"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

lunes, 25 de abril de 2011

Más palos para el Cine

Audrey Tautou va a volver a dar pie a esta nueva entrada, aunque sea de una manera indirecta: ayer me decidí a ir a Valencia a ver su última película, Una dulce mentira. No me aventuro a menudo en la capital para asistir al cine, especialmente si tengo la opción de verlo en mi pueblo, y principalmente por razones económicas (es más caro allí y además hay que añadir el coste extra del viaje), pero también por simple comodidad: ¿para qué desplazarme 30 km si tengo un cine a un paseo de mi casa? Sin embargo, para la última película de la actriz francesa decidí hacerlo, porque me parece un título bastante alejado del circuito comercial que es posible que no llegue a mi pueblo y no quería arriesgarme a quedarme sin verla.

Me lo pasé bien con esta sencilla comedia, pero me volví a casa con un tremendo disgusto: al salir de la proyección, que fue en los UGC Ciné Cité, observé allí un cartel que anunciaba su cierre el próximo viernes 29 de abril. Es otro golpe mortal más al Cine de nuestra provincia, que hace ahora casi un año perdió también a sus emblemáticos Albatros. El complejo multi-salas (16 en concreto) abrió sus puertas en 2004 y pertenecía al grupo UGC –obviamente– que posee más de 500 salas en toda Europa, 6 de ellas en España que pasarán a ser 5 en unos días. Es cierto que todos estos complejos cinematográficos siempre me han parecido un poco monstruosos y deshumanizados, bastante alejados de los cine clásicos y más familiares con los que he crecido, pero su cierre me duele igualmente porque se trata al fin y al cabo de otro cine (o de varios dentro de un mismo edificio) que mueren. No frecuenté muchas veces a los UGC por las razones que he expuesto en el párrafo anterior. Recuerdo haber visto en ellos, en este orden, La novia cadáver, Across the Universe, New, York I Love You y, ayer, Una dulce mentira, que se convertirá en el último largometraje que disfrutaré en ellos. Su programación era interesante porque, además de películas más exitosas, proyectaban también otras más modestas y desconocidas e incluso muchas en V.O. Su ubicación era también muy cómoda para la gente que veníamos de fuera y no deseábamos adentrarnos en la maraña que supone el centro de Valencia ciudad.

Me gustaría acabar esta despedida de otra sala más que cierra con una petición que seguramente va a caer en saco roto: por favor, no os descarguéis de internet estrenos que todavía estén en la pantalla grande. Total, en 3 meses las vais a tener en formato doméstico... Permitidnos a las personas que amamos el Cine disfrutar unos pocos años más de nuestra pasión, porque a este paso, de aquí dos días no tendremos a donde ir a ver películas como es debido. Gracias por vuestra comprensión.

domingo, 24 de abril de 2011

3 del 2001 (2)

El segundo título de esta “trilogía del 2001” que comencé en enero con Enemigo a las puertas (véase), y que recopila una selección de largometrajes con destacable calado en mi historial cinéfilo estrenados ese año, contrasta bastante con su antecesor: de las desoladas ruinas de Stalingrado y de los sacrificados soldados que combatieron en ambos bandos en aquel trágico conflicto, del terrible melodrama de una de las batallas más crueles de la Historia, nos trasladamos al París de los años 90, a un ambiente mucho más cálido y agradable que el de la ciudad rusa durante la II Guerra Mundial, y concretamente a un pequeño café en pleno centro de Montmartre y a un original vecindario, ambos poblados por toda una serie de personajes de lo más variopinto, a cada cual más entrañable y pintoresco. Una de las camareras del primer local es una jovencita de corta melena morena y de cautivadores ojos aún más oscuros que responde al nombre de Amélie Poulain, y que da título a esta segunda película de cuyo estreno se conmemoran en breve los 10 años (a España llegó un 19 de octubre): Amelie. La dirigió, por supuesto, Jean-Pierre Jeunet, y nos legó a los espectadores uno de los mayores regalos del cine francés moderno: la encantadora actriz Audrey Tautou.

