"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

jueves, 11 de marzo de 2010

Taxman, o El latrocinio legalizado

(Déjame que te cuente cómo lo haremos / Tú te quedas uno y yo diecinueve /
Si el cinco por ciento te parece poco / Da gracias de que no me lo lleve todo)

Contaba George Harrison que escribió Taxman cuando, en el año 1966, se percató de que el fisco se llevaba la gran mayoría de sus ganancias como músico profesional. La canción, que abría el septimo álbum de The Beatles, Revolver, es sin duda una de las mejores obras del artista mientras formaba parte del cuarteto de Liverpool, con una letra mordaz y amarga y un efectivo uso de las guitarras, tanto en el acompañamiento como en los riffs y en el solo, estos últimos con claras reminiscencias a esa música hindú que tanto le gustaba a Harrison. A pesar de la índole de dura crítica de la letra, George todavía tiene sitio para el humor en ella, como el guiño a la sintonía de la serie Batman –que triunfaba por aquel entonces en TV-, y que se repite a lo largo de la canción tanto instrumental como vocalmente (“Taxman!”). Parece ser que Paul McCartney acompañó a George con la guitarra y fue el que proporcionó el dinámico solo que irrumpe a mitad y al final de la canción, mientras que Lennon colaboró en los coros y en la letra (suya es la parte que alude a Harold Wilson y Edward Heath, políticos ingleses de la época que serían Primeros Ministros de su país en diferentes momentos).

(Si vas en coche / tasaré la calle /
Si te sientas / tasaré tu asiento)

He querido usar el pretexto de esta canción de Harrison, no sólo para recordar al prematuramente fallecido cantante y guitarrista, sino también para proponer una reflexión sobre la terrible verdad que esconden sus estrofas: cómo se nos roba nuestro dinero y de qué manera se aprovecha esa fantasmal entidad que llamamos “el poder”, “el Fisco”, “el Gobierno”, o como queramos, del esfuerzo de los ciudadanos.

(Si tienes mucho frío / tasaré el calor
Si das un paseo / tasaré tus pies)

Antiguamente, el señor feudal (y también la Iglesia) recaudaba sus tributos y sacaba buena tajada del trabajo de los campesinos bien fuera por la fuerza de las armas o, simplemente, “por la gracia de Dios”. Hoy esto se hace de manera más final y sutil, nos llega a casa en forma de elegantes cartas, y se nos disfraza con nombres como contribuciones, impuestos, tasas, comisiones, derechos... Antes, uno viajaba con el temor de encontrarse con salteadores de caminos durante el trayecto, o se hacía a la mar con el miedo a ser asaltado por los piratas. Ahora tenemos la certeza de que, al final de un viaje al extranjero –o si importamos un artículo de otro país–, estarán los aduaneros esperando para ver cuáles de los souvenirs que nos hemos traído pueden gravarnos (al fin y al cabo, los antiguos “diezmos”, sólo que ahora son más de una décima parte). O el Ayuntamiento de nuestra ciudad inventará cosas como las “zonas azules”, impuestos caninos y sinvergüencerías similares para que tengamos que pagar por dejar el coche en nuestro propio pueblo -una tierra que nos pertenece tanto o tan poco como a nuestros codiciosos dirigentes-, o por tener un perro. (¿Os he contado que a mi madre le robaron seis mil euros por cambiar de nombre la casa de mi abuelo? ¡Una propiedad que le pertenecía por herencia! Es el colmo de los timos: venderte algo que en realidad es tuyo...)

(No me preguntes para qué lo quiero / si no quieres pagar más /
Y aconsejo a aquellos que mueran / que declaren los peniques de sus ojos)

Y esto es lo peor de todo: que hemos llegado a aceptar estos desfalcos, estos desvergonzados atracos, como si fuera algo normal dejarnos robar por unos aprovechados avariciosos y sin escrúpulos que se ocupan de mantener el “equilibrio” social y económico para que los pobres sigamos siendo pobres, y los ricos tengan cada vez más dinero.

(Porque soy el Recaudador de impuestos /
Sí, soy el Recaudador de impuestos /
Y no trabajas más que para mí)

Amigos: evitaré la moraleja final en este artículo porque sería una invitación al desorden social y a la rebeldía.... Reflexionad sobre el tema y, gracias, George, por esta canción...

* Taxman, con su letra original
* Y la divertida versión del estrafalario Weird Al Yankovic, Pacman 

3 comentarios:

  1. Para mi una de las canciones mas olvidadizas del tristemente difunto George Harrison, tanto por su aritmico ritmo, como por su enrevesada letra con trasfondo a panfleto politico.

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  2. Gracias Lord, en primer lugar por haber motivado el rescate de mi copia de "Revolver", mientras escribo lo mucho que me ha gustado su artículo suenan sus canciones. Segundo, mas alto, mas fuerte y mas claro hay que denunciar toda esta farsa montada sobre nuestras espaldas, ya esta bien de que unos pocos nos manejen y nosotros nos debamos dejar manejar, y aqui paro!
    Con su permiso,... esta sonando el Sumarino Amarillo.

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  3. Kucho: El problema es que para denunciar estas cosas hemos de ser más de los cuatro gatos que levantamos la voz... Mientras que la mayoría no cobre conciencia de esta situación, los listillos seguirán aprovechándose de nosotros...
    Vicente: es obvio que estamos en desacuerdo con respecto a la canción, pero cada uno tiene sus gustos. Yo no diría que es un "panfleto", aunque sí que es obvio que tiene intenciones políticas...

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