"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

martes, 30 de abril de 2013

Lewis Enma & the BCN Fireballs

Después de muchos meses de austeridad musical acudí este sábado, por fin, a un concierto, y aprovecho la excusa para recuperar el muy olvidado apartado musical del blog, que en otros tiempos fue una parte muy importante de este espacio virtual.

Y es que este viernes estuve en el Experience Rock Bar de la capital valenciana para disfrutar de la actuación de Lewis Enma & the BCN Fireballs, un grupo que lleva por bandera las versiones del mítico Jerry Lee Lewis –cuyas maneras, gestos y estilo imita con acierto el cantante y pianista de la formación–, pero que integra también en su repertorio un montón de versiones de rhythm and blues clásico, incluidas las de Ray Charles, Fats Domino o Chuck Berry, entre otros.

Además de recomendar, a los interesados en este tipo de sonido, que no dejen de ver a la banda si tiene ocasión, quiero también sacar a colación una curiosa reflexión que el mismo “Lewis” Enma Fernández hacía en su página Facebook. Venía a decir algo así como que se sentía frustrado como artista cuando levantaba la mirada del piano y no veía más que a gente con cámaras de poca calidad y móviles registrando el concierto sin parar, y manifestaba su preferencia por un público que no se preocupara de tanta grabación y disfrutara más de la música. Algunas personas le respondieron que querían quedarse con un recuerdo de los conciertos que les gustaban. Yo personalmente pienso lo mismo que Enma: a un concierto se va a disfrutar de la música y de la actuación del grupo. Se puede hacer alguna foto de vez en cuando pero, ¿tirarse todo lo que dure el repertorio con la cámara en mano y viendo al grupo por el visor o la pantalla de esta? ¿Para qué? Y encima, molestando a los de atrás con la mano alzada con el móvil... Supongo que es lo que tiene esta época en que ciertas tecnologías están al alcance de todo el mundo, incluso de aquellos que apenas saben usarlas...

Web oficial del grupo: http://lewisenma.com/

martes, 23 de abril de 2013

Aniversarios fílmicos

Acostumbro a menudo a utilizar la fecha de algún aniversario significativo para traer a colación películas que han sido importantes en mi trayectoria cinéfila y dedicarles así algún artículo más o menos extenso en el blog. En este año, sin embargo, no tengo nada previsto en esta línea, pero sí quiero hacer al menos breve mención de unos cuantos cumpleaños fílmicos que se dan precisamente este 2013. Ahí van, en orden de veteranía….

Hace 60 años… un 2 de septiembre de 1953 William Wyler estrenaba Vacaciones en Roma (Roman Holiday) y con ella el mundo descubría a una de las más admiradas y queridas estrellas de la Historia del Cine: la deliciosa Audrey Hepburn. Ni qué decir tiene que yo no estaba por aquí en aquellas fechas, pero si descubriría a la película y a la actriz algo más de treinta años después, quedando para siempre hechizado por ambas. Es mi película favorita de mi actriz favorita, y uno de los filmes esenciales en mi vida, firme candidato, como ya dije, a venirse conmigo a una isla desierta si sólo pudiese escoger un largometraje para que me acompañara. (Véase mi homenaje aquí).

Hace 50 años… un 19 de junio de 1963, Don Chaffey dirigía uno de los más ambiciosos proyectos del mago de la stop-motion Ray Harryhausen: Jasón y los Argonautas (Jason and the Argonauts), obviamente inspirada en la leyenda de la mitología griega. Las escenas de animación de la cinta, especialmente el combate con los siete esqueletos, no tenían parangón ni precedentes en su momento, y aún hoy en día sigue siendo uno de los ejemplos básicos y clásicos que se estudian y se citan cuando se habla de la técnica de animación fotograma a fotograma. Tuve la suerte de verla en cine cuando se estrenó en España, con casi tres décadas de retraso, a raíz del éxito de Furia de titanes, en 1981. La considero la mejor película de Harryhausen, y creo que en ello coincido con su propia opinión. Otro nombre que ha sido esencial en mi vida de cine-adicto y de soñador irredento. (Tributo a Ray Harryhausen en este vínculo).

Hace 50 años… un 18 de septiembre de 1963, llegaba a las salas de cine estadounidenses The Haunting, adaptación de la novela homónima de Shirley Jackson por parte del genial director Robert Wise. Se trataba de una historia de fantasmas bastante compleja presentada con gran maestría que a mí logró sobrecogerme, sin mostrar absolutamente nada, sólo sugiriendo e insinuando, cuando la descubrí en televisión en los primeros 90. Fue probablemente la primera vez que se pudo ver en nuestro país –con el título La casa encantada–, ya que en su momento no llegó a las pantallas cinematográficas. La considero una de las obras maestras del cine de terror psicológico y la repasé extensamente en este artículo.

