"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

jueves, 31 de diciembre de 2015

El cine de 2015

Primera y última películas vistas en 2015, y lo mejor del año para un servidor
Por tercer año consecutivo repito esta especie de “ejercicio de repaso” de todo el cine que he visto en pantalla grande durante 2015, y lo hago con una sensación generalmente positiva por las razones que iré exponiendo a lo largo del artículo.

Para empezar, un impresionante número: 48 han sido las veces que he ido al cine durante el presente año, aunque en realidad han sido 47 las películas que he visto en salas, y este misterio lo explico unos párrafos más adelante. Eso significa una media de casi una visita por semana, aunque en realidad no ha sido así, claro, y hubo semanas en las que repetí, y otras en las que no fui.

Por meses
4 películas por mes fue la norma durante casi todo el año, con la excepción de los abundantes meses de verano: 5 películas en junio y 6 en julio, todo un récord que raramente alcanzo. Incluso en el último mes citado llegué a ir 3 veces en una misma semana, hito que solamente se da en mi historial cada muchos años. Febrero y septiembre estuvieron entre los meses con menor asistencia, 3 películas, y noviembre resultó ser el mes de menos cine: sólo 2.

La II Guerra Mundial siempre me apasiona
Por géneros
De nuevo mis dos géneros favoritos vuelven a destacar en este apartado 14 títulos que más o menos se pueden enclavar en el marco del thriller/cine policíaco, y 12 dentro de la ciencia ficción (téngase en cuenta que separo el fantástico en sus tres vertientes estándar; de lo contrario, ocuparía el primer lugar). El drama/melodrama ocupa el tercer puesto con 8 películas y, ya más distanciados, llegan los géneros del terror (4), la comedia (3), el musical (2), y las cintas bélicas, de aventuras, de animación y de acción (1 película de cada). Esto, como siempre, teniendo en cuenta lo difícil que resulta a veces enmarcar un largometraje en un solo género y el habitual mestizaje de muchas películas.

Por países
Como ya constaté el pasado año, cada vez es más difícil encontrar películas producidas por un solo país, y ya es la norma en los últimos tiempos que diversas nacionalidades se impliquen en la creación de un film. De todas las películas vistas por mí en 2015, sólo EE.UU. y España han producido en exclusiva algunas de ellas, 14 en el caso del primer país, 1 sola en el caso del segundo. Las otras 33 películas han sido, pues, coproducciones internacionales, entre las que destacan los proyectos financiados por el Reino Unido, Canadá y de nuevo EE.UU., ya sea entre dos o tres de ellos, o entre alguno/s de ellos y otros países principalmente europeos, pero ocasionalmente también asiáticos u oceánicos. En concreto, EE.UU. estuvo implicado en 19 coproducciones, el Reino Unido en 8, y Canadá, Francia y España en 6, siendo los países que más se han repetido en los títulos que he visto este año.

Gasto y ahorro
7 euros es lo que cuesta el cine de mi localidad en domingo, y estos son el local y el día que más suelo repetir, aunque también he ido en días del espectador (4,50) y a algún cine de Valencia capital, normalmente a partir de 8 euros. Calculando una media de 7 euros para las 48 películas que he visto, tendríamos un total de 336 euros gastados (o invertidos, según se quiera ver, en cine). No obstante, he de decir que, de todas esas visitas, 7 fueron gratuitas debido a los clásicos cupones que te regalan un pase cuando rellenas una cantidad (6 en el caso de mis cines locales). Dejemos, pues, este gasto anual aproximado en 287 euros.

¿Tiene futuro el género de terror?
La saga de la oscuridad: ¿el fin?
Uno de los hechos que más me alegra comentar de este 2015 es que en ninguna de mis visitas al cine me encontré “solo en la oscuridad”, siendo el único asistente a la proyección (algo que ocurrió varias veces en 2013 y en 2014). Una de las razones por las que me quedo con una impresión general positiva respecto al cine en este año es que tengo la sensación de que en general ha habido más afluencia de gente, e incluso yo mismo –que muchas veces voy solo– he estado acompañado también más de lo habitual, entre otras cosas porque me alegra poder decir que he convencido a amigos menos habituados a ir al cine a que cambien esa “desaconsejable” tendencia. Sólo en dos ocasiones me encontré casi solo en las salas: en Chappie había un único espectador aparte de mí, y en Irrational Man sólo estuvimos mi acompañante y yo.

