"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

viernes, 27 de febrero de 2015

Spock nos deja...

Todos los medios de comunicación se han hecho hoy eco de la triste noticia: Leonard Nimoy nos ha dejado a los 83 años de edad. Y es que su Señor Spock de Star Trek era mucho más que un personaje: todo un icono de la ciencia ficción desde que el actor le diera vida por primera vez en 1966. Desde entonces encarnó al alienígena vulcaniano en infinidad de películas, series y videojuegos. Hasta se las ingenió para aparecer en el reciente reboot cinematográfico de la saga a pesar de que otro intérprete –Zachary Quinto– ya encarnaba a la versión más joven de Spock.

Nimoy fue un actor eminentemente televisivo que ya desde sus comienzos profesionales en los años 50 estuvo muy vinculado al género que le hizo famoso, con apariciones en La humanidad en peligro, Dimensión desconocida, La invasión de los ultracuerpos o, ya en sus últimos años, Stargate y hasta Transformers, aunque demostró su versatilidad en un sinfín de registros que van desde el western hasta el thriller. También dirigió ocasionalmente diversas series y largometrajes y hasta grabó varios discos.

Sin haber sido un fan incondicional de la franquicia que le hizo famoso, sí que he de admitir que Spock/Nimoy ha sido siempre para mí un personaje entrañable desde que lo conocí en el estreno de la primera película para cine de Star Trek hace ya más de tres décadas. Long life and prosper…

La guerra de las galaxias: cómic del borrador original

Nueva e inaudita incursión que realizo en un terreno tan poco habitual para mí como es el del cómic (a pesar de lo que pueda parecer por los artículos que he publicado este mes). El señor George Lucas parece lograr sacar dinero hasta de debajo de las piedras y ser capaz de exprimir un mismo filón más allá de lo imaginable: nada menos que en el  borrador original de lo que posteriormente sería La guerra de las galaxias se basa esta serie guionizada por J.W. Rinzler e ilustrada por Mike Mayhew, y que en su edición americana se componía de ocho tebeos sencillos que aquí Planeta DeAgostini tiene a bien editar juntos en un atractivo volumen en tapa dura.

Y un servidor, como enamorado de la saga galáctica, y a pesar de su relación de amor-odio con su creador, se deja engatusar una vez más y adquiere el librito. Me llama la atención conocer todos esos detalles sobre cómo concibió Lucas originalmente los personajes y situaciones de su más famosa película; me apetece la propuesta de “volverla” a vivir de una forma diferente. Y, efectivamente: resulta divertido ver que el primer Luke Skywalker  es un general de barba blanca y mediana edad más cercano a lo que luego sería Obi-Wan Kenobi, que Annikin Starkiller es aquí el joven aprendiz jedi que se pone bajo su tutela, que Han Solo es un alienígena verde que recuerda a la Cosa del Pantano, que Darth Vader no lleva casco ni es Sith (ese es Valorum, quien paradójicamente acaba aliándose con los jedi), que R2 habla en “cristiano” o que los wookies asumen en gran medida el rol que finalmente tendrían los ewoks en la trilogía fílmica.

Fuera de todas esas curiosidades, el cómic no consigue precisamente fascinarme. Las escenas se suceden a veces parece que a trompicones, sin quedar muy claro cómo llegan los personajes de una situación a otra; algunos diálogos resultan poco menos que un galimatías (por cierto, aquí dicen “que la fuerza de los demás te acompañe”); el tempo o la cadencia de la historia no logran convencerme…. En cuanto al apartado puramente visual, decir que las ilustraciones son muy bonitas, pero que muchas veces tampoco parecen casar con las acciones y frases que están representando, fruto sin duda de la captación original de los personajes a partir de modelos reales posteriormente infografiados o retocados de alguna manera por ordenador. Así, vemos a los héroes ofreciendo ayuda con ademán agresivo, o dialogando con rostro descolocado, o en posiciones que resultan forzadas e inadecuadas para las escenas que se supone que viven; una pena que este tipo de tratamiento digital tenga esas limitaciones tan tontas.

