"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

sábado, 18 de abril de 2015

Chewie... ¡hemos vuelto!

No me da ninguna vergüenza admitir que se me saltaron las lágrimas al ver a Harrison Ford retomando su personaje de Han Solo en el segundo tráiler de la nueva película de la saga de La guerra de las galaxias, El despertar de la fuerza. Fue algo impagable y emocionante, porque, para mí, la continuación de la historia de George Lucas es el sueño de toda una vida. Desde los primeros años 80, siempre había oído decir al director que ésta se compondría de un total de nueve episodios (aunque en algún momento, parece que ha llegado a decir doce). Este sueño no se hará realidad hasta dentro de ocho meses, cuando la película se estrene en nuestro país exactamente el 18 de diciembre. Hasta entonces la espero con ansiedad e ilusión; sé que no me va a decepcionar, aunque algunas cosas de ella puedan no gustarme o haberlas preferido de otra forma (sigo sin aceptar el forzado e improvisado parentesco entre Luke y Leia, que ahora tendremos que tragarnos por narices, y hubiese preferido un nuevo enemigo en lugar de un Imperio remozado). Creo que J.J. Abrams es un director competente que llevará a buen puerto el nuevo capítulo de la epopeya estelar, como ya ha hecho con Star Trek. Cuenta, además, con dos importantes bazas: el haber recuperado al reparto original –el siempre carismático Harrison, y los semiolvidados Mark Hamill y Carrie Fisher, que salen así del ostracismo artístico en el que han permanecido prácticamente desde que acabaron El retorno del jedi–, y, quizás, las bajas expectativas que puedan tener algunos fans después de las tres precuelas. Pienso yo que esto hará que de primeras sean menos exigentes con las nuevas secuelas, y seguramente que queden más sorprendidos por su predecible calidad.

No conozco mucho al que parece que será el nuevo trío protagonista. Sólo a Oscar Isaac le he visto en algunas películas y me ha parecido un buen actor. Daisy Riley y John Boyega son aún muy jóvenes y tienen una corta filmografía, pero confío en el criterio de selección de J.J. Abrams y en su habilidad parar la dirección. Entre los secundarios, reconozco algunos nombres de intérpretes a los que sí que he visto ya actuar como Domhall Gleason, Gwendoline Christie, Andy Serkis, Lupita Nyong´o y, por supuesto, clásicos de la saga como Peter Mayhew, Anthony Daniels, Kenny Baker o Warwick Davis. Y estoy encantado de ver al gran Max von Sydow ocupando sin duda el lugar que en su momento ocuparon Alec Guinness, Peter Cushing o Christopher Lee en otros episodios de la franquicia.

Tan sólo desearía que la nueva gerencia de Lucasfilm –o sea, la Disney– hubiese mantenido la tradición de estrenar las películas de la productora sobre el 25 de mayo, fecha en la que llegó a los cines la primera entrega de Star Wars.


martes, 14 de abril de 2015

El último lobo

Para mí, el francés Jean-Jacques Annaud es sin duda uno de los grandes directores del cine moderno. Es, de hecho, uno de los pocos que consiguen atraerme a una película con nada más que su nombre. No me importa saber de qué trata: si es de Annaud, intento no perdérmela. No es tarea fácil, ya que a pesar del renombre y la solidísima carrera de este cineasta francés, parece que sus últimos trabajos pasan en un suspiro y básicamente inadvertidos por las salas de cine, y sólo por las más afortunadas de entre estas. Tanto es así que he de confesar que, de las cinco películas que ha rodado en lo que llevamos de siglo, de dos de ellas –Dos hermanos y Oro negro– apenas tuve noticia prácticamente hasta que aparecieron para alquilar, y una tercera –Su majestad Minor– voló del único cine de la capital valenciana que la exhibió y al que me había propuesto ir a verla tras sólo dos semanas.

