"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

domingo, 16 de mayo de 2010

Volaron los Albatros... (Otro golpe mortal al Cine)

En la segunda parte de mi artículo Los cines de mi vida utilizaba de manera totalmente intencionada cierto adjetivo para referirme a los complejos cinematográficos que han infestado los alrededores de la capital valenciana en los últimos años: “monstruosos”. “Monstruosos” por lo desmesurado de sus dimensiones, por lo frío y deshumanizado de  sus salas y porque, como dichos seres terroríficos, han devorado a sus hermanos más pequeños sin piedad ni remordimiento y han destrozado una tradición y una forma de vida de muchos años. A esa larga lista de víctimas comerciales y culturales que repasábamos en mi homenaje anterior hemos de añadir ahora con gran tristeza una de las salas más originales y auténticas de Valencia: los Cines Albatros. Hoy domingo 16 de mayo proyectarán por última vez tras casi 25 años, para después bajar sus persianas presumiblemente para siempre, dejando a sus mini-salas hermanas, los Babel, como último reducto del cine alternativo y en versión original hasta que puedan aguantar (auguramos que no será mucho, mal que nos pueda pesar).

En muchos artículos añado algún párrafo que empieza con “Mi primer recuerdo de…”, y en este no va a ser menos: Mi primer recuerdo de los Albatros procede de los años de su inauguración, 1985 u 86, y se ubica en el momento en que regresaba de Valencia a mi pueblo en el autobús y, a la salida de la ciudad, descubrí una fachada con tres persianas en la que ponía el nombre del cine y los números 1, 2 y 3. Al principio no tenía claro de qué se trataba, pero pronto supe que eran unas salas cinematográficas, y que su entrada estaba en el extremo opuesto a la parte que yo veía desde la carretera.

La época en que frecuenté más los Albatros fue durante mis breve etapa universitaria (últimos ochenta/primeros noventa), ya que los tenía al lado de la facultad, me quedaba a comer con algún compañero al acabar las clases, y hacíamos tiempo hasta la primera sesión para ver alguna película. El primer largometraje que recuerdo haber visto allí fue Mystery Train de Jim Jarmusch, de 1989. Otros títulos que disfruté en estos cines fueron Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), Orlando (Sally Potter, 1992) y la reposición de Charada (1963) de Stanley Donen, todo un lujazo poder ver a Audrey Hepburn en la pantalla grande de nuevo. Curiosamente, la última película que vi en los Albatros fue también de Jim Jarmusch: Noche en la Tierra, estrenada en 1991 (aunque a nuestro país no llegó hasta el año siguiente). Aquella fue la única ocasión en la que estuve en la cuarta sala que posteriormente se abrió en el local, y tengo que decir que me pareció decepcionantemente pequeña y no fue de mi agrado un recinto de tan limitadas dimensiones. Por aquella época era algo bastante novedoso, ya  que todavía sobrevivían muchos de los cines clásicos fundados en décadas anteriores, cuando todavía se podía esperar una importante afluencia de público en ellos. Podrá parece una contradicción con la crítica inicial a los complejos cinematográficos actuales, pero en realidad no lo es: pienso que hay un término medio entre una pantalla que es poco más grande que mi televisión y algo desmesurado que incluso sobrepasa la amplitud de la mirada humana.

Con el tiempo me volví bastante sedentario, dejé de ir seguido por Valencia, le cogí cierta aversión a conducir y hasta (¡oh, blasfemia!) se me atragantaron un poco las películas subtituladas, así que no puedo decir que personalmente prestara un gran apoyo a este negocio que ahora termina su aventura empresarial, pero no por ello dejo de sentirme apenado por su cierre. No es sino otro golpe mortal al Cine y a las salas de exhibición de esta forma artística, y un claro signo de lo que está por venir en los años futuros: la muerte definitiva de todos los locales de cine, incluidos los “grandes”.

viernes, 14 de mayo de 2010

Nuevas formas de sangrar al ciudadano (El latrocinio legalizado, parte II)

Amigos: hoy no os hablaré sobre las excelencias de tal o cual artista ni os recomendaré ninguna canción o película. Me vais a permitir despotricar de nuevo contra las mil y una formas en la que se nos desvalija al ciudadano de a pie con las más diversas excusas, protesta que ya iniciara en el artículo Taxman, o el latrocinio legalizado el pasado mes de marzo.

Con frecuencia compro productos en el extranjero. Hasta ahora, de algunas de estas importaciones la aduana me cobraba los correspondientes aranceles, portes, derechos o como quiera que deseen llamar a lo que en realidad no es sino un robo a mano armada y una total tomadura de pelo y encima perfectamente respaldada por la ley. En otras ocasiones no se me cargaba tasa alguna; no me preguntéis cuál era el baremo o criterio que llevaban los señores aduaneros para decidir dónde o no aplicar el “diezmo”.

Pues bien: desde este mes de mayo, este sistema de latrocinio cambia de forma y pasa a ser todavía más abusivo: la aduana se centraliza en Madrid y las importaciones pasan a ser gestionadas por una empresa que ni me molestaré en mencionar y que es claramente una filial de Correos, o al menos está relacionada. Ahora, además de abonar la cantidad que a sus gestores les parezca oportuno, aún hay que pagar casi 18 euros más por la “complicada” labor tramitativa que la nueva compañía efectúa. Para más inri, la resolución de estos pagos se hace todavía más tediosa al tener que esperar que la empresa te comunique la recepción de la mercancía, tú envíes la factura o justificante de compra, y ellos te contesten entonces valorando lo que consideran justo sablearte de tu compra para que pases a realizar la correspondiente transferencia bancaria. Entre una cosa y otra, el paquete aún se atasca varios días en la aduana hasta que te lo envían.

