(Había preparado este artículo para celebrar lo que hubiera sido el 93 cumpleaños de Ray Harryhausen hoy 29 de junio. Tras su fallecimiento el pasado mayo, se convierte, por desgracia, en un homenaje póstumo). Dos
fechas
Es jueves 25 de
agosto de 1994, las 11.30 de la mañana. Mi vídeo Hitachi está ya
preparado para ponerse a grabar la cinta virgen que hay en su interior. En esa época
estoy realizando la prestación social sustitutoria,
pero ese día me he arriesgado sin dubitación a ser amonestado por no asistir al
centro al que me han destinado para poder ver la película que emite TVE. Es un
título con el que esperado mucho tiempo poder volver a reencontrarme, exactamente quince
años: El valle de Gwangi, dirigido por Jim O´Connolly en 1969 pero
tras cuya génesis se encuentra el legendario maestro de la animación Ray Harryhausen.
Curiosamente, en ese mismo 1994, unos pocos meses antes, he tenido ocasión de
conocer en persona al técnico de efectos especiales del que soy admirador desde
hace tanto tiempo...
Mi historia de amor cinéfilo con este largometraje y con su creador se remonta al
viernes 1 de enero de 1979. Mis recuerdos de
aquella primera experiencia con el trabajo de Harryhausen son algo difusos,
pero la fecha es exacta porque la he podido confirmar en varias fuentes.
Imaginaos a un niño de 9 años absorto ante la televisión. Juraría que el hecho
acaece en casa de mis abuelos; no es algo que pueda confirmar definitivamente pero
creo que así fue. La televisión me parece que era en blanco y negro, razón por
la cual durante muchos años creí que Gwangi
se había rodado sin color. Es posiblemente la primera vez que la emite TVE, y
seguramente la primera vez que muchos españoles tenemos ocasión de ver el film,
puesto que no se estrenó en cine en nuestro país en su momento.
James Franciscus y Gila Golan, encandilados con el caballito Diablo
Y allí está ese niño –por supuesto, yo– embelesado por la historia de la
cinta y por las criaturas que en ella aparecen. No sólo por el propio
dinosaurio que le da título, sino también por el maravilloso caballito en
miniatura que interviene en ella. Durante mucho tiempo, esta simpática
criatura, así como el final de la película, fue lo que más recordé de ella. Ni
siquiera tenía claro su título, que creía que era algo así como “El valle de
Mowgli”. Evidentemente, no creo que prestara mucha atención al nombre de Ray
Harryhausen en aquella primera ocasión en que presencié, disfruté y viví una
obra suya.
Han pasado dos años. He crecido un poco y ya comienzo a interesarme más por
el cine, por conocer los nombres de los actores, directores, técnicos y
artistas que intervienen en las películas a las que tengo acceso. Y, cuando se
estrena Furia
de titanes, sí que asimilo para siempre el nombre del creador de sus
efectos. Poco después veo también Jasón y los Argonautas, estrenada en España
con casi veinte años de retraso, y tengo el recuerdo algo más difuso pero
bastante probable de acudir al cine por esas fechas a ver además Simbad y el ojo
del tigre. Ray Harryhausen tiene, para siempre, un fan más de entre su
inmensa legión de ellos en el mundo. A lo largo de los siguientes años iré
conociendo más y más detalles y anécdotas de su carrera y conseguiré ver otras
películas, y esperaré con ansia el poder volver a ver la película que me lo
descubrió, ese El valle de Gwangi cuyo
segundo visionado llega por fin tres lustros después del primero. ¡Ni qué decir
tiene que, en estos tiempos más modernos en los que no es tan difícil hacerse
con una película, la tengo en DVD y puedo revisitarla cuando quiera!