Hace 50 años… un 5 de diciembre de 1963, Audrey Hepburn volvía a deslumbrar al mundo con un maravilloso thriller en clave de comedia: Charada (Charade) en la que el director Stanley Donen nos metía de lleno en una intriga con obvísimas influencias hitchockianas en la que también participaba como protagonista masculino el gran Cary Grant. Seguramente, después de Vacaciones en Roma, es para mí mi cinta preferida de mi diva. La vi primero en los 80 en televisión, y algunos años después, en la misma década, la pude ver también en pantalla grande, todo un lujo. También la homenajeé este mismo año en esta entrada del mes de enero.


Hace 30 años… en 1983, coincidiendo con la fecha de estreno de la película original de la saga, 25 de mayo, George Lucas (productor) y Richard Marquand (director) cerraban la trilogía de La guerra de las galaxias con El retorno del Jedi (Return of the Jedi). No es mi favorita de las tres, más bien todo lo contrario, pero sí fue, de ese trío, la que más puede disfrutar en su momento porque ya estaba un poco más crecidito y pude verla varias veces en cine, comprar mucho de su merchandising y, posteriormente, hasta verla en VHS. Definitivamente, esta tercera entrega de Star Wars acabó por confirmar mi pasión por una saga que ha marcado mi vida, y que también repasé en dos entradas.

Hace 25 años… en 1988,  “coincidía” con el director francés Jean-Jacques Annaud por tercera vez en una sala cinematográfica para ver su más reciente obra, El oso (L'ours), estrenada en su país original un 19 de octubre. Ya me habían gustado bastante En busca del fuego y El nombre de la rosa, y esta extraordinaria película rodada con animales salvajes y prácticamente sin diálogos me encandiló y consagró al galo como uno de los mejores directores modernos en mi palmarés particular y cuyos trabajos intento siempre seguir.





Hace 10 años… un 1 de diciembre de 2003, el neozelandés Peter Jackson ponía fin a otra trilogía, la que adaptaba la novela de J.R.R. Tolkien El Señor de los Anillos con El retorno del rey (Return of the King), y yo acudía a verla en su estreno español dieciséis días después. Aunque en un momento de mi vida muy diferente y que no creo necesario comparar al del estreno de La guerra de las galaxias y sus secuelas, la de Jackson ha sido una saga que también he disfrutado muchísimo y en repetidas ocasiones, a pesar de que no soy precisamente un fan de la obra literaria original. Eso sí: tampoco esta tercera entrega es mi favorita de la trilogía (lo es la primera, que homenajeé aquí), pero tiendo a considerar las tres como un mismo film que debe por lo tanto valorarse como un todo. 

viernes, 19 de abril de 2013

¿Adiós a Alta Films?

Seguramente debe de ser por mi limitada inteligencia, o por mis escasos conocimientos de la materia, pero no acabo de comprender de ninguna de las maneras las estrategias políticas que acometen nuestros dirigentes con el fin de sacar el país a flote. Por ejemplo, que para solventar una crisis económica decidan subir los impuestos y dificultar la vida al ciudadano de a pie haciéndole que tenga que pagar más por todo. Por simple lógica diría que eso es en realidad ir hacia atrás, pero ya digo que seguramente mis capacidades intelectuales y mi visión general de la política deben de estar muy por debajo de las de ese selecto grupo que, al fin y al cabo, ha sido escogido para llevar las riendas de una nación…

Sarcasmos aparte, de lo que no me cabe duda es de que, como consecuencia de toda esa serie de desaciertos de esa banda de delincuentes legalizados que juegan al guiñol desde Madrid, toda una serie de negocios, locales e instituciones se están viendo afectados cada vez más hasta el punto de afrontar un futuro incierto, sobre todo a raíz de la última subida de IVA el pasado mes de septiembre. La cultura en general, y por supuesto, el cine en particular, son de los que peor parados están saliendo. Cada vez son más tiendas las que cierran o reducen su horario y servicios; me ha pasado, por ejemplo, con el gimnasio al que voy o con la cafetería a la que solía acudir, que ahora cierra paradójicamente a la hora del café. Recientemente en mi pueblo hasta han cerrado un Supercor, no hablemos ya de tiendas particulares. En el caso del 7º Arte, mi mayor afición, son ya varias las salas de la Comunidad Valenciana que han dejado de proyectar películas en 3D, y cada vez más y más películas dejan de estrenarse en pantalla grande (algunas ni siquiera llegan a formato doméstico). Ahora, los cinéfilos españoles reciben un buen palo con el muy posible cese comercial de Alta Films.

