"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 30 de julio de 2010

Via Margutta, 51

Todavía no he tenido la suerte de visitar Roma. Mi perpetuo estado de precariedad económica raramente me permite realizar un viaje al extranjero. Sin embargo, tengo claro que, si lo hiciera, el primer lugar de la Ciudad Eterna al que querría ir sería al nº51 de la Via Margutta, un vetusto edificio donde se rodó parte de una de mis películas favoritas. Por supuesto, hablo de Vacaciones en Roma (Roman Holiday, William Wyler, 1953), y en dicha finca estaba ficticiamente ubicado el pequeño apartamento del periodista Joe Bradley (Gregory Peck) en la historia de este clásico del cine.

Recientemente un amigo visitó la capital de Italia, y le pedí como favor especial que tomara algunas fotografías del lugar, cosa que cumplió y las cuales muy agradecidamente voy a usar para ilustrar este artículo y recordar un poco parte del rodaje del film…
Varias perspectivas de Via Margutta... una estampa casi bucólica embellecida por la exuberante vegetación que la adorna. El nº51 queda un poco más adelante, a la izquierda, en la primera fotografía.
El nº 51, actualmente en restauración. Como se puede observar, la finca ya era vieja cuando Audrey paseaba por ella. La puerta tampoco es la de 1952...

Vacaciones en Roma se rodó… en Roma, claro, durante el ya lejano verano de 1952. Buena parte de la película está grabada en exteriores e interiores reales de la ciudad, aprovechando sus magníficos monumentos y localizaciones, quedándose para el estudio escenas como el apartamento de Joe o el bar de G. Rocca. Supongo también que el Ayuntamiento de la urbe daría facilidades a los productores a cambio de exhibir sus atracciones turísticas, que no son pocas (algo muy habitual en la época en las películas rodadas en naciones “pobres” como Italia o España: recordemos la galería de lugares típicos de nuestro país en cintas como Orgullo y pasión, dirigida por Stanley Kramer en 1957).

No sé si a estas alturas es necesario explicar el argumento de la película, pero lo resumiré contando que se centra en la princesa de un país europeo imaginario (Audrey Hepburn) que, harta del protocolo y los deberes de la corte, escapa una noche para poder mezclarse con el pueblo y vivir algunas de las experiencias cotidianas que normalmente le están vetadas. Afectada por unos somníferos que le ha administrado su médico, acaba durmiéndose en un banco junto al Foro, donde es encontrada por el periodista Joe Bradley quien, muy a regañadientes, la lleva a su humilde morada y le deja pasar allí la noche. Cuando, al día siguiente, descubre la verdadera identidad de la chica, ve llegar su oportunidad profesional y, sin revelarle este hecho, la invita a pasar un día de ocio por la ciudad con el fin de dar forma a una sensacional exclusiva. Naturalmente, el amor surge entre ambos y lo cambia todo, cómo no….
Izq.: otra perspectiva del nº51 (la finca con los andamios). Der.: el nº33, donde según algunas fuentes se rodaron escenas de la película.

La ubicación de la calle en la que vive Joe –y objeto de este artículo– la sabemos por él mismo cuando se la da al taxista que les lleva a él y a la princesa Ann a su apartamento. Se trata de la Via Margutta, 51, y es una localización real. Las escenas correspondientes se rodaron en esa calle y en ese número. La finca a la que entra la pareja, las escaleras cubiertas por una parra, y la segunda puerta que atraviesan están todavía en esa céntrica calle romana. A continuación acceden a un patio con una escalera en espiral cuya localización exacta desconozco, aunque la mayoría de las pistas parecen indicar que fue un decorado. Al subir la escalera se entra finalmente a la modesta residencia del periodista, que esta vez sí que está montada en un estudio. Hay también otra bonita localización que es la terraza del apartamento, un exterior real que está también rodado en la misma finca (según algunas fuentes, se rodaron también escenas en el nº33, pero desconozco cuáles fueron…)

Sin duda los gobernantes de Italia tienen un interés más marcado por sus lugares tradicionales y centenarios que los nuestros, y por suerte buena parte de la Via Margutta y del centro de Roma se han conservado prácticamente igual que cuando se rodó la película de William Wyler (aquí seguramente ya estaría ocupada por una ciclópea finca de muchos pisos con el banco de rigor a sus pies). Es más, como se puede apreciar en las fotos que acompañan a este texto, la finca del nº51 está siendo actualmente restaurada, e incluso he leído algo sobre la posibilidad de un museo o exhibición relativa a Audrey Hepburn y Vacaciones en Roma. Parece bastante lógico.
Las escaleras de la Piazza Spagna, donde todo sigue casi igual que hace cincuenta y ocho años. Si se es muy observador, se puede uno dar cuenta de que la cabeza de la farola ha cambiado, pero, por lo demás, es la misma de la película.

Izq.: Audrey en la Piazza Spagna, a los pies de la escalera de la foto anterior. Der.: las famosas escaleras, y el edificio en el que vivieron los poetas Keats y Shelley, hoy en día un museo (en la fotografía más antigua aparece tapado por las sombrillas.)

Hasta donde he podido informarme, la Via Margutta data de los tiempos romanos, y su nombre viene probablemente de la palabra italiana “marisgutia”, es decir, “gota de mar”, eufemismo –según la siempre útil Wikipedia– de una cloaca que bajaba de la Colina Pinciana. Habitual zona de prostitutas y establos durante muchos tiempo, su estatus dio un importante vuelco a comienzos del siglo XX cuando se convirtió en reputado barrio de artistas y artesanos, habiendo residido en él personajes de la talla de Federico Fellini y su mujer Giulietta Masina, la también actriz Ana Magnani o el pintor Renato Guttuso. En la zona se han rodado infinidad de filmes además del de Wyler, aunque ninguno tan famoso: Le modelle di Via Margutta (1946), Un americano a Roma (1954), Via Margutta (1963) o La reina de la Jet Set (1987), entre otros.

La Via Margutta se convirtió en calle peatonal poco después del rodaje de Vacaciones en Roma y, según me cuenta mi amigo, es una calle muy tranquila y poco transitada con algún barecito y diversas tiendas de artesanía (ya en la película podemos ver en ella un taller de escultura). Debido a la popularidad del film que se rodó en ella hace ya cincuenta y ocho años, se ha convertido en uno de esos lugares icónicos para los cinéfilos como pueden ser el Empire State Building (por King Kong), el Hotel Sidi Driss en Túnez (por La guerra de las galaxias) o, de una manera más modesta, la simpática cabina roja de Pennan, Escocia, que comentaba en el artículo sobre Un tipo genial este mismo mes.

Enlaces de interés:
* Las localizaciones de Vacaciones en Roma escena por escena. Un estupendo trabajo detallando casi todos los lugares en los que se rodó la película, además de un álbum con excelentes fotografías del interior del nº51 de Via Margutta. En inglés.
(Muchas gracias a Luis Jurado por las fotografías.) 


lunes, 26 de julio de 2010

Katee Sackhoff; de flechazos catódicos y otros amoríos televisivos

Falto de inspiración como ando últimamente con respecto a con qué artículos intentar amenizaros, y a la vista del poco interés que han despertado los últimos entre las incontables huestes de mis fieles seguidores, se me ha ocurrido recurrir al siempre eficaz reclamo de una mujer bonita para llamar vuestra atención….