Adjunto el presupuesto que me han enviado en relación a mi última compra (pinchad la imagen para ampliarla), en la que podéis ver el desglose de todos los derechos e impuestos que se inventan y aplican (falta sólo la comisión para la señora de la limpieza de la compañía). En total, de una compra de 194,05 euros me sangran otros 70,40: un 37% para que toda esta banda de saqueadores pueda vivir del cuento. Indignante.
Al final del documento, además, a modo de “velada” amenaza se adjunta el siguiente texto:
“Con el fin de evitar posibles multas por falsear valor o tipos de mercancía, esta información debe ser veraz, ya que la AGENCIA TRIBUTARIA dispone de medios suficientes para conocer el valor y tipo de mercancía siendo responsabilidad del importador la multa derivada de la falsedad de datos. (MINIMO 150,00 €)”
Estamos ya a un paso de que el mundo orwelliano de 1984 cobre forma. Cuidado: ¡el Gran Hermano nos vigila!

martes, 11 de mayo de 2010

Adiós a Frank Frazetta

Entre las pocas aficiones de mi juventud que no he conservado hasta hoy se encuentra, por desgracia, el cómic. Aunque un gran fan de los tebeos durante muchos años, dejé de leerlos a finales de mi adolescencia y, salvo por unas pocas excepciones, ya no consiguen fascinarme como antes lo hicieran. Guardo de ellos, no obstante, un grato recuerdo, y es por eso que me es imposible no incluir un pequeño homenaje a esta leyenda de la ilustración que nos dejó ayer a los 82 años.

Mis primeras memorias de Frank Frazetta vienen ligadas a las portadas e historietas de publicaciones como Cimoc, 1984 (después Zona 84), Heavy Metal, Creepy... siempre pobladas de hercúleos bárbaros combatiendo a monstruosidades y defendiendo a voluptuosas damiselas semi-desnudas que por aquella época empezaban a excitar mi recién despertada libido. Un recuerdo muy concreto que tengo de una pintura de Frazetta fue el de la que se conoce como "Reina egipcia" (la tercera abajo) y en realidad viene de un número del tebeo español Dossier Negro, que no dibujaba el homenajeado: una de las historietas giraba en torno a un hombre que se obsesionaba fatalmente con la mencionada ilustración (que compraba en forma de cuadro), hasta el punto de contratar a actores para que lo representasen a tamaño real...


Por lo demás, poco os puedo contar sobre este artista que no vayáis a encontrar en otras páginas web: el legendario dibujante neoyorquino había nacido el 9 de febrero de 1928, comenzó su temprana carrera en la adolescencia, en los años 40, ilustrando cómics de todo tipo (western, bélico, fantástico...) para editoriales como EC Comics o National Comics (después DC), la interrumpió brevemente para dedicarse al beisbol (también era un consumado deportista) y terminó de forjar su leyenda cuando alcanzó su plenitud creativa en los años 60 y 70. Su labor se extendió a otros muchos campos como el cine (colaboró con Ralph Bakshi en Tygra, hielo y fuego) o la ilustración de discos y libros. Sus personajes de papel también han cobrado vida en forma de kits de modelismo y figuras de colección. R.I.P pues, señor Frazetta.

* Más ilustraciones de Frazetta: http://frankfrazetta.org/

domingo, 9 de mayo de 2010

Tres décadas, tres actores

Como ya confesaba en mi homenaje a Eddie Cochran el pasado mes, mi mitomanía se ramifica y extiende para albergar a numerosas personalidades artísticas, casi invariablemente cinematográficas y  musicales. También comentaba que no me interesa generalmente establecer competiciones entre mis ídolos, ni escalafones ni prioridades de ningún tipo: el hecho es que me gusta y puedo disfrutar del trabajo de todos estos artistas, por lo que no necesito realizar ninguna selección entre todos ellos. No obstante, es bien cierto que siempre hay algunos que “te marcan” más, tienen una especial relevancia en tu vida, e inevitablemente tienden a sobresalir de entre los demás aunque sea por un pequeño margen. Este nuevo artículo pretende rendir tributo a los tres actores modernos cuya carrera seguí con mayor interés en cada una de las tres décadas pasadas, más o menos el tiempo que llevo frecuentando cines.

Los 80: Harrison Ford
Habiendo participado en ocho de mis películas favoritas (la trilogía original de La guerra de las galaxias, la saga de Indiana Jones y Blade Runner) era inevitable que este actor ya icónico, nacido en Chicago el 13 de julio de 1942, se convirtiera en mi predilecto durante mis años mozos. Para un pre-adolescente, ¿quién podía haber más chulo y vacilón que Han Solo? A Harrison, ciertamente, lo descubrí con este personaje, cuando con diez años vi el clásico de ciencia ficción que le haría famoso en el mundo entero. Durante los siguientes años seguiría su carrera con interés: El rabino y el pistolero, Apocalypse Now (ambas de 1979) o, por supuesto, El imperio contraataca (1980), son algunas de las primeras películas suyas que vi. Después llegaría otro título imprescindible, En busca del Arca Perdida (1981), y al año siguiente la mítica Blade Runner, seguida otro año después por el final de la trilogía de George Lucas, El retorno del Jedi. Harrison ya se había convertido en mi actor fetiche de aquella época.

