"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 7 de mayo de 2010

¡Biba la hinformación!

Seguramente la mayoría de vosotros ignoraréis que mi segunda vocación frustrada fue la de periodista. Creo que es esta una profesión en la que me hubiese desenvuelto bastante bien, a la vista de los trabajos que uno puede leer día sí, día también en periódicos y otros medios de comunicación como los noticiarios virtuales de portales tipo Yahoo o MSN (no hablemos ya de la televisión)… Da la impresión de que no hace falta tener que saber mucho, ni documentarse demasiado, ni hacer gala de una mínima cultura, ni siquiera escribir correctamente, para poder colaborar como redactor en estos sitios. Supongo que es lo malo de ser un “periodista-mercenario”: te toca escribir sobre cosas que no conoces, y acabas acudiendo a la primera fuente que aparece, sin complicarte en contrastar información o en socavar un poco más en busca de datos.
Hace ya un mes quedé conmocionado con un artículo internáutico que, con motivo del estreno del remake de Furia de titanes, comparaba la nueva versión con la original sin tener ni idea de ninguna de las dos (y ni siquiera de mitología griega)… Ahora me acaban de hacer entrega de esta pequeña reseña biográfica sobre Audrey Hepburn, aparecida en un reputado periódico de la Comunida Valenciana con motivo de su aniversario el pasado día 4 (véase la entrada anterior), y todavía no salgo de mi estupor. Cualquier persona que se moleste un mínimo –y matizo lo de “mínimo” – en conocer los detalles más básicos de esta actriz sabrá que su primer papel protagonista fue, efectivamente, “en una comedia muy buena”, a las órdenes de William Wyler: Vacaciones en Roma, estrenada en 1953, que su partenaire en ella fue Gregory Peck, que la película la descubrió al mundo, y que recibió un Oscar por su interpretación. Sin embargo, la persona autora de esta reseña nos habla de dicho largometraje , y luego de otro al parecer diferente, La princesa que quería vivir, que no es sino el título que se le dio a Vacaciones en Roma en Argentina, y nos señala que fue su primer papel protagonista, “que supo cointerpretar con Gregory Peck”…. ¿Adónde ha ido a documentarse el autor o autora para tamaña confusión? ¿Cómo es posible que cometa un error tan garrafal? Cualquiera que consulte una filmografía de Audrey Hepburn, sea en el idioma y en el país que sea, no creo que encuentre la misma película dos veces.

El texto que continúa ya no es tan hilarante, pero hace gala de una ortopedia literaria digna de encomio, con frases metidas con calzador  como “A partir de ese maravilloso período comienza a filmar sin parar…”. El remate humorístico final viene cuando leemos “…poco antes de que se le declarara la enfermedad terminal, el cáncer de colón…” [sic] ¿Se adquiere este mal por viajar mucho tiempo en carabela o por descubrir continentes?....

No sabe uno qué pensar. Quizá la persona a la que han encargado esta esquela es un pobre becario o becaria mínima o nulamente remunerada por su trabajo, lo que puede justificar de mala manera su escaso interés por ofrecer al lector un texto digno, o quizá estemos ante jugadas de correctores automáticos...

Lo que me inquieta es: si la información de cosas más triviales como puedan ser el cine o cualquier entretenimiento nos llega tan confusa y erróneamente, ¿qué ocurrirá con noticias serias y trascendentes como puedan ser guerras, desastres ecológicos o decisiones políticas?...

(Recordad que podéis ampliar la imagen pinchando sobre ella y leer así el artículo con mayor claridad.)

martes, 4 de mayo de 2010

¡Felicidades, Audrey!

En realidad sólo esperaba la excusa adecuada para poner a la niña de mis ojos en el blog, y puesto que hoy hubiera cumplido 81 años,  pues ya la tengo.

Por desgracia, la que en la actualidad podría haber sido una de las abuelitas más adorables del Cine nos dejó prematuramente hace ya tiempo, a los 63 años, en enero de 1993, debido a un nefasto cáncer de colon. Me pregunto qué opinaría sobre los muchos chanchullos y negocietes que, en torno a ella, se están montando hoy en día sus hijos con todos esos bolsitos, relojes y demás fruslerías.

Suerte que, como mito imperecedero del Cine que es,  siempre la podremos reencontrar en sus películas y ratificar en ellas nuestro eterno amor por la irresistible Princesa Ana o por la encantadora Sabrina...

domingo, 2 de mayo de 2010

Los cines de mi vida (II)

(Primera parte aquí)

Ocaso
Al terminar la primavera de 1989 llegó el primer golpe mortal a los cines de mi localidad: tras la proyección de Gorilas en la niebla, el Avenida colgaba su habitual cartel estival recordando que cerraba por vacaciones hasta septiembre. En realidad, este cierre resultó ser definitivo, y la sala jamás volvió a abrir, así que la película de Michael Apted acabó siendo la última que vi en este local, que había sido fundado en 1960 y deleitado al público, pues, durante casi tres décadas (en realidad permaneció cerrado algunos años en los 70).

Con bastante menos precisión he de atestiguar la clausura subsiguiente de otra sala cinematográfica: esta vez le había llegado el turno al Terraza Nit, y calculo que su final llegaría en los muy primeros 90. Recuerdo haber acudido a una especie de acto de despedida organizado por algunos cinéfilos en el que se exhibió material relacionado con la moribunda sala, de la que me guardé como souvenir una de las entradas que ese día se repartieron.

Con el comienzo de la última década del siglo XX había empezado a implantarse en la sociedad española una terrible casta de depredadores urbanos: los Especuladores. Conformada esta desdeñable estirpe por gente como políticos, constructores y banqueros, entre otras variantes, y siempre respaldada por la indolencia del populacho, tan insignes personajes se dedicarían durante los siguientes años y hasta nuestros días a dar rienda suelta a su codicia sin límites y a expropiar, demoler, explotar, destruir y edificar por donde les viniera en gana, lo que ha conducido con el paso del tiempo a buena parte de la triste crisis económica que atravesamos.

En nuestro pueblo (y supongo que en otros muchos), la especulación inmobiliaria terminó prácticamente con cualquier solar, huerto o terreno vacío que pudiese quedar, y después con cualquier edificio viejo, poco productivo o supuestamente innecesario. Esto acabó aquí no sólo con todos los cines clásicos, sino con otras construcciones emblemáticas que habían presenciado la vida de Puerto de Sagunto durante casi un siglo.

El antiguo cine parroquial de la Iglesia de Begoña, utilizado por el Oma en 1996-97
como Terraza Alameda, y por Alucine durante 1998 como Terraza de Verano. En la
actualidad hace las veces garaje

En 1995 el verdugo del celuloide apareció en busca del Parque Victoria. Este edificio, según me consta, databa de los años 30 y me contaron que fue en principio un local cerrado bautizado como Cine -o Teatro- Cendoya, hasta que una bomba durante la guerra destrozó su techumbre y fue reconvertido en terraza estival. La última película que vi sentado en sus incómodas sillas de madera fue Batman Forever, en agosto del citado año, un mes antes de que cerrara para siempre. Fue demolido en febrero del 97.

