"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

lunes, 30 de enero de 2012

Jean Seberg, la otra actriz trágica

Resulta difícil no encontrar muchos paralelismos entre las vidas de Jean Seberg y Gene Tierney (a la que dediqué una entrada el pasado mes de mayo): dos actrices desbordantes de encanto, bellas y vulnerables que pudieron tener el mundo a sus pies, pero cuyas vidas acabaron marcadas por la tragedia y la tristeza: después de protagonizar películas que hoy en día son clásicos del cine, sus tumultuosas vidas sentimentales y personales, diversas desdichas en sus maternidades y la inestabilidad emocional hicieron pasar a la última por varias instituciones psiquiátricas, y llevaron a la primera a un triste y temprano film.

Bien es cierto que la filmografía de Seberg no me ha marcado tanto como la de Tierney y que he visto muchos menos de sus trabajos, pero es una actriz que siempre me ha llamado la atención por ese irresistible aspecto frágil y aniñado bajo el que se escondía, quizás, toda una femme fatale. Durante mucho tiempo estaba convencido de que era francesa, pero después supe que había nacido en EE.UU., concretamente en Marshalltown, Iowa, un 13 de noviembre de 1938, descendiente de emigrantes suecos.

Empeñada en convertirse en artista del celuloide, con apenas dieciocho años entró por la puerta grande de Hollywood al obtener el disputado papel de Juana de Arco en la película Santa Juana de Otto Preminger –director que también fue decisivo en la carrera de Gene Tierney–, pero ni esta ni su segunda película en su patria (Buenos días, tristeza, también de Preminger) lograron un éxito destacado. Quizá por ello, Jean decide cruzar el charco y acomodarse en el cine europeo. Su segunda película en el continente, Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard, en 1960, va a ser esencial para la intérprete. En ella, y con su original look (menuda, delgada, con inmensos ojos azules y pelo corto a lo chico, una suerte de Audrey Hepburn rubia), Jean Seberg se convierte en un icono de la nouvelle vague francesa y en un valor en alza en el Viejo Continente. Con Jean-Paul Belmondo (su compañero en el anterior título) repite en A escape libre cuatro años más tarde. En 1962 nace en Barcelona su primer hijo, fruto de su segundo matrimonio, con el escritor Romain Gary. Aunque afincada en Francia, Jean alterna trabajos tanto en otros países europeos como en su patria, a la que vuelve para rodar, entre otros títulos, Lilith (Robert Rossen, 1964), su película preferida, y en la que interpreta a una esquizofrénica, o La leyenda de la ciudad sin nombre (1969), posiblemente uno de sus largometrajes más conocidos.

Como en el caso de Gene Tierney, sin embargo, hay un lado oscuro en la vida de esta mujer de angelical rostro: su azarosa vida sentimental (estuvo casada en cuatro ocasiones y tuvo numerosos amantes), sus coqueteos con las drogas y el alcohol, su activismo político e ideológico, que según cuentan las malas lenguas, la puso en el punto de mira del FBI hasta el extremo de que este departamento le destrozó la vida y, sobre todo, el fallecimiento de su hija Nina tan sólo dos días después de su nacimiento debido al abuso por parte de Jean de medicamentos durante el embarazo, la sumieron en una continua serie de depresiones que la acercaron a la locura (más similitudes con la vida de Gene Tierney, como véis).

Aeropuerto en 1970 supone quizá su último trabajo de popularidad internacional. El resto de la década lo malvive como puede apareciendo en películas sobre todo italianas y españolas hasta que, un 30 de agosto de 1979, y tras varias tentativas de suicidio –otra vez la sombra de Tierney–, Jean es encontrada muerta por una sobredosis de barbitúricos en el asiento trasero de un coche en extrañas y trágicas circunstancias que algunos han querido ver como un asesinato. Su hijo, Alexander Diego Gary, insiste sin embargo en la autobiografía que publicó recientemente (S. o la esperanza de vida. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010) que no fue sino la Oficina Federal de investigación que en tiempos liderara el infame J. Edgar Hoover, quien la empujo a quitarse la vida a base de hacérsela imposible.

La novela de Carlos Fuentes Diana o la cazadora solitaria (Alfaguara, 1994), y Lágrimas negras, la película póstuma de Ricardo Franco de 1998, reviven las perspectivas de estos dos autores que en determinados momentos mantuvieron sendos romances con la actriz. Son, sin duda, una manera curiosa de aproximarse a la vida de aquella mujer enigmática que fue Jean Seberg.

sábado, 28 de enero de 2012

Amor y odio en las estrellas: George Lucas y la saga de "La guerra de las galaxias" (2)

(Con esta segunda y última parte concluyo mi dossier sobre las seis películas de Star Wars. La primera parte la podéis leer aquí.)

George Lucas… Trapaza
Hace muchos años, allá por los 70, el gran Fernando Fernán Gómez realizó una serie para la pequeña pantalla que narraba las desventuras de un vividor llamado Lucas Trapaza, personaje claramente basado en las obras clásicas de la literatura picaresca española. Nuestro Lucas no es un mendigo ni un desgraciado como Trapaza pero, a su manera, sí que es todo un pícaro de cuestionables principios. A día de hoy, la trilogía original de Star Wars ha sufrido tres modificaciones: la de 1997, la de la edición en DVD de 2006, en la que, entre otras absurdeces, se reemplazó al actor Sebastian Shaw por Hayden Christensen, y la del pasado 2011 a raíz de la aparición de la saga completa en Blu-Ray. Habitualmente, se dice que un autor siempre tiene el derecho a revisar y modificar su obra, y muy a menudo podría estar de acuerdo, pero considero que, cuando alguien ha publicado sus creaciones, las ha compartido con medio mundo, se ha hecho rico con ellas y, además, estos trabajos han pasado ya a ser patrimonio cultural de la Humanidad y un elemento ya casi histórico, estas obras han pasado a ser un poco de todos, y su creador debe dejarlas estar como si fueran un hijo que ha renegado de su padre; en cierta forma, ya no son suyas, o, al menos, tiene una responsabilidad moral con ellas y con sus admiradores, al fin y al cabo, las personas que le han dado de comer y finalmente encumbrado.