Mi primer recuerdo de este film que es ya casi un pequeño clásico es ver el póster en una revista de cine: desde él sonreía discretamente una chica de grandísimos ojos negros la cual, según aquel cartel, iba a cambiar mi vida. Quizá no lo hiciera, pero sí que, al menos, la alegró un poco. La película sigue trayendo una sonrisa a mis labios cada vez que la revisiono, y os aseguro que no es fácil hacerme sonreír.

Como casi todo el mundo por aquel entonces, jamás había oído hablar antes de Audrey Tautou. Si conocía, sin embargo, a Jean-Pierre Jeunet, y había visto todos sus anteriores largometrajes: Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos me habían parecido muy curiosas y originales, y Alien resurrección me había gustado, así que ya podía prácticamente aventurar antes de ver Amelie ni de saber apenas de qué trataba que la película me iba a resultar cuanto menos interesante. Aquella simpática muchachita del cartel también prometía algo especial y fue, desde luego, un innegable reclamo a la hora de acudir al cine a ver el film...

Amelie, cuyo titulo original es Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, nos traslada, como he adelantado, a la capital francesa de finales del siglo pasado, concretamente a 1997, poco tiempo después del triste accidente que acabó con la vida de Lady Di. Tras un divertido prólogo de 15 minutos en el que una voz en off nos resume el nacimiento y los primeros años de vida de la protagonista, llegamos al presente (en el film, claro). Amelie es una joven de 23 años que ha crecido aislada de los otros niños debido a las excentricidades de sus padres, lo que le ha hecho convertirse en una chica solitaria e introvertida. Trabaja como camarera en el Café des Deux Moulins –una localización real que goza de gran éxito desde el estreno del film que la hizo popular–. El argumento de la película es bien sencillo de resumir, pero se dice siempre que lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta, y en el caso de Amelie, la historia está contada con gran originalidad y simpatía y una cuidadísima estética y personalidad que hacen único el film pese a una historia que podría considerarse “nimia” o repetitiva: Amelie descubre por casualidad una vieja caja de juguetes en su apartamento, y se interesa por devolvérsela al dueño original. A partir de ese momento, decide que su misión en la vida va  a ser ayudar a los demás, e inventa las más disparatas argucias con este fin: sus vecinos y sus compañeras serán el objeto de su recién descubierto altruismo. En su trayecto para conseguir todas estas empresas se topará con un joven llamado Nino (Mathieu Kassovitz), como ella, peculiar y solitario, y del que, naturalmente, Amelie se quedará prendada. Reservada y vergonzosa, la chica no se atreverá a revelar al muchacho su amor de una manera directa, por lo que en buena parte del final de la película la encontraremos ideando peculiares estratagemas para poder conocer a Nino.

El entrañable Dominique Pinon
Vista así, como ya he adelantado, Amelie no parece una película especialmente destacable, pero es todo ese imaginario tan particular del director, los divertidísimos personajes que pueblan el film, su estudiadísima dirección artística, con esa estética un tanto fantástica, casi de cómic, yo diría que de ensueño, dominada en todo momento por un aire retro en el que imperan los colores rojo y verde, los hilarantes gags visuales de estilo cartoon, lo que hacen que esta película sea la joya que ha sido desde el momento de su estreno. Así, nos encontramos con el huraño Dufayel, “el hombre de cristal”, que habita en la misma finca que la protagonista y que no sale de casa porque padece osteogénesis, enfermedad que hace que sus huesos sean tremendamente frágiles, y que pinta año tras año una copia de El almuerzo de los remeros de Renoir (sobre la que él y Amelie establecen una divertida comparación con la realidad y con la chica misma), el molesto tendero Collignon y su despistado ayudante Lucien, la señora Wallace, sufrida portera del edificio o, ya en el Deux Molins, con la hipocondríaca Georgette, compañera de Amelie, el escritor fracasado Hipólito, o el celoso Joseph, entre otros muchos componentes de la exclusivísima fauna que pulula por la cinta.

