.

Orbison y Lennon coincidieron en una gira en abril de 1963. En las simpáticas fotografías que acompañan este homenaje les vemos celebrando el 27 cumpleaños del tejano el día 23 del citado mes junto a Claudette, la mujer de Roy, y uno de los hijos de la pareja, Roy Jr. Por desgracia, tanto ella como el pequeño encontrarían también un final prematuro poco tiempo después.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Día de doble luto... Irvin Kershner

Aunque seguramente Irvin Kershner fuera mejor director que Leslie Nielsen actor, encuentro cierta similitud entre ambos en el sentido de que los dos pasarán a la historia del cine principalmente por una película, y casualmente de nuevo dentro del género de ciencia ficción: si el segundo citado será sobre todo recordado por su aparición  en Planeta prohibido, el primero lo será por dirigir El imperio contraataca, la que muchos consideran la mejor película de la saga de La guerra de las galaxias. Cuentan las crónicas que George Lucas, extenuado tras la primera entrega de la franquicia, y deseando centrarse más en las labores de producción, contrató a su antiguo maestro de la escuela de cine para que se hiciera cargo de la esperadísima secuela, y el veterano director demostró que aquel dicho de “segundas partes nunca fueron buenas” podía ser a veces totalmente erróneo. Es una lástima que Lucas no aprendiera la lección y dejara las futuras continuaciones de la epopeya espacial en manos de personas más capacitadas que él para trabajar con actores...

Por lo demás, como decía al principio, la trayectoria fílmica de Kershner -iniciada en 1958 con Stakeout on Dope Street- no fue especialmente destacable, habiéndose especializado, aparentemente, en continuaciones de sagas cinematográficas como La venganza de un hombre llamado caballo (1976), Nunca digas nunca jamás (1983) o Robocop 2 (1990), última de las películas que rodaría para la gran pantalla y penúltimo de sus trabajos tras las cámaras (éste sería el episodio piloto de la serie televisiva Sea Quest: Los vigilantes del fondo del mar, en 1993). Desde entonces había seguido vinculado al 7º Arte en otras facetas como productor, consejero e incluso actor.

Irvin Kershner había nacido un 29 de noviembre de 1923 en Philadelphia, Pennsylvania, EE.UU., y nos ha dejado hoy, pues,a la respetable edad de 87 años. Seguramente ahora estará con Yoda y compañía, siendo uno con la Fuerza... 

Leslie Nielsen: continúan las bajas

Parece que vamos a acabar el mes de noviembre con la pérdida de otro actor con cierta trascendencia en el cine fantástico: aunque quizá un intérprete mediocre y principalmente televisivo, Leslie Nielsen figurará para siempre en la historia del cine como co-protagonista de uno los más grandes filmes de ciencia ficción de todos los tiempos y de una de mis películas favoritas: la magnífica Planeta prohibido (1956).

Había nacido en Regina, Saskatchewan, Canadá, un 11 de febrero de 1926, como Leslie William Nielsen, y su carrera comenzó en 1950 en el espacio televisivo Actor´s Studio y ha concluido más de doscientas intervenciones después con The Waterman Movie, actualmente en rodaje y donde sólo ponía la voz. Intervino en infinidad de series en la pequeña pantalla como Suspense, Tales of Tomorrow, Danger, Alfred Hitchcock presenta, El virginiano, Kung-Fu, La isla de la fantasía, etc, etc. En el cine no pasó casi nunca de papeles secundarios y, lamentablemente, en sus últimos treinta años su apariciones en la gran pantalla se vieron prácticamente relegadas a películas de humor burdo y vulgar como Aterriza como puedas (1980), Agárralo como puedas (1988) y sus continuaciones, Espía como puedas  (1996) y similares (hasta apareció recientemente en Spanish Movie el pasado año). Curiosamente, el “rebajarse” a este tipo de papeles nimios y ridículos relanzó su popularidad, hasta el punto de que muchos aficionados al cine más reciente, ignorantes de sus papeles anteriores en registros más dramáticos, lo conocen como “el hombre del pelo blanco”, y algunos obituarios aparecidos hoy en noticiarios virtuales lo recordaban con titulares como “Muere el cómico Leslie Nielsen”, “Leslie Nielsen, el rey de las películas de humor absurdo, ha fallecido” o “Fallece Leslie Nielsen, protagonista de "Aterriza como puedas"”.

