"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

martes, 7 de marzo de 2017

Anónimos populares: Bill Nighy

Bill Nighy es el perfecto ejemplo de lo que yo llamo “actores discretos”: profesionales como la copa de un pino con una larguísima filmografía y muchos años de tablas que, paradójicamente, no parecen obtener el reconocimiento del gran público. La primera película en la que reparé en él fue la divertidísima Siempre locos, aunque después me cercioré de que ya habíamos coincidido en El ojo de la aguja, La maldición de la pantera rosa o Cuento de hadas, entre otras. Y es que este espigado inglés nacido en Surrey un 12 de diciembre de 1949 se estrenó como actor televisivo nada menos que hace cuarenta y un años, para dar poco después el salto a la gran pantalla. Desde entonces no ha dejado de trabajar, y le hemos podido ver en un sinfín de registros que van desde la comedia (Hotel Paraíso, Lucky Break, Love Actually, Arma fatal, Radio encubierta, Wild Target, El exótico Hotel Marigold y su secuela) al drama (El Castillo soñado, El jardinero fiel, Valkiria), pasando por el thriller (la estupenda trilogía televisiva del agente Johnny Worricker, por ejemplo), el doblaje de dibujos animados y videojuegos (Rango, Ratónpolis, Astro Boy) o el fantástico, género en el que ha efectuado quizá sus más populares apariciones, aunque no necesariamente sus más meritorios trabajos (Guía del autoestopista galáctico, el remake de Desafío total, Ira de titanes o las sagas Underworld y Piratas del Caribe, donde encarnaba al mismísimo Davy Jones, aunque por razones obvias era difícil reconocerle). Como decía, un actor admirable, incansable y trabajador ante el que uno se siente obligado a quitarse el sombrero. Siempre permanezco atento a sus trabajos, aunque admito que me faltan muchos por ver.

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