"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

sábado, 31 de marzo de 2012

Cartelera Ruthwen: La mujer de negro

¿Quién nos iba a decir después de casi tres décadas de su cierre y de más de cinco desde que revolucionara el cine de terror, que la mítica productora Hammer Films iba a volver a deleitarnos con el tipo de historias que la hicieron famosa? Pues así es: desde hace un lustro, “la Hammer” –como la conocemos los fans– tiene nuevos dueños y vuelve a estar en activo. Ha estrenado ya cinco títulos en esta segunda etapa y en concreto, uno de ellos, La víctima perfecta, cuenta con el impagable guiño de una pequeña intervención del mismísimo Christopher Lee.

Por supuesto, los más puristas siempre dirán que de ninguna de las maneras se podrán volver a hacer películas como las que la “casa del terror” produjo durante los 50 y los 60, pero al menos esto os puedo asegurar: su último estreno este mismo año, La mujer de negro (The Woman in Black, dirigida por James Watkins) logró emocionarme y mantenerme atento a la pantalla durante todo su metraje. Hasta consiguió pegarme algún susto que otro, y eso que, aunque me gusta mucho el cine de terror, el de los últimos tiempos me suele resulta más decepcionante que otra cosa.

Mansiones, fantasmas, maldiciones... todos los elementos
 habitualesde las historias de terror gótico
En cuanto a la historia –basada en la novela homónima de Susan Hill, que admito desconocía y que ya había sido adaptada a la televisión en 1989– hay que reconocer que reitera en todas las convenciones de la ghost story clásica: ambientación gótica, fantasmas penitentes y vengativos (también hay niños otra vez), maldiciones, viejos caserones vacíos y hasta un abogado que remite claramente a algunos personajes de Bram Stoker (no sólo a Drácula, sino también otros cuentos como La casa del juez). A pesar de eso, o quizá precisamente por ello, la película me gustó. Me encanta esa fotografía en la que parecen imperar el verde, el negro, el gris y los colores parduscos y ese ambiente neblinoso, decrépito y, por fuerza, misterioso, que rodea tanto a la mansión en la que transcurre buena parte de la historia como al pueblo vecino y hasta al mismo Londres.

La película también tiene la particularidad de presentar a su actor protagonista, Daniel Radcliffe, en un papel más adulto en un intento de alejarse del personaje por el que todo el mundo le conoce, claro está, el famoso Harry Potter. No soy seguidor de esa franquicia, y su trabajo en La mujer de negro me parece correcto, pero no especialmente destacable (¿no es curioso que comparta apellido con una de las escritoras clave de la novela gótica, la legendaria Ann?). Le acompañan, entre otros, el últimamente habitual Ciarán Hinds y la siempre correcta Janet McTeer.

jueves, 29 de marzo de 2012

Cartelera Ruthwen: John Carter

Tras perder a su mujer y a su hijo en la Guerra de Secesión Americana, en la que ha luchado en el bando sudista, John Carter se convierte en un vagabundo desarraigado que busca oro en las montañas. En una cueva en la que se esconde de los indios, se topa con un extraño ser y es transportado accidentalmente al planeta Marte, donde se encontrará con varias civilizaciones inteligentes –unas humanas, otras no– que están en conflicto. Aunque no quiere volver a tomar partido por ningún bando, acabará teniendo que hacerlo.

Primera ocasión en que se lleva a la gran pantalla al popular personaje de las novelas pulp de Edgar Rice Burroughs (hay un telefilm de 2009) con un tremendo despliegue de medios que parece que no ha resultado tan provechoso como su productora, la Disney, esperaba. La película de Andrew Stanton protagonizada por Taylor Kitsch no me parece ni mejor ni peor que muchas otras de este estilo: largometrajes de aventuras en los que impera el aspecto visual antes que un argumento especialmente profundo u original o personajes insólitos. Nos encontramos de nuevo con todos los tópicos de las historias épicas de toda la vida: un “elegido” que debe liberar a un pueblo oprimido, una bella princesa (aunque a esta no parece que haga falta rescatarla, ya que se vale ella solita), batallas y duelos, intrigas en las “altas esferas”, malos conspiradores con ansias de dominar la galaxia… Personalmente me lo pasé muy bien viéndola. Me gustan los diseños de las criaturas y vehículos, las ciudades y armas, y disfruté también de la exuberante presencia de Lynn Collins. Quizá me vuelvo menos exigente en el cine contra más mayor me hago y, si logro pasar un par de horas entretenido dentro de él y olvidarme de los problemas cotidianos, me parece bien invertido el dinero de la entrada.

Lynn Collins (Dejah Thoris) y Taylor Kitsch (John Carter)

Hace muchos años que conozco las novelas de John Carter y siempre he querido leerme alguna de ellas (son once). Como seguro que serán o habrán sido reeditadas con motivo de la película, me apunto la adquisición de al menos la primera como tarea pendiente.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El pueblo unido...

“Y cuando la gente descorazonada del mundo se ponga de acuerdo, habrá una respuesta…” (The Beatles, Let It Be)

“El pueblo unido jamás será vencido”. Es una verdad tan grande como que nunca –o rara vez– se ha conseguido que éste se ponga de acuerdo…

Me descorazona totalmente el ambiente que se respira en las horas previas a una huelga general como la que hay convocada para mañana 29 de marzo. Siempre se repiten las mismas excusas y pretextos para justificar la actitud pasiva o incluso contraria de mucha gente ante el evento: que van a perder parte de su sueldo (¿no perderemos mucho más a la larga si permitimos que impongan todas las abusivas medidas que quieren imponer?), que si los sindicatos están vendidos y muestran una ética cuestionable (algo que en buena parte es verdad: pues manifestémonos sin ellos), que no sirve para nada (con esa actitud, aún existiría hasta la esclavitud), que se arriesgan a perder su puesto trabajo (un miedo comprensible precisamente por permitir que nos toreen precisamente como lo estamos permitiendo)… Sea cual sea el motivo, la amarga conclusión al final es que no hay unidad entre la clase trabajadora. De hecho, ya no parece haber ni conciencia de clase. El “Poder” o  el “Gobierno”, las personas que controlan y dirigen nuestras vidas desde hace tanto, cuenta con la mejor arma posible, que es tener al “enemigo” (ahora que está tan de moda esta palabra) dividido.

