"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

sábado, 27 de junio de 2015

Cambiando de rutina

Mi rutina semanal es poco variada. No es enteramente por gusto: la economía de un parado no da para muchos lujos o caprichos, así que mis visitas al cine y algún que otro concierto de rock (casi siempre gratuito), aparte de mis consabidas e imprescindibles partiditas a juegos de mesa, constituyen básicamente mi panorama socio-cultural habitual.

En los últimos meses me he propuesto ampliar un poquito más ese programa de actividades acudiendo a algunos actos y convocatorias más atípicos en mí. Uno de ellas fue la presentación del libro de José Almúdever el pasado abril o la del cómic de Sento en mayo de los que ya he hablado en entradas anteriores. Hace también un par de meses formé parte del grupo que acompañó al historiador local Enrique J. Martínez para conocer in situ y de primera mano las teorías del erudito sobre las antiguas defensas íberas de Sagunto, una propuesta audaz y original que ha expuesto en la publicación Conjeturas sobre las defensas arsetanas (descargable en este enlace). Fue una divertida excursión recorriendo parte de la ciudad valenciana y sobre todo las faldas de su castillo para observar los fundamentos físicos del postulado de Enrique.

Sin dejar Sagunto, ni tampoco la historia –disciplina que me atrae, pero de la que no tengo grandes conocimientos– el pasado 6 de junio participaba en un acto similar, esta vez con la Edad Media como temática: el guía local Ramón Castelló nos condujo, en una interesante visita nocturna, por los principales edificios y construcciones que aún se conserva en la urbe desde el medievo, hablándonos de sus detalles y curiosidades. Lo mejor de todo: té helado y galletas al final del recorrido de más de dos horas. Ramón organiza esta y otras visitas por la ciudad periódicamente, y sobre ellas os podéis informar en su página Facebook y en su blog. Además, si visitáis el castillo de Sagunto podéis también solicitar el acompañamiento de este ilustrado estudioso de la historia.

De momento, mi última “actividad atípica” ha sido acudir al breve concierto del pianista local Omar Vilata dentro de su serie “Piano íntimo”, en el que el músico recrea alguna pieza conocida ante un público limitado (40 personas) y de manera informal (por ejemplo, invitando a niños a acompañarle). La actuación tuvo lugar en el Auditorio Joaquín Rodrigo de Sagunto, en un ambiente amistoso y, como reza el título, íntimo, cálidamente iluminados por un solo foco y todos sobre el escenario del local, sentados rodeando al pianista. Esta fue la sexta y última edición de “Piano íntimo” de la temporada, que también tiene lugar paralelamente en Valencia capital.

domingo, 21 de junio de 2015

Presentación de las memorias de José Almudéver

Hace ya un par de meses –aunque he retrasado bastante la redacción de la crónica– tuve ocasión de romper mi monótona rutina diaria para acudir a un acto muy especial: en el cercano pueblecito de Quart de les Valls, organizado por la Associació de la memòria històrica Ángel Gaspar Inglada de la localidad y por el Fórum d´opinió Servando Martín de Saugnto, tenía lugar la presentación de las memorias de José Almudéver Mateu, uno de los últimos brigadistas internacionales que quedan con vida (sólo él y un canadiense, según matizó el presentador del acto, Antoni Simó). José ha estado viajando recientemente por toda España dando charlas y presentando su libro dentro del ciclo “Despedida de las Brigadas Internacionales. 75 Aniversario de la Batalla del Ebro”. Ni qué decir tiene que estamos ante un pedazo de historia viviente, uno de los últimos testigos de aquel conflicto tan aciago como fascinante que fue la Guerra Civil Española, a la que –al menos aquellos que tuvimos la suerte de no vivirla– nos es imposible despojar de ese halo romántico y hasta nostálgico.

