"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

miércoles, 31 de mayo de 2017

El cine de 2017: mayo

Cierta diversidad genérica pero también una mediocridad más o menos homogénea sería lo que resume mis cinco visitas al cine durante este quinto mes de 2017. Uno de los grandes tropezones del año es Z, la ciudad perdida de James Gray que, lejos de entretenerme, como inicialmente esperaba, sólo consigue aburrirme durante casi todo su metraje. No sé si el hecho de que me torciera el tobillo poco antes de llegar al cine o el de que irrumpiera un grillo en la sala a mitad de la proyección influyeron, pero esta es una de esas pocas películas de las que uno se arrepiente de haber pagado el dinero de la entrada.

La cosa mejora un poco con Un golpe con estilo (Zach Braff), como comenté en la breve reseña que hice, una nimiedad fílmica pero aun así entrañable por el maravilloso y veteranísimo elenco que la puebla. Llega después Alien: Covenant, y Ridley Scott vuelve a demostrar que es un director caduco que lleva años viviendo de un par de éxitos y que debería haberse retirado hace ya mucho (¡y dejar de sacar nuevas ediciones de sus clásicos!). Aunque con impecables efectos especiales y una actuación más que respetable de Michael Fassbender, la historia y los demás personajes son peor que endebles y dejan bastante que desear. Más de lo mismo.

La española Plan de fuga de Iñaki Dorronsoro es quizá lo mejor del mes, y eso sin llegar a parecerme, ni mucho menos, nade excepcional. Pero, ya se sabe: en el país de los tuertos…

Mayo finaliza con Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, demostrando con ella el tándem de directores Joachim Rønning y Espen Sandberg que esta larga saga de aventuras quizá debió haber terminado hace años. A pesar de su interesante reparto, esta quinta entrega antepone, cómo no, las escenas de acción y la sobredosis de F/X a las interpretaciones, y precisamente en los momentos que se suponen más “espectaculares” llega a veces a hacérseme tediosa. De nuevo deberé asumir que está dirigida a un público más joven que yo que seguramente pueda disfrutar más todas esas cosas.

jueves, 25 de mayo de 2017

40 aniversario de La guerra de las galaxias

40 años nada más y nada menos. Cuatro décadas han pasado desde que George Lucas sorprendiera al mundo con lo que, en realidad, era poco más que un refrito de cánones y clichés de decenas de películas y cuentos anteriores. Aquella idea prestada y actualizada convirtió al director en multimillonario –sobre todo gracias a su acertada estrategia de mercadotecnia basada en productos relacionados con el film– e hizo su saga galáctica aparentemente imperecedera, pues desde entonces ha generado pingües beneficios en la forma de libros, cómics, videojuegos, juguetes y, por supuesto, secuelas, precuelas y spin-offs (un total de siete películas más hasta ahora, y otras cuatro anunciadas). Los personajes, motivos, naves y música de Star Wars forman ya parte de la cultura universal y constituyen prácticamente un culto que, en ocasiones, hay que admitir que raya la exageración.

No fue en 1977, pero sí dos años más tarde (lo que tenía vivir en un pueblo con cines reestreno), cuando La guerra de las galaxias llegó a mi vida para quedarse para siempre, aunque quizá fue El retorno del jedi el que consolidó mi pasión por la franquicia por pillarme en una edad más adulta en la que pude disfrutarla más. Desde entonces no me he perdido ninguna película y puedo decir que, en mayor o menor medida, las he disfrutado todas. El único reproche que tengo que hacerle a su creador son todas esas versiones posteriores de la trilogía clásica con escenas y efectos añadidos, ardid comercial y desvergonzado que no persiguió ningún propósito artístico y sí pecuniario.

Precisamente esta semana se hacían públicas nuevas imágenes de la próxima entrega de Star Wars, Los últimos jedi, una sesión de fotos con la habitual Annie Leibovitz, presentando por fin a los nuevos personajes interpretados por Laura Dern y Benicio del Toro. Esperemos que Rian Johnson –un director de filmografía más que interesante hasta ahora– y Kathleen Kennedy no insistan en presentarnos una trilogía-remake de los primeros episodios, como hacen temer algunas imágenes del primer tráiler del Episodio VIII y el visionado de El despertar de la fuerza.