Mientras no seamos conscientes de todo esto, mientras no nos plantemos TODOS, seguirán aprovechándose de nosotros, exprimiéndonos y sacándonos el sudor, la sangre y hasta la propia vida. Como ya dije en otro artículo similar, que cada uno elija lo que su consciencia le dicte. Desde mi “cómoda” posición de parado de larga duración, me es muy fácil decidirme, puesto que no tengo trabajo que perder ni sueldo que cobrar. También es cierto, que en ocasiones en que sí los he tenido, he secundado las huelgas. Por mi parte, intentaré hacer lo único posible que puedo hacer en esta ocasión, que es no dar trabajo a los demás, así que mañana no habrán compras, ni café, ni cine, ni muchas otras de las pocas cosas que me puedo permitir normalmente...

Ellos tienen las armas / pero nosotros somos más...(The Doors, Five to One)

lunes, 26 de marzo de 2012

Cartelera Ruthwen: Otra ciudad, otra ley

En 1987, el director estadounidense Jeff Kanew reúne por última vez a los veteranos Kirk Douglas (con quien ya había trabajado en La fuga de Eddie Macon) y Burt Lancaster en Otra ciudad, otra ley (Tough Guys), una comedia nostálgica en la que la mítica pareja interpreta a dos atracadores de la década de los 50 que concluyen una condena de treinta años tras un fallido robo en un tren. Lógicamente, los dos expresidiarios encontrarán un tremendo contraste entre el mundo que conocían y aquel en el que han sido puestos en libertad. Aunque intentan adaptarse como malamente pueden a sus nuevas vidas (Lancaster es enviado a un asilo, y Douglas pasa por varios trabajos deplorables), acabarán echando de menos los viejos tiempos y queriendo volver a las andadas y hacer lo único que saben hacer…

Sin salirse demasiado de los estándares del género cómico de los 80 (me cansa especialmente la banda sonora de la película a base de música tecno) está claro que la mejor baza con la que juega este largometraje  -y su gran atractivo- es el volver a ver juntos a estos dos mitos del cine. Douglas está genial y en perfecta forma física; a Lancaster se le ve más estropeado, aunque igualmente su presencia basta para llenar la pantalla. Junto a ellos, otros veteranos como el divertidísimo e incombustible Eli Walach, Charles Durning, la actriz Alexis Smith, y los más jóvenes Dana Carvey y Darlanne Fluegel.

Lancaster y Douglas, juntos por última vez...

Cartelera Ruthwen: Savior

En 1998, apadrinado por Oliver Stone y con el protagonismo del popular Dennis Quaid como principal baza, el director yugoslavo Predrag Antonijevic estrena Savior, una película sobre el conflicto que asoló su antiguo país durante diez años. Se trata de un melodrama bélico duro y realista, pero también con algún toque de humor y, al final, una historia humanitaria y esperanzadora.

Quaid interpreta a Joshua Rose, un oficial militar estadounidense que pierde a su mujer y a su hijo en un trágico atentado islamista en París. Loco de dolor, entra en la mezquita en la que supone que se esconde el terrorista y asesina a todos los presentes. Para evitar ser condenado, Rose ingresa en la Legión Extranjera Francesa y acaba convirtiéndose en poco menos que un mercenario. Participa en muchos conflictos y acaba endurecido y deshumanizado tanto por éstos como por su drama personal. Luchando para los serbios en Bosnia, recibe la misión de participar en un intercambio de prisioneros y hacerse cargo de Vera (Nataša Ninković), una joven que ha sido violada por sus captores musulmanes y está a punto de dar a luz. A partir de ese momento, el soldado encontrará el camino a la redención al tener que hacerse cargo de la muchacha –a la que su propia familia rechaza– y del bebé, mientras lucha por sobrevivir en un territorio destrozado por la guerra en el que no encontrará apenas amigos.

Quaid, canguro forzoso...

Savior es una película que me encantó desde que la vi en su estreno en cine, y que después la he conseguido tanto en VHS como en DVD. La considero entre las mejores interpretaciones de Dennis Quaid, un actor que me suele gustar, pero que también ha hecho mucho cine comercial insípido. A pesar de algunos momentos verdaderamente crueles, la historia te acaba dejando un buen sabor de boca. También cuenta  en su reparto con la siempre agradable presencia de Nastassja Kinski y con el eficaz Stellan Skarsgård.

domingo, 25 de marzo de 2012

Cartelera Ruthwen: La sombra de nadie

Hasta ahora sólo he repasado películas en el blog valiéndome de algún pretexto como sus aniversarios o algo similar. Inauguro esta nueva sección para poder comentar también, aunque sea brevemente, y sin necesidad de ninguna excusa, títulos que considero pequeñas –o grandes– joyas del cine o que, simplemente, me apetece rememorar y destacar porque me entretuvieron o me parecieron interesantes en algún aspecto…

Un año antes de la –para mí– redundante y sobrevalorada El orfanato (2007), Pablo Malo estrena con menor promoción y –quizá por ello– menos suerte La sombra de nadie, que yo personalmente disfruté mucho más. El argumento también reutiliza la ya tópica fórmula de mezclar las historias de fantasmas con niños (y, a menudo, colegios) que cuenta con un montón de precedentes como la francesa El internado, la britano-germana The Dark, o incluso las españolas Frágiles y El espinazo del diablo, por citar algunas. El principal acierto que tiene para mí la aportación de Malo a este subgénero es la evocadora y nostálgica ambientación en la España de finales de los 60, concretamente en un pequeño pueblecito de los Pirineos.

José Luis Gª Pérez y Philippine Leroy-Beaulieu
José Luis García Pérez interpreta a Marco, un profesor que ha abandonado su trabajo debido a un traumático suceso y que decide aislarse en la recóndita localidad norteña justo en el momento en que se encuentra en sus alrededores el cadáver de una niña de un internado cercano. A través de su relación con la directora del centro, Julia (interpretada por Philippine Leroy-Beaulieu), y con otros personajes del lugar, Marco se verá envuelto en una misteriosa intriga que, por supuesto, implica las apariciones, cementerios y sustos de rigor. Es sin duda “otra vuelta de tuerca” a un cliché que parece casi siempre funcionar, y al que algunos elementos –el dolor y la soledad del protagonista, la belleza y la melancolía de los paisajes, la ubicación en el pasado, etc– le confieren a mi entender un tono personal, diferente e interesante.