Bueno, es broma, pero sí que es cierto que una atractiva fémina ha sido la que ha dado la razón de ser a mi nuevo escrito: acabo de saber que la actriz televisiva Katee Sackhoff, Starbuck en la nueva versión de Battlestar Galactica, estará en España el próximo febrero en la segunda convocatoria de la Basauri Conconvención centrada principalmente en dicha serie, pero que se extiende también a otros espacios televisivos del género fantástico. Katee ha sido una de mis últimas adiciones a una larga lista de amoríos catódicos que he ido acumulando a lo largo de muchos años como telespectador y a la que doy un breve repaso un poco más abajo (la lista de actrices cinematográficas es todavía más larga y la dejo para otro día).

Para aquellos que no estén al tanto, Galáctica: Estrella de combate fue una serie que nació a raíz del éxito de La guerra de las galaxias y que se rodó entre 1978 y 1979, llegándose a proyectar en los cines de nuestro país el episodio piloto. Tuvo una secuela en 1980 sin apenas repercusión. Sin embargo, en el año 2003 se decidió hacer un remake que ha tenido cuatro temporadas y varios telefilmes y que ha conocido un destacable éxito mundial, ocasionando el inevitable merchandising, convenciones de fans, etc, etc. Empecé a ver esta nueva versión algo tarde, cuando ya llevaba tres temporadas en antena, y es que llevo muchos años felizmente desconectado de la emisión televisiva y prefiero recurrir a la descarga internáutica en el caso de las series (no así de las películas) para poder verlas cuando yo quiero y sin tener que estar aguantando pausas publicitarias, moscas, adelantos de otros programas y demás impedimentos con que nos obsequian ahora las cadenas de TV. La nueva Galactica me pareció interesante y acabe viéndola al completo hasta su último capítulo. Lo primero que había sabido de ella, a través de un amigo, era que el personaje de Starbuck, remedo de Han Solo que en la versión original interpretaba el entrañable Dirk Benedict, había sido transformado ahora en mujer, y que parecía ser una especie de marimacho espacial de escaso atractivo… La descripción me chocó bastante, ya que había visto a la artista que encarnaba esta nueva versión femenina del personaje únicamente en una ocasión, en la película White Noise 2, y no me pareció precisamente el estereotipo de “chicote” de físico robusto y exento de toda femineidad… Muy al contrario, al poco de empezar a ver la serie ya me había quedado prendado de los enormes ojazos verdes de Katee Sackhoff (nacida en Portland, Oregon, EE.UU., un 8 de abril de 1980) y claramente se convirtió en mi actriz predilecta de la franquicia -sobre todo desde que se deshizo del detestable puro-, a pesar de la dura competencia que tenía con compañeras como Tricia Helfer o Kandyse McClure, entre otras hermosuras cósmicas que poblaban el espacio televisivo.

Exactamente no sé -ni me interesa saber; ¿se pueden analizar los sentimientos?-, por qué nos embelesamos de determinados actores o actrices (según el caso), de qué manera se desarrolla esa admiración que nos lleva a seguir sus carreras, cómo se inician estos extraños amoríos que nos hacen colarnos por ellos o por sus personajes, pero sé que es un fenómeno bastante frecuente y extendido (de ahí que se hagan todas esas convenciones en torno a series y películas) que no se limita por fortuna únicamente a mi persona. Es curioso que ya en los años anteriores a mi adolescencia, cuando se supone que la libido y la atracción por el sexo opuesto todavía no han despertado, naciera ya en mí cierto interés por determinados personajes femeninos: recuerdo mi encaprichamiento con el  que interpretaba la actriz Catherine Schell (Maya) en la serie Espacio: 1999 cuando todavía era un crío en los 70, por el del Michele Gallagher en Los cinco (un absoluto misterio esta actriz, sobre la que lo único que he encontrado es su supuesto suicidio en 2000), o ya más crecidito, por el de Connie Selleca en El gran héroe americano, el de Melinda Cullea (Amy en El equipo A), Teri Hatcher en Lois & Clark: las nuevas aventuras de Superman (en los 90 estaba totalmente perdido por ella), Callista Flockart en Ally McBeal o, más recientemente, la homenajeada Katee Shackhoff o la irresistible Evangeline Lilly y su oponente Elizabeth Mitchell en Perdidos…. ¡Qué manera de colarse por mujeres “de mentira”, poco menos que sirenas catódicas a las que quizá creemos “nuestras” por poder compartir un breve momento a través del aparato de televisión!... Supongo que este medio de difusión ha creado una nueva variedad de amor platónico...

De izq. a der.: Catherine Schell, Connie Selleca, Teri Hatcher y Evangeline Lilly

Nunca he andado muy interesado en convenciones fílmicas ni de otros tipos, pero esta próxima edición de la Basauri Con me ha llamado la atención (también lo hizo la primera, que traía a Edward James Olmos). Por desgracia las entradas “VIP” se han agotado nada más salir a la venta, con lo que la posibilidad de conocer a Katee en persona y charrar con ella ha desaparecido… Cabe aún la opción de asistir a la conferencia/rueda de prensa que ella y los demás actores invitados al evento darán y poder preguntarle alguna cosilla… Quién sabe: es todavía muy pronto para poder decir qué haré el próximo febrero, pero quizá me decida a cambiar de aires y asistir a una de estas convenciones por primera vez. Sigo viendo mal que los actores cobren por una firma, pero con la señorita Sackhoff igual hasta haría una excepción…. El desenlace, en próximas entregas…

* Web oficial de Katee Sackhoff: http://www.kateesackhoff.com/
* Web de la Basauri Con: http://www.basauricon.com/ 

martes, 20 de julio de 2010

Hank Marvin, el hombre tranquilo

En estos tiempos “impíos” para el rock and roll en los que cualquier profano con mínimos conocimientos en la materia se atreve a sentenciar, categorizar y adjudicar títulos y méritos a los cuatro artistas de los que ha oído hablar en algún lamentable medio de (des)información, parece que para erigirse en auténtico guitar hero se espera de un músico especializado en este instrumento que muestre un comportamiento estrambótico, exhiba un aspecto llamativo, ahogue con distorsión y efectos sus temas y ametralle con la mayor cantidad posible de notas cada compás de estos… La imagen y el sonido de Hank Marvin, un señor ya sesentón largo, de apariencia tranquila, pulcramente vestido, con unas enormes gafas que se han convertido en su marca distintiva, y cuyo repertorio se compone principalmente de mid-tempos y de temas lentos, parecen pues conformar al auténtico “anti-héroe” del rock.