martes, 23 de mayo de 2017

Nos deja Roger Moore

Por mi generación, Roger Moore fue el primer James Bond que conocí. Fue exactamente cuando Moonraker llegó a los cines, y desde entonces he seguido absolutamente todas las andanzas del agente 007 en pantalla grande. A Sean Connery lo descubriría algo después, y sobra decir que pronto había devorado también sus películas, así como las primeras de Moore y la de George Lazenby, vía VHS. No puedo decir que fuera nunca un incondicional ni un seguidor de este actor inglés que nos acaba de dejar a los 89 años –y, de hecho, he visto muy pocas películas suyas–, pero siempre le guardaré cariño por haberme descubierto al personaje de Ian Fleming. Me hubiera gustado –y creo que no se ha hecho– ver una foto con todos los James Bonds cinematográficos juntos, pero ahora ya no será posible.

lunes, 22 de mayo de 2017

La luz entre los océanos

No tuve ocasión de ver este largometraje en pantalla grande y, de hecho, su tráiler y su póster tampoco eran muy motivadores y parecían invitarnos a una historia sentimental facilona. El sencillo argumento de este melodrama ambientado en la Australia de los años veinte del siglo pasado es este: un matrimonio que gestiona el faro de una pequeña isla y que no puede tener hijos encuentra a la deriva una barca con un bebé. Deciden quedárselo como suyo sin informar a las autoridades, pero acaban descubriendo a la verdadera madre biológica de la criatura y, a partir de aquí, comienza el dilema moral y sentimental de la pareja. En sí, parecería que esta propuesta no puede dar para una cinta de más de dos horas, pero la preciosa fotografía, los maravillosos paisajes y, sobre todo, el excelente trío de actores protagonistas (Michael Fassbender y  Alicia Vikander, pareja en la vida real, y Rachel Weisz, una de mis actrices favoritas, aunque tiene un papel secundario), convierten La luz entre los océanos de Derek Cianfrance –que adapta la novela homónima de M.L. Stedman– en una de las mejores películas que he visto este año.

Un golpe con estilo

Es, obviamente, la oportunidad de encontrarme con parte de su entrañable y veteranísimo elenco (Michael Caine y Alan Arkin; Morgan Freeman no me ha calado tanto como sus compañeros de reparto) lo que me lleva a acudir a la proyección de Un golpe con estilo de Zach Braff. Aparte de ver a estos gigantes del 7º Arte en pantalla grande –un lujo del que dudo que podamos disfrutar durante mucho tiempo más–, la película es prácticamente una fruslería que nos cuenta cómo tres ancianos en una angustiante situación económica deciden que no tienen nada perder atracando un banco y se ponen manos a la obra. Por supuesto, si alguien quiere encontrarle un sentido de crítica social y política a la cinta, puede hacerlo, aunque no sea del todo intencionado. A destacar también parte del reparto secundario, encabezado por una Ann-Margret que parece haber hecho un pacto con el diablo –o con el cirujano–, el siempre divertidísimo Christopher Lloyd y hasta un Matt Dillon al que llevaba mucho tiempo sin ver en el cine.

lunes, 15 de mayo de 2017

Temporada final de Bates Motel

La serie Bates Motel concluía recientemente tras su quinta y última temporada. Basada, obviamente, en la famosa novela de Robert Bloch Psicosis y en su aún más celebérrima versión cinematográfica, nos introducía en la vida de Norman Bates y de su madre Norma cuando el primero es aún un adolescente y la segunda, tras enviudar bastante joven, decide invertir el dinero del seguro en adquirir un motel y un viejo caserón cerca de White Pine Bay, Oregón, a donde la pareja se desplaza para empezar una nueva vida. Sobra decir que no se atiene a la historia canónica de la familia tal y como la conocimos en el libro original y en la adaptación de Hitchcock, en donde Norman ha vivido siempre en la misma casa y es bastante mayor de lo que se le representa en la serie. Es más, Bates Motel transcurre en la actualidad, y los protagonistas usan en todo momento modernos artefactos como móviles y portátiles, lo que contrasta enormemente con la decoración tétrica y anticuada de su hogar. Precisamente esta decisión de los productores (la cadena A&E Television Networks) de ambientar la serie en nuestra época fue una de las cosas que más chocó a los incondicionales del personaje, que muy posiblemente hubieran preferido ver a los Bates en la década de los 50 del pasado siglo.