José cuenta con 95 años largos, que no es poco, pero goza de estupenda salud y excelente memoria. Nació en Francia, pero es hijo de españoles (sus padres eran de Alcácer, Valencia) y ha pasado su vida entre los dos países. Habla muy bien los dos idiomas oficiales de ambas naciones y además el valenciano, lengua en la que expuso su ponencia en la presentación. Se alistó muy joven en el ejército, falseando su edad. Luchó con la República tanto dentro como fuera de las Brigadas Internacionales, e incluso volvió a España después de que éstas fueran disueltas. Fue apresado al final de la guerra y sufrió largos años de cautiverios, hasta regresar a Francia en los años 50. Los ideales de José siguen fuertemente arraigados en él, nada de haberse acomodado al establishment con la edad: repudió repetidamente a Franco (al que llamó “traidor” y “felón”), al actual presidente del Gobierno (al que calificó de “trasto”) y al antiguo Rey Don Juan Carlos, y exhibió orgulloso la bandera republicana con su nombre que le regalaron. Y, sobre todo, insistió en la tremenda falsedad del acuerdo de los países extranjeros de no participar en la guerra española.

El acto terminó, naturalmente, con la firma del libro de José, El pacto de no intervención. Pobre República, del que por supuesto adquirí un ejemplar. Fue un placer conocer a un personaje como José Almudéver. Las personas mayores me merecen por lo general un gran respeto por lo mucho que han vivido y presenciado y, en el caso de este hombre, que ha sido testigo de un acontecimiento histórico decisivo, mi admiración es todavía mayor.

Si tengo que ponerle una traba a este tipo de eventos –aunque es muy pequeña– es que es prácticamente imposible que se despoliticen, que se ofrezcan simplemente como formas de aprender y conocer la historia, sin necesariamente reivindicar ideologías. Pero, por supuesto, estamos hablando de la Guerra Civil Española, y no sé si muchos otros enfrentamientos modernos han significado un conflicto de ideologías tanto como lo fue aquella contienda.


José Almudéver recibe una placa conmemorativa del acto (Fotografía cortesía de
Asociación Ángel Gaspar / Forum Servando Martín)

domingo, 14 de junio de 2015

Alma salvaje

Una de estas películas biográficas que tanto gustan en Hollywood basadas en vivencias extraordinarias o destacables de personas que por lo demás podríamos considerar normales y corrientes. En concreto está basada en el libro de Cheryl Strayed Wild, en el que ésta narra su periplo siguiendo la ruta del Sendero del Macizo del Pacífico durante más de 1.500 km y tres meses. La escritora se planteó esta odisea en solitario a modo de viaje catártico tras varios años de vorágine autodestructiva provocada por la muerte de su madre.

El director canadiense Jean-Marc Vallée nos lleva, como es de esperar, por impresionantes y bellísimos paisajes naturales en los que conocemos las aventuras y desventuras de la protagonista y a los diversos personajes que se va encontrando en el camino, a la vez que, por medio de flashbacks, vamos conociendo distintos momentos de su pasado y los hechos que finalmente le llevarán a tomar la decisión de realizar la valiente empresa.

Imposible no destacar en la película a la principal protagonista, una Reese Witherspoon que demuestra una admirable madurez como actriz, muy alejada ya –por suerte– de cosas como Una rubia muy legal y que, lógicamente, lleva casi todo el peso de la cinta al ser el único personaje que aparece durante la mitad de ella. Eso sin menospreciar el trabajo de Laura Dern como su madre…

It Follows

De manera excepcional me desplazo a la capital para ver esta película que no creo que llegue a los cines de mi localidad, y también de modo extraordinario me dejo aconsejar –aunque con cierto escepticismo– por las recomendaciones de varios amigos con respecto  a ella.