En el caso de las obsesivas y continuas revisiones de George Lucas a su saga, hay pocas excusas que aducir, pues con ellas no creo que persiga más que intereses descaradamente comerciales, formas de llegar a nuevos públicos y de remozar y modernizar películas que, al fin y al cabo, son clásicos. ¿Quién se imagina estrategias tan viles con filmes como Casablanca o Ciudadano Kane? Bastante mal ha hecho ya la el coloreado…


Sobre este productor y director que, paradójicamente, ha sido el creador de mis dos sagas de cine favoritas, Star Wars e Indiana Jones, cabría preguntarse si no necesitaría tener más los pies en la tierra, deshacerse de esa cohorte de aduladores que le rodean en su imperio empresarial y que no se atreven a sacarle de sus errores, e incluso visitar, quizás, a un psicólogo que le ayude a tener más seguridad en la vigencia intemporal de sus obras. Por mi parte, Lucas no cuenta con mi apoyo para todo lo que sean revisitaciones alteradas y modificaciones infinitas de las películas con las que crecí, y que quiero ver tal y como eran entonces y lo han sido durante buena parte de mi vida. Sintiéndolo mucho, no iré a ver la reposición de la trilogía ex-original en 3D.

Y, por fin, las precuelas
Llegamos, por fin, al momento del estreno de la controvertida segunda trilogía, aquella que se corresponde a los episodios I, II y III, que irían, pues, situados, antes de los de la trilogía original de los años 70 y 80. ¿Cuál es mi opinión sobre ella? Sería muy fácil sumarme a la legión de detractores que han despreciado estas tres películas sin miramiento alguno y que incluso han renegado de ellas y quedar así bien con todo el mundo, pero veréis, amigos, he crecido enamorado de la mitología de Star Wars, y es posible que el amor sea ciego, pero no sería justo por mi parte renunciar totalmente a las nuevas partes de la saga cinematográfica. Encuentro errores importantes, cosas alarmantes, pero aún con todo, he disfrutado en mayor o menor medida las tres películas (¡sigo haciéndolo a través de los DVDs!). No voy a compararlas con sus precursoras ni a ponerlas a su altura, como ya advertí en la primera parte de este artículo, porque no tendría sentido alguno por las razones que ya he explicado.

La amenaza fantasma (Star Wars: Episodio I) llegaba a España un 20 de agosto de 1999 y allí estaba yo ese día, en el complejo Alucine de mi localidad, listo para verla en la primera sesión. En EE.UU. se había estrenado tres meses antes, y sería la última película de la saga para la que sufriría retraso: las dos siguientes se estrenarían simultáneamente a nivel mundial. Naturalmente, en ese breve intervalo de un trimestre había llegado mucha información y material sobre el film. Incluso copias piratas se habían colado en internet, pero sobra decir que me negué a verla en formato doméstico. Después de veinte años, bien podía esperar noventa días más y disfrutarla debidamente en pantalla grande. Sí que no pude resistirme, sin embargo, a leer el cómic (que me regaló un amigo norteamericano), algunos artículos en revistas y a comprarme la BSO, en donde, de manera poco acertada, uno de los títulos ya nos adelantaba la muerte de Qui-Gon Jinn. La poca información que Lucas había ido distribuyendo antes del estreno del film ya nos había hecho la boca agua: para empezar, un magnífico plantel que encabeza un actor al que admiro mucho como es Liam Neeson, al que seguían Ewan McGregor, y nada más y nada menos que Natalie Portman, entonces una jovencita de la que ya me había prendado desde sus primeras películas y que con el tiempo se convertiría en mi reina del cine moderno. Si al menos no otra cosa, esta nueva trilogía iba a tener algo que (siempre con la excepción de los veteranos Peter Cushing y Alec Guinness) no tuvo la primera: buenos actores. Muy dosificadamente se nos iban dejando ver algunas imágenes, entre ellas la de un extraño personaje de malévolo aspecto que luego conoceríamos como Darth Maul…


Aquel 20 de agosto salí de La amenaza fantasma algo desorientado, con la sensación de que la película tenía un ritmo demasiado rápido que no me había dejado disfrutarla enteramente. Acabé viéndola dos veces más en el cine, como haría con sus continuaciones e, igual que con la trilogía original, también coleccioné su novela, su cómic y su CD con la música original. Aunque me es imposible juzgarla fríamente y tiene personajes y escenas memorables, tengo que admitir, no obstante, que me parece la más floja de toda la saga. Lucas decidió apostar por una nueva hornada de jóvenes fans, dando la espalda a los más veteranos, y el resultado fue una película con un matiz cómico demasiado enfatizado, y que cobra forma especialmente en la denostada figura del personaje de Jar Jar Binks, aunque personalmente también me parecen irritantes el Jefe Nass y el propio Anakin Skywalker, interpretado por un joven Jake Lloyd en el tópico y cargante papel de niño sabihondo y arreglalotodo. El exceso de digitalización también me parece un error, llegándose a hacer demasiado exagerado en la batalla final entre gungans y droides. Por el contrario, especialmente emocionantes me parecen algunos aspectos de la mitología Jedi, las luchas de sables láser (¡siempre se me cae la baba viéndolas!) y, por supuesto, mi adoradísima Natalie. A lamentar también la incompetencia que George Lucas mostró dirigiendo personas (parece que se le dan mejor los CGI) y que desaprovechara el talento de un reparto tan respetable como tuvo este film (tristísimo ver a un actor como Terence Stamp en un papel tan nimio).