Y, sin embargo, tras este look tan discreto y poco chocante se esconde uno de los pioneros de la guitarra eléctrica, una leyenda viviente que lleva más de cincuenta años dándole a las cuerdas, y además miembro original de The Shadows, una de las bandas más populares y queridas en su país, Inglaterra, que ha influenciado a muchos grupos paisanos posteriores al suyo como The Beatles (el instrumental Cry for a Shadow fue uno de los primeros temas que grabaron los de Liverpool), The Who y, sobre todo, Dire Straits, y en concreto a su guitarrista y cantante Mark Knopfler, claramente el heredero del estilo y el sonido de Marvin: esa Stratocaster embadurnada en eco de notas melodiosas y evocadoras, continuamente estiradas con la barra de vibrato de la famosa guitarra de Leo Fender.

Curiosamente van a ser el piano y el banjo los instrumentos en los que se inicia el joven Brian Robson Rankin, nacido un 28 de octubre de 1941 en  Newcastle-on-Tyne, Inglaterra. Como varios de sus amigos de colegio se llamaban igual, cada uno recibió un mote para diferenciarse, y a nuestro hombre le tocó “Hank” –posteriormente completaría su nombre artístico basándose en el del cantante americano Marvin Rainwater–. Antes de la explosión del rock and roll y de su llegada al Reino Unido, uno de los géneros más populares allí era el skiffle, una amalgama de varios estilo pero que, de una manera muy simplificada, podríamos equiparar al country americano. Era pues bastante normal en los jóvenes británicos de la época aprender a tocar instrumentos como el mencionado banjo, y de hecho, el mismo John Lennon lo hizo también en sus tiempos mozos. Cuenta la leyenda que no fue hasta que Hank oyó a Buddy Holly que decidió pasarse a la guitarra y junto con su compinche Bruce Welch, también guitarrista en ciernes, se aventuró hasta Londres en busca de una carrera en la música allá por 1958.

En aquel momento, Cliff Richard, el “Elvis” inglés, estaba comenzando a triunfar y estaba reformando su banda, The Drifters. Tras una entrevista, Hank fue admitido como guitarra solista, no sin antes poner la condición de que entrara también su amigo Bruce, que ocupó el puesto de guitarra rítmica. La nueva formación se completó con el bajista Jet Harris y el batería Tony Meehan, y no mucho después cambió su nombre por el de The Shadows para evitar problemas legales con el grupo americano de rhythm & blues de igual nombre liderado por Clyde McPhatter (curiosamente ya había también unos Shadows americanos: los que acompañaban a Bobby Vee). Más o menos por entonces Hank ya había adquirido –a través de Cliff– el modelo de guitarra que le haría famoso: una Fender Stratocaster roja, primera según la historia que pisó el Reino Unido, muy posiblemente influenciado por su admirado Buddy Holly (por aquella época Hank exhibía idénticas gafas que el rockero tejano, lo que inevitablemente llevaba a todo el mundo a comparar el parecido de ambos.)

The Shadows se convirtieron, no sólo en el grupo de acompañamiento de Cliff Richard, sino que, a partir de 1960, iniciaron también una carrera paralela como formación de rock instrumental. De hecho, los Shadows fue el primer grupo de rock inglés en lograr fama y renombre, mucho antes que los Beatles o los Rolling Stones y acabaría siendo el que más singles ha tenido en las listas de su nación: nada menos que 69, entre los de Cliff Richard y lo suyos propios. A día de hoy son los terceros con mayor número de ventas de sencillos en Inglaterra, siendo el primero y el segundo, Elvis Presley y el propio Richard, respectivamente.

Se cuenta que la carrera “en solitario” del grupo se inició debido a que el compositor Jerry Lordan había creado un tema al que no conseguía ponerle letra (tiempo después, el cantante José Guardiola le pondría una en castellano en nuestro país). Fue por eso que nuestros muchachos decidieron grabarlo simplemente como un instrumental, y por supuesto se trataba de Apache. En realidad, el grupo ya había incluido varios temas sin voz en algunos discos de Cliff, pero Apache fue el primero que publicaron sólo con su nombre. Fue nº1 en las listas británicas y en las de muchos otros países, y es hoy en día uno de los grandes clásicos del rock instrumental, un género que aún estaba naciendo por aquellas fechas y del que los Shadows fueron pioneros y su principal bastión en Inglaterra. En Norteamérica el más claro exponente del estilo era entonces Duane Eddy, aunque otros grupos y solistas como The Champs, The Fireballs o Link Wray habían conseguido ya algunos éxitos, y cantantes y músicos como Chuck Berry o Bill Justis también habían tenido escarceos con el género. El apogeo del surf, con The Ventures, Dick Dale y The Surfaris a la cabeza, estaba a la vuelta de la esquina.

Los Shadows fueron dueños de las listas inglesas entre 1960 y 1963, hasta que los Beatles llegaron y lo cambiaron todo: a Apache le siguieron un montón de temas inolvidables que escalaron sin problemas a los primeros puestos y que tenían títulos tan variopintos y sugerentes como Man of Mystery, FBI, The Savage, The Frightened City, Kon-Tiki, Midnight, Wonderful Land, Theme for Young Lovers o Shindig, varios de ellos nº1. El estilo del grupo se caracterizó por la sobriedad y elegancia del sonido que Marvin le sacaba a su Stratocaster, normalmente adornada con eco (posteriormente experimentaría con otros artificios electrónicos), vibrato y, a menudo, con cuerdas “apagadas” con la mano, lo que provoca un bonito efecto percusivo. En alguna ocasión, los muchachos se ayudarían de vientos y violines para engalanar algunos temas como Geronimo, Atlantis o Guitar Tango. Para amenizar sus conciertos en directo, los músicos desarrollaron también varias coreografías, entre ellas el famoso “paseo” Shadow. (Particularmente gran parte de la música de los Shadows siempre me remite al verano, no sé si porque posiblemente compré por esa época mi primer disco de ellos, o por la similitud del sonido de la guitarra de Marvin con el habitual slide de la música hawaiana.)

No hay que desestimar tampoco al resto de la banda: es obligatorio destacar la maestría de Bruce Welch como guitarra de acompañamiento, un puesto que puede parecer más sencillo y humilde pero que con este hombre alcanza cotas de sublimidad. La batería y el bajo, si bien jugaron un papel de menor relevancia en The Shadows, están ahí como base y apoyo para las guitarras y no dejan de ser pilar imprescindible en el sonido de la banda. Tony Meehan cedería las baquetas a Brian Bennett en 1961 y este último acabaría convirtiéndose en el batería definitivo de los Shadows hasta nuestros días. El puesto de bajista ha dado más complicaciones al grupo y ha sido ocupado por varios músicos cuya labor ha sido en todos los casos apreciable: en 1963 Jet Harris es relevado por Brian Locking, quien marcha año y medio después para ser sustituido por John Rostill, que acabará siendo el bajista que más tiempo permanecería con la banda hasta su trágica muerte en 1973, electrocutado en el estudio de su casa.