Otros cines
Aunque me sigue resultando más cómodo y económico asistir a los cines de mi localidad, los Alucine, ocasionalmente acudo a otras salas de otras ciudades, normalmente Valencia capital. Esto lo suelo hacer normalmente cuando preveo que alguna película que me interesa no va a llegar a mi pueblo, como fue el caso de It Follows, que vi en el complejo multisalas Yelmo en junio y de Love & Mercy, que proyectaron los Cines Babel un mes después. En septiembre, tras varias semanas esperando que Mr. Holmes llegara a los Alucine, decidí volver –tras cosa de una década– a los clásicos ABC Park de Valencia porque no quería que se me escapara esa película. Resultó que la semana siguiente llegó a Alucine. Qué se le va a hacer.

Finalmente, el 18 de diciembre a las 00.01 acudí a los Kinépolis a ver El despertar de la fuerza. Sobra decir que tenía muchísimas ganas de ver la secuela de Star Wars, y de nuevo los cines de mi localidad no se habían pronunciado sobre si proyectarían esa temprana sesión especial. Lo hicieron con diez días de antelación, cuando otras salas se les habían adelantado en casi dos meses. Sintiéndolo mucho, ya tenía la entrada para los otros cines y esa fue mi cuarta y última visita a cines “de fuera” de 2015.

Viejas “novedades”
Varias “novedades” relacionadas con el cine caracterizan este 2016. En realidad no se trata de novedades como tal, sino de hábitos recuperados después de algún tiempo: por ejemplo, vi mi primera película de animación –Del revés– después de tres años sin ver ninguna de este género en pantalla grande. Algo parecido me ocurrió con el cine de terror, aunque el lapso transcurrido sin ver películas en este registro no fue tanto: desde 2013.

Desde el estreno de El retorno del jedi, he visto todas las películas de las sagas de Star Wars e Indiana Jones 2 o 3 veces cada una en pantalla grande. Ni qué decir tienen que recuperé esta tradición con el nuevo Episodio VII, El despertar de la fuerza, que volví a ver una semana después del estreno, aprovechando que tenía una entrada gratuita. Este segundo visionado fue en 3D, modalidad que los cines de mi localidad parecían haber abandonado más de dos años y medio atrás –El hombre de acero, en 2013, es la última película que recuerdo haber visto con las consabidas gafas–. Y esta es la explicación –adelantada al principio del post– de por qué este año he ido 48 veces al cine y he visto sólo 47 largometrajes: repetí uno de ellos.


Películas variopintas, buenos ratos

Lo mejor….
Supongo que por tradición, por inercia, por defecto, cuanto menos por toda la expectación con la que la he esperado, debería de nombrar El despertar de la fuerza como la mejor película del año para un servidor. Es bien cierto que no conseguí recuperar con ellas el sabor de las viejas entregas de la saga –algo que imagino muy difícil, pero que sí que logré con la última de Indiana Jones–, y que no me acabó de parecer enteramente redonda por la poca originalidad que sus creadores mostraron con ella (algo que discuto más detalladamente en mi reseña del film), pero… ¿qué demonios? ¡Esta secuela era mi sueño de juventud!

Y, si el 2015 acabó con muy buen regusto, también comenzó con buen pie, ya que la primera película que vi este año fue Corazones de acero, que posiblemente sea para mí la mejor del año después del Episodio VII de Star Wars. Sin abandonar la II Guerra Mundial, aunque con un tono más dramático que la anterior, me gustaría destacar Suite francesa, en la que me deslumbraron sus dos actrices principales.

Spectre y Sicario salvaron la temporada otoñal de la monotonía
El año que acaba trajo un montón de remakes, secuelas, reboots, y mezclas de todo ello. Mad Max: Furia en la carretera me pareció una película divertida y espectacular, pero las nuevas entregas de Terminator y Jurassic Park no consiguieron impresionarme demasiado (de hecho, nunca he sido fan de la saga de los dinosaurios de Spielberg).