Tres años después nos llegaba Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones, primera de las películas de la saga rodada en formato digital y en los estudios de la Fox en Australia, un país que se iba a poner muy de moda en aquella época con el rodaje parcial en ella de la trilogía de El Señor de los Anillos. El título, un tanto decepcionante, se inspiraba en las películas de serie B de los años 50, y la entrega iba a acabar convirtiéndose para mí en la mejor de la nueva trilogía: es un film de acción y de aventuras mucho más equilibrado que La amenaza fantasma, y que creo que no engaña a nadie ni ofrece más que eso: pasar un buen rato viendo batallas galácticas y duelos de espadas láser (¡y Natalie Portman está más guapa y sexy que nunca!). Me encanta toda la parte final en la que se suceden el combate en la arena de Geonosis, la batalla en el mismo planeta y el enfrentamiento con el Conde Dooku. Lucas nos libra por una vez de esos montajes tan insidiosos en que alterna tres lugares o acciones a la vez, como hizo en El Retorno del Jedi, en el Episodio I o, más moderadamente, en La vengaza de los Sith. Me pareció estupendo que se fichara a esa inmensa leyenda del fantástico que es Christopher Lee, así como las numerosas alusiones a filmes clásicos de la Historia del Cine. Sólo me pareció un tremendo error que Lucas digitalizara a Yoda y, para mi gusto, flojea quizás un poco la forzada historia de amor entre Padme y Anakin pero, bueno, me resulta fácil embobarme con Natalie Portman (¿lo había dicho ya?). En resumen, fue una película que disfruté casi como un niño y, como ya he dicho, mi preferida de entre las nuevas. Este mismo año quiero dedicarle una entrada específica para conmemorar el décimo aniversario del estreno.

Llega por fin el momento del desenlace de la saga, de la película que entrelazaba las dos trilogías: en 2005 se estrena Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith, la que parece ser la película favorita de la segunda trilogía para muchos fans. Lamentablemente, voy a discrepar y, aunque admito que tiene algunos momentos muy buenos y dramáticos (el exterminio de los jedi o el esperado duelo entre Anakin y Obi-Wan), creo que George Lucas no supo manejar debidamente todo el aprovechable elemento melodramático que ofrecía el film. El paso de Anakin al Lado Oscuro me parece demasiado rápido y forzado –aunque queda muy bonito que lo haga por amor, en lo que parece ser una revisitación del mito de Fausto–, y las limitaciones interpretativas de Hayden Christensen no ayudan a dar credibilidad a esta transformación. El nuevo villano, el General Grievous, resulta un tanto patético y sin la entidad de sus precursores. Las prometidas explicaciones de George Lucas para aclarar ciertas cosas de la trilogía original (como por qué algunos jedi pueden aparecer como espíritus o por qué los droides no recuerdan nada) y, en general, para entrelazarla con las precuelas, sobrepasan a veces el ridículo más pueril: Leia pierde a su madre nada más nacer, cuando en El retorno del Jedi dice recordarla, Padme muere “porque sí”, sin razón aparente, Obi-Wan deja vivo y sufriendo a su antiguo amigo (aunque no se olvida de recoger su sable), Yoda abandona estúpida y cobardemente su lucha contra el Emperador… Casi ninguna de estas decisiones y explicaciones se mantiene en pie ni resulta mínimamente creíble a no ser que sea para el fan sin exigencias y absolutamente entregado a los trapicheos de Lucas.


Conclusiones y valoración
Me planteo a menudo la siguiente pregunta: ¿cómo habríamos juzgado la nueva trilogía muchos de nosotros de tener la edad que teníamos cuando vimos la antigua? Y es que tengo la sensación de que, en el fondo, no hay diferencias tan importantes entre una y otra, sólo una perspectiva diferente condicionada por las dos décadas que se llevan. Curiosamente, muchos chavales que han visto los últimos (¿o primeros?) tres episodios de 1999-2005 parecen haberla disfrutado de manera similar a como los de mi generación lo hicimos con los de 1977-1983, e incluso parece que toda esta nueva hornada de fans “galácticos” prefieren las nuevas andanzas de Anakin Skywalker que las de su hijo Luke.

Creo que las nuevas entregas sólo adolecen de un defecto importante, que se puede resumir en dos palabras: George Lucas, y las razones para esgrimir esta acusación creo que ya las he dejado claras en el primer párrafo de esta entrada. Henchido de soberbia, regodeado en su propio ego, el otrora imaginativo creador de la saga ha acabado cegado y desorientado por sus propios errores e inseguridades y ha querido enfatizar demasiado el aspecto tecnológico de las nueva saga, descuidando parte del artístico en cuanto atañe a guión y, sobre todo, dirección. Lástima que Irvin Kershner ya estuviese jubilado cuando se rodaron los Episodios I, II y III.

Hay, sin embargo, un enorme derroche de talento en las precuelas de La guerra de las galaxias, algo innegable que es ya suficiente para que sean respetadas con una mínima dignidad: el de todos los artistas y creadores que han contribuido a que estas tres películas sean un maravilloso espectáculo estético y visual con sus cientos de personajes, vehículos, mundos y artefactos, lo que ya de por sí hace esta nueva trilogía lo suficientemente disfrutable y palia en cierta medida los desaciertos creativos de su director. Por mi parte, los tres filmes tienen un sitio distinguido en mi filmoteca, y para nada han mermado mi amor por la saga de Star Wars. Al contrario, inncluso sigo viendo todas las temporadas de The Clone Wars. Hummm…. Además, ¿he dicho ya cuánto me gusta Natalie Portman?

jueves, 26 de enero de 2012

Kate Beckinsale: ayer y hoy

El estreno de la cuarta entrega de la serie fílmica Underworld me sirve como excusa para traer a estas virtuales páginas a una actriz por la que, en un determinado momento de mi vida cinéfila, sentí una especial atracción: Kate Beckinsale. Por desgracia, todo interés por ella y por su carrera han ido desapareciendo a marchas forzadas desde que la inglesa decidió dar el salto al tan bien pagado como poco imaginativo Hollywood.

La primera vez que la “vi” fue en Mucho ruido y pocas nueces de Kenneth Branagh, y he entrecomillado la palabra “vi” porque las circunstancias en que contemplé esta película no es que me permitieran disfrutarla precisamente: volvía en avión de un viaje a Dinamarca en septiembre de 1994 y la pusieron a bordo pero, rodeado de mis compañeros de clase y de sus conversaciones, sólo pude ver en la práctica retazos del film. No sería, en realidad, hasta la española La tabla de Flandes, poco después, cuando realmente podría decir que acabé enteramente un film de Kate Beckinsale y reparé en ella, aunque creo que me llamó más la atención en la divertida Como pez en el agua, de 1997. En los años inmediatamente posteriores me interesé especialmente por la trayectoria de esta deliciosa británica (nacida como Kathryn Romany Beckinsale un 26 de julio de 1973 en Finsbury Park, Londres) y acumulé el visionado de muchos de sus trabajos de esa época como The Last Days of Disco (su primera incursión americana), Sueños rotos (con la igualmente encantadora Claire Danes), La copa dorada, el simpático y divertido telefilm La hija de Robert Poste o la curiosa Hechizados, todos ellos a través de emisiones televisivas o VHS y DVD.