Intentando desencasillarse de tanto héroe intrépido, Ford nos ofreció nuevos registros durante el resto de la década de los 80: se pasó al thriller en Único testigo (1985, por la que fue nominado al Oscar) y Frenético (1988), flirteó con la comedia en  Armas de mujer (también 1988) y nos ofreció papeles de gran carga dramática como el que hizo para La costa de los mosquitos (su película favorita, 1986).

De izq. a der.: La calle del adiós, En busca del Arca Perdida, Blade Runner, Único testigo, Morning Glory. Abajo: todavía un galán a sus casi 70 años, y presumiendo de novia guapa

En los 90 perdí bastante interés por la carrera de este actor, aunque nunca dejé de ver sus películas por tradición y encariñamiento. Para entonces, Harrison era claramente una de las estrellas más reputadas y solventes de Hollywood, se conformaba con un solo film al año, y sus papeles se adaptaban más o menos al estereotipo que todo el público nos habíamos hecho de él. En definitiva, se convirtió en un actor poco arriesgado y por tanto artísticamente limitado. Concluyó la trilogía de Jack Ryan (que había empezado Alec Baldwin), realizó algunos remakes (el de la serie El fugitivo, 1993, y la innecesaria Sabrina y sus amores, 1995), y en los siguientes años alternó películas cuanto menos entretenidas como La sombra del diablo (1997), Seis días y siete noches (1998) o Firewall (2006) con otras para mí bastante más olvidables como Air Force One (1997), Lo que la verdad esconde (2000, en la que, por una vez, nos sorprendió haciendo de malo) o Hollywood, Departamento de Homicidios (2003).

La última película suya que he visto hasta el momento fue la cuarta entrega de Indiana Jones en 2008, que no hizo sino recuperarme y confirmarme a uno de los héroes de mi juventud, y de la cual salí absolutamente encandilado y reafirmando mi admiración por Harrison Ford, que en mi opinión recuperó al personaje muy dignamente.

Los 90: Gary Oldman
No me interesé por este actor inglés (nacido en Londres el 21 de marzo de 1958) hasta que supe que iba a ser el nuevo Drácula en la película que estaba preparando Francis Ford Coppola. Antes de verle como el famoso aristócrata vampiro lo hice en El clan de los irlandeses, donde ya nos presentaba al típico personaje desquiciado con el que tanto se prodigaría. Fue la primera de sus películas que disfruté, y me gustó su papel. Después llegaría por fin Drácula, y desde su estreno en 1992 sigo fascinado por esta indiscutible obra maestra de Francis Ford Coppola. Pese a mis reticencias iniciales con respecto a una nueva película del ya manido personaje de Bram Stoker, me quedé enamorado del film y Oldman me sorprendió con sus mil avatares como viejo conde, joven príncipe, lobo, murciélago, etc, etc. A día de hoy, y con el permiso de mi también admirado Christopher Lee, creo que el de Gary es el Drácula más completo y complejo que se ha llevado a la pantalla.

De izq. a der.: como Sid Vicious, Drácula, Beethoven, Zorg y el Comisario Gordon

A partir de ahí fui testigo de la variedad de registros y de la capacidad de transformación de la que era capaz este actor de gestos a veces histriónicos pero siempre sorprendente. Algunos de sus papeles que más me gustan son el del policía con problemas de Doble juego (1993, impagables sus escenas con Lena Olin haciendo de asesina psicópata), el de Beethoven en Amor inmortal (1994) y, por supuesto, el policía drogadicto de El profesional (1994), en la que aterraba a mi adorada Natalie Portman y conseguía salir airoso de un rol que rayaba bastante en el cliché del ya tan manido malo hollywoodiense. Para entonces Gary se había erigido en un nuevo Hombre de las Mil caras ofreciendo a su público una galería de pintorescos personajes que incluían al lamentable Sid Vicious (Sid y Nancy, 1986), al infame Lee Harvey Oswald (JFK, 1991), al pérfido alcaide de una prisión en Homicidio en primer grado (1995) e incluso a un reverendo puritano en La letra escarlata (1995).

Sin embargo, a pesar de su amplitud interpretativa, y quizá por lo problemático de su personalidad, Hollywood se empeñó en negar al actor más papeles protagonistas y en encasillarlo casi invariablemente como villano, y así, a finales de los 90 le pudimos ver repetir prácticamente el mismo rol en El quinto elemento (1997), Air Force One (1997, donde coincidió con Harrison Ford) y el remake de Perdidos en el espacio (1998, para el cual ni se molestó en cambiar de look con respecto a la anterior). Desde entonces lo hemos encontrado en infinidad de producciones, pero casi siempre en roles secundarios, incluidas sus intervenciones en las sagas de Harry Potter o Batman (como el comisario Gordon). En 1997 incluso llegó a dirigir un largometraje: Los golpes de la vida, interesante drama semi-autobiográfico que no tuvo mucha repercusión.