En cualquier caso, debido a mi pasión por la obra de Alfred Hitchcock, comencé a ver Bates Motel desde su primer año. La protagonizan el joven Freddie Highmore como heredero de Anthony Perkins y Vera Farmiga como su protectora madre, por cierto, mucho más joven y atractiva de lo que siempre hemos considerado a la señora Bates. En papeles secundarios, Max Thieriot como Dylan, el hasta ahora desconocido hermanastro de Norman, Olivia Cooke como Emma, una joven de la localidad que será objeto de atención de ambos hermanos, y Nestor Carbonell como el sheriff Alex Romero, un policía con una singular brújula moral. Años antes, cuando conocí a este actor en Perdidos, me sorprendió su enorme parecido con Anthony Perkins, así que me resulta muy gracioso que haya acabado precisamente en una serie sobre Norman Bates, aunque no interpretando a este personaje.

Primera aparición de la casa y el motel en la serie... los pelos de punta

Las cuatro primeras temporadas de Bates Motel transcurren más bien dentro de una línea anodina, en la que algunos arcos argumentales parecen extenderse interminablemente y sin ningún interés, mientras que otras veces no parece siquiera existir una trama específica durante algunos episodios. Contemplamos el celo de Norma Bates por proteger a su hijo menor, que sufre extraños “vacíos” durante los que no recuerda lo que ha hecho, la enfermiza relación entre ambos, el esfuerzo de Norman –en realidad, un joven bueno y educado cuando es “normal”– por integrarse en su nuevo ambiente, y como madre e hijo acaban siempre implicándose en peligrosos enredos criminales, pero esto de por sí tan sólo consigue mantener mi interés por los pelos. Entre lo que más me atrae de la serie, la casa Bates y el motel que da nombre al espacio televisivo, fielmente reproducidos de la película del maestro Hitchcock, y el pueblecito de White Pine Bay y su entorno, que los creadores nos presentan casi siempre lluvioso o nublado, lo que contribuye a proporcionarle un tono decididamente melancólico que es parte de lo que más llevadero me hace el visionado del serial.

Rihanna hereda el papel de Janet Leigh. La escena de la ducha será muy diferente...

El pasado mes de abril, con su quinta temporada, la A&E decide finalizar Bates Motel y, sorprendentemente, lo hace de una manera emocionante y acertada que supera con creces todos sus años de andadura y compensa la mediocridad de la mayor parte de lo emitido anteriormente. Y creo que ese acierto es sencillamente que estos últimos diez capítulos son los que enraízan más clara y directamente con Psicosis, el libro y la película que dieron lugar a la serie. Aquí encontramos al Norman Bates que hemos conocido siempre, aparecen Marion Crane y Sam Loomis, incluso revivimos la famosa escena de la ducha, aunque de una manera muy, muy original y diferente, y conocemos el destino final del desdichado psicópata creado por Bloch.

En este último año, Bates Motel ha conseguido entusiasmarme y dejarme pegado al asiento, y ha hecho que haya valido la pena haberla seguido incluso aunque sus anteriores temporadas no prometieran demasiado. Ha sido el caso contrario a otros seriales televisivos, que normalmente acaban languideciendo y aburriendo conforme pasan los años y sus productores deciden estirarlos interminablemente y más allá de todo sentido posible. De lo mejor que he visto este año en la pequeña pantalla.

sábado, 6 de mayo de 2017

El Juego: Edición 19

¡Casi ni me da tiempo a anunciarla! Pero es que hasta ayer ni siquiera tuve el enlace oficial. Se trata de la nueva edición de El Juego de Cine, 7 Weeks of Cradle, organizada esta vez por el equipo francés Cradle of Films, y que con cierto retraso y algunas vicisitudes da comienzo el lunes 8 de mayo a las 22 h. Para los que todavía no conozcan este divertido concurso cinéfilo que ya lleva años en la red, resumir que se trata de adivinar películas basándose en fotogramas, capturas sonoras o de vídeo, y que dura 7 semanas, resultando ganador el equipo que más puntos reúna al final de la edición. ¿El premio? Además de pasárselo bien, la opción de organizar la siguiente edición. Sin ánimo de lucro, por y para amantes del cine con tesón y perserverancia… Más información pinchando en el enlace.

jueves, 4 de mayo de 2017

Las dos princesas

Innegablemente, la imagen de Audrey Hepburn –que hoy hubiera cumplido 88 años– forma ya parte del imaginario popular desde hace mucho tiempo, y se ha utilizado, con mayor o menor acierto, de manera más o menos ética, para mil y una variantes y formas de objetos decorativos y merchandising. La original autora de esta composición, Miu Soby, decidió usar una fotografía de la icónica actriz para fusionarla con otro personaje no menos enraizado en la cultural universal. Al fin y al cabo, el mundo conoció a Audrey en su inolvidable papel de la Princesa Ann en Vacaciones en Roma, así que, “entre princesas” anda el juego…. 