Por fortuna, el nuevo trabajo de Annaud, El último lobo, he podido disfrutarlo en pantalla grande apenas un par de días después de su estreno nacional. En esta adaptación del libro autobiográfico de Jiang Rong conocemos las experiencias de un joven estudiante chino (Shaofeng Feng) a finales de los 60, cuando es enviado a vivir con una comunidad de nómadas mongoles a la fría y dura estepa. Allí se familiarizará con las costumbres y tradiciones de éstos y quedará fascinado por el entorno que le rodea, y decidirá adoptar un lobezno y criarlo pese a la oposición de la mayoría de los vecinos.

Una vez más se confirman en el film varios de los grandes temas y tópicos de Annaud: su gusto por rodar en tierras extranjeras y por dar a conocer al gran público otras culturas, su afición a la naturaleza, y su interés por los animales, una y otros constantes protagonistas o co-protagonistas de muchos títulos de la filmografía del galo.

Sin ser El último lobo la película del director que más me ha gustado, no por ello deja de confirmármelo como el gran artista que es ni hace que mi admiración por él disminuya; todo lo contrario.

jueves, 9 de abril de 2015

Audrey en Roma

Sean Ferrer y Luca Dotti –los hijos de Audrey Hepburn– han encontrado sin duda un chollo con el que vivir hasta su jubilación en la explotación de la figura y el mito de su célebre progenitora. Año sí, año no, uno u otro hermano –o ambos a la vez– publican algún libro que se vale del atractivo e irresistible reclamo de la actriz para llegar a miles de lectores y hacer caja, eso por no hablar de calendarios, muñecas Barbie, bolsos y otros tantos tipos de parafernalia relacionados con la diva del cine. Espero no ser demasiado ingenuo al asumir que buena parte de las ventas y rentas de todo este material va a parar a la fundación benéfica que lleva el nombre de la estrella, la Audrey Hepburn Children Fund.

Audrey en Roma es el decimoséptimo libro de miss Hepburn que añado a mi colección –fetichismo puro y descerebrado, ya lo admití una vez– y de él sólo puedo decir que es un poco “más de lo mismo” en cuanto a otros tantos volúmenes impresos aparecidos en torno al mito de Audrey Hepburn: docenas de estupendas fotos de ella y sus familiares y amigos, y unas pocas líneas describiéndolas. Aparte del prólogo –del propio Luca, que ha coordinado el libro y seleccionado las imágenes– y alguna introducción a los diferentes apartados que componen el volumen, los textos se podrían reunir en poco más de dos o tres páginas. En resumen: como tantos otros libros sobre la intérprete, muchas estampas bonitas que admirar, y poco que leer propiamente o que aprender sobre ella, que es lo que quizá yo echo de menos: un libro que nos cuente más cosas sobre Audrey Hepburn –y que no sean las habituales–.

Además de todo esto, algún desliz en la traducción, algún error filmográfico –como atribuirle a William Wyler Dos en la carretera– y, eso sí, muchas fotografías inéditas o poco vistas, la mayoría mostrándonos a una Audrey más íntima o cotidiana, de compras o paseando por la ciudad que aparece en el título. Particularmente me han encantado algunas instantáneas en las que se la ve con otros famosos del celuloide como Charton Heston o Vittorio De Sica que no conocía previamente. En este sentido, el libro destaca un poco más sobre otros productos similares al ofrecernos material más original.

Audrey en Roma fue publicado en España por Mondadori en 2012 y, curiosamente, ya está agotado en la mayoría de librerías de España.

Si el trabajo aquí reseñado se centra en la relación a lo largo de toda su vida de Audrey con la capital de Italia –desde que rodó su primera película hollywoodiense en 1953 hasta que residió en ella varios años dos décadas después–, Luca Dotti nos quiere sorprender en breve con otro tomo centrado en la faceta como cocinera de su madre… Verdaderamente, una gallina con una interminable reserva de huevos de oro… No puedo evitar preguntarme siempre qué opinaría ella sobre todo esto.