Parece a menudo que me gusta llevar la contraria a los demás: admiré a Kate cuando casi nadie la conocía, y empezó a decepcionarme cuando se hizo famosa internacionalmente: Pearl Harbor, en 2001, descubrió sin duda a la actriz a la mayoría de espectadores mundiales, y para mí fue sin embargo un film de lo más aburrido si exceptuamos las pocas escenas bélicas que tiene. Me mantuve fiel a la artista, no obstante, en sus siguientes interpretaciones: Underworld, frívola actualización del cine de vampiros con toques de Matrix, Van Helsing, absolutamente olvidable, o El aviador, donde interpretaba a la mismísima Ava Gardner en el que para mí es uno de sus pocos largometrajes destacables desde que se afincó en EE.UU. He continuado viendo la serie Underworld porque me hace pasar el rato y supongo que por cierto cariño remanente con su protagonista, pero no me parecen películas “serias” ni con fondo dramático alguno (y considero que la atlética Rhona Mitra era una alternativa mucho más interesante como mujer de acción que la frágil Beckinsale). Aparte de eso, de Kate sólo he visto en los últimos años Habitación sin salida y Whiteout, ya directamente vía vídeo, que no hacen sino confirmarme lo que se me hizo evidente hace mucho tiempo: la chica se ha acomodado en actual star system de la Meca del Cine, debe ingresar mucho dinero con sus trabajos, y se arriesga poco artísticamente. Además, la encuentro muy cambiada físicamente; me pregunto si ha recurrido a la cirugía más de la cuenta. Que pena, con lo que prometía en los años 90 aquella morenita de respingona nariz…

martes, 24 de enero de 2012

Dos cumpleaños

No puedo dejar de mencionar el aniversario hoy, 24 de enero, de un actor y una actriz que, sin ser de los más esenciales en mi afición cinéfila, tienen ambos un pequeño huequecito en mi palmarés particular. El primero es el veteranísimo y entrañable Ernest Borgnine, secundario clásico del Hollywood dorado donde los haya, y al que podemos recordar sobre todo en papeles de duro, normalmente de buen corazón, y principalmente en cintas bélicas y westerns –aunque su único Óscar lo ganaría con un drama, Marty–. Sirvan De aquí a la eternidad, Johnny Guitar, El vuelo del Fénix, Doce del patíbulo o  Grupo Salvaje como unos pocos y nada despreciables ejemplos. A sus 95 años y con más de doscientas interpretaciones a sus espaldas, Ernest no parece querer jubilarse y sigue muy activo. Envidiable ejemplo…

La actriz adelantada en el anterior párrafo no es otra que la alemana Nastassja Kinski, quien, a sus 51 años cumplidos hoy, está tan espléndida como siempre. ¿Quién diría que su padre fue el feo Klaus Kinski? Algo apartada del cine en los últimos años, es imposible olvidar muchos de sus trabajos durante  los 70 y los 80 como Tess, Corazonada, El beso de la pantera, París, Texas o Los amantes de María, todos ellos ya clásicos del cine moderno. Y seguro que no soy el único fan de la Hammer que la recuerda en La monja poseída, su segundo film con tan sólo quince añitos…

Por cierto, de haber seguido vivos, también hubieran cumplido años hoy los inolvidables John Belushi (63) y Sharon Tate (69). Parece que el 24 de enero es un día propicio para el nacimiento de estrellas del celuloide…

domingo, 22 de enero de 2012

Anónimos populares: Laurie Holden

Intencionadamente o no, parece que la carrera interpretativa de Laurie Holden está acabando ligada al fantástico, especialmente en su variante terrorífica: a pesar de una larga trayectoria de más de treinta años como actriz (empezó jovencísima en 1980) en los más variados géneros y principalmente en la televisión, ha sido precisamente la pequeña pantalla, y en concreto la serie Los muertos vivientes la que parece que por fin le ha ganado la popularidad internacional. La primera vez que recuerdo haber visto a la rubia interprete fue en Los Cuatro Fantásticos (2005), donde tiene un pequeño papel como prometida de Ben Grimm/La Cosa pero, en realidad, no fue hasta la acertada adaptación del vídeo-juego Silent Hill un año después que realmente me llamó la atención. Le siguió La niebla de Stephen King, en mi opinión, y junto con la anterior, dos de las pocas películas comerciales de cine de terror verdaderamente interesantes de los últimos años, aunque en realidad la gran oportunidad cinematográfica de Laurie le llegó ya en 2001 con The Majestic, de Frank Darabont, también creador de Los muertos vivientes  y director de La niebla de Stephen King, y con quien la actriz parece tener una fructífera relación laboral.

Nacida en Los Angeles, California, un 17 de diciembre de 1969 (1972 en algunas biografías, aunque el primer año parece más fiable), y también nacionalizada canadiense,  Heather Laurie Holden viene de una familia largamente relacionada con el cine, es hermana e hija de actores, hijastra del director Michael Anderson y nieta de Gloria Holden, a quien los amantes del fantástico recordamos sobre todo por La hija de Drácula… ¿tradición familiar el destacar en el cine de terror?

sábado, 21 de enero de 2012

Amor y odio en las estrellas: George Lucas y la saga de "La guerra de las galaxias" (1)

La idea original de este artículo surgió escribiendo Remakes, secuelas y precuelas: ¿sí o no? e iba a acompañarla como perfecto ejemplo de la, a veces, poco razonable intransigencia popular a continuaciones, nuevas versiones y segundas (y terceras, y cuartas, y…) partes de películas consagradas que denunciaba en dicho texto. Finalmente, decidí que la que ha sido quizá la saga cinematográfica más importante de mi vida bien merecía una entrada aparte y en exclusiva, pero no obstante remito al atento lector al citado enlace, que bien puede leerse como un preámbulo a lo que viene a continuación…