Como sustituto de esta sala al aire libre hermana del Oma, sus directivos alquilaron durante los dos veranos posteriores a su cierre un pequeño local al aire libre junto a la Iglesia de Begoña que había sido en tiempos un cine parroquial (y que contaba también con una sala cerrada), reabriéndose durante el tiempo acotado con el nombre de Terraza Alameda hasta que, en 1997, le llegó la muerte al propio Oma, el último Cine de Puerto de Sagunto. “Cine” con mayúsculas, porque los que se hacían antes eran verdaderos palacios dedicados al 7º Arte; impresionantes templos consagrados a esta liturgia que es admirar películas, ya prácticamente extintos en la actualidad, y totalmente alejados del concepto de multisalas-franquicia frías y deshumanizadas que han surgido en torno a la capital de nuestra provincia en los últimos años cual hierbajos en un huerto.
 
Salas Alucine, fundadas en 1998. Presente, y esperemos que futuro del cine
local en Puerto de Sagunto.

El Cine Oma anunció su cierre en tres ocasiones, alargándose en dos de ellas su agonía por “petición popular”. En la primera ocasión, en mayo, fue con La sombra del diablo. La película me pareció una digna despedida de aquel local que había frecuentado durante dos décadas. Posteriormente, volvió a abrirse de nuevo en otoño, siendo Air Force One -casualmente también con Harrison Ford-, la última película que vería en su veterana pantalla (y que ya no me pareció tan digna como la anterior). El   14 de diciembre del 97  -si no me equivoco-, tras la proyección de In & Out, la sala apagaba sus máquinas por última vez, y poco después era derribada sin misericordia… Había entretenido al pueblo durante cerca de cuarenta años.

Una nueva época
Mientras llegaba la “muerte anunciada” del Cine Oma, una noticia feliz paliaba en parte el dolor que sentíamos los cinéfilos locales tras haber perdido todas las salas cinematográficas de la ciudad: se estaba edificando un nuevo cine que se inauguraría el 10 de enero.

Aunque con un nombre y un logotipo poco originales, el nuevo complejo Alucine fue recibido en la localidad con gran interés: de repente pasábamos a tener 7 pequeñas salas con sus correspondientes películas disponibles, y la posibilidad de ir a ellas cualquier día de la semana. También en España se habían empezado a estrenar las películas en todos los cines a la vez, nada de tener que esperar semanas como antes. (Titanic fue sin duda el gran éxito inicial de la nueva empresa, aunque la primera película que yo vi en ella fue El mañana nunca muere.)

El antiguo Cine Victoria, hoy día Casa de la Cultura de Puerto de Sagunto. Por fortuna, el "progreso" no lo devora todo, los políticos locales respetan algunos edificios insignes y hasta hay cosas que no cambian (¡veánse los carteles del Horno del Progreso y de la Pastelería La Dulce Alianza!)

Las cosas fueron bien durante los primeros años de Alucine, pero no tardaron en aparecerle enemigos: el primero y más poderoso fueron los monstruosos complejos cinematográficos que han ido surgiendo alrededor de Valencia durante la pasada década y que han acabado con casi todos los cine clásicos de la capital y prácticamente de la provincia. Espacios clonados sin personalidad ni calor que se escudan en el gigantesco tamaño de sus pantallas o de sus salas (sus precios tampoco son pequeños) para ofrecer a una clientela poco selectiva los blockbusters del momento (irónicamente, muchas de estas personas igual corren a ver el éxito del momento a una de estas macro-salas, que se descargan un screener y lo ven en la pantalla  de su ordenador, o se esperan a que las películas salgan en DVD.)

El segundo antagonista del cine local fue la ignorancia o la simple desidia de la gente que, no apreciando lo que es en realidad el Cine, se conforma con ver películas alquiladas en vídeo-club o bajadas de internet “cómodamente” sentada en el salón de su casa. No estoy ni mucho menos en contra de esta práctica, pero pienso que debe estar siempre supeditada al verdadero cine y ser un complemento a este. Todavía sigo considerando que hay películas que pierden todo su sentido una vez han pasado de una pantalla cinematográfica a una televisiva (¡por grande que sea!). Esto se me hace especialmente patente con obras muy espectaculares, sobre todo fantásticas y de aventuras, o con grandes paisajes o batallas como, pongamos por caso un ejemplo de rabiosa actualidad: la mismísima Avatar.

El Parque Oma, ya largo tiempo en desuso cuando se realizó la fotografía de la izquierda. El supermercado que ocupa su lugar hoy en día incluso aprovechó sus paredes. Por cierto: ¡fijaos en lo que crece una palmera en veinte años!

La pantalla del Parque Oma vista desde casa de mis abuelos.
Por aquella época, el local ya estaba invadido por la maleza.
El tercer y creo que último enemigo contra la subsistencia de nuestros Alucine radica en su misma gestión: probablemente sus gerentes se hallen en una terrible encrucijada o en un círculo vicioso intentando combatir a los mordaces antagonistas que hemos visto en los párrafos anteriores, pero esto quizá no justifique la dejadez con la que están tratando su complejo en los últimos años: los siete días de proyección pasaron con el tiempo a ser seis, hace unos pocos años cinco, y desde el mes pasado parece que cuatro, ofreciendo al espectador cada vez menos servicios. Su horario y programación resultan a veces un tanto caóticos y difíciles de prever. Su criterio a la hora de elegir películas, tan discutible como comprensible. Y, finalmente, el estado de sus pantallas es un tanto lamentable y la mayoría de ellas exhiben manchas de líquidos y otras cosas que algún desalmado espectador ha arrojado contra ellas. Conste que, a pesar de lo que pueda parecer, soy visitante asiduo del local y lo defiendo en la medida de lo posible, pero lo que es criticable, es criticable.

No sé cuál será el futuro del cine local en este pueblo (ni del cine en general), pero me es fácil –y lógico– dejarme llevar por el pesimismo. Yo espero que nuestra última sala logre sobrevivir y que el espectador de esta ciudad se conciencie y le preste su apoyo pese a las muchas trabas que el local ofrece. Me da igual los miles de cines que pueda tener en la capital: no concibo mi pueblo sin los suyos propios. Siempre los ha habido y no me ha hecho falta desplazarme varios kilómetros para ir a ver una película. Una ciudad sin cine es una ciudad sin cultura: un cementerio. Roguemos a los Dioses del Celuloide porque nos conserven el que nos queda mucho tiempo, a pesar de las nefastas apariencias y todavía peores expectativas…
 
Edificio del Cine Olimpia, hoy día un taller mecánico.