Lo cierto es que puedo aceptar que It Follows, el segundo largometraje del estadounidense David R. Mitchell, esté un poquito por encima de la media del producto típico actual dentro del cine de terror que podemos ver en las salas de proyección, plagadas de todas esas insidiosas y deplorables películas con las que Hollywood parece haberse propuesto destruir el género (ya se sabe que, en el país de los ciegos…)

Y lo hace, no por su propuesta argumental o temática –una adolescente que es perseguida por una entidad sobrenatural que se transmite de unos a otros mediante el acto sexual–, sino por su ambientación insólita, irreal, atípica y pesadillesca –una Michigan despoblada en una época indefinible, pues encontramos cosas como electrodomésticos o ropa más propia de los 70 u 80 mezclada con ebooks y coches actuales, pero también la total o casi total ausencia de ordenadores modernos y móviles– y por las múltiples lecturas posibles de la historia: ¿una paranoia colectiva? ¿Algún tipo de alegato contra la promiscuidad y la precocidad sexual? ¿Una representación simbólica del SIDA y de las enfermedades de transmisión sexual? ¿Por qué casi no se ven adultos en la película, la policía apenas parece intervenir en los diferentes crímenes, o algunas de las formas que adopta la aparición son las de los padres de los adolescentes protagonistas?

Al final, como adelantaba, una cinta que difícilmente se queda en excepcional –me recuerda a muchas de aquellas películas orientales tipo The Ring que se pusieron de moda hace cosa de una década– pero que sí aporta algunos elementos interesantes y dignos de reflexión. A destacar la acertada banda sonora de Rich Vreeland. A pesar de que no soy demasiado amigo de la electrónica musical, en It Follows ayuda muchísimo a crear el ambiente enervante del film sin tener que recurrir al fácil sobresalto sonoro (como tampoco hace el director con la imagen), sino participando de manera oportuna y comedida.

Por cierto, sorprendente el parecido de la actriz protagonista, Maika Monroe, con el de la malograda Brittany Murphy. Había momentos en que creía estar viendo a esta última.

jueves, 11 de junio de 2015

Ya no quedan monstruos...

Tristísima noticia la que inunda hoy los noticiarios cinematográficos del mundo; es curioso lo que ha tardado en filtrarse: el domingo 7 de junio nos dejaba  el último gran icono del fantástico: Christopher Lee. Formó parte de una casta ya desgraciadamente extinta de carismáticos actores especializados en el género de terror entre los que cabría destacar a los “universales” Karloff, Lugosi y los dos Chaneys, o a los más coetáneos de Lee Price y Cushing (su gran amigo, con el que compartió más de dos decenas de películas).

Lee parecía incombustible. Hubiera querido creer uno que permanecería con nosotros muchos más años, pues acababa de celebrar su 93 cumpleaños y seguía activo, cercana ya su filmografía a alcanzar los tres centenares de títulos –ostenta el record Guinnes de ser el actor más prolífico–. En este siglo XXI, y después de una época de cierta oscuridad artística, paladines del fantástico como George Lucas, Tim Burton o Peter Jackson supieron reivindicar a tiempo su leyenda y su figura y descubrirlo a nuevas generaciones al hacerle participar en sus películas, pero Lee ya tenía ganado un merecidísimo hueco en el género desde que, en los años 50, ayudara a cimentar la fama de la Hammer Films interpretando a toda una variedad de nuevas versiones de mitos del terror como la Momia, el monstruo de Frankenstein y, por supuesto, Drácula, el personaje con el que siempre se le relacionará.

Tengo, por desgracia, una anécdota personal algo triste relacionada con este actor, y es que, cuando estuvo en Valencia en octubre de 1995, me quedé con las ganas de verle debido a la incorrecta información del teletexto de Canal 9, que informaba de su aparición en la Mostra un sábado cuando en realidad el acto iba a ser el día anterior. Así que, cuando la mañana de aquel día me levanté con la intención de viajar a la capital del Turia y vi el periódico, descubrí que hacía ya bastantes horas que el señor Lee había comparecido ante fans y prensa y que yo había perdido una oportunidad única de ver a un personaje excepcional de los que, ahora sí, lamentablemente, ya no quedan…


domingo, 31 de mayo de 2015

La saga de Mad Max

De Mad Max se podría decir que fue uno de mis “mitos secundarios” de ese cine de los 80 que tanto marcaría mi vida como espectador. Nunca lo tuve a la altura de mis héroes más legendarios –sin lugar a dudas los encarnados por Harrison Ford: Indiana Jones y Han Solo–, ni sus entregas entre mis películas indispensables, pero, hasta cierto punto, las disfruté y admiré en su momento, y tampoco lo pasé mal con todos aquellos productos hispano-italianos que surgieron tras la obra de George Miller (y que seguramente ahora me parecerían intragables). En aquellos tiempos me parecía muy atractiva aquella ambientación post-apocalíptica en la que los vehículos más estrambóticos y toda una suerte de bandas y conductores dementes combatían entre sí.