Enrique González Macho
Alta Films, distribuidora creada por Enrique González Macho en 1969, estaba especializada en cine de autor, europeo e independiente, y sobra decir que, en un momento en el que hasta el cine más comercial lo está pasando mal, estas modalidades menos populares eran carne de verdugo (político) y su muerte estaba más que anunciada. Es, por supuesto, la subida de IVA, así como el nulo apoyo de televisiones nacionales y Gobierno la razón que Enrique aduce para el fin de su empresa. El día 1 de mayo estrenará el largometraje argentino Dos más dos y, de no ocurrir un milagro, dirá adiós a su aventura empresarial antes del verano.

Es la primera de muchas bajas que van a venir si no hacemos ques políticos dejen de extasiarse con sus particulares opiáceos y bajen de ese limbo exclusivo en el que habitan que les tiene apartados de toda realidad. O despertamos nosotros de nuestro letargo y les damos una escoba, una brocha o un martillo para que se busquen un trabajo honrado y dejen de parasitar, sangrar y destrozar el país. O espabilamos, o nos lo van a quitar todo. Al tiempo…

martes, 16 de abril de 2013

Libros y cine, cine y libros (VII)

Psicosis: Robert Bloch y la novela
Robert Bloch
Robert Bloch (1917-1994) ya era un reconocido autor de literatura de terror y suspense en su país, EE.UU., cuando en 1959 publicó su novela más célebre, Psycho (“Psicópata”, en realidad, aunque en nuestro país la conoceríamos como Psicosis). Bloch había iniciado su carrera literaria dentro del llamado “círculo Lovecraft”, e incluso llegó a forjar una sólida amistad epistolar con el legendario escritor de Providence. Sus primeras publicaciones fueron relatos relacionados con los Mitos de Cthulhu, pero posteriormente fue madurando como escritor y creando su propio estilo, más en la línea del thriller criminal y el terror psicológico. El mismo año en que publicó Psicosis recibía el prestigioso Premio Hugo.

Psicosis, una novela sencillita y breve (menos de 200 páginas) de fácil y cómoda lectura claramente enfocada al comercial mercado de los best-sellers, se centra en el personaje de Norman Bates, un hombre de 40 años obeso, con gafas, propenso a la calvicie, de aseo descuidado y con cierta afición a la bebida que vive totalmente dominado por su posesiva madre. Es un individuo solitario que regenta un modesto hotel de carretera en horas bajas, que ha vivido toda su vida en un viejo caserón decimonónico y que llena su tiempo leyendo libros, principalmente de ocultismo.

Un buen día, Norman recibe la visita de Mary Crane, una joven secretaria de una inmobiliaria de Texas que ha robado a su jefe 40.000 dólares que planea entregar a su novio Sam para ayudarle a pagar las deudas de su negocio. Mary ha viajado cientos de kilómetros para reunirse con su amado cuando decide descansar en el Motel Bates, pero allí es asesinada  por una anciana que parece ser la madre de Norman.

No es hasta alcanzados dos tercios de la novela que el lector descubre que la señora Bates lleva veinte años muerta y todavía se ha de avanzar más la lectura del libro para verificar que, en realidad, Norman es un psicópata que se trasviste y que ha asumido la personalidad de su progenitora, y que incluso vive con el cadáver desenterrado de ésta en su lúgubre hogar. Él mismo la envenenó a ella y a su amante, aunque en su momento la policía no lo sospechó.

Sam, Lila (la hermana de Mary) y el investigador Arbogast, que sigue el rastro del dinero robado, intentarán dar con la desaparecida fugitiva, descubriendo finalmente el macabro secreto de Norman Bates.