Hemos adelantado que la llegada del grupo de John Lennon y Paul McCartney transformó la escena musical inglesa (y mundial); sin embargo, las trayectoria de los Shadows estaba ya demasiado consolidada para que el público de su país les olvidara y, aunque hubieron de ceder los mejores puestos de las listas a sus compatriotas de Liverpool, los chicos de Hank Marvin siguieron en el candelero durante el apogeo de la beatlemanía. Eso sí: se cambiaron los tupés por moptops y decidieron aventurarse en el terreno de la canción, en una línea bastante melódica que claramente intentaba seguir la moda impuesta por el nuevo sonido Merseybeat. Aún con todo, los Shadows demostraron ser tan buenos cantantes como instrumentistas, y durante la segunda mitad de los 60 añadieron a su largo palmarés canciones como Mary Anne, Don´t Make My Baby Blue, I Met a Girl o The Dreams I Dream. Para entonces ya habían intervenido también en seis películas, en musicales e incluso aparecido como marionetas en la legendaria serie de animación Thunderbirds.

En 1968 llega la primera de las muchas disoluciones temporales del grupo, coincidiendo con su décimo aniversario. Hank Marvin aprovecha para grabar el primero de sus discos en solitario y poco después forma con Bruce Welch y el australiano John Farrar el grupo predominantemente vocal y acústico Marvin, Welch & Farrar, proyecto que no logra despegar (el mismo Welch acaba dejándolo) y que provoca, tras unos pocos discos, que Hank, Bruce y Brian Bennett se reúnan de nuevo como los Shadows, contando con la participación de diversos bajistas y teclistas en sus reorganizadas filas. En el 75 representaron a su país en Eurovisión con la canción Let Me Be The One, quedando en segundo puesto (igual que Cliff en el 68), y hasta su nueva separación en 1990 vuelven a llenar un montón de escenarios y consiguen nuevos éxitos con instrumentales Don´t Cry for Me Argentina, Theme from The Deer Hunter o Riders in the Sky.

Durante los 90, los miembros de los Shadows siguen sus carreras en solitario, tanto artísticas como empresariales –casi todos ellos tienen sellos discográficos y estudios– y, en 2004, los tres Shadows “clásicos” se volvieron a unir para una gira de despedida que se extendió hasta 2005 y que, por suerte, no fue tal: cuatro años después estaban de nuevo juntos respaldando a Cliff Richard para celebrar nada menos que el 50 aniversario de su primer encuentro (se echó de menos a Jet Harris). El tour ha seguido en marcha hasta marzo de 2010 y, aunque ha llegado hasta Nueva Zelanda y Sudáfrica, por supuesto no ha pisado nuestro ignorado país… Como curiosidad final, comentar que Richard es desde hace tiempo Sir, y Marvin, Welch y Bennet fueron nombrados caballeros, aunque el primero declinó tal honor por “motivos personales”.

* Hank Marvin en solitario:
-Going Home: maestro y discípulo juntos: Hank Marvin como invitado en un concierto de Dire Straits, 1985. Knopfler explica la razón por la que se compró una Stratocaster roja...
-Eleanor Rigby: en acústico con su hijo Ben, 2009. Dos generaciones...
-Star Wars Theme: Hank se hace jedi. Del disco Marvin at the Movies. Para que veáis que se atreve con todo...

* The Shadows a través de los años:
-Twenty Flight Rock. En directo con Cliff Richard versioneando a Eddie Cochran, 1960.
-The Savage, de la película Los años jóvenes, 1961. ¡Atención a la rítmica de Bruce Welch!
-Big B. Los baterías del grupo también tuvieron ocasión de lucirse en algún tema, como en este compuesto por Brian Bennett en 1964.
-Mary Anne. Cantando en su etapa pseudo-beatle, c. 1965.
-Shooting Star. ¡En los Thunderbirds como marionetas, 1966!
-The Rise and Fall of Flingel Bunt, 1989
-Apache. De The Final Tour, 2004-05
-De nuevo con Cliff en el programa TV Today, 2009 (afinad vuestro inglés)

* El relevo: hay varios grupos y solistas que, a día de hoy, siguen la estela de los Shadows (entre los más conocidos están sin duda The Rapiers), aunque quizá uno de los casos más curiosos es el de la joven guitarrista francesa Matilda Shadtech, una chica de 22 años que lleva más de media vida tocando y es toda una virtuosa del instrumento. El mismísimo Hank Marvin le ha dado su bendición. Si queréis conocer más sobre ella y oírla, aquí tenéis su web  y un vídeo.

viernes, 16 de julio de 2010

Adiós a Hank Cochran

Toda una sorpresa ha sido la noticia del fallecimiento de Hank Cochran ayer a los 74 años de edad. El cantante combatía desde hace tiempo un cáncer, y todo parecía indicar que lo estaba venciendo, pero por lo visto no ha sido así.

A Hank (el de la derecha en la fotografía) ya le presentamos en el homenaje a Eddie Cochran el pasado mes de abril: este artista oriundo de Isola, Mississippi, nacido un 2 de agosto de 1935 y de nombre verdadero Garland Perry, formó pareja musical con Eddie entre finales de 1954 y principios de 1956 con el nombre de The Cochran Brothers, aunque, como sabe todo el que conozca su historia, no tenían parentesco pese a compartir apellido. Editaron juntos tres singles en el pequeño sello californiano Ekko, dos en estilo hillbilly, y el último ya orientado hacia el rockabilly, amén de dejar muchas más grabaciones que serían rescatadas con los años.

Sería precisamente la predilección de Eddie por la naciente música rock la que causaría que el dúo se separara de manera amistosa. A partir de ahí, las carreras de ambos seguirían derroteros muy diferentes: Eddie conocería una breve pero intensa trayectoria que le convertiría en uno de los padres del rock and roll antes de fallecer en un accidente en 1960 a los 21 años. Hank nunca conseguiría la fama y la leyenda de su amigo a pesar de vivir muchísimos más años, pero sí una respetable reputación dentro de la escena del country, género para el que seguiría grabando y escribiendo durante toda su vida. R.I.P.

* Los singles de The Cochran Brothers:
* Y uno de mis temas favoritos de Hank de aquella época (con Eddie a la guitarra), inédito hasta 1971:
-I´m Ready
* Página oficial: http://www.hankcochran.com/ y su MySpace. Precisamente en este se lamentaba recientemente sobre la muerte el pasado mayo de su amigo Eddy Arnold, otro clásico del country. 

jueves, 15 de julio de 2010

Jenny Seagrove: recordando a Marina

Ayer volví a ver una vez más Un tipo genial (Local Hero, dirigida por Bill Forsyth en 1983), una película de la que me quedé prendado hace muchos años. Me enamoré de la cinta, del pueblecito que aparece en ella, de sus vecinos y, sobre todo, de la actriz Jenny Seagrove, o quizá más propiamente de su personaje, Marina. Y, sin embargo, tengo que admitir que este flechazo generalizado no ocurrió en el momento del estreno del film, supongo que porque en aquellos tiempos yo era todavía demasiado joven y buscaba otro tipo de diversión cinematográfica. Rechacé, pues, en su momento ver aquella película sobre la que poco sabía entonces, y no fue hasta finales de los 80 que la vi por fin en televisión. En ese  lapso mis gustos se habían ampliado y habían madurado, y el largometraje pasó de inmediato a estar entre los muchos que guardo en un lugar especial tanto en mi filmoteca “física” como en la sentimental.

