"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 30 de agosto de 2013

Viaje pixelado: BioShock

Los tres títulos de la trilogía
La saga de videojuegos BioShock es sin duda una de las más interesantes y absorbentes a las que he jugado en la última generación de consolas. Es actualmente una trilogía y consiste en BioShock (2007), BioShock 2 (2010) y BioShock Infinite (2013). Las dos primeras entregas tienen una cierta relación argumental, la tercera no la tiene con las otras dos de una manera directa, aunque obviamente se asemeja en cuanto a mecánicas y formato. Han sido desarrolladas por Irrational Games y publicados por 2K Games, con la colaboración de otras empresas y filiales para las variantes y modos online, y han aparecido tanto para las consolas del momento (PS3 y Xbox 360) como para Mac y PC. El diseño se lo debemos a Paul Hellquist y Ken Levin.

Las tres entregas de BioShock se enclavan en el género de los shooters en primera persona, es decir: normalmente sólo vemos las manos del protagonista y las armas u objetos que lleve en ellas y, además, hay mucho tiroteo, por supuesto. Pero la originalidad de la trilogía radica en las historias y argumentos que estructuran sus juegos, tramas emocionantes y complejas, a veces muy humanas, que el jugador va descubriendo conforme avanza. De cualquiera de los tres títulos revisados, sobre todo de los dos primeros, se podría sacar una buena película o una buena novela, dado lo desarrollado de sus guiones. (Hay, por supuesto, proyectos de llevar la saga al cine e incluso una novela publicada, aunque yo la he leído y no la calificaría de “buena”, todo lo más del montón)


¿Una ciudad bajo el mar?
Rapture, el sueño de Andrew Ryan
Parte del gran atractivo y encanto que para mí tiene la saga radica en el lugar en el que se ambientan los dos primeros títulos (luego hablaremos del tercero): ¡una ciudad construida en el fondo del Océano Atlántico por un rico industrial de origen ruso llamado Andrew Ryan! Ryan, cansado de los gobiernos del mundo, asustado tras la II Guerra Mundial por el poder destructivo de la energía atómica, se rodea de técnicos y especialistas y construye a finales de los años 40 la ciudad submarina de Rapture, en la que quiere dar cabida a todas las personas que deseen desentenderse de la decadente sociedad de la superficie. Allí, los científicos y los artistas podrán dar rienda suelta a su imaginación y experimentar con sus ideas sin temor a límites o represión. Naturalmente, este lugar bajo el mar que pretendía ser un refugio idílico acabará convertido en una pesadilla acuática cuando grupos disidentes e individuos codiciosos inicien una guerra abierta contra Ryan. Además, el descubrimiento de una sustancia llamada ADAM que proporciona poderes a sus usuarios, pero también una tremenda adicción, acabará volviendo locos a muchos de ellos.

Los big daddies protegen a las little sisters. Hay que pensárselo
dos veces para enfrentarse a ellos
En este contexto, en el año 1960, llega el protagonista de manera aparentemente fortuita a Rapture y poco a poco irá desentrañando los misterios y secretos que rodean a Ryan y a otros personajes prominentes de la ciudad. Mientras tanto, deberemos defendernos de los splicers, habitantes con poderes especiales totalmente dementes de tanto abusar del ADAM, y posiblemente también enfrentarnos a los enormes big daddies, hombres manipulados genéticamente que parecen gigantescos buzos y que utilizan un enorme taladro para acabar con sus enemigos. Estos desafortunados personajes son a su vez los guardianes de las little sisters, niñas que generan una gran cantidad de ADAM. A lo largo de la partida, nos veremos en la disyuntiva de ayudar a estas pequeñas, o por el contrario, “cosecharlas” para extraerles la jugosa sustancia que portan, porque nosotros también tendremos la posibilidad de usar estos poderes –los plásmidos– además de armas modificadas como pistolas, ametralladoras, escopetas, etc.

Los splicers, totalmente dementes por el abuso del ADAM
Lo más fascinante del primer BioShock es para mí la ambientación, los “decorados” del juego ya que, aunque estamos en el año 60 y Rapture fue construida unos doce años atrás, su aspecto es el de una ciudad art-decó extraída de la década de los 30, al igual que la mayoría de los elementos que la componen (muebles, armas, incluso la música que oímos), naturalmente mezclados con la ciencia ficción para hacer posible la “utopía distópica” que acaba siendo la urbe futurista. Esa estética tan particular es lo que me ganó principalmente como fan del videojuego, además de su trabajada historia. Cuando lo jugaba, me encantaba detenerme en las ventanas y contemplar el exterior de Rapture, con los edificios bajo el agua anunciando productos en cárteles de neón.

