"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

sábado, 29 de octubre de 2011

50 aniversario de Desayuno con diamantes

Aquellos que me conocen, y puede que algún amable seguidor del blog que ya se haya percatado de mi devoción por Audrey Hepburn, pueden haberse extrañado de que no haya sacado a colación la película Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany´s) en una fecha tan señalada como ha sido el 50 aniversario de su estreno precisamente a principios de este mes (el 5 de octubre). Por supuesto, no se me ha pasado por alto y tenía intención de comentarlo, pero tengo que confesar una cosa con respecto al clásico de Blake Edwards: he acabado cogiéndole algo de “manía” a esta película (dentro de la “manía” que le puedo coger a cualquier cosa en la que participe la niña de mis ojos del Cine), y la culpa la tienen esa saturación de imágenes y merchandising que de la cinta y de su adorable protagonista desbordan el mercado, la internet y los medios de comunicación hasta tal punto que parece que Audrey Hepburn no haya hecho otra película. La adaptación al cine de la novelita de Truman Capote ha acabado convirtiéndose en el trabajo más conocido de la mítica actriz, e incluso los más profanos en el 7º Arte, suelen mencionarlo como único papel de Audrey Hepburn del que tienen constancia. ¡No es de extrañar, con el bombardeo mediático y comercial que hay de él!

Y veréis, amigos, es que yo personalmente, aunque admito que Desayuno con diamantes es una película maravillosa y un grandísimo clásico del Cine que he visto muchas veces (también he leído el original literario), prefiero otros largometrajes y papeles de la actriz por encima de este: en concreto estoy enamoradísimo de Vacaciones en Roma, a la que para mí le seguiría posiblemente en calidad Charada. Pero, no, la publicidad se ha encaprichado del film de Edwards y con él y con la imagen de su personaje principal, la alocada Holly Golightly, es con quien nos acosan a todas horas. Casi me veo obligado a coincidir con Capote –al que no negaré que le tengo cierta ojeriza, esta vez de verdad– que este papel, al fin y al cabo el de una prostituta de lujo, no era el más adecuado para Audrey, a pesar de que salió muy bien parada de él y de que sorprendió al mundo con el cambio de imagen de su más habitual chica ingenua e inocente al de la frívola y materialista señorita Golightly, por la que fue nominada incluso al Óscar al año siguiente del estreno del largometraje.

Medio siglo después de aquella premiere, Audrey es ya un mito del cine y un icono cultural, y con ella Desayuno con diamantes, como he dicho, su trabajo más recordado y revisitado, mal que a mí me pese (porque preferiría que se recordaran antes otros filmes de ella, no porque no quiera que se la recuerde, claro está). Por desgracia, casi nadie del reparto ha podido llegar a festejar estas cinco décadas de triunfo: ella nos dejó prematuramente un 20 de enero de 1993 cuando contaba 63 años; George Peppard, tras pasar de ser uno de los principales galanes del Hollywood de los sesenta a vivir un triste declive artístico, se nos iba poco después, el 8 de mayo de 1994, con 65 años. Algo más nos duraron Martin Balsam, que fallecía en 1996 a los 76 años, o Patricia Neal, a la que perdimos el pasado año con 84 años. El español José de Vilallonga se despedía de nosotros en 2007 con 87 años, Buddy Ebsen en el 2003 a los 95 e, irónicamente, Mickey Rooney, uno de los miembros más mayores del reparto (e intérprete de uno de los personajes más criticados de la película que recordamos) es el único que ha sobrevivido a todos los demás y continúa con nosotros con 91 años recién cumplidos. Lamentablemente, el director Blake Edwards también se nos fue hace menos de un año, el pasado 15 de diciembre a los 88. Parece que no se podrá hacer un homenaje como es debido a Desayuno con diamantes y a sus protagonistas y creadores, ni siquiera esperar una edición en DVD/Blu-Ray con unos buenos extras en los que los participantes del film comentaran curiosidades y anécdotas… 

Audrey: para siempre Holly Golightly

sábado, 22 de octubre de 2011

94 cumpleaños de Joan Fontaine

A menudo, viendo películas “antiguas”, tengo la extraña sensación de estar presenciando otra dimensión; de estar accediendo, a través de la pantalla, a un mundo fantástico, irreal, onírico, casi mágico… Resulta difícil a veces creer que todas esas personas que uno está contemplando reproducidas después de tantísimos años existieron alguna vez. Qué chocante se hace con frecuencia cerciorarte de que estás viendo un largometraje rodado hace cinco, seis, siete o más décadas. El cine se antoja en esas ocasiones, no sólo una máquina de los sueños, sino también una máquina del tiempo.