Un tipo genial transcurre en una pequeña y entrañable localidad de la costa de Escocia que parece sacada de una de esas historias de Frank Capra. Una gigantesca compañía petrolífera norteamericana fija su vista en ella porque está situada en el terreno que considera perfecto para construir una nueva refinería. Con el propósito de negociar con los lugareños la compra de sus propiedades, la multinacional envía a uno de sus empleados, MacIntyre (Peter Riegert) al que se le une ya en su destino otro trabajador de la empresa, Oldsen (Peter Capaldi). Pronto presenciamos un divertido catálogo de fauna local entre la que se encuentra el pluriempleado Urquhart (Denis Lawson), designado por el pueblo para tratar la venta de este con el MacIntire, su esposa Stella (Jennifer Black), el motorista que siempre pasa cuando los protagonistas van a cruzar la calle, un simpático marinero ruso que visita el pueblo con frecuencia, una punkie, un sacerdote africano o Ben (Fulton Mackay), un anciano que vive sencillamente en una chabola en la playa pese a ser dueño de una vasta propiedad. Curiosamente todo el pueblo está deseoso de realizar la transacción y comenzar una nueva vida en otra parte menos él, que no concibe abandonar la tierra que ha pertenecido a su familia durante generaciones

Hay dos personajes especiales en el film que no son del pueblo: uno lo interpreta el veterano Burt Lancaster, que aporta la excelencia clásica al film como secundario de lujo. Su papel es el de Ben Happer, el propietario de la compañía petrolífera que es además un gran aficionado a la astronomía y a la astrología. Cuando se entera de que la zona sobre el pueblecito presenta interesantes fenómenos como lluvias de estrellas y aurora boreal, decide ir en persona al lugar, lo que ocasiona el inesperado –o no tanto– final de la película, que no desvelaré por si alguien no la ha visto aún y desea hacerlo tras mi reseña.

El otro personaje es el que ya se ha adelantado, interpretado por Jenny Seagrove: se trata de Marina, una bióloga idealista que está en su elemento en el agua (no hace falta más que ver su nombre, o las membranas que han crecido entre los dedos de sus pies) y que cree que lo que ha traído a los estadounidenses allí es financiar el proyecto de un instituto de investigación que ella ha presentado. Marina se encuentra varias veces con el personaje de Peter Capaldi, y entre ellos surge un romance, al igual que entre ella y algunos espectadores que caímos encandilados ante la delicada belleza de aquella mujer menuda de embelesadores ojos azules.

Es curioso, pues, como te pueden marcar ciertos personajes o actores aún cuando apenas hayas seguido su carrera o incluso aunque no los hayas visto en otras películas (otro tanto se podría decir de algunos directores, como el mismo Bill Forsyth). Mi historia de amor –platónico, que remedio– con Jenny Seagrove / Marina revive cada vez que vuelvo a ver Un tipo genial, a pesar de no haber sido necesariamente un incondicional de la actriz ni de haberme interesado especialmente por su obra. Recuerdo haber visto pocos de sus trabajos: una serie de televisión ambientada en el siglo XIX que emitieron por la misma época que vi Un tipo genial –hizo varias en sus comienzos, aunque pienso que podría ser La mujer de blanco o Toda una mujer–, La tutora, film dirigido por William Friedkin en 1990 que fue el único de ella que vi en su momento en el cine y del que no guardo muy buen recuerdo (hace de “mala” y sigue una línea similar a la posterior La mano que mece la cuna, aunque mezclada con rituales druídicos), sus intervenciones en algunos telefilmes de Sherlock Holmes (El signo de los cuatro, 1987, con Jeremy Brett, e Incidente en las cataratas Victoria, 1992, con Christopher Lee) y poco más. Repasando su filmografía he encontrado Los piratas de las islas salvajes, una película de 1983 que estoy casi seguro de haber visto en la pantalla grande siendo adolescente, pero de la que no tengo ningún recuerdo. Quizá fue mi primer encuentro con Jenny Seagrove pero, en cualquier caso, yo siempre la recordaré como Marina.

Para los amantes de los datos biográficos, apuntar que esta actriz, aunque de nacionalidad inglesa, nació en Kuala Lumpur, Malasia, el 4 de julio de 1957, y que aunque su carrera cinematográfica pueda parecer breve e intrascendente (prácticamente se limita a los años 80) se ha prodigado enormemente en el teatro y en la televisión, medios en los que sigue muy activa. Es vegetariana y una entregada luchadora por los derechos de los animales, algo que parece tener en común con su encantador personaje en Un tipo genial.

* La primera escena de Jenny en la película.
Pennan, Escocia, el pueblecito donde se rodó Un tipo genial. En la actualidad sólo tiene 6 habitantes, y la cabina roja se puso a raíz de la película.
* Bill Forsyth vuelve a Pennan para celebrar el 25 aniversario de la película. Está subtitulado en inglés, aunque el texto va un tanto lento.

lunes, 12 de julio de 2010

Aquellos esplendorosos títulos...

Siempre –o, para ser sincero, desde que empecé a conocer el idioma inglés– me ha llamado la atención la a veces destacable diferencia entre los títulos originales de muchas películas del Hollywood clásico y aquellos que se les dieron en nuestro país. El criterio exacto que podían seguir las personas encargadas de esta “traducción” o más bien “adaptación” –si es que había alguno– no lo tengo claro; en algunos pocos casos uno puede entender que habían razones políticas o, más a menudo, culturales para optar por un título totalmente diferente al original; en muchos otros parece que era sólo cuestión de “mera” estética y sonoridad o incluso de orientar al público sobre la dirección, estilo o contenido de un film.

En cualquier caso, ¡qué ostentosos y rimbombantes, qué evocadores y sugerentes resultan algunos de ellos! Será porque los conozco así de toda la vida, pero a menudo prefiero el título español de muchas películas que el original americano. Incluso me parece con frecuencia más acertado.

Curiosamente, parecen ser dos géneros, el western y el fantástico, aquellos en los que más aguzaron su imaginación y su vena poética los traductores de los filmes de los años 40, 50 y 60. Algunos ejemplos de películas clásicas del segundo género citado:
-The Day the Earth Stood Still: Ultimátum a la Tierra (curiosamente, se mantuvo este título en el lamentable remake de 2008, en el que, al contrario que en la cinta original, no se da a nuestro planeta la advertencia a la que hace alusión)
-Them!: La humanidad en peligro
-The Beast from 20.000 Fathoms: El monstruo de tiempos remotos
-The Time Machine: El tiempo en sus manos
-The Thing from Another World: El enigma… ¡de otro mundo! (esta traducción era más fiel a la original, pero quedaban muy bien los puntos suspensivos y las admiraciones, ¿no?)
-The First Men in the Moon: La gran sorpresa
Menos acertados estuvieron los señores traductores al dar título en castellano a este clásico. Por una vez, me quedo con el nombre original:
-The Creature from the Black Lagoon: La mujer y el monstruo (¿un guiño a Dr. Jekyll & Mr. Hyde de 1931, aquí conocida como El hombre y el monstruo?)