Tengo un curiosísimo recuerdo sobre una de las películas de la saga, y está relacionado nada más y nada menos que con la que llegaría a ser mi actriz favorita y uno de mis grandes fetiches del celuloide: Audrey Hepburn… Sí, ya sé que aparentemente la diva no tiene nada que ver con Mad Max, es cierto. Pero –ya lo he contado en alguna otra ocasión– en aquellos años de los que hablo, era normal que los cines de pueblo ofrecieran películas de reestreno en programa doble, y además que tampoco se complicaran mucho en emparejar dos títulos que pudieran tener alguna afinidad. Así es como me acerco un día a ver la programación de mi viejo y querido Cine Oma en el ochenta y poco y me encuentro con… Dos en la carretera y Mad Max: Salvajes de la autopista: sesión temática, ¿no? En aquellos tiempos, yo era demasiado joven para interesarme por ninguna de esas películas, así que no fui a verlas, pero sí recuerdo que di por hecho que la tal Audrey debía ser sin duda la hija de Katherine Hepburn, pues asumí que aquella película suya debía ser actual, y no que tenía ya cerca de década y media.


Con el tiempo, acabaría rescatando la primera de entrega del policía Max en VHS (y también la película de Stanley Donen). Pero sería Mad Max 2: El guerrero de la carretera mi primer encuentro con el personaje interpretado por Mel Gibson, y probablemente la película que siempre me ha gustado más de la “trilogía original”. Luego llegaría Más allá de la cúpula del trueno y, después, una creciente aversión por el mencionado actor que hizo que fuera perdiendo el interés por sus trabajos y su filmografía, aunque de vez en cuando volvía  rescatar la saga que le hizo famoso (la más reciente este mismo mes)

En la actualidad está de moda el revivir viejos mitos, héroes y sagas de hace unas décadas, y la “prodigiosa mente de George Miller” (eso reza el cartel de su nueva película, a pesar de tratarse de un director con una carrera más bien mediocre) urde el plan de rescatar a su famoso guerrero en lo que  sería, exactamente treinta años después, una secuela de la última entrega de la saga de Mad Max. En este caso, decide no contar de nuevo con el ya ajado Gibson, sino proporcionar a su héroe un nuevo rostro: el del muy de moda Tom Hardy. Así nos llega, este pasado 15 de mayo, Mad Max: Furia en la carretera, en la que volvemos a encontrarnos con este ex-policía solitario y atormentado por su pasado (esta es en realidad la primera película de la saga en la que vemos de una manera más gráfica esa “locura” que le da su apodo) y con toda una serie de variopintos clanes y ejércitos de ese futuro desértico e incivilizado en el que todo el mundo se mata por la gasolina (¿tanto les cuesta ir a pie a los sitios?).

En común con las anteriores películas de la saga, por supuesto, la carretera y los vehículos, casi los verdaderos protagonistas del film, así como un extenso viaje/persecución por las wastelands en el que destacan las excelentes coreografías de las peleas entre los personajes –ya sea en el suelo o “en marcha”, sobre los propios coches y camiones– y un gran trabajo de los especialistas por encima de una historia especialmente elaborada o una trama que dé para poco más que unas líneas para resumirse. Divertida y simpática nota también que el villano de la función sea encarnado precisamente por el actor que hizo de malo en la primera entrega de la saga en 1979, Hugh Keays-Byrne.