Izq.: tonteando con Natalie Portman en El profesional. Der.: con Winona Ryder en 2008: Drácula y Mina se reencuentran dieciséis años después.

A Gary lo vi recientemente en El libro de Eli, en un personaje no muy diferente a aquel al que nos tiene acostumbrados en la mayoría de sus últimos filmes hollywoodienses. Esperemos que alguien nos lo recupere pronto en uno de esos papeles principales más profundos con los que nos solía encandilar en los primeros 90.

Los 2000: Geoffrey Rush
Rush es la prueba viviente de que fotogenia y belleza física no tienen necesariamente que ir cogidos de la mano: el actor se me antoja un hombre de apariencia vulgar, diríase que hasta feo, sin embargo, en la pantalla se crece de una manera sorprendente e impone su presencia y buen hacer más allá de toda discusión.

Como no ando demasiado interesado en los tejemanejes de Hollywood ni intento estar actualizado respecto a sus novedades y estrenos más que lo justo, no supe del Oscar que a este actor le concedió la Academia por su interpretación en Shine (1996) en su momento. Le descubrí más tarde en su papel del implacable inspector Javert en la adaptación de Los miserables de Victor Hugo que Bille August realizó en 1998 y quedé fascinado por el imponente y magnífico duelo que realizó con otro actor inmenso: Liam Neeson.

De izq. a der.: en Los miserables como el Inspector Javert, en House on Haunted Hill (¿Vincent Price redivivo?), en Quills como el Marqués de Sade

Poco después, recuerdo que una propicia noche en la que había niebla, acudí a ver el remake de House on Haunted Hill (1999), en el que Geoffrey Rush retomaba el papel que mi muy admirado Vincent Price interpretó en la original. La película no hubiera pasado de ser otra vulgar cinta comercial de terror made in USA si no hubiese sido por la formidable recreación de Rush, que clavó de manera tan perfecta los gestos de Price que había momentos en que creía estar viendo a este último redivivo en la pantalla (no en vano, su personaje se llamaba Stephen H. Price). El siguiente film suyo que disfruté fue Quills (2000), y era ya imposible no dejarse cautivar por este monstruo de la actuación después de verlo como el Marqués de Sade…

De izq. a der.: como Peter Sellers, el Capitán Barbossa y Leon Trotsky

Desde entonces he intentado ver todas sus películas, ya sea en cine o en DVD, y Geoffrey nunca me ha decepcionado con su gran capacidad de transformación y adaptación a los personajes más variopintos: ha sido el empresario teatral Philip Henslowe en Shakespeare in love (1998), Sir Francis Walsingham en Elizabeth y su continuación (1998 y 2006), Leon Trotsky en Frida (2002) y un excepcional Peter Sellers en Llámame Peter (2004), entre otros muchos avatares (también le vi por fin como el pianista esquizofrénico David Helffgott en Shine y, sí: es el típico papel de tarado que tanto gusta en Hollywood, pero Geoffrey está genial). Curiosamente, la mayoría del público le reconocerá antes como el Capitán Barbossa de la trilogía de Piratas del Caribe, una saga que quizá no esté a la altura de la calidad interpretativa del actor, pero de la que es para mí lo mejor (no es de extrañar que recuperaran su papel, ampliado, para la tercera entrega).

De Rush hay que lamentar, como en el caso de Gary Oldman, que últimamente no se le concedan más papeles protagonistas y se le relegue a tantos secundarios. Vamos a ver si la cosa cambia y podemos disfrutar de otra gran interpretación de este actor que, no lo he apuntado, pero nació en la ciudad de Toowoomba, Australia, el 6 de julio de 1951, y por cierto, sobrevivió prácticamente como intérprete y director teatral hasta que su suerte empezó a cambiar cuando ya era cuarentón largo…

No quiero acabar este tributo sin mencionar a otros actores más o menos recientes de cuyo trabajo he disfrutado también en las últimas décadas. Algunos de ellos son: Jeff Bridges, Dennis Quaid, el ya adelantado Liam Nelson, Clive Owen, Ed Harris, Ralph Fiennes, Tim Roth, Edward Norton, Kurt Russell, Stellan Skarsgard, Mickey Rourke, Brad Pitt, Gerard Butler, Johnny Depp o Russell Crowe, entre otros. Aunque ahora andan algo perdidos o despistados, o simplemente han dejado de interesarme, en su momento también presté atención las carreras de gente como Matt Dillon, Val Kilmer, Nicolas Cage, Javier Bardem o Tom Berenger y, aunque me pueda avergonzar confesarlo, en tiempos pretéritos llegué a pasármelo bien con algunos títulos de Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y hasta del impresentable Mel Gibson.

viernes, 7 de mayo de 2010

¡Biba la hinformación!