lunes, 19 de marzo de 2012

Tres décadas, tres películas (2): 1992

Love Remembered: primer encuentro
Si comentaba en la anterior entrada de esta serie, dedicada a Blade Runner, que en los 80 me encandilaba con casi cualquier película que veía en el cine, y cada año tenía al menos un título o dos que se convertían en esenciales en mi filmoteca, en los 90 me pasó todo lo contrario: lógicamente, conforme fui haciéndome mayor, me volví más selectivo y más difícil de sorprender por argumentos, historias y esquemas reiterativos que ya había aprendido a reconocer, y muy pocos largometrajes consiguieron hechizarme como lo hizo en aquella década Drácula de Bram Stoker, para mí, “Drácula de Francis Ford Coppola”, pues fue este director norteamericano el que nos trajo esta joya del Cine a las pantallas hace ya casi cuatro lustros: un 13 de noviembre de 1992. En España tuvimos que esperar más de dos meses, hasta el siguiente 15 de enero, para poder verla, y ese mismo día estaba yo con varios amigos a las puertas del desaparecido Cine Rex de Valencia, listo para disfrutarla en la primera sesión. Quedé absolutamente embelesado, fascinado y enamorado de la película, y a día de hoy no he perdido nada de la admiración que me produjo en aquel momento. Tan absolutamente seducido me quedé por ella, que a la siguiente semana decidí volver al Rex a verla, y sólo un pequeño percance automovilístico (se fastidió una ventanilla del coche en el que íbamos al cine) nos obligó a demorar el segundo visionado una semana más. Después aún la volvería a ver al menos en dos ocasiones más en los cines de mi pueblo (en el Oma y en el Parque Victoria), además de innumerables veces en formato doméstico (tengo incluso dos versiones diferentes en DVD).

La primera vez que tuve noticias del film fue el verano anterior a su estreno, cuando me informó de él un compañero con el que realizaba un cursillo. Aunque admiraba mucho a Coppola y me gustaban sus películas, no estaba muy seguro de si se podía hacer una nueva versión de Drácula que aportara algo interesante y original. Había crecido viendo los clásicos de la Hammer, los de la Universal y mil y una variantes del mito vampírico, no hablemos ya de su vertiente literaria. Drácula fue precisamente una novela que me marcó en mi juventud y que considero esencial en mi vida, aunque una segunda lectura precisamente con motivo de la película de Coppola me resultó algo más decepcionante (quiero volver a leerla algún día).

Anciano decrépito, criatura monstruosa, caballero  elegante: algunas de las mil caras de Gary Oldman en el film.

Reparto
Winona Ryder: ¿demasiado frágil?
Conforme se acercaba el estreno del film fui haciéndome con algo de información. Apenas conocía a Gary Oldman, pero empecé a interesarme por él y llegué a ver El clan de los irlandeses antes que Drácula y me llamó mucho la atención su desquiciado personaje en esa película. Sí que conocía, por supuesto, a Winona Ryder, que ya me había hecho tilín desde Bitelchús, a Anthony Hopkins y a varios de los actores secundarios de la cinta. A partir de esta adaptación de la obra de Stoker me convertí en un fan del actor protagonista y seguí su carrera con interés durante muchos años. Me encantó como Beethoven en Amor inmortal y como Sid Vicious en Sid y Nancy, así como en sus respectivos papeles en Doble juego, El profesionalAmor a quemarropa o JFK, aunque me decepcionó sin embargo cuando quedó casi encasillado en aburridos estereotipos “de malo” en filmes como Air Force One, Perdidos en el espacio o El quinto elemento a finales de lo 90. Aunque prácticamente sólo lo encontramos como secundario en los últimos años (lo que me parece un desperdicio de su talento) me alegra verle recuperado artísticamente en películas como Bosque de sombras, El topo o la serie Batman.

Winona Ryder, sin embargo, y a pesar de que había seguido su carrera reciente (Gran bola de fuego, Eduardo Manostijeras…) con interés, no me acabó de convencer. Me parecía demasiado frágil y minúscula físicamente para el personaje que representaba. Acabé perdiendo el interés por su trayectoria artística, aunque me gustó su papel el pasado año en Cisne negro. También encuentro un grandísimo contraste entre el inmenso trabajo de Oldman en Drácula con el de la mayoría de secundarios: las escenas que le enfrentan al rígido Keanu Reeves dejan a este último a la altura del betún; Anthony Hopkins para mí arruina el personaje de Van Helsing (y es que uno es muy fan de Peter Cushing), y toda esa caterva de personajillos de fondo (Cary Elwes como Lord Godalming, Bill Campbell como Morris, etc) me parecen un poco “de bulto” en la película. Solamente los personajes de Richard E. Grant (Dr. Seward), Sadie Frost (Lucy) y Tom Waits (Renfield) me parecen destacables entre todo el reparto principal.

¿Una versión fiel?
Impresionante Oldman y limitadísimo Reeves en las fascinantes secuencias del castillo
Presumían Coppola y el guionista de la película, James V. Hart, de haber dado forma a la versión más fiel a la novela de Stoker que se había llevado a la pantalla hasta aquel momento, y esto no es para nada cierto. Para empezar, la película relaciona claramente el Drácula literario con su original histórico, Vlad Tepes, abriéndose con varias escenas –por lo demás, maravillosas– que nos lo muestran como paladín de la Cristiandad enfrentándose a los turcos, y renegando posteriormente de Dios al morir su amada. Durante el resto del film, ese Drácula intrigante, malévolo y demoníaco que nos describe Stoker, y que, de hecho, está casi ausente en toda la novela, se nos muestra por el contrario como un alma en pena que carga con una terrible maldición. Vemos al “monstruo” llorar al recordar la pérdida de su esposa siglos atrás e incluso ser tierno y compasivo con ella al reencontrársela reencarnada en la maestra Mina Harker (otra licencia de Hart, aunque es una lectura que siempre se puede extraer de la novela). En resumen: el film está dulcificado con una preciosa historia de amor que, por supuesto, lo transforma de una simple película de terror a un melodrama gótico difícil de encasillar en un solo género concreto. El Drácula de Coppola es un ser con muchos matices en el que se alternan bondad y maldad, sufrimiento, castigo y redención, odio y amor. Como siempre he dicho, para mí Gary Oldman compuso en la película revisada el Drácula más completo y complejo, a años luz de las limitadas interpretaciones de Christopher Lee y de Bela Lugosi –y que conste que tengo mucho cariño a estos dos entrañables actores, a los que conozco de mucho antes que a Oldman–.