PsicosisAlfred Hitchcock y la película
El año en que se publica Psicosis Alfred Hitchcock acaba de estrenar Con la muerte en los talones, un elegante film de espionaje que contaba con la glamorosa presencia de Cary Grant. Es en ese momento cuando se interesa por la reciente novela de Bloch y la escoge como su próximo proyecto. La elección sorprende a muchos, incluidos los estudios cinematográficos y los colaboradores habituales del director. Psicosis era una historia un tanto truculenta y morbosa para los cánones fílmicos de la época y trataba algunos temas que todavía seguían siendo tabúes para el Hollywood de los últimos 50 como la desviación sexual de Norman Bates e incluso ese incesto sugerido en la narración original. Hasta el plano del inodoro fue un auténtico desafío a la censura, ya que no se había mostrado nunca este aparato en una producción hecha en la Meca del Cine, y no hablemos ya de las explícitas escenas de la actriz principal desnuda en la ducha o en lencería. Aún con todo, el “mago del suspense” siguió adelante con su empresa contra viento y marea, rebajando su salario e incluso financiando parcialmente el rodaje hipotecando su casa.

Con un presupuesto menor de lo habitual en las producciones del genio inglés, filmada en blanco y negro y sin estrellas de la talla y el carisma de Cary Grant, James Stewart o Grace Kelly, la adaptación al cine de Psicosis se estrenó en los Estados Unidos un 16 de junio de 1960 (el 2 de abril de 1961 en España) y se convirtió de inmediato en un gran éxito de público sobre todo gracias a las astutas estrategias promocionales de su director. Las críticas fueron enfrentadas, y la Academia de Cine de  Hollywood la nominó en cuatro categorías (director, dirección artística, fotografía y actriz secundaria), aunque no ganó en ninguna de ellas. Hoy en día es una de las películas más conocidas y representativas de Hitchcock y todo un ejemplo del cine de terror y suspense que se estudia en todas las escuelas de la disciplina fílmica.

Perkins, Hitchcock y Leigh durante el rodaje del film

La adaptación del relato de Bloch por parte del guionista Joseph Stefano fue en general bastante fiel, con la importante excepción de que el personaje de Norman Bates tiene menos protagonismo en el film (en la novela aparece en casi toda la primera mitad) y las supuestas conversaciones de aquel con su madre están básicamente eliminadas, puesto que estas sólo ocurren realmente en la mente del perturbado y este engañoso recurso es más difícil de usar en el medio audiovisual.

Lo más reprobable, cuanto menos discutible, que se le puede echar en cara a Alfred Hitchcock es la elección de un actor físicamente tan dispar al Norman Bates del libro como era Anthony Perkins: delgado, apuesto, doce años más joven que el personaje literario y con aspecto de niño desvalido, el intérprete neoyorquino distaba enormemente de parecerse al psicópata creado por Bloch inspirado en el editor Calvin Beck y más remotamente en el asesino necrófilo Ed Gein. Quizá la elección de alguien con un físico tan diferente al del Bates novelístico no fue tan mala idea después de todo, ya que un protagonista más grotesco y con un aspecto menos inocente y atractivo hubiera resultado mucho más sospechoso para el espectador. Al fin y al cabo, aunque es fácil relacionar la figura del psicópata con el clásico tipo solitario y raro, algunos de los asesinos en serie más populares –o infames– han sido personas carismáticas y con don de gentes.

El resto del reparto inicial lo formaron Janet Leigh en el que es quizá su papel más recordado (aquí se llama Marion en lugar de Mary), el fornido John Gavin como Sam Loomis, Vera Miles como Lila Crane, y Martin Balsam como el detective Arbogast. No hay que olvidar tampoco la sensacional y muy reconocible banda sonora del gran Bernard Herrmann ni la inolvidable Mansión Bates, dos “personajes” de la película por derecho propio.

La mansión Bates, tan popular como los personajes humanos de Psicosis

Entre las secuencias creadas expresamente para el film o notablemente alteradas, destaca la del policía con cara poca amistosa que sorprende a Marion durmiendo en el coche o la inicial, en la que Sam y Marion están en un hotel y hacen planes para el futuro. La primera no existe en la novela, mientras que la segunda no es exactamente igual: la pareja se conoce en un crucero, después mantiene correspondencia y sólo se ven en una ocasión más y es en el pueblo de él. Además, la larga conversación entre Marion y Norman mientras ella cena transcurre en la propia casa en el libro, y no en el motel.