Finalmente, The Star Wars (este es el título original, frente al que sería definitivo, sin el artículo delante) no pasa de ser una curiosidad para mí, bien recibida en mi colección, pero que no ocupará un lugar especialmente relevante en ella.

lunes, 23 de febrero de 2015

El francotirador

He sido admirador de Clint Eastwood desde hace muchos, muchísimos años. Hablo de los tiempos antes de que el estreno de Bird le pusiera en boca de todos los gafapastas y cinéfilos de pro, de cuando te miraban mal si decías que te gustaban las películas de Harry el Sucio. Desde aquella época en la que no era todavía un director reconocido, he seguido prácticamente todos sus trabajos delante y detrás de las cámaras, y he visionado también gran parte de lo que había hecho anteriormente. Pero, ¿qué queréis que os diga? El Eastwood de los últimos años me rechina. Me cuestiono si en su senectud su lucidez mental se podría poner en tela de juicio. Si no chochea. Y es que en muchos de sus últimos filmes parecen empeñado en aleccionarnos moral e ideológicamente con pequeños capítulos de la historia de su país –Banderas de nuestros padres, J. Edgar, Jersey Boys–, en ensalzar las excelencias de éste, eso cuando no se deja llevar por la vena sensiblera más fácil –Million Dollar Baby–, alguna que otra truculencia o la siempre infalible y vendible corrección política –Invictus–.

El francotirador se suma para mí al primer grupo de películas citadas: nuevas lecciones sobre personajes, episodios y hechos que parecen cimentar esa ingenua concepción de lo que hace grande y noble a un pueblo, esa falsa y pueril idea de la superioridad a todos los niveles que EE.UU. pretende difundir a nivel mundial creyendo que el resto del planeta va a coincidir con ellos y a aplaudirles. En este caso las andanzas de un militar estadounidense, Chris Kyle, cuyo dudoso mérito parece ser el de ostentar más muertes en combate que ningún otro homólogo de su país: 160 bajas confirmadas mientras servía en la Guerra de Irak.

El largometraje presenta a priori pocos atractivos para mí, más bien lo contrario. Acudo a verlo por mi respeto por Eastwood, pero salgo de su visionado confirmando todo lo que preveía en él incluso sin apenas haber visto imágenes ni saber casi nada sobre su historia –raramente me equivoco en estos juicios–. De primeras difícilmente me va a llamar una película que parece ensalzar la vida militar y los valores tradicionales y conservadores (“familia, patria y rey”, como dice un personaje en la cinta), plagada de banderas y que ya lleva en su título el incorrecto adjetivo de “american”. Me resulta absolutamente imposible que me conmueva en modo alguno el protagonista o sentir simpatía por él (en todo caso, compasión), y a esto no ayuda un actor, Bradley Cooper, que me resulta apático e inexpresivo y que tampoco me transmite nada. De ninguna manera logro entender que una persona abandone a su mujer y a sus hijos para irse a luchar a la otra punta del mundo porque nunca he asimilado esos ideales que parece ostentar el soldado de la película.

Al final, no consigo poder asumir El francotirador de ninguna otra forma que no sea un planfleto fascistoide poco disimulado, de tremenda irrespetuosidad política, producto de una nación egocéntrica y claro pasto de los comerciales Óscars. Y es que, por muy excelente que pueda ser un director, por muy impecable que una película pueda ser desde un punto de vista técnico o artístico, si me presenta un mensaje político, social o ideológico que es totalmente opuesto al mío, no va a conseguir conectar conmigo, ni entretenerme ni resultarme atractiva o interesante en modo alguno. El mito de Clint Eastwood se me desmorona…

sábado, 21 de febrero de 2015

El inspector de hierro

Aunque debo admitir que el libro me resultó algo pesado, me encanta la historia de Los miserables de Victor Hugo, y nunca pierdo ocasión de ver nuevas (o viejas) adaptaciones de la novela al cine o a la televisión. Después de muchos años tras ella me hago por fin con una copia en DVD de la versión que Lewis Milestone estrenó en 1952 (y que aquí nos llegó como El inspector de hierro), película que me apetecía especialmente por lo mucho que me gusta el cine de esa década y por lo atractivos que me resultaban sus protagonistas: Michael Rennie como Jean Valjean, y Debra Paget como Cossette, además de Robert Newton como Javert (actor que no me llama tanto la atención por no estar muy familiarizado con él). En el reparto de secundarios, nombres de la talla de Elsa Lanchester, Sylvia Sidney o Cameron Mitchell, entre otros.

La adaptación en general respeta su referente literario (aunque lo tiene que condensar necesariamente en los 105 minutos que dura el film), sorprendiendo entre los cambios o “sacrificios” más destacables para esta versión en pantalla grande la total ausencia de la familia Thenardier o la escena en la que una crecidita Cossette visita a su madre en el lecho de muerte.

Ayer, hoy y mañana

Dos pájaros de un tiro: dos de las muchas filmografías en las que me he puesto progresar son precisamente las de la actriz Sophia Loren y la del director Vittorio De Sica y, mira tú por donde, colaboraron nada menos que en ocho ocasiones (y coincidieron en el reparto de otras tantas). Además, Ayer, hoy y mañana fue también la primera de las películas en las que la italiana formó pareja con Marcello Mastroianni, con quien compartió nada menos que trece títulos.