Seguramente la mayoría de vosotros ignoraréis que mi segunda vocación frustrada fue la de periodista. Creo que es esta una profesión en la que me hubiese desenvuelto bastante bien, a la vista de los trabajos que uno puede leer día sí, día también en periódicos y otros medios de comunicación como los noticiarios virtuales de portales tipo Yahoo o MSN (no hablemos ya de la televisión)… Da la impresión de que no hace falta tener que saber mucho, ni documentarse demasiado, ni hacer gala de una mínima cultura, ni siquiera escribir correctamente, para poder colaborar como redactor en estos sitios. Supongo que es lo malo de ser un “periodista-mercenario”: te toca escribir sobre cosas que no conoces, y acabas acudiendo a la primera fuente que aparece, sin complicarte en contrastar información o en socavar un poco más en busca de datos.
Hace ya un mes quedé conmocionado con un artículo internáutico que, con motivo del estreno del remake de Furia de titanes, comparaba la nueva versión con la original sin tener ni idea de ninguna de las dos (y ni siquiera de mitología griega)… Ahora me acaban de hacer entrega de esta pequeña reseña biográfica sobre Audrey Hepburn, aparecida en un reputado periódico de la Comunida Valenciana con motivo de su aniversario el pasado día 4 (véase la entrada anterior), y todavía no salgo de mi estupor. Cualquier persona que se moleste un mínimo –y matizo lo de “mínimo” – en conocer los detalles más básicos de esta actriz sabrá que su primer papel protagonista fue, efectivamente, “en una comedia muy buena”, a las órdenes de William Wyler: Vacaciones en Roma, estrenada en 1953, que su partenaire en ella fue Gregory Peck, que la película la descubrió al mundo, y que recibió un Oscar por su interpretación. Sin embargo, la persona autora de esta reseña nos habla de dicho largometraje , y luego de otro al parecer diferente, La princesa que quería vivir, que no es sino el título que se le dio a Vacaciones en Roma en Argentina, y nos señala que fue su primer papel protagonista, “que supo cointerpretar con Gregory Peck”…. ¿Adónde ha ido a documentarse el autor o autora para tamaña confusión? ¿Cómo es posible que cometa un error tan garrafal? Cualquiera que consulte una filmografía de Audrey Hepburn, sea en el idioma y en el país que sea, no creo que encuentre la misma película dos veces.

El texto que continúa ya no es tan hilarante, pero hace gala de una ortopedia literaria digna de encomio, con frases metidas con calzador  como “A partir de ese maravilloso período comienza a filmar sin parar…”. El remate humorístico final viene cuando leemos “…poco antes de que se le declarara la enfermedad terminal, el cáncer de colón…” [sic] ¿Se adquiere este mal por viajar mucho tiempo en carabela o por descubrir continentes?....

No sabe uno qué pensar. Quizá la persona a la que han encargado esta esquela es un pobre becario o becaria mínima o nulamente remunerada por su trabajo, lo que puede justificar de mala manera su escaso interés por ofrecer al lector un texto digno, o quizá estemos ante jugadas de correctores automáticos...

Lo que me inquieta es: si la información de cosas más triviales como puedan ser el cine o cualquier entretenimiento nos llega tan confusa y erróneamente, ¿qué ocurrirá con noticias serias y trascendentes como puedan ser guerras, desastres ecológicos o decisiones políticas?...

(Recordad que podéis ampliar la imagen pinchando sobre ella y leer así el artículo con mayor claridad.)

martes, 4 de mayo de 2010

¡Felicidades, Audrey!

En realidad sólo esperaba la excusa adecuada para poner a la niña de mis ojos en el blog, y puesto que hoy hubiera cumplido 81 años,  pues ya la tengo.

Por desgracia, la que en la actualidad podría haber sido una de las abuelitas más adorables del Cine nos dejó prematuramente hace ya tiempo, a los 63 años, en enero de 1993, debido a un nefasto cáncer de colon. Me pregunto qué opinaría sobre los muchos chanchullos y negocietes que, en torno a ella, se están montando hoy en día sus hijos con todos esos bolsitos, relojes y demás fruslerías.

Suerte que, como mito imperecedero del Cine que es,  siempre la podremos reencontrar en sus películas y ratificar en ellas nuestro eterno amor por la irresistible Princesa Ana o por la encantadora Sabrina...

domingo, 2 de mayo de 2010

Los cines de mi vida (II)

(Primera parte aquí)

Ocaso
Al terminar la primavera de 1989 llegó el primer golpe mortal a los cines de mi localidad: tras la proyección de Gorilas en la niebla, el Avenida colgaba su habitual cartel estival recordando que cerraba por vacaciones hasta septiembre. En realidad, este cierre resultó ser definitivo, y la sala jamás volvió a abrir, así que la película de Michael Apted acabó siendo la última que vi en este local, que había sido fundado en 1960 y deleitado al público, pues, durante casi tres décadas (en realidad permaneció cerrado algunos años en los 70).

Con bastante menos precisión he de atestiguar la clausura subsiguiente de otra sala cinematográfica: esta vez le había llegado el turno al Terraza Nit, y calculo que su final llegaría en los muy primeros 90. Recuerdo haber acudido a una especie de acto de despedida organizado por algunos cinéfilos en el que se exhibió material relacionado con la moribunda sala, de la que me guardé como souvenir una de las entradas que ese día se repartieron.

Con el comienzo de la última década del siglo XX había empezado a implantarse en la sociedad española una terrible casta de depredadores urbanos: los Especuladores. Conformada esta desdeñable estirpe por gente como políticos, constructores y banqueros, entre otras variantes, y siempre respaldada por la indolencia del populacho, tan insignes personajes se dedicarían durante los siguientes años y hasta nuestros días a dar rienda suelta a su codicia sin límites y a expropiar, demoler, explotar, destruir y edificar por donde les viniera en gana, lo que ha conducido con el paso del tiempo a buena parte de la triste crisis económica que atravesamos.