Gwangi visita Cuenca y siembra el pánico en Almería
Dinosaurios
y vaqueros
El valle de Gwangi fue la culminación de un empeño de Ray Harryhausen aplazado durante largo tiempo: retomar alguna de las
antiguas ideas de su mentor Willis O’Brien y
llevarla a la pantalla. En 1969 Ray pudo por fin ver cumplido ese sueño, aunque
por desgracia su maestro había fallecido ya siete años antes. Durante la época
en que trabajaron juntos, O’Brien le había hablado a Harryhausen de un proyecto
suyo para el que también había dibujado algunos bocetos. La historia versaba
sobre cowboys que perseguían dinosaurios y los cazaban a lazo. Posteriormente,
este argumento fue desarrollado por William Blast
con la colaboración de Julian More, y
resultó en una especie de mezcla entre El
mundo perdido de Conan Doyle y un remake de King Kong. La historia no era especialmente original, pero, ¿a
quién le importaba, si podía disfrutar durante el film de un buen montón de
criaturas harryhausenianas? Se reunió un equipo técnico y artístico liderado
por el director estadounidense Jim O’Connolly,
con producción una vez más del infalible Charles H.
Schneer y con un reparto bastante anodino en el que destacaba el apuesto James Franciscus acompañado de la actriz polaca Gila Golan, que tuvo una efímera carrera
cinematográfica entre 1965 y 1969 si exceptuamos una última intervención en un
film de 1984. Entre los secundarios se encontraban el veterano actor estadounidense Richard Carlson, el británico Laurence Naismith, que ya había colaborado con el
tándem Schneer/Harryhausen en Jasón y los
Argonautas, el uruguayo Gustavo Rojo y Freda Jackson, que volvería a aparecer en Furia de titanes. El rodaje tuvo lugar,
una vez más, en ese suelo español al que tan aficionado era Ray sobre todo por
lo económico de trabajar en él. Es fácil reconocer en la cinta la plaza de
toros de Almería, la catedral de Cuenca y la Ciudad Encantada de la misma
provincia, entre otras localizaciones.
Gwangi supervisa el guión junto a Ray Harryhausen
The Valley of
Gwangi,
estrenada en el verano de 1969, fue un fracaso de taquilla. El mismo
Harryhausen lo achacó siempre a la mala gestión de la distribuidora del film en
EE.UU., una Warner Bros que acababa de cambiar de propietarios y no sólo no
promocionó la película, sino que la endorsó en programas dobles con otras
cintas de inferior calidad. Muchos fans del mago del stop-motion tampoco
parecen tenerla en demasiada estima e incluso la consideran un trabajo “menor”
de Ray. Para mí, sin embargo, Gwangi
ha sido una película esencial y decisiva en mi vida y, sin considerarla entre
las mejores de Harryhausen, sí que me gusta mucho y la disfruto cada vez que la
revisito, y considero que tiene grandísimas escenas de animación. El mismo
Steven Spielberg rindió homenaje a una de ellas –aquella en la que Gwangi se
come a un pequeño dinosaurio– en Parque
Jurásico. Y es que Ray Harryhausen, aún con la más modesta de sus
películas, marcó a toda una generación de directores de cine fantástico y, por
ende, al género en sí. ¿Quién lo pone en duda a estas alturas? Enlaces de interés: Magnífico reportaje gráfico de la web alemana http://www.western-locations-spain.com con fotografías comparativas de los lugares de rodaje de El valle de Gwangi en el momento de la producción y hace pocos años: http://colossa.blogspot.com.es/2011/12/gwangi-localizaciones.html
Todo un personaje esencial en el género fantástico
–literario, cinematográfico, televisivo– nos dejó este domingo a los 87 años de edad tras una larga
enfermedad: el escritor y guionista estadounidense Richard Matheson. Recordar su
gran currículum a cinéfilos y bibliófilos parece innecesario, pues es autor de algunos de los más populares libros de ciencia ficción del siglo XX y de los más adaptados a las pantallas grande y pequeña. En cualquier
caso os remito a este pequeño homenaje que le hice hace un par de años:
A la directora gala Diane
Bertrand le tenemos que agradecer que descubriera para la gran pantalla
a la deliciosa Olga Kurylenko: la ucraniana
residía en Francia, donde comenzó su carrera como modelo, cuando en 2005 tuvo la
oportunidad de interpretar su primer largometraje para cine, L’annulaire (“El anular”), basado en una
novela de la japonesa Yoko Ogawa. Poco después
llegarían Paris, je t’aime, donde yo
personalmente descubrí a la actriz, y el salto a Hollywood y a la fama
internacional, sobre todo tras convertirse en chica Bond en Quantum of Solace.