Referencias psicóticas
Psicosis, tanto en su formato novela como en el de película, trajo consigo toda una serie de secuelas, precuelas y remakes: en 1982, Robert Bloch publicaba Psycho II, en la que Norman Bates escapaba del hospital mental en el que estaba y se encaminaba hacia Hollywood, donde estaban rodando una película basada en sus crímenes. Ocho años más tarde, Bloch completaba la “trilogía Bates” con Psycho House, libro en el que Norman Bates ya ha fallecido y su famoso hogar es reconstruido con fines turísticos. Una escritora viaja a Fairvale para documentarse sobre su proyecto biográfico sobre Norman cuando, por supuesto, comienzan a ocurrir misteriosos asesinatos. Ninguna de estas novelas tiene nada que ver con las secuelas cinematográficas que ahora veremos…

También en 1982 Anthony Perkins, quien para bien o para mal quedaría para siempre vinculado al personaje para el que le escogió Alfred Hitchcock, protagonizaría Psicosis II: el regreso de Norman, dirigida por Richard Franklin, en la que volvía encarnar a un Norman Bates que salía del psiquiátrico presuntamente curado veintidós años después de los hechos del film original. La cinta –en la que también reaparecía Vera Miles con su personaje de Lila Crane– resultó un producto aceptable sobre todo teniendo que medirse con su mítico precedente. Menos interés despertaron Psicosis III (dirigida por el mismo Perkins en 1986) y Psicosis IV: El comienzo (Mick Garris, 1990), esta última directamente para televisión y con el personaje interpretado parcialmente por Henry Thomas cuando es representado en su juventud y por Ryan Finnegan cuando es niño.

Anthony Perkins, o la maldición de Norman Bates

En 1987 se grabó el episodio piloto de Bates Motel, serie que no conseguiría despegar (parece que el mismo Perkins se opuso a ella). El propio Norman Bates no aparecía en él, y era sustituido por un antiguo compañero del manicomio que asumía su papel. Mejor suerte ha tenido este mismo año la nueva serie de igual título, que nos presenta a un Norman Bates que llega a la mansión junto con su madre cuando es adolescente (lo cual no respeta la historia de la novela, en la cual Norman ha vivido siempre en la casa y el motel ha sido construido por la mujer). Además, la acción se sitúa en la actualidad, ya avanzado este nuestro siglo XXI. De momento estoy siguiendo la serie, pero no me atrevería decir que me esté fascinando. Lo mejor es la presencia de los dos clásicos edificios de la saga, el caserón y los apartamentos. Norman es interpretado por el joven Freddie Highmore, mientras que la señora Bates tiene el rostro de Vera Farmiga, y no es ni tan puritana ni tan poco atractiva como la original. Como secundario aparece Nestor Carbonell, actor que hubiese sido un perfecto Norman Bates adulto por su gran parecido con Anthony Perkins.

En 1998 Hollywood cometió uno de esos tropiezos tan repetidos en su industria como fue atreverse con un remake de la obra maestra de Hitchcock que para más inri calcaba todos los planos del film original. Dirigido por el habitualmente interesante Gus Van Sant, el reparto estaba encabezado por Vince Vaughn (Norman), Anne Heche (Marion), Julianne Moore (Lila) y Viggo Mortensen (Sam). Personalmente nunca he sentido el menor interés por verlo y no sé si algún día me atreveré a abordarlo. Ya he manifestado en otras ocasiones que no me opongo radicalmente a los remakes, y que hay algunos que me parecen buenos, pero en este caso me parece que la versión de Van Sant poco puede aportar de original o novedosa y no me llama la atención.

Recomendación obligada y reciente es, por último, Hitchcock, película estrenada en España este mismo año (el pasado en su país de origen, EE.UU.) dirigida por Sacha Gervasi y que se centra precisamente en el dificultoso rodaje de Psicosis. Un Anthony Hopkins muy bien caracterizado y más comedido de lo que es habitual en él interpreta al mismísimo Alfred Hithcock, mientras que una estupenda Helen Mirren encarna a la esposa del director, Alma. Un atractivo reparto encarna a los personajes principales relacionados con el film: Scarlett Johansson es Janet Leigh, Toni Colette la secretaria de Hitchock Peggy Robertson, Jessica Biel hace de Vera Miles, un acertado James D´Arcy revive a Anthony Perkins, y un recuperado Ralph Macchio es el guionista Joseph Stefano. Hasta el mismísimo Ed Gein interviene con el rostro del actor Michael Wincott en varias escenas donde el director mantiene varias conversaciones imaginarias con él. Ni qué decir tiene que, siendo fan de Hitchcock, esta era una de las películas que más ganas tenía de ver este año y que acudí a su estreno cinematográfico en cuanto me fue posible.