En nuestro pueblo (y supongo que en otros muchos), la especulación inmobiliaria terminó prácticamente con cualquier solar, huerto o terreno vacío que pudiese quedar, y después con cualquier edificio viejo, poco productivo o supuestamente innecesario. Esto acabó aquí no sólo con todos los cines clásicos, sino con otras construcciones emblemáticas que habían presenciado la vida de Puerto de Sagunto durante casi un siglo.

El antiguo cine parroquial de la Iglesia de Begoña, utilizado por el Oma en 1996-97
como Terraza Alameda, y por Alucine durante 1998 como Terraza de Verano. En la
actualidad hace las veces garaje

En 1995 el verdugo del celuloide apareció en busca del Parque Victoria. Este edificio, según me consta, databa de los años 30 y me contaron que fue en principio un local cerrado bautizado como Cine -o Teatro- Cendoya, hasta que una bomba durante la guerra destrozó su techumbre y fue reconvertido en terraza estival. La última película que vi sentado en sus incómodas sillas de madera fue Batman Forever, en agosto del citado año, un mes antes de que cerrara para siempre. Fue demolido en febrero del 97.

Como sustituto de esta sala al aire libre hermana del Oma, sus directivos alquilaron durante los dos veranos posteriores a su cierre un pequeño local al aire libre junto a la Iglesia de Begoña que había sido en tiempos un cine parroquial (y que contaba también con una sala cerrada), reabriéndose durante el tiempo acotado con el nombre de Terraza Alameda hasta que, en 1997, le llegó la muerte al propio Oma, el último Cine de Puerto de Sagunto. “Cine” con mayúsculas, porque los que se hacían antes eran verdaderos palacios dedicados al 7º Arte; impresionantes templos consagrados a esta liturgia que es admirar películas, ya prácticamente extintos en la actualidad, y totalmente alejados del concepto de multisalas-franquicia frías y deshumanizadas que han surgido en torno a la capital de nuestra provincia en los últimos años cual hierbajos en un huerto.
 
Salas Alucine, fundadas en 1998. Presente, y esperemos que futuro del cine
local en Puerto de Sagunto.

El Cine Oma anunció su cierre en tres ocasiones, alargándose en dos de ellas su agonía por “petición popular”. En la primera ocasión, en mayo, fue con La sombra del diablo. La película me pareció una digna despedida de aquel local que había frecuentado durante dos décadas. Posteriormente, volvió a abrirse de nuevo en otoño, siendo Air Force One -casualmente también con Harrison Ford-, la última película que vería en su veterana pantalla (y que ya no me pareció tan digna como la anterior). El   14 de diciembre del 97  -si no me equivoco-, tras la proyección de In & Out, la sala apagaba sus máquinas por última vez, y poco después era derribada sin misericordia… Había entretenido al pueblo durante cerca de cuarenta años.

Una nueva época
Mientras llegaba la “muerte anunciada” del Cine Oma, una noticia feliz paliaba en parte el dolor que sentíamos los cinéfilos locales tras haber perdido todas las salas cinematográficas de la ciudad: se estaba edificando un nuevo cine que se inauguraría el 10 de enero.

Aunque con un nombre y un logotipo poco originales, el nuevo complejo Alucine fue recibido en la localidad con gran interés: de repente pasábamos a tener 7 pequeñas salas con sus correspondientes películas disponibles, y la posibilidad de ir a ellas cualquier día de la semana. También en España se habían empezado a estrenar las películas en todos los cines a la vez, nada de tener que esperar semanas como antes. (Titanic fue sin duda el gran éxito inicial de la nueva empresa, aunque la primera película que yo vi en ella fue El mañana nunca muere.)

El antiguo Cine Victoria, hoy día Casa de la Cultura de Puerto de Sagunto. Por fortuna, el "progreso" no lo devora todo, los políticos locales respetan algunos edificios insignes y hasta hay cosas que no cambian (¡veánse los carteles del Horno del Progreso y de la Pastelería La Dulce Alianza!)

Las cosas fueron bien durante los primeros años de Alucine, pero no tardaron en aparecerle enemigos: el primero y más poderoso fueron los monstruosos complejos cinematográficos que han ido surgiendo alrededor de Valencia durante la pasada década y que han acabado con casi todos los cine clásicos de la capital y prácticamente de la provincia. Espacios clonados sin personalidad ni calor que se escudan en el gigantesco tamaño de sus pantallas o de sus salas (sus precios tampoco son pequeños) para ofrecer a una clientela poco selectiva los blockbusters del momento (irónicamente, muchas de estas personas igual corren a ver el éxito del momento a una de estas macro-salas, que se descargan un screener y lo ven en la pantalla  de su ordenador, o se esperan a que las películas salgan en DVD.)

El segundo antagonista del cine local fue la ignorancia o la simple desidia de la gente que, no apreciando lo que es en realidad el Cine, se conforma con ver películas alquiladas en vídeo-club o bajadas de internet “cómodamente” sentada en el salón de su casa. No estoy ni mucho menos en contra de esta práctica, pero pienso que debe estar siempre supeditada al verdadero cine y ser un complemento a este. Todavía sigo considerando que hay películas que pierden todo su sentido una vez han pasado de una pantalla cinematográfica a una televisiva (¡por grande que sea!). Esto se me hace especialmente patente con obras muy espectaculares, sobre todo fantásticas y de aventuras, o con grandes paisajes o batallas como, pongamos por caso un ejemplo de rabiosa actualidad: la mismísima Avatar.