Más cines
Puesto que este artículo intenta rendir tributo a los cines que ha habido en mi localidad, y aunque no pretendo hacer dicho homenaje interminable, no puedo acabarlo sin mencionar aunque sea brevemente otras salas que bien no llegué a conocer abiertas, o simplemente frecuenté menos que las que he enumerado hasta aquí. Se trata de:
-Cine Moderno: a pesar de su nombre, nos encontramos con una de las primeras salas inauguradas en Puerto de Sagunto. Estuvo situado en la actual Avenida Mediterráneo, y comenzó su actividad a a finales de la segunda década del siglo XX.
-Cine Victoria: parece ser que estamos ante el local cinematográfico más antiguo de la localidad (data de 1921), aunque algunas fuentes apuntan a un misterioso cine anterior a él y en la misma calle. A finales de los 70 ya era un local vetusto y polvoriento que había cerrado sus puertas años atrás, pero recuerdo que seguía anunciando en su fachada las películas del Oma (que pertenecía al mismo propietario, Ciríaco Omarrementería, fundador de la mayoría de cines del Puerto). Por suerte, los días de esta sala no habían acabado: el Ayuntamiento adquirió el edificio para convertirlo en Casa de la Cultura en 1986, y durante los años inmediatos tuvimos el lujazo de compartir programación con la mismísima Filmoteca de Valencia y así, se proyectaron aquí interesantísimos ciclos de Stanley Kubrick, Woody Allen, Charles Chaplin y otro clásicos. Lamentablemente, y es fácil presumir que por diferencias políticas, la asociación con la Filmoteca terminó y no se han vuelto a proyectar películas en la Casa de la Cultura, aunque por fortuna aún sigue abierta y ha albergado la Biblioteca Municipal (actualmente trasladada), exposiciones, actos falleros y, sobre todo, obras de teatro. Algo es algo…

A la izquierda, el Cine Casablanca, hoy día también "consumido" por una de las
cadenas de supermercados habituales. A la derecha, el edificio de la Lira Saguntina
o Musical, que antiguamente albergó la sala de cine conocida con este último nombre.

-Cine Olimpia: de este negocio sólo he conocido su edificio, que es desde hace muchos años un taller mecánico. Se acabó de construir en 1930, y es de suponer que cerró antes de mi nacimiento.
-Cine San Pedro: otro local de exhibición que nació por iniciativa de un clérigo –el encargado de la iglesia del mismo nombre– y cuya breve existencia podemos situar en la década de los 50. Se trataba de una sala de pequeñas dimensiones con una programación juvenil similar a la del Cine del Padre Jaime. Las ganancias del local, al parecer, ayudaron a construir el edificio eclesiástico que tenía al lado, y que por supuesto sigue en pie. El propio recinto del cine lo ocupa hoy día una vivienda, desde cuya parte superior se proyectaba al Terraza Nit, sala hermana del San Pedro.
-Parque Oma: fue la alternativa estival al cine del mismo nombre en épocas pretéritas, y tampoco lo llegué a ver abierto. Curiosamente, la pantalla se veía perfectamente desde la casa de mis abuelos, así que me hubiera ahorrado muchas entradas de haberlo conocido en activo.
-Parque Avenida: parece que en tiempos era prácticamente norma que todo local de proyección tuviera su homólogo al aire libre para épocas calurosas. Éste estuvo situado a la derecha del cine de idéntica denominación, aunque jamás lo conocí, ni en funcionamiento ni siquiera edificado. Su breve andadura debió de tener lugar, pues, en los 60.
-Parque Begoña: los documentos a los que he tenido acceso resultan un tanto confusos e identifican a esta terraza veraniega con el Parque Victoria, con lo que cabe la posibilidad de que le antecediera en el mismo edificio y con distinto nombre. También es concebible que se trate del ya mencionado Salón Parroquial perteneciente a la Iglesia de Begoña.
 
El Cine Capitol, último en cerrar en el casco antiguo de Sagunto, actualmente en "animación suspendida" y esperando un futuro incierto. En su cartelera permanece el clásico cartel de las vacaciones estivales, que en este caso se han convertido en indefinidas.

-En Sagunto he conocido cuatro cines: el Cine Musical estaba ubicado en el edificio de la Lira Saguntina o “Musical”, pero ya había cerrado cuando la finca fue reformada en los primeros 90. Aunque lo conocí en activo, fue el único de estos cuatro locales del casco antiguo que jamás visité.
Al Casablanca recuerdo haber ido en un par de ocasiones: en la primera me desplacé con mi padre en su viejo Vespino para ver Mazinger Z, el robot de las estrellas y Juego con la muerte, calculo que sobre el año 80. La segunda visita fue para ver Rambo, en 1984 u 85, y creo que el cine cerró poco después. En la actualidad, su planta inferior (el cine estaba en el primer piso, y abajo había una sala de fiestas) alberga el ya tópico supermercado.
Al Cine Marvi acudí bastantes más veces, siendo la última que me viene a la memoria para ver Sleepers hacia el año 1996-97. Abrió sus puertas en 1949 y las cerró en 1998, y hoy en día ha sido sustituido por una finca. De él recuerdo especialmente la suntuosa decoración del techo, que me recordaba a una de esas viejas óperas de décadas atrás, y el curioso hecho de que había un gato que parecía compartir la afición al 7º Arte con los espectadores.
El Capitol –del que también fui cliente con cierta regularidad– es el cine más antiguo de Sagunto que queda en pie (fundado en 1935), y también el que más ha durado: remodelado en los 80 para pasar a tener dos salas, fue comprado –o alquilado– por la gerencia de los Alucine, logrando sobrevivir a duras penas durante algunos años en la capital del Camp de Morvedre, sobre todo gracias a la ayuda del Ayuntamiento. Cerrado desde hace dos o tres temporadas, su futuro es incierto en estos momentos, aunque parece que se ha erigido en su defensa un colectivo con el fin de recuperarlo (no sabemos si para proyectar películas o para actos falleros y diversos). Esperemos que tengan suerte…
Por último, recientemente han habido algunos locales en la urbe de los que he sabido por terceros y que son el Cine Centro Católico, al parecer otro cine parroquial que dependía de la Iglesia de Santa María y que estuvo situado junto a esta en los años 60, el llamado Cine Sagunto que, datando de 1912, compartía un antiguo edificio religioso con otras dependencias del ayuntamiento y estaba ubicado en la céntrica "glorieta" de la localidad (fue derruido en 1933), el Cine Romeu, de 1910, casi con total certeza la primera sala de proyección de la comarca, sita en la calle Los Huertos, el Cine Ortiz (1932-39), el Cine Cortijo, y las terrazas de verano Cine Pompeya, el Pouet y el Saguntino (en realidad, el antiguo Campo de Fútbol de Romeu).