Novedad para la saga es sin duda –estamos en otros tiempos– la importante presencia y protagonismo de personajes femeninos fuertes y destacables (siempre se acusó a Miller y a la saga Mad Max de cierta estética gay, algo en lo que estoy bastante de acuerdo), empezando por esa Furiosa de Charlize Theron que en casi todo momento se erige como principal heroína del film por encima del inexpresivo Hardy. También, desde luego, la mayor flexibilidad que proporcionan los modernos efectos especiales, no sólo para las escenas de persecución, sino, por ejemplo, para mostrarnos manca a la mencionada actriz.

Al final, todo mezclado, dos divertidas horas de espectáculo y acción sin mayor propuesta que esa: ofrecer al espectador un buen rato sin exigencias ni pretensiones intelectuales. 

viernes, 22 de mayo de 2015

Presentación de "Atrapado en Belchite" con Sento

Hace ya dieciocho años que tuve el placer de conocer al dibujante valenciano Vicente Llobell “Sento” en un curso al que ambos asistíamos. Ya entonces me habló de las memorias del médico Pablo Uriel –su suegro– y del deseo de su familia de ver éstas publicadas. El señor Uriel dio forma escrita a sus vivencias en la Guerra Civil Española sin más intención que la de que las conocieran sus hijos y allegados más íntimos. Pero, resultó tan fascinante la lectura de aquellos escritos para todos, que juzgaron que debían ser conocidos por muchas más personas debido a la calidad humana que emanaban y al valor histórico y documental que suponían.

Pablo Uriel
Tuvieron que pasar unos cuantos años antes de que este proyecto se hiciera realidad pero, al fin, en 2005, la editorial Pre-Textos presentó el esperado libro con los recuerdos del médico soriano. Se tituló No se fusila en domingo, y tuvo una buena acogida, y hoy en día se le puede encontrar listado entre las lecturas recomendadas sobre el conflicto español acaecido hace ya ocho décadas.

Pablo Uriel se acababa de licenciar en medicina y esperaba comenzar el servicio militar cuando estalló la Guerra Civil. Al residir en Zaragoza, fue alistado por el bando nacional pero, debido a sus simpatías izquierdistas, pasó los primeros meses de la contienda en la cárcel. Posteriormente fue enviado a la zona de Belchite, viviendo en primera persona la famosa y cruenta batalla y siendo después capturado por las fuerzas de la República, quienes de nuevo lo encarcelaron y a punto estuvieron de fusilarle por haber servido en el ejército oponente. Una de las más repetidas y dramáticas ironías de aquel enfrentamiento tan absurdo que asoló España.

Una de las dedicatorias de Sento
Siendo Sento el gran dibujante que es, supongo que era cuestión de tiempo que sintiera la tentación –o fuera tentado– de llevar también el libro al formato cómic; y así, el pasado año, presentaba el primer volumen de lo que será una trilogía que adapta la obra de su suegro a la viñeta, Un médico novato, después de que éste ganara el VI Premio Internacional Fnac-Sins entido de Novela Gráfica. A esta primera entrega publicada por Editorial Salamandra le seguía este 2015 la continuación, Atrapado en Belchite, a cuya presentación en la Librería El Puerto en Puerto de Sagunto, Valencia, acudí ayer, reencontrándome con Sento después de varios años y dedicándome éste los dos libros, acompañados de una simpática caricatura con cada firma. Fue un acto sencillo, breve y relativamente íntimo –unas treinta personas– en las que tanto Sento como su esposa y colaboradora Elena Uriel nos contaron anécdotas sobre la gestación, desarrollo y recepción tanto del cómic como de la novela, así como, por supuesto, del héroe a posteriori que fue el doctor Uriel, quien, según su hija, “se hubiera puesto rojo” si hubiera conocido la posterior repercusión de sus memorias en los medios y en la sociedad interesada en la temática.

Para acabar con un tópico tan recurrido y manido como sincero, espero con ganas la conclusión de la historia de Pablo Uriel el próximo año.

Web oficial de Sento: http://www.sento.es/wordpress/