Película narrada con gran sensibilidad y que
sabe aprovechar y explotar como quizá no lo ha hecho ninguna otra la sensualidad de su
protagonista, nos cuenta la historia de Iris, una joven que comienza a trabajar
como secretaria en una extraño laboratorio situado en una vieja finca en la que
su director (Marc Barbé) confecciona y
almacena “especímenes”, en realidad recuerdos y objetos preservados de los
clientes que acuden a solicitar los servicios de este peculiar personaje.
Se trata de una especie de cuento fantástico
en el que, curiosamente, para mí sobran el par de escenas de sexo que tiene y
que pienso que rompen el encanto de la historia. Aunque me lo paso muy bien con
películas como Centurión, Oblivion, o la entrega de James Bond
antes citada, creo que este es con diferencia el mejor papel que he visto
interpretar a Olga Kurylenko.
Es cierto que era un edificio, pero para mí,
cuando el Cine
Oma cerró sus puertas en 1997 y fue demolido algún tiempo después, fue como perder a un viejo amigo. Un amigo que había sido una constante en mi
vida durante cerca de dos décadas, en donde había atesorado miles de
experiencias fílmicas y que, junto con los otros cines clásicos de mi
ciudad, había forjado mi amor por el 7º Arte. En él presencié muchas de las
películas que se han convertido en esenciales en mi trayectoria cinéfila. Incluso recuerdo
haber tenido el privilegio de poder ver en su pantalla títulos que ya entonces
eran “antiguos” como Lo que el viento se
llevó, Ben-Hur, Vértigo, Senderos de gloria o La
ventana indiscreta, un lujazo que la ignorancia, la incultura y la simple
necedad nos han negado en nuestros días.
Vivimos muy malos tiempos para el cine y para
los cines. No quiero insistir en denunciar los grandísimos enemigos que estos
locales tienen porque ya lo he hecho en repetidas ocasiones y me cansa. En mi
ciudad tenemos la gran suerte y el lujo de contar todavía con cines, pues el
Oma fue sustituido por un complejo multi-salas, Alucine, que, sin poder ni deber compararse con los
cines de otras épocas, satisface al menos nuestra adicción a ver películas en
pantalla grande. Es el único local en casi 25 km a la redonda, aunque a veces
me pregunto si los ciudadanos de mi localidad y de las de alrededor son
conscientes de la gran suerte que tenemos al respecto, de que tenemos cines a
un paseo desde casa y por precios tan bajos como 4 euros en el día del
espectador. Somos una de las poquísimas urbes de la provincia de Valencia que
dispone de programación cinematográfica fuera de la capital
Izq.: el Cine Oma en los primeros 90. Der.: la finca que ocupa su lugar en la actualidad
Os voy a confesar una cosa: tengo un sueño
recurrente en el que el Cine Oma sigue “vivo”, o vuelve a reconstruirse. Sueño
a menudo con eso, y es que lo echo mucho de menos; una parte de mi corazón se
quedó en él para siempre, y pienso que, de no estar gobernados por merluzos
ambiciosos y sin escrúpulos, el edificio se podía haber salvado tanto para
proyectar películas como para muchos otros menesteres.