El otoño y el fin de año trajeron una programación general bastante mediocre en mi opinión, que salvaron algunas lagunas ocasionales como la intensa El desconocido, Irrational Man (parece mentira que diga esto yo, que normalmente considero a Woody Allen un director repetitivo y anticuado), la brutal pero interesante Sicario en la que parece que por fin pudimos ver artísticamente recuperada a una actriz que me ha gustado bastante en el pasado como es Emily Blunt, últimamente parece que un poco dada a la buena vida y al éxito seguro con películas algo decepcionantes y, por supuesto, Spectre: siempre sigo las andanzas del nuevo 007 con interés.

El cine de superhéroes también me atrae mucho, pero el de este año no me ha parecido especialmente sobresaliente. Los vengadores: La era de Ultrón fue quizá la más divertida, Ant-Man no estuvo mal, pero justita, y Cuatro Fantásticos estaba llamada a ser un fiasco desde que se anunció su producción y reparto.

No quiero dejar de mencionar en este apartado la cinta It Follows, que sin deslumbrarme me demostró que el género del terror tiene esperanzas.

Eastwood, decepcionante
…Y lo peor
El “premio” a la peor película del año no se lo doy a aquella que me ha parecido más pésima en un sentido técnico o artístico sino –como suelo hacer– a la que me ha resultado más decepcionante: el mito de Clint Eastwood, un hombre cuya labor he admirado durante décadas, se me cayó totalmente con la lamentable El francotirador. Ya despotriqué contra ella en su momento y no gastaré más “tinta” a este respecto.

Apuntar en la lista de las películas más aburridas del año las penosas Blackhat y Caza al asesino, que ni un actor más que soberbio como Sean Penn logra salvar– o la soporífera Regresión –irreconocible Amenábar–. Extinction, otra producción española, tampoco fue para “echar cohetes”, como se suele decir, y Marte, que también me adormeció a pesar de toda su lujosa producción artística y su espectacularidad. He de admitir además que accedí a ver, por un compromiso familiar, una película de un tipo que generalmente detesto, el género de la payasada –que no comedia–, que fue Pixels. Sabía a lo que me arriesgaba, así que no me quejaré.

Cine en pantalla pequeña
Las películas que veo en televisión escapan a mi control memorístico y no tomo nota de ellas, como sí hago con las que veo en cine. Para el próximo 2016 me voy a proponer apuntarlas para llevar un recuento total de cuántas veo. Un par de películas que me vienen a la cabeza que me gustaron bastante fueron Las dos caras de enero y Alma salvaje, y también me alegró completar un poco más la filmografía de mi adorada Ingrid Bergman al conseguir Alma en la sombra, así como las de Vittorio de Sica y de Sophia Loren. Revisité además varios clásicos de Chaplin, pero en realidad acabo viendo al menos dos centenares de películas en pantalla pequeña (y varias series) y no recuerdo con fidelidad todas y cada una… El año que viene, espero poder ser más preciso en este apartado.

En resumen…
Como decía al principio, cierro 2015 con una sensación positiva por el mucho cine que he visto (aunque la mitad de él sea olvidable), por esa mayor asistencia de público que he notado en las salas, por empezar y acabar con dos buenas películas, y por muchas otras cosas como la reapertura en Valencia de los Cines Aragón. Quisiera una pensar que aquella época negra para el cine que parecía llegar con la crisis y la subida del IVA cultural es ya cosa del pasado (¡que se lo digan a J.J. Abrams).

Y en 2016
También por tradición, por inercia y por defecto imagino que debería de decir que la película que más espero del próximo e inminente año es la nueva entrega de Star Wars, Rogue One, esta vez apartada de la trilogía estándar y por ello un curioso experimento. Viene todo un tropel de películas de la saga, y sólo espero no acabar empachado de tanta nave y sable láser y poder disfrutarlas todas.

¿Conseguiremos ver a Natalie?
Siempre me llama mucho la atención el cine de superhéroes -¡a pesar de que no leo cómics!–, y el año que viene llega plagado de películas de este subgénero, algunas que me apetece mucho ver –las nuevas entregas del Capitán América y de X-Men–, otras que me resultan curiosas –Doctor Extraño–, algunas que supongo que veré, pero que no me llaman especialmente por tratar personajes que me son desconocidos –Deadpool y El escuadrón suicida– y una última sobre la que tengo sentimientos encontrados, ya que no me resulta precisamente atractivo el reparto principal de Batman vs. Superman. Supongo que, igualmente, acabaré por verlas todas.