Sin lugar a dudas todas estas sensaciones e impresiones contribuyen a reforzar esa imagen moderadamente divinizada que tengo de los actores y actrices clásicos, esos queridos artistas que han formado parte de mi vida desde niño y a los que considero como una especie de amigos en la distancia, de íntimos desconocidos. Ya he admitido en anteriores entradas que no tengo la suerte de profesar ninguna religión, así que todos estos astros del cine son un poco, siempre salvando las distancias, y teniendo en cuenta que soy más bien materialista en lo que a fes y creencias se refiere, como mis “dioses”. Todos ellos, junto con otros artistas y personajes de diversa índole a los que admiro o respeto por una razón u otra, conforman mi panteón particular.

La fascinante mirada de Joan Fontaine.
Imaginaos pues, después de este pequeño desvarío introductorio –por lo demás, habitual en mí– la agradable perplejidad que me produce descubrir que alguno de estos seres que yo considero casi etéreos y celestiales habita en el mismo planeta que yo. Es casi como acercarse al Paraíso, o que éste se nos acerque a nosotros. Poder rozar a un mito, a una leyenda, pisar el mismo mundo que alguien que no parecer ser de él….. Es, como he dicho al principio, una sensación extraña y difícil de definir. Amigos: todas estas reflexiones bastante apasionadas y quizá algo delirantes las provoca el enorme placer y privilegio que me produce el festejar y conmemorar, dentro de mis humildes posibilidades, el 94 cumpleaños de una las pocas actrices clásicas que nos quedan: la impagable Joan Fontaine. Aunque quizá nunca la he colocado, en mi bestiario cinematográfico personal, a la altura de mis grandes divas, Audrey Hepburn e Ingrid Bergman, Joan siempre ha tenido un lugar muy especial en mi corazón. Tampoco he seguido obsesivamente su carrera y no son pocas las películas de su filmografía que me quedan por ver. Y, sin embargo, como ya digo, siempre he sentido un cariño especial por esta actriz rubia y menuda nacida en Tokio, Japón (aunque de nacionalidad inglesa) tal día como hoy de 1917, y a la que estimo especialmente por cuatro películas: sus dos trabajos con Hitchcock (Rebeca, de 1940, y Sospecha, rodada un año más tarde), Alma rebelde, versión de Jane Eyre de 1943 en la que interpreta a la protagonista de la novela de Charlotte Brontë, y Carta a una desconocida, esta de 1948, aunque también recuerdo haber visto de ella Ivanhoe (1952), Dos pasiones y un amor (1956) o Viaje al fondo del mar (1961).

Joan en 2008.
La carrera de Joan comprende muchos más títulos, por supuesto, y abarcó desde 1935 (su debut en Más mujeres con apenas 17 años) hasta el telefilm Good King Wenceslas de 1994. Curiosamente, su último trabajo para la pantalla grande fue en una producción menor de la Hammer: Las brujas, en 1966. Joan ya se había prácticamente instalado en el medio televisivo para entonces, y en él siguió, si exceptuamos un lapso de nueve años retirada de la profesión entre el 66 y el 75, hasta su jubilación.

Hoy en día, una de las últimas divas del Hollywood dorado vive semi-retirada en Carmel, California, la ciudad de la que fue alcalde Clint Eastwood. Vive sola, con varios perros, y según sus palabras bastante satisfecha y a gusto, sin mucho interés por el mundo de la farándula ni, aparentemente, por la mayoría de los que la rodean (ni siquiera sus dos hijas, una adoptada y otra natural).