Mathieu Kassovitz como Nino
Aunque una producción modesta para la que Jeunet se rodeó de buena parte de su equipo artístico y técnico habitual (el guionista y dialoguista Guillaume Laurant, que escribió la película con él, o los actores Rufus, Serge Merlin o el entrañable Dominique Pinon, inevitable en los filmes del director), la película se estrenó con ese deseable y rarísimo éxito conjunto de crítica y público, y recibió numerosas nominaciones y premios a lo largo del mundo: cinco de las primeras en los Oscars hollywoodienses (de los cuales no se llevó finalmente ninguno), otras nueve a los BAFTA británicos (de los que ganó dos) y, cómo no, nada menos que trece a los Cesar franceses, donde triunfó en la edición de 2002 con los galardones a película, director, dirección artística y música. Por cierto, para esta última, Jeunet contó con el personalísimo músico multi-instrumentista Yann Tiersen, quien creó una partitura ideal para un film como Amelie (¿quién puede pensar en París sin el sonido de un acordeón?) a partir tanto de composiciones de sus anteriores álbumes como de temas escritos expresamente para el film.

Vi Amelie dos veces casi seguidas en el cine: acudí primero con un amigo, y algunas semanas después otro amigo me propuso ir a verla sin saber que ya lo había hecho y decidí repetir la gratificante experiencia. Por cierto, una anécdota personal: esa escena del Tour de France en la que un caballo salta una valla y se une al pelotón ciclista que Amelie graba en cinta de vídeo, yo la vi casualmente en directo cuando se estaba emitiendo por TVE. No soy muy aficionado a este deporte, pero en el momento en que ocurrió está curiosa anécdota yo estaba presenciándola por el televisor, por lo que me hizo mucha gracia verla en la película.

Audrey Tautou
¿Encontráis alguna similitud entre esta foto y la del póster?
Jean-Pierre Jeunet había pensado en la intérprete británica Emily Watson para que protagonizará Amelie, pero diversos problemas impidieron que el deseo del director se cumpliera. Se fijó entonces en una jovencita con trenzas que aparecía en el póster de Venus, salón de belleza, y decidió que ella sería la protagonista de su nueva obra. Esta elección lanzaría internacionalmente a Audrey Justine Tautou (9 de agosto de 1976, Beaumont, Puy-de-Dôme, Francia). Prácticamente una desconocida antes de asociarse con Jeunet aunque había trabajado ya en varias películas y telefilmes, Audrey es hoy en día una de las actrices más conocidas del cine de su país, y ha consolidado una inteligente y bien cuidada carrera en la que ha sabido alternar casi todo tipo de papeles: tras interpretar a la dulce Amelie se convirtió en una perturbada en Sólo te tengo a ti (2002), en una inmigrante turca acosada en Negocios ocultos (2002), en prostituta de alto standing en Un engaño de lujo (2006) y hasta se ha atrevido a interpretar a la diseñadora Coco Chanel en Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel (2009). Se aventuró en Hollywood con la adaptación al celuloide de El código Da Vinci (2006), pero en general prefiere la tranquilidad del cine europeo e igual que en un blockbuster como el anterior, trabaja en una película tan sencilla como Juntos nada más (2007). Con Jean-Pierre Jeunet volvió a formar equipo en Largo domingo de noviazgo (2004), un claro y caro intento –que no funcionó– de repetir el éxito de Amelie con un personaje y una historia sospechosamente similares.

Personalmente, Audrey es una de las pocas actrices-fetiche que tengo en la actualidad después de Natalie Portman, e intento siempre ver sus trabajos, si bien he de decir que no he disfrutado ninguno tanto como aquel con el que la conocí.