Siempre quise “explorar” aquel cine y sacar
fotografías de su interior, sobre todo cuando ya se supo que su destino estaba
sellado… No lo hice por vergüenza, pero afortunadamente mi paisano Víctor Peiró fue más atrevido que yo, y en su blog
personal podéis ver el reportaje fotográfico que realizó al Cine Oma cuando sus
puertas ya habían cerrado al público y su fin era inminente. Muchas gracias,
Víctor, por estos recuerdos…
Parece que fue ayer cuando una
muchachita menuda de corta melena oscura nos encandiló a medio mundo en El profesional con su personaje de
Mathilda, una niña despierta y atrevida que no tenía más capricho que
convertirse en asesina y vengar así la muerte de su familia. Aquel fue el
primer papel para cine interpretado por Natalie Portman y de eso hace casi ya dos
décadas. Natalie, que cumple 32 años precisamente hoy, es en la actualidad una
mujer casada madre de un niño que se ha convertido indiscutiblemente en una de
las actrices más solventes y populares del cine actual con un buen montón de
trabajos destacables a sus espaldas, un Oscar de Hollywood y un sinfín de
seguidores entre los que se encuentra, por supuesto, un servidor… Pero os voy a
confesar un secreto: ando algo enfadado con ella porque nos tiene un tanto
olvidados a los fans: desde el estreno de Caballeros,
princesas y otras bestias (sin lugar a dudas, lo peor de su filmografía) en julio de 2011, no nos ha
permitido disfrutar de su presencia en la gran pantalla. Se lo perdono, por
supuestísimo, porque sé que anda muy ocupada ejerciendo de mamá y porque,
después de dos años de ausencia en los cines, en este 2013 nos va a obsequiar
con tres trabajos suyos: dos películas con el controvertido Terence Malick (Knight of Cups y la inicialmente
titulada Lawless, ambas sin fecha definida
de estreno) y Thor: el mundo oscuro,
su segunda intervención en la saga del superhéroe de la Marvel que podremos ver
a principios de noviembre. Aunque, sin lugar a dudas, la película de Natalie
Portman que más ganas tengo de ver es el western que produce y rueda en la
actualidad y que no llegará hasta 2014, Jane Got a Gun. ¡Felicidades, Natalie, y no nos tengas tan desamparados!
Acabada, en un principio, la saga
cinematográfica de Indiana Jones con Indiana
Jones y la última cruzada en 1989, George Lucas
se embarca tres años más tarde en un nuevo proyecto televisivo que recupera el
personaje: The Young Indiana Jones Chronicles;
en España, Las
aventuras del joven Indiana Jones. Como es fácil deducir por su
título, en esta serie para la pequeña pantalla se nos cuenta la infancia y la
adolescencia del mítico héroe del látigo, haciéndonos partícipes a los
espectadores de cómo se forja su carácter y su interés por la historia y la
arqueología.
Ya habíamos podido ver a un joven Indiana
Jones en la tercera entrega fílmica interpretado por River Phoenix, pero en el
espacio televisivo serán no uno, ni dos, sino tres nuevos actores los que darán
vida al aventurero en diferentes etapas de su vida: el veterano George Hall interpreta a un nonagenario Indiana
que, excepto por la pérdida de un ojo, goza de excelente salud y al que le
encanta contar batallitas a la primera de cambio. Él es el que introduce y
normalmente cierra cada capítulo. El pequeño Corey
Carrier será el encargado de dar vida al protagonista del serial cuando
tiene entre 8 y 10 años, mientras que Sean Patrick
Flannery será Indiana Jones entre los 16 y los 21. Curiosamente, este actor
cuyo parecido con Harrison Ford es bastante discutible, tenía casi diez años
más de los que representaba en la serie.
Corey Carrier como el pequeño Indiana
Lejos de intentar recrear la espectacularidad
de las películas para cine, su trepidante acción y sus impresionantes
secuencias de peleas y persecuciones, la obligatoriamente más modesta Las aventuras del joven Indiana Jones
intenta inculcar en el espectador el gusto por la historia, situando a su
protagonista en todos los capítulos en acontecimientos importantes de su época
y rodeándolo de muchísimos personajes famosos, algo que parece un tanto
exagerado pero acaba resultando de lo más fascinante. Así, nombres como Mata
Hari, Pablo Picasso, Albert Schweitzer, Pancho Villa, John Ford, Al Capone,
Eliot Ness, Ernest Hemingway o Lawrence de Arabia pasarán por la joven vida de Henry Jones, Jr. Una
excepción absolutamente atípica fue el Drácula resucitado de uno de los
episodios que preludiaba el elemento fantástico habitual en la saga
cinematográfica.