Veinte años después
Cuando, en 1999, se iba a estrenar La amenaza fantasma, no tenía muy claro con qué impresión iba a salir del cine. Hacía entonces veinte años que había visto la primera de las películas de la serie de George Lucas. La trilogía original había marcado decisivamente mi vida, a pesar de que una gradual animadversión hacia su creador había ido creciendo en mí con el tiempo al ver la desvergonzada actitud comercial de éste. Sí que sabía, antes de abordar la primera película de la segunda trilogía, que de ninguna manera iba a intentar comparar sus nuevos capítulos con los de la antigua: al fin y al cabo era un niño cuando vi esta última, y como tal, mucho más receptivo, tolerante, ingenuo y fácil de sorprender ante cualquier cosa. Un amigo me dijo que para él “había un muro” entre las dos trilogías de Star Wars, y muchas veces me lo planteo así y, efectivamente, prefiero separar ambas y evitar contrastarlas. Es imposible con tanta diferencia de tiempo y con la perspectiva de más de dos décadas. Cuando veo la trilogía original, no pienso en Darth Vader con la cara de Hayden Christensen: veo simplemente a Darth Vader, el entrañable villano con el casco y la máscara negros. Por otro lado, tampoco intento relacionar las imágenes y personajes de la nueva trilogía con aquellos de la anterior. En algunos casos me resultaría ridículo y me rechinarían un montón de detalles (también me los rechinan entre los tres primeros episodios de 1977-1983).


Veinte años antes
Vi La guerra de las galaxias (después rebautizada Una nueva esperanza; perdonad que yo la llame con el título con la que la conocí) en 1979: el retraso de más de un año con respecto al estreno nacional (dos con el norteamericano) tiene su explicación en que en mi pueblo sólo habían cines de reestreno y, pese a la corta distancia de 25 km con la capital de la provincia, una película podía tardar muchísimos meses en llegar a las veteranas pantallas de mis queridas salas locales. Esta primera entrega de la saga la vi en el Cine Oma, y no tengo demasiados recuerdos de ella debido a mi corta edad y los muchos años que han pasado. Recuerdo que me gustó, y recuerdo la expectación que su estreno despertó durante mucho tiempo, así como parte del merchandising en torno a la película que ya entonces llegó a mis manos: cromos coleccionables, figuras troqueladas que salían en los pastelitos Panrico, los cómics de Marvel, etc, etc. De su continuación, El imperio contraataca, sí que tengo un primer recuerdo más claro: ver un anuncio en una valla publicitaria mientras me desplazaba en tren a Barcelona en septiembre de 1980. Se estrenaba en España al mes siguiente, aunque a mi localidad no llegó hasta marzo del 81. Por supuesto, no falté a la cita, y recuerdo que me costó atar algunos cabos y comprender ciertas cosas, quizá porque no tenía muy nítida a su antecesora, quizá, simplemente, porque el mismo George Lucas había improvisado más de una cosas al escribir el argumento (¿fue siempre Darth Vader el padre de Luke?).


Para cuando llegó El retorno del Jedi (en aquellos tiempos se decía “yedi” y no “yedai”) en 1983, yo ya estaba un poco más crecidito, y pude aprovechar y exprimir mucho más esta tercera entrega, que iba a acabar consagrando la saga para mí. Un compañero del instituto había conseguido verla durante su estancia en el extranjero y ya nos adelantó algunas cosas. La esperé con gran interés, atesorando los pocos artículos o fotografías que llegaban a mis manos. Por fin se estrenó en España. Con una argucia un tanto cuestionable éticamente (argumento en mi defensa mi joven edad), conseguí verla durante las primeras semanas de estreno en el ABC Park de Valencia: el gobierno amenazaba con cerrar la siderúrgica de mi pueblo (cosa que conseguría), dejando sin empleo a miles de personas; los obreros se manifestaban en todas partes, y aproveché que mi padre acudía a uno de esos actos en la capital para meterme con él en el autobús contratado a tal efecto y que me acompañara a la taquilla antes de la manifestación. Recuerdo que me dio unas monedas para que se las diera de propina al acomodador (un señor mayor vestido con un uniforme pseudo-militar) y que, como me daba vergüenza, entró él mismo hasta la sala y le entregó el dinero. Por desgracia, al no depender de mí, no llegué a tiempo de ver comenzar la película: ya estábamos en la secuencia del Palacio de Jabba, pero de todas formas tendría ocasión de verla varias veces más en los cines de mi localidad, y luego ya en VHS. Fue una de las primeras cintas que vi en ese formato, hasta creo recordar que en edición pirata (y, posiblemente, mi segunda película en la capital).

Al estreno de esta tercera parte le siguió una vorágine de parafernalia relacionada con ella: la novela y la banda sonora (acabaría consiguiendo también las de las películas anteriores, al igual que los cómics), el álbum de cromos (el último que me hice en mi vida, ayudado por mi primo a conseguir la última estampa que me faltó, que él mismo arrancó de su propio álbum), las clásicas figuritas de Kenner (me conocía los nombres de todos los personajes), las películas de los Ewoks y los dibujos de los Droides, etc, etc… Durante los siguientes años continuó mi afición por la entonces trilogía galáctica: compraba maquetas, algún tebeo, pero nunca de una manera obsesiva. Siempre he bromeado diciendo que es mejor tener muchas obsesiones en lugar de una sola, y yo compaginé siempre mi amor por La guerra de las galaxias con el que tenía por muchas otras películas y aficiones. Con la adquisición de mi primer vídeo en 1989 pude por fin grabarme la trilogía de la televisión: la primera parte me la grabé de TV3 y la estuve viendo, por tanto, en catalán durante muchos años, ya que no conseguí una versión en castellano hasta mucho después. Mientras tanto, los fans seguíamos esperando las prometidas nuevas entregas que George Lucas había asegurado: tres películas que irían antes de las ya estrenadas, y tres películas que irían después. Muchos acabamos perdiendo la esperanza de que éstas llegaran alguna vez conforme transcurrían más y más años…