     Mary empezó a gritar. Entonces la abertura de las cortinas se ensanchó y apareció una mano, armada con un cuchillo de carnicero. Un cuchillo que cortó su grito.
     Y su cuello.
(Psicosis, Robert Bloch)

viernes, 12 de abril de 2013

Viaje pixelado: Lara Croft / Tomb Raider

Dieciséis años después de su primera aparición, es innegable que Lara Croft se ha convertido en uno de los más conocidos personajes de la historia de los videojuegos, en todo un icono de la cultura popular y hasta quizá en el primer sex-symbol virtual. En un principio iba a ser un hombre, un descarado sosias de Indiana Jones. Después cambió de sexo y se llamó Laura Cruz, y finalmente fue presentada en sociedad con el nombre con el que todos la conocemos.

La primera biografía oficial, que acompañaba al videojuego Tomb Raider de 1996, la introducía como una joven aristócrata inglesa (en realidad es condesa) de 28 años que se había pasado la vida entre excavaciones y yacimientos arqueológicos siguiendo a su famoso padre, por supuesto arqueólogo. Con 9 años, el avión en el que viajaba con su madre se estrella en el Tibet. Su progenitora desaparece, y la niña debe sobrevivir durante varios días en las más inhóspitas condiciones hasta alcanzar la civilización. Esta terrible experiencia la marcará de por vida. Algún tiempo después, el padre de Lara también desaparecerá. Ya adulta, ella seguirá su vocación profesional convirtiéndose en una osada aventurera a la vez que estudiosa historiadora que se internará en los más peligrosos y recónditos lugares del planeta en busca de las reliquias más insólitas…

Evolución del personaje de 1996 a 2008

Así nacía el mito de esta famosa “saqueadora de tumbas” concebido por Toby Gard, desarrollado por Core Design y publicado por Eidos Interactive para Sega Saturn, PC y PlayStation. En la actualidad cuenta con  nueve secuelas y un remake, además de dos películas, cómics e infinidad de productos relacionados con ella en mayor o menor medida.

La nueva Lara, más real y humana que nunca
Pero, a pesar de la legión de fans que tiene la señorita Croft, sus últimas entregas virtuales no habían funcionado todo lo bien que cabría esperar en el mercado de los videojuegos. Es quizá por ello que sus actual empresa desarrolladora, Crystal Dynamics, decidió recientemente relanzar la serie desde el comienzo, lo que hoy en día se ha dado en llamar un reboot: este mismo 2013 aparecía Tomb Raider, primera entrega de esta –suponemos– nueva saga de la heroína que hereda el mismo título que el original de la versión antigua y que aparece para PC, PlayStation 3 y Xbox 360.

Por supuesto, todo empieza de nuevo: Lara es ahora una joven e inexperta licenciada en Arqueología de veintipocos años que está a punto de vivir una traumática y decisiva aventura que decidirá su futuro: cuando, siguiendo una teoría suya, ella y sus compañeros naufragan en una mitológica isla perdida en el Mar de Japón, la chica se verá obligada a sobrevivir valiéndose de su instinto, de su preparación física y de su pericia con las armas, y a enfrentarse a una secta de inhumanos fanáticos que habita el lugar y rinde culto a una antigua reina. Al final de la odisea, habrá nacido (o renacido) el mito de Tomb Raider.

Las dos mediocres adaptaciones al cine. Quizá la bella pero escuálida
Angelina Jolie no era la actriz ideal para encarnar a Lara Croft
Acabo de terminar de jugar al videojuego y ha sido una experiencia emocionante. No juego a muchos de estos divertimentos computerizados, principalmente por razones económicas, pero este me ha parecido sin duda el mejor de ellos al que he jugado en los últimos tiempos. Alcanza un realismo asombroso y sus gráficos son una absoluta maravilla. Toda la acción transcurre en la isla a lo largo de unos pocos días. El clima y la iluminación cambian constantemente (noche/día, lluvia/sol), Lara tiene un sinfín de movimientos y acrobacias, y se han introducido verdaderas e interesantes novedades en la saga, como que nuestra aventurera puede recoger “restos” para ir mejorando su equipo y armamento, que gana experiencia para mejorar sus habilidades y, sobre todo, que tiene ahora muchos más enfrentamientos que en la serie original, donde primaba más la exploración, las plataformas y la resolución de puzzles –ahora opcionales– que la acción o el combate, más bien ocasionales. Esto es sin duda lo que yo siempre he echado en falta a la saga y lo que ahora la hace para mí perfecta. Es obvio que Larita se ha dejado influir en este aspecto por su “hijo” Nathan Drake, protagonista de la serie Uncharted, que es a la vez clara deudora de los Tomb Raider.