Por tercer año consecutivo acabo echando mucho de menos a la niña de mis ojos del cine actual, una Natalie Portman cuyos últimos trabajos parecen posponerse indefinidamente e incluso no se ven muchas posibilidades de que lleguen aquí, pues, aunque Knight of Cups, A Tale of Love and Darkness y la infinitamente pospuesta Jane Got a Gun ya han sido estrenadas, preestrenadas o, al menos, tienen fecha de estreno en diversos países, no se ven ni por asomo en las páginas webs de estrenos nacionales. Especialmente este último western es una de las películas que más ganas tengo de ver desde que se anunció su rodaje hace ya al menos tres años, y también tengo mucha curiosidad por ver el trabajo de la actriz como directora… A ver si hay suerte y, de aquí un año, puedo hablar sobre ellas y decir que las he visto estrenadas en pantalla grande. La pequeña no me vale…

miércoles, 30 de diciembre de 2015

¡A por la tercera!

¡A por la tercera! Y eso que no he dado noticia ni de la primera, ni de la segunda, pero uno de mis regalos navideños ha sido el pack con la tercera temporada de The Twilight Zone o, como se conoció aquí, La dimensión desconocida. Ya desde que tuve noticia en 2012 de que L´Atelier 13 comenzaba a reeditar la histórica serie de los 60 en DVD, me propuse hacerme con toda la colección en cuanto me resultara posible. No fue, sin embargo, hasta hace un año, cuando por fin me pude hacer con la primera temporada, siguiendo la segunda el pasado septiembre y la tercera en estos días. Me quedan todavía dos para completar la serie, y voy a tener que espabilarme, ya que la empresa especializada en fantástico clásico que los ha publicado, por desgracia, cerró el pasado otoño y se están descatalogando sus referencias.

Mi primer contacto con el famoso espacio creado por el no menos mítico Rod Serling fue a través de su remake cinematográfico de 1984, que aquí se tituló En los límites de la realidad. Ya en aquel momento quedé fascinado por algunas de las historias que la película contaba, especialmente por la de avión, Pesadilla a 20.000 pies. No tuve ocasión de ver la serie original hasta muchos años después, si exceptuamos algún capítulo suelto en TVE 3 cuando conseguía sintonizar bien la emisora catalana. Entrado el siglo XXI, conseguí hacerme con cuatro de los –creo que– diez volúmenes que JRB Ediciones editó hacia el 2000, pero estos sólo incluían 4 episodios cada uno, sin seguir ningún orden cronológico ni criterio aparente. Me gustaron mucho, y conseguí algunos capítulos sueltos más en internet.

Rod Serling: sus presentaciones, impagables
La edición de L´Atelier, sin embargo, es impagable; un absoluto tesoro: temporadas completas (más extras) repartidas en 5 DVDs presentados en un estuche con un fabuloso libreto que detalla todos los episodios: reparto, plantilla técnica, anécdotas, comentarios, todo ello gracias a la loable labor del equipo redactor del recomendable libro sobre la serie publicado por la revista Scifiworld.

The Twilight Zone se emitió originalmente en EE.UU. entre 1959 y 1964, constando de un total de 156 capítulos, casi todos de 25 min. de duración si exceptuamos la 4ª temporada, cuyos 18 episodios fueron de una hora completa. Su creador y principal guionista, el ya mencionado Rod Serling –sin olvidar la inestimable colaboración de los escritores Richard Matheson y Charles Beaumont–, consiguió fama imperecedera con esta idea por la que tuvo que luchar bastante y que marcaría a toda una generación posterior de directores y escritores de cine y de televisión.

Es de lamentar saber del cierre de L´Atelier, una empresa que había rescatado verdaderas joyas del pasado y que ponía en la presentación de sus productos un cariño y una atención sin igual, presentando sus DVDs en cuidadas ediciones acompañadas de libretos con excelentes artículos informativos.


domingo, 20 de diciembre de 2015

El despertar de la fuerza

Ya en los muy primeros 80 recuerdo haber leído la intención de George Lucas de que su saga galáctica tuviera un total de 9 capítulos, de los cuales, curiosamente, veríamos primero los tres centrales. Pero llegó El retorno del jedi y empezaron a pasar los años y no le siguió ninguna nueva entrega, por lo que los fans comenzamos a desesperar de que nuestra epopeya espacial favorita fuera a tener una continuación. Sin embargo, dieciséis años después, fue su mismo creador el que decidió reanudarla, ofreciéndonos lo que serían sus tres primeros episodios. Esto ocurrió entre 1999 y 2005, y por entonces Lucas parecía haber renunciado a esa triple trilogía original que inicialmente había concebido. A muchos nos costó de creer, pero de nuevo comenzó a pasar el tiempo y no llegaron noticias de que no fuera a ser así.