Reestreno
En 1997 acudí religiosamente a ver la nueva edición de las tres películas que se estrenaban en cine con motivo del 20 aniversario de la primera de ellas. Aunque me encantó volver a poder ver la trilogía en pantalla cinematográfica, me empecé también a plantear seriamente la honestidad de George Lucas al modificar de una manera para mí tan notable aquellas películas con las que había crecido. Cambios radicales como la escena entre Han Solo y Greedo y otros tan forzados como la superposición del Jabba del 83 sobre la imagen del actor original de 1977 me parecieron ridículos. En cualquier caso, por aquel entonces todavía me hizo gracia poder ver recuperadas escenas eliminadas de las películas originales, y fui tan ingenuo como para creer que esto era sólo un ejercicio puntual conmemorativo, y no que George Lucas establecería esta nueva edición como “la oficial”, prescindiendo en los siguientes años de las primeras versiones de la trilogía a la hora de reeditarla en formato doméstico. Desde ese momento, me negué a adquirir las ediciones retocadas, y me he mantenido fiel a este principio a través de todas las nuevas versiones que han aparecido con los años. No fue hasta 2006, cuando se comercializaron las ediciones originales de las tres películas en DVD (como “extra” junto a las nuevas ediciones retocadas tras la segunda trilogía) que acepté soltar mi dinero para comprar la saga. Hasta entonces, seguía con mis viejas grabaciones en VHS de las emisiones televisivas.

Vistas con la perspectiva de tantos años, las tres primeras películas de Star Wars siguen en el mismo lugar de mi corazón que se ganaron hace mucho tiempo, como parte esencial e importantísima de mi amor por el séptimo arte. Es lamentable que la codicia y la ceguera de su creador hayan acabando salpicando a estos filmes que quiero tanto (sobre Lucas tendré unas palabras en la continuación de este articulo). De La guerra de las galaxias, cuyos punteros efectos especiales en su momento parecen ya hoy encantadoramente obsoletos, destacaré que fue, posiblemente, la primera vez que vi a los que acabarían convirtiéndose en dos de mis actores favoritos -en este orden-: Peter Cushing y Harrison Ford. Por eso, y porque, al fin y al cabo, fue el origen de todo lo que vendría, es mi preferida de la trilogía original, aunque admito, no obstante, que la de mayor calidad es indudablemente El imperio contraataca, por la sencilla razón de que fue la única de toda la saga que tuvo un buen director, Irvin Kershner, y dos grandes guionistas, Leigh Brackett y Lawrence Kasdan, que aportaron momentos verdaderamente dramáticos y oscuros (a destacar, claro está, la revelación de Vader) que dotan al film de una sobriedad envidiable y ausente en el resto de películas de Star Wars. Y, además, Yoda y Frank Oz. ¿Qué más se puede pedir? El retorno del Jedi, por el contrario, pese a que fue la película que, como he dicho, más pude disfrutar en su momento, es la que más ha perdido para mí con el tiempo. Mark Hamill y Carrie Fisher están demacrados y envejecidos, y la nefasta idea de emparentar tan artificialmente a sus personajes estropeó para mí toda la saga ya desde que la vi en el estreno del film.

En breve, la segunda parte

viernes, 20 de enero de 2012

Etta James

Etta James estaba presente en una de las primeras cintas de música de los 50 que me compré: la banda sonora de Regreso al futuro. En ella aparecía The Wallflower (Dance With Me Henry), el primer éxito de esta cantante de Los Ángeles, California, EE.UU. nacida un 25 de enero de 1938 y que nos ha dejado hoy, pues, a punto de cumplir 74 años. Posteriormente me compré un LP con sus primeras grabaciones cincuenteras, y tenía también algunos de sus grandes éxitos de la Chess, pero no fue nunca una de mis artistas predilectas, sobre todo porque encuentro la mayoría de sus temas para esta mítica casa discográfica un tanto “almibarados” con esa profusión de instrumentos orquestales y arreglos pop. Considero, no obstante, obligatorio este pequeño homenaje a una gran diva del rhythm & blues...

La carrera de James (que en realidad se llamaba Jamesetta Hawkins) recuerda a la de muchos otros artistas negros de su época: comenzó a cantar en coros e iglesias, debutó muy joven  (con 14 años) y vivió tanto su mayor momento de gloria artística como su infierno particular durante los 60, cuando el sello de los hermanos Chess le publicó sus temas más populares a la vez que ella se hundía en el abismo de la heroína y de los hospitales psiquiátricos. Su carrera estuvo casi paralizada durante buena parte de los 80, para luego volver con ímpetu hasta nuestros días. Beyoncé la interpretó en la película de Darnell Martin Cadillac Records, pero a pesar de las magníficas rendiciones que de sus temas hizo la joven cantante, Etta no pareció quedar muy satisfecha con ella.

En sus clásicos If I Can´t Have You, All I Could Do Is Cry, At Last o, por supuesto, la desgarradora I´d Rather Go Blind se refleja, más o menos directamente, la turbulenta vida sentimental y personal de la cantante. Que patético, apasionado, triste y a la vez hermoso aquello de “Preferiría quedarme ciega antes que verte alejarte de mí…” que Etta cantaba en la última canción nombrada que, por supuesto, he seleccionado como homenaje…

domingo, 15 de enero de 2012

Borey Knot, una epopeya country en clave de humor

Borland (“Borey” o “Bory”) Eustachius Knot nace un 30 de febrero de 1927 en un pequeño pueblo de Texas llamado Tinytown. Se interesa por la música desde bien temprano, poco después de acabar el servicio militar. Es por entonces cuando comienza a tocar la guitarra y entra a formar parte del Coro de Niños Sordomudos de su localidad. Animado por el éxito de cantantes de hillbilly como su ídolo Hank Williams, se aventura a dar el salto a Nashville e intentar forjarse una carrera musical. Decidido a grabar un sencillo que hiciera honor a su nombre, escribe la canción Bring Me The Mug, de tan sólo nueve segundos de duración y con su título como única frase. Inexplicablemente, esta primera composición es rechazada por todas las discográficas de la Meca del Country, pero la persistencia y el tesón conseguirán que Borey por fin publique su primer single para Dirty Stable Records, con los temas Have You Seen My Shoes (You Have Them On) / The Silly Donkey. Con el que será su primer y único trabajo, Borey entra en el Top 100 de las listas de country estadounidenses, quedando en el puesto nº 534 en abril de 1958. Desgraciadamente, la tragedia le espera a la vuelta de la esquina: paseando por la calle poco después de la edición de su disco, es atropellado por una niña con patines y muere media hora más tarde, cuando a los camilleros que lo transportaban al hospital se les cae la camilla y el indefenso Borey se precipita por las escaleras del edificio. Es el fin de una efímera carrera, pero también el comienzo de una leyenda del género. Hoy en día, Borey consta en la lista The Top 100 Most Stupid Singers of All Times, en una bien merecida 42ª posición. Su único single, del que en su momento se vendieron más de once copias, está en la actualidad muy buscado y cotizado, alcanzando en el mercado de segunda mano precios de hasta 5 y 6 dólares.