Entrevista con Joan Fontaine para la revista Vanity Fair en marzo de 2008 (en inglés)

Las hermanas de Havilland, Olivia y Joan, en los tiempos
en que aún se dirigían la palabra.
…Y Olivia de Havilland
Es imposible hablar de Joan Fontaine sin hacerlo también de Olivia de Havilland por varias razones y coincidencias: se trata de otra mítica y longeva diva del cine añejo (cumplió los 95 el pasado 1 de julio) que resulta ser hermana mayor de la anterior (Joan adoptó el apellido de su madre). ¿Qué comería esta familia para durar tanto? Además, tan legendaria como ellas mismas es la enemistad existente entre las dos mujeres: diversos malentendidos, desplantes y diferencias enfriaron terriblemente la relación de Joan y Olivia ya desde los tiempos en que triunfaban en la gran pantalla. A raíz de la muerte de la madre de ambas en 1975, el distanciamiento fue ya total y definitivo: Joan asegura que Olivia no le dio la noticia del funeral; Olivia que Joan no quiso ir. En cualquier caso, es una lástima que dos grandes damas como ellas lleven sin hablarse cerca de cuarenta años. La vida y la salud han sido suficientemente generosas con ellas para que tuvieran tiempo de hacer las paces. ¿Quién diría que la vulnerable y frágil protagonista de Rebeca o la gentil damisela de Robin de los bosques han acabado convirtiéndose en dos ancianas amargadas y rencorosas?

sábado, 8 de octubre de 2011

Una de maquetas (II)

(Concluyo aquí el artículo comenzado en mayo Una de maquetas, en la que cuento mi relación con el bellísimo hobby del modelismo).

Transición
De los tanques a los monstruitos: tres miniaturas en metal de los
Mitos de Cthulhu de la marca RAFM
La década de los 90 se caracteriza, en lo concerniente a mi afición al modelismo, por una clara transición de la vertiente histórica del hobby a la fantástica, así como de los vehículos a las figuras. Hay varias razones para lo primero, pero la principal es tan sencilla como que siempre me han fascinado los subgéneros de la fantasía, la ciencia ficción y, algo más crecidito, el del terror: ya desde niño había quedado maravillado por las películas de gente como Ray Harryhausen o George Lucas, por todos aquellos filmes en los que aparecían naves espaciales, guerreros con superpoderes y criaturas mitológicas, así como por los cómics de la Marvel y de la DC. Poco antes de mi adolescencia también me inicié en la lectura de muchos clásicos de la literatura de aventuras, misterio y ciencia ficción como H.G. Wells, Arthur Conan Doyle o Robert Louis Stevenson. Cuando tuve edad para ello y dejó de darme miedo, comencé a sumergirme en el cine de terror, y mi bestiario particular se amplió con nombres de actores y directores legendarios como Cushing, Price, Lee, Lugosi, Chaney, Karloff, Fisher, Corman o Bava (padre), amén de otros autores más modernos, así como en la literatura del mismo género, con gente como Edgar Alan Poe, Mary Shelley, Bram Stoker, H.P. Lovecraft o nuestro Gustavo Adolfo Bécquer. En resumen: el hecho de que, en mis primeros años como modelista, no me hubiera interesado en mayor grado por la vertiente más soñadora y visionaria del hobby no era porque no la conociera, sino porque, como adelanté en la primera parte, en realidad en España era prácticamente inexistente.

El Fantasma de la Ópera de Horizon, mi primer
contacto con los kits de garaje.
Otra razón que pudo tener alguna repercusión en este cambio de género modelístico pudo ser quizá que, conforme me fui haciendo mayor, empecé a cuestionarme la ética y la moralidad de todos aquellos vehículos, dioramas y figuras militares que pintaba. Desde hace muchos años, y a pesar de que sigo fascinado por ellos, no puedo evitar encontrar cierta frivolidad en coleccionar parafernalia pseudo-militar que se inspira en realidad en momentos verdaderamente trágicos de la Historia. Claro que, por otro lado, alguien podría aducir lo mismo en lo referente a coleccionar monstruos o ingenios de combate galácticos, aunque ahí uno siempre tiene la excusa de que “es fantasía”. Sea como fuere, paulatinamente fui dejando de adquirir las maquetas que había comprado durante muchos años para dar cabida en mi colección a otro tipo de material. No estoy con ello renunciando, ni mucho menos, a los no pocos ratos de diversión que pasé en mis inicios con todos aquellos panzers, spitifires y demás artefactos y, de hecho, sigo interesado por los conflictos bélicos que rememoran estas maquetas. Continúo viendo películas y documentales sobre ellos, leyendo libros, y juego a wargames. Hasta, de vez en cuando, me entra la morriña y me compro algún kit histórico, que normalmente almaceno sin montar junto con otros muchos (véase el final).

