"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

miércoles, 29 de junio de 2016

Adiós, Scotty

Con inmensa tristeza, hoy tengo que recurrir a aquella frase tan manida de que “mi mundo se queda más vacío”, pues acabo de perder al último de mis grandes ídolos que aún permanecía con vida: el legendario guitarrista Scotty Moore nos dejaba el martes a los 84 años. Llevaba tiempo con mala salud, había enviudado recientemente, y estaba retirado de los escenarios desde hacía casi una década.

Sobre Scotty he escrito en años anteriores diversos homenajes y me remito a uno de ellos (este) para quien quiera conocer un poco de su leyenda, pues en estos momentos no tengo palabras ni ánimo para redactar nada más extenso. Para mí no era simplemente un ídolo musical, sino lo más parecido a un maestro que he podido tener a la hora de aprender a tocar la guitarra, pues con sus temas y las partituras de estos aprendí mucho de lo que sé y su estilo y sonido han sido para mí una gran influencia (aunque posiblemente no haya sido un alumno digno).

Por las razones que expongo en ese artículo, y por otras muchas, creo que la historia de la música nunca conseguirá hacer justicia al enorme legado de Scotty. Para más inri, la noticia de su fallecimiento llega en unas fechas en las que toda una serie de acontecimientos nefastos de gran relevancia inundan los medios informativos, y su marcha quedará sin duda sepultada por todos ellos.

El único consuelo que me queda es saber que Scotty vivió hasta una respetable edad, mucho más que la de sus compañeros Elvis Presley y Bill Black, y pudo ser testigo de la enorme trascendencia que su técnica guitarrística y su influencia tuvieron.



martes, 21 de junio de 2016

3ª temporada de Penny Dreadful

Con el noveno y último episodio de su tercera temporada finalizaba este pasado domingo la serie coproducida por el Reino Unido, Irlanda y EE.UU. Penny Dreadful. Sus creadores esperaron a que concluyera para hacer oficial su cancelación, pero era algo que se veía venir, pues a esas alturas no se había comentado absolutamente nada sobre una posible renovación para el 2017.

Me entristece sobremanera que concluya así precisamente el espacio televisivo que más me ha gustado en estos últimos años, pero quizá haya que recurrir a aquello de que “lo bueno, si breve…” y agradecer que la serie no se extienda más allá de lo razonable y sostenible y acabe languideciendo y perdiendo interés y calidad como parece que es inevitable con este tipo de creaciones audiovisuales cuando su producción y su emisión se alargan durante años.

Comenta el creador de Penny Dreadful, John Logan, que no se cancela por razones de audiencia, sino que ha sido una decisión voluntaria de sus artífices, y que básicamente había sido concebida con idea de concluir en su tercera temporada. Me resulta un tanto increíble que sea así, pero entiendo que una creación como esta –ambientada en el siglo XIX y con un impresionante despliegue de medios visuales e infográficos– sea muy costosa y también –por suerte o por desgracia– que por su temática, su particular estética y ambientación pueda no ser del gusto del gran público. Sea como fuere, las aventuras y desventuras de esta particular “Liga de los Caballeros Extraordinarios” bastarda y alternativa –que, sin embargo, como comentaba en este artículo del pasado año, es mucho más fiel a la obra de Alan Moore y Kevin O´Neill que la lamentable adaptación oficial al cine de 2003– llega a su fin tras estas tres temporadas, compuestas, respectivamente, de 8, 10 y 9 episodios. Nos quedamos con las ganas de ver más desarrollados personajes como ese Doctor Jekyll que nos presentaban este año o la peculiar tanatóloga Catriona Hartdegen, también nuevo fichaje; incluso de asistir a lo que creíamos una próxima aparición de la mítica momia Imhotep, a la que se menciona en un capítulo… También tengo la impresión, a nivel personal, de que el final se ha forzado un poco, aunque tampoco es impensable que la serie –o algún tipo de spin-off, tan de moda ahora– pudiera continuarse si hay el suficiente interés.