Más genios
Sadie Frost como Lucy: de lo poco destacable en
un reparto de anodinos secundarios
Además de un gran director, un gran actor y un espléndido guión, Drácula tiene para mí toda una serie de aciertos y de soberbios artistas trabajando en ella: el primero es Roman Coppola, hijo de Francis y encargado de los efectos especiales del film. De acuerdo con su padre, Roman se decidió por sencillos efectos tradicionales para el film, prescindiendo de ordenadores. Como resultado de ello tenemos secuencias tan simples como fascinantes como aquella en la que vemos que la sombra de Drácula tiene vida propia, los fundidos entre planos  a través de diversos elementos o el fantasmal movimiento de personajes y vehículos valiéndose de metraje rodado al revés y reproducido en sentido contrario/normal. Mención destacada merecen también la diseñadora del magnífico vestuario Eiko Ishioka y el maquillaje de Greg Cannon, Michèle Burke y Matthew  M. Mungle, quienes transforman a Gary Oldman en un Drácula anciano y en criaturas con forma de murciélago y lobo humanos. Toda este cuidadísimo aspecto visual, la estupenda dirección artística de Thomas E. Sanders y Garrett Lewis junto al acierto de rodar la película íntegramente en decorados (lo que para mí contribuye a reforzar ese aspecto onírico y fantástico que tiene) hacen de Drácula una maravilla visual, un regalo para el ojo con todos esos colores, sombras, fundidos y piruetas ópticas varias.

Mención aparte merece para mí la magnifica partitura del compositor polaco Wojciech Kilar, habitual colaborador de Polanski al que descubrí con este largometraje y que me reveló una nueva forma de acompañar musicalmente los fotogramas de la pantalla que contrastaba enormemente con la de los habituales John Williams, Jerry Goldsmith o Maurice Jarre con los que había crecido. Me parece imposible haber encontrado a un músico cuya obra, siniestra, ominosa, oscura, pero a la vez sensual, evocadora y melancólica, pudiera encajar mejor en el film de Coppola. No he seguido exhaustivamente su posterior carrera, pero sí que tengo algunas de sus partituras, como las de La novena puerta o La muerte y la doncella, que también me gustan mucho.

Conclusión
La recóndita Transilvania, donde encontraremos “... muchas cosas extrañas 
No sé qué más decir de esta película aparte de repe-tirme: maravillosa, mara-villosa y maravillosa. Al contrario de lo que yo esperaba, Coppola supo reinventar el mito del conde vampiro siendo a la vez respetuoso con muchas de las anteriores versiones fílmicas (se pueden encontrar guiños a casi todas las más clásicas a lo largo de todo el metraje). Siempre estaré prendado de esta película y me encanta revisitarla de vez en cuando, aunque en un televisor no proporcione todo el potencial imaginativo y de ensueño que tiene. Me fascina toda la secuencia del castillo, cuando Jonathan Harker llega y descubre que las leyes de la física no existen en él (las gotas que “caen” hacia arriba, la ya mencionada sombra de Drácula, puertas que se abren solas…), los diálogos entre él y el Conde, cuando rememora tiempos pasados, la seducción de las novias, así como el inicio del film y la lucha contra los turcos mostrada con sombras que resaltan contra un sangriento crepúsculo entre otros muchos momentos. ¿Qué más?: también me gusta mucho que se destaque algo que la gente parece haber olvidado, quizá precisamente por culpa del cine: que el vampiro clásico, el de la literatura gótica/romántica, no se desintegra por la luz del día e incluso actúa normalmente bajo el sol (véanse si no, además de la novela de Stoker, las obras de Polidori, Le Fanu o Gautier, entre otras).

Las irresistibles Novias, con una aún desconocida Monica Belluci
Aunque no soy de los que se pasan las películas buscando errores, en este Drácula sí que me llamaron la atención algunos divertidos fallos de raccord muy evidentes desde el primer visionado, como cuando Morris se sienta con su sombrero en la mano, y después se levanta y lo había chafado, o cuando Van Helsing está curando a una Lucy postrada en cama y, en plano y contraplano de ambos personajes, vemos a la chica con un pecho descubierto y tapado alternativamente varia veces. Son anécdotas que siempre recuerdo de la cinta, aunque insisto en que no le doy especial importancia a estos detalles ni me paso toda la proyección de un largometraje rastreándolos.

Para finalizar, por afán de completismo, y para aquellos que gusten de seguir los premios obtenidos por las películas, decir que este Drácula de Bram Stoker recibió los correspondientes Oscars al vestuario, el maquillaje y los efectos de sonido, además de estar nominada también a la dirección artística, aunque el mejor premio que pudieron ganar Coppola y su equipo por esta obra maestra fue quizá la legión de admiradores que sigue teniendo después de dos décadas y las muchas personas que quedamos marcadas para siempre por ella.

Yo soy… nada… sin vida, sin alma, odiado y temido. Estoy muerto para todo el mundo... yo soy el monstruo al que los hombres vivos matarían. Yo soy… Drácula.

jueves, 15 de marzo de 2012

Tres décadas, tres películas (1): 1982

El año pasado redacté la serie de artículos “3 del 2001”, en la que recordaba y homenajeaba un trío de largometrajes de aquel período que me gustó mucho. En el presente 2012 me propongo un ejercicio parecido, pero esta vez revisaré tres películas de las que nos separan tres, dos y una décadas, respectivamente. Comenzaré por la más antigua de ellas, todo un hito del cine de ciencia ficción como es Blade Runner de Ridley Scott, que llegaba a las pantallas un ya lejano 25 de junio de 1982…

Vuelta a los 80
Como ya he contado en alguna ocasión, la de los 80 fue una década en la que estaba enamorándome irremisiblemente del 7º Arte y cuyos primeros años consolidaron mi pasión por él. Acudía al menos una vez por semana a las viejas salas de mi pueblo y me embelesaba hasta de la película más nimia, tan ansiosa estaba mi joven imaginación por viajar a los mundos que me ofrecían aquellas inmensas pantallas y por conocer las historias que me brindaban tantísimos directores. Sobra decir que en aquellos tiempos hubieron no pocos títulos que me marcaron de por vida, y uno de ellos fue el de la cinta que me propongo repasar.

Es muy posible que no viera Blade Runner exactamente el mismo año de su estreno, porque los cines de mi pueblo eran de reestreno y la mayoría de títulos de moda de por entonces tardaban cuanto menos unos meses en llegar. Así pues, calculo que asistí a la proyección del clásico de Scott entre finales del 82 y principios del 83, cuando todavía cursaba EGB (el local fue, una vez más, mi añoradísimo Oma). Sí que recuerdo que la semana anterior o la posterior a esta cinta vi también El acorralado de Ted Kotcheff, que también disfruté bastante por la época (a pesar de mi posterior aversión por Sylvester Stallone) y que una de las dos películas fue precedida en el habitual programa doble de aquellos cines por Duelo en las profundidades de Charlton Heston. Por lo demás, recuerdo poco sobre el estreno de Blade Runner: algún anuncio televisivo y, por supuesto, el protagonismo de Harrison Ford, actor que ya me había fascinado en las dos primeras entregas de La guerra de las galaxias, la primera de Indiana Jones y algún que otro film como El rabino y el pistolero. Sobra decir que Ford fue mi actor preferido en los años 80 y que sigo sintiendo por él un gran cariño y nunca he dejado de ver ninguno de sus posteriores trabajos.