Personalmente pienso que es una de las series
más interesantes que se han hecho para televisión en las últimas décadas,
precisamente por esta particularidad y por ese propósito didáctico y el énfasis
en enseñar historia y geografía. Para conseguir esto, el equipo técnico y
artístico viajó por todo el mundo (incluso España) para grabar sus episodios,
lo que naturalmente disparó los costes de producción del proyecto e hizo que
finalmente se tuviera que cancelar pese a su éxito de audiencia y los premios conseguidos. También con The Young Indiana Jones Chronicles la
ILM comenzó a desarrollar a marchas forzadas las pioneras técnicas infográficas
que luego utilizaría hasta la exasperación en la segunda trilogía de Star Wars, consiguiendo con ellas
reproducir la época y los ambientes que requería el espacio televisivo, por
ejemplo para reconstruir ciudades con el aspecto que tenían a comienzos del
siglo XX.
Sean Patrick Flannery fue el Indiana adolescente
Los capítulos que la compusieron fueron
dirigidos por prestigiosos directores como Bille August, Terry Gillian, Terry
Jones o Mike Newell y contaron con la aparición de actores como Christopher
Lee, Max von Sydow, Vanessa Redgrave o habituales de Lucas como Ian McDiarmid y
Anthony Daniels. Entre los guionistas y argumentistas encontramos nombres como
Frank Darabont, el propio Lucas y hasta Carrie Fisher, y la música corrió a
cargo de Laurence Rosenthal. En el reparto habitual figuraron, además de los
intérpretes que encarnaban a Indiana Jones en diferentes momentos de su vida, Lloyd
Owen como el Profesor Henry Jones, Ruth de Sossa como su esposa y madre de
Indiana, Margaret Tyzack como la tutora de este último, y el simpático y
malogrado Ronny Coutteure como el fiel amigo del Indy adolescente Remy.
Incluso el Indiana original, el famoso perro malamute del arqueólogo, tiene una
simpática intervención en el primer episodio. La aparición del mismísimo Harrison
Ford como un barbado Indiana Jones cincuentón en el capítulo El misterio del blues fue impagable.
George Hall como el anciano Indiana Jones
La impagable aparición de Harrison Ford
La primera temporada, en 1992, contó con 6
episodios de una hora de duración, excepto el primero, que fue doble. Para la
segunda, se rodaron 22 episodios más, aunque cuatro de ellos no fueron emitidos
originalmente en EE.UU. (sí en otros países). Entre 1994 y 1996 se emitió una
tercera temporada que consistía en cuatro telefilms de hora y media de
duración. Posteriormente, se alteró el orden de emisión de los capítulos y se
dispusieron según transcurría cronológicamente su argumento para su edición en
cinta VHS, en donde debían aparecer en formato doble, dos episodios por
cinta, aunque sólo se comercializaron doce volúmenes. Para su venta doméstica –ahora
con el título original de The Adventures
of Young Indiana Jones– se eliminaron las escenas protagonizadas por George
Hall (y Harrison Ford) y se rodaron algunas nuevas para dar continuidad a la
serie con su nueva estructura. Todas estas variantes tan características de
Lucas han dado algún que otro quebradero de cabeza a los seguidores y
coleccionistas, pero la información fidedigna y detallada se puede encontrar en
internet, por ejemplo, en la recurrida Wikipedia.
Portadas de algunos de los volúmenes de la edición en VHS
Tengo un gran recuerdo de esta serie que en
España emitió Antena 3 a partir de octubre de 1992, especialmente de la parte
que transcurre en la I Guerra Mundial. Los últimos cuatro capítulos de hora y
media, por desgracia, se emitieron en horarios irregulares, aunque en cualquier
caso yo conseguí comprar a muy buen precio toda la edición VHS comercializada
en nuestro país en la que, como ya se ha dicho, faltaban 10 episodios. La edición de 2007 en DVD con la serie completa no ha
sido editada en nuestro país, pero, si lo hace, tiene un firme candidato a
adquirirla si las circunstancias lo permiten.
Mi panteón cinéfilo es vasto y poblado, y por
ello no soy demasiado amigo de establecer podios y jerarquías en él. En lo
tocante a actores masculinos, muchos han sido los que han trascendido en mi
vida como aficionado al 7º Arte. Habiendo crecido viendo cine clásico, casi
todos los nombres más legendarios de Hollywood son esenciales para mí: Cary
Grant, James Stewart, Humphrey Bogart, John Wayne, Richard Widmark, y un
larguísimo etcétera. En épocas más modernas he sido incondicional de gente como
Harrison Ford, Gary Oldman o Geoffrey Rush, por citar los más importantes. Pero
lo cierto es que, si hay un actor que tiene un lugar privilegiado en mi
corazón, ese es sin duda Peter Cushing, siempre seguido muy de cerca de
su colega y amigo Vincent Price.