Otros títulos emblemáticos de la ciencia ficción cincuentera se respetaron en su totalidad: Invaders from Mars / Invasores de Marte, Forbidden Planet / Planeta prohibido, The War of the Worlds / La guerra de los mundos, When Worlds Collide / Cuando los mundos chocan, Destination Moon / Con destino a la Luna, The Incredible Shrinking Man / El increíble hombre menguante, Tarantula…. Si bien también es cierto que no todas estas películas se estrenaron en España en su momento, y esto puede explicar que no “sufrieran” una adaptación con más solera y pompa como otras coetáneas.

En cuanto al género vaquero, encontramos muchos títulos sugerentes que nos remiten a las vastas tierras salvajes de la Norteamérica todavía en proceso de colonización como:
-The Big Country: Horizontes de grandeza
-Shane!: Raíces profundas (“Shane” es el nombre del personaje protagonista que interpreta Alan Ladd)
-Bend of the River: Horizontes lejanos
-The Far Country: Tierras lejanas

Algunos menos evocadores también son curiosos por lo imaginativos y/o diferentes que son respecto a sus originales:
-The Searchers: Centauros del desierto (¡me encanta este título!)
-My Darling Clementine: Pasión de los fuertes
-The Naked Spur: Colorado Jim
-The Westerner: El forastero
-High Noon: Solo ante el peligro
-Rancho Notorious: Encubridora
-How the West Was Won: La conquista del Oeste (este casi está bien)
-Paint Your Wagon: La leyenda de la ciudad sin nombre
-The Rare Breed: Una dama entre vaqueros
-True Grit: Valor de Ley
-Gunfight at the O.K. Corral: Duelo de titanes (suponemos que la cultura media española de la época no estaría muy al tanto de los viejos tiroteos en el Oeste americano, y por eso se suprimió el “O.K. Corral” en la traducción. Algo similar ocurrió con Sunset Boulevard, nombre de una avenida de Los Angeles que en nuestro país fue El crepúsculo de los dioses, o con Breakfast at Tiffany´s: puesto que la joyería neoyorkina no sería demasiado conocida en la España de 1961, aquí nos conformamos con Desayuno con diamantes.)

Mucho más fácil lo tuvieron los intérpretes lingüísticos nacionales con otros títulos de westerns sencillamente traducibles como La diligencia, Los 7 magníficos, Winchester 73, Flecha rota, Carabina Williams, El hombre de Laramie, Dos cabalgan juntos (en el original el verbo estaba en pasado: Two Rode Together), o sin necesidad de tal cosa, al referirse a nombres propios de ciudades, personajes y lugares: Río Grande y Río Lobo (no así Río Rojo, que era Red River en el original), El Álamo, El Dorado, Los Comancheros, Alvarez Kelly, Fort Apache, Dakota, Hondo, Johnny Guitar…. Incluso parece que El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valanceera ya un título perfectamente en la línea de los que se ponían aquí y se respetó íntegramente

En otros géneros no parecen encontrarse denominaciones tan gloriosas como en los westerns y el fantástico, excepción hecha del de suspense e intriga. No hay más que acudir a la filmografía del genial Alfred Hitchcock para dar con un montón de chocantes adaptaciones:
-Dial M for Murder: Crimen perfecto
-Spellbound: Recuerda
-The Wrong Man: Falso culpable
-Notorious: Encadenados
-Under Capricorn: Atormentada
-The Rear Window: La ventana indiscreta
-North by Nortwest: Con la muerte en los talones
-Vertigo: De entre los muertos, haciendo alusión a la novela de la que parte el film (aunque también se conoce aquí con su título original)
-Psycho: Psicosis (cuando debiera haber sido “Psicópata”)
A partir de Los pájaros, quizá porque los tiempos estaban cambiando, y con ellos el criterio de los traductores, todas las demás películas del maestro británico se trasladaron casi exactamente, a excepción de Marnie, a la que se le añadió aquello de “la ladrona”.

Otras cintas (tanto thrillers como de otros géneros) con traducciones pintorescas que me vienen a la cabeza pudieran ser:
-The Killing: Atraco perfecto
-The Big Heat: Los sobornados
-Gaslight: Luz que agoniza (seguramente para diferenciar este remake de 1944 del original de cuatro años antes, de idéntico título y respetado tal cual en su versión española)
-Wait until Dark: Sola en la oscuridad
-Love in the Afternoon: Arianne (aquí parece haberse dado el proceso contrario, y el título original resulta más sugerente que el español, al igual que en:)
- Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, que se simplificó en nuestro país a ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú
-The Glen Miller Story: Música y lágrimas (de nuevo quizá una traba cultural: es fácil asumir que la sociedad española de entonces no estuviera familiarizada con el músico americano, al igual que con el avión de Charles Lindberg en:)
-The Spirit of St. Louis: El héroe solitario
-The Seven Year Itch: La tentación vive arriba
-Some Like It Hot: Con faldas y a lo loco
-On the Town: Un día en Nueva York
-The Sound of Music: Sonrisas y lágrimas
-King Creole: El barrio contra mí
-High Sierra: El último refugio
-Bell, Book and Candle: Me enamoré de una bruja
-The Rack: Traidor a su patria (otro título de épica sonoridad)
-The Children´s Hour: La calumnia

A partir de los 70 parece que ya se empezó a aplicar otro criterio a las traducciones de títulos, aunque –y destacando de nuevo el western y el fantástico– todavía podemos encontrar cosas ingeniosas como:
-Westworld: Almas de metal
-Silent Running: Naves misteriosas
-The Omega Man: El último hombre vivo (lo que en la película no resulta ser cierto)
-Soylent Green: Cuando el destino nos alcance
-Butch Cassidy & the Sundance Kid: Dos hombres y un destino
-High Plains Drifter: Infierno de cobardes

Y no olvidemos que La guerra de las galaxias (Star Wars) hubiera sido literalmente “Guerras estelares” o “Guerras galácticas”, En busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark), “Los saqueadores del Arca Perdida” y Acorralado (First Blood), “Primera sangre”, por mencionar sólo algunos títulos de los estertores de aquel período de traducciones bastante libérrimas e imaginativas. A partir de los 80, parece ser que incluso se empezó a optar por no traducir muchos títulos que, al parecer, sonaban ahora más interesantes y “cool” en su versión original, y así, tuvimos Blade Runner, Terminator, Alien, Footloose, Hellraiser, Dirty Dancing, Ghost, Grease y tantos otros. A día de hoy parece que se continúa este discutible criterio de no complicarse en intentar adaptar los títulos de muchas películas, incluso cuando son tan sencillos y obvios como Gladiator, Frequency, Traffic, Citizen X, Cube, Beautiful Girls, Clerks o A Serious Man... Resulta irónico en un país que mayoritariamente sigue sin hablar ninguna lengua extranjera.