Por mi parte, aunque nunca he sido ni seré admirador suyo, para mí Leslie Nielsen siempre será, por supuesto, “el protagonista de Planeta prohibido”. Poco más he visto de él (sólo recuerdo La aventura del PoseidónEl día de los animales y Creepshow). Quizá la casualidad y la suerte le concedieron la ocasión de un único papel importante en su larga carrera, pero por él será recordado para siempre por aquellos que amamos el cine. Nos dejó ayer a los 84 años debido a una neumonía.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Déjame estar (o, Remakes innecesarios)

A uno le es difícil que no le vengan a la cabeza palabras como “prepotencia”,  “arrogancia”, “engreimiento” y similares (pero también “ignorancia”) cuando se devana los sesos para encontrar una explicación a por qué los norteamericanos realizan estos tan frecuentes e insidiosos “remakes instantáneos” de películas, normalmente europeas o asiáticas, que hace apenas un par de años que se han estrenado.

Ya admití recientemente que no estoy radicalmente en contra de los remakes, aunque quizá la mayoría sean innecesarios. La historia del Cine está plagada de ellos y algunos han sido tan exitosos como el Ben-Hur de William Wyler o My Fair Lady de George Cukor. Recuperar, por medio de una nueva versión, una película “antigua”, quizá olvidada o totalmente desconocida por el público actual, puede ser una forma de reivindicar y rescatar también la original (de hecho, suele aparecer reeditada en DVD en esos momentos); incluso se puede hacer un remake interesante y digno, siempre teniendo en cuenta las diferencias que van a haber entre original y copia, entre clásico y moderno, entre la simple distancia temporal. Pero, ¿para qué voy yo a querer visionar un remake de una película que vi hace cuatro días? ¿Por qué hace falta? Supongo que los EE.UU. tienen la suficiente coyuntura económica para doblar, o al menos subtitular un largometraje que no esté en lengua inglesa pero, sin embargo, prefieren rodarlo de nuevo enteramente bajo su perspectiva y en su suelo. Esta tendencia parece haberse hecho especialmente patente y molesta sobre todo en los últimos diez años, cuando hemos podido ver remakes “inmediatos” de muchas cintas orientales de terror como La señal, Dark Water, El grito y similares, e incluso españolas como Abre los ojos (Vanilla Sky en su versión estadounidense) o [REC], entre otras…

Personalmente, insisto en que creo que estos remakes no aportan nada, al menos a la comunidad cinéfila fuera de EE.UU., que ya ha visto sus primeras versiones, y que difícilmente se pueden interpretar sino como una muestra de presunción económica, étnica e ¿intelectual? de un país que quizá debería emular otras cosas de aquellos a los que copia su cultura, y por mi parte no cuentan con mi beneplácito ni mucho menos con mi bolsillo, porque no me molestaré en verlas ni pagando, ni posiblemente gratis. Espero que vosotros hagáis lo mismo y de esta forma se respete y se dignifique un poco más el cine que hacemos los países “menores”…

jueves, 25 de noviembre de 2010

Adiós a la Condesa Ingrid

Totalmente anonadado me ha dejado la noticia que me ha dado un amigo sobre la muerte de Ingrid Pitt, sin lugar a dudas una de las pocas mujeres que lograron labrarse un nombre en la historia del cine de terror con personajes fuertes y destacables: lejos de la típica damisela–comparsa que se desmayaba en cuanto aparecía el monstruo de turno y tenía que ser salvada por el héroe de la película, Ingrid sorprendió siendo ella misma el monstruo del film propiamente en sus trabajos más conocidos.

La verdad es que era un fallecimiento que no me esperaba, a pesar de que la actriz contaba ya la edad de 73 años, precisamente cumplidos dos días antes de su marcha, acaecida el pasado martes 23 de noviembre.

