"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)
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sábado, 6 de octubre de 2012

El jinete del tiempo

Años antes de que Michael J. Fox retrocediera al lejano oeste con su famoso Delorean, ya lo había hecho el bueno de Fred Ward con una sencilla motocicleta customizada; eso sí: su viaje, al contrario que el de Marty McFly, no fue voluntario: participando en unas pruebas de motocross, el experto piloto interpretado por Ward cruza accidentalmente una zona en la que están probando un dispositivo experimental de viaje en el tiempo. Sin ser consciente de ello, se encuentra de repente en un pequeño pueblecito mexicano en el que todos visten “a la antigua”, en el que residen un peculiar sacerdote (Ed Lauter) y una bella pistolera (Belinda Bauer) y al que acosa la inevitable banda de forajidos liderada por el malo de turno (un simpático Peter Coyote), que ahora se empeña en apoderarse de la extraña máquina rodante en la que ha llegado el desprevenido viajero temporal.

Efectivamente: El jinete del tiempo (Timerider: The Adventure of Lyle Swann) es la película que motivó mi anterior entrada-homenaje a la actriz Belinda Bauer, y que revisité esta semana después de muchos, muchos años. Recuerdo haberla visto en mi adolescencia –creo que en la desaparecida Terraza Nit de mi localidad– pero ni siquiera me acordaba ya ni de quiénes eran sus intérpretes. Aunque luego he visto muchas otras películas de Ward y de Coyote, este fue posiblemente mi primer encuentro cinematográfico con ambos. No recuerdo la impresión que este film de William Dear me produjo en su momento; es posible que para alguien de la edad que yo tenía entonces pudiera ser emocionante, pero a día de hoy me parece una película nimia y bastante simple a la que no ayuda precisamente la horrible banda sonora (sintetizadores a mansalva: ¡eran los 80!), la escasa trama, y la mayoría de interpretaciones un tanto superficiales. Si algo salva el largometraje es el habitual filtro nostálgico con que se vuelven a ver todas aquellas cintas que, en mayor o menor medida, forjaron en los cimientos de nuestro amor por el Cine.

Oh, por cierto: hay en Timerider una divertidísima anécdota de esas sobre “paradojas temporales” tan habituales en películas de viajes en el tiempo que fue incluso parodiada en la serie Futurama: el protagonista tiene una relación íntima con la chica en la cinta y acaba descubriendo que es... ¡su propio tatarabuelo!