Durante los primeros años de la década mencionada, la última del siglo XX, mi contacto con la fantasía vino sobre todo, aparte de algunas maquetas de Star Wars de MPC/AMT, a través de la miniatura de metal, un mundo en el que sin embargo hoy en día he perdido prácticamente todo el interés. Todavía recuerdo –y conservo– un troglodita y un esqueleto ataviado a lo romano que compré en Maquetas Lara a finales de los 80 –creo que eran de Ral Partha o Grenadier–, y luego ya sobre todo muchos otros pequeños héroes y monstruos de metal y plástico que adquiriría en Ludómanos, Valhalla y otras pioneras tiendas de juegos de Valencia. Con mi participación en la formación, en 1992, de una asociación local dedicada tanto a los juegos de sociedad como al modelismo, me inicio también en los juegos de batallas de miniaturas, entre ellos el entonces no tan conocido Warhammer y su variante espacial, Warhammer 40.000, así como otros menos populares como Warzone o Necromunda algún tiempo después. Aunque ya hace muchos años que no juego a estos juegos –sobre todo porque me decepcionó mucho la posterior política de la empresa Games Workshop y sus rivales/imitadores– todavía conservo mis ejércitos de no muertos, tiránidos y ratskins, pintados casi en su totalidad. ¡Muchas horas dándole a los pinceles!

Mi primer Kitbuilders
Dos descubrimientos esenciales
Hacia 1994 descubro por primera vez el kit de garaje, un concepto de modelismo que ya llevaba más de una década triunfando en Japón y Estados Unidos, pero que aún era totalmente desconocido aquí: en la ya desaparecida tienda Model Kit de Valencia encuentro la colección Universal Movie Monsters Series de la marca norteamericana Horizon. Se trata de un tipo de producto totalmente nuevo para mí: figuras a escalas 1/8 y 1/6 (de 20 a 30 cm de alto) cuyo material es ¡vinilo!, y que reproducen a algunos de los más famosos personajes del cine de terror clásico. Tras debatirme entre el Drácula de Bela Lugosi y el Fantasma de la Ópera de Lon Chaney, acabo finalmente optando por este, que adquiero por unas 3000 o 4000 pesetas y pico (me falla la memoria con estas piezas de aquella época). Poco después, productos similares empiezan a invadir tímidamente las tiendas y revistas de España dedicadas al hobby: marcas hasta entonces desconocidas por mí como Screamin´ (que producía sus figuras a una espectacular escala 1/4), Geometric, Halcyon o la ya citada Horizon comienzan a producir réplicas reducidas de los personajes de cine fantástico clásico y moderno y del cómic con los que yo siempre había soñado: Frankenstein, La Momia, el Hombre Lobo, Terminator, Alien, Freddy Krueger, Flash Gordon, Spider-man, etc, etc. Aquel mundillo me atrapa casi en el acto, aunque los precios de las figuras escapan a mis posibilidades en la mayoría de los casos. El segundo kit de vinilo que adquiriría, comprado en la también valenciana Hobby Centro después de ver anunciada su oferta en la revista “Todo Modelismo” (coincidía que la distribuidora de estas piezas, Pemar Models, estaba también en la capital del Turia), sería el Drácula de Gary Oldman, aquel que vemos aparecer al principio del film de Coppola con la armadura roja, y el tercero también provendría de esta película, aunque en esta ocasión era el Drácula viejo con el largo vestido rojo, original de Screamin´.