Parece ser que el último reducto de traductores “creativos” aguanta hoy en día en el género de la comedia disparatada, en donde se nos ofrecen tan ridículos y risibles títulos como Una guerra muy perra, Dos chalados y muchas curvas, Un canguro superduro, Dos canguros muy maduros y similares… todo un alarde de imaginación y habilidad con las rimas fáciles y los guiños obvios que parece remitirnos al cine de palomitas setentero… Quizá tendré que contradecirme y aceptar que sería mejor la opción de respetar el título en inglés…

Bueno, hoy he querido ofreceros algo diferente y confeccionar una lista de títulos legendarios de la época dorada del cine. Me habrán faltado muchos, claro. Estos han sido los que recordaba con mayor facilidad, pero no dejéis de enviarme otras traducciones chocantes. Yo también iré añadiendo nuevas conforme las recuerde...

viernes, 9 de julio de 2010

Secundarios de primera

Seguramente por su parecido con el término “segundón” se tiende a asimilar la palabra “secundario” –concretamente, referida a un actor– de un modo peyorativo, idea totalmente errónea, ya que hay y ha habido grandes secundarios en la historia del Cine, artistas que incluso durante toda su carrera han trabajado únicamente en este puesto y no por ello han dejado de bordar sus papeles e incluso han robado el protagonismo a las estrellas de muchas cintas en las que han trabajado. (Los norteamericanos utilizan el término “supporting actor”: actor de reparto, o, literalmente, “actor de apoyo”, quizá preferible.)

En este nuevo homenaje he querido recordar a algunos actores y actrices memorables que nunca o casi nunca trabajaron en roles principales y, sin embargo, cada uno a su manera, dejaron una huella indeleble en las páginas del 7º Arte. Es una selección, por supuesto, personal, y sin profundizar excesivamente en mi casting mental; simplemente los primeros que me vienen a la cabeza (los que vaya recordando posteriormente quizá aparezcan en una continuación). Algunos me parecen notables por sus grandes papeles, otros simplemente me son simpáticos o entrañables por su tesón y por su perpetuidad en películas que me han gustado. 

Margaret Dumont
Actriz emblemática de la adolescencia del arte cinematográfico, inolvidable para cualquier cinéfilo por sus repetidos papeles como viuda –o solterona– adinerada objeto de los tejemanejes del pícaro Groucho Marx en las películas que este realizó con sus hermanos. Él mismo decía que Margaret era “el quinto hermano Marx” (en realidad debiera haber sido el sexto, puesto que los Marx eran cinco, pero Gummo nunca apareció en las películas con los demás).

Esta robusta y alta actriz nació en Nueva York, EE.UU., en el ya lejano año de 1882 y se llamaba en realidad Daisy Juliette Baker. Se inició en el cine mudo en pequeños papeles tras su paso por el teatro, y en 1929 ya se las tuvo que ver con los Hermanos Marx en Los cuatro cocos. Sería la primera de sus siete intervenciones cinematográficas con los encantadores truhanes Groucho, Harpo, Chico y, ocasionalmente, el “hermano bueno”, Zeppo (las otras serían: El conflicto de los Marx, Sopa de ganso, Una noche en la ópera, Un día en las carreras, Una tarde en el circo y Tienda de locos). Siguió en el cine el resto de su vida, interviniendo en clásicos como Escuela de sirenas (1944), pero sin lugar a dudas Margaret será siempre recordada por sus comedias con los Marx. Curiosamente, falleció muy poco después de reencontrarse con Groucho en el show televisivo norteamericano The Hollywood Palace en 1965.

Judith Anderson
Indiscutiblemente esta legendaria actriz de rasgos severos (nacida como Frances Margaret Anderson-Anderson en Adelaide, Australia, en 1897) pasará a la historia del cine como la siniestra ama de llaves de Rebeca (1940, en la fotografía izq., aterrando a la pobre Joan Fontaine), el primer film americano de Alfred Hitchock y, en general, por sus papeles de personaje frío, intrigante e incluso malvado: la tía de Laura en la película homónima de Otto Preminger de 1944, la déspota tutora de Martha Ivers en El extraño amor de Martha Ivers (1948) e incluso la tirana Reina Herodias en Salomé (1953), entre otros muchos avatares.

Fue una reputada actriz de teatro especializada en papeles trágicos desde los 17 años, y no debutó en el cine hasta ser treintañera. Durante el resto de su vida seguiría alternando las tablas con las cámaras del cine y de la televisión, interviniendo en películas como Los diez mandamientosLa gata sobre el tejado de zincEl ceniciento (donde, por supuesto, era la madrastra de Jerry Lewis), Un hombre llamado caballo e, incluso, en sus últimos tiempos, apareció en Star Trek 3: En busca de Spock. Trabajó hasta casi los 90 años, y su último papel fue en la serie Santa Barbara. Precisamente fallecería en esta localidad californiana en 1992.

Walter Brennan
Sin lugar a dudas uno de los grandes –grandísimos– secundarios de la Historia del Cine y, de hecho, el actor de reparto con más Óscars en su haber: tres. A Walter Andrew Brennan, nacido en Massachusetts, EE.UU. en 1894 lo recordaremos siempre en su típico papel de simpático vejete (aunque en realidad era más joven que los personajes que interpretaba) comparsa de estrellas como Gary Cooper, John Wayne o Humphrey Bogart.

Brennan debutó en el cine mudo ya en 1925, y durante muchos años intervino en infinidad de películas de todos los géneros representando pequeños papeles, aunque no fue prácticamente hasta que ganó su primer Óscar por su personaje en Rivales (1936) que los directores comenzaron a fijarse en él y su prestigio empezó a crecer. En los años siguientes consiguió dos estatuillas más por Kentucky (1938) y el clásico El forastero (1940), siendo nominado un año después también por su intervención en El sargento York.

Fue un habitual en las películas de Howard Hawks y William Wyler y eterno compinche de Gary Cooper en un montón de filmes (estuvo con él, además de en los títulos ya citados, en otros tan conocidos como Juan Nadie, o El orgullo de los yanquis), y también acompañó a otros grandes como Bogart (Tener y no tener, inolvidable su personaje preguntado a todo el mundo aquello de “¿Alguna vez te ha picado una abeja muerta?”), James Stewart (Tierras lejanas), Kirk Douglas (Camino de la horca) o John Wayne (entre otras: Dakota, Río Rojo, o la mítica Río Bravo, quizá uno de los mejores y más entrañables papeles de Brennan).

Seguiría en activo hasta casi el año de su muerte en 1974, interviniendo en muchísimas películas ya históricas de entre las que es imposible hacer una selección, pero entre las que destacan muchos westerns como Pasión de los fuertes o La conquista del Oeste y thrillers como Conspiración de silencio o El premio, además de todas las que ya se han repasado. También grabó varios discos de country.