Un futurista Los Ángeles totalmente frío, oscuro y superpoblado
El día que fui a ver Blade Runner (creo que un sábado por la tarde, quizá domingo) acudí solo. Mis amigos no estaban interesados en verla, y uno de ellos (JJAL, por si me lees) se echó atrás a última hora porque su hermano mayor le había dicho que “era muy rara”. Es bien cierto que quizá era una película demasiado adulta para chavales de doce o trece años, y posiblemente no entendiera muchas de las implicaciones y lecturas que podía tener el film. Por ejemplo, los malos me parecían malos sin más –cuando quizá una de las claves de la película es entender la tragedia que viven los replicantes, al fin y al cabo, tan humanos como nosotros– y hasta me escandalizó alguna escena de desnudo parcial como cuando la actriz Joanna Cassidy (Zhora) aparece en topless en su camerino (téngase en cuenta la época todavía retrógrada en la que había transcurrido mi infancia). Aún con todo, la película me gustó mucho. Me fascinaba esa ambientación en un futuro sombrío y desasosegante, en una ciudad superpoblada, contaminada y sin sol que combinaba vehículos voladores con viejos edificios y un cierto aire a  cine negro de los años 40. Especialmente impactante, sobrecogedora y hasta terrorífica me pareció la parte final, cuando el protagonista Rick Deckard se enfrenta a Pris (Daryl Hannah) y Batty (Rutger Hauer) en la húmeda y siniestra finca medio abandonada. Uno casi puede sentir el miedo del policía al enfrentarse a los Nexus-6, criaturas temibles y formidables que superan al humano normal en fuerza y agilidad. También me impresionaron mucho los demás crímenes que comete Batty al eliminar a toda esa serie de personajes que intervienen en la fabricación de los replicantes.

Revisitaciones y merchandise
Supongo que con el tiempo y nuevos visionados, y naturalmente con una mayor madurez, fui cerciorándome de otros aspectos de la película. Conseguí volverla a ver en cine (también en el Oma) una segunda vez cuando iba al instituto, y después ya llegaron nuevos encuentros en televisión (fue proyectada por primera vez a finales de lo 80 en TVE) y vídeo. También leí la novela original en que se basó el film, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrita por el norteamericano Philip K. Dick en 1968, aunque la verdad es que su lectura me desorientó bastante por sus notables diferencias con el film. Hace más de veinte años de esto, pero recuerdo cosas como la “caja de empatía” y la obsesión del protagonista por tener una oveja eléctrica (los animales reales están casi extinguidos en la historia del libro). Nunca he leído nada más de Dick porque no soy demasiado aficionado a la ciencia ficción literaria, pero sí que he visto muchos filmes basados en sus cuentos y películas y en general me gusta esa idea constante en su obra sobre la incertidumbre de la realidad que viven sus protagonistas (y que los hermanos Wachowski  recuperaron para su saga de The Matrix). Fue una pena que el escritor falleciera sin poder ver la adaptación de su novela terminada.

Momentos de miedo en las secuencias finales...
Otros de los productos relacionados con el film que recuerdo de los 80 fueron la banda sonora, el póster y el oportuno juego para Spectrum. El último me lo grabé algunos años después de ver la película, y el póster estuvo colgado en mi habitación mucho tiempo. En cuanto a la cassette, he de contar que en aquella época no tenía una especial afición por la música ni una clara predilección por ningún estilo, y solía comprar las cintas de BSOs de películas que me gustaban. Aunque Vangelis y sus composiciones no son hoy en día especialmente de mi interés, volver a escuchar su score para Blade Runner me trae buenos recuerdos y me remite a aquellos lejanos 80. Muy bonitas, emotivas y evocadoras Memories of Green, Love Theme, Main Title y esa canción con obvias reminiscencias a las big bands de los años 30 titulada One More Kiss, Dear. Algo más cargante el End Title, duplicado en la cinta, y que durante mucho tiempo fue la sintonía del programa televisivo nacional En portada. Demasiada electrónica para mí.

Por cierto que, muchos años más tarde, me enteré de que la banda sonora original de Blade Runner no salió a la venta hasta 1994, y que la que tenía yo (que después compré también en vinilo) había sido grabada por The New American Orchestra.

Estreno y nuevas versiones
Tras un complicadísimo rodaje lleno de incidencias (problemas entre el director y el resto del equipo, incluyendo al propio Harrison Ford, retraso en las fechas, etc), Blade Runner se estrenó para resultar un fracaso de taquilla. ¿Adelantada a su época? Quizá. Fueron los años y las reediciones en VHS las que pusieron el film en su lugar, como el clásico del cine de ciencia ficción que es hoy en día. En 1992, a raíz de su décimo aniversario, Ridley Scott estrenó un nuevo montaje en las salas de proyección eliminando las partes que para él sobraban en el film y que le habían sido impuestas por los productores: la voz en off del protagonista, Rick Deckard, y el “final feliz” de éste y la replicante Rachel conduciendo por una carretera junto a una frondosa arboleda y bajo un precioso sol (escenas rescatadas de metraje sobrante de El resplandor) que contrastaban enormemente con el tono del resto del film, oscuro y deprimente. Así mismo, incluyó una escena (también recuperada de su propio film Legend) en la que vemos un blanco unicornio recorrer un bosque, y que se supone que tiene relación con la figurita de papel de este mítico equino que posteriormente deja el detective Gaff. Precisamente una de las grandes controversias entre los fans y estudiosos del film es si el propio Rick Deckard es un replicante, y este nuevo montaje parece apostar por ello.

¿Verdugo o víctima?: la angustia vital de los Nexus-6
No puede ver en su momento la edición del décimo aniversario, y he decidido no verla posteriormente porque con Ridley Scott me ocurre algo parecido a lo que me pasa con George Lucas: me cansa su desvergüenza comercial a la hora de editar, reeditar y recomponer sus películas. Así, en 2007, aprovechando el 25 aniversario de Blade Runner, Scott lanza directamente en DVD una nueva versión del film con efectos remozados y otras florituras a todas luces innecesarias. Aunque tengo todas estas variantes porque conseguí la caja de 5 discos por un precio irrisorio, creo que no tengo interés en ver las nuevas fechorías del director, y me quedo con la versión original, que es de la que me enamoré hace tantísimos años.