Vista parcial de la Medusa de Geometric
Pocos años después (calculo que hacia 1997) doy un importante paso para adentrarme en el mundo de los kits de garaje al descubrir una revista que sería de nuevo una revelación para mí, al igual que “Modelismo & Historia” lo había sido más de diez años antes: en la antigua ubicación de la tienda de cine Rosebud (en el pasaje bajo el Cine Serrano, ya desaparecido) descubro y compro el nº8 de Kitbuilders & Glue Sniffers, publicación norteamericana en blanco y negro presentada casi con aspecto de fanzine cuyas páginas e imágenes me dejan alucinado al descubrirme que lo que yo conocía del mundo de los kits de garaje no era más que la punta del iceberg: en el país de la Estatua de la Libertad resulta que hay infinidad de marcas produciendo docenas y docenas de figuras en el estilo y temática de las que yo estaba empezando a conocer. Compañías como Dimensional Designs, Janus, Monsters in Motion, Alternative Images, Azimuth Designs, etc, etc, se integran rápidamente en mi “banco de datos cerebral”, a esas alturas ya saturado con infinidad de criaturas y monstruos de resina y vinilo. Comienzo a pedir catálogos a la mayoría de esas casas y, en algunas de mis primeras incursiones a internet, empiezo a embelesarme con imágenes de todos estos productos. El primero que pediré directamente a EE.UU., concretamente a la tienda The Doll & Hobby Shop, será la Medusa de Harryhausen, producida en vinilo por Geometric Design, y algún tiempo después, un alienígena en resina cortesía de Dimensional Designs, extraído de un episodio de la serie clásica de los 60 The Outer Limits. Compro también otras publicaciones extranjeras sobre el tema como Amazing Figure Modeler, The Modeler´s Resource y la primera que he comentado, que acabará llamándose simplemente Kitbuilders. Lógicamente, después de haber conocido todo este paraíso de figuras y maquetas, la pobre representación de ellas en nuestro país me produce una evidente frustración. Por aquel entonces, además de las marcas ya citadas en el anterior párrafo, empiezan a hacer presencia en las tiendas nacionales una serie de empresas piratas (cuyos nombres ni me molestaré en citar), casi siempre de procedencia oriental, que copian ilegalmente muchos kits norteamericanos y japoneses. Este es un hecho del que en principio no soy consciente, y no negaré que compré algunas de ellas pero, en cuanto me di cuenta de su significado y del daño que estaban haciendo a este humilde sector del hobby, me negué en redondo a adquirir ninguna más.

El Hombre Topo de la película The Mole
People (1956), también de Horizon
¿Kits… de qué?
Mi admiración por todo este mundo del kit de garaje, y mi empeño en que se diera a conocer más por estos lares me llevan a la decisión de crear mi propio fanzine en torno a todas estas figuras, pero, antes que nada, creo que debiera quizá explicar brevemente a posibles lectores profanos qué es un “kit de garaje”: resumido de la manera más sencilla posible, el modelismo de garaje es una tendencia alternativa al modelismo producido por las grandes firmas del sector. Las empresas de garaje son invariablemente humildes, compuestas por como mucho un par de socios. Muy a menudo el mismo escultor de una figura se la produce, la empaqueta, promociona y distribuye personalmente y sin más ayuda que la de amigos o familiares. Los kits de garaje son mayoritariamente en resina y se hacen en tiradas limitadas de unos cuantos cientos de ejemplares en el mejor de los casos, a veces sólo unas pocas decenas. Esto los convierte en productos muy efímeros, de escasa distribución y de rápida desaparición (muchos se agotan antes del año de haber salido). Sus precios, debido a todas estas limitaciones, suelen ser por desgracia bastante altos (una figura en resina al tamaño estándar de 1/6 sale actualmente a una media de unos 100 €). En el lado positivo, tenemos la mayoría de las veces obras de grandísima calidad y propuestas únicas que, normalmente, ignora el modelismo masivo de las grandes empresas: es casi seguro que cualquier personaje o vehículo de cine o cómic que busques haya aparecido en formato kit de garaje; porque esa es otra de las características intrínsecas de estas piezas: la mayoría de ellas se inspiran en películas, historietas y series de televisión, principalmente fantásticas. Y esta última es una cualidad esencial en un kit de garaje que la mayoría de escultores españoles que han intentado emular este fenómeno extranjero han pasado por alto…