Curiosamente, y contrastando con su habitual personaje amigable, Walter Brennan fue en vida, al igual que su colega John Wayne, un hombre muy conservador e intolerante, pero, si hemos de juzgar a un artista por su arte y no por su persona, su legado al 7º Arte es invaluable.

Douglas Wilmer
Probablemente el paradigma del eterno actor secundario, de rostro fácilmente identificable pero cuyo nombre quizá no sea tan conocido. A lo largo de los años 50, 60, 70 y 80 intervino en infinidad de películas y series, especialmente de aventuras, históricas, fantásticas y de intriga.

Este londinense nacido en 1920 se inició en el teatro shakespeareriano al terminar la II Guerra Mundial, y diez años después ante las cámaras televisivas, precisamente como el rey griego Menelao, un adelanto de los papeles históricos y mitológicos que presidirían buena parte de su carrera. A lo largo de los 50 alternará televisión y cine, reincidiendo en historias de corte clásico como El Conde de Montecristo, El Tulipán Negro, Nicholas Nickleby o varios encuentros con el personaje de Robin Hood, aunque también aparece en largometrajes como Ricardo III de Laurence Olivier (1955) o La batalla del Río de la Plata (1956), pero seguramente serán los 60 y primeros 70 los que proporcionarán a Wilmer mayor proyección internacional al intervenir en superproducciones hollywoodienses como El Cid (1961, fotografía superior, con Charlton Heston), Cleopatra (1964), La caída del Imperio Romano (1964), Kartum (1966), Patton (1970) o Cromwell (1970), amén de otras películas económicamente más modestas pero igualmente destacables como Jasón y los Argonautas (1963) o Vampiros enamorados (1970, aka Las amantes del vampiro) para la Hammer.

En el género detectivesco le encontramos interpretando en dos ocasiones a Nayland Smith enfrentándose a Christopher Lee en Las novias de Fú-Manchú (1966) y La venganza de Fú-Manchú, en varias entregas de la saga de La Pantera Rosa y, como colofón, como el mismísimo Sherlock Holmes en la primera temporada de las serie que la BBC dedicó al personaje a mediados de los 60 (rol en el que sería relevado por Peter Cushing). En los 70 todavía se reencontrará varias veces con el investigador de Arthur Conan Doyle.

Algunas de sus más destacables intervenciones de sus últimos años en activo podrían ser las de Marco Antonio y Cleopatra (1973), El viaje fantástico de Simbad (1974), Octopussy (1983) o El caballero verde (1984), su último papel para el cine y donde vuelve a coincidir con Cushing. En 1986 se retira de la interpretación tras intervenir en la serie francesa Les aventuriers du Nouveau-Monde, dedicándose en su jubilación a pintar y a escribir su autobiografía, Stage Whisper, que publicó el pasado año.

Michael Ripper
Seguramente casi todo el mundo cite los nombres de Christopher Lee y Peter Cushing como los actores más habituales del cine de la Hammer y del género de terror inglés en general, pero en realidad fue este actor nacido en Porstmouth, Inglaterra, en 1913 el intérprete que intervino en más películas de la mítica productora británica: nada menos que veinticinco. Prácticamente en todos los clásicos de la compañía de los Carreras podemos ver el rostro amable de ojos saltones de Ripper en pequeños papeles que van desde saqueador de tumbas, pueblerino o delincuente de poca monta hasta policía o clérigo: Quatermass 2 (1957), La venganza de Frankenstein, El hombre que engañó a la muerte, La Momia (las tres de 1959), Las novias de Drácula (1960), La maldición del hombre lobo (1961), El capitán Clegg, El Fantasma de la Ópera (ambas 1962), La maldición de los zombies, El reptil, Rasputín (todas 1966)… y así hasta las dos decenas y media de colaboraciones hammerianas del actor.

Intervino también en otras películas del género fantástico para rivales de la Hammer como la Amicus (El jardín de las torturas, 1967) o la Tygon (El esqueleto prehistórico, 1973), así como en infinidad de series hasta su retirada definitiva en 1992 tras un papel-homenaje en Revenge of Billy the Kid.

Michael George Ripper falleció en junio de 2000, dejando un respetable historial de más de doscientas intervenciones en cine y televisión y uno de los más entrañables legados a los seguidores del género fantástico. Su biografía puede leerse en Michael Ripper Unmasked, de Derek Pykett, publicado por la editorial especializada Midnight Marquee Press.

Dick Miller
Dick Miller es sin duda al cine norteamericano de bajo presupuesto y a la American International lo que Michael Ripper a su equivalente británico y a la Hammer: habitual secundario en infinidad de películas de Roger Corman y allegados, se le puede ver en intervenciones de diversa envergadura en la mayoría de títulos clásicos de la productora estadounidense entre finales de los 50 y principios de los 60. Posteriormente ha quedado como un personaje icónico del cine de serie B yanqui, y muchos de los directores que sin duda crecieron viendo sus actuaciones, como Steven Spielberg, James Cameron, Joe Dante o Quentin Tarantino le han homenajeado con pequeños papeles en sus propios trabajos.

Militar y boxeador antes que actor, bajito pero de físico rotundo y mandíbula cuadrada, Richard Miller nació en el impopular barrio del Bronx, Nueva York, EE.UU., en 1928. A mediados de los cincuenta inició relación artística con el mítico productor y director Roger Corman, asociación que se prodigaría a lo largo de once años desde Conquistaron el mundo (1956) hasta El viaje (1967). Miller, como ya se ha dicho, se convertiría en habitual personaje secundario de muchas de las más memorables películas de Corman, incluidas Not of this Earth (1957), La pequeña tienda de los horrores (1960), El entierro prematuro (1962), El hombre con rayos X en los ojos o El terror (ambas de 1963), aunque sin lugar a dudas una de las colaboraciones más recomendables del tándem, tan disparatada como simpática,  es Un cubo de sangre (1959), uno de los pocos roles principales que Dick ha interpretado a lo largo de su carrera.

Constituido en una pequeña leyenda viviente del fantástico, Miller continúa activo a día de hoy a sus más de 80 años y es habitual en las películas de muchos directores recientes como los ya citados hace dos párrafos, que han rendido tributo al actor haciéndole intervenir en muchos de sus filmes: lo podemos ver en Piraña1941, Aullidos, Terminator, Gremlins y su secuela (el célebre vecino paranoico), ¡Jo, que noche!, El chip prodigioso o Matinee, amén de en un montón de series como V, Lois & Clark, Star Trek: Espacio profundo nueve, Urgencias, o doblando voz en dibujos animados como Batman o La Liga de la Justicia. A día de hoy, su última intervención ha sido el pasado 2009 en The Hole de Joe Dante, director con el que trabaja habitualmente y del que se diría es intérprete fetiche.

La de Miller, como la de Michael Ripper, parece ser una de estas carreras generalmente desconocida y en la sombra pero encomiable y asombrosa que se extiende ya a más de ciento setenta intervenciones.