En cierta manera, George Lucas cumplió esa palabra: no sería él el que continuaría ni dirigiendo ni produciendo nuevas películas de Star Wars. En los últimos tres años, las noticias se precipitaron: él vendía la franquicia, Disney la compraba y comenzaba a gestar la que, teóricamente, debía de ser la trilogía final de la saga, los episodios VII a IX, previstos para 2015, 2017 y 2019 respectivamente.

Por fin esta semana, treinta y dos años después de El retorno del jedi, llegaba la secuela que muchos nos quedamos esperando en los 80. Se ha titulado El despertar de la fuerza, y cronológicamente continúa la saga tanto tiempo después como en la realidad ha pasado de su capítulo inmediatamente precedente: más de tres décadas, con una nueva generación de personajes, pero también con aquellos más queridos y clásicos con los que crecimos los fans originales.

Daisy Ridley, estrella indiscutible del film.
Sobra decir que este episodio VII hubiera sido muy diferente en casi todo de haberse rodado más o menos inmediatamente después de El retorno… Y eso es lo primero que creo que hay que asumir antes de abordarlo. Como ya me propuse con la anterior trilogía, las precuelas, no voy a intentar compararlo ni ponerlo al mismo nivel que la primera trilogía, simplemente porque aquellos episodios IV a VI hechizaron mi infancia y adolescencia, porque en esas edades de la vida, uno es más propenso a dejarse “embaucar” por la fantasía y el ensueño, mucho más impresionable y abierto a emociones que son nuevas para él. Con los años y la madurez, por suerte o por desgracia, uno va perdiendo la capacidad para dejarse llevar, se va desencantando de las cosas e incluso corre el riesgo de convertirse en una persona sin inquietudes ni entusiasmo, algo que me alegra decir que no me ha pasado a mí. Llego a El despertar de la fuerza con ilusión y ganas de verla, pero teniendo claro que va a ser muy difícil que me impresione tanto como las primeras películas de Star Wars. Tampoco se trata de obcecarse en ello.

Tras su visionado –que aún estoy intentando asimilar– se confirma mucho de lo que había previsto sobre el film, sobre todo a raíz de sus tráileres y spots: estamos ante una nueva generación de películas de la saga, con un tono y un resultado forzosamente diferente al que una secuela del retorno hubiese tenido en otro momento siendo dirigida por Lucas o por cualquier otro director de la época. El ritmo, el pulso, la estética de El despertar… no me remiten de una manera clara y directa a los episodios originales, y de lo contrario no hay quien me convenza. La omnipresente infografía –aunque se haya abusado de ella bastante menos que en los episodios I a III– ya de primeras marca una importante diferencia: el modo en que se mueven las naves y las batallas de éstas difícilmente pueden hacer pasar al film por ochentero y, de hecho, es más realista de lo que hubiera sido de rodarse únicamente con maquetas. Los personajes computerizados no pueden disimular que lo son, y por muy perfeccionados que estén, para mí nunca serán lo mismo que otros como el Yoda marioneta de Frank Oz o Jabba el Hutt, por poner un par de ejemplos.

Las referencias al cine de Kurosawa no pueden faltar en Star Wars
Y eso que su director, J.J. Abrams, y su productora Kathleen Kennedy, se han asegurado de que esta nueva entrega de Star Wars tenga más que sobradamente presente muchísimas referencias a la primera trilogía: no sólo a los personajes clásicos que siempre nos entusiasmaron, sino también prácticamente las mismas naves, lugares y situaciones, hasta el punto de que este despertar parece más que otra cosa un remake de La guerra de las galaxias: de nuevo encontramos a una persona joven con poderosos y latentes poderes jedi que espera en un planeta desértico, de nuevo hay un robot con unos planos escondidos, otro planeta (semi-)artificial que extermina mundos y que es destruido por unas pocas naves rebeldes que encuentran su punto débil, un personaje oscuro pseudo-sith y un alto oficial imperial, y una siniestra personalidad que lidera a ambos en las sombras y que yo sospecho que va a acabar resultándonos odiosamente familiar, entre otras muchas coincidencias nada casuales. En esta falta de originalidad, en esta apuesta nada arriesgada de asegurarse a los fans clásicos con todos estos elementos repetidos –ya sólo la presencia de Harrison Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher era una baza importantísima– encuentro lo más criticable del nuevo episodio VII; de hecho, creo que lo único criticable. En este sentido, creo que George Lucas –aunque fracasara en el intento– fue más valiente con sus precuelas al presentar personajes y situaciones total o prácticamente nuevos.