Jamel Debbouze
Jamel Debbouze (der.) junto a Urbain Cancelier (Collignon)
Otro de los descubrimientos más destacables de Amelie, aparte de la propia Audrey, fue el del divertidísimo Jamel Debbouze, un particularísimo cómico francés de corta estatura y fácilmente reconocible que compensa su minusvalía (su brazo derecho quedó lisiado a raíz de un accidente de tren cuando era joven) con grandes dosis de humor y simpatía. En la película interpreta al ya mencionado Lucien. A Debbouze, cuyos monólogos y shows son habituales en su país natal, lo hemos podido ver también en filmes como Asterix y Obélix: Misión Cleopatra, Asterix en los Juegos Olímpicos o en el inconcebible papel de soldado en Días de gloria. Por cierto, que a pesar de sus aparentes impedimentos, Jamel está hecho todo un donjuán y es habitual verlo rodeado de bellísimas mujeres como su propia esposa, la periodista Mélissa Theuriau (vedlo aquí tonteando con la mismísima Laetitia Casta). ¡Impagable su aparición en el making off que contiene el DVD de Amelie!

(Pincha para ver la 3ª parte)

domingo, 17 de abril de 2011

A la manera de Eddie

El 17 de abril es siempre un día que tengo bien presente, puesto que fue el del fallecimiento de uno de mis grandes, grandísimos ídolos musicales, un cantante y guitarrista que ha sido trascendental en mi vida. Por supuesto, hablo de mi admirado Eddie Cochran, al que el año pasado por estas fechas dediqué tres extensos artículos con motivo del 50 aniversario de su muerte (véanse).

Hoy me gustaría recordarlo con esta canción suya que se titula My Way y que no tiene nada que ver con la que hiciera famosa Frank Sinatra (una adaptación de Paul Anka de la francesa Comme d´habitude de Claude François). El de Eddie fue probablemente el primer My Way de la historia, y lo escribió junto a su mánager Jerry Capehart y posteriormente grabó en enero de 1959, en una sesión de la que también salieron clásicos como Teenage Heaven y I Remember. Como tantos otros temas del rockero, no vería la luz hasta después del fatídico accidente en Inglaterra que nos lo quitó, ya fuera porque reservaba su comercialización para otro momento o quizás porque, siempre tan perfeccionista, no la consideraba lista para su aparición en las tiendas de discos....

miércoles, 13 de abril de 2011

Felicidades a Stanley Donen

Decía hace unos días que aún tiene uno la suerte de poder felicitar sus aniversarios a veteranísimos actores y actrices del Hollywood clásico que aún nos acompañan, pero una tarea bastante más difícil es hacerlo a directores de cine de aquella etapa dorada. La razón parece bien simple: mientras que muchos de los primeros artistas mencionados eran bastante jóvenes en esos años, la mayoría de los segundos eran, obviamente, más mayores, lógica y evidente explicación de por qué casi ninguno de ellos permanece vivo en la actualidad.

Una notable excepción es Stanley Donen  (13 de abril de 1924, Columbia, Carolina del Sur, EE.UU.), que cumple hoy 87 añazos, y que debutó tras la silla de director con tan solo 24 con Un día en Nueva York. Tras el reciente fallecimiento de Blake Edwards el pasado diciembre, y aunque no tengo un listado a mano ni un conocimiento exhaustivo y milimétrico de los directores más destacables del 7º Arte, me atrevería a proponer a este hombre como el más grande de entre ellos que aún sigue entre nosotros. Su filmografía está plagada de algunos de los musicales y comedias más legendarios de la Historia del Cine (Cantando bajo la lluvia, Siete novias para siete hermanos, Una cara con ángel, Indiscreta, Dos en la carretera...) además de thrillers tan estupendos como Charada o Arabesco y hasta extraños flirteos con la ciencia ficción como Saturno 3.