Ya en pleno siglo XXI, a tan sólo siete años de que alcancemos ese 2019 en el que transcurre el film, parece que la Humanidad no va a lograr en modo alguno ese tremendo avance tecnológico que Blade Runner nos adelantaba tres décadas atrás. En parte, también me alegro de que no lleguemos ese futuro tan triste y desolador del film… Aunque, vaya, creo que no me importaría que inventaran esos “modelos básicos de placer” como el que interpretaba Daryl Hannah en la película…

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais… Atacar naves en llamas más allá de Orión… He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser … Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia…”

lunes, 12 de marzo de 2012

Anónimos populares: Carice van Houten

La holandesa Carice van Houten (Leiderdorp, 5-9-1976) apareció en el panorama cinematográfico internacional hace seis años con El libro negro, dirigida por su compatriota Paul Verhoeven, pero para entonces ya llevaba una década trabajando en el cine, la televisión, el teatro y los musicales de su país. Sin abandonar profesionalmente su patria, ha seguido realizando algunas incursiones en el cine de otras nacionalidades: reincidió en la II Guerra Mundial con Valkiria (2008) como esposa de Claus von Stauffenberg/ Tom Cruise, intervino en el remake de Repo Men (2010), e incluso en la española Intruders el pasado 2011. Los seguidores de la serie Juego de tronos estamos deseando verla el próximo mes como la hechicera Melissandre... Resulta curioso que hace dos años interpretara a una bruja en la interesante producción británica Black Death, y que compartiera en ella cartel con Sean Bean, que encarnaba al noble Eddard Stark en la primera temporada de dicha serie. 

domingo, 11 de marzo de 2012

Anónimos populares: Ciarán Hinds

Últimamente más popular que anónimo, al norirlandés Ciarán Hinds le he visto ya cuatro veces en el cine en lo que va de año (El topo, La mujer de negro, Ghost Rider: Espíritu de venganza y John Carter) y una en DVD (La deuda). Es un actor que no me llamó la atención hasta su papel de Julio César en la serie Roma, pero al que ya había visto en películas como Munich, Círculo de amigos, Mary Reilly, Óscar y Lucinda, la versión televisiva de Jasón y los Argonautas, Camino a la perdición, Veronica Guerin, Lara Croft: la cuna de la vida, El rito y hasta la ya veterana Excalibur, entre otras. Y es que este oriundo de Belfast alto y de peculiar rostro alargado, especializado sobre todo en papeles secundarios, ha interpretado ya casi a ocho decenas de personajes en otras tantas películas y series desde sus inicios profesionales en 1981. A sus casi sesenta años (nació un 9 de febrero de 1953) parece más activo que nunca y con poco interés en jubilarse.

sábado, 10 de marzo de 2012

Moebius (Jean Giraud)

Moebius, Vallejo, Frazetta, Corben, Lawrence, Maroto, Giménez, Bilial, Azpiri, Royo, Manara… todos esos y muchos otros nombres me remiten invariablemente a mi adolescencia en los años 80, en la que fui un ávido lector de cómics, no sólo de aquellos que publicaban los trabajos de estos autores (Totem, Métal Hurlant, Heavy Metal, Cimoc, 1984/Zona 84, Dossier Negro, S.O.S., Rufus, Creepy…), sino también de humor, de superhéroes (con Marvel y DC a la cabeza, por supuesto) y de otros más tradicionales (Astérix, Lucky Luke, Tintín…). Con el tiempo fui perdiendo interés por este arte ilustrado y dejé de comprar tebeos y libros de historietas salvo en contadas excepciones, pero es una parte de mi vida que fue importante y de la que guardo buen recuerdo.

Hoy me entero a través de las noticias del fallecimiento, a los 73 años, del primer autor citado, de nombre real Jean Giraud, y también conocido como Gir durante su etapa inicial. Nacido en Nogent-sur-Marne, Val-de-Marne, 8 de mayo de 1938, había dedicado más de cincuenta años de su vida a la ilustración profesional y, aunque destacó sobre todo en el campo de la ciencia ficción, sus comienzos fueron con su serie ambientada en el Viejo Oeste americano El teniente Blueberry (llevada al cine en 2004). Después llegaron Arzach, El garaje hermético, El incal, y tantas otras creaciones. Fue también guionista, co-creador de la ya mencionada revista Métal Hurlant y colaboró en el diseño de películas como Alien, Tron, Willow, Abyss e, indirectamente, hasta de Blade Runner y El imperio contraataca. En fin, me parecía obligado recordarle en estas virtuales páginas a raíz de su desaparición hoy 10 de marzo de 2012.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Rachel Weisz: cumpleaños

Me da un poco de miedo decirlo en estos tiempos que corren en que palabras como “machismo”, “feminismo” y “sexismo” se utilizan con total gratuidad y desconocimiento o por simples intereses políticos, pero me siento atraído por la belleza femenina. Que alguien me corrija si estoy equivocado, pero siempre he pensado que es algo natural. Y cuando una mujer no sólo es hermosa físicamente sino que refuerza esa cualidad con inteligencia, talento, sensibilidad y buen gusto, se me hace ya absolutamente irresistible, y todos estos y muchos más son las rasgos que creo encontrar en la inglesa Rachel Weisz, cuyo cuadragésimo segundo cumpleaños me ha dado la excusa para traerla a las páginas de este blog. Otra cosa es ya que me haya dejado engañar por artificios estéticos o por excelentes campañas de imagen en torno a la figura de la actriz. Si es así, es pues por ingenuidad, pero me cuesta creer que alguien que tiene una filmografía como la suya no reúna todos los méritos que he listado. Con más de cuatro décadas cumplidas, me sigue pareciendo una dama maravillosa con una de las miradas más bonitas y uno de los rostros más sensuales del cine internacional.