Ieri, oggi, domani, estrenada en 1963, está compuesta por tres historias –todas protagonizadas por los dos actores mencionados– que tienen lugar en sendas ciudades italianas –Nápoles, Milán y Roma– todas bautizadas con el nombre del personaje femenino protagonista: Adelina es la más próxima a los clásicos neorrealistas de De Sica, contándonos las tribulaciones de un matrimonio de clase baja en el que, para evitar la cárcel por impago, la esposa decide quedarse embarazada una vez tras otra. Después de siete retoños, el marido está totalmente extenuado y la argucia de la mujer para librarse del presidio parece llegar a su fin…

Anna es el fragmento más breve de la trilogía: un sencillo viaje en coche en el que somos testigos de las desavenencias entre una rica y caprichosa mujer y su amante. Es para mí el capítulo más soso del largometraje.

Por el contrario Mara, la última parte, es la que consigue ganarme el cariño de la película, con una divertidísima Sophia Loren que ejerce de prostituta de lujo que lleva de cabeza a un hombre de negocios que la visita a menudo, al joven vecino que estudia para sacerdote, y a los abuelos de éste. Si bien las dos primeras partes de Ayer, hoy y mañana no me convencen especialmente, con esta última acabo la cinta con esa sonrisa interior que no es fácil sacarme y con mi admiración por su actriz y su director todavía más elevada (y sin ánimo de menospreciar el trabajo de Mastroianni).

jueves, 19 de febrero de 2015

Completando filmografías: Debra Paget

Creo innecesario insistir una vez más en mi debilidad por esta actriz que estuvo principalmente en activo en la década de los años 50 y con la que, no por casualidad, inicié la andadura de este blog. No la sitúo entre mis grandes divas (ese privilegio sólo lo tienen mis adoradas Audrey Hepburn e Ingrid Bergman), pero creo que sí tendría un huequecito si me decidiera a confeccionar un top ten con mis actrices preferidas. La carrera de Debra Paget no fue demasiado larga, pero sí muy provechosa: 47 apariciones en cine y TV en un período de poco más de década y media: 1948-1965. Cuando Debra se retiró de la interpretación con poco más de 30 años, ya se había ganado merecidamente un pequeño pedestal en el Olimpo hollywoodiense de su época.

Todavía me queda mucho por ver de la labor de esta actriz: casi la mitad de sus largometrajes para la gran pantalla y absolutamente todos sus trabajos para la pequeña, aunque estos últimos no me suponen una prioridad absoluta dentro del muchísimo material pendiente que tengo por ver de otros actores y directores. Sí que me gustaría, al menos, acabar de ver sus películas para cine porque en general me resultan casi todas muy amenas, y no sólo por la presencia de la bella actriz. Y es que, como ya he señalado más de una vez, casi toda la trayectoria profesional de Debra está vinculada a géneros que me encantan: aventuras, western, péplum, fantástico… Así que, doble disfrute...

Filmografía para cine de Debra Paget
-31  largometrajes (vistos 20)

1948 Una vida marcada
1949 Mamá es mi rival
1949 It Happens Every Spring
1949 Odio entre hermanos
1950 Flecha rota
1951 Fourteen Hours
1951 Ave del paraíso
1951 La mujer pirata
1952 Bellezas por casar
1952 El inspector de hierro
1952 Stars and Stripes Forever
1954 El príncipe valiente
1954 Princess of the Nile
1954 Demetrius y los gladiadores
1954 El jugador de Natchez
1955 Pluma blanca
1955 Seven Angry Men
1956 La última caza
1956 Los diez mandamientos
1956 Love Me Tender
1957 Al borde del río
1957 Vida y amores de Omar Khayyam
1958 De la tierra a la luna
1959 El tigre de Esnapur
1959 La tumba india
1960 Why Must I Die?
1960 Journey to the Lost City *
1960 El sepulcro de los reyes
1961 Most Dangerous Man Alive
1961 I masnadieri
1962 Historias de terror
1963 El palacio de los espíritus

(*: versión recortada de El tigre de Esnapur/La tumba India. No la contabilizo)

Filmografía para TV de Debra Paget
-16 episodios en series de TV (vistos 0)