Otra vez en Rapture
Las temibles big sisters. ¡Que no te engañe su aspecto frágil!
BioShock 2 también transcurre en Rapture, pero llevaremos un protagonista muy diferente: ¡esta vez seremos nada menos que un Big Daddy! Tras un pequeño prólogo en el que morimos nada más empezar (¡en serio!), somos revividos diez años después, en 1968. Para entonces, la ciudad submarina que creara Andrew Ryan está semi-abandonada, pero todavía sobreviven en ella parte de sus habitantes originales. La historia se centra esta vez en nuestra relación con Eleanor, la little sister que teníamos asignada, que ahora es una adolescente y nos considera su padre. Deberemos ayudarla y protegerla a la vez que tiramos del hilo de la nueva trama, también muy emocionante, y nos enfrentamos a una nueva amenaza: ¡las big sisters!, una mezcla de los poderosos big daddies con las little sisters parecidas en aspecto a los primeros, sólo que más esbeltas y letales. En esta ocasión ya no se puede uno deleitar tanto contemplando los exteriores de la ciudad, ya que han sido invadidos por la vegetación marina… BioShock 2 tuvo también una expansión descargable, Minerva´s Den, con su propia historia y un nuevo protagonista, con la que también me divertí mucho.

¿Una ciudad en las nubes?
Columbia, un lugar menos idílico de lo que parece
Y llegamos, por fin, a la última entrega de la saga por el momento: BioShock Infinite. Olvidaos del fondo del mar y de Rapture: es por encima de las nubes nada menos donde encontramos la nueva ciudad de esta tercera parte: Columbia, construida por el gobierno de los EE.UU. a finales del siglo XIX y liderada ahora por el fanático religioso Zachary H. Comstock, al que se oponen las fuerzas rebeldes de turno en la ciudad, la guerrilla Vox Populi.

En BioShock Infinite asumimos el papel de Booker DeWitt, un detective privado en horas bajas que debe internarse en Columbia para rescatar a una misteriosa joven llamada Elizabeth y saldar así sus cuantiosas deudas de juego. No hay plásmidos ni ADAM aquí, pero sí unas sales que les sustituyen y que funcionan de manera parecida. Además, estamos en el año 1912, mucho antes de la creación de Rapture.

Será imposible negarle nuestra ayuda a la encantadora Elizabeth,
pero, ¿hacemos lo correcto?
Personalmente era un tanto escéptico respecto a esta tercera parte de la saga precisamente por eso: porque me fascinaba la ciudad submarina y aquí no la teníamos, pero al final acabé atrapado por la historia del videojuego una vez más, y es que ésta es además la más compleja de las tres, jugando con diferentes realidades en una densa trama que, como siempre, se revela de manera sorprendente al final. También ayuda mucho el que en BioShock Infinite vayas casi desde el principio acompañado de un personaje encantador y del que es fácil encandilarte: la ya mencionada Elizabeth, una chica con poderes para abrir brechas dimensionales que es más de lo que parece y a la que, por supuesto, nuestro personaje estará dispuesto a ayudar. Ese intento lo frustrarán o retrasarán no sólo el “profeta” Comstock y su ejército (que incluye grandes robots armados con Gatlings), sino también otros personajes como los enigmáticos hermanos Lutece, la líder de la resistencia Daisy Fitzroy o el gigantesco pájaro robótico Songbird, guardián de Elizabeth.

En resumidas cuentas –por si no se ha notado mi entusiasmo por la saga– una trilogía que atrapa y fascina en su totalidad en la que quizá no encontremos los gráficos más avanzados de la informática lúdica reciente, pero sí ambientes absolutamente embelesadores y atractivos, al menos para aquellos a quienes le gusten este tipo de estéticas entre retro y steampunk, porque a mí, ¿qué queréis que os diga? ¡Me llama más una Thompson customizada que un rifle láser!

Por cierto: para diciembre se espera una expansión descargable para BioShock Infinite en la que Booker y Elizabeth viajarán a… ¡Rapture! ¿Qué cómo es posible? ¡Hay que acabarse el juego para entenderlo... más o  menos!

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