Amigos: creo que como a toda persona moralmente sana me atrae la fotografía erótica hecha con gusto y, sí, pienso que hay diferencia entre la pornografía y el erotismo, aunque en el fondo puedan ser dos formas de presentar el mismo mensaje.
Sin embargo, el reciente descubrimiento por mi parte de la aparición de la modelo Tyra Banks en un ejemplar de 2007 de Sports Illustrated recreando la portada de la misma publicación en la que apareció 10 años antes, no hace sino confirmarme un hecho del que ya soy consciente hace años: las modernas tecnologías digitales están acabando con esta sensual variedad de la susodicha técnica de captación de imágenes.
Entiendo y asumo que la fotografía artística siempre ha buscado -normalmente- sublimar y embellecer aquello que capta, ya sea un hombre, una mujer, un paisaje, un animal o un objeto; que esta forma de arte siempre se ha ayudado de iluminación, maquillaje, filtros e incluso retoques aerográficos a posteriori para dar una imagen óptima de lo que pretendía mostrarnos, pero creo que lo que está haciendo el uso y abuso de los programas actuales de retoque fotográfico es desfigurar a modelos y cosas y mostrarnos algo cada vez más alejado y diferente de su referente real; no ya una versión perfeccionada de éste, sino algo totalmente ajeno y artificial.

Como prueba nada mejor que comparar las dos fotografías de Tyra Banks para la mencionada revista norteamericana, la de la izquierda aparecida en 1997, y la de la derecha diez años después de manera conmemorativa... Si una imagen vale más que mil palabras, aquí tenéis dos mil: en la portada más antigua uno puede encontrar un referente más o menos real; se captan matices, tonos, sombras y luces en la piel de la modelo (aunque se hayan eliminado manchas, pecas, etc), se pueden observar los pliegues o hendiduras naturales que el cuerpo humano crea donde se juntan sus miembros y articulaciones, notar el contorno de algunos músculos y huesos como clavículas, etc, incluso es posible distinguir detalles como el interior del agujero del ombligo de la modelo.... Saltamos diez años y, al margen del peso que la bella estadounidense haya podido ganar, nos encontramos con algo que parece un dibujo o una muñeca de plástico, su piel absolutamente lisa y monocroma, el agujero del ombligo convertido en un orificio totalmente negro, los ojos resaltados con un brillo falso y casi sobrenatural.... Algo totalmente deshumanizado, sin atractivo y absolutamente carente del morbo que una imagen erótica debiera tener....
La moraleja o reivindicación de esta historia sería: señores “photoshoperos”, comedan su trabajo... limítense a retocar o arreglar, pero no a engendrar algo totalmente nuevo bajo la triste excusa de la creatividad que nada tiene que ver con la imagen inicial que ha llegado a sus manos. Vean a dónde ha llegado su “arte” con fotografías como la de Demi Moore para la portada de la revista W en la que, no sólo se ha superpuesto la cara de la actriz a un cuerpo que no es el suyo, sino que un descuido ha creado una imagen anatómicamente imposible en un ser humano (fijaos en el contorno de su cadera izquierda, que no se continua con el de la cintura y el de la pierna)...