La presencia de Cushing, su rostro
inconfundible, esa mirada tan absorbente y fascinante, hacen que me rinda
incluso ante los trabajos más olvidables de este actor. Creo que fue un hombre
que siempre intentó conferir dignidad y seriedad a todos sus papeles, independientemente
de lo interesantes o notorias que pudieran ser las producciones en las que
tomaba parte. Si intento rememorar mi primer encuentro con él, imagino que
sería fácil afirmar que fue en La guerra
de las galaxias. También en el cine vi algunas de sus últimas apariciones
como Top Secret o Biggles, pero no fue hasta más avanzada
mi adolescencia cuando empecé a descubrir sus clásicos de la Hammer y me rendí
definitivamente ante este caballero del fantástico que encarnó al Barón
Frankenstein, al cazavampiros Van Helsing o a Sherlock Holmes como nadie lo ha
hecho nunca. A partir de ese momento, me convertí en fan de por vida y, a día
de hoy, creo que puedo decir que he visto gran parte de su filmografía, aunque
no toda ella.
Como homenaje a este actor del que hoy se
cumple el centenario de su nacimiento, he querido hacer una selección de diez
películas suyas que considero esenciales y/o especiales, tarea difícil porque
me parece un número demasiado pequeño y limitado para escoger, y porque, como
ya he dicho, tampoco he visto todos sus trabajos, pero estos son los que
recomendaría a quien quisiera iniciarse en la filmografía de Cushing y posiblemente
los que más me han gustado de entre los que he visto.
La
maldición de Frankenstein (Terence Fisher, 1957)
A Peter Cushing le costó lo suyo triunfar en la
pantalla grande. Se había iniciado en el cine en 1939 en el mismísimo
Hollywood, donde intervino en pequeños papeles durante dos años hasta que la
entrada en guerra de su país, Inglaterra, le obligó a regresar a él.
Seguramente, de haber permanecido más tiempo en la Meca del Cine, su nombre
sería hoy tan popular como algunas de las más importantes estrellas masculinas
de su época.
Un Frankenstein tan exquisito como malvado
Acabado el conflicto bélico, trabajó
principalmente en la televisión británica, en donde se convirtió en un rostro
muy conocido. El director Terence Fisher
aprovechó precisamente la baza de esa fama para proponerle el papel del Barón
Frankenstein en una nueva versión del clásico de Mary Shelley que iba a dirigir
para la pequeña productora Hammer Films y en
la que el rol de la criatura recaería sobre el actor Christopher
Lee. El resto, utilizando el manido tópico, es historia. Sería el
comienzo de un montón de colaboraciones entre el mágico triángulo
Cushing-Fisher-Lee durante los siguientes años y también el principio de la
segunda edad de oro del cine de terror (la tercera para algunos, si
consideramos a los maestros expresionistas). Por suerte o por desgracia para
Peter, el éxito de este largometraje y de los inmediatamente posteriores para
la Hammer le supondrían también un encasillamiento casi definitivo en el género
del terror, del que está considerado uno de los grandes paladines.
Cushing compuso un Victor Frankenstein
refinado y elegante, pero frío, cerebral y cruel, obsesionado por su deseo de probar
sus teorías científicas y al que no le importaba sacrificar a sus amigos y
seres queridos con tal de alcanzar su fin. El actor seguiría desarrollando el
personaje de manera impecable a lo largo de cinco continuaciones más hasta
1973. Si tuviera que quedarme con una única película de Peter Cushing, creo que
sería esta sin duda. Lo considero su mejor papel y su trabajo más esencial.