* Dos enlaces de posible interés aparecidos en el periódico local "El Económico". Basta con que introduzcáis en su buscador el nº de edición o la palabra "Cine Avenida" para que os aparezcan: http://eleconomico.es/hemeroteca/:
-Artículo conmemorando los 10 años del cierre Cine Oma (Edición nº 557, 10 de Junio de 2008, página 4)
-Artículo conmemorando el 50 aniversario de la inauguración del Cine Avenida (Edición nº 613, 26 de Febrero de 2010, página 10)

(Las imágenes que acompañan al texto fueron tomadas principalmente por mí. Algunas fotografías adicionales son de Chema Lorente y Enrique Blasco. Si nos las quitáis sin permiso os mandaremos a nuestro amigo Nosferatu.
Aunque este artículo ha sido confeccionado principalmente con mis recuerdos y vivencias personales, me han ayudado a complementarlo los artículos de Emilio Llueca, Fernando Pinilla e I.M. Zapata aparecidos  en la publicación local "El Económico" en 1995, 1999 y 2010, respectivamente.

Agradeceré cualquier dato que se me pueda suministrar con respecto a fechas de apertura y cierre de los cines que menciono y cualquier curiosidad que me quieran enviar quienes tuvieron la suerte de conocer más salas que yo.)

jueves, 29 de abril de 2010

Los cines de mi vida (I)

En las salas de cine he pasado algunas de las horas más felices de mi vida y he encontrado mi gran pasión. Por el contrario, también me ha tocado vivir tiempos difíciles para estos locales, el triste cierre de muchos de ellos, y el terrible e incierto futuro que ahora contemplan. Este es un homenaje a los cines que he frecuentado o conocido a lo largo de más de tres décadas como aficionado, ilustrado con fotografías de muchos de ellos (o de los edificios que los sustituyen) realizadas en dos fechas distanciadas entre sí casi veinte años: las más antiguas fueron hechas en 1991 o 1992, y las últimas en abril de 2010.
(Atención: podéis ver las imágenes ampliadas pinchando sobre ellas.)

Primeros recuerdos
Exactamente no sé de dónde nació mi amor por el cine. No hay ningún antecedente claro en mi familia. Mi abuelo participó en obras de teatro amateur, y el marido de su hermana (que murió antes de que yo naciera) era taquillero del Cine Oma. Mis padres iban al cine de jóvenes, cosa que supongo sería muy típica y normal en los años 50 y 60, cuando no habían muchas más diversiones, pero con el tiempo, la familia, y la monotonía, dejaron de ir para sustituir la lujosa pantalla grande por la más cómoda y aburrida de la televisión.

Creo pues poder afirmar que, como en tantas otras cosas, al 7º Arte me aficioné por iniciativa propia. En los años de mi infancia (los 70) el cine era todavía una alternativa cultural importante y claramente presente en el país. Siendo además un niño propenso a fantasear (sigo siendo las dos cosas: niño y soñador) y a vivir aventuras ajenas, creo que era bastante normal que acabara dejándome embaucar por esa maravillosa Fábrica de Sueños que es el cine, entendido tanto como expresión artística, que como local de exhibición.

Algunos de los coloridos pósters con los que quedaba fascinado al entrar al Cine del Padre Jaime.

De ninguna manera puedo rastrear cuál fue la primera película que vi en una sala grande, ni la primera de estas a las que acudí, pero sí recuerdo uno de los primeros cines que empecé a frecuentar con regularidad. Se trataba del local conocido vulgarmente como “Cine del Padre Jaime”. Jamás he sabido si tenía algún nombre “oficial”, pero supongo que, dependiendo inicialmente de una parroquia, su nombre original iría por ahí. En cualquier caso, en el pueblo se le conocía con el nombre que he adelantado. Hacía referencia a un popular y –al parecer– benevolente clérigo que, en tiempos anteriores a mi nacimiento, fue toda una celebridad local y se encargó, entre otras bondadosas iniciativas, de proveer a la chavalería de un cine barato y divertido.

De dicho local recuerdo sobre todo que “echaba” películas de aventuras, cine fantástico, etc, muchas de ellas ya algo anticuadas cuando yo lo visitaba. Entraba al vestíbulo y me quedaba fascinado contemplando los pósters de las cintas que en él se exhibían: La rebelión de los simios (4ª entrega de la famosa saga), El Dr. Jekyll y el hombre lobo (con Paul Naschy) y una de las de Fantomas de Louis de Funès (creo que era Fantomas vuelve) son algunas de los títulos que recuerdo haber visto anunciados en dicho salón, aunque no vi esas películas por entonces (también era inevitable en aquella época encontrarse con los westerns de Terence Hill y Bud Spencer). Otras que sí que recuerdo haber visto allí fueron cosas como Los tres supermen en la selva, una de Robin Hood (muy probablemente la coproducción hispano-italiana El arquero de Sherwood), y poco más. También recuerdo haber estado al menos en una ocasión en este cine con mis padres.

El Cine del Padre Jaime aguantó en pie casi 30 años después de su cierre, la mayoría de ellos sirviendo como garaje. A finales de la primavera de 2009 fue finalmente derribado, y una obra en construcción ocupa en la actualidad su lugar.

No llegué a disfrutar mucho de esta sala de proyección: empecé a ir hacia el año 1979, y creo que cerró poco después, aunque no tengo claro el momento exacto. Tampoco puedo recordar cuánto costaba una entrada de entonces, pero sí recuerdo haber pagado en otros cines algo así como 25 o 35 ptas de la época (¡frente a las casi 1500 que cuesta hoy en día ver una película en 3D!).

Otro local del que presencié sus estertores fue el Cine Begoña. De este sólo me vienen a la memoria una o dos visitas, una de ellas con mi madre para ver El mago de Oz. Cerraría sus puertas también por la misma época que el anterior, hacia los primeros 80 y, al igual que con el otro, desconozco la fecha en que fue fundado.

El antiguo Cine Begoña sirvió como discoteca durante buena parte de los 80, y es 
desde entonces el bingo Sala Mónaco.

Años de plenitud
Hay un momento especial en mi vida que recuerdo con bastante claridad y es en el año 1980: caminando con mis primos descubrimos en el suelo unos folletos que anunciaban una nueva empresa que se hacía cargo del ya veterano Cine Oma (creo que se llamaba “Ferca” o algo así), y se estrenaba con dos películas recientes: Fuga de Alcatraz y Star Trek: la conquista del espacio. Optamos por ver la segunda, y esto marcó el comienzo de la década más prolífica de mi vida en cuanto a ir al cine: los 80 estarían presididos sobre todo por dos salas: la que acabo de mencionar, y el Cine Avenida, a las cuales acudiría con continuidad casi todos los fines de semana, a veces incluso a una el sábado y a otra el domingo. Creo recordar que durante algún tiempo llegaron a pertenecer al mismo propietario.

El Cine Oma con Días de trueno en cartel, y la finca que lo sustituye hoy en día, bautizada como Edificio Oma en dudoso homenaje.