Fuera de esto, salgo algo desconcertado de ver la película, con una especie de “resaca” visual, pero contento de haber cumplido un sueño de toda la vida y con ganas de al menos un segundo visionado más calmado para asimilar cosas que no he podido asimilar la primera vez. Me gustan los nuevos personajes que propone esta tercera trilogía y me parece acertada la elección de los que claramente van a ser sus protagonistas: Daisy Ridley como Rey, John Boyega como Finn, Oscar Isaac como Poe Dameron y Adam Driver como Kylo Ren, los dos primeros, actores prácticamente desconocidos que tienen ahora ante sí un futuro profesional tan vertiginoso como prometedor, el último ya con una carrera bastante sólida –a Driver lo considero algo intermedio–. Encuentro un poco más desaprovechados, por lo limitado de su papel en el film, a otros como el General Hux de Domhall Gleeson, la Capitana Phasma de Gwendoline Christie, el grandísimo Max Von Sydow –cuya presencia en el film es básicamente testimonial, y un claro guiño a los papeles que en su día tuvieron Peter Cushing, Alec Guinnes o Christopher Lee–, así como a la mayoría de actores de la trilogía clásica, que con la notable excepción de Harrison Ford tienen también una aparición limitada en la película, y que es obvio que están sobre todo para hacer de trampolín para la nueva hornada de personajes de la saga (¡y como reclamo para los fans más mayores!).

Destaco también la agradable presencia de muchísimos escenarios naturales, algo que, por cierto, en realidad es bastante atípico de la trilogía original –más aún de las precuelas– que principalmente está rodada en estudio y en interiores, lo que también contribuye a esa sensación, a ese tono bastante diferente del que tuvieron los tres primeros capítulos (cronológicamente hablando). La dirección de J.J. Abrams me parece correcta –para mí lo acertado de su elección ya estaba confirmado tras ver sus dos películas de Star Trek– aunque me queda claro que es un director “a sueldo”, al servicio y a las órdenes de sus productores, un buen técnico cuya personalidad artística está supeditada a la de sus mandamases de la Disney. Aun así, consigue conferir a la película un buen ritmo, con los agradecibles momentos más sosegados –solamente la primera media hora de la película parece que se me pasa demasiado rápido– y aquellos más tensos o dramáticos bien resueltos (incluida esa escena que es el gran spoiler del film, algo que me ha entristecido pero que me ha parecido dignamente incluido en la historia, a pesar de todo). Agradecer a Abrams también que se haya comedido con el odioso recurso del comic relief y que no nos ofrezca otra última cruzada que eche por tierra la seriedad, la solemnidad y el dramatismo que yo prefiero en una película como esta –solamente en algún momento, como la aparición de Han Solo, el director está cerca de arruinar momentáneamente la película–.

Concluyo con una valoración general positiva de El despertar de la fuerza, pero para nada acepto ponerla al nivel de la trilogía original como parece que algunos están haciendo, aunque sí estoy de acuerdo en que está mejor dirigida que las precuelas, cosa nada complicada, porque George Lucas demostró con ellas que era un hombre endiosado que parecía haber perdido el contacto con la realidad y que desperdició un reparto mayoritariamente excelente para desbordarnos con CGIs hasta la saciedad.