El Parque Oma, ya largo tiempo en desuso cuando se realizó la fotografía de la izquierda. El supermercado que ocupa su lugar hoy en día incluso aprovechó sus paredes. Por cierto: ¡fijaos en lo que crece una palmera en veinte años!

La pantalla del Parque Oma vista desde casa de mis abuelos.
Por aquella época, el local ya estaba invadido por la maleza.
El tercer y creo que último enemigo contra la subsistencia de nuestros Alucine radica en su misma gestión: probablemente sus gerentes se hallen en una terrible encrucijada o en un círculo vicioso intentando combatir a los mordaces antagonistas que hemos visto en los párrafos anteriores, pero esto quizá no justifique la dejadez con la que están tratando su complejo en los últimos años: los siete días de proyección pasaron con el tiempo a ser seis, hace unos pocos años cinco, y desde el mes pasado parece que cuatro, ofreciendo al espectador cada vez menos servicios. Su horario y programación resultan a veces un tanto caóticos y difíciles de prever. Su criterio a la hora de elegir películas, tan discutible como comprensible. Y, finalmente, el estado de sus pantallas es un tanto lamentable y la mayoría de ellas exhiben manchas de líquidos y otras cosas que algún desalmado espectador ha arrojado contra ellas. Conste que, a pesar de lo que pueda parecer, soy visitante asiduo del local y lo defiendo en la medida de lo posible, pero lo que es criticable, es criticable.

No sé cuál será el futuro del cine local en este pueblo (ni del cine en general), pero me es fácil –y lógico– dejarme llevar por el pesimismo. Yo espero que nuestra última sala logre sobrevivir y que el espectador de esta ciudad se conciencie y le preste su apoyo pese a las muchas trabas que el local ofrece. Me da igual los miles de cines que pueda tener en la capital: no concibo mi pueblo sin los suyos propios. Siempre los ha habido y no me ha hecho falta desplazarme varios kilómetros para ir a ver una película. Una ciudad sin cine es una ciudad sin cultura: un cementerio. Roguemos a los Dioses del Celuloide porque nos conserven el que nos queda mucho tiempo, a pesar de las nefastas apariencias y todavía peores expectativas…
 
Edificio del Cine Olimpia, hoy día un taller mecánico.

Más cines
Puesto que este artículo intenta rendir tributo a los cines que ha habido en mi localidad, y aunque no pretendo hacer dicho homenaje interminable, no puedo acabarlo sin mencionar aunque sea brevemente otras salas que bien no llegué a conocer abiertas, o simplemente frecuenté menos que las que he enumerado hasta aquí. Se trata de:
-Cine Moderno: a pesar de su nombre, nos encontramos con una de las primeras salas inauguradas en Puerto de Sagunto. Estuvo situado en la actual Avenida Mediterráneo, y comenzó su actividad a a finales de la segunda década del siglo XX.
-Cine Victoria: parece ser que estamos ante el local cinematográfico más antiguo de la localidad (data de 1921), aunque algunas fuentes apuntan a un misterioso cine anterior a él y en la misma calle. A finales de los 70 ya era un local vetusto y polvoriento que había cerrado sus puertas años atrás, pero recuerdo que seguía anunciando en su fachada las películas del Oma (que pertenecía al mismo propietario, Ciríaco Omarrementería, fundador de la mayoría de cines del Puerto). Por suerte, los días de esta sala no habían acabado: el Ayuntamiento adquirió el edificio para convertirlo en Casa de la Cultura en 1986, y durante los años inmediatos tuvimos el lujazo de compartir programación con la mismísima Filmoteca de Valencia y así, se proyectaron aquí interesantísimos ciclos de Stanley Kubrick, Woody Allen, Charles Chaplin y otro clásicos. Lamentablemente, y es fácil presumir que por diferencias políticas, la asociación con la Filmoteca terminó y no se han vuelto a proyectar películas en la Casa de la Cultura, aunque por fortuna aún sigue abierta y ha albergado la Biblioteca Municipal (actualmente trasladada), exposiciones, actos falleros y, sobre todo, obras de teatro. Algo es algo…

A la izquierda, el Cine Casablanca, hoy día también "consumido" por una de las
cadenas de supermercados habituales. A la derecha, el edificio de la Lira Saguntina
o Musical, que antiguamente albergó la sala de cine conocida con este último nombre.