Indeslindablemente vinculados a estos años acude a la memoria el “atrezzo” típico de los cines de la época, como la pizarra en la que con tiza de colores se anunciaban las películas que se exhibían (que luego se modernizaría), el acomodador y su linterna, la típica vitrina con fotogramas de los filmes y, por supuesto, los entrañables y a veces inverosímiles programas dobles (uno de los más chocantes que recuerdo es Dos en la carretera… ¡junto a la 1ª o 2ª parte de Mad Max!) Normalmente, la película inicial era la menos interesante o conocida, y la posterior la más esperada y actual, pero a veces sucedía al revés y disfrutabas más el “aperitivo” que el “plato fuerte”. En ocasiones, uno se lo pasaba bien con ambas películas y difícilmente concebía haber gastado mejor su dinero. (Ya en los 90, optaría muchas veces por acudir directamente a la segunda, y hoy en día no sé si sería capaz de aguantar cuatro horas en un cine.)

El Cine Avenida poco después de su cierre. Su antigua ubicación la ocupa ahora una finca de viviendas, comercios y oficinas.

Hay que señalar también que, en los primeros años en que comencé a visitar el cine con regularidad, los estrenos llegaban al pueblo con bastante retraso con respecto a la capital: al principio podían incluso tardar años (por ejemplo, La guerra de las galaxias no llegó al Oma hasta el 79), después esto se fue reduciendo gradualmente a simples meses o semanas, pero nada de estrenos simultáneos como tenemos ahora. Para un niño, el acudir a Valencia a ver una película era entonces un lujo casi inalcanzable (la madre de un amigo nos llevó a ver Superman II al Cine Serrano, mi primera incursión a una sala de la capital), y no sería hasta la segunda mitad de los 80 cuando una mayor adquisición económica y un mayor atrevimiento para viajar me permitirían acudir de vez en cuando a los cines de la susodicha ciudad del Turia.

El Parque Victoria (que en invierno anunciaba la programación del Oma), fue derribado para dar cabida a un Mercadona, cerrado en 2009, y un Más y más en la actualidad. 

Cuando llegaba el verano, y puesto que los dos locales habituales no contaban con la climatización adecuada, eran sustituidos por sendas terrazas estivales al aire libre –fórmula hoy casi desaparecida y difícilmente concebible, dado el crecimiento masivo y descerebrado de las urbes-: el Parque Victoria (regentado por la misma empresa que el Oma) y el Terraza Nit (creo que sin ninguna relación con las salas anteriores). Estos cuatro cines serían básicos en mi vida y en ellos acabaría de consolidarse totalmente mi cinefilia. Conservo entrañables recuerdos de muchas de las películas que vi durante la década mencionada. Algunas se han convertido en clásicos indispensables en mi filmoteca; otras prefiero no volver a verlas, pero en aquel momento, mi mente, menos formada, menos exigente, menos culta y menos selectiva (¡bendita ignorancia!) se embelesaba hasta con la película más mala y lamentable en la que pudiera recrearse. ¿Alguien se acuerda de todas aquellas cintas italianas que, tras la estela de Mad Max y Conan, se pusieron de moda por aquellos tiempos? Títulos como Nueva York, año 2020 o cosas parecidas….

El Terraza Nit, la otra alternativa veraniega local, ocupado hoy en día por el Colegio San Pedro.

He mencionado que mis padres no me inculcaron el amor por el cine, y en realidad así sucedió: no fueron nunca especialmente aficionados. No obstante, me llevaron algunas pocas veces, normalmente a ver películas “antiguas” que les gustaban a ellos. Una de esas ocasiones fue para ver Quo Vadis en el Cine Avenida, película que, por cierto, me traumatizó con todo ese sufrimiento de los protagonistas y de los pobrecitos cristianos en general. Y esa era otra cosa destacable de aquellos primeros y mediados 80: que todavía tenías la oportunidad de ver películas de décadas anteriores con todo lujo en una pantalla grande, algo también absolutamente impensable hoy en día en cines comerciales. Gracias a ello puede disfrutar clásicos como Ben-Hur, Lo que el viento se llevó, La guerra de los mundos, Senderos de gloria, Jasón y los Argonautas o La ventana indiscreta, entre otros que me vienen a la cabeza.

La parte posterior de la pantalla del Terraza Nit, y su sustituto actual.

Esta última anécdota me lleva a mencionar que, paralelamente a mi ritual de acudir a los cines cada fin de semana, se forjó otro bastante relacionado: gracias a la pequeña pantalla, pude reforzar y consolidar mi pasión por el 7º Arte al tener la posibilidad de contemplar en televisión muchísimas películas de otras épocas. En este sentido sí que influyeron algo mis padres, pero no porque fueran especialmente cinéfilos –como ya he dejado claro-, sino porque veían mucha televisión, y como por entonces hacían muchas y muy buenas películas, mi bagaje cultural se enriqueció enormemente y mi afición se extendió al Cine de todos los tiempos. Algunos de mis recuerdos de por entonces vienen de legendarios espacios como La Clave o Sábado Cine, en los que descubriría muchos de los largometrajes que se han convertido en indispensables para mí: El enigma de otro mundo, Ultimátum a la Tierra, El planeta de los simios –todavía continúo impactado por el final-, Casablanca o Vacaciones en Roma, la obra en general de Alfred Hitchcock o la de Ray Harryhausen, habitual de las películas de aventuras de los sábados por la tarde, por mencionar sólo unas pocas. (Por cierto: mis padres siguen viendo la TV, pero dada la calidad y el contenido de las emisiones actuales, hace tiempo que dejé de compartir esta práctica con ellos).

Fantaseo y aventuras en los 80... Algunas de las películas que disfruté durante la década. Unas se 
han convertido en clásicos en mi filmoteca; otras son siempre gratas de revisitar de vez en cuando; 
unas pocas no he vuelto a verlas y prefiero quedarme con el buen recuerdo que me dejaron entonces.

A estas alturas, el lector que haya aguantado hasta aquí ya habrá constatado que he destacado bastantes títulos de cine fantástico… Aunque me gusta todo el cine, como soñador que me he declarado al principio de este escrito, he de admitir que siempre sentí debilidad por este género. Me encantaba ver navecitas volar por el espacio estrellado o terribles monstruos amenazando a bravos guerreros o a indefensas víctimas. Es por eso que las películas que más recuerdo de aquellos años son  las de ciencia ficción y las de aventuras: las sagas de La guerra de las galaxias e Indiana Jones, la trilogía de Regreso al futuro, Blade Runner, La princesa prometida, El oso, Lady Halcón y otros títulos afines. No obstante, algunas de mis películas favoritas provienen de otras variantes muy diferentes como la comedia, el western, o el cine histórico y bélico.