Su último largometraje fue Lío en Río en 1984. Después de este, sólo ha trabajado muy esporádicamente para la televisión y el vídeo. Como tantos otros geniales directores, nunca ha ganado ningún Oscar (aunque sí un montón de premios), aparte de la clásica estatuilla honorífica. Poco importa: ¿qué mejor palmarés que la filmografía prácticamente redonda y sin desperdicio que tiene este hombre?

sábado, 9 de abril de 2011

Sidney Lumet

El fallecimiento de Sidney Lumet hoy a los 86 años enturbia el artículo que estaba preparando para el próximo miércoles 13, precisamente celebrando la longeva existencia de otro de los pocos directores clásicos que nos quedaban, Stanley Donen. Nuevamente nos toca llorar la marcha de un maestro del 7º Arte. Lumet, nacido un 25 de junio de 1924 en Philadelphia, Pennsylvania, EE.UU., se estrenó como director en la televisión de su país en el año 51. Debutaría en el cine seis años más tarde con la ya clásica 12 hombres sin piedad y, hasta 2007, cuando nos ofreció su último trabajo, la nada desdeñable Antes de que el diablo sepa que has muerto, trabajó incansablemente para la pequeña y gran pantalla. A él le debemos, entre otros títulos, Piel de serpiente (1960), Supergolpe en Manhattan (1971), Serpico (1973), Asesinato en el Orient Express (1974), Network, un mundo implacable (1976), Veredicto final (1982), A la mañana siguiente (1988), Negocios de familia (1989) y tantos otros grandes largometrajes, casi siempre en el terreno del thriller.

viernes, 8 de abril de 2011

La ludoteca de Lord Ruthwen

Os invito a visitar mi nuevo blog, La ludoteca de Lord Ruthwen, dedicado a una de mis grandes pasiones, los juegos de tablero. Como la temática me parece demasiado particular y quizás hasta minoritaria para integrarla en El castillo de Lord Ruthwen, he optado por crear una página aparte y eliminar de este blog la sección que había comenzado a dedicar a este hobby, repescando los artículos publicados en ella para el otro. ¡Espero vuestras visitas y comentarios!

Galanes octogenarios y damas de la pantalla

Es siempre un placer comprobar que algunos clásicos de Hollywood siguen hoy en día con nosotros, envejeciendo con dignidad y, en algunos casos, todavía deleitándonos con su presencia en las pantallas… Ayer nos cumplía 83 años el veterano James Garner, actor multi-terreno al que recordamos por muchos westerns (La hora de las pistolas, la serie Maverick) y largometrajes bélicos (Infierno bajo las aguas, La gran evasión…), pero que igualmente supo desenvolverse en comedias (Camas separadas, ¿Víctor o Victoria?), thrillers (Marlowe, detective muy privado) o melodramas (La calumnia). Fue muy divertido reencontrarlo en Space Cowboys en 2000. En la última década, su carrera ha transcurrido principalmente en la televisión y como doblador de voz.

Con una trayectoria mucho más breve (no actúa desde 1981) y menos notable, pero en la que constan títulos tan destacables como Psicosis o Espartaco, el apuesto John Gavin alcanza hoy los 85 años de vida. Muy a punto estuvo de sustituir a Sean Connery como James Bond, pero el papel acabó yendo a las manos de George Lazenby.

Dos encantadoras damas bastante más jóvenes que los anteriores, aunque ya entrando en una envidiable y bien llevada madurez son Robin Wright (45), que sigue siendo la deliciosa princesa prometida del film de Rob Reiner con la que muchos la descubrimos, sólo que con una espléndida carrera a sus espaldas, y la menuda Patricia Arquette (43), a quien la maternidad la ha tenido relativamente alejada del cine algún tiempo. La benjamina de nuestra selección es la actriz eminentemente televisiva y debilidad personal de un servidor Katee Sackhoff (31), Starbuck para los seguidores de la serie Battlestar Galactica, a quien este año me quedé con las ganas de ver en la convención Basauri Con (canceló su intervención tan sólo dos semanas antes de que se celebrara…)

También nos cumple hoy 69 años el mítico Douglas Trumbull, a quien debemos los efectos especiales de clásicos como 2001, Star Trek: la película o Blade Runner entre otros, así como su legendaria película Naves misteriosas.