Y es curioso, se debe notar que tengo cierta debilidad por ella, porque repasando su historial interpretativo me doy cuenta de que he visto bastantes de sus trabajos para la gran pantalla: desde Belleza robada, donde la descubrí en 1996 en un papel secundario, hasta Detrás de las paredes, mi último encuentro cinematográfico con ella. Y entre ambas, I Want You  (1998), las dos primeras entregas de La Momia (1999 y 2001, saga en la que ella es prácticamente lo único destacable, si no tenemos en cuenta los paisajes), Sunshine (1999), Criaturas hermosas  (2000), Enemigo a las puertas (2001), El jurado (2003), Constantine (2005), El jardinero fiel (2005), La fuente de la vida (2006, para mí uno de sus mejores papeles), Eragon (2006, es la voz de la dragona en la versión original), My Blueberry Nights (2007), Ágora (2009) y The Lovely Bones (2009). Aún me quedan por ver, sin embargo, algunas de sus películas de los dos últimos años como The Whistleblower, 360 o The Deep Blue Sea y casi toda su actividad televisiva. Un listado de interpretaciones casi intachable que demuestra el interés de esta londinense por ponerse en la piel de –con escasas excepciones– personajes profundos e interesantes y películas más complejas y atípicas y de no dejarse llevar por el oro de Hollywood, al que no parece tenerle especial aprecio. Casi que mejor…

¿Remake o no remake? (I)

En los últimos años se acusa mucho al cine –sobre todo al de Hollywood– de falta de imaginación a la hora de crear nuevas historias, de recurrir mucho a la opción del remake de viejos –o no tan viejos– filmes, pero lo cierto es que esta técnica no es nada nuevo: películas legendarias como el Ben-Hur de William Wyler o My Fair Lady de George Cukor ya eran remakes de otras anteriores, y ello no impidió que acumularan un buen montón de premios y que gocen de gran fama y prestigio. Incluso han llegado a eclipsar a las primeras.

Se dice que todo está ya creado y que la única originalidad que se puede tener es cómo volver a presentarlo (y a venderlo) a nuevas generaciones; es por ello que no soy contrario a los remakes por norma: considero que se pueden hacer buenas y respetuosas versiones de películas de antaño y que esto puede ayudar incluso a descubrir las originales a nuevas generaciones; también es cierto que creo que hay películas “intocables”, clásicos sagrados que no pueden de ninguna manera ser mejorados ni alcanzados, y que cualquier director actual que se proponga volver a confeccionarlos está abocado al fracaso e incluso al mayor de los ridículos. Y esto también: me parece una desfachatez por parte de la industria estadounidense el ofrecer esos “remakes inmediatos” contra los que ya arremetí en un artículo previo (aquí), y que no muestran más que la prepotencia y el egocentrismo del cine de aquel país.

Dicho todo esto, lo que me propongo con el presente artículo (y con posibles futuras continuaciones) es un sencillo ejercicio de redacción en el que compararé algunos filmes clásicos y sus respectivos remakes, a los que clasificaré en tres categorías distintas:
-(***) Bueno: el remake me parece muy digno e incluso innovador en ocasiones. Mantiene la esencia del largometraje original o la reinventa con acierto.
-(**) Aceptable: el remake se deja ver. No está a la altura de su predecesor, pero tampoco es indigno.
-(*) Innecesario: este remake no ha llegado ni de lejos a la calidad y el nivel del film que lo originó. Su presupuesto se podía haber empleado en otra cosa más interesante.

Para esta primera entrega he elegido unos pocos títulos más obvios que me han venido fácilmente a la cabeza. En general, he elegido remakes más o menos recientes de películas de hace varias décadas, ya que creo que esa perspectiva temporal es más ideal para comparar.

La casa encantada/La mansión encantada (The Haunting, Robert Wise, 1963)
Una de mis grandes películas favoritas de cine de terror. Como ya dije en el artículo que le dediqué (aquí), la considero toda una lección de cómo se debe hacer cine de este género, sugiriendo más que mostrando y con magistrales planos y enfoques antes que con efectos especiales y maquillaje. Adaptación de la novela homónima de Shirley Jackson, nos cuenta la historia de un grupo de investigadores que se interna en una lóbrega mansión con fama de encantada para descubrir cuánto hay de cierto en su leyenda. Quizá los fantasmas que encuentren sean los suyos propios…
The Haunting (La guarida, Jan de Bont, 1999)
Ni siquiera el buen plantel artístico de esta cinta salva la tremenda metedura de pata del director de Bont. Ridículos espectros digitales y un abuso de los efectos infográficos causan más risa que miedo en la nueva versión de la novela. Los tiempos cambian, de acuerdo, pero creo que con actualizaciones como esta no se llega a ninguna parte. (*)

El terror de más allá del espacio (It, the Terror From Beyond Space,  Edward L. Cahn, 1958)
Una de las muchas cintas de ciencia ficción de serie B rodada en los dorados cincuenta. Entretenida y entrañable, nos cuenta la historia de una expedición humana a Marte que regresa con un inesperado polizón a bordo: un terrible y feroz ser alienígena que va exterminando a la tripulación poco a poco hasta que es lanzado al espacio exterior.
Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979)
Aunque algunos han querido ver el origen de este clásico de Scott en títulos como Terror en el espacio de Mario Bava, lo cierto es que el film de Cahn es el antecedente más claro del protagonizado por el monstruo de Giger. Aún con todo, Alien y sus continuaciones son toda una institución en el cine fantástico y un capítulo aparte en él. Buen remozado de una idea antigua que además se ha sabido explotar. (***)

Sabrina (Sabrina, Billy Wilder, 1954)
Otra comedia clásica de la Edad de Oro de Hollywood con nombres como Audrey Hepburn, Humphrey Bogart, William Holden o Billy Wilder. Puede que no sea la mejor película de ninguno de ellos, pero a estas alturas en un film consagrado con el añadido extra de ese sabor añejo y entrañable que sólo da el tiempo.
Sabrina (y sus amores) (Sabrina, Sidney Pollack, 1995)
Es lo que tiene el tocar iconos del Cine: la posibilidad de estamparse con todo el equipo. Y eso que Sydney Pollack tiene muchos trabajos destacables, pero en esta ocasión mejor hubiese hecho en desechar la idea de volver a contarnos la historia de esta adorable muchachita de familia humilde que vuelve de París hecha un cisne  y encandila a los ricos hermanos de la familia para la que trabaja su padre. (*)

El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, Christian Nyby, 1951)
Otro hito de la ciencia ficción cincuentera, y la prueba de que “serie B” no es sinónimo de mala calidad. La historia de un grupo de científicos que queda aislado en una instalación del Ártico por la que campa a sus anchas un ser extraterrestre al que han rescatado del hielo.
La Cosa (The Thing, John Carpenter, 1982)
Treinta y un años después John Carpenter rescataba la historia de la película de Nyby, a su vez basada en un relato de John W. Campbell Jr. La modernización en la técnica de los efectos especiales le permitió incluso ser más fiel a la fuente literaria, en la que el alienígena cambia constantemente de forma y adopta incluso la de seres humanos. Muchos la consideran la mejor película de este director especializado en fantástico. (***)
La Cosa (The Thing,  Matthijs van Heijningen Jr., 2011)
Y tan sólo el año pasado, volvíamos a tener un remake… de un remake. En realidad, un curioso remake-precuela que enlazaba directamente con el comienzo del film de Carpenter. No tardaron en saltar los puristas contra la nueva versión, sin recordar que en su día ocurrió lo mismo con la anterior, actualmente un clásico del fantástico, como la película de los 50. Me parece un remake digno que hereda gran parte del sabor de la del 82. (**)