-Cine Olimpia: de este negocio sólo he conocido su edificio, que es desde hace muchos años un taller mecánico. Se acabó de construir en 1930, y es de suponer que cerró antes de mi nacimiento.
-Cine San Pedro: otro local de exhibición que nació por iniciativa de un clérigo –el encargado de la iglesia del mismo nombre– y cuya breve existencia podemos situar en la década de los 50. Se trataba de una sala de pequeñas dimensiones con una programación juvenil similar a la del Cine del Padre Jaime. Las ganancias del local, al parecer, ayudaron a construir el edificio eclesiástico que tenía al lado, y que por supuesto sigue en pie. El propio recinto del cine lo ocupa hoy día una vivienda, desde cuya parte superior se proyectaba al Terraza Nit, sala hermana del San Pedro.
-Parque Oma: fue la alternativa estival al cine del mismo nombre en épocas pretéritas, y tampoco lo llegué a ver abierto. Curiosamente, la pantalla se veía perfectamente desde la casa de mis abuelos, así que me hubiera ahorrado muchas entradas de haberlo conocido en activo.
-Parque Avenida: parece que en tiempos era prácticamente norma que todo local de proyección tuviera su homólogo al aire libre para épocas calurosas. Éste estuvo situado a la derecha del cine de idéntica denominación, aunque jamás lo conocí, ni en funcionamiento ni siquiera edificado. Su breve andadura debió de tener lugar, pues, en los 60.
-Parque Begoña: los documentos a los que he tenido acceso resultan un tanto confusos e identifican a esta terraza veraniega con el Parque Victoria, con lo que cabe la posibilidad de que le antecediera en el mismo edificio y con distinto nombre. También es concebible que se trate del ya mencionado Salón Parroquial perteneciente a la Iglesia de Begoña.
 
El Cine Capitol, último en cerrar en el casco antiguo de Sagunto, actualmente en "animación suspendida" y esperando un futuro incierto. En su cartelera permanece el clásico cartel de las vacaciones estivales, que en este caso se han convertido en indefinidas.

-En Sagunto he conocido cuatro cines: el Cine Musical estaba ubicado en el edificio de la Lira Saguntina o “Musical”, pero ya había cerrado cuando la finca fue reformada en los primeros 90. Aunque lo conocí en activo, fue el único de estos cuatro locales del casco antiguo que jamás visité.
Al Casablanca recuerdo haber ido en un par de ocasiones: en la primera me desplacé con mi padre en su viejo Vespino para ver Mazinger Z, el robot de las estrellas y Juego con la muerte, calculo que sobre el año 80. La segunda visita fue para ver Rambo, en 1984 u 85, y creo que el cine cerró poco después. En la actualidad, su planta inferior (el cine estaba en el primer piso, y abajo había una sala de fiestas) alberga el ya tópico supermercado.
Al Cine Marvi acudí bastantes más veces, siendo la última que me viene a la memoria para ver Sleepers hacia el año 1996-97. Abrió sus puertas en 1949 y las cerró en 1998, y hoy en día ha sido sustituido por una finca. De él recuerdo especialmente la suntuosa decoración del techo, que me recordaba a una de esas viejas óperas de décadas atrás, y el curioso hecho de que había un gato que parecía compartir la afición al 7º Arte con los espectadores.
El Capitol –del que también fui cliente con cierta regularidad– es el cine más antiguo de Sagunto que queda en pie (fundado en 1935), y también el que más ha durado: remodelado en los 80 para pasar a tener dos salas, fue comprado –o alquilado– por la gerencia de los Alucine, logrando sobrevivir a duras penas durante algunos años en la capital del Camp de Morvedre, sobre todo gracias a la ayuda del Ayuntamiento. Cerrado desde hace dos o tres temporadas, su futuro es incierto en estos momentos, aunque parece que se ha erigido en su defensa un colectivo con el fin de recuperarlo (no sabemos si para proyectar películas o para actos falleros y diversos). Esperemos que tengan suerte…
Por último, recientemente han habido algunos locales en la urbe de los que he sabido por terceros y que son el Cine Centro Católico, al parecer otro cine parroquial que dependía de la Iglesia de Santa María y que estuvo situado junto a esta en los años 60, el llamado Cine Sagunto que, datando de 1912, compartía un antiguo edificio religioso con otras dependencias del ayuntamiento y estaba ubicado en la céntrica "glorieta" de la localidad (fue derruido en 1933), el Cine Romeu, de 1910, casi con total certeza la primera sala de proyección de la comarca, sita en la calle Los Huertos, el Cine Ortiz (1932-39), el Cine Cortijo, y las terrazas de verano Cine Pompeya, el Pouet y el Saguntino (en realidad, el antiguo Campo de Fútbol de Romeu).

* Dos enlaces de posible interés aparecidos en el periódico local "El Económico". Basta con que introduzcáis en su buscador el nº de edición o la palabra "Cine Avenida" para que os aparezcan: http://eleconomico.es/hemeroteca/:
-Artículo conmemorando los 10 años del cierre Cine Oma (Edición nº 557, 10 de Junio de 2008, página 4)
-Artículo conmemorando el 50 aniversario de la inauguración del Cine Avenida (Edición nº 613, 26 de Febrero de 2010, página 10)

(Las imágenes que acompañan al texto fueron tomadas principalmente por mí. Algunas fotografías adicionales son de Chema Lorente y Enrique Blasco. Si nos las quitáis sin permiso os mandaremos a nuestro amigo Nosferatu.
Aunque este artículo ha sido confeccionado principalmente con mis recuerdos y vivencias personales, me han ayudado a complementarlo los artículos de Emilio Llueca, Fernando Pinilla e I.M. Zapata aparecidos  en la publicación local "El Económico" en 1995, 1999 y 2010, respectivamente.

Agradeceré cualquier dato que se me pueda suministrar con respecto a fechas de apertura y cierre de los cines que menciono y cualquier curiosidad que me quieran enviar quienes tuvieron la suerte de conocer más salas que yo.)