De esta última temporada, destacar también la incorporación de un villano de lujo como el mismísimo Drácula, seguido de cerca por su fiel Renfield y por una versión femenina del Doctor Seward, así como la de los personajes encarnados por actores de la talla de Wes Studi –que da vida a un chamán apache– o Brian Cox –padre del de Ethan Chandler–, entre otros. Durante algunos episodios, la acción se trasladó del oscuro y neblinoso Londres al mismísimo Oeste americano, una nota pintoresca y colorida que estuvo lejos de ser desagradable. Se repartió el protagonismo entre el enorme plantel de personajes, lo que quizá nos privó de la posibilidad de ver a alguno enteramente desarrollado y aprovechado, pero así pudimos saber más también sobre Dorian Gray y su amante Lilly o sobre la infortunada criatura de Frankenstein, con la que quizá se rizó demasiado el rizo al forzar tanto su vínculo con Vanessa Ives.

El final de Penny Dreadful deja un pequeño huequecito vacío en mi corazón televidente. Soy más partidario de los largometrajes que de las series, veo muy pocas de estas y escasas son las que logran apasionarme tanto como esta que ahora nos deja; de hecho, con la reciente conclusión de Banshee, creo que ahora mismo no queda ninguna en el horizonte que me llame verdaderamente la atención…

lunes, 20 de junio de 2016

Chips Moman

Escaso, casi nulo, ha sido el eco que la prensa española se ha hecho del fallecimiento de Chips Moman, y más bien modesto el de la internacional. Muy lejos de la repercusión que en los medios han tenido otros músicos recientemente desaparecidos como puedan ser Prince o David Bowie, por no hablar de la de artistas de muchísima menos envergadura y currículum cuyo deceso ha tenido bastante más publicidad que el del aquí homenajeado, un gigante de la música de las últimas décadas del siglo XX se mire por donde se mire y más allá de cualquier discusión. La única conclusión a la que se puede llegar al respecto es la de que los medios publicitan, o bien aquello que es comercial y popular (y, por lo tanto, puede vender y generar ingresos, especialmente tras su muerte) o aquello que está dentro del limitado ámbito cultural de algunos de sus redactores.

Lincoln Wayne "Chips" Moman, guitarrista de sesión, compositor, productor y arreglista, su carrera de cerca de seis décadas está repleta de grandes nombre que contaron con su saber, su pericia técnica y su habilidad artística. Fue un hombre esencial en la música soul, coescribiendo piezas tan emblemáticas como Do Right Woman, Do Right Man para Aretha Franklin o The Dark End of the Street para James Carr, pero además participó en discos de gente como Elvis Presley, Willie Nelson, Tammy Wynette, Petula Clark, Bobby Womack, Joe Tex, Wilson Pickett, Carla Thomas, Kris Kristofferson, Johnny Cash, o Waylon Jennings, entre otros muchos.

Titán de legado incalculable, capítulo esencial de la música estadounidense (por ende, universal) moderna, "Chips" Moman nos dejaba hace una semana exacta a los 79 años de edad, pero la prensa ha preferido cebarse con otros personajes de menor calado cultural simplemente por lo que comentaba: son más conocidos, atraen más el morbo, o tienen trabajos por estrenar, como podría ser el caso del desafortunado Anton Yelchin. Que no se quede la enorme figura de Moman sin reivindicar al menos desde este mi humilde espacio virtual.

miércoles, 8 de junio de 2016

Adiós a mi Playstation 2

Invariable e inevitablemente tiendo a encariñarme con los objetos y artefactos que permanecen mucho tiempo en mi vida, especialmente si se trata de aquellos que me han proporcionado innumerables ratos de diversión y entretenimiento, como puede ser el caso de reproductores de vídeo, tocadiscos, ordenadores, consolas o juguetes de mi infancia (de estos ya casi no me quedan). Por esta razón, separarme o deshacerme de ellos siempre me supone un momento sentimentalmente traumático. Es así de sencillo y de ridículo; a muchos les puede hacer gracia esta situación, pero para mí es a menudo como perder a un amigo o familiar, o como abandonar a una mascota en mitad de la carretera.