En fin, pues eso: no puedo sino recomendarlo a todo aficionado a los juegos virtuales, a los fans de la saga y a aquellos que ya habían desesperado de volver a divertirse con las aventuras de Lara Croft. Ahora, a esperar con impaciencia la obligada secuela, que no creo que nos llegue antes de dos años…


Entornos interactivos y toda una isla que explorar: diversión asegurada y muchos peligros para nuestra aventurera

Más allá de la muerte

La muerte pesa sobre nosotros como una losa –¿qué mejor comparación? – que puede caernos en cualquier instante. Nos fascina, asusta y obsesiona a la vez en diferentes proporciones según cada persona, aunque la mayoría no quiera admitirlo y, en algún momento de nuestra vida, vamos a tener que hacerle frente, a aceptar que no somos eternos y que nuestro fin llegará. ¿Lúgubre elucubración? Sin duda, pero es un poco el agridulce regustillo que te deja el visionado de Más allá de la muerte (After.Life, 2009), desasosegante ópera prima de la directora polaca Agnieszka Wojtowicz-Vosloo que propone una reflexión inevitablemente romántica –porque no olvidemos que la muerte es un elemento tan importante en el Romanticismo como pueda serlo el amor, aunque muchos prefieran ignorar este hecho– sobre lo endeble y efímero de la vida y sobre lo que pueda venir después.

Largometraje protagonizado por una pareja tan curiosa como peculiar, el enorme Liam Neeson, y la diminuta Christina Ricci, la última interpreta en él a una joven maestra que sufre un accidente de coche y despierta en una funeraria, donde el director del negocio (Neeson, por supuesto) se empeña en hacerle ver que ha fallecido y que él tiene el don de poder hablar con los muertos. Pero, ¿es esto verdad o el hombre pretende engañarla por algún motivo? Mientras la chica espera su propio entierro, su prometido (un desentonado Justin Long) y un alumno de ella (Chandler Canterbury) intentarán averiguar su destino. No es una película gore o truculenta, pero puede resultar desagradable a personas con cierta sensibilidad a los temas que propone y que he enumerado en el párrafo anterior. Memento mori...

lunes, 8 de abril de 2013

Bigas Luna

Voluntariamente he reducido el número de obituarios artísticos del blog porque parecen desagradar a algunos de mis pocos lectores –aunque, en última instancia, es mi propio criterio el único que valoro para decidir qué incluir y qué no incluir en este espacio virtual–, pero me veo obligado esta semana a prácticamente encadenar dos de ellos porque considero que no pueden pasarse por alto: pocos días después de Jesús Franco, exactamente el sábado 6 de abril, nos dejaba otro destacable director de cine español, el catalán Bigas Luna, a los 67 años. Es un artista que me parece bastante más interesante que el primero citado, y del que he visto varias películas aunque no soy para nada un incondicional. Su filmografía es relativamente breve: a lo largo de veinticinco años de carrera dio luz a dieciséis largometrajes con su particularidad impronta y con temáticas en la que siempre destacan el sexo y las protagonistas femeninas.

Dejo también constancia del fallecimiento de la actriz Sara Montiel hoy mismo a las 85 años. Triste mes para el cine español. Espero no tener que continuar con más necrológicas por un tiempo...

miércoles, 3 de abril de 2013

The Whistleblower

Sobrecogedor y terrorífico drama sobre los inexistentes límites de la vileza y la mezquindad humana ambientado en ese lamentable marco que fue la Guerra de los Balcanes en la última década del siglo XX. Cuenta la historia real de Kathryn Bolkovac, una agente de policía estadounidense que llega a Bosnia como parte de la fuerza policial de las Naciones Unidas. Allí se involucra en los casos de maltratos a mujeres y acaba destapando una escalofriante red de prostitución y trata de blancas en la que innumerables jóvenes son torturadas y esclavizadas, descubriendo que están implicados en ella sus propios compañeros, así como importantes autoridades y empresas de entre las que supuestamente han venido a auxiliar la devastada zona.

Impresiona y acongoja el reiterar una vez más la terrible corrupción y falta de escrúpulos que hay en esas altas esferas que denuncia el film, incluso aún en los tiempos y en el país en que vivimos, en los que estamos viendo a diario cómo juegan con nosotros y con nuestras vidas las personas que acumulan el poder.

The Whistleblower –el título hace alusión a una persona que desvela casos como el del largometraje– fue dirigida en 2010 por la canadiense Larysa Kondracki, y en él sobresale un admirable trío de actrices: Rachel Weisz que, por supuesto, interpreta el papel protagonista, y Monica Bellucci y Vanessa Redgrave en sendos papeles secundarios. También destacaré la intervención del siempre efectivo David Strathairn. Una vez más, la película sólo tuvo una presencia simbólica en las salas de nuestro país, donde me consta que no se distribuyó comercialmente.