Como veis, el 8 de abril parece haber sido un día afortunado para el 7º Arte y la pequeña pantalla…

viernes, 1 de abril de 2011

Adiós a Jet Harris

No conocía demasiado de la historia de Jet Harris hasta que comencé a preparar el artículo sobre Hank Marvin y los Shadows el pasado julio (véase). Me sorprendió mucho lo desafortunada que había sido su vida una vez hubo dejado el mítico grupo de Cliff Richard, y me propuse rendirle un pequeño tributo en un futuro artículo. Lo he ido posponiendo mes tras mes y, ahora ya, el homenaje va a tener que ser póstumo, ya que el pasado día 18 de marzo, Jet se marchó al Cielo del Rock and Roll tras dos años batallando contra un cáncer de garganta. Tenía 71.

Su verdadero nombre era Terrence, y había nacido un 6 de julio de 1939 en Kingsbury, Londres, Inglaterra. Se inició en grupos de jazz y skiffle, como tantos otros jóvenes británicos de la época, y en 1959 entra a formar parte como bajista de los Drifters de Cliff Richard. Cuenta la leyenda que el nuevo nombre con que bautizarían al grupo, The Shadows, fue sugerencia del propio Jet. Junto con Hank Marvin a la guitarra solista, Bruce Welch a la guitarra rítmica y Tony Meehan y después Brian Bennet a la batería, Harris participaría en muchas de las más clásicas grabaciones de la banda –tanto respaldando a Cliff como en instrumentales– y aparecería también en sus primeras películas. Sin embargo, una aparente infidelidad de su esposa con el cantante –quien, irónicamente, es homosexual, aunque nunca lo ha reconocido abiertamente– enturbia la relación de Harris con sus compañeros, le hunde en una larguísima depresión y le hace caer en el alcoholismo, adicción que arrastraría de por vida. En 1962, el músico acaba dejando la banda para formar un dúo instrumental con el también ex-componente de los Shadows Tony Meehan en donde además toca la guitarra. Aunque tienen varios hits en sus comienzos (su tema Diamonds fue nº1 en Inglaterra en el 63), el errático comportamiento del desorientado Jet lleva pronto a la disolución del nuevo tándem. Tras una breve etapa como músico de sesión, el bajista pasará muchos años asumiendo trabajos cotidianos como albañil, portero, conductor de autobús, etc, sin lugar a dudas una situación terrible para alguien que ha saboreado el éxito durante un tiempo.

Habrán de pasar casi tres décadas para que las cosas mejoren para Harris: no es hasta prácticamente los inicios del siglo XXI cuando volverá a los escenarios, a los estudios de grabación y a las muchas celebraciones que homenajean a los Shadows en su país. También recibirá un premio a los logros de toda una vida por parte de la marca Fender –cuyo bajo siempre utilizó y será nombrado Miembro de la Orden del Imperio Británico en 2010. Tristemente, aunque volvería a tocar con la mayoría de sus viejos amigos de los Shadows en muchos conciertos, nunca regresaría oficialmente al grupo. Ni siquiera fue invitado a unirse a la gira del 50 aniversario cuando Marvin, Welch, Bennet y Richard recorrieron el mundo celebrándolo.

La historia de este hombre parece remitir a la de otro compatriota suyo, el también desafortunado batería Pete Best, al que los Beatles echaron en el momento en que comenzaban a ser famosos para sustituirlo por Ringo Starr. Al menos, Jet Harris sí que vivió los primeros años de gloria de los Shadows y, aunque sea un tópico, ahí están sus muchas grabaciones con ellos durante los más de tres años en los que les acompañó al bajo… DEP… 

Diamonds, el mayor éxito de Jet fuera de los Shadows: