"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

sábado, 28 de enero de 2017

La ciudad de las estrellas

Muy a menudo no suelo coincidir con los gustos de los señores y señoras de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, y casi me da un poco de rabia admitir que he salido encantado de ver La ciudad de las estrellas de Damien Chazelle, la película que tiene todas las probabilidades de ser la gran triunfadora en la próxima edición de los Oscars (14 nominaciones, récord que sólo habían alcanzado previamente Eva al desnudo y Titanic, como sabrán los coleccionistas de datos). Dudé durante las dos primeras semanas sobre si acudir a ver el film: algunas cosas de él me llamaban (sus guiños al cine clásico sobre todo); otras me hacían dudar (que fuera a encontrarme con una historia de amor tonta adaptada a los gustos del público actual, la presencia del poco expresivo Ryan Gosling). Al final fui al cine y me tuve que quitar el sombrero ante este maravilloso musical, ante la preciosa partitura en clave de jazz y swing de Justin Hurwitz (sólo me dejan indiferente las canciones que interpreta John Legend, que me parecen insulsas), ante el tono nostálgico de la cinta y, cómo no, sus muchos guiños a tantísimos musicales de la historia del cine, ante las referencias a mi adorada Ingrid Bergman y, sobre todo, ante el acierto de Chazelle de concluir la historia (y la relación) de los protagonistas como concluye, en una línea más cercana a films como Casablanca o Vacaciones en Roma, en los que no tiene por qué haber un final feliz en el sentido más estricto o presumible de la palabra. Eso es lo que para mí acaba de hacer la película redonda.

jueves, 26 de enero de 2017

Nos dejó John Hurt

John Hurt es para mí la primera baja artística importante del año. No quiero decir que las anteriores sean menos dignas o merezcan menos vivir que el actor británico: simplemente a cada uno le influyen más unas personalidades que otras, y por ello la ausencia de estas se hace más de notar. Se marchó ayer, 25 de enero, a los 77 años, tras una impresionante carrera con más de dos centenares de intervenciones en la pantalla grande y en la pequeña.

No tengo un recuerdo exacto de cuándo le vi por primera vez, pero sí que, como aficionado al fantástico, sus aportaciones al género han sido más que memorables: El resucitado, Alien, 1984, V de Vendetta, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal o, más recientemente, Sólo los amantes sobreviven, me vienen a la memoria sin esforzarme demasiado. Pero Hurt fue un actor todoterreno que abordó casi todos los registros: no olvidemos sus reputadas participaciones en clásicos como El expreso de medianoche o El hombre elefante, o su inolvidable personaje en la serie de TV El cuentacuentos, por citar sólo unos pocos de los muchos trabajos que abordó en su carrera profesional de más de medio siglo frente a las cámaras

martes, 10 de enero de 2017

19 años con Alucine


El desaparecido Oma fue el último cine clásico de Puerto de Sagunto, y durante mucho tiempo lo consideré “el cine de mi vida”, pues lo frecuenté desde 1980 hasta su cierre en 1997 (aunque, ni qué decir tiene, siendo más niño ya había ido, sólo que con menos asiduidad). Hubo, por supuesto, otros cines en aquellos mis tiempos mozos, pero ninguno duró tanto como el Oma, del que fui pues incondicional durante 17 años seguidos.

Sin embargo, no hace mucho tiempo me di cuenta de una dato que se me había pasado por alto: las multisalas locales Alucine habían superado ese hito, pues el 10 de enero de 2016 se cumplían 18 años de su inauguración, y exactamente hoy se cumple, lógicamente, otro año más.  Son pues 19 los años que llevo acudiendo a mi cita semanal con ese establecimiento local: así a ojo me atrevería a estimar que al menos unas setecientas películas. Con los Alucine he vivido buenos y malos tiempos y me alegra decir que los he visto resistirse al embate de los temibles y poderosos negocios competidores de la capital, la gratuidad y la desconsideración de las descargas internáuticas, los vídeos de alquiler y la desidia y la ceguera de algunas personas (cuando no directamente estupidez). Lejos quedan aquellos años de grandes colas y de tener programación los siete días de la semana, que hace tiempo se redujeron a cinco. Muy al contrario, más de una vez me he encontrado solo durante una proyección, o acompañado como mucho por un puñado de espectadores. Suerte que hay días y películas que sí que llenan las salas del complejo.

Habiendo tenido cines en mi pueblo desde siempre, no concibo otra forma de vida; poco me importan las excelencias y prestaciones que pueda ofertar la competencia foránea: difícilmente me saldrá más rentable ni me resultará más cómodo tener que desplazarme bastantes kilómetros y pagar mayores tarifas cuando puedo ver una película a un paseo de mi casa. Para mí un cine local –modesto como pueda ser Alucine– es un privilegio que todo Ayuntamiento debería fomentar y apoyar; algo tan habitual como era una sala de proyección hace cosa de unas décadas, cuando cualquier pueblecito tenía una, es hoy en día un lujo que mucha gente –llevada por el espejismo del turbocapitalismo y de los ardides políticos para convencernos sobre cierto supuesto y falso estado de bienestar– no sabe apreciar. Como con todas las cosas, de Alucine hay que valorar y sopesar sus pros y sus contras y concluir con una apreciación justa: en mi caso, los segundos me parecen pocos y mayoritariamente ignorables, pequeños detallitos que podrían solventarse con un poco de atención y cuidado; los primeros priman para mí y prácticamente han quedado expuestos en este artículo.

Me gustaría acabar este pequeño y breve homenaje con algún tópico del tipo “ojalá que Alucine dure otros diecinueve años”; sin embargo, una amenazante sombra se cierne –una vez más– sobre los cines de mi localidad, y tiene la forma de uno de esos monstruosos macro-complejos comerciales que están asolando las ciudades y terminando con una forma de vida como era el pequeño comercio. En el cartel que daba a conocer la construcción de su próxima fase se anunciaba un próximo establecimiento cinematográfico. No sé si esto es una certeza, o simplemente una sugerencia de negocio por parte de los promotores del nuevo recinto, pero habida cuenta de la necedad, codicia y ceguera de la casta política que destroza España desde hace décadas, que no sigue más dictado que el de su propio bolsillo y que no obedece a más razones que las que les aportan sus señores, los magnates de las empresas, soy muy poco optimista al respecto. Puerto de Sagunto es muy pequeño para dos negocios cinematográficos, y dar licencia para uno nuevo llevará inevitablemente a condenar al más antiguo, porque la gente, como polillas, siempre acudirá a donde las luces brillen más. Cruzo los dedos, pero con desánimo y escasa convicción... y sí: me gustaría creer que tendremos Alucine para rato…

martes, 3 de enero de 2017

El cine de 2016

Primera y última película vistas en 2016
Por cuarto año consecutivo, y posiblemente último, acometo la tarea de redactar este pequeño ejercicio personal de recordar el cine que he visto durante 2016. En esta ocasión, una novedad, y es que decidí también llevar la cuenta de las películas que veía en televisión por la pura curiosidad de conocer el número total de ellas vistas entre la pequeña y la gran pantalla. Todos estos detalles, a continuación…

¿48 o 52?
48 son las visitas que he hecho a salas cinematográficas en el presente año. Exactamente las mismas que en 2015, aunque por supuesto esto no ha sido premeditado. También vuelvo a repetir una de ellas, ya que vi dos veces Rogue One, por lo que en realidad son sólo 47 las películas que he visto en cine en 2016. Curiosamente, el año comenzó igual que acabó el anterior, pues la última película de hace dos diciembres y la primera del pasado enero fue El despertar de la fuerza; efectivamente: desde hace décadas tengo la tradición de ver varias veces en cine (normalmente dos o tres) las películas de esta saga galáctica, algo que también he repetido con las entregas de Indiana Jones y las de El Señor de los Anillos.

El porqué de la pregunta al comienzo de este epígrafe viene porque, además de esas 48 películas comentadas, hubo 4 que no vi en televisión, pero tampoco se puede decir que lo hiciera propiamente “en cine”: se trata de los largometrajes que disfruté el pasado agosto en los Jardínes del Casino Viejo de mi ciudad (di breve cuenta en este enlace) proyectados en vídeo sobre pantalla en una terraza al aire libre. Dependiendo de cómo se quiera entender dicha proyección, el número de películas vistas fuera de casa en 2015 se puede considerar entonces 52. No obstante, no los voy a tener en cuenta en el presente post a la hora de dar datos y estadísticas referidos exclusivamente a cine.

Frecuencia
2016 comenzó flojito, con sólo 2 películas en enero y 3 en febrero. La cosa remontó en primavera, siendo marzo y mayo dos de los meses en los que más acudí al cine (6 veces cada uno). El verano fue menos prolífico que el de 2015 y la frecuencia de visitas fue menos constante: 2, 5 y 3 respectivamente en junio, julio y agosto (salvo que queramos contar como “cine” el mencionado ciclo del Casino Viejo: eso remontaría agosto a 7 visitas, récord histórico). Octubre fue un buen mes con 5 películas, en abril fueron 4 y diciembre empató con marzo y mayo con 6, una buena despedida de año cinematográfico. Hubo algunos meses poco inspiradores, con películas que no me llamaban la atención o algunas que sí lo hacían, pero que por una razón u otra (más frecuentemente por no llegar a mi ciudad) no estuvieron a mi alcance. El resto de los meses no enumerados vi 3 largometrajes en cada uno.

-6 películas: marzo, mayo y diciembre
-5 películas: julio y octubre
-4 películas: abril
-3 películas: febrero, agosto, septiembre y noviembre
-2 películas: enero y junio

Géneros
El fantástico, cómo no, sigue siendo mi predilección
Nada extraordinariamente, mis dos géneros favoritos vuelven a destacar en este apartado, y son, en este orden, el fantástico y el thriller: 15 películas ubicables en el primero (10 de ciencia ficción y 5 de fantasía, si queremos matizar), y 13 en el segundo. Con mucha diferencia les siguen la comedia y el drama, con 4 películas, y después el cine bélico y el western, con 3 cada uno (aun así, teniendo en cuenta lo olvidado que está el último género, me parece una cifra destacable). Finalmente, dos pares de películas en cada uno de los géneros histórico y de aventuras y 1 documental, un registro más extraordinario en mi historial como cineadicto. Los grandes ausentes han sido la animación (tentado estuve de ver la última de Ice Age, y lamento no haberlo hecho) y el terror, pero es que verdaderamente le tengo miedo a este registro, y no por tratar las historias que trata, sino por lo penosas que son las producciones enclavadas en él de los últimos años.

Países productores
Ninguna sorpresa tampoco respecto a los años anteriores. Siguen imperando las coproducciones entre varios países, lo que no tiene nada de extrañar habida cuenta de lo caro que es financiar un largometraje (más aún si está destinado al circuito comercial, que es el caso de la mayoría de los que veo). En producciones exclusivas de una sola nación vuelve a destacar EE.UU. y el todopoderoso Hollywood con 22 películas, seguida, curiosamente, España, aunque muy distanciada con sólo 4 cintas. El Reino Unido y Francia cierran este pequeño podio, con una sola producción cada uno de entre lo que he visto este año en cine. Como coproductores siguen destacando los países de habla inglesa: Estados Unidos (16), Reino Unido (10) y Canadá (4), mientras que otros países europeos como España y Francia, o asiáticos como China y Japón participan más tímidamente en estas asociaciones artístico-comerciales (2 películas cada uno)

Salas de cine
Seguimos sin sorpresas: Alucine, el cine de mi localidad, ha sido el que más habitualmente he visitado. Lo tengo cerca, es barato y me resulta cómodo, y siempre lo preferiré a cualquier otro local al que me tenga que desplazar en coche durante varios kilómetros, por muchas luces y parafernalia con la que me quieran atraer. No obstante, he de decir que en ocasiones no me queda más remedio que renunciar a este principio y viajar a la cercana capital valenciana para ver películas que temo que no van a llegar aquí. Este fue el caso de La venganza de Jane y Gernika, que vi en Kinépolis (Paterna), el documental Hitchcock/Truffaut (Babel, Valencia) y la reposición de Los Goonies (Aragó, Valencia). Además, por un compromiso fui a ver Rogue One también a Kinépolis (aunque también la vi en Alucine en 3D) y, debido a lo mucho que me gustó visitar hace dos años la Terraza de verano de Serra, me pegué también una escapadita para ver Star Trek: Más allá, aunque admito que esta película quizá no era la más adecuada para ver al aire libre.

-Alucine (Puerto de Sagunto): 42
-Kinépolis (Paterna): 3
-Babel (Valencia): 1
-Aragó (Valencia): 1
-Terraza Verano (Serra): 1

Otros datos
El gasto aproximado en cine este año ha sido de unos 294 euros, calculando como media la tarifa que pago más habitualmente, 7 euros en festivo en Cines Alucine. Ha habido días con entrada más barata (4,5 entre semana en los mismos cines) y algunas veces ha sido más cara (cines de Valencia y alrededores). Además, 6 entradas gratuitas rellenando el típico cartón que te sellan en cada visita al cine.

El regreso de la Oscuridad
El cine español de 2016, cuanto menos interesante
“La saga de la Oscuridad” es el nombre que en tono irónico le puse a las visitas en las que me encuentro solo en una sala de cine, hecho bastante penoso que hubiera sido impensable hace poco más de una década y que se ha hecho relativamente frecuente en los últimos años (como siempre digo, penoso no tanto porque yo no vaya acompañado, sino por lo poco bueno que augura para el negocio de la proyección). Durante cerca de quince meses no se dio esta triste circunstancia, pero en este 2016, la “Oscuridad” volvió con más saña que nunca, y me encontré con esta siniestra compañera nada menos que en cuatro ocasiones, el año que más veces me ha ocurrido. Sucedió las tres primeras veces en los meses de abril, mayo y junio, y se volvió a repetir en noviembre, y las películas concretas fueron El secreto de una obsesión, Triple 9, Un doctor en la campiña y un traidor como los nuestros, respectivamente.

Total de películas
Como comentaba al principio de la entrada, este año me propuse llevar la cuenta de todas las películas que veía, ya fuese en pantalla grande o pequeña, por la simple curiosidad de conocer este dato con exactitud. En televisión he visto todos los meses ente 11 y 22 películas, en total 184, lo que sumado a las 48 de cine y a las 4 del Casino Viejo hacen un total de 236 largometrajes vistos en 2016, aparte de series y telefilms. ¡Creo que no está mal!

La pequeña pantalla es para mí el complemento en donde veo las películas que se me han escapado en cine, o simplemente no han llegado a este porque se han estrenado directamente en formato doméstico, y por supuesto donde revisitar cine clásico. Este año, a pesar de lo mucho que me gusta éste, lo tuve algo descuidado durante algunos meses, pero hubo remontadas, como algunos ciclos temáticos que me regalé dedicados a Charles Chaplin, centrado en su período mudo y compuesto por 6 títulos (además de El Gran Dictador, lo detallo aquí), o a mi actriz favorita, Audrey Hepburn, de la cual tenía pendiente desde hacía mucho tiempo ver sus trabajos anteriores a su llegada a Hollywood (conseguí ver 5, pero aún me faltan dos películas que no logro encontrar, como comento en esta entrada).

Lo mejor y lo peor (¡para mí!)
No sé si me autocondiciono mucho o tengo mis gustos muy claros, pero había dos películas que tenía muchas ganas de ver en 2016 que nada sorprendentemente escojo como mis dos favoritas del año: ya en la primerísima sesión del día de los respectivos estrenos de La venganza de Jane y en la de Rogue One estaba un servidor en la puerta del cine presto a devorarlas. Eran mis apuestas previas y las dos me encantaron, pese a lo muy diferentes que puedan ser: la primera una gran superproducción anunciada a bombo y platillo y enclavada dentro de una saga que me ha embelesado desde niño, la de La guerra de las galaxias, y la segunda una película sencilla, modesta, repleta de vicisitudes en su producción que pasó sin pena ni gloria por las salas españolas excepto para aquellos que adoramos a su actriz principal: la presencia de Natalie Portman confería a esta cinta un interés especial para mí y salí encantado de reencontrarme –por fin– con mi actriz favorita del cine actual después de nada menos que dos años y medio sin que llegara a las salas españolas ninguno de sus trabajos.

Natalie y Star Wars: ¡Apuestas seguras!
El fantástico, cómo no, siempre me llama mucho, y durante 2016 no me perdí ninguna de las películas de Marvel y DC, aunque una vez más la mayoría me parecieron mediocres y hasta olvidables; una excepción muy a destacar, Capitán América: Civil War, y es que la trilogía de este personaje no me ha decepcionado en ninguna de sus entregas y me parece que está muy por encima de la mayoría de estrenos de este subgénero por decantarse por un acertado tono dramático en lugar de la cómica más habitual en otras cintas similares. Pese a las críticas –y puesto que sigo mi criterio y no el de los demás– pasé un buen rato viendo Escuadrón Suicida. También Star Trek: Más allá me pareció simpática y entretenida, más o menos a la altura de las anteriores entregas recientes de la saga.              

Emily Blunt es otra actriz a la que sigo, y este año hubo dos encuentros con ella. Aunque La chica del tren no me resultó tan redonda como en principio esperaba, la presencia de la actriz y también la de Rebecca Ferguson hicieron que esta especie de telefilm de sobremesa bien producido se me hiciera pasable sin sobresalir. También Saoirse Ronan me deslumbró una vez más en Brooklyn.

Destacar algunas producciones españolas que me parecieron muy dignas vistas a lo largo del año, como es el caso de Cien años de perdón, Tarde para la ira o La reina de España, un regreso esta última a un cine patrio que ya casi no se hace y que hasta cierto punto podríamos llamar “clásico”.

Lo peorcito del año
Los Coen, una vez más, sobresalieron en un género tan olvidado o confundido como es la comedia (¡la de verdad!) con ¡Ave, César! y fue muy especial volver a ver Los Goonies en pantalla grande después de más de treinta años (lo cuento aquí).

En cuanto a lo peor que vi en 2016, siempre según mi discutible criterio, esta vez no elegiré una película que me disgustó por su poco tacto, incorrección política o descaro comercial, como ha sido el caso en otros años, sino porque me pareció directamente mala: no había por dónde coger Dioses de Egipto; me pareció un desacierto continuo que no salvaron ni sus guiños al cine de Harryhausen ni la presencia de un actor que me gusta tanto como Geoffrey Rush, aquí totalmente desaprovechado. Toro y Gernika fueron para mí las grandes decepciones del cine español, aunque la segunda me pareció algo más salvable siquiera por su ambientación en una época que me fascina tanto como la Guerra Civil Española, y grandes superproducciones como la aburrida Jason Bourne, Los siete magníficos o Inferno, habida cuenta del dinero invertido en ellas, me resultaron entre tediosas e insípidas, al igual que la popular Deadpool o la no tan costosa Triple 9.

2017
Sentimientos encontrados respecto a algunos de los estrenos de 2017
Acabo sin mucha novedad, ya que lo que más me llama de entre los estrenos de este año que empieza sigue siendo más de lo mismo: el próximo Episodio VIII  de Star Wars, que veo complicado que esté a la altura de su predecesora, Rogue One, a pesar de que tiene un director que me parece muy interesante y, cómo no, casi todos los estrenos que puedan venir de Natalie Portman. Y digo casi todos porque Jackie, única de sus películas confirmada en los cines españoles (17 de febrero) es una cinta que no me apetece nada ver por lo detestable que me resultan el personaje y la situación que reviven, y será sólo por su intérprete principal que acceda a hacerlo. Me interesan mucho más otros de sus trabajos recientes de cuyo estreno en nuestro país no se ha oído nada e incluso parece improbable, como es el caso de A Tale of Love and Darkness, Planetarium o Knight of Cups, de las que algunas naciones más afortunadas que la nuestra ya han podido disfrutar (aunque parece que la primera tuvo un estreno limitado en Cataluña el pasado septiembre).

Mi siempre admirado género fantástico trae algunas novedades interesantes pero ante las que a priori me mantengo algo escéptico, como puedan ser el caso de esa innecesaria secuela de Blade Runner o la nueva entrega de la saga Alien, franquicia que siempre me ha resultado cuanto menos entretenida. Y, como también me gusta la historia, tengo ganas de ver Dunkerque.

Todas estas dudas, apuestas y suposiciones se irán resolviendo a lo largo de los próximos doce meses, que abordaremos sin prisas y con tranquilidad…