Aunque nacida en Polonia como Ingoushka Petrov, su juventud transcurrió en Alemania, y contaba que pasó tres años en un campo de concentración durante la II Guerra Mundial. Fue también modelo y comenzó en pequeñas intervenciones en películas españolas o rodadas en suelo español como Campanadas a medianoche (1965), la mítica Doctor Zhivago (1965) o Golfus de Roma (1966) –¡hasta actuó con manolo Escobar!–, consiguiendo por fin un papel algo más relevante en El desafío de las águilas (1968), secundando nada menos que a Richard Burton y a Clint Eastwood. Pero sería con la mítica productora Hammer con la que Ingrid conseguiría la inmortalidad –en la ficción y en la realidad– merced a su papel de Carmilla von Karnstein en la película The Vampire Lovers un par de años después. Gracias a la mayor flexibilidad de la censura británica de la época, el director Roy Ward Baker pudo exhibir sin tapujos el lesbianismo de la famosa novela de Sheridan LeFanu, así como los encantos de Ingrid y de sus muchas bellas compañeras de reparto. (La película, claro está, no se estrenaría en España hasta bastantes años después, apareciendo en TV y vídeo con diversos títulos como Vampiros enamorados o Las amantes del vampiro, cuando su traducción correcta sería “Las amantes vampiro”).

The Vampire Lovers fue el gran hito de Ingrid Pitt; no obstante, a esta le siguieron otras dos películas (ambas del 71) que reincidían en el exitoso género vampírico y que serían La condesa Drácula, en donde la polaca interpretaba nada menos que a la infame Erzsébet Báthory, y La mansión de los crímenes, esta última rodada para la Amicus, la productora rival de la Hammer. Aunque Ingrid también intervendría en la clásica El hombre de mimbre (1973), se prodigaría poco en la interpretación y la citada “trilogía vampírica” es en realidad lo más recordado de ella. Con apariciones esporádicas en la pequeña y gran pantalla hasta recientemente (Sea of Dust, de 2008, una vez más como reclamo debido a su estatus de leyenda del fantástico), se ha dedicado durante muchos años sobre todo al oficio de escritora y periodista desde su hogar en Londres. Su autobiografía, aparecida en 1999, se titula Life's A Scream: The Autobiography of Ingrid Pitt.

Curiosamente este verano comencé a confeccionar un artículo para el blog sobre actrices del cine de terror en el que, naturalmente, Ingrid tenía un papel destacado. Si acabo publicándolo, tendrá que ser ya, por desgracia, a título póstumo. Hace apenas dos años perdimos también a otro de los grandes iconos femeninos del fantástico, Hazel Court.

* Un homenaje... gracioso:
-Ingrid Pitt con Manolo Escobar... ¡Esta da más miedo que las de la Hammer!

lunes, 22 de noviembre de 2010

Libros y cine, cine y libros (III)

Descubrí La casa encantada (The Haunting, Robert Wise, 1963) en 1990 o poco después, una madrugada de viernes a sábado, cuando fue emitida por TVE –posiblemente en el espacio presentado por el sin par Ibañez Menta “Alucine”, ¿alguien lo recuerda?–, e inmediatamente caí bajo el “encantamiento” de la lóbrega mansión. Hasta entonces no había oído hablar jamás de Shirley Jackson, la escritora norteamericana cuya novela de 1959 The Haunting of Hill House había dado lugar al largometraje de Wise. Enseguida me interesé por dicho libro, pero igualmente pronto descubrí que no existía su versión traducida al castellano. Hube de esperar hasta 1999 para que Jan de Bont decidiera hacer un lamentable remake del film original y este diera lugar a que al fin alguien se decidiera a editar el libro en nuestro país (al menos algo bueno salió de él). Pero, vayamos por partes y sigamos el orden cronológico de los acontecimientos….

Aunque las historias de fantasmas han estado presentes en la literatura desde que esta es reconocida como tal (algunos cuentos sobre aparecidos de Daniel Defoe datan ya de alrededor de 1700), el tema de la casa encantada era relativamente novedoso cuando la escritora Shirley Jackson (1919-1965) publicó The Haunting of Hill House en 1959. Es cierto que la literatura gótica recurrió a menudo a castillos y caserones siniestros, e incluso se pueden encontrar algunos precedentes del tema en las obras de Charlotte Ridell, Henry James, M.R. James o H.P. Lovecraft, entre otros, pero creo que la idea de una casa casi con vida propia y la de un grupo de investigadores que se aventuran en ella para desentrañar sus misterios era bastante original cuando Mrs. Jackson publicó su libro hace más de cincuenta años. Admitiré, no obstante, que aunque gran aficionado a la literatura y el cine de terror, mis conocimientos sobre ambos no son exhaustivos, y es posible que se me escape algún antecesor más claro de esta temática.