(Amigos, hoy me he levantado con ganas de escribir alguna nimiedad humorística y me ha salido esto. Tan sólo quiero añadir, para aquellos que no estén familiarizados con el valenciano, que el nombre del ficticio cantante que he presentado coincide más o menos fonéticamente con la palabra borinot que, entre otras acepciones, significa también “tonto”… lo que es este artículo, vaya).

domingo, 8 de enero de 2012

Anónimos populares: Honor Blackman

Si tuviera que escoger, de entre todas las actrices que participaron en películas de James Bond, a la que para mí representa el perfecto paradigma de la Bond girl, mi elección más allá de toda duda sería la británica Honor Blackman, a la que los seguidores de las andanzas fílmicas del agente secreto pudimos ver en la que para mí es posiblemente la mejor película de la saga: James Bond contra Goldfinger (1964). Voluptuoso, descarado, agresivo, el personaje de Honor rebosa una sexualidad y un atrevimiento en el film incomprensibles para su época, empezando por su velado lesbianismo y acabando con el doble significado de su nombre: Pussy Galore (“pussy” significa “gatito”, pero presenta la misma dualidad que la palabra “conejo” en español, mientras que “galore” significa “montón” o “abundancia”: ahí queda nada).

Por si fuera poco, Mrs. Blackman tiene un importante papel en una de mis películas favoritas, Jasón y los Argonautas (1963), la que está considerada casi unánimemente la mejor obra de Ray Harryhausen. Encarnando a la mismísima Hera, nuestra actriz interviene en el transcurso del film repetidas veces para ayudar a su protegido Jasón mientras su marido Zeus y ella juegan sobre un tablero con el destino de los héroes de la historia.

No son muchas más las veces que he visto a Honor en la pantalla, a pesar de que su carrera se extiende desde 1947 hasta la actualidad: Extraño suceso, La última noche del Titanic, Shalako (de nuevo junto a Sean Connery) o las más recientes El diario de Bridget Jones y La sombra del faraón son algunos de sus trabajos que recuerdo. A sus 84 años recién cumplidos (nació en Londres un 12 de diciembre de 1927) sigue deleitándonos con sus interpretaciones.

sábado, 7 de enero de 2012

Anónimos populares: Caterina Murino

De Caterina Murino no alabaré una larga y destacable trayectoria cinematográfica (pues las suya aún no alcanza la década y apenas la conozco) ni mentiré diciendo que sigo sus trabajos con especial interés, pero, desde luego, sí que es verdad que mi descubrimiento de esta actriz en Casino Royale en 2006 –que acabo de revisitar en DVD– no me dejó indiferente. Fue la primera Bond girl de la nueva era “Craig” del agente, y por su sensual físico y bellísimas facciones no podía haberse hecho mejor elección: Caterina recuerda a muchas de sus más notables precedentes en la saga como Maud Adams, Barbara Bach o Claudine Auger. Lástima que su papel en la citada película sea muy breve y discreto y el rol femenino principal pase a la menos contundente Eva Green. Puede que por eso la carrera de la guapa italiana (Cerdeña, 15-9-1977) no haya dado el salto a Hollywood y se haya limitado a producciones europeas, de las cuales, tengo que admitir, sólo he visto El archivo corso. O quizá se trate de una sabia elección de la actriz, que ha preferido hacer cine de calidad en lugar de buscar la popularidad mundial…

jueves, 5 de enero de 2012

Anónimos populares: Elina Löwensohn

Pues, venga, vale... ya que he dejado caer su nombre en la anterior entrada, vamos a dedicarle una a ella también: se trata de la actriz rumana –nacionalizada estadounidense– Elina Löwensohn (Bucarest, 11-7-1966) quien, como he dicho, compartió cartel con Norman Reedus en Six Ways to Sunday, de 1997. Actriz también de peculiares pero atractivas facciones y de esforzada carrera mayoritariamente desconocida para el gran público, me llamó la atención por primera vez en Nadja, una original película de vampiros de Michael Almereyda. Vi los dos títulos mencionados y La sabiduría de los cocodrilos por la misma época, de manera que no podría decir con certeza cuál fue mi primer encuentro con Elina, aunque es muy posible que fuese en La lista de Schindler. De aquellos mediados 90 también la recuerdo en Basquiat y el telefilm En presencia de mis enemigos, reincidiendo de nuevo en el tema del nazismo y del exterminio judío. En los últimos años, he de admitir que he visto a poco a la actriz: como Reedus, Elina es más habitual en películas independientes, cine experimental y filmes de presupuesto más modesto. Se deja ver, no obstante, en largometrajes más populares, pero casi siempre como actriz de reparto: Largo domingo de noviazgo, el innecesario remake de Dark Water y El elegido son los últimos papeles que he visto de ella.