La caída del Imperio Romano (The Fall of te Roman Empire, Anthony Mann, 1964)
Una de las varias super-producciones que Samuel Bronston rodó en España. Pese al grandísimo despliegue de medios, fue un fracaso comercial, aunque hoy en día es una de los grandes hitos del peplum clásico. La historia transcurre en el siglo II. El emperador Marco Aurelio es asesinado. Su sucesor legal es su general Livio, prometido a su vez con Lucila, hija del fallecido, pero este rechaza el trono, que es ocupado por el tiránico Cómodo. Ambos amigos acabarán enfrentándose.
Gladiator (Gladiator; Ridley Scott, 2000)
El director inglés Ridley Scott –a quien nadie parece perdonar que no nos ofrezca nuevos Aliens o Blade Runners– retomaba hace algo más de una década la misma historia que Anthony Mann, sólo que en esta ocasión el general romano era esclavizado y obligado a convertirse en gladiador. Acababa igualmente enfrentándose al despótico Cómodo. Me pareció una película con buenos actores y buenos personajes, fascinantes secuencias de acción y batallas y un cierto regustillo a cine clásico. (***)

Charada (Charade, Stanley Donen, 1963)
Otra película de la que estoy absolutamente enamorado. Un film redondo con un gran director, un gran guión, estupenda música (Mancini), una pareja de actores irrepetible (Cary Grant y Audrey Hepburn) y un magnífico plantel de secundarios (Matthau, Coburn, Kennedy…). Un elegante thriller en clave de humor (negro) que nos narra las peripecias de una joven viuda que se ve envuelta en una intriga criminal.
La verdad sobre Charlie (The Truth About Charlie, Jonathan Demme, 2002)
Después de lo que acabo de decir, comprenderéis que Charada es para mí uno de esos filmes “intocables”, así que, hasta el día de hoy, no he tenido el valor de ver su remake. Puedo aceptar a Thandie Newton como moderna sustituta de Audrey Hepburn, pero soy incapaz de ver al aniñado Mark Wahlberg haciendo el papel de Cary Grant. Me dejó la calificación en blanco, pero estoy seguro de que sería un solo asterisco. (?)

El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968)
Vamos de cumbre en cumbre del cine de ciencia ficción.... Una película que me impactó cuando la vi de muy joven y que sigue siendo una de mis favoritas del género. Adaptación un tanto libre de la novela homónima de Pierre Boulle (nunca entendí que los simios tengan rifles de repetición y vivan en casas de barro) en la que un astronauta llega a un planeta en que las especies dominantes son chimpancés, gorilas y oranguntanes. Tras no pocos sufrimientos, el protagonista escapa de sus captores homínidos para darse cuenta de que lo único que ha hecho es viajar al futuro de su propio planeta, la Tierra.
El planeta de los simios (Planet of the Apes, Tim Burton, 2001)
Cabría esperar que todo un paladín del fantástico moderno como es Tim Burton fuera más imaginativo a la hora de elegir historias que contar con la cámara, pero en los últimos años parece que sólo sabe “tirar” de remakes: Sleepy Hollow, Sweeney Todd, Charlie y la fábrica de chocolate, Dark Shadows... incluso su propio Frankenweenie). Once años atrás se atrevió a revisar el clásico film de Schaffner con resultados cuestionables y duras críticas. Personalmente, creo que el remake no es totalmente desechable y tiene detalles interesantes e innovadores, así como simpáticos guiños a su predecesor (genial la inclusión de la pareja de actores original en pequeños papeles). Desgraciadamente –vuelvo a cebarme con él– la presencia física y el talento interpretativo de Mark Wahlberg distan mucho de estar a la altura de los de Charlton Heston. (**)

Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951)
Para cerrar la selección de hoy, otro clásico dorado del fantástico. La historia de un extraterrestre que viene a avisar a los dirigentes de la Tierra de que dejen de jugar con la energía atómica o nuestro planeta será exterminado antes  de que nosotros pongamos en peligro el universo. ¡Klaatu Barada Nikto!
Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Scott Derrickson, 2008)
No lo podían dejar quieto. Se empeñaron en volver a rodar una nueva versión (también amenazan con hacerlo con Planeta prohibido) y, perdón por la vulgaridad, pero la cagaron. Otro montón de dinero desperdiciado en un film inútil cuyo protagonista –el inexpresivo Keanu Reeves– bien podía haber heredado el papel del robot Gort. Ni la guapísima Jennifer Connelly consigue salvar esta cinta en la que, además, no hay ningún ultimátum (aquí vienen directamente a destruirnos). (*)

jueves, 1 de marzo de 2012

Bajas musicales

Ayer fallecía de un infarto, a los 66 años, Davy Jones, cantante de The Monkees, banda que se formó –de una manera un tanto artificial, todo hay que decirlo– como respuesta estadounidense a The Beatles en el año 1965, y que hasta 1970 disfrutó de algunos éxitos pop como I´m a Believer, Last train to Clarkville o Daydream Believer, entre otros. Sus componentes se reencontraron musicalmente en varias ocasiones en las últimas décadas, aunque sobra decir que nunca volvieron a gozar de la enorme popularidad –reforzada por un programa televisivo– que tuvieron en su primera época. No es un grupo del que haya sido seguidor, pero me parece justo mencionar el suceso en el blog, porque al fin y al cabo tiene su pequeño capítulo en la historia de la música del siglo XX.

También me chivan el reciente deceso el pasado 22 de febrero de Billy Strange, cantante norteamericano muy activo en los 60 y menos conocido que Jones, pero quizá incluso más trascendental en la música de su país y de su tiempo: no en vano compuso temas para artistas de la talla de Chubby Checker (Limbo Rock) o del mismísimo Elvis Presley (la hoy en día tan conocida A Little Less Conversation, por ejemplo). Guitarrista y arreglista de gran talento, participó también en las grabaciones y orquestaciones de otros nombres dorados como los Beach Boys, Dean Martin, Nancy Sinatra, Wanda Jackson, Duane Eddy o Nat King Cole. No es poco. Billy contaba 81 años.