El mejor Van Helsing
Drácula
(Terence
Fisher, 1958)
Visitado uno de los grandes mitos del
fantástico, tocaba ahora retornar a otro a la gran pantalla: el temible conde
vampiro de Bram Stoker. De nuevo con Fisher en la dirección y con Christopher
Lee en el que sería su papel más conocido, Peter Cushing encarnó esta vez a su
archienemigo, el doctor Van Helsing, al que confirió rasgos de ágil héroe
errolflynniano en escenas sugeridas por él mismo como la del enfrentamiento
final entre su personaje y el monstruo transilvano.
La saga de Drácula-Lee se extendería hasta
seis entregas más, pero Peter sólo regresaría en las dos últimas, ambientadas
en la actualidad, y en las que interpretaba a un descendiente del Van Helsing
original.
La
Momia (Terence Fisher, 1959)
La Hammer parecía haber encontrado una
fórmula mágica comercial resucitando a los monstruos clásicos de la literatura
y del cine que ya había encumbrado la Universal más de dos décadas antes.
Llegaba ahora el turno de la Momia, para el que Cushing, Fisher y Lee se
unieron por tercer año consecutivo.
Algunos consideran esta película claramente
inferior a sus dos célebres predecesoras; para mí está prácticamente a la misma
altura con ese fascinante encuentro entre los dos actores cuando el resucitado
egipcio (Lee, por supuesto) irrumpe en la mansión del arqueólogo Cushing. La
bella Yvonne Furneaux completaba el suntuoso reparto en el papel de la esposa
de Cushing quien, mira por donde, resultaba ser idéntica a la difunta amada de
la momia Kharis.
El
perro de los Baskerville (Terence Fisher, 1959)
Seguimos en 1959, y aunque esta vez no hay
elemento fantástico propiamente, nuestro triángulo invicto sigue echando mano
de los clásicos de la literatura inglesa: esta vez es el turno de Sir Arthur
Conan Doyle y El perro de los Baskerville.
Con esta película, Cushing bordará uno de sus personajes más recordados, por
supuesto, el infalible Sherlock Holmes. Su amigo Lee no será en esta ocasión su
antagonista: encarnará a Sir Henry Baskerville, a quien el detective y su
inseparable Watson (inolvidable André Morell) deberán defender de sus enemigos.
A pesar de que este fue su único largometraje
cinematográfico interpretando al investigador, Peter Cushing es recordado como
uno de los mejores Sherlock Holmes de la pantalla grande junto a Basil
Rathbone. Retomaría el personaje durante dieciséis episodios para la serie de
la BBC en 1968 y una última vez en 1984 (véase más adelante).
Las
novias de Drácula (Terence Fisher, 1960)
Sin Lee en esta ocasión (de hecho, pese al
desconcertante título, el personaje de Drácula ni siquiera aparece en la cinta)
pero con Fisher dirigiendo, Cushing recupera magistralmente a Van Helsing y lo
enfrenta al vampiro de turno, el Barón Meinster (David Peel). En cierta manera,
esta película cierra la etapa de mayor gloria de su director y actor principal,
aunque ambos seguirían trabajando para la Hammer durante muchos más años. Fuera
de esta selección, a fin de no hacerla interminable, me dejo títulos de la
talla de La maldición de Vandorf, El abominable hombre de las nieves o las
ya citadas secuelas de La maldición de
Frankenstein.
Las
amantes del vampiro (Roy W. Baker, 1970)
Siempre dispuesto a acabar con el mal
Película no estrenada en España en su momento
y aparecida en formato doméstico con títulos tan despistados como el que
encabeza este apartado o Vampiros
enamorados –lo correcto sería Las
amantes vampiro–, adapta la legendaria novela de Sheridan LeFanu Carmilla, y el reparto está encabezado
por una de las pocas actrices que destacaron en la Hammer con papeles a la
altura de los de sus colegas masculinos: la inolvidable Ingrid Pitt. En la
época en que se rodó este largometraje, el código de censura británico se había
flexibilizado bastante y la Hammer posiblemente no dudó en acentuar el erotismo
de sus productos para atraer a un mayor número de espectadores, y este título
es uno de los mejores ejemplos de esa nueva política de la empresa. Entre
sensuales desnudos y lésbicas escenas, no obstante, Roy Ward Baker, otro de los
directores esenciales de la productora, nos presenta una historia gótica con
todos los elementos imprescindibles de estas: tumbas, ruinas, niebla… y un Peter
Cushing que, en el papel del General von Spielsdorf, está dispuesto a acabar
una vez más con el mal valiéndose de estacas y crucifijos.