Fantplastic
Varias portadas de Fantplastic
Como he adelantado, en el año 1998 tuve la idea de crear un fanzine en torno a todo este mundillo que estaba descubriendo y del que me había enamorado totalmente. Le puse el nombre de Fantplastic y, por supuesto, como todos estos empeños amateur, la publicación tenía tras de sí mucho esfuerzo e ilusión, pero escasos medios y recursos técnicos. Tras un paupérrimo nº 0 con apenas unas pocas páginas en B/N realizado con un viejo ordenador, me asocié con mi amigo Quique B. y juntos coeditamos la revista durante siete años. En total fueron trece números, primero hechos en una imprenta rápida con fotocopias, y después ya en imprenta normal con algo más de calidad y hasta portada a todo color. La idea principal de Fantplastic era promocionar el modelismo de fantasía en todas sus vertientes, pero sobre todo, como ya se ha dicho, en la del kit de garaje. Nuestra publicación era, no obstante, principalmente “histórica” antes que técnica: anteponía artículos que repasaban una determinada marca, personaje, película o momento a los más habituales reportajes sobre pintura, montaje y demás, y esto respondía tanto a los principios de la publicación como a nuestras propias limitaciones artísticas. A lo largo de su existencia, conseguimos unos pocos colaboradores y una cantidad moderada de lectores, pero no sería sincero decir que la revista fue un éxito: de los 500 ejemplares que teníamos de tirada en los últimos números, raramente se vendieron más de 300, a pesar de que teníamos distribución a nivel nacional, principalmente en tiendas de cómics (muchos comercios de modelismo no parecían interesados en Fantplastic, aunque unos pocos nos apoyaron muy amablemente). En el año 2005, obligados por otras responsabilidades, dejamos de editar el fanzine. Lo mejor que queda de aquella etapa fue haber hecho muy buenos amigos dentro del hobby, tanto de modelistas como de escultores y productores, entre estos Enrique Millán (Flascinder Miniaturas), Marco Navas (Fontegrís Miniaturas), Fausto Gutiérrez (Yedharo Models) o José Orrego (Joordu), y adentrarnos y conocer mucho el mundillo del modelismo de garaje y familiarizarnos totalmente con él.

Folleto de instrucciones del Fantasma de la Ópera, con las
demás figuras de la colección abajo a la izquierda
Para cuando apareció nuestro último número, sin embargo, el mundillo del modelismo de garaje había atravesado una especie de pequeña crisis o, quizá, simplemente, un cambio o adaptación. La piratería había ocasionado no pocos males al sector, habiendo obligado a cerrar a muchas de las empresas pioneras, entre ellas las populares y más difundidas Screamin´ y Horizon. Por fortuna, esta variante del hobby ha sobrevivido, principalmente en EE.UU., donde el modelismo de fantasía tiene mucha más tradición que en Europa y está fuertemente arraigado entre los aficionados desde que la pionera marca Aurora Models comenzara a fabricar monstruos allá por los años 60. En el Viejo Continente, tanto en su variante histórica como fantástica, nuestro arte miniaturista tiene más calado en otro tipo de figuras más pequeñas, principalmente 28, 54 y 90 mm.

Últimos años
Concluyo resumiendo lo que han sido mis últimos años dentro del modelismo: en realidad, se puede decir que he estado “fuera”… Aunque he seguido en contacto con múltiples facetas del hobby (revistas, concursos…), he pasado por una tienda online de venta de maquetas y hasta una física de tristemente corta existencia, ahora mismo llevo varios años sin acabar ninguna pieza. Muy probablemente mi inestable situación laboral y económica durante este tiempo ha sido la causa más clara de esta desmotivación por la parte activa del hobby, quizá sumada a un deseo de superación en mi desarrollo como modelista que ha acabado conduciéndome a cierta frustración al no obtener en mis trabajos el resultado que cabría esperar en alguien con tantos años de experiencia. Sigo igualmente comprando maquetas y figuras, que a veces comienzo o a montar y otras, simplemente, almaceno a la espera de tiempos mejores (posiblemente tenga ahora varias docenas de ellas en ese estado).

Sin embargo, no he dicho mi última palabra en el modelismo: es un hobby que he amado durante toda mi vida y al que espero volver con renovado interés cuando las cosas mejoren… Para entonces quizá esta crónica se amplíe a una tercera parte.

* Enlaces de interés:
http://www.transilvaniamodels.com
http://www.amazingmodeler.com
http://www.kitbuildersmagazine.com
http://www.gremlins.com
http://monstersinmotion.com
http://www.bucwheat.com/