La novela
La trama de la novela comienza presentándonos al doctor John Montague, filósofo y antropólogo interesado por las manifestaciones sobrenaturales y los fenómenos psíquicos, a cuyos oídos llega la leyenda de Hill House, la Casa de la Colina. Lóbrega mansión construida por el excéntrico y severo empresario Hugh Crain, durante sus ochenta años de historia cuenta con un tétrico historial de accidentes, suicidios y demás sucesos funestos que comenzaron con la muerte de la primera mujer de Crain. En los últimos tiempos, nadie ha podido habitar el lugar durante más de unos días. La escritora y sus personajes califican a Hill House como una casa “enferma” y “loca”, un lugar que “nació malo”. A este respecto es interesante hacer notar que la propia mansión es en sí el “fantasma” de la novela: una especie de entidad malévola con inteligencia propia, y por derecho el verdadero protagonista de la obra de Jackson.

Para su investigación, el doctor Montague convoca, tras una estudiada selección, a una serie de personas para que pasen con él unos días en Hill House y presencien, atestigüen y den cuenta de los fenómenos que puedan presentárseles en ese lapso. Sólo dos de los candidatos acuden: Eleanor Vance, una chica de 32 años solitaria, insegura y emocionalmente inestable que ha pasado una década cuidando de su madre enferma, recién fallecida, y que en su infancia fue testigo de un fenómeno poltergeist, y Theodora, mujer algo fría y mordaz de la que sólo sabemos que regenta una tienda y que tiene ciertas habilidades psíquicas (también se ha querido ver en ella un velado lesbianismo). Al grupo se les une el cínico y vividor Luke Sanderson, familiar de la propietaria habitual de la mansión y su futuro heredero, impuesto por la dueña del lugar. La autora no describe físicamente a ninguno de los personajes y, de hecho, se centra principalmente en Eleanor, quien está presente en todo momento de la trama y cuyas ansiedades, miedos e ilusiones conocemos constantemente a través de sus pensamientos.

Los fenómenos paranormales tardan bastante en hacer su aparición en la novela, y no es hasta pasada la mitad de esta cuando empiezan a sucederse. Hasta entonces, la escritora nos ha preparado para que vayamos conociendo a los personajes y, como en tantas otras obras de terror, los “fantasmas” internos de cada uno de ellos, especialmente los de la ya mencionada Eleanor, cobran más relevancia que los posibles espíritus del más allá que puedan manifestarse en la historia. En las obsesiones de la a veces paranoica protagonista hay quien ha querido ver docenas de posibles lecturas de la obra, incluso la posibilidad de que sea la propia Eleanor la que cause o al menos canalice las alteraciones psíquicas de Hill House o de que todo esté en su imaginación, ya que parece ser testigo de más manifestaciones sobrenaturales que los demás investigadores. En un momento dado, incluso ella misma plantea a sus compañeros si quizá no está imaginándoselo todo y ni siquiera ellos existen.

Hacia el final de la novela hacen su aparición dos nuevos personajes: la esposa del doctor, cuya visita él ya había adelantado, y un profesor amigo del matrimonio, Arthur. Señora impertinente y un tanto ridícula que llega a aportar un ligero elemento cómico a la historia, es una especie de médium con una perspectiva benévola y compasiva del mundo de los espíritus.

No desvelaré el final de la historia por si alguien desea leer el libro, tan sólo comentar que está centrado en la desarraigada Eleanor, quien a pesar de las insólitas circunstancias parece encariñarse con la casa y desea quedarse a vivir allí…

La película
La Metro-Goldwyn-Mayer pronto se interesó por adaptar la novela, bastante popular tras su publicación, aunque todavía sin alcanzar el estatus mítico que tiene hoy en día en la literatura de fantasmas. Cuatro años después de la aparición del libro, es decir, en 1963, se estrenó The Haunting, dirigida por Robert Wise. Uno de los grandes directores del cine hollywoodiense, Wise aportaría también al fantástico títulos como La venganza de la mujer pantera (1944), El ladrón de cadáveres (1944), Ultimátum a la Tierra (1951), La amenaza de Andrómeda (1971), Las dos vidas de Audrey Rose (1977) o Star Trek, la película (1979), además de rodar otros clásicos como Sonrisas y lágrimas (1965) o West Side Story (1961); ahí es nada… (Por cierto, en 1951 rodaría House on Telegraph Hill, un film de suspense que aquí se titularía curiosamente… La casa de la colina).