Anónimos populares: Norman Reedus

La serie Los muertos vivientes, cuya segunda temporada estoy viendo, me ha supuesto un reencuentro con  Norman Reedus (Florida, EE.UU., 6-1-1969), cuyo personaje es para mí con diferencia el más atractivo del espacio televisivo, frente a otros  de aburrida y plana moralidad como el del protagonista principal, Andrew Lincoln. Hay toda una serie de actores y actrices que se labran una interesante y larga carrera pese a no contar a menudo –o nunca– con el favor popular, intérpretes de destacables méritos que a veces son una presencia constante en mi vida cinéfaga, otras, intermitente. Reedus es un actor al que conozco hace años y que siempre me ha hecho gracia. Revisando su filmografía descubro que Mimic (1997), su segundo largometraje, debió ser el primero en donde lo vi, pero lo recuerdo más claramente de su siguiente trabajo, Six Ways to Sunday, en el que compartía cartel con otra actriz por la que también siento cierta debilidad y que, como Norman, me ha llamado la atención en varios momentos: la rumana Elina Löwensohn. Después le he visto en Asesinato en 8 mm, Los elegidos, Jóvenes salvajes, The Nottorius Betty Page, Cadillac Records y Pandorum, entre otros. Aunque no es infrecuente encontrarle en películas de primera fila –casi siempre de secundario–, Reedus parece sentirse más a gusto en filmes independientes y, muchas veces, con  personajes marginales o excéntricos. Su peculiar rostro parece adecuado para tales roles. Y eso que comenzó como modelo profesional y hasta tuvo una relación con la bella Helena Christensen, fruto de la cual nació el hijo de ambos...

domingo, 1 de enero de 2012

2º año bloguero

En unos días se cumplirán dos años desde que, oyendo consejos que no debería haber oído, comencé la aventura de este blog y, a la manera de hace doce meses, he querido hacer un resumen/valoración de lo que ha sido este último lapso.

Evaluación
Grace Slick, la Reina del blog
La característica más notable de este 2011 con respecto al 2010 es una menor cantidad de entradas en el blog: 74 frente a 105. Sería fácil aducir esta diferencia a la desmotivación ya que, pese a que el número de “seguidores” (sigue sin gustarme esa palabra, y prefiero “amigos”) se ha incrementado en 8, los comentarios de estos u otros visitantes ocasionales, han brillado por su casi ausencia: la mayoría de personas que antes tenían el muy agradecible y simpático detalle de dedicar unas palabras (no hace falta que sean de elogio) a mis escritos han desaparecido; ya casi nadie se digna siquiera a marcar al menos una casilla del apartado “Reacciones” (de todas maneras, esta última información desaparece cada cierto tiempo, no sé si por algún problema con el programa Blogger). Sean muchas o pocas las personas que me lean, la única forma que yo tengo de saberlo es por medio de estas dos opciones, comentarios y reacciones, y la ausencia de ambos obviamente me lleva a un menor interés en publicar, aunque en última instancia es verdad que ya admití que publico principalmente para mí, como terapia, catarsis o ejercicio de egocentrismo, llamadlo como queráis. A este respecto he de agradecer su fidelidad e interés a mi “paisano en la distancia” Xalons, principal comentarista de mis entradas en estos últimos meses, a la vez que pego un cariñoso tirón de orejas a cierta persona que fue el principal impulsor de este blog y que últimamente no lee las entradas o se limita a mirar las foticos…

Otras razones por las que este recién pasado año ha visto reducido el número de escritos en el blog pueden haber sido también la creación de dos blogs paralelos, el primero dedicado íntegramente a uno de mis grandes hobbies, los juegos de mesa. Por considerarlo una afición más minoritaria y particular, decidí finalmente habilitar un espacio virtual específico para ella al que llamé La Ludoteca de Lord Ruthwen y en la que, hay que admitirlo, aún me prodigo menos que en El Castillo. También decidí reducir moderadamente el conjunto de noticias necrológicas para no asustar más de lo normal a mis visitantes, y porque de todas estas morbosas nuevas se encargan de sobra la mayoría de noticiarios virtuales, televisivos o impresos. Por cierto, el otro blog es un adaptación al castellano de la web oficial de muy admiradísimo Ray Harryhausen, para la que recibí la aprobación de su Fundación, aunque, una vez terminado el grueso principal, mi trabajo en él se limita a pequeñas actualizaciones de noticias y novedades. Es este: http://rayharryhausenblog.blogspot.com/.

El cine y la música fueron los dos principales motivos por los que inicié este blog, y ambas disciplinas artísticas siguen encabezando el número anual de entradas. He disminuido, imagino que para agradecimiento de muchos, las entradas en “Despotriques y reniegos”, y he dejado algo olvidada de momento la recopilación musical “Las cosas que se cantan por amor”.


Top Ten
Observando el cuadro de estadísticas proporcionado por Blogger, observamos que se mantienen casi todas las entradas que lideraban el pasado 2010 (lógicamente, tienen más antigüedad que las de 2011, lo que les da una ventaja), y las artistas femeninas siguen siendo las protagonistas de las entradas más leídas (o visitadas, porque obviamente muchas gente sólo entra al blog a coger fotos). Grace Slick sigue siendo la reina imbatible del Castillo, de nuevo seguida por la deliciosa Audrey Tautou, mientras que mi adorada Natalie Portman pierde su tercer puesto a favor de Jennifer Connelly. Elvis es prácticamente el único hombre en un “Top Ten” en el que han entrado ahora Imelda May, Sienna Guillory y los artículos “Perdidos en el espacio” (motivado también por una actriz: Cindy Morgan) y “3 del 2001 (2)”, que estaba dedicado a Amelie, lo que supone un doble triunfo de mademoiselle Tautou. Se mantiene un puesto más abajo que el año anterior la entrada “La guitarra de mis sueños”, que no es ni sobre hombres, ni sobre mujeres, aunque muchos escogerían el sexo femenino para estos instrumentos, quizá condicionados por sus curvaceas formas. ¿Es sintomático todo esto? ¿No soy yo entonces el único al que se le cae la baba con todas estas actrices y cantantes tan maravillosas? No olvidemos, no obstante, que he dedicado entradas a destacables varones como Kirk Douglas o Vincent Price con motivo de su centenario, aunque ellos parecen triunfar menos que ellas en Internet…

Personalmente, si tuviera que destacar un artículo de este 2011, sería el dedicado a Gene Tierney en el mes de mayo. Gracias a la idea de redactar este homenaje, redescubrí a una actriz a la que admiraba muchísimo en otros tiempos y volví a revisitar, en algunos casos descubrir, muchas de sus películas. ¡Ya no recordaba lo preciosa que es El fantasma y la señora Muir!