(Una nota final sobre estos cines, y es que también albergaron obras teatrales, actividades infantiles, representaciones musicales y mítines políticos. Sin ir más lejos, Felipe González dio una conferencia en el Cine Avenida en 1982, y Joan Lerma protagonizó un dramático incidente cuando se presentó a conferenciar en el Cine Oma en abril del 83 -en plena crisis de la siderúrgica- y resultó interrumpido, rodeado y casi linchado por varios miles de personas, siendo sólo liberado tras una agresiva y brutal carga contra los manifestantes por parte de un destacado contingente de la Policía que acudió en su rescate. La crónica puede leerse aquí)

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sábado, 17 de abril de 2010

Eddie Cochran: 50 años de leyenda (III)

(Pincha en los enlaces para Parte I y Parte II)

Gira inglesa y accidente
El éxito de sus discos en Inglaterra y las recomendaciones de su amigo Gene Vincent –quien ya había estado en la isla– anima a Eddie a embarcarse en una gira de varios meses por el mencionado país junto con el rockero cojo de Norfolk. Antes de cruzar el Atlántico, Cochran nos lega a sus fans su destacable testamento discográfico: su última sesión de grabación, en enero de 1960 –y con los Crickets de Buddy Holly como acompañamiento de lujo–, la forman tres de sus mejores canciones, en las que ya se puede intuir que Cochran empieza a explorar nuevos sonidos y se aleja del rock and roll más estándar. Se trata de los temas Cherished Memories, Three Steps to Heaven y Cut Across Shorty, siendo estos dos últimos las dos caras del postrero single que Cochran lanzaría en vida.

Tras intensos meses de exitosas giras por todo el país, en las que se codea con músicos ingleses de moda como Joe Brown, Billy Fury, John Barry o Marty Wilde, incesantes apariciones en televisión y una prórroga del contrato inicial, Eddie decide volver en abril a Estados Unidos para tomarse un pequeño descanso y, posteriormente, regresar de nuevo a Inglaterra. Después de un agotador concierto en el Bristol Hippodrome, y junto con Gene Vincent, Sharon Sheeley y el manager Patrick Thompkins cogen un taxi para ir a Londres y después al aeropuerto de Heathrow. Por desgracia, al tomar una curva a la altura de Chippenham, el coche sufre un accidente y se estrella. Cochran no sobrevive al traumatismo craneal que le causa el golpe y fallece poco después en el St. Martin´s Hospital de Bath en las primeras horas del domingo 17 de abril de 1960, con tan sólo 21 años. Sus acompañantes salvan todos la vida, resultando con heridas de mayor o menor gravedad.

Hay pocos promotores mejores que la Muerte, y el trágico accidente catapulta las ventas de los discos de Cochran en el Reino Unido. Irónicamente, tras su fallecimiento se publica allí Three Steps to Heaven –el título no podía ser más morboso e insidiosamente oportuno- y Eddie logra su primer nº1, desgraciadamente a título póstumo.

A lo largo de los siguientes meses, la Liberty aprovecha para rescatar las docenas y docenas de canciones que Eddie había registrado en los últimos años y que nunca habían visto la luz ya fuera porque se trataba de simples “demos” o improvisaciones -sobre las que graban instrumentos-, porque el cantante no las consideraba adecuadas o preparadas, o porque estaban simplemente esperando el momento. Aunque una estrategia comercial totalmente oportunista y poco honesta, esto da a los fans la oportunidad de conocer tesoros como la ya citada Cherished Memories, Nervous Breakdown, el delicioso bolero I´ve Waited So Long –una joya absolutamente única en la discografía de Cochran-, Rock and Roll Blues, fabulosos instrumentales como Guybo o Eddie´s Blues, y el emblemático My Way, un rock and roll que Cochran había grabado en el 59, años antes de que Paul Anka convirtiera del francés la canción de idéntico título que popularizaría Frank Sinatra.

Durante los primeros 60 aparecen casi seguidos varios LPs de Eddie como el Memorial Album, Never to Be Forgotten, Cherished Memories o My Way, que durante mucho tiempo se han considerado el grueso de la discografía más o menos “oficial” del cantante en cuanto a discos de larga duración se refiere junto al ya mencionado Singin´ To My Baby. Las siguientes décadas verán aparecer más y más grabaciones de Eddie enterradas durante mucho tiempo en algún recóndito sótano, muestra de su extensísima labor como músico de sesión e incluso trabajos caseros cuya comercialización podría fácilmente cuestionarse. Hay que hacer notar, no obstante, que es en Inglaterra, y en menor medida Francia y Alemania, donde se rescata la mayoría de estos trabajos olvidados del rockero, mientras que en su país natal no parece haber el mismo interés por su obra y las reediciones de sus temas aparecen más espaciadas.

Influencia posterior
Es difícil no dejarse llevar por la especulación y preguntarse: ¿qué habría sido de Eddie Cochran si no hubiese tenido el trágico percance en el que perdió la vida? La respuesta creo que puede resumirse en una sencilla frase: “La punta del iceberg”. Cuando Eddie falleció tenía sólo 21 años, y llevaba alrededor de cinco como músico profesional. Es fácil imaginar que su carrera se habría extendido y habría traspasado los “límites” del rock and roll, que habría estado encantado de usar las grabadoras multi-pistas que aparecerían en los siguientes años y que habría experimentado con mil sonidos y estilos, quizá hasta el punto de disgustar a los fans de su música original. Eddie Cochran sería probablemente un gran y reputado músico a estas alturas, seguramente haciendo conciertos con “amigos” oportunistas y atrayendo sin duda a muchas personas a sus actuaciones. También en algunas entrevistas manifestaba estar interesado en sumergirse más en sus facetas de productor discográfico e incluso no desdeñaba desarrollarse en la interpretación.

En cualquier caso, de este artista ya legendario nos queda un indiscutible legado que ha repercutido en casi toda la música posterior a él. Ponerse a enumerar los estilos, modas, grupos y músicas que resultaron influenciados por Eddie Cochran es una larga labor, y la resumiremos haciendo notar que un entusiasta seguidor de sus conciertos en Inglaterra fue George Harrison, quien favoreció el uso de guitarras de caja Gretsch –el modelo que popularizó Eddie– durante casi toda su carrera. Y cuenta la leyenda que John Lennon admitió a McCartney en su grupo porque sabía tocar Twenty Flight Rock (un tema habitual en los conciertos del bajista de los Beatles, también versioneado por los Rolling Stones). El cantante alemán Heinz le dedicó su mayor éxito, Just Like Eddie, en 1963. Los Who también grabaron Summertime Blues en 1970, y uno de los primeros grupos de heavy metal, Blue Cheer, se dio a conocer precisamente con otra versión de este éxito de Cochran que llegaría al puesto nº 14 en las listas americanas de 1968. Y, por supuesto, el grupo veraniego y playero por excelencia, los Beach Boys, la incluyó en su primer álbum, Surfin´ Safari. Ya en los 70, en plena eclosión del punk, encontramos a Sid Vicious versioneando C´mon Everybody y Somethin´ Else; y lógicamente, Cochran fue una figura clave en el revival del rockabilly de los 70 y en el neo-rockabilly, y qué mejor muestra que los mismísimos Stray Cats y su líder, Brian Setzer, que siempre ha exhibido Gretschs como la de Cochran y es un fan incondicional (el grupo dedicó al cantante y a su amigo Vincent la canción Gene and Eddie). En España, aunque en su momento Cochran apenas fue conocido, ya en tiempos más recientes ha sido versioneado con mayor o menor acierto por Loquillo, Los Rebeldes y Más Birras, entre otros.