El rodaje de The Haunting transcurrió en Inglaterra, siendo de esta nacionalidad la gran mayoría del reparto del film, a cuya cabeza figuraban Julie Harris como Eleanor (aquí apellidada Lance en lugar de Vance), Richard Johnson como el doctor Markway (de nuevo se cambió el apellido de este personaje), Russ Tamblyn como Luke (el único protagonista norteamericano además de Harris) y la siempre encantadora Claire Bloom como Theodora. En papeles secundarios aparecían Rosalie Crutchley como la Sra. Dudley, la estricta y algo siniestra ama de llaves de Hill House, y la canadiense Lois Maxwell -la inolvidable Moneypenny de las películas de James Bond-, que interpretaba a la Sra. Markway.

La versión cinematográfica de The Haunting of Hill House es una buena adaptación (con guión de Nelson Gidding), siempre que entendamos que se trata de eso: una transferencia de un medio artístico a otro, la condensación de una historia de doscientas páginas en una película de menos de dos horas. La mayoría de pasajes del libro se respetan, aunque no siempre en el mismo orden, así como el ambiente algo opresivo y tenso de la obra de Shirley Jackson. Los pensamientos de Eleanor que constantemente leemos en la novela los encontramos en la película a través de la voz en off del personaje, recurso muy arriesgado en el cine pero que en la cinta de Wise contribuye aún más a crear la atmósfera de miedo y paranoia de la historia.
Richard Johnson, Julie Harris, Claire Bloom y Russ Tamblyn
Algunos cambios con respecto a la novela los podemos encontrar en los ya citados nombres de los personajes, en que Hugh Crain sólo tiene una hija y no dos, que la mansión tiene diez años más, que el doctor Markway es más joven y Eleanor llega a enamorarse de él, que la mujer de este no es mencionada hasta que hace su aparición y que su personajes es totalmente diferente (no cree en espíritus y llega con la idea de llevarse a su marido de lo que ella ve como una empresa ridícula) y que el personaje de Arthur no aparece. Hay principalmente dos pasajes importantes del libro ausentes en la película: cuando Theodora encuentra su habitación manchada de sangre, y cuando ella y Eleanor se aventuran fuera de la casa una noche y presencian una fantasmagórica escena que gira alrededor de un picnic y de un siniestro bosque.

Por lo demás, la película de Robert Wise me parece una verdadera obra maestra del cine de terror. Una lección de la que deberían de aprender muchos de los directores de hoy en día que no hacen sino ridiculizar el género con sus lamentables trabajos. No hay apenas efectos especiales en The Haunting, ni complicados maquillajes, monstruos o demás: por medio de sombras, planos con perspectivas diagonales o atípicas, contrapicados y sobre todo gracias a una trabajada dirección artística y unos cuidadísimos decorados que pueblan toda secuencia de inmensidad de objetos peculiares, la película provoca una tremenda inquietud y un asfixiante desasosiego en el espectador que desea meterse en la historia y vivirla debidamente. Y es que el terror que se sabe insinuar más que mostrar, aquel que sabe llegar sutilmente al inconsciente del espectador incluso antes que a sus sentidos visuales o auditivos, es el que más logra cautivar y conseguir su verdadero propósito: dar miedo. Particularmente hay un par de momentos del largometraje que me parecen geniales: uno es un plano de un pasillo en el que descubrimos que la puerta que hay al final de este se ha abierto misteriosamente. No hay más que negrura más allá de ella, pero esa oscuridad me parece mucho más impactante y sugerente que si se mostrara cualquier tipo de aparición o monstruo. Otra de mis escenas favoritas es cuando las dos chicas están en la habitación de una de ellas y oyen unos tremendos golpes por el pasillo y cómo algo acecha tras la puerta del cuarto y parece estar intentando entrar en él. De nuevo, creo que una lección magistral de cómo se puede inducir el miedo en el espectador valiéndose de recursos sencillos.

Un consejo para aquellos que quieran ver el largometraje: hacedlo de noche, solos y con las luces apagadas. Sólo así se puede vivir el film debidamente...

Revisitaciones
El tipo de argumento propuesto por Shirley Jackson en su ya clásica obra sería revistado bastante a menudo en los siguientes años: el normalmente más imaginativo Richard Matheson publicó en 1971 Hell House (La casa infernal en nuestro país), prácticamente un plagio de la novela de Jackson, sólo que más explícito y violento. Dos años después fue llevada al cine por John Hough con el título de La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House). Y el popular Stephen King pagó su particular tributo a The Haunting of Hill House con la mini-serie Rose Red (Craig R. Baxley , 2002), que él mismo guionizó (incluso el mismo El resplandor se puede considerar una variante de la historia de Shirley Jackson).