Ahora toca esperar –eso sí, con tranquilidad– a la siguiente entrega de la saga, que por suerte sólo tardará un año y cinco meses en llegarnos, ya que se estrena en mayo de 2017. Y, antes de eso, tendremos también el primero de los anthology films, Rogue One, el cual espero con gran interés y curiosidad por lo novedoso de su propuesta, pues será el primer largometraje ambientado en el universo Star Wars fuera de la saga oficial o estándar. Veremos…

jueves, 17 de diciembre de 2015

Las primeras galaxias

Al pasar el otro día por un quiosco y ver este cómic, no pude resistirme a comprarlo a pesar de que no soy lector habitual del llamado “arte secuencial”. La razón es bien fácil de imaginar: inmediatamente me retrotrajo a mis tiempos mozos, a muchísimos años atrás cuando lo leí por primera vez. No estoy seguro de si llegué a tener entera la adaptación a la viñeta de La guerra de las galaxias –porque recuerdo que Bruguera la publicó en varios volúmenes– y, de hecho, no estoy seguro de si aún la conservo completa o parcialmente en algún lugar de mis estanterías, pero sí recuerdo claramente haberla tenido en mis manos y lo mucho que en su momento me llamaba la atención aquella curiosa portada con un Darth Vader verde y una princesa Leia que no se parecía mucho a la de la película. Estas diferencias iban a ser una constante en las páginas del cómic (ilustrado por Howard Chaykin y Steve Leialoha), lo que se explica sin duda porque éste se confeccionó antes de que se estrenara la película y partiendo de unas pocas imágenes y bocetos (así, R2-D2 es mucho más grande, o los cazas TIE más rechonchos y con las alas más cortas, entre otras cosas). Este método (preparar con antelación una adaptación al cómic o novelada de un film) sigue efectuándose hoy día, pero obviamente los recursos y el material gráfico de los que disponen dibujantes y escritores son mucho más idóneos que aquellos disponibles hace cuatro décadas.

Yo estuve allí… Pertenezco a la primera generación de Star Wars, aquella que disfrutó el estreno de su primera entrega directamente en pantalla grande. Bien es cierto que a los cines de mi pueblo la cinta de George Lucas no llegó hasta 1979 (era lo que tenían los reestrenos de la época). Igualmente me entusiasmé, durante aquellos últimos años de esa década, con parte de la popularidad que la franquicia ya disfrutaba por aquel entonces. Recuerdos las figuras troqueladas de Panrico, los cromos de Pacosa (curiosamente, nunca tuve el álbum, pero un amigo me dio un buen montón que tenía repetidos), mi póster de Obi-Wan y el de Han Solo y Chewbacca que tenía colgados en mi habitación y que salieron en el Lecturas o alguna revista por el estilo y, por supuesto, los cómics de Marvel/Bruguera, así como aprenderme los nombres, no sólo de los protagonistas, sino de casi todas las criaturas y naves del fim: los jawas, los incursores tusken, los banthas, los Alas-X e Y… El largometraje también me descubrió a dos de los actores que habrían de convertirse en imprescindibles en mi vida: Peter Cushing y Harrison Ford.

Es bien cierto que yo era muy jovencito por entonces y con escaso poder adquisitivo, y que mi “momento Star Wars” iba a venir sobre todo unos años después con El retorno del jedi, pero la saga galáctica ya me había atrapado en aquella mi primera década de vida. Y lo hizo para siempre: hoy se estrena el séptimo episodio de la –innegablemente– longeva epopeya estelar. Han pasado casi cuarenta años desde que Luke Skywalker, Han Solo y la Princesa Leia fascinaron al mundo por primera vez; ha nacido una nueva generación que ahora disfruta de las nuevas entregas con sus padres… Todo parece indicar que Star Wars presidirá las vidas de muchos de sus fans originales –y supongo que de los posteriores– y que, seguramente, nos sobrevivirá. Me pregunto si los nietos y bisnietos de aquella primera hornada setentera de admiradores de la franquicia seguirán viendo nuevas aventuras de todos estos fantásticos personajes, quizá en un formato técnico que ni siquiera podemos concebir hoy día. Apuesto a que sí...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

K99

A pesar de que últimamente ando algo falto de tiempo, y aún más de inspiración, a la hora de escribir en mis dos blogs, no puedo dejar pasar el día de hoy sin cumplir lo que ya es una tradición en El Castillo de Lord Ruthwen desde que lo inicié en 2010: felicitar su cumpleaños a ese ente legendario e inmenso que es Kirk Douglas. Hoy cumple nada menos que 99 añazos, y su dimensión a estas alturas sobrepasa el estatus de leyenda.