Durante más de dos décadas se ha hablado de una posible biopic sobre su vida, y al parecer se han barajado varios guiones, pero ninguno ha llegado a ser plasmado en celuloide. Eso sí: a Eddie lo podemos ver interpretado por Jerry Zaremba en La historia de Buddy Holly (Steve Rash, 1978) y por el mismísimo Brian Setzer en La Bamba (Luis Valdez. 1987), además de en el ya comentado anuncio de Levis del 88. Mención especial merece la película Radio On (Christopher Petit, 1980), donde el cantante Sting interpreta a un fan empedernido de Eddie Cochran.

Decía al comienzo de este sentido homenaje que Eddie es uno de mis “dioses”; en realidad sería más justo decir que toda esta gente del mundo de la música y del cine a la que he admirado desde siempre son en realidad como unos primos lejanos o unos grandes amigos en la distancia (física y temporal). Cuando empecé a escuchar al cantante, yo era más joven de lo que él era cuando murió. Ahora estoy cerca de doblarle en edad, y uno se para a pensar y a reflexionar sobre el paso del tiempo: hoy 17 de abril se cumple nada menos que medio siglo desde que nos dejó. Sin embargo, Eddie sigue vivo para mí; es alguien con el que he crecido, al que he escuchado durante años y al que puedo oír en cuanto me apetezca llegándome al tocadiscos y seleccionando cualquiera de sus muchas grabaciones. Y creo que ahí es donde se demuestra la trascendencia y la importancia de un artista: en la perduración de su legado, en la supervivencia de su trabajo, y está claro que Eddie siempre seguirá con nosotros, cincuenta años después, y también cien. De aquí otras cinco décadas, se almacene la música en el formato o medio en que se almacene, estoy seguro de que las grabaciones de Eddie Cochran seguirán interesando a los melómanos más inquietos. EDDIE COCHRAN FOREVER!

* Selección musical:

* Sus tres películas:
-The Girl Can´t Help It (Twenty Flight Rock)
-Untamed Youth (Cotton Picker)
-Go, Johnny, Go (Teenage Heaven)

* En televisión:

* Discos:
-Somethin´ Else (el recopilatorio más completo publicado sobre el artista: 8 CDs y libreto de 192 páginas. Editado por Bear Family Records en 2009)

* Más información sobre Eddie Cochran:
-http://www.eddiecochran.info/

* La guitarra de Eddie: protagonista esencial en la historia del rockero fue su modelo de guitarra Gretsch 6120, que él mismo modificó para darle ese sonido único. Si queréis saber más sobre ella, aquí tenéis algunos enlaces:
-http://www.gretschguitars.com/cochran/
-http://jose.gs/la-gretsch-6120-de-eddie-cochran/
-http://www.cutawayguitarmagazine.com/ar-gretsch-eddie-cochran-tribute
* Bobby Cochran: el hijo del hermano mayor de Eddie ha sido el encargado de continuar la tradición musical en la familia Cochran y, aunque no ha llegado a igualar a su famoso tío, ha conseguido una moderada reputación como guitarrista de rock y blues tanto en grupos como Steppenwolf y The Flying Burritos Brothers como en solitario. Dado su parecido, nos puede ayudar a tener una idea de cómo hubiese sido Eddie de mayor. También lo podéis ver actuando y hablando en el enlace que hay encima de la foto de la guitarra. Trágicamente, Bobby perdió a su hija Bree en un accidente de coche el mismo día que murió Eddie, 17 de abril (aunque de 1999), también a la edad de 21 años.
-http://www.bobbycochran.com/

viernes, 16 de abril de 2010

Los mejores albergues y refugios para corazones rotos

Es el gran topicazo de la música moderna. Se han escrito miles de canciones sobre él y se escribirán otras tantas en el futuro. Y es que el amor es el sentimiento más común en los seres humanos (e incluso en muchos animales), algo con quien casi todos se pueden identificar. Otra cosa ya bien distinta es cómo se han aproximado diferentes artistas a él. Con todos ustedes, una nueva entrega de Las cosas que se cantan por amor

No sé si fue un fenómeno exclusivo de la música de los 50 (supongo que no), pero en aquella época parecieron abundar las canciones que hablaban de lugares oscuros y recónditos donde los descorazonados acudían a llorar sus penas y a esconderse del mundo que tan cruelmente les había tratado…

La veda la abrió quizás Elvis Presley con el que fue su primer sencillo para la RCA y su primer nº1: Heartbreak Hotel, que apareció en enero de 1956. Escrita por Mae Boren Axton y Thomas Durden (aunque se acreditó también a Elvis porque cambió parte de la canción), en el tema intervienen los músicos habituales del cantante: el guitarrista Scotty Moore, el contrabajista Bill Black, el batería D.J. Fontana y el recién añadido Floyd Cramer al piano, además del propio Presley a la guitarra rítmica. El mismísimo Chet Atkins, por entonces productor en la RCA, también añadió su guitarra a la grabación.

Estructurada como un sencillo blues en Mi, la canción se compone de seis frases, con un breve solo de guitarra que imita más o menos los versos cantados (una vez más, un desaprovechado Scotty Moore), y nos habla del trágico Hotel de la Congoja, situado al final de la calle Solitaria, en donde el botones no para de llorar, el recepcionista viste de negro y, a pesar de estar lleno, siempre tiene sitio para los descorazonados, que estarán allí tan solos, baby, tan solos, que querrían morirse…

Como curiosidad, decir que Whitney Houston y C.C. Catch comercializaron en los 80 sendas canciones con idéntico nombre, y la última tituló su segundo album Welcome to the Heartbreak Hotel. También Chris Columbus dirigió una película del mismo título en 1988 basada en un ficticio momento de la vida del Rey del Rock, a quien dio vida David Keith.

Influido quizá por la grabación de Elvis Presley, otro titán del rock and roll, Eddie Cochran, compuso junto a su manager Jerry Capehart en 1956 Dark Lonely Street, presentándonos este lóbrego y oscuro callejón por el cual el protagonista pasea en busca de un amor imposible, encontrando en cada sombra con la que tropieza su propio reflejo. La segunda versión de esta balada apareció como cara B del primer single del cantante para Liberty Records, Sittin´ in the Balcony, en 1957 y en la grabación participaron, además del propio Cochran acompañándose a la guitarra, su inseparable Connie Smith al contrabajo y el mencionado Capehart en la percusión.