Ayer me despedí de mi vieja Playstation 2. Llevaba conmigo desde 2002, si bien es cierto que en los últimos años ya no la usaba y había sido sustituida por sus más modernas sucesoras (en 2008 me compré la Play 3 y ya sólo usé la más antigua muy puntualmente). Así pues, por desuso tanto como por razones de espacio, llegó el momento de decirle adiós a esta pequeña amiga con aspecto de cajita negra, hacer un poco de tripas corazón y mirar hacia adelante, intentando no dejarse amargar por sentimentalismos poco racionales. En la memoria quedan muchas partidas a infinidad de juegos, de entre los que recuerdo diversas entregas de algunas de mis sagas favoritas (Silent Hill, Tomb Raider, Medal of Honor, Resident Evil…) y, sobre todo, una modalidad computerizada que prácticamente descubrí con la PS2, la del –discutiblemente llamado– juego de rol o de “mazmorreo”, como a mí me gusta llamarles, de entre los que me calaron bien hondo las dos entregas de Baldur´s Gate: Dark Alliance y Champions of Norrath pero, sobre todo, el que creo que fue mi primer sandbox, Drakan, posiblemente el título que más disfruté con la consola de la que ahora me desprendo no del todo de buena gana.


miércoles, 1 de junio de 2016

Caída y auge de Reginald Perrin

Siempre he guardado un buen recuerdo de la serie Caída y auge de Reginald Perrin, que en España se emitió en el año 1984. Eso sí: era bien poco lo que recordaba de ella después de tanto tiempo; tan sólo anécdotas como la tienda de cosas absurdas y la curiosa y triste coincidencia de la muerte del actor principal, Leonard Rossiter, precisamente cuando el espacio televisivo triunfaba en nuestras pantallas. Originalmente, The Fall and Rise of Reginald Perrin se estrenó en Inglaterra en 1976, contando con tres temporadas de siete capítulos cada una que la extendieron durante los tres siguientes años. Se trataba de una sitcom inconfundiblemente británica en la que el ejecutivo que le daba nombre, cansado de un trabajo monótono y rutinario, fingía su muerte y resurgía como otra persona, y estaba basada en el libro del mismo título de David Nobbs.

La serie fue un gran éxito en su momento, consagró a su actor principal y se  ha convertido hoy día en un clásico de la pequeña pantalla inglesa. En 1982, el reparto original se reunió de nuevo para un breve sketch navideño, y catorce años más tarde se rodó The Legacy of Reginald Perrin, que sólo tuvo una única temporada de siete episodios y no consiguió ni remotamente la popularidad de su predecesora. Parecida suerte corrieron la versión americana de la serie (Reggie, 1983) y el remake británico de 2009, Reggie Perrin. Y es que, sin duda, Leonard Rossiter había dejado una indeleble e inolvidable huella con su interpretación del excéntrico personaje y el público no pareció dispuesto, en ninguna de estas ocasiones, a aceptar a otro actor en la piel de Reginald Perrin o a asumir una secuela sin su presencia. Por su parte, David Nobbs escribió tres continuaciones literarias de su novela más célebre.

Hace poco se me ocurrió buscar la serie y encontré una estupenda edición de Cameo Media en oferta y me concedí un pequeño viaje nostálgico adquiriéndola y revisionándola después de treinta y dos años. Ha sido curioso y entrañable redescubrir aquellas viejas series británicas de los 70 que en otro tiempo poblaron la televisión de nuestro país, con ese formato de vídeo que parece ya tan encantadoramente desfasado y esa estética que hoy se antoja tan sencilla, cuando no austera.