Cuentos
de ultratumba (Kevin Connor, 1974)
¿No quieren comprarme algo?
Fundada en Inglaterra por los estadounidenses Milton
Subotsky y Max Rosenberg, la productora Amicus se había erigido desde los
primeros 60 en clara rival de la Hammer y se había especializado, como esta, en
filmes de terror. Uno de sus productos habituales fueron las películas
compuestas de varias historias cortas, normalmente basadas en libros o cómics
del género, unidas por un nexo común, habitualmente un personaje
presentador-iniciador, y entre las muchas que produjo la casa quiero destacar esta por
el impagable y sin par papel que hace nuestro homenajeado: en la cinta representa
a un simpático viejecito que regenta una tienda de antigüedades y rarezas en
Londres. Los clientes que acuden a ella invariablemente le engañan, roban o
regatean, y el artículo que se llevan entraña cada una de las historias. Al
final, se diría que el afable anciano de la pipa no es tan inofensivo como
parecía. Inolvidables también las apariciones de David Warner y Donald
Pleasence.
La
guerra de las galaxias (George Lucas, 1977)
Otro de los hitos fílmicos de mi vida y, como
ya he adelantado, posiblemente mi primer encuentro con Peter Cushing, a finales
de los años 70. El joven George Lucas planeaba rodar en Inglaterra esta
película que sería el inicio de su imperecedera saga cuando se planteó reforzar
el desconocido y joven reparto con algunos actores de renombre. Convencer a
Alec Guinness para ser Obi-Wan Kenobi fue algo complicado, pero Peter aceptó
encantado encarnar al malévolo e inescrupuloso líder imperial Wilhuff Tarkin,
aunque en algunas entrevistas aseguró que tuvo la opción de escoger también el
papel del viejo mentor Jedi. Conocidísima es la anécdota de que rodó buena
parte de su papel con zapatillas de andar por casa porque no le cabían las
botas militares que el equipo de vestuario le proporcionó.
La figura de Peter Cushing se convertía, con
esta que sería su última gran película para cine, en vínculo entre dos
generaciones del fantástico y en testigo de dos de los más importantes títulos
de la historia de este género.
La
casa de las sombras del pasado (Peter Walker, 1983)
Ya tuve ocasión de hablar sobre esta película
en mi homenaje a Vincent Price en su centenario hace dos años, pero es
inevitable que la vuelva a escoger aquí por las mismas razones: reúne, no sólo
a estos dos mitos del cine fantástico, sino también a Christopher Lee y hasta a
John Carradine, paladín menor pero estimable dentro del género. Por eso, a
pesar de estar poco apreciada por algunos de los seguidores de estos actores,
yo la considero un homenaje impagable a sus entonces ya largas trayectorias. Sería
también la última de las veintidós películas que compartirían Peter Cushing y
Christopher Lee.
Las
máscaras de la muerte (Roy W. Baker, 1984)
Última interpretación, ya directamente para
la televisión, de Peter Cushing en el papel de Sherlock Holmes, con un reparto
veteranísimo e invaluable en el que destacan Anne Baxter, Ray Milland, Anton
Diffring y nada menos que John Mills como Watson.
Es una cinta que homenajea sin duda a una
época de la historia del cine que ya tocaba a su fin en aquellos momentos y a
algunos de sus más memorables intérpretes. Peter Cushing rodaría Biggles, el viajero del tiempo dos años
después, antes de retirarse definitivamente de la actuación. Nos dejaría un 11
de agosto de 1994 legándonos una herencia como sólo los grandes artistas pueden
legar: una infinidad de trabajos en donde disfrutar su larga labor y en donde reencontrarnos con él siempre que queramos…
¡Peter Cushing
Lives in Whitstable!
El
grupo inglés The Jellybottys tuvo un nº1 en su país con esta divertida canción que rendía
tributo a nuestro querido actor. ¿Qué mejor forma de recordarle que con una
sonrisa?