Sun Records

Siendo un apasionado del rock de los años 50, no se me podía pasar por alto esta serie de televisión que terminó el pasado mes, y que en su primera temporada ha constado de ocho capítulos de 45 minutos de duración cada uno. Toma como base el musical Million Dollar Quartet, muy de moda en EE.UU. en los últimos años y a su vez basado en la mítica jam session que tuvo lugar el 4 de diciembre de 1956 en el aún más legendario estudio de Sam Phillips: aquel que de título a la serie. Ese día se juntaron en la modesta sala de grabación de Memphis cuatro de los grandes iconos del rockabilly y del country: Elvis Presley, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Johnny Cash. El cuarteto de músicos comenzó a cantar y tocar de manera informal y Phillips puso a grabar sus máquinas en cuanto se dio cuenta del acontecimiento improvisado que estaba teniendo lugar en su estudio. Muchos años después, aquella sesión aparecería en doble disco con el nombre con el que se ha bautizado al musical: The Million Dollar Quartet (aunque se da la circunstancia de que la intervención de la voz de Cash no llegaría a registrarse en formato magnético, pues por lo visto el cantante se marchó antes de que Sam Phillips empezara a grabar).

Con guion y supervisión de Colin Escott y Floyd Mutrux, el primero un experto de la música de los 50 que ha firmado varios libros sobre country y rockabilly, incluyendo varios sobre Sun Records, y el segundo un polifacético director y guionista de cine, comenzaba esta año la versión dramatizada para televisión del musical, dirigida por el fiable Roland Joffé y con Sam Phillips como personaje central, pero también pululada por muchos otros nombres relacionados con él y con sus estudios, por supuesto los cuatro ya nombrados, pero también B.B. King, Ike Turner, el desmadrado disc-jockey Dewey Phillips, la secretaria de Sam Marion Keisker (la primera persona que grabó a Elvis Presley) o el infame Coronel Parker.

Sam Phillips, Elvis Presley y Marion Keisker: realidad y recreación
Sun Records ha tenido una acogida tibia entre los incondicionales de la música rock de los 50 y entre la audiencia general profana en el estilo. Por supuesto, hay errores cronológicos e históricos, que debemos suponer voluntarios dado que la serie está asesorada por expertos como el mencionado Escott (Sam Phillips está presente cuando Elvis graba el disco para su madre, no se ve grabar la seminal That´s All Right, seguramente por problemas de derechos; incluso aparecen un par de películas antes de que realmente se estrenaran…); pero lo que más críticas ha levantado ha sido el “tratamiento de belleza” al que han sometido a los principales personajes y actores del espacio televisivo, donde la fealdad parece estar vetada. Así, nos encontramos con un elenco de intérpretes de impecable perfil y esculpida nariz, cuerpos atléticos o físicos envidiables, lo que ni es realista ni cuadra con la realidad que intenta reflejar. Esto no es, por supuesto, nada nuevo en el cine y en la televisión, y es obviamente una estrategia para que la serie cale entre el público general, y sobre todo entre el más joven y ajeno a estos acontecimientos ya históricos que Sun Records retrata. El caso más escandaloso de este “lavado visual” es posiblemente el de la mencionada Marion Keisker, una señora poco agraciada, con gafas de culo de vaso y pelo rubio oxigenado que en la serie está interpretada por la guapísima actriz Margaret Anne Florence, de nulo parecido con el personaje al que encarna y a la que no se han molestado siquiera en tintar el pelo (Florence es morena).

Si se pueden aguantar todos estos arreglos visuales y el look demasiado “guapista” de Sun Records, es posible pasar un rato entretenido con ella, incluso disfrutar del buen hacer de algunos de los actores y músicos que aparecen en ella (Drake Milligan tiene una voz extraordinaria muy próxima a la de Elvis Presley); incluso reír con las apariciones del sinvergüenza del Coronel Parker. Los últimos tres capítulos son especialmente emocionantes, pues es cuando Elvis comienza a grabar con Scotty y Bill y cuando despegan las carreras musical de Carl Perkins y Johnny Cash (a Jerry Lee Lewis, de momento, sólo le hemos visto pendoneando en su pueblo natal).

No se ha dicho nada sobre una continuación de la serie de momento, y mi impresión es que no va a tener segunda temporada. Quizá el tratar difundir una música que es prácticamente desconocida entre la actual juventud televidente y el querer, además, captar a los acérrimos del rock and roll de los 50 era demasiado pretencioso.