La canción Home of the Blues, un mid-tempo grabado por Johnny Cash en 1957, no nos habla tanto de desamores en concreto como de perdedores en general, y parece hasta cierto punto también inspirada en el omnipresente Heartbreak Hotel. En ella, para llegar al Hogar de la Tristeza, en cuyas habitaciones nunca entra el sol, y enclaustrarte allí a llorar y recordar tiempos mejores, primero has de vadear las lágrimas de los que la habitan, que parecen formar un río. Además del propio Cash, colaboraron en la composición Douglas L. McAlphin y Glenn Douglas Tubb, y la sesión de grabación, que contó naturalmente con The Tennessee Two (Marshall Grant al contrabajo y Luther Perkins a la guitarra en uno de sus más “sofisticados” solos, más batería y coros) fue producida por el mítico Jack Clement para Sun Records. Constituyó el quinto single del artista para el legendario sello, acompañado en su cara B por Give My Love To Rose, y llegó al puesto nº3 en las listas de country y al 88 en las de pop.

Ni con un edificio, ni con una calle se conformó Ricky Nelson en su séptimo single, aparecido en 1958: toda una ciudad necesitó el joven cantante de Nueva Jersey para sufrir sus penas y desamores; y así, en la Ciudad Solitaria, donde se quedan los corazones rotos y las calles están llenas de pesar, puedes comprar un par de sueños a cambio de unas pocas lágrimas y quizás en ella consigas olvidar…

Lonesome Town fue compuesta por Baker Knight, se presenta en forma de una sencilla balada con aire country e instrumentación acústica en la que destacan los míticos Jordanaires como acompañamiento vocal, y llegó al nº7 de las listas americanas cuando apareció a la venta.


¿Conocéis vosotros alguna otra casa sombría en la que puedan refugiarse los desgraciados? No dejéis de hacérmelo saber y ampliaremos esta guía (#)...


* Las canciones:
-Heartbreak Hotel
-Heartbreak Hotel en directo en TV, 1956
-Dark Lonely Street (¡a 78 rpm!)
-Home of the Blues
-Lonesome Town


# Adenda: a continuación listo algunos temas que me habéis enviado o que me han venido a la cabeza escritos a lo largo de toda la historia del rock y que tratan temática similar. Seguiremos ampliando:
-Lonely Avenue (Ray Charles, 1956)
-Blue Avenue (Roy Orbison, 1961)
-22 Acacia Avenue (Iron Maiden, 1982)
-Blue Hotel (Chris Isaak, 1986)
-Boulevard of Broken Dreams (Green Day, 2004)

jueves, 15 de abril de 2010

Adiós, Susie Q (o, ¿Un blog morboso?)

Soy consciente de la índole marcadamente necrófila de este blog, y he de decir que sólo hasta cierto punto es voluntaria. Veréis: yo me aficioné al cine desde muy pequeño (esto ya lo explicaré en una futura entrega). Por aquel entonces (o sea, los 70) muchos de los actores que hoy se consideran “clásicos” seguían todavía en activo y no eran demasiado mayores. Por otro lado, para mí todos ellos eran gente “actual”, a la que veía todos los días en televisión, y casi lo sigue siéndo. A veces se para uno a pensar y constata el hecho de que está viendo una película que tiene 50 años y cuyos protagonistas están todos bajo tumba, y es muy triste.

A la música llegué un poco más tarde, ya en la adolescencia, y mi elección allí fue algo más consciente. Aún así, también los artistas que me fascinaron por entonces, aunque ya llevaban 20 o 30 años en activo, eran razonablemente “jóvenes” y tenían todavía carrera por delante. Nunca elegí a mis ídolos con la perspectiva de que un día nos dejarían y, muy al contrario, daría lo que fuese por tener a algunos de ellos todavía con nosotros.

Sin embargo, hay una terrible realidad en esta vida: y es el paso del tiempo, inmisericorde, imparable y cada vez más rápido. Cuando uno se quiere dar cuenta, se ha hecho mayor, y con él ha envejecido toda esta gente a la que admiraba. Más de treinta años después, aquellos actores o bien han llegado a una avanzadísima edad o han pasado a mejor vida, y con los músicos ocurre otro tanto. Veamos: también me interesan artistas más recientes, pero encuentro más interesante recordar, reivindicar o rescatar las carreras de personajes cuyo momento de gloria ya pasó y que, a pesar de haber dejado una huella importante en las historia de la faceta artística que desarrollaron, no siempre son rememorados y apreciados como de verdad se merecen. Por otro lado,  pienso que otras personalidades de la música y del cine más actuales reciben la suficiente cobertura periodística en publicaciones, webs y programas televisivos y no encuentro el menor mérito ni desafío en hablar de alguien que todo el mundo conoce.

Además, ¿qué demonios? El ser humano es morbosillo por naturaleza. La muerte nos fascina a la vez que nos aterra, y no hay más que asomarse a un telediario si uno quiere ver necrofilia a raudales (¿qué harían estos programas si nadie falleciera?).

Expuesto esto, me gustaría ingresar en el panteón del blog a dos personalidades de la música de los 50 que nos abandonaron a principios de este año, y de cuya muerte me enteré tan sólo hace un par de semanas…

¿Cómo se mide la trascendencia de alguien en la historia (en este caso, de la música)? ¿Es necesaria una carrera larga, longeva y productiva, o puede ser suficiente un pequeño y puntual momento de gloria? Es una pregunta para la que no tengo una respuesta clara, pero un ejemplo a estudiar sería el del rockero Dale Hawkins, quien nos dejó el pasado 13 de febrero a los 73 años. Hawkins fue uno de los muchos jóvenes que quedó hechizado por el sonido de Elvis Presley y por la explosión del rock and roll y, aunque su carrera se extendió a lo largo de cinco décadas, en realidad sólo tuvo un éxito importante. Sin embargo, Susie Q está considerado uno de los temas más clásicos del rock de los 50 y ha conocido docenas de versiones. Esta composición del propio Dale fue grabada en 1957 con un jovencísimo James Burton a la guitarra imitando claramente los licks y figuras habituales en las grabaciones de blues típicas de Howlin´ Wolf y otras leyendas del género del sello Chess (que  editó la canción de Hawkins). El tema (nº 27 en las listas americanas del citado año) tiene pues clarísimas influencias de la música negra y, a camino entre el rockabilly y el rhythm and blues, está considerado como uno de los precursores del sonido "swamp" que harían famoso Creedence Clearwater Revival, quienes precisamente incluirían una versión de Susie Q en su primer LP, y la cual eclipsó tanto como redescubrió la original de Dale.

Con una carrera mucho más sólida y exitosa, aunque  más relacionada con el country que con el rockabilly (con el que también tuvo algún escarceo) Carl Smith triunfó en el género vaquero durante los 50, 60 y 70, hasta el punto de que llegó a ser llamado “Mr. Country”. También guitarrista y contrabajista, sus éxitos durante su época dorada son demasiados para enumerarlos aquí, y sirvan como ejemplos: Let's Live a Little, Let Old Mother Nature Have Her Way, Loose Talk, Wicked Lies, Hey Joe!, You Are The One o Ten Thousand Drums.
Estuvo casado con otra leyenda del country, Juner Carter, y era pues padre de la también cantante Carlene Carter.
Nos dejó es te pasado 16 de enero a los 82 años.