Jesús Franco

Me veo en la obligación cinéfilo-moral de mencionar el fallecimiento de Jesús Franco porque, a pesar de que es un director que no me gusta prácticamente nada y de que no he visto ninguna película suya que me haya parecido mínimamente potable, lo considero contradictoriamente un capítulo de la historia del cine español. Cutre, casposo, enclavado a menudo en la más risible serie Z, pero sí: un director irrepetible, para bien o para mal, en la filmografía patria y que goza de una legión de admiradores de su particular manera de hacer películas. Jesús, o “Jess”, como firmaba sus trabajos de cara al mercado internacional, nos dejaba ayer a los 82 años de edad. Había nacido en Madrid un 12 de mayo de 1930. Curiosamente, su esposa, la actriz Lina Romay murió el pasado febrero.

martes, 2 de abril de 2013

Silent Hill: Revelation, o Estrenos desesperados

Silent Hill Revelation:
perdida en su propia niebla
Seguramente peco de poco despierto a menudo, pero no ha sido hasta los meses más recientes cuando he cobrado clara y dolorosa conciencia de un hecho terrible para las personas que amamos el Cine: cada vez se estrenan menos y menos películas en las salas españolas. La muy equivocada decisión de la banda de delincuentes que nos dirige desde Madrid de subir exageradamente el IVA a la cultura española el pasado septiembre no ha hecho sino agudizar esta traumática tendencia de cribar, cada vez más y más, los largometrajes que se podrán disfrutar en la pantalla grande nacional; hasta me atrevería a decir, directamente, las películas que conocerán una versión española, siquiera en formato doméstico, porque yo creo que hasta a eso está afectando la grave crisis cultural (en todos los sentidos de la palabra “cultura”) que desuela nuestro país.

Países en los que se ha estrenado
Silent Hill: Revelation. Sólo falta
la tercermundista España
Son varias las películas de los últimos años que he esperado en vano poder ver en cine. Algunas las he comentado en entradas más o menos recientes, como fue el caso de Hesher, estrenada en EE.UU. en 2010 y que finalmente opté por comprar en edición DVD británica (luego hablan de potenciar la economía patria…. ¿cómo, con casos como este en el que ni siquiera se edita la obra en disco digital?). Pero, sin lugar a dudas, mi mayor frustración al respecto fue el estreno que nunca tuvo lugar de Silent Hill: Revelation. Después de esperar durante más de dos años su anunciada llegada a los cines españoles el pasado 26 de octubre (fecha oficial de aparición casi simultánea en la mayoría del mundo conocido y civilizado, hasta en países más pequeños que el nuestro), el mismo día me encontré inexplicablemente con que dicha premier no iba a tener lugar en esta nación en la que nos ha tocado en suerte vivir. Y eso a pesar de que en webs como Filmaffinity seguía constando esa fecha como la de la llegada de la cinta a estas tierras. Algún tiempo después leí una serie de excusas como que la distribuidora, a última hora, había estimado que no iba a funcionar comercialmente y que había decidido finalmente no estrenarla. ¿Cómo valoran esa estimación? Porque creo que estrenan otras películas menos populares, y en este caso la piratería no podía haber hecho tanto daño al tratarse, ya lo he dicho, de un estreno simultáneo en todo el mundo. ¿Entienden de cine, e incluso de cuentas, las personas que toman estas fatídicas decisiones, o se basan en simples gráficas y baremos estándar?

Tiempos aciagos me ha tocado vivir, como diría el buen Rey Théoden. Todo parece conjugarse contra el 7º Arte, entendido como yo lo entiendo: Cine en pantalla grande. No me valen alternativas como las descargas, el DVD o el Blu-Ray, lo siento. Quiero tener la oportunidad de poder ver estrenadas en cine las películas que me interesan, y sin embargo, me temo que los cinéfilos nos vamos a encontrar con que cada vez serán menos las que llegarán a las salas cinematográficas. Los sinvergüenzas del Gobierno seguirán poniendo todas las trabas posibles a la difusión de la cultura, los ineptos que trabajan en las distribuidoras continuarán tomando decisiones estúpidas basadas en apreciaciones desacertadas y una legión de caprichosos inconscientes que copian y descargan sistemáticamente por internet contribuirá a que el fin del Cine llegue incluso antes de lo que se creía. Lástima vivir para contemplar los últimos días de mi casa…