1956 Matinee Theatre 1956 The 20th Century-Fox Hour
- Gun in His Hand
1956-1957 Climax!
- The Man Who Lost His Head (1956)
- Carnival at Midnight (1957)
1959 Cimarron City
- The Beauty and the Sorrow
1958-1959 Caravana
- The Marie Dupree Story (1958)
- The Stagecoach Story (1959)
1959 Riverboat
- The Unwilling (1959
1959 El desafío del hombre
- Invisible Force
1959 June Allyson
- No Place to Hide
1960 Johnny Ringo
- East Is East
1960 El millonario
- Millionaire Mara Robinson
1960-1962 Cuero crudo
- Incident in the Garden of Eden (1960)
- Hostage Child (1962)
1961 Calibre 44
- Man of Another Breed
1963-1965 El agente Burke
- Who Killed Eleanora Davis? (1963)
- Who Killed Wimbledon Hastings? (1965)

(Este post se lo dedico a Juan L. Carrillo, otro gran admirador de Debra Paget, por todos sus interesantes apuntes y comentarios en el blog)

sábado, 14 de febrero de 2015

Caballeros extraordinarios (II)

(Primera parte aquí)

Trilogía Century (2009-2012)
Dos años después del destacable Dossier Negro, los inquietos Moore y O´Neill vuelven a la carga con más aventuras de los Caballeros, aunque esta vez lo hacen de una forma diferente: una trilogía de cómics, de 80 páginas cada uno, con una trama común pero que tiene lugar en varios momentos de ese siglo que da título a la nueva serie. Así, a lo largo de tres años aparecen “1910”, “1969” y “2009”, fechas en las que acaecen respectivamente las historias de cada entrega. De nuevo serán Mina y Allan, además del también inmortal Orlando de Virginia Woolf, los personajes recurrentes en la trilogía, a los que ayudarán ocasionalmente otros aliados. Su misión durante todos estos años será la de acabar con un anticristo que el ocultista Oliver Haddo (el personaje de W. Somerset Maugham), quien traslada su mente de un cuerpo a otro para así extender su vida más allá de lo razonable, se empeña en traer al mundo.

Es curiosa la forma en la que Moore y O´Neill presentan estos nuevos episodios de la Liga –que en un principio querían centrar sólo en la época victoriana–, con enormes saltos en el tiempo que cubren décadas, porque da la impresión de que así tienen muy poco margen para ofrecer nuevas aventuras del grupo en un futuro, pero también dejan caer que, en el ínterin entre una entrega y otra, ha habido nuevas formaciones.

Nemo: el spin-off
Mientras esperamos a que reaparezcan –o no– nuestros Caballeros Extraordinarios, sus autores han concebido otra nueva trilogía que no tiene que ver con ellos directamente, pero que sí se origina en ésta, eso que los modernos llaman un spin-off: en la primera entrega de Century los lectores conocemos a Janni Dakkar, la joven hija del Capitán Nemo, quien en un principio no quiere aceptar el nefasto legado de su moribundo padre e intenta huir de ambos, pero que finamente acabará decidiendo capitanear el mítico Nautilus. Ella será la protagonista de este nuevo triple trabajo de Moore y O´Neill que llevará el título de Nemo, y que está compuesto por los volúmenes Corazón de hielo, Las rosas de Berlín y el todavía inédito River of Ghosts, previsto para la próxima primavera. Las tres entregas nos llevan, respectivamente, a 1925, 1941 y 1975, con Janni viajando en distintos momentos de su vida a una lovecraftiana Antártida, a la “Tomania” nazi y al Amazonas, respectivamente. La serie Nemo ha sido presentada en su edición española como un elegante cómic-book de 64 páginas en tapa dura.

La película
La olvidable adaptación al cine
Suele quejarse Alan Moore casi invariablemente de todas las versiones fílmicas de su obra, y esta protesta me parece exagerada, ya que considero que Desde el infierno, V de Vendetta y Watchmen son las tres buenas adaptaciones a la pantalla grande si las entendemos precisamente como eso: adaptaciones de un medio a otro que se expresa de una manera diferente. Pero, en el caso de The League of Extraordinary Gentlemen (que aquí, para más inri fue titulada La Liga de los Hombres Extraordinarios), le he de dar toda la razón…

El proyecto co-producido por 20th Century Fox, dirigido por Stephen Norrington y estrenado en salas en 2003 no tiene prácticamente nada o casi nada que ver con los cómics en los que se inspira (principalmente el volumen I). La violencia y la sexualidad explícitas en éstos, la sordidez y el patetismo de los a veces, hasta siniestros personajes principales, su condición de marginados sociales, raramente se percibe en el film donde, por ejemplo, Allan Quatermain es interpretado por un Sean Connery que transfiere al personaje su impecable imagen pública y su infalibilidad como héroe de la pantalla; nada que ver con un viejo decrépito y drogadicto.

El resto del reparto lo integran Peta Wilson como Mina Harker, Naseeruddin Shah como Nemo, Jason Flemyng como el doctor Jekyll y Tony Curran como el Hombre Invisible, además de dos actores que encarnan a sendos personajes ausentes en el cómic e incorporados a la versión en celuloide: Shane West como Tom Sawyer, y Stuart Townsend como Dorian Gray.

Una verdadera lástima el dato con que concluyo este apartado: Sean Connery se retiró de la actuación precisamente tras rodar este film, triste testamento de un actor que nos ha dejado tantísimos buenos trabajos. De Stephen Norrington tampoco se ha vuelto a saber mucho, ya que no ha vuelto a dirigir nada desde entonces.

Penny Dreadful
El pasado 2014 se estrena en televisión la serie Penny Dreadful, que toma su curioso nombre de las antiguas publicaciones juveniles decimonónicas que se recreaban en historias morbosas y truculentas, un obvio precedente de los cómics de terror del siglo XX y, en cierta medida, de las revistas pulp. Desde las primeras imágenes promocionales que aparecen en internet se hace más que evidente que estamos ante una suerte de remedo catódico de La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Los personajes no son exactamente los mismos, por supuesto, pero no hay que esforzarse mucho para encontrar en el veterano explorador africano que interpreta Timothy Dalton, Sir Malcolm Murray (quien, por cierto, es el padre de Mina), a un claro sosias de Allan Quatermain,entre otras similitudes. El resto de componentes de esta “liga” televisiva resultan ser el mismísimo doctor Frankenstein (Harry Treadaway), siempre acosado por su criatura (Rory Kinnear), de nuevo Dorian Gray (Reeve Carney), y dos personajes creados para la serie: Ethan Chandler (Josh Hartnett), un pistolero americano que esconde un oscuro secreto, y Vanessa Ives (Eva Green), una joven con extraordinarios a la vez que temibles poderes paranormales, eso sin olvidar la aparición esporádica de otros mitos de la literatura fantástica clásica como Abraham Van Helsing, interpretado por el sin par David Warner en un impagable guiño al género del que es habitual el actor.

Penny Dreadful: la Liga bastarda

Esperé y seguí con interés la primera temporada de Penny Dreadful: ocho episodios de una hora de duración cada una, y debo decir que se confirmó mi impresión inicial de que la serie era un intento de llevar a la pequeña pantalla una idea similar a La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Hasta hay que admitir que, con su galería de personajes torturados, pervertidos y siniestros, es incluso más próxima al espíritu del cómic de Moore/O´Neill que la película de Norrington. Para ser sinceros, creo que en general me resultó interesante pero que podía haber sido más redonda, ya que en algunos episodios ritmo y tono cambian de una manera quizá demasiado drástica o desconcertante. Los personajes que me parece que salieron más mal parados son los vampiros a los que se enfrenta el grupo protagonista, teóricamente liderados por Drácula, y más cerca de la “bestezuela tarantiniana” que tanto detesto que del vampiro clásico romántico que cabría esperar en una serie con la ambientación de Penny Dreadful. Ni qué decir tiene que ya estoy atento a la llegada de la segunda temporada –esta vez con 10 episodios– el próximo mes de mayo.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Caballeros extraordinarios (I)

Fui un voraz consumidor de cómics hasta poco antes de llegar a la mayoría de edad. Para entonces había encontrado nuevos intereses o reafirmado otros ya antiguos que me apasionaban más que la degustación de viñetas. Nunca he abandonado enteramente el llamado 9º Arte, pero mis incursiones en ese terreno durante las pasadas dos décadas y media han sido más bien escasas. Precisamente una de las pocas series de cómics que he seguido con interés ya entrado este siglo XXI ha sido La Liga de los Caballeros Extraordinarios, concebida por el infame guionista Alan Moore, ilustrada por Kevin O´Neill, y publicada inicialmente por la editorial británica America´s Best Comics, y, en España, por Planeta-DeAgostini.

No recuerdo exactamente cómo descubrí el tebeo; creo que muy probablemente por recomendación de un amigo. Me llamó la atención. Era imposible que no lo hiciera siendo un gran aficionado a la literatura romántica, gótica y victoriana porque, ¿qué era lo que aparecía en su portada? Toda una serie de personajes de algunas de las novelas más famosas de dichos períodos, obras y autores todos a los que había leído desde bien joven.

Mi primera impresión fue que el cómic trataba sobre una especie de grupo de superhéroes decimonónicos. No iban por ahí los tiros, todo lo contrario. Aquellos “caballeros extraordinarios” eran más bien antihéroes, por no decir obvios parias sociales, individuos con serios traumas personales algunos, y de dudosa moralidad los otros, eso cuando no se daban cita ambas características en un mismo personaje: el Doctor Griffin, el Hombre Invisible de H.G. Wells, era un depravado que aprovechaba sus poderes para, entre otras cosas, violar a colegialas ingenuas; el Capitán Nemo de Jules Verne era un pirata hindú que se había convertido en el azote de la flota británica, a la que atacaba sin piedad con su moderno submarino Nautilus; Allan Quatermain, el otrora famoso cazador y explorador de las novelas de H. Rider Haggard, se había convertido en una vieja leyenda olvidada que languidecía en un perdido poblado africano atiborrándose de opio; el Doctor Jekyll de Robert Louis Stevenson era poco menos que un paranoico que vivía en continuo estado de ansiedad aterrado porque apareciera su alter ego, un brutal y monstruoso Mr. Hyde más cercano en aspecto al Hulk de Marvel que al personaje malvado pero más humanizado que siempre asociamos a ese nombre; por último, la Mina Murray de Bram Stoker había sido despreciada por la sociedad y por su propio exmarido debido a un supuesto adulterio con “un extranjero” (obviamente, Drácula) que le había dejado, por cierto, terribles cicatrices (nada de “dos puntitos”) en un cuello que ella siempre lleva tapado. Curiosamente, el único personaje femenino de la liga demuestra ser el más cabal, equilibrado e inteligente; no es de extrañar que rápidamente se erija en líder de este peculiarísimo grupo.

Portadas de los seis números del volumen I (1999-2000). Hoy día pueden encontrarse todos juntos en un estupendo tomo de tapa dura.

Volúmenes I y II (1999-2003)
The League of Extraordinary Gentlemen irrumpe por primera vez en los kioskos y librerías en 1999, en la forma de una serie de 6 cómic-books estándar de 28 páginas cada uno (cuatro de ellas con un relato). En una desasosegante Inglaterra de estética steampunk, exactamente en 1898, los cinco personajes son reclutados por el gobierno de Su Majestad debido a sus características excepcionales para hacer frente a un temible enemigo que acabará revelándose nada más y nada menos que como el mismísimo Fu Manchú. A lo largo de esa media docena de números nuestro grupo tendrá, no sólo que sacar a la luz y poner fin a todas las intrigas del criminal asiático, sino también que hacer frente a sus propias fobias, inseguridades y desavenencias. Sin ir más lejos, Mr. Hyde es poco menos que una bomba de relojería que, cuando estalla, se dedica a desmembrar al primero que pilla, sin importar si es amigo o enemigo –solamente la gentil Mina parece capaz de contenerle y de llegar al escondido corazoncito del hombre bestia–, Griffin es un delincuente sin escrúpulos en el que no se puede confiar, a Quatermain le cuesta mantenerse “limpio” y no volver a su adicción, y Nemo no parece demasiado interesado en ayudar a una nación a la que detesta…

El volumen II de la Liga llega dos años después de que finalizara el primero, en 2002, aunque en la ficción transcurre inmediatamente después que el volumen I. De nuevo el “grupo de Murray”, como pasa a ser conocido, es requerido para librar a su país, y al mundo entero, de otra terrible amenaza: nada menos que la invasión marciana de la novela de H.G. Wells La guerra de los mundos. Tras las seis entregas de rigor, concluyen, aparentemente, las aventuras de estos caballeros y damas extraordinarios. El final de esta nueva aventura parece dejar claro que el grupo difícilmente va a volver a reunirse, pero no va a ser exactamente así, aunque pasará algún tiempo antes de que volvamos a saber de nuestros (anti)héroes…

La seis entregas del volumen II (2002-2003): ¡llegan los marcianos!

Quedé sorprendido –acostumbrado a cómics muy diferentes y después de mucho tiempo sin demasiado contacto con ninguno de ellos– por la lectura de estos dos primeros volúmenes de La Liga. El dibujo en un principio feista y algo caricaturesco de O´Neill acabó finalmente convenciéndome y lo acepté como adecuado para el tipo de historias y personajes que trataba. Me gustó especialmente algo que valoro sobre todas las cosas en un tebeo: el “equilibrio” entre texto y dibujo. Ni puedo disfrutar una historieta que sea básicamente visual, sin apenas diálogos o notas ni, por el contrario, me gustan aquellos cómics que prácticamente son una serie de enormes bocadillos con algún pequeño dibujo ilustrándolos (caso de From Hell del propio Moore, que considero hubiese sido más acertado en forma de novela literaria). Para mí un cómic con ilustraciones detalladas, en las que te puedas recrear buscando detalles, pero que también “cuente” una historia con palabras es el trabajo ideal, y no muy a menudo consigo encontrar esta mezcla perfecta.

Además, uno de los aspectos más ricos y destacables de toda la serie de La Liga de los Caballeros Extraordinarios es la continua aparición, a lo largo de sus páginas, de personajes, situaciones, alusiones e indirectas a infinidad de referencias del cine, la televisión, la literatura y la cultura popular, tanto visuales como textuales. Hay que andarse extremadamente atento y prestar muchísima atención para captarlas todas (cosa que no sé si es posible). Tanto es así, que en internet hay hasta completísimas guías con anotaciones de todas estas menciones y apariciones. Desde el mismo Moriarty hasta Roman Polanski, pasando por el Auguste Dupin de Poe, el Astolfo Hynkel de Chaplin, el Ismael de Moby Dick, el doctor Moreau de Wells, el Próspero de Shakespeare, el James Bond de Flemyng, la Emma Peel de Los vengadores, etc, etc, etc, el desfile del enorme imaginario cultural de Alan Moore es tan sorprendente como admirable, y sin duda uno de los mayores retos y atractivos de leer esta serie de cómics.

Otras de las cosas que me atrajo de esta publicación y que me mantiene interesado en ella son precisamente sus series limitadas a unos pocos números autoconclusivos, nada de interminables colecciones que se extienden mes tras mes y año tras año, cosa que me hubiera hecho perder interés en seguir esta publicación. Creo que el concebir obras de esta manera ayuda a que sean más sólidas y creíbles.

Dossier Negro: el regreso
En 2007, cuando ya daba la impresión de que la obra conjunta de Moore y O´Neill no iba a tener continuación, los autores nos sorprenden con el Dossier Negro: un curiosísimo y original experimento de 200 páginas en el que se mezcla la propia historieta estándar de la liga con otros diversos formatos literarios y visuales, encartes y relatos y hasta una sección en 3D, gafas incluidas.

Transcurre en el año 1953. Inglaterra ha sobrevivido al temible Gran Hermano de Orwell y Mina Murray y Allan Quatermain reaparecen para robar –en un curioso ejercicio de metalenguaje– ese misterioso documento que da título a la novela gráfica y que iremos leyendo conjuntamente con ellos. ¿Qué cómo pueden seguir vivos después de más de medio siglo desde su última aventura? Muy sencillo, al menos cuando tienes un vasto patrimonio literario al que recurrir: ambos se bañaron en la fuente de la Ayesha de Rider Haggard y obtuvieron la inmortalidad (y, además, Quatermain rejuveneció). De hecho, los componentes de esta pareja (también sentimental) serán los únicos personajes fijos en todas las entregas de la saga.

El Dossier Negro es una extraordinaria propuesta en el mundo del cómic-boook que merece la pena ser leída, especialmente, claro está, si se es seguidor de La Liga o se está familiarizado con ella –aunque en realidad es un volumen independiente–. Por cierto, con él aprendemos también que este grupo de caballeros extraordinarios no comenzó con la formación con la que lo conocimos en el primer volumen, sino que se remonta a siglos atrás y ha estado al servicio del gobierno británico desde entonces, albergando en sus filas a personajes tan dispares como Gulliver, Caliban, Fanny Hill, Don Quijote o Phileas Fogg, e incluso teniendo versiones similares en otros países como Francia o Alemania.

domingo, 8 de febrero de 2015

Candilejas

Candilejas (Limelight, 1952) es el antepenúltimo film del maestro Charles Chaplin, y en él abandona su habitual registro cómico para cambiarse al melodrama, presentado, no obstante, con un tono amable y esperanzador. Cuenta una historia tan sencilla como bonita: la de dos personas en extremos opuestos de la vida que acaban entablando una entrañable amistad: Chaplin es Calvero, un viejo payaso que otrora fue muy famoso, pero que ahora está en horas bajas, no encuentra trabajo, se ha refugiado en el alcoholismo y está enfermo del corazón; Terry (interpretada por una encantadora Claire Bloom) es una joven bailarina de ballet que está en un momento desesperado, y a la que Calvero rescata del suicidio. A partir de ahí, se inicia una maravillosa relación entre ambos: Calvero encuentra en el cuidado Terry una luz y una razón para vivir, y para Terry, el veterano cómico se convierte en un mentor y también en un apoyo anímico para seguir adelante y luchar por su carrera.

Imposible no destacar la escena que Charles Chaplin comparte con el mismísimo Buster Keaton. Se le ponen a uno los pelos de punta al ver a dos de los más grandes cómicos del Cine juntos.

Personalmente, siempre me he debatido entre esta película y El Gran Dictador a la hora de decidirme por mi favorita del director británico, pero realmente es que ninguno de sus once largometrajes tiene desperdicio. Continúo, pues, con ese ciclo Chaplin que hacía tiempo que llevaba demorando y que en realidad me apetecía mucho ver de nuevo, aunque no lo estoy haciendo siguiendo un orden cronológico según el estreno de sus obras, sino basándome en aquellas que tengo más a mano en primer lugar. 

El Gran Dictador

Indiscutiblemente una de las comedias más importantes de la Historia del Cine y quizás el largometraje más conocido de su director, el genial Charles Chaplin, El Gran Dictador es una despiadada sátira contras las figuras de Adolf Hitler y Benito Mussolini y, por extensión, contra el fascismo, las dictaduras, la intolerancia y el abuso de poder. Aun así, ni el mismo Chaplin imaginaba hasta dónde llegarían la megalomanía y la crueldad de los dos citados dirigentes: la película reseñada se estrena en 1940, cuando la II Guerra Mundial iba por su primer año y, cuando el conflicto término un lustro después, el director británico quedaría pasmado junto con el resto del mundo civilizado al conocer los detalles y datos sobre el exterminio judío y las enormes bajas causadas por la letal contienda, hasta el punto de afirmar que, de haber conocido todo esto, se hubiera planteado la película de otra forma.

Pero, tampoco nos engañemos: entre las amables escenas del barbero judío (Chaplin) y su amada (Paulette Goddard, esposa real por aquel entonces del actor), disimulado tras los disparates del ridículo Astolfo Hynkel (también interpretado por Chaplin en un doble papel) y disfrazado con gags cómicos y un desmedido humor, hay una advertencia terrible sobre un peligro que ya en aquella época se había hecho real. Las risas esconden dolor y sufrimiento, la comedia se confunde con la tragedia; Chaplin presenta al mundo libre (EE.UU., México e Inglaterra) lo que parece un mero entretenimiento pero es en realidad una lección de humanidad y un mensaje de alerta. Mi impresión es que pasó más bien desapercibido, ya que su propio país de adopción no tomó cartas en el asunto (es decir, la guerra en Europa) hasta que él mismo fue atacado por Japón.

En España la película no llegó hasta que nuestro particular “gran dictador” falleció y se derribaron las barreras culturales y políticas y terminaron cuatro décadas de represión social: se estrenaba en cines más de treinta años después que en el resto del mundo.

Tiene una la impresión de que ese largo mensaje final con el que termina El Gran Dictador, abogando por la paz y el hermanamiento entre los hombres, todavía sigue muy vigente y desatendido tanto tiempo después; de que las cosas –salvando las distancias– continúan de manera muy parecida en algunos aspectos. Claro que igual peco de alarmista y de pesimista. Espero que sí…

viernes, 6 de febrero de 2015

Anónimos populares: Alice Taglioni

Siento cierta debilidad por el cine francés actual y, para qué negarlo, también por sus actrices. Y la presencia de Alice Taglioni en las producciones galas para la gran pantalla difícilmente me ha podido pasar desapercibida en los últimos tiempos: muy alta, delgada, de rostro algo anguloso, cabello rubio y sensuales ojos color avellana, esta pianista que recurrió a la interpretación para vencer su timidez y que nació en Ermont un 26 de julio de 1976, comenzó su carrera profesional hace catorce años, aunque yo no la descubrí hasta la simpática El juego de los idiotas en 2006. No ha sido hasta más recientemente que he podido ver algunos otros de sus trabajos, no muchos por el momento: no sólo otras comedias como French Women (2014, la primera vez que he podido ver a Alice en pantalla grande) o Paris-Manhattan (2012, una película concebida para su lucimiento en la que es la absoluta protagonista), sino también policíacos como La presa (2011) o la más olvidable Colt 45 (2014), en la que nuestra homenajeada tiene un breve papel. Seguiremos atentos a su trayectoria, ni qué decir tiene…

miércoles, 4 de febrero de 2015

¡Desayuno con Ray Harryhausen!

Ya hace casi dos años que nuestro queridísimo Ray Harryhausen nos dejó, pero todos sabemos que su legado es imperecedero y nos acompañara siempre. Los homenajes y recuerdos a su obra y a su persona continúan, y uno de los más curiosos y originales es sin duda esta simpática taza que nos ofrece la tienda Black Mammy, escaparate virtual de las creaciones del diseñador almeriense David García. En dicha web podemos encontrar tanto tazas como camisetas que toman como motivos las más variadas fuentes de la cultura popular, pero que se inspiran muy especialmente en el cine fantástico. La taza Harryhausen cuesta 9,95 € más 3,50 de gastos de envío. ¿Qué mejor manera de desayunar recordando al maestro de la animación? ¡Yo ya tengo la mía!

Más información en: http://blackmammyshop.es/