The Haunting de Robert Wise se estrenó en la televisión de nuestro país como La casa encantada. No llegó a los cines de nuestra nación en su momento, 1963, ni llegaría a proyectarse en pantalla grande hasta más de cuarenta años después de su aparición. Actualmente se encuentra editada en DVD como La mansión encantada, quién sabe si por diferenciarla de La casa encantada (Ghosts on the Loose, comediada dirigida por William Beaudine en 1943 en la que aparecen un ya decadente Bela Lugosi y una jovencísima Ava Gardner).
En 1999, como he adelantado, Dreamworks realizó un remake de The Haunting de igual título, y que en España se subtituló con gran desacierto La guarida, como si de una cueva de ladrones o una madriguera de animales se tratara. El normalmente admirable Liam Neeson dio vida al doctor Montague, sólo que aquí volvió a cambiar el nombre original por el de Marrow, mientras que Lilli Taylor interpretó a Eleanor, Catherine Zeta-Jones a Theodora y Owen Wilson a Luke. El director Jan de Bont demostró no haber aprendido nada de Robert Wise cuando todo lo excepcional de la primera versión, toda aquella conseguidísima atmósfera de inquietud y desasosiego lograda por Wise con simples movimientos de cámara o encuadres, fue sustituida por risibles fantasmas infográficos que llegan al colmo de la ridiculez en una especie de “clímax” final en el que la casa parece desatar todas sus fuerzas contra los protagonistas y todo empieza a dar vueltas y a girar en torno al personaje de Eleanor. No soy un purista ni estoy necesariamente en contra de los remakes, pero quizá hay obras que son simplemente insuperables y que es mejor dejar estar.

Algo bueno trajo la tremenda metedura de pata de de Bont, y es que por fin la novela de Shirley Jackson apareció traducida al español (si lo había hecho antes, es algo de lo que no tengo conocimiento): la publicó Plaza y Janés en el mismo año del estreno del remake y con el título y portada de este, The Haunting (La guarida). Posteriormente (2008) ha sido reeditada por toda una editorial especializada en literatura de terror como es Valdemar, concretamente en su serie Gótica, con el nuevo título de La maldición de Hill House. Aunque yo personalmente tengo la primera versión citada de la novela, recomiendo esta segunda por la tremenda calidad de material y presentación de la colección de Valdemar, de la que poseo no pocos volúmenes.

Por cierto, aprovechando la feliz circunstancia de que los cuatro protagonistas del film de Robert Wise están vivos y de que pronto se cumple el 50 aniversario de su estreno, vuelvo a reivindicar un DVD conmemorativo para esa fecha con todos ellos recordando su rodaje y las anécdotas que lo rodearon.

* Enlaces de interés:
-Aunque, según los estudiosos, Shirley Jackson se inspiró en la peculiar historia de la Winchester House (léase aquí) para su libro, la “auténtica” Casa Encantada no está en Massachussets, EE.UU., como nos dice la novela, sino en Warwickshire, Inglaterra: Ettington Manor, una impresionante mansión con varios siglos de antigüedad, fue el lugar elegido por Robert Wise para rodar los exteriores de su film. Hoy en día es un reputado hotel conocido como Ettington Park que, a la luz del día, y complementado con todas las comodidades modernas, dista mucho de parecerse a la siniestra Casa de la Colina que una vez representó. Pero, no creáis: hay quién dice que el lugar, como cualquier veterano edificio típico inglés que se precie, tiene sus propios fantasmas. Ved si no este vídeo de youtube: http://www.youtube.com/watch?v=-FpczWUHUng

“La propia Hill House, sin recobrar la cordura, siguió alzándose en medio de sus colinas, conservando la oscuridad dentro de ella; así había estado durante ochenta años y bien podría continuar otros ochenta. En su interior, las paredes permanecían derechas, los ladrillos encajaban limpiamente, los suelos continuaban firmes, las puertas seguían cerradas, el silencio se recostaba, imperturbable, en la madera y en la piedra del edificio y, cualquier cosa que